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martes, 21 de mayo de 2024

Pan con transgénicos y agrotóxicos


Fuentes: Tierra viva [Ilustración: Sebastián Damen]

Rechazado por las grandes alimenticias, el trigo HB4 se consume en panaderías y minoristas

Arcor y Molinos informaron que no compran trigo HB4 para elaborar sus productos. Tampoco se exporta. En la Federación de Acopiadores advierten que el transgénico termina en panaderías, fábricas de pastas y pizzerías. Los productos que lo contienen no están identificados y las familias argentinas no pueden elegir si quieren evitar el cereal modificado genéticamente.

En el inicio de una nueva campaña de trigo en la Argentina, dos de las principales empresas alimenticias del país, Arcor y Molinos Río de la Plata, informaron que no compran ni utilizan el trigo transgénico HB4 para fabricar sus productos. Tampoco se exporta: si bien algunos países lo aprobaron para su consumo, los compradores privados no lo aceptan. Según explicaron en la Federación de Acopiadores de Cereales, el transgénico termina en la harina que producen los molinos que abastecen a panaderías, fábricas de pastas o pizzerías.

Este invierno será el tercero en la historia de la alimentación mundial en que se siembre y se comercialice sin restricciones un trigo transgénico. Y ocurrirá en la Argentina, el primer país del mundo en aprobarlo. Se trata del trigo HB4 de las empresas Bioceres y Florimond Desprez, que se promociona como tolerante a la sequía y es resistente al glufosinato de amonio, un herbicida más tóxico que el glifosato. Se considera un hito porque, hasta ahora, las multinacionales de semillas transgénicas y agrotóxicos habían logrado imponer su tecnología en cultivos como soja o maíz pero no habían conseguido hacerlo con el trigo. Uno de los obstáculos fue siempre el rechazo de la población a comer transgénicos asociados a agrotóxicos, además de ser el trigo uno de los cereales más consumidos de manera directa en todo el mundo.

Desde que el trigo transgénico está en el mercado argentino, un solo molino —La Esmeralda, en Santa Fe— publicitó que lo utiliza. Lo hizo el año pasado en un evento organizado por Bioceres, en el que se anunció que 25 molinos ya procesaban el HB4 en el país. Entre los clientes de La Esmeralda se encuentran las principales cadenas de panaderías de Córdoba, según informa la empresa en su sitio web.

Sobre el resto de los molinos, panaderías y minoristas, no hay precisiones. Esto se debe a que en la Argentina no es obligatorio identificar los productos elaborados con transgénicos, como sí lo es en Brasil, por ejemplo.

En el Congreso de la Nación, entre 1999 y 2024, se presentaron más de 70 proyectos de ley para que el etiquetado sea obligatorio (en algunos casos se trata del mismo proyecto presentado varias veces, luego de perder estado parlamentario). Sin embargo, hasta el momento, ninguno prosperó.

El trigo HB4 fue desarrollado por Trigall Genetics, una empresa conjunta (joint-venture) integrada por Bioceres Crop Solutions y la multinacional francesa Florimond Desprez. Bioceres es de origen nacional, con sede en Rosario. Entre sus iniciadores y principales accionistas se encuentran los empresarios Gustavo Grobocopatel y Hugo Sigman.

Pan de consumo popular elaborado con trigo transgénico. Rechazado por las grandes alimenticias, el trigo transgénico hb4 se consume en panaderías y minoristas
Foto: Matías Baglietto

Aprobación irregular

El trigo transgénico fue autorizado en 2020 por el gobierno de Alberto Fernández sin hacer estudios de impacto ambiental ni consultas públicas, tal como lo exigen la Constitución Nacional y la Ley General del Ambiente. Sólo se tuvieron en cuenta los informes confidenciales que presentó la empresa interesada.

