viernes, 17 de agosto de 2012

Hay más de 50 productos transgénicos en Bolivia



El país no cuenta con una regulación para el control de estos productos

Más de 50 alimentos que se encuentran en la mesa de los bolivianos tienen elementos que fueron alterados genéticamente, según datos de Greenpeace y del Foro Boliviano de Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade). Ninguna entidad estatal controla estos productos ni está en condiciones de afirmar con seguridad si contienen genes alterados y si afectan o no a la salud de los consumidores.

Bolivia no cuenta con normas que exijan el etiquetado de este tipo de los alimentos importados (en el que se detalle su composición transgénica), de modo que es difícil reconocerlo. No obstante, la mayoría de estos productos ingresa mediante el contrabando.

El único comestible modificado genéticamente y que fue autorizado para el consumo, mediante el Decreto Supremo 24676, es la soya. Con ésta se elaboran varios subproductos que encuentran fuera de control como el aceite y leche de soya.

La licenciada de Inocuidad Alimentaria del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) Carolina Tejerina aclara que “se considera un alimento transgénico cuando se manipula el ADN (ácido desoxirrobonucleico), que contiene la información específica de una especie, para aplicarla en otra”. El ingeniero Aldo Claure, del Ministerio de Desarrollo Rural, cree que “Bolivia debe contar cuanto antes con una ley que exija a las industrias que informen explícitamente a los consumidores que existen productos que contienen organismos genéticamente modificados”, para que —dada la ausencia de normas de control— “por lo menos la gente sepa a qué atenerse y decida si se arriesga o no”.

“Ahora nadie sabe lo que come —agrega—, pero desde el Ministerio ya estamos elaborando una norma (ver apoyo) para obligar que todos los productos tengan una etiqueta que pueda ser entendible para todos los consumidores”.
Una vez que la regulación entre en vigencia, debe ser homologada en todo el mundo, empezando por la Comunidad Andina (CAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur), de donde proviene la mayoría de los países proveedores.
El profesional recuerda que por el momento está en vigencia el decreto supremo que permite, excepcionalmente, el ingreso de la soya transgénica.


Los productos identificados


El jugo de frutas Ades, el chocolate Toddy, los Doritos, las papas fritas precocidas de varias marcas, la maicena de diferentes industrias y los cubitos de sopa Maggy y Knnor están en la lista del Foro Boliviano de Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade) de alimentos con organismos genéticamente modificados que se comercian en el país. A esta nómina se suman los cereales Kellogg’s, Nestlé, y bebidas deportivas como Gaterade, que se importan de Argentina y Brasil.
Estos productos, según el estudio Alerta Alimentaria de Fobomade (que tiene un desglose en la página 8), contienen soya y maíz manipulados en laboratorio que se usan como aditivos. En las etiquetas se los identifica como jarabe de maíz (glucosa), hidrolizado de proteína de soya, glucosa, dextrosa, aminoácidos, lecticina y agentes espumantes.

Por su lado, la internacional Greenpeace identifica a Nestlé Trigo (papilla de cereales), Nestúm (avena y cereales) y frutas, colados, picados y postres; chocolates en polvo Cola-cao, Milo y Nesquik; leches Nan, Nessucar, Nestlé junior, Nidal y Nido como alimentos transgénicos. Siguiendo la enumeración están los chocolates y golosinas Adams, Ambrosoli, Arcor, Astoria, Costa, Garoto, Grosso, Ideal, Milka y Nestlé. Además, conservas de atún y sardinas Angelmo, Aruba, Eagle, Robinson Crusoe, San José, Van Camps, y las sopas Campbell, Mickelsen, Robinson Crusoe y San José.

Están también las pastas Carozzi, Talliani, Luchetti y Maggi, entre otras, que se encuentran en los mercados del país. Greenpeace cita también a productos infantiles de la línea Gerber, condimentos como Ajinomoto, chocolates y golosinas de la marca Halls.

Ambas entidades (Fobomade y Greenpeace) esgrimen en sus argumentos que los principales componentes de esos productos son los granos modificados. Miriam Condori, de Acción Internacional por la Salud (AIS), informó que se ha identificado la presencia de transgénicos en la papa y tomate que llegan de Chile y Argentina.


¿Qué es un transgénico?


Claure explica que un alimento transgénico es el que resulta de la combinación de genes diferentes —ya sea en especies animales o vegetales— que permiten una mejoría cuantitativa y cualitativa en su producción.

“Por ejemplo, la soya contiene un gen especial que la hace inmune a un plaguicida llamado glifosato que se utiliza para combatir malezas que puedan amenazar a la cosecha”.

Similar criterio tiene el ingeniero agrónomo José Luizaga, quien afirma que la biotecnología o manipulación lo que en realidad hace es dar vida a otro ser vivo. “En la agricultura se altera la semilla o la planta. Por ejemplo, se le ponen genes de pescado a semillas de arroz, entonces ésta se hace más fuerte, resiste inundaciones y no se muere por el agua”.

Fobomade dice que una alimento transgénico contiene uno o más genes que han sido insertados de forma artificial en lugar de que la planta los adquiera mediante la polinización que es el mecanismo natural o normal.

En el portal en internet www.formarse.com.ar se lee que “con la manipulación genética se rompen las barreras de los reinos de la biología” y se transforma a los seres vivos (animales y/o vegetales) para crear “cultivos Frankenstein”.


Consecuencias en la salud

El consumo o no de los alimentos transgénicos y su eventual efecto en la salud se convirtieron en los últimos años en una polémica mundial en la que ecologistas, científicos y las industrias productoras no renuncian a sus posiciones.
Mientras unos argumentan que es dañino para la salud, el segundo segmento considera que con la aplicación de tecnología de punta se reducen costos de producción y se garantiza la seguridad alimentaria.

Para el ingeniero Guillermo Tapia, autor de un estudio especíco de Fobomade, “el uso de esta técnica es completamente antinatural y susceptible a errores, e incluso a manejos extraños como el de genes humanos introducidos en plantas, animales mamíferos, bacterias y otros”.

Con respecto a los efectos colaterales, Claure vuelve al vacío legal en el país. “Al no conocer qué alimentos tienen genes modificados, no se puede hacer un estudio completo y, por lo tanto, es difícil saber cuánto daño ocasiona su consumo”.
El experto atribuye el uso de la genética más a una cuestión ética y se pregunta hasta qué punto se pueden mezclar especies. “No entiendo con qué razón han hecho gatos fosforescentes”, interroga, haciendo referencia a un experimento genético japonés. “Supongo para que sus amos los puedan ver”.

No obstante, y a pesar de la carencia de investigaciones nacionales, Claure comenta que “por lo pronto se pudo comprobar que el uso indiscriminado de estos alimentos provoca efectos colaterales leves como alergias y rechazos, es decir, que el organismo no los asimila”.

Según la licenciada Carolina Tejerina, del Senasag, si bien su repartición hace controles sobre los productos de importación (conservas y cereales, entre otros), no se realizan análisis sobre los compuestos transgénicos específicamente y su efecto en el organismo.

“No existe la declaración de productos transgénicos. No sabemos si representan o no un riesgo porque ello aún está en discusión. Por el momento nos abocamos a efectuar otro tipo de controles”. Otro inconveniente—afirma la profesional— es que no se cuenta con un laboratorio certificado para este tipo de detecciones, “por los altos costos de este tipo de estudios, a lo que se debe sumar la falta de personal capacitado”.

El director del Instituto de Laboratorios en Salud (Inlasa), Wálter Ágreda, dijo que este tema (transgénicos) no es materia de estudio en esa entidad y que los exámenes que realizan se hacen de acuerdo con lo que piden las empresas interesadas y con base en parámetros básicos como el tipo, la medida de adictivos u otros ingredientes ya establecidos.

Greenpeace alega que desde que Estados Unidos y algunos países europeos autorizaron esta industria, aumentaron las alergias cutáneas y la resistencia del organismo a los antibióticos.

“En EEUU —señala la página web de la entidad— se dio el el conocido caso ‘Maíz Starlink’ (2000). Luego de que no se pudiera dar con una extraña afección en un menor, al hacer estudios y cultivos se encontraron, en la cadena alimentaria, restos de un maíz transgénico no autorizado para consumo humano que provocó reacciones alérgicas hasta entonces desconocidas”. Sin embargo, coinciden los profesionales bolivianos consultados, aún queda mucha tela por cortar al respecto.


Las empresas


Un ingeniero de la empresa de lácteos Delizia aseguró que en la producción de derivados de soya como yogur, leche y jugos “no utilizamos componentes modificados” y que de acuerdo con su proveedor cruceño, procesan el grano convencional “que tiene un color beige y es de tamaño pequeño”.