Estas irregularidades llevaron a que el fiscal federal Fabián Canda pidiera suspender su venta y cultivo. Lo hizo en dos oportunidades, primero en 2021 —a un año de la autorización de la siembra—, y luego en 2022, cuando se liberó la comercialización. Sin embargo, hasta el momento ningún juez ordenó la suspensión a nivel nacional. Donde sí hubo una orden judicial de frenar las autorizaciones fue en la provincia de Buenos Aires, en julio de 2022. Pero esa orden fue revertida por la Cámara de Apelación en lo Contencioso Administrativo de Mar del Plata, en marzo de 2023, y ahora se espera la decisión final de la Suprema Corte de Buenos Aires.

En paralelo, científicos y organizaciones de la sociedad civil, tanto en Argentina como en otros países del mundo, llevan adelante campañas para exigir que se suspenda su aprobación por los riesgos que implica para la salud, el ambiente y los derechos económicos y sociales de campesinos y pequeños productores.

Se estima que, hasta 2023, el área sembrada con HB4 en la Argentina no llegaba al dos por ciento del total de hectáreas de trigo. El cálculo se hace sobre los datos que comunica la propia Bioceres, que son los únicos disponibles. El Estado nacional dejó de controlar en 2022, cuando el Gobierno autorizó su comercialización.

De acuerdo a la información de la empresa, en 2022 se sembraron unas 50.000 hectáreas, lo que significó un 0,8 por ciento de las 6,1 millones de hectáreas de trigo cultivadas ese año. Para 2023, Bioceres anunció que duplicaría esa superficie al ampliar los canales de venta para llegar a más productores. De haber ocurrido eso, entonces el área con HB4 fue de cerca del 1,7 por ciento del total sembrado. Hasta el cierre de este artículo, la empresa no había comunicado cuánto se estimaba sembrar en 2024. Las superficies y volúmenes totales, sin discriminar el tipo de trigo, las publica todos los años la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

Pan de consumo popular elaborado con trigo transgénico. Rechazado por las grandes alimenticias, el trigo transgénico hb4 se consume en panaderías y minoristas
Natalia Roca – Minga: fotos libres para la soberanía alimentaria y el buen vivir.

Rechazo internacional y local

En el mercado exterior, si bien países como Brasil, Paraguay, Indonesia, Australia y Nueva Zelanda autorizaron el consumo de trigo HB4, las empresas exportadoras que operan en la Argentina advierten que en ninguno de esos países los importadores lo compran. “Ningún comprador de trigo argentino ha modificado la condición de libre de OGM (Organismo Genéticamente Modificado)”, indicó la Cámara de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) en un comunicado enviado a los acopiadores en octubre pasado, previo a la cosecha.

“Razón por la cual, se reitera que toda mercadería que no cumpla esta condición será motivo de rechazo, así como de reparación económica por posible daños comerciales o logísticos”, advierte el documento, firmado por el presidente de la entidad, Gustavo Idígoras. La Cámara agrupa a las principales exportadoras locales y multinacionales, como AGD, Bunge, Cargill, Cofco, Viterra, Asociación de Cooperativas Argentinas y Agricultores Federados Argentinos.

Esta situación genera preocupación en gran parte de la cadena triguera: si el transgénico se cuela en algún barco para exportación, toda la carga puede ser rechazada. En ese sentido, el presidente de la Federación de Acopiadores de Cereales, Fernando Rivara, señaló que volvieron a reclamar sobre esta situación a los funcionarios nacionales en la reciente edición de “A todo trigo”, el evento anual que organiza la entidad (realizado el 9 y 10 de mayo en el Hotel Sheraton de Mar del Plata). “Continuamos con el riesgo de que aparezca la contaminación en algún barco y tengamos un castigo económico —sostuvo Rivara a Tierra Viva— Lo que queremos saber es quién se va a hacer cargo si eso ocurre, quién lo va a pagar.”

Tanto la Federación de Acopiadores como la Cámara de Exportadores de Cereales hicieron presentaciones ante el Poder Judicial para que se suspenda la aprobación del HB4.

Trigo HB4 no dio los resultados esperados frente a la sequía.
Foto: Bioceres

Grandes empresas no quieren el trigo transgénico

Las grandes industrias alimenticias de Argentina tampoco aceptan el transgénico. Molinos Río de la Plata, que concentra la mayor parte del mercado de pastas secas, informó que no compra trigo transgénico. “En Molinos no utilizamos ese tipo de trigo”, respondió Florencia Contento, jefa de Medios de la empresa, ante la consulta de Tierra Viva. Sus marcas de fideos más conocidas son Lucchetti, Matarrazzo, Don Vicente, Favorita, Don Felipe y Canale. También fabrican las harinas Blancaflor y Favorita, además de tapas de empanadas y tartas, pastas frescas y panes rebozadores.

Otra de las marcas de harinas y panes rebozadores que más se venden en los supermercados es Morixe. La empresa, que fue noticia durante la pandemia por el aumento de sus ganancias, también informó que no utiliza trigo HB4. “Morixe no compra esa clase de trigo”, respondió Gabriel Trangoni, del sector de Originación de la empresa.

En el mercado de las galletitas, las principales empresas son Arcor (dueña de Bagley junto con Danone) y Mondelez . En Arcor informaron que tampoco utilizan el transgénico. “El trigo se compra a través de contratos de originación con productores y no se utiliza HB4”, respondieron en el área de Comunicación de la empresa. “Los molinos con los que trabaja Arcor no muelen HB4 para nadie por el riesgo de contaminación”, explicaron.

En Mondelez, fabricante de las marcas Terrabusi, Oreo, Express y Cerealitas, no respondieron a las consultas. Sin embargo, en la Federación de Acopiadores afirmaron que ninguna de las grandes multinacionales acepta el transgénico. “Los proveedores de las multinacionales se cuidan de no tener HB4 porque no lo aceptan”, señaló Rivara.

Población a ciegas, sin información

El trigo transgénico se procesa en molinos que no están identificados —excepto por La Esmeralda— y termina en panaderías, fábricas de pastas, de pizzas y empanadas que tampoco están identificadas.

En la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) no respondieron a la consulta sobre si conocen cuántos y cuáles son los molinos que lo procesan. Y en los centros de panaderos no estaban informados si los molinos que los abastecen utilizan o no el transgénico.

En el Congreso Nacional, el último proyecto de ley ingresado para etiquetar los productos transgénicos es el de la senadora neuquina Silvia Sapag, actual vicepresidenta del Senado, quien insiste con la iniciativa desde hace años.

El proyecto, presentado en marzo de 2024, consta de tres artículos. En el primero se reconoce el derecho de los consumidores “a ser informados fehacientemente si los alimentos que se comercializan contienen Organismos Genéticamente Modificados (OGM)”. En el segundo, se dispone que todo producto alimenticio que se comercialice en el país y que contuviera OGM “deberá llevar impreso en su envase o envoltorio, de modo claramente visible, la leyenda ‘Alimento Transgénico’ y el símbolo que establezca la autoridad de aplicación”. Y, en el tercero, se establece que el Ejecutivo debe adecuar las disposiciones del Código Alimentario Argentino en un plazo de 90 días.

En Diputados, en 2020, los legisladores Darío Martínez, Martín Soria y Guillermo Carnaghi, del Frente de Todos, presentaron el proyecto “Etiquetado de Alimentos Transgénicos”. En 2019, Pedro Miranda, del PJ mendocino, volvió a presentar un proyecto ingresado dos años atrás, mientras que la diputada Ivana Bianchi, de Unidad Justicialista de San Luis, insistió con su iniciativa por tercera vez. Por su parte, Juan Cabandié, del Frente para la Victoria, presentó en 2018 un proyecto que su bloque ya había ingresado en 2016. Al revisar los archivos del Congreso Nacional, se encuentran iniciativas de casi todo el arco político, incluida la UCR, el Partido Socialista, el Frente Grande, GEN, ARI, Proyecto Sur y la Izquierda Unida. Ninguno fue tratado en el recinto.

*Este artículo es parte de un proyecto con el apoyo de Misereor.