Dijo que en las reuniones que mantiene con productores agropecuarios en Santa Cruz “nunca escuchó hablar de la soya transgénica”. Consultado sobre la presencia de estos productos en La Paz, respondió que es posible que circulen en el mercado. “Se pueden cambiar sin problema las etiquetas, no hay regulación”.
Su colega Valeria Morales, de la importadora Companex, sostiene que sus productos de pescado y sardinas sólo tienen entre sus componentes agua y sal. “No hay compuestos manipulados genéticamente”.

La empresa Nestlé informó a El Deber que los alimentos que se encuentran en la lista de observados por Greenpeace no se comercian en el país. Similar respuesta dio Jorge Parejas, gerente de la Kraft Food, que importa los cholocates Lacta. Este medio contactó a la empresa Proesa para conocer sobre los productos chilenos Dos en Uno, pero la encargada Carola Ortiz se encontraba de viaje, y nadie más quiso dar informes.

También se trató de contactar —sin éxito— a Cadbury Adams, Arcor y Silsita que importan varios productos de las listas observadas.


Los transgénicos en la nueva Constitución


La nueva Constitución Política del Estado aprobada en diciembre, y sujeta a un referéndum, ratifica la prohibición de la producción, importación, uso y experimentación con plantas y mercancías transgénicas. La Carta Magna expresa en sus artículos:
254 (inciso 8). Seguridad y soberanía alimentaria para toda la población, prohibición de importación, producción y comercialización de organismos genéticamente modificados y elementos tóxicos que dañen la salud y el medio ambiente.
405. Se prohíbe la producción, uso y comercialización de organismos genéticamente modificados.
Desde el 1 de julio de 1997 está vigente el Decreto Supremo 24676, que es el reglamento sobre bioseguridad normada por la Ley 1580, que tiene como finalidad minimizar los riesgos y prevenir los impactos ambientales negativos sobre los organismos genéticamente modificados obtenidos por la biotecnología. En ese sentido, Aldo Claure, especialista del Ministerio de Desarrollo Rural, anuncia para el primer semestre de este año un estudio de impacto económico y social sobre la soya transgénica. Además informa que el decreto marco (24676) está sujeto a nuevas modificaciones.


Antecedentes de la carrera biotecnológica


En 1996 se cosecharon en Estados Unidos los primeros cultivos transgénicos para uso comercial y en los años siguientes el área sembrada con éstos creció de manera explosiva.
Para el año 2002 había alrededor de 145 millones de acres en el mundo sembrados con este tipo de producción biotecnológica. Hoy, un 94 por ciento de estas parcelas manipuladas en el mundo se siembra en cuatro países del hemisferio americano: Estados Unidos (63 por ciento), Argentina (21), Canadá (6) y Brasil (4 por ciento). La mayoría de estas producciones son de soya y maíz, y el resto es mayormente algodón y canola, que es un tipo de cereal. En 2003, 80 por ciento de la soya, 70 del algodón, 60 de la canola y 38 por ciento del maíz sembrados en Estados Unidos fueron mutados. Aproximadamente 70 por ciento de los productos procesados en los supermercados estadounidenses tiene contenido genéticamente modificado. La Empresa Multinacional Monsanto tiene el 80 por ciento del mercado de esta clase de plantas, seguido por Aventis con el 7 por ciento, Syngenta (antes Novartis) con el 5, BASF con el 5 y DuPont con el 3. Estas empresas también producen el 60 por ciento de los plaguicidas y el 23 de las semillas comerciales. (Fuentes: Greenpeace, formarse.com.ar).

Lista de alimentos transgénicos




Aceites y margarinas
Producto Marca Producto Marca
Mantequilla Lonco Leche Aceite de maíz Arco
Mantequilla Soprole Aceite vegetal Bonanza
Aceite vegetal Doña Flor
Margarina Bonella
Margarina Lonco
Margarina Soprole Margarina Nestlé



Alimentos para mascotas
Whiskas lata Whiskas Pellets Champion
Frieskies lata Frieskies Pellets Cachupín
Pellets Purina
Pellets Puppy
Pellets Pedigree
Pelletscat Purina
Pellets KiteKat



Bebidas
Jugos Watt’s Gaseosa Coca-Cola
Jugo líquido Zuko Néctar light Parmalat
Néctar Soprole Néctar light Lonco L.
Néctar Parmalat Gaseosa Pepsi



Alimentos infantiles
Jugos Nestlé Cereales Trigo Nestlé
Colados Nestlé
Picados Nestlé
Chocolate Cola Cao
Milo Nestlé
Nesquik Nestlé
Nan, Nido Nestlé
Cereales para el desayuno
Choco crispi Kellogg’s Cereal Mix Arcor
Granola Garden House Adelgazul Maver
Froots Loops Kellogg’s
Choko Crispi Kellogg’s
Zucosos Nestlé
Cuadrito de avena Quaker
Floops Selecta
Chocolates y golosinas
Toffe Ambrosoli Caramelos Adam’s
Toffe Arcor Chocolates Ambrosoli
Calugas Dos en Uno Bon o Bon Arcor
Chocolate M & M Astoria Astoria
Rayitas Marinela Privilegio Dos en Uno
Sapito Dos en Uno
Chocolates Garoto
Chicle Grosso
Chocolates Milka
Chocolates Nestlé
Mentas Smint



Conservas
Cholgas Angelmo Cholgas al aceite Angelmo
Atún en agua Aruba Lomitos en aceite Aruba
Filetes Aceite Vancamps
Espárragos Campbell
Pescado San José



Fideos y masas
Tallarines Don Vittorio Macarrini Carozzi
Ravioli Carozzi
Pasta pronta Luchetti
Corbatas Luchetti
Pre pizza O’Clock



Leches y Lácteos
Descremada Lonco Leche cultivada Lonco
Condensada Parmalat Yogur cereal Nestlé
Zucosos Nestlé
Leche decremada Nestlé
Entera Nestlé
Chococrispies Nestlé



Salsas
Mostaza Hellmann’s Mayonesa Hellmann’s
Salsa tomate Luchetti Mayonesa Maggi
Salsa tomate Malloa
Salsa tomate Arcor
Salsa tomate Pomarola
Salsa tomate Carozzi



Pan y Galletas
Galletas Arcor
Galletas Costa Kids
Amandita Lacta
Porteñitas Bagley
Waffer Bauducco



Harinas, sémola y carne de soya
Sémola Lucchetti Harina Carozzi
Sémola nutrina Carozzi Harina Luchetti
Carne de soya Gourmet Polvo para hornear Royal


Postres, jugos en polvo y Mermeladas
Helado Royal
Budín Aurora
Refresco Ambrosoli
Flavoraid Flavoraid
Yupi Yupi
Zuko Zuko
Mermeladas Watt’s
Papas fritas, manÍEs
Palitos queso Cheetos
Papas fritas Pringles
Maní salado Líder Sopas en polvo
Sopas Maggi
Cremas Maggi
Sopas Knorr
Cremas Knorr
Caldos Maggi
Caldos Luchetti
Sopas para uno Maggi
Sopas para uno Knorr





La Paz  -  Bolivia, Estado Plurinacional de01 de marzo de 2008
La Prensa. Suplemento Sabatino

VIDEO, realizado el 2021 por (Kevinifero 666)
50 PRODUCTOS TRANSGÉNICOS EN BOLIVIA

Las semillas transgénicas fueron modificadas para mejorar su rendimiento y eliminar su capacidad reproductiva (no se multiplican) por lo que deben ser compradas una y otra vez. En Bolivia, la legislación nacional prohíbe la producción, importación, distribución y comercialización de Organismos Genéticamente Modificados-Transgénicos con excepción de la soya. Acá te presentamos 7 datos actualizados sobre el impacto de los transgénicos en Bolivia y el mundo.

1.- En el 2005, el gobierno del presidente Carlos Mesa aprobó la producción y comercialización de soya transgénica resistente al herbicida glifosato. Para ello tuvo que pedir a la policía que desaloje a periodistas y representantes de organizaciones campesinas que se hicieron presentes en el Ministerio de Desarrollo Sostenible, durante la reunión del Comité de Bioseguridad, entidad responsable de tal aprobación. (FOBOMADE).

  1. La investigación del doctor Gilles Seralini publicada el año 2012 consistió en alimentar a 200 ratas de laboratorio con maíz transgénico y agua de Roundup de Monsanto. Al terminar la investigación las ratas habían desarrollado múltiples tumores. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año alrededor de Un Millón de personas sufren intoxicaciones agudas en el mundo y aproximadamente unas 220 Mil mueren debido al uso de los agroquímicos. Si bien recientes estudios afirman que los cultivos orgánicos en el país cuestan 30% más que los transgénicos en estos, no contemplan los daños que implican a futuro a la salud pública.
  2. El uso de semillas transgénicas NO supone disminución del hambre, Bolivia actualmente se encuentra entre los 5 países con índices más altos de sub alimentación de Latino América. Sin embargo ocupamos el puesto número 11 en volúmenes de producción mundial de soya (Probioma), lo que indica que la producción de alimentos diversificados de transgénicos no está suponiendo un cambio en la alimentación de la población.
  3. El uso de transgénicos en Bolivia NO supone la soberanía alimentaria el año 2014 durante el primer semestre Bolivia importó alimentos en un valor de 359 millones de dólares. Se importaron: Manzanas: 22 mil toneladas, arroz: 11 mil toneladas, almidón de maíz: 3 mil toneladas, papa: 2500 toneladas, almendras con cáscara, leche evaporada, frutas frescas, tomates y lentejas. En diez años (2003-2013) Bolivia gastó cerca de 1000 millones de dólares en importaciones de trigo y harina. Por lo que aún somos dependientes de otros mercados con productos que eran y pueden ser producidos en el país como ser el trigo y la harina. (Erbol)
  4. La plantación de productos transgénicos en el país está suponiendo un aumento en la deforestación nacional. Bolivia ya se encuentra  entre los 6 países con mayores tasas de  deforestación del mundo, que entre el 2000 y 2012, ha  deforestado una área de 2.986.700  de hectáreas de bosques. La deforestación supone un impacto directo al cambio climático. (Fundación Solón y Probioma
  5. Productos transgénicos en Bolivia que no son soya. Pese a la restricción legal se estima  que en Bolivia hay cultivos ilegales de maíz transgénico estimados en 40.000 hectáreas. Todo el algodón en Bolivia es transgénico. Hay denuncias de arroz transgénico sin embargo aún los datos no se han cuantificado. Hay denuncias de plantaciones de trigo transgénico. El año 2012 solamente el 0,4% de plantaciones de soya eran de semillas convencionales. (Probioma)
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Los transgénicos en Bolivia: Algo de historia

Es necesario ubicar el problema actual de los transgénicos en Bolivia dentro del escenario mundial; también como parte de una historia nacional por demás accidentada. En pocas palabras; las empresas transnacionales relacionadas con el negocio de los alimentos (patentes, especulación, químicos, transgénicos) convencieron a los gobernantes de la mayor
ía de los paises del norte (y del SUR) que abran sus puertas a los transgénicos, después de muchos años de prohibición. El (agro)negocio se impuso.

A continuación ofrecemos un resumen de este proceso, a partir del artículo "Transgénicos por encargo; Ante la falta de políticas agropecuarias en Bolivia" (FOBOMADE, Patricia Molina, junio de 2011)

En 1998 hubo la primera introducción de soya genéticamente modificada (GM) en Bolivia realizado por la transnacional Monsanto para pruebas de campo. Posteriormente la Fundación de Desarrollo Agrícola de Santa Cruz (Fundacruz), y la Asociación Nacional de Productores de Oleoginosas y Trigo (Anapo) realizaron pruebas de campo y establecieron parcelas semi-comerciales, respectivamente.

En el 2000, un cerco de más de un mes a la ciudad de La Paz, organizado por Felipe Quispe, logró paralizar el proceso de evaluación de solicitudes transgénicas del Comité de Bioseguridad. De la misma manera organizaciones de la sociedad civil supimos parar ese año en Cochabamba las investigaciones con papa transgénica por parte de la Fundación PROIMPA.



En el 2002 la ciudad de Santa Cruz fue escenario de una gran marcha para evitar la aprobación de la soya transgénica mediante una maniquea interpretación legal que se gestaba con apoyo del Congreso Panamericano de Semillas que se llevaba a cabo en el Hotel Los Tajibos. Ese mismo año, el embajador norteamericano en Bolivia Manuel Rocha amenazaba con retirar la visa a quienes se opusieran a los transgénicos y el Ministro de Agricultura Hugo Carvajal retrocedía en la norma que emitió para evitar el ingreso de soya transgénica brasilera, porque su jefe de partido acababa de recibir la devolución de su visa de ingreso a los Estados Unidos.
En el 2005, el gobierno del entonces presidente Carlos Mesa aprobó la producción y comercialización de soya transgénica resistente al herbicida glifosato. Para ello tuvo que pedir a la policía que desaloje a periodistas y representantes de organizaciones campesinas que se hicieron presentes en el Ministerio de Desarrollo Sostenible, durante la reunión del Comité de Bioseguridad, entidad responsable de tal aprobación. Habían pasado 8 años desde que fue presentada la primera solicitud por Monsanto mientras nuevas solicitudes de ANAPO y FUNDACRUZ pretendían burlar las resistencias. Organizaciones campesinas, ecologistas, de productores ecológicos y de consumidores presentaron un recurso de inconstitucionalidad que fue apoyado por el entonces diputado Evo Morales y varios de sus compañeros de partido. El Tribunal Constitucional declaró improcedente el recurso argumentando que la organización que lo presentó, el FOBOMADE, no efectuaba trabajos con transgénicos. Esta fue una de las decisiones más aberrantes del Tribunal Constitucional, que ponía en evidencia el desconocimiento absoluto de la Ley de Medio Ambiente que establece no solo el derecho sino la obligación de los ciudadanos de denunciar las agresiones al ambiente.



También en el 2005, el actual presidente Evo Morales llegó a ese cargo con un fuerte discurso contra los transgénicos y los biocombustibles, plasmado en su programa de gobierno y más adelante reafirmado en la Cumbre de Tiquipaya. Ahora las organizaciones sociales se debaten entre su compromiso con la soberanía alimentaria, su rechazo a los transgénicos y órdenes que habrían sido emanadas desde el mismo Palacio Quemado para autorizar los cultivos transgénicos y su comercialización para consumo humano.
Desde que fuera aprobada la soya transgénica el 2005 a la fecha, han transcurrido 6 años, habiéndose extendido hasta alcanzar entre el 60 y 80% del área sembrada, por zonas. De entonces a la fecha, la producción y el rendimiento del cultivo han decaído en Bolivia. Problemas irresueltos de mercados, de transporte y la plaga de la roya asiática que ataca de igual manera a la soya transgénica que a la convencional se cuentan entre las causas de tal caída, por lo que es imposible afirmar que la autorización de la introducción y comercialización de soya transgénica en Bolivia haya tenido efectos positivos en la producción, en el rendimiento y menos en la soberanía alimentaria. Si seguimos el razonamiento del Ministro de Autonomías, preocupado por el alimento para pollos, tampoco hay mayor oferta de alimento de soya para animales en virtud de la aprobación de soya transgénica.

Junio 2011. Después de días de discusión, las organizaciones lograron concertar que no se introducirán semillas transgénicas de cultivos de los cuales somos centro de origen y tampoco de los cuales somos centro de diversidad. Suponiendo que esta redacción sea respetada, lo cuál es muy dudoso, porque no ha sido el patrón de conducta del Ministro de Autonomías, y suponiendo que efectivamente no se autorice la introducción de semillas ni productos de maíz transgénico, entonces lo que corresponde es elevar a rango de ley la resolución que prohíbe terminantemente la introducción, comercialización y producción de maíz transgénico en Bolivia, actualmente en vigencia. Esto sería una real muestra de la voluntad de proteger el patrimonio genético que nuestros ancestros nos legaron.
Desde hace varios meses atrás la propaganda por los transgénicos ha sido intensa. El Congreso del maíz en el Chaco con presencia del INIAF (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias y Forestales) pedía la aprobación de maíz transgénico; a comienzos de junio el Congreso de Ingenieros Agrónomos realizado en Santa Cruz tenía como principales disertantes a los mayores promotores de la soya transgénica en Bolivia. Por su parte ANAPO entregó un premio a un ex Ministro en cuyo mandato fue aprobado el cultivo transgénico y la misma Empresa Estatal de Alimentos EMAPA fue la mayor difusora de semilla transgénica, y en consecuencia, de la expansión del área sembrada con transgénicos, lo que demuestra el poder que ha alcanzado el agronegocio en el gobierno actual, al extremo que una ley de fomento campesino se pretende utilizar para garantizar los negocios de las semilleras y transnacionales de agroquímicos.



Fuente: Fobomade


madalbo@gmail.com

miércoles, 15 de agosto de 2012

¿Evo defensor de la Pachamama o mayordomo de Monsanto?