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/pan-con-transgenicos-y-agrotoxicos-rechazado-por-las-grandes-alimenticias-el-trigo-hb4-se-consume-en-panaderias-y-minoristas/

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lunes, 14 de junio de 2021

Bayer-Monsanto deberá continuar respondiendo por las denuncias contra el Roundup


Fuentes: Tierra viva

En febrero pasado la compañía alemana había alcanzado un principio de acuerdo por 2000 millones de dólares para evitar futuras demandas por el uso del Roundup. Un juez desestimó la medida por considerarla «no razonable». Bayer-Monsanto insiste en la seguridad del uso del glifosato, a pesar de la evidencia científica y los fallos judiciales.

Un juez de Estados Unidos canceló un acuerdo que permitía a Bayer-Monsanto saldar futuras demandas relacionadas con el uso del herbicida Roundup, basado en el glifosato, y la afectación en la salud de las personas, en particular por casos de cáncer. La propuesta de la farmacéutica alemana —que adquirió la empresa Monsanto en 2018— fue presentada en febrero pasado y pretendía cancelar próximos litigios con la creación de un fondo de 2000 millones de dólares.

El principio de acuerdo había sido sellado entre Bayer-Monsanto y los abogados querellantes de los afectados por el uso de Roundup, pero tenía que ser validado por el juez de San Francisco Vince Chhabria. El magistrado consideró que el convenio era “claramente no razonable” para algunos denunciantes y sostuvo que «no protegía suficientemente los intereses de las personas que usaron el herbicida Roundup antes de febrero de 2021, pero que aún no han sido diagnosticadas con linfoma no Hodgkin, un cáncer del sistema linfático».

Chhabria señaló que el acuerdo judicial sí era beneficioso para la empresa porque limitaba sus futuros riesgos legales, algo que el propio juez buscó evitar al solicitar este acuerdo para futuras demandas. El convenio rechazado por 2000 millones de dólares es un desprendimiento del acuerdo aprobado por el juez de San Francisco en junio de 2020, en el que Bayer-Monsanto alcanzó un acuerdo de más de 10.000 millones de dólares para poner fin a unas 125.000 denuncias. Pero que Chhabria desestimó en parte por no contemplar las demandas futuras.

Tras ver cancelada la oportunidad de anular futuras demandas judiciales, Bayer manifestó, a través de un comunicado, que continuará explorando las opciones legales y comerciales para lograr «un resultado similar en la mitigación del riesgo de litigios futuros» y sostuvieron que la empresa las tomará «lo más rápido posible».

Roundup, la evidencia y la negación de Bayer-Monsanto

En ese tono, Bayer-Monsanto continúa defendiendo la inocuidad del Roundup y argumentó que la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA, por sus siglas en inglés) presentó un escrito ante la Corte de Apelaciones de ese país en el que afirma que el glifosato «no presenta riesgos de preocupación para la salud humana». A pesar de la propia documentación interna que reconoce lo contrario y fue revelada en los Monsanto Papers y la declaración de la  Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, en 2015, cuando calificó a ese activo como «presuntamente cancerígeno».

El laboratorio alemán —que desembolsó 63 mil millones de dólares en 2018 por la compra de Monsanto— insiste su línea argumentativa y propuso la creación de un panel asesor científico «independiente» para revisar la información sobre la seguridad de su producto. Además, la empresa informó la creación de un sitio web dedicado a «estudios científicos» sobre la seguridad del Rounup y solicitó a la EPA que apruebe la redacción de las etiquetas con un enlace de referencia. También indicó la posibilidad de reducir el uso de la sustancia química en césped y jardín, aunque no en prácticas agrícolas.

Sin embargo, la Justicia continúa rechazando los argumentos de Bayer-Monsanto. Semanas antes de la decisión del juez Chhabria, la Corte de Apelaciones rechazó el pedido de la firma propietaria de Roundup de revisar la sentencia de la causa Edwin Hardeman —que no ingresó en el acuerdo de junio 2020— y confirmó la condena a Bayer-Monsanto por 25 millones de dólares, por daños e intereses contra Haderman, quien fue diagnosticado con linfoma no Hodgkin en 2015, tras años de usar el producto en base a glifosato. «La evidencia mostró que el riesgo cancerígeno del glifosato era conocido al momento de la exposición de Hardeman», sostuvo la Corte de Apelaciones de California.