NO MIENTA PRESIDENTE: CON TRANSGÉNICOS Y PESTICIDAS NO SE VIVE BIEN; SU GOBIERNO NO DEBE RENDIRSE A LOS INTERESES DE LAS TRANSNACIONALES

SENA-Fobomade *

El gobierno del “primer presidente indígena” quiere aprobar entre hoy y mañana una Ley que autoriza el cultivo de organismos genéticamente modificados (OGM) por primera vez en Bolivia. ¿Cómo puede el Defensor Mundial de la Madre Tierra abogar por un negocio antinatural que solo beneficia a un puñado de agroindustriales y transnacionales como Monsanto, que monopoliza el comercio de transgénicos?, pregunta consternado el movimiento ecologista internacional.


El Ejecutivo ha pedido a la mayoría oficialista del Congreso que apruebe por tiempo y materia, sin debate y a la carrera, el proyecto de Ley de Revolución Productiva, Comunitaria y Agropecuaria (RPAC) que legaliza por primera vez el cultivo de transgénicos en Bolivia. El Presidente desea promulgar la norma este 21 de junio en la celebración del Año nuevo aymara.
Las organizaciones campesinas e indígenas que integran el progubernamental Pacto de Unidad rechazaron el sesgo pro transgénico del proyecto de ley RPAC, pero el Ejecutivo les convenció de que era necesario "poner algo" en la ley que beneficie a los empresarios del oriente. Fungen como principales promotores de los cultivos transgénicos el ex ministro de Autonomías Carlos Romero, el viceministro de Desarrollo Rural Víctor Hugo Vásquez y el propio Presidente Morales.
El proyecto de ley del gobierno no es pro transgénico; al contrario, quiere rescatar y revalorizar los productos nativos y proteger el patrimonio genético, la biodiversidad, la salud de los sistemas de vida y la salud humana, explicó el ministro Romero. (Canal 7)
El Artículo 15 del proyecto establece que no se introducirán al país paquetes tecnológicos agrícolas que involucren semillas genéticamente modificadas de especies de las que Bolivia es centro de origen o diversidad, como por ejemplo la papa, quinua, tarwi, maíz, granos y tubérculos andinos.
No se admitirá ningún tipo de transgénicos de especies originarias, pero se abrirá las puertas a semillas genéticamente modificadas de soya, tomate, caña de azúcar, zapallo, remolacha, cebada y otras especies de cultivos no nativos de Bolivia. El Artículo 19, que es una copia casi textual del Artículo 409 de la Constitución, indica que se establecerán disposiciones para el control de la producción importación y comercialización de productos genéticamente modificados.
Romero recalcó que el gobierno no está promocionando los transgénicos en el país, sino que intenta “regular” los cultivos de OGM tomando en cuenta criterios de carácter económico, sanitario biológico y ambiental, y “bajo condiciones de bioseguridad establecidas por el Estado boliviano en el marco de convenios internacionales de bioseguridad”.
Se cultiva soya transgénica en Bolivia desde hace más de una década. Se detectaron transgénicos en alimentos de donación desde 1997, apenas un año después de que los OGM entraron al mercado. Algunas instituciones de Santa Cruz estiman que en la actualidad más del 75 por ciento de la soya que se cultiva en el país es transgénica.
En Bolivia se consumen más de 50 productos elaborados con materia prima transgénica, principalmente frutas, enlatados, papa, tomate, manzana, uva, galletas, yogurt y otros alimentos importados legal o ilegalmente. “Al comer maíz, que luego se transforma en carne, estamos consumiendo productos transgénicos”, dijo el presidente de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo) Demetrio Pérez. (Página 7)
La propuesta del gobierno es más o menos “regularizar” el consumo y el cultivo clandestino de transgénicos, imponiendo “reglas más estrictas que hagan mucho más difícil la autorización” de OGMs en el futuro. Un comité de bioseguridad interministerial bajo la tuición del MDRyT y con participación de las carteras de Medio Ambiente y Salud evaluará y emitirá un dictamen técnico, ya sea autorizando o rechazando transgénicos.
Se autorizará la ampliación de la producción de alimentos transgénicos siempre y cuando se “respeten las condiciones de bioseguridad y no afecten la salud o el medio ambiente (...) Si un cultivo es dañino, el comité lo prohibirá y no autorizará su ingreso al país, pero si no afecta y coadyuva a incrementar los volúmenes de producción, “lo autorizará bajo determinados límites”, precisó el ministro Romero.
Si bien el proyecto de ley privilegia la producción orgánica, “somos concientes de que esta producción es insuficiente para garantizar el abastecimiento del mercado interno, y los excedentes para la exportación”. Por tanto, a la hora de autorizar el cultivo de transgénicos, se tomará en cuenta no solo la preservación de la salud, el medio ambiente o la vocación productiva de la tierra, sino también los “comportamientos del mercado”, confesó Romero.
El mercado tendrá la última palabra
Romero entiende que los transgénicos de Monsanto y Cargill regulan el comportamiento del mercado internacional y tienen una incidencia fundamental en la “revolución transgénica impresionante” que ha permitido a Paraguay, Argentina y Brasil multiplicar sus volúmenes de producción y “copar los mercados externos”.
En Bolivia no tenemos la cantidad suficiente de instituciones, empresas o entidades que generen semilla certificada y dependemos de la semilla de soya transgénica de Brasil o Argentina. Los productores bolivianos también enfrentan graves problemas en la producción de maíz “porque los países que nos proveían de esa semilla están produciendo sólo transgénicos”, explicó la directora del Ministerio de Autonomías Elba Terceros.
La funcionaria relativizó los riesgos y peligros que implica la producción masiva de transgénicos en Bolivia: “Hasta donde se conoce no se puede afirmar que hacen daño a la salud, pero tampoco se puede afirmar que no hacen daño… Hay mucha campaña internacional, pero no sabemos si tienen malos o buenos resultados o si estamos arriesgando algo…”.
“Es fácil criticar y decirles a los pequeños y medianos productores de Santa Cruz que no produzcan soya transgénica, pero, ¿qué opción les damos? Eso es en lo que tenemos que pensar… Yo no estoy a favor de los transgénicos, pero tenemos que darles opciones…”, especuló Terceros.
Con la misma lógica, la Ministra de Desarrollo Productivo Teresa Morales y los senadores Isaac Avalos y Fidel Surco defendieron su ley “antitransgénica”, dizque porque preserva los cultivos nativos, garantiza un 70% de cultivos orgánicos y “solo” autoriza 30% de producción transgénica.
Los burócratas del MAS reconocieron que su prioridad no es solamente producir “en armonía” con la Madre Tierra o revalorizar las “prácticas ancestrales”, sino también “incrementar” la producción con “tecnologías modernas”. Aparentemente, su propósito principal es autorizar la importación de maíz transgénico para alimentar pollos y cerdos, y legalizar el cultivo de caña transgénica para la industria de los agrocombustibles.
Las críticas
¿Será posible que el gobierno del MAS esté proponiendo la legalización de los transgénicos en Bolivia?, se preguntaron muchos ecologistas y algunos militantes del MAS que creían ciegamente en Evo Morales, autoproclamado héroe y defensor mundial de la Madre Tierra.
Cuando se confirmó la mala nueva, los ecologistas del país y del extranjero se sintieron tan desilusionados como los trabajadores bolivianos después del gasolinazo de Navidad. “Aparentemente la Pachamama no consigue el apoyo necesario ni de sus hijos parlamentarios que no saben defenderla”, se lamentó el periodista Fortunato Esquivel.
“Tiene que haber un grave error en la información de algunos de nuestros parlamentarios para que propongan dar vía libre al comercio de semilla transgénica”, cuestionó el ex senador masista Antonio Peredo. Los “honorables” del MAS son una tropa de “levantamanos” sometidos al Ejecutivo que le hace juego a las multinacionales como en los peores tiempos del neoliberalismo, deploró el Consejo Nacional de Ayllus y Markas de Qullasuyo (Conamaq).
Levantar la mano sin saber qué están aprobando es “sectarismo estúpido”, reprochó el ex senador del MAS Gastón Cornejo, escandalizado por la “tremenda insensatez de algunos políticos ignaros” y la “oratoria muy poco respetable” del ministro Carlos Romero.
Decenas de informes de la FAO y la UNESCO corroboran que el negocio transgénico refuerza un modelo de producción agrícola insostenible y depredador. La Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad de EE.UU.), luego de analizar estudios de campo en los últimos 20 años, llegó a la conclusión de que el publicitado aumento de rendimientos de los cultivos OGM es completamente falso.
Se ha demostrado en la práctica que el cultivo industrial de transgénicos intensifica el uso de venenos agroindustriales y devasta extensas áreas. El mayor peligro es la contaminación biológica de especies y campos de cultivo. Se ha comprobado científicamente que los OGM contaminan especies nativas. En abril de este año, 270 mil agricultores orgánicos víctimas de contaminación genética demandaron a Monsanto en una corte de Nueva York. La historia ha demostrado que las semillas orgánicas no pueden coexistir con las simientes transgénicas del agronegocio, afirmó Public Patent Foundation (PUBPAT).
Bolivia es centro de origen de innumerables variedades de maíz, papa, quinua, nuez amazónica, frejoles, maní y raíces andinas y otros cultivos que aportan a la soberanía alimentaria del mundo; y los transgénicos atentan contra esta riqueza, alertó el Foro Boliviano sobre Medioambiente y Desarrollo (Fobomade). Sería extremadamente peligroso introducir transgénicos en el país porque podríamos exponer la riqueza nativa a la contaminación horizontal de pólenes y genes, advirtió la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema).
La soya transgénica ya está contaminando la producción nacional y ahora se deja abierta la puerta a los transgénicos de maíz, arroz, trigo, caña, fundamentales en la dieta diaria de los bolivianos. “¿Queremos repetir la experiencia de la soya en otros cultivos? ¿Así defenderemos los derechos de la Madre Tierra?”, increparon decenas de organizaciones sociales bolivianas al Presidente Morales en una carta abierta coordinada por el Centro de Documentación e Información de Bolivia (Cedib). [1]
Abundantes datos científicos evidencian que ni los OGMs ni los venenos agroindustriales como el glifosato son inocuos para los humanos; al contrario, constituyen un grave peligro para la salud humana. Por eso Italia, Grecia, Suiza, Alemania y también Perú declararon moratorias en el cultivo de transgénicos por varios años.
El Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia está plenamente consciente de los riesgos: “Estoy convencido de que los productos transgénicos hacen mucho daño; está demostrado científicamente. Algunos seguramente ignorarán lo que estoy diciendo, pero de acá a algún tiempo todo el mundo nos dará la razón”, dijo Evo el 28 de abril de 2010 en Sucre, y propuso que Bolivia sea “territorio libre de transgénicos”.
“Usted ha sido una esperanza para las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales de la región y del mundo, para promover una gestión distinta de las que nos somete el poder de las transnacionales y el capital… (Pero), los transgénicos van en contra del Vivir Bien al que ustedes nos han convocado”, le recordaron a Evo decenas de organizaciones ambientalistas de todo el planetaen una otra carta pública. [2]
Presidente Evo, aprenda de nuestra experiencia: “La modificación genética, al privatizar los bienes públicos vía las patentes de vida, destruye primordialmente los valores que Bolivia ha venido defendiendo”, reflexionó la directora ejecutiva Food & Water Watch de Estados Unidos Wenonah Hauter en otra misiva pública enviada al Jefe de Estado.
Está comprobado que el negocio transgénico constituye una nueva forma de colonización que nos hacen más dependientes de un puñado de corporaciones del agronegocio, que presionan políticamente para mantener un “modelo de negocios donde las ganancias se alcanzan a expensas del medio ambiente y de los siete mil millones de personas que producimos y consumimos alimentos”, aseveró el director ejecutivo de Oxfam Jeremy Hobbs. [3]
Examinen “con mayor atención” las causas e implicaciones de la crisis alimentaria mundial para no tomar “decisiones apresuradas”, recomendaron la FAO, el Papa y centenares de académicos y expertos de izquierda, centroderecha y hasta demócratas liberales, a quienes promocionan los transgénicos monopolizados por Monsanto.
Varios estudios de la ONU y de otras instituciones independientes señalan que la agricultura contemporánea podría alimentar a 12 mil de millones de personas, el doble de la población actual. Por tanto, la crisis alimentaria no es un problema de falta de recursos, inversión o de producción, sino de “prioridades”, recalcó el director General de la FAO Jacques Diouf. No se trata de que produzcamos más alimentos, sino de que esos productos estén bien repartidos y de que la gente tenga la capacidad adquisitiva para comprarlos, subrayó el relator especial de Naciones Unidas para el derecho a la alimentación Olivier de Schutter.
El hambre mundial no depende tanto de la escasez material sino de la falta de voluntad política para enfrentar la causa estructural de la crisis: El sistema económico que explota los recursos de la tierra y los bienes comunes de la humanidad “de manera destructiva” y rechazando cualquier tipo de “injerencia” de carácter moral, sermoneó el Papa Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate.
Ley inconstitucional
Queda claro, entonces, que la nueva estrategia agraria boliviana no es revalorizar la cultura agrícola ancestral sino fomentar la agroindustria exportadora con un enfoque pro transgénico que profundiza la dependencia del país. Estamos hablando de un modelo productivo totalmente dependiente de semillas e insumos que no responde en absoluto a la realidad y a las necesidades bolivianas, criticó María Julia Jiménez, de la Asociación de Productores Ecológicos de Bolivia.
Presidente Evo: “No entendemos esta medida, que aparece como algo profundamente contradictorio, ya que Ud. mismo ha manifestado repetidas veces su crítica a estos cultivos… Sería una medida suicida para Bolivia y un golpe para todos y todas los que creemos que es posible transitar un camino nuevo y justo con la gente y la Madre Tierra”, arengaron ecologistas e intelectuales del extranjero. [4]
Presidente Evo: Los bolivianos esperábamos un cambio en el proceso productivo agrícola, pero la siembra de soya transgénica se ha incrementado del 40 al 85% en su gestión de gobierno, con el consecuente aumento del uso de herbicidas fungicidas e insecticidas en más del 300%, amonestaron a Evo decenas de ONGs bolivianas. Para colmo, ahora la ministra de Desarrollo Rural quiere rebajar a cero el arancel de importación de agroquímicos, dizque porque los campesinos “gastan mucho” en químicos. [5]
Todo esto contradice los fines y principios de la propia ley de RPCA: “Lograr la Soberanía Alimentaria en condiciones de inocuidad y calidad para el vivir bien de los y las bolivianas, en armonía y equilibrio con la Madre Tierra” (Artículos 3 y 6); y “garantizar la provisión de alimentos y un estado nutricional adecuado” (Art. 12).
No mienta Presidente: Con transgénicos y pesticidas no se vive bien, ni se garantiza una alimentación y un estado nutricional adecuados. Los transgénicos mancillan a la Madre Tierra y violan sus derechos fundamentales a la vida, a la existencia y “a continuar ciclos vitales y procesos libre de la alteración humana; y a no tener su estructura celular contaminada o alterada genéticamente…”.
La ley pro transgénica viola el artículo 255 inciso 8 de la Constitución y también vulnera una decena de derechos básicos de la Naturaleza reconocidos por la Ley de la Madre Tierra y el Buen Vivir, entre ellos su derecho al aire limpio y al agua pura; al equilibrio; a no ser contaminada, y “a no ser afectada por mega infraestructuras y proyectos de desarrollo…”.
Por todo lo expuesto, las organizaciones sociales de todo el mundo exigen al pretendido defensor de la Madre Tierra que asuma una postura más clara y coherente con su discurso: No puede un país que ha constitucionalizado los Derechos de la Madre Tierra poner en riesgo la biodiversidad, que es patrimonio colectivo de todo el pueblo boliviano.
Un gobierno que llama a “establecer una nueva relación armónica entre el hombre y la naturaleza como garantía de su regeneración” –como pregona el Vicepresidente Alvaro García Linera–, no puede favorecer los “negocios” de unos cuantos empresarios y transnacionales a costa de la salud de la Pachamama.
Presidente Evo: “Un gobierno como el suyo no puede rendirse a los intereses de las empresas transnacionales de semillas que son también dueñas de los agrovenenos necesarios; no puede un representante del pueblo aprobar semillas pensadas en la exportación desplazando a los cultivos destinados a la alimentación humana. No debe, señor Presidente”, insta el activista español Gustavo Duch Guillot.
Es totalmente pertinente que el Estado boliviano adopte el principio de precaución y elimine los artículos 15 y 19 de la ley RPCA, asumiendo su obligación de cuidar la salud de la población, el ecosistema y el patrimonio genético del país.
El movimiento ecologista internacional confía en que el gobierno de Morales reflexionará y corregirá sus errores, y atenderá positivamente las inquietudes del pueblo, fiel a su promesa “de mandar obedeciendo al pueblo”, y en bien de la soberanía alimentaria y el cuidado y la defensa de la Madre Tierra. De no hacerlo, la ley pro transgénica del MAS “puede tener un efecto devastador tan grave como el gasolinazo”, advierte el ex senador Cornejo.
Si el gobierno del MAS legaliza los transgénicos, Evo mutaría de “defensor mundial” de la Madre Tierra a mayordomo de Monsanto y traicionaría su propia “revolución democrática cultural”. Sería el fin de "proceso de cambio".
Notas:
[1] AOPEB, AGRUCO, AGRECOL Andes, Acción Internacional por la Salud, Caritas Pastoral Social Tarija, CEADL, CEDIB, CENDA, CEJIS, ENCUENTRO SOCIAL ALTERNATIVO, FOBOMADE, Fundación Jubileo, Fundación ACLO, GRUPO TRABAJO CAMBIO CLIMATICO Y JUSTICIA, HERBARIO NACIONAL, INDYMEDIA, Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología (ISEAT), LIDEMA, PROBIOMA, PROGRAMA NINA, Red Habitat, SOMOS SUR. Raúl Prada, Antonio Peredo y Gastón Cornejo,
[2] Alianza por la Biodiversidad en América Latina, Red por una América libre de Transgénicos (RALLT), Grain internacional, Grupo ETC internacional, Third World Network, Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo (Ecuador), Grupo Semillas (Colombia), Red de coordinación en Biodiversidad (Costa Rica), REDES-AT (Uruguay), Acción Ecológica (Ecuador), Centro Ecológico (Brasil), Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC), Amigos de la Tierra (España), OXFAM (Bélgica), Ecoportal (Argentina); Ecologistas en Acción (España), ATTAC (España), Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRAHEH), FAN México, CADTM (Francia y Suiza), Food & Water Watch (EE.UU.)
[3] En un juego de suma cero, en menos de tres décadas no más de 10 multinacionales tomaron el control de la producción, procesamiento y distribución de bienes agrícolas y ganaderos a nivel global; el comercio internacional de comodities, y hasta la propiedad de semillas y organismos vivos. Las trasnacionales que acaparan el comercio de cereales, semillas y agrotóxicos son Monsanto, Bayer, Syngenta, Dupont, BASF y Dow. Estas seis empresas controlan el total de las semillas transgénicas en el mundo. Cargill, ADM, ConAgra, Bunge y Dreyfus dominan más del 80 por ciento del comercio de cereales.
[4] El parlamentario de Alianza 90/Los Verdes de Alemania Thilo Hoppe, afligido, envió una carta a la Embajada de Bolivia en Alemania. Activistas de Europa pidieron al dirigente José Bové de Francia que interceda.
[5] Según la disposición transitoria tercera inciso I de la ley pro transgénica, se reducirán aranceles para la importación de maquinaria, equipo e insumos agropecuarios por el lapso de cinco años. Se informó extraoficialmente que el Presidente ha pedido al SENASAG que elabore una norma específica.
* Servicio de Noticias Ambientales del Fobomade (SENA-Fobomade).

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La siembra de soya transgénica ayudará a paliar caída de precios


El Deber
www.eldeber.com.bO
Cochabamba  -  Bolivia, Estado Plurinacional de
25 de enero de 2005

Elizabeth La Fuente
Los soyeros apuestan al uso y producción de la soya transgénica argentina para paliar la caída de las cotizaciones en el mercado internacional de la oleaginosa. El gerente técnico de Anapo, Rolando Zabala, indicó que el sector productivo ha previsto que los precios de la soya no van a ser los mismos que el año pasado. Vale decir que en abril de 2004 la tonelada estaba cotizada en $us 250 y hasta noviembre bajó a $us 150.
“Estamos buscando herramientas tecnológicas que nos permitan bajar nuestros costos operativos y ser más competitivos”, sostuvo el productor que aseguró que cuentan con 2.000 kilogramos de soya transgénica para sembrar 20 hectáreas en el departamento de Santa Cruz. La semilla es una variedad que ya fue aprobada y experimentada de manera oficial en Bolivia, que realiza desde hace 3 años un trabajo de investigación con transgénicos autorizados por el Comité Nacional de Bioseguridad y ha sido ejecutado por la Oficina Regional de Semilla.
Pese al descenso en el precio de la soya, Zabala asegura que las proyecciones de producción en el mundo están bastante optimistas porque se cree que las siembras de Sudamérica van a pasar la expectativas que se tenía contempladas. “Brasil, Argentina y Paraguay tienen una producción de mayor escala y son más competitivos que nosotros. Por eso tenemos que mejorar el rendimiento del grano por hectárea ”, indicó.
La siembra de la soya transgénica con carácter demostrativo semicomercial se realizará en cuatro zonas: dos en el área norte y dos en la zona de expansión. Será en el Centro Experimental de Anapo, de propiedad de esa asociación (ubicada en la localidad 26 de Agosto del municipio Cuatro Cañadas, Villa Paraíso (cerca a San Julián) del agricultor Reynisio Yucra, en la localidad San José, de propiedad del productor Edmundo Aspety y en un terreno ubicado entre las localidades La Planchada y San Pedro, del productor Demetrio Pérez. Se espera que el rendimiento de las 20 hectáreas supere las dos toneladas y media de soya.
Según estudios de la FAO, organismo de las Naciones Unidas, más del 70% de la producción mundial son cultivos transgénicos, por lo que los productores soyeros piden al Gobierno dar luz verde para cultivar este producto. El sector soyero busca una sostenibilidad del cultivo porque cada vez los costos operacionales son mayores, las plagas van en aumento, el mercado internacional es más exigente y cada vez son amenazados por los mercados andinos con la liberación de aranceles.
Datos proporcionados por Anapo muestran que el verano pasado se sembraron 602 mil hectáreas, para 2005 se tiene previsto cultivar 650 mil hectáreas, puesto que el agricultor no deja de trabajar pese a la caída de los precios.
China frenó en seco su demanda
China sigue marcando el ritmo del mercado mundial de soya. Para bien hasta hace un mes y medio, y para mal desde entonces. Ocurre que la fuerte demanda soyera de parte de ese país con más de 1.300 millones de potenciales consumidores pareció frenarse en seco.
Y el precio de la soya registró ese cambio. Luego de tocar $us 250 la tonelada apenas dos meses atrás, el pasado domingo el precio se desplomó a cerca de $us 167, es decir que en ese lapso perdió un tercio de su valor. Por ello es que las importadoras chinas podrían romper los contratos ya pactados y pactar otros, lógicamente a un precio menor, lo que sacudiría aún más el precio en el mercado./Granar on line

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Hallan beneficios en transgénicos



BBC Mundo
www.bbcmundo.com
Londres  -  Inglaterra
28 de noviembre de 2004

El gobierno encuentra los resultados del estudio "valiosos".
Un importante estudio sobre cultivos genéticamente modificados realizado en Gran Bretaña no encuentra evidencia de que dañan en medio ambiente.
El proyecto llamado BRIGHT examinó variedades de remolacha y semilla de colza que habían sido genéticamente modificadas para hacerlas tolerantes a ciertos herbicidas.
Los cultivos transgénicos fueron comparados con cereales no modificados cultivados de forma rotativa.
El proyecto concluyó que las variedades transgénicas, utilizadas de esta manera, no redujeron las semillas de maleza en el suelo vitales para muchas aves y otras especies silvestres.
La BBC recibió la información anticipada y exclusiva del proyecto Bright.
Este lunes se publicarán los resultados.
BRIGHT fue diseñado para imitar las prácticas de agricultura normal y para medir cómo estos cultivos transgénicos se comportan cuando se utilizan en una rotación típica de cultivos durante cuatro años.
No sólo no encontraron evidencia de la reducción de semillas, también señalaron los beneficios al cultivador de utilizar productos transgénicos.
"Lo que hemos demostrado es que, en el caso de estos dos cultivos, hay maneras de administrarlos que son prácticas, y los cultivadores pueden manejarlos fácilmente", dijo el coordinador del estudio, Dr. Jeremy Sweet.
"Parece haber algún tipo de ventaja en la flexibilidad del tipo de herbicida que se usa; podría haber beneficios económicos, dependiendo del precio de los herbicidas y semillas cuando estos cultivos se comercializan", añadió.
"De manera que hay varias razones por las cuales los cultivadores podría estar muy interesados en estos cultivos", concluyó.
Sin embargo, no hay mucha probabilidad de que estos cultivos transgénicos sean adoptados en el corto plazo en Gran Bretaña.
A comienzos de este año, otro importante estudio llamado FSE, encontró que dos variedades transgénicas, resultaron más dañinas para la biodiversidad que los cultivos tradicionales.
Se encontraron menos grupos de insectos, como abejas y mariposas, entre las nuevas plantas transgénicas.
Oposición
También hay grupos que ven con escepticismo los resultados del proyecto Bright.
Emily Diamand, investigadora del grupo opositor a los transgénicos Friends of the Earth (Amigos de la Tierra) dijo que el estudio "se elaboró en centros investigativos, y los verdaderos agricultores nunca hacen las cosas de igual manera como se hacen en los laboratorios de investigación".
Pero un portavoz del gobierno dijo que los resultados del proyecto Bright son "valiosos".
Por su parte, la Unión Europea indicó que sus países miembros deberían basar sus decisiones futuras sobre el uso de agricultura transgénica en la opinión científica en lugar de la opinión pública.



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Se deben etiquetar alimentos elaborados con transgénicos




El Diario
www.eldiario.net
La Paz  -  Bolivia, Estado Plurinacional de
29 de mayo de 2005

À Representante de la FAO sostiene que no existen peligros para la salud en los víveres que contienen organismos genéticamente modificados.
La identificación de los productos alimenticios elaborados con organismos genéticamente modificados, comúnmente conocidos como transgénicos, es uno de los objetivos inmediatos de las entidades defensoras del medio ambiente y la salud.
"En las etiquetas se debe establecer que los productos contienen transgénicos, para que los consumidores sepan exactamente lo que comen y no como ocurre actualmente, que pueden estar consumiendo transgénicos sin saberlo", precisaron.
"El etiquetado de los productos con transgénicos se debe realizar sobre la base del conocimiento, educación e información, dirigida a los consumidores", sostuvo Sandra Sharry en el foro "Comunicación, Biotecnología y Bioseguridad", realizado en la ciudad de Santa Cruz y organizado en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Sostenible. Sharry es experta de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Sharry, la representante del gobierno, Cecilia Berzaín Battioni, y la coordinadora nacional de la Red de Cooperación Técnica y Biotecnológica Vegetal (Redbio) de Bolivia, Teresa Ávila, coincidieron en el foro sobre la posibilidad de impulsar el etiquetado de los alimentos elaborados con transgénicos que se expenden en el mercado.
La experta explicó las ventajas y beneficios de la biotecnología, ciencia que incluye a los transgénicos (alimentos elaborados a partir de un organismo genéticamente modificado, animales, vegetales o microorganismos).
Según Sharry, en todo el mundo sólo existen 80 alimentos transgénicos, autorizados y certificados para el consumo humano. La mayoría de estos son derivados de los órganos genéticamente modificados de una manera que no se produce de forma natural en el apareamiento (multiplicación) o en la recombinación natural.
"Se debe consumir lo que nos conviene", expresó la consultora de la FAO y coordinadora de Redbio de Argentina, a los periodistas asistentes al simposio realizado el pasado jueves.
Sin embargo, agregó que las normativas sobre el etiquetado de estos productos en países donde aún no existen regulaciones, como Bolivia, no deben restringir la verificación y revisión de los mismos.
"Las regulaciones sobre los alcances de la biotecnología deben tender a uniformarse, aunque esta posibilidad se dificulta por factores como el ecosistema de cada país", dijo.
Según precisó, en Argentina, uno de los mayores productores de transgénicos, el etiquetado de alimentos genéticamente modificados, como prefieren llamar los biotecnólogos, no es obligatorio.
Daños
Sharry, con abundante información científica sobre los beneficios de los organismos genéticamente modificados, mal llamados transgénicos, minimizó los daños a la salud de las personas y al medio ambiente.
Es más, acusó a las entidades medioambientistas e incluso a la prensa sensacionalista de pretender frenar el desarrollo de esta ciencia, con el consiguiente perjuicio para los científicos y países que rechazan el mismo.
El gen es la unidad física y funcional del material hereditario que determina el carácter del individuo y que se transmite de generación en generación. Su base material es una porción de un cromosoma que codifica la información mediante secuencias del ácido desoxirribonucleico (ADN), entra al estómago, se degrada y quedan sólo los nutrientes, con lo que los efectos contra la salud son nulos, aseveró.
Cecilia Berzaín, coordinadora de un proyecto sobre el tema del Viceministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente, dependiente del Ministerio de Desarrollo Sostenible, afirmó que en Bolivia no existen normas sobre este tema en particular.
"Hay necesidad de normar el control de los alimentos transgénicos que se internan al país, sean vía contrabando o importación legal", manifestó.
El gobierno, luego de la autorización para la producción de soya transgénica con semillas importadas, está empeñado en regular la comercialización de los alimentos con estos derivados que entran al país, expresó.

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Sembrarán 40.000 ha de soya transgénica




El Deber
Santa Cruz  -  Bolivia, Estado Plurinacional de
30 de mayo de 2005

Zona Este, el auge costó un alto precio
Hilton Heredia García
La otrora capital soyera de Santa Cruz, Pailón, hoy intenta levantarse con la actividad ganadera, después de que los cambios climáticos afectaran la producción de soya. En seis años (1990-1997), durante el desarrollo del proyecto Tierras Bajas del Este, se hizo una conversión desmesurada de su zona boscosa en tierra agrícola, según la tasa de deforestación de la Superintendencia Forestal (un 30% hasta el año 2000).
A pesar de ello este proceso le permitió desarrollarse, aunque por un periodo corto. La alcaldesa Petronila Menacho reconoce que el ‘boom’ soyero benefició con fuentes de empleo a los pobladores; sin embargo, aclaró que el progreso de Pailón se debió a los recursos de Participación Popular y a los ingresos propios.
A pocos kilómetros está San Julián. Allí se puede observar el movimiento de micros, vagonetas y mototaxi. Un extenso mercado, restaurantes, alojamientos, comercios, carretera pavimentada y una imponente Alcaldía, reflejan que la época dorada de la soya dejó huellas.
Evaristo Huallpa, dirigente de la Federación de Colonizadores de San Julián, dijo que a varios pequeños y medianos productores les permitió ampliar su extensión agrícola, adquirir maquinaria y mejorar sus viviendas. Baldemar Bejarano es un ejemplo. Empezó con 30 hectáreas y ahora posee 80. Otros, como Felipe Huanca, cumplieron su sueño de comprarse un tractor y una cosechadora, y muchos menonitas reemplazaron la carroza por un vehículo. Sin embargo, en los últimos cinco años hay un relativo estancamiento. “Inicialmente hubo recuperación económica; pero ahora estamos pagando el impacto ambiental provocado por el desmonte. Por eso, estamos pensando en reforestar”, afirmó el alcalde Germán Villca.
Anapo corrobora esta situación. Según sus estadísticas, durante 1990-1996 hubo buenos rendimientos del grano, disminuyendo posteriormente por la sequía. Sin embargo, en la campaña de verano 2002/2003 los municipios de Cuatro Cañadas y San Julián registraron los mayores rendimientos de soya desde 1990, (2,60 tonelada por ha y 2,98 respectivamente), debido a la precipitación pluvial. Según Anapo, esto demuestra que la zona Este sigue siendo fértil.
San Pedro, la pobreza de la nueva capital
El intenso polvo que levantan los camiones de alto tonelaje que transportan soya en la época de cosecha, produce impotencia y molestia en la directora del colegio y en el director del único microhospital de la localidad de Hardeman, población del municipio de San Pedro, la nueva capital soyera.
Según el médico responsable de dicho centro asistencial, Lucio López, desde que se incrementó la producción soyera (año 2000), las enfermedades respiratorias en los niños aumentaron un 30%. A esto se suma las intoxicaciones durante la temporada de fumigación, dolores de estómago y vómitos por la mala manipulación de los agroquímicos requeridos en la producción del grano. Se registran dos casos diarios, según López. “Nos estamos enfermando por el polvo. Los empresarios que se benefician con la soya no hacen nada para mejorar las condiciones de los que vivimos aquí”, precisó la religiosa que dirige el establecimiento de convenio en Hardeman, ubicado sobre la vía principal.
Sin embargo, la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) explicó que hay aportes directos que hacen los productores para el mantenimiento de caminos en las zonas de producción, entre ellos el tramo Chané-Peta Grande, dentro del cual se encuentra esta población.
Además, dice que los agricultores involucrados en la actividad soyera contribuyen económicamente con los municipios a través del pago de impuesto a la propiedad agraria, que a partir de esta gestión contempla también las mejoras. “A pesar de que gran parte de las propiedades productivas no cuentan con su titularización, el sector está cumpliendo con este tributo”, precisó el presidente de Anapo, Carlos Rojas. Aclaró que este aporte está al margen de los tributos nacionales que honran las empresas agropecuarias y del impuesto al Régimen Agropecuario Unificado de los agricultores con superficies menores a 1.000 ha, de los cuales también las alcaldías reciben una parte a través de la Participación Popular.
“Los empresarios no invierten en el municipio, sólo llevan lo que produce nuestro municipio; porque no viven aquí, sus hijos no estudian en nuestras escuelas”, aseguró el alcalde de San Pedro, Juan Cala.
Las autoridades de las poblaciones que conforman el municipio de San Pedro analizan la posibilidad de exigir un 10% de regalías de la producción soyera. Esta medida no la ve con buenos ojos el ministro de Agricultura, Víctor Barrios, que adelantó que sería una desmotivación para la productividad. “La regalía se aplica a los recursos naturales, como los hidrocarburos, y el caso de la producción agropecuaria es diferente; en todo caso, el impuesto a la tierra ya está establecido y el sector no está en condiciones de soportar un aporte adicional. Los municipios deben buscar alternativas que acompañen el crecimiento de la frontera agrícola y el desarrollo de la comunidad”, sostuvo Barrios.
La contaminación por los insecticidas y herbicidas también afecta a los ríos y curichis de la zona. “Estamos contaminando el medio ambiente, los comercializadores de agroquímicos nos dicen que hay que echar veneno para las plagas, pero no tenemos asesoramiento técnico”, aseguró el presidente del Concejo de Hardeman y productor, Eufronio Herrera.
La mayoría de los niños sólo concluye el ciclo primario. Según datos del municipio de San Pedro, de diez chicos en edad escolar, apenas seis asisten a clases, el resto no lo hace debido a las condiciones de pobreza en que viven o por su incorporación al trabajo agrícola.
Si bien este municipio pasó de practicar una agricultura manual de subsistencia (arroz y maíz), a una tecnificada y un desmonte acelerado por el auge soyero, no puede negar la precariedad de sus viviendas, la mayoría de madera y con letrinas deficientes, sumado al hacinamiento en que viven varios de sus habitantes.
Un plan apoya el desarrollo
La Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) con el apoyo del Ministerio de Asuntos Campesinos y Agropecuarios lleva adelante el diseño y ejecución de un nuevo Proyecto Tierras Bajas del Este II. Se pretende abarcar toda la zona productiva de Santa Cruz, incluida la zona norte, bajo un enfoque de manejo sostenible de los recursos naturales.
Según el presidente de Anapo, Carlos Rojas, la puesta en marcha de ese proyecto coadyuvará a mejorar el desarrollo económico y productivo de las principales zonas de producción, contribuyendo también al fortalecimiento y desarrollo de los municipios productivos, como Cuatro Cañadas, San Julián y San Pedro.
El grano de oro de Santa Cruz, como se denomina a la soya, oculta un rostro social hasta ahora desconocido. Se trata de uno de los productos que mayores ingresos genera al país, después de los hidrocarburos, pero a un alto costo ambiental (publicación de EL DEBER 8 de mayo de 2005). Los últimos quince años de producción soyera, que lideriza la región (1990-2005), han tenido un impacto social distinto en las dos zonas que concentran este cultivo.
La zona Este (San Julián, Cuatro Cañadas y Pailón) logró desarrollo, aunque la época dorada le duró sólo siete años, mientras fue en ascenso el precio de la soya en el mercado internacional (de $us 150 a $us 210 la tonelada entre 1990 a 1997), y se mantuvo la buena producción (2,98 toneladas por hectárea).
Pobladores y autoridades reconocen que la llegada de la soya les trajo progreso, pero también consideran que el desarrollo les costó un elevado deterioro ambiental, debido al desmonte indiscriminado de las zonas boscosas y la sequía que ha afectado la producción. Sin embargo, esto no fue sólo obra de la soya, sino también de los recursos de la Participación Popular y de la incorporación de un buen número de habitantes (colonizadores andinos) al modelo productivo. Además, que la zona Este contó con un proyecto integral de la ex Corporación de Desarrollo de Santa Cruz (Cordecruz) denominado Tierras Bajas del Este, con un financiamiento total del Banco Mundial de $us 43.706.080 por el periodo de 1991 a 1997, y cuyos componentes principales fueron: recursos naturales, investigación, extensión vial, comunidades indígenas, crédito, Instituto Nacional de Reforma Agraria y Fortalecimiento Municipal.
El panorama no fue igual para la zona Norte (municipio de San Pedro, ubicado a 160 kilómetros de Santa Cruz). Allí, las autoridades y algunos pobladores consideran que la producción de esta oleaginosa no se ha traducido en mejores condiciones de calidad de vida de los habitantes. Sus indicadores sociales reflejan que hay pobreza.
La economista Nelly Durán cree que el hecho de que este municipio, hasta el año pasado, dependiera del de Minero no le permitió que despegue con el mismo dinamismo que los de la zona Este.
Para la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), una prueba del beneficio que ha traído la producción de soya para los pobladores de ambas zonas, es la consolidación de nuevos municipios como Cuatro Cañadas, San Pedro y Fernández Alonso, acompañado de acceso de vías camineras, servicios básicos (energía eléctrica y comunicaciones), sumado a la generación de empleo.
Los ‘invisibles’ del grano de oro
Un grupo de migrantes que vive en condiciones infrahumanas en un galpón cedido por el municipio de San Julián, trabaja detrás del sector agropecuario. A ellos no les llegó el beneficio de la época dorada de la soya, pues ganan (un promedio de Bs 30 por el jornal, y entre Bs 80 y 100 por el chafreo de primera o segunda mano), lo mismo que hace diez años, aseguró Candelario Fernández, encargado de la Central Regional de Trabajadores Asalariados del campo. “En vez de mejorar la situación ha empeorado, porque cada vez hay más gente desocupada que se ofrece para trabajar por cualquier monto”, precisó Fernández. Según el presidente de Anapo, Carlos Rojas, esta situación se da porque gran parte de la producción agropecuaria ha ingresado a un proceso de mecanización. Agregó que utilizan poca mano de obra, debido a que los productores combaten la maleza con químico. “En mi caso, les brindo las condiciones de alojamiento y de salud y es la misma situación de una buena parte de los productores”, precisó.
Tampoco gozan de un seguro de salud y sus hijos no pueden acceder a la educación, debido a los constantes cambios de lugar de trabajo. Su subsistencia depende de un contratista; como ellos mismos afirman, “es un enemigo necesario”. Hacinados junto a sus esposas y vástagos, esperan pacientemente que llegue un ‘enganchador’ y los lleve a trabajar, comentó Miguel Revollo. “Nuestra fortuna es un bolsón con nuestra ropa, un machete y nuestra familia. Somos los invisibles; hacemos el trabajo de servidumbre para los productores”, remarcó Revollo.
José A. Martínez M. / Sociólogo e investigador
El costo social del auge soyero
Roxana Escóbar N.
Como en todo fenómeno económico-social debemos distinguir por una parte los momentos de ‘boom’ y los momentos de crisis. Luego diferenciar a los beneficiados y a los perjudicados en dichos procesos. Es engañoso creer que todo está bien, que hay desarrollo y embriagarse rápidamente por los éxitos momentáneos. Adicionalmente debemos diferenciar quién es quién en estos procesos. Pero también es importante no ‘satanizar’ los procesos económicos, porque en este campo existen prácticas saludables social, económica y ambientalmente, y es a lo que deberíamos tender como región y como sociedad boliviana. ¿Qué pasa con el producto estrella de Santa Cruz? Ella se trasladó de la zona Este a mejores tierras, esas tierras por ahora están en el municipio de San Pedro que permite dos cultivos anuales. En esta región hay una rearticulación de relaciones productivas e intercambios de propiedad; si en Pailón la gente del lugar enajenó sus tierras a favor de la agroindustria, en el norte los colonizadores nativos de tierras altas mantienen sus predios, pero sufren una fuerte presión económica que les obliga a abandonar sus cultivos tradicionales de arroz y maíz para migrar a la soya, de un modo particular alquilando sus predios a medianos y grandes productores de soya y ellos convirtiéndose en peones de los agroindustriales. Las otras preocupaciones de los impactos sociales y ambientales (que no pueden separarse) son: que el área de expansión de la soya avanzará hacia la TCO de Guarayos y hacia algunos nichos de tierra fértil en el Valle de Tucabaca – Roboré, paralelamente a la construcción y mejoramiento de los caminos carreteros Pailón – Puerto Suárez y San Matías – San Ignacio. Esto provocará el desplazamiento de las poblaciones indígenas , modificará rápidamente los patrones productivos debido a la habilitación de más áreas de bosque para la agroindustria, con severas repercusiones en el hábitat.

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