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/bayer-monsanto-debera-continuar-respondiendo-por-las-denuncias-contra-el-roundup/


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miércoles, 20 de mayo de 2020

Lanzamiento del Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur


Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur - Desinformémonos
A partir de las 11 h. de Argentina estará publicado el libro Atlas del Agronegocio Transgénico en el Cono Sur. Monocultivos, resistencias y propuestas de los pueblos*. Coordinado por Acción por la Biodiversidad y sistematizado por Darío Aranda, el mismo será gratuito y de libre descarga. El Atlas se propone ser una herramienta a disposición de aquellas personas que resisten en los territorios, llevando adelante luchas en defensa de la vida y por la Soberanía Alimentaria. En él se abordan las principales problemáticas vinculadas al modelo transgénico que se estableció en el Cono Sur durante la segunda mitad de la década del noventa.
En los 22 capítulos que componen el libro se desarrolla la introducción del modelo transgénico en Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, la creciente utilización de agrotóxicos vinculados a estas semillas, la ciencia al servicio de este modelo, la concentración de tierras y criminalización de campesinos y campesinas, los intentos de modificación de las leyes de semilla para establecer un sistema de patentes, la destrucción de ecosistemas y economías regionales, el control oligopólico del mercado por parte de un puñado de corporaciones, el impacto del agronegocio sobre los cuerpos de las mujeres y la Agroecología como una alternativa a este modelo depredador.
En la región, cada año se deforestan 2 millones de hectáreas de bosques. Esto, a su vez trajo aparejado un proceso de concentración de tierras: en la actualidad, el 1% de las explotaciones controlan el 36,4% de la tierra en Argentina y el 3% de los grandes productores controlan el 85% de la tierra en Paraguay.
La soja transgénica producida en la región se destina al desarrollo de agrocombustibles y forrajes, y el poroto exportado por Brasil, Argentina y Uruguay se dirige en más de un 80% hacia China.
Por otro lado, la utilización de agrotóxicos creció exponencialmente, llegando a utilizarse más de 570 millones de litros de agrotóxicos solamente en el cultivo de soja en el año 2015 en Brasil. Este dato no solo está vinculado al aumento de la superficie, sino también a la aparición de “malezas” en los campos transgénicos.
A pesar de que los defensores de este modelo sostienen que los agrotóxicos son inocuos, se ha ido acumulando vasta literatura científica que comprueba sus efectos en la salud y el ambiente. A tal punto que, en marzo de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre le Cáncer emitió un documento en el que clasifica al gliofosato como “probablemente cancerígeno”. vinculaba la exposición al glifosato con incidencia de cáncer, así como también con daños del ADN.
Frente a este contexto, la publicación de un libro que aborde de forma integral no sólo los impactos que este modelo transgénico genera, sino también las alternativas que los pueblos construyen, es fundamental.
Tal como plantea en el prólogo Damián Verzeñassi, Director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, este Atlas “sin dudas seguirá nutriéndose y actualizándose con el aporte de las comunidades que se lo apropien y lo transformen en una herramienta para fortalecer sus luchas, resistencias y siembras. Porque este Atlas, fruto del trabajo colectivo, ya es semilla en busca de territorios fértiles para germinar un mundo saludable”.
Sobre Acción por la Biodiversidad
Acción por la Biodiversidad es un colectivo que, desde hace 20 años, acompaña a los pueblos de América Latina y El Caribe en el resguardo de los bienes comunes, difundiendo actividades y propuestas de las organizaciones latinoamericanas que trabajan en defensa de la Biodiversidad como parte de la cultura y el sustento de los pueblos. A su vez, forma parte de la Alianza por la Biodiversidad, plataforma colectiva latinoamericana que reúne a 13 organizaciones y movimientos clave de la región, grupo que edita colectivamente la revista Biodiversidad, sustento y culturas.
Autores del libro
Fernando M. Frank, Argentina.
Darío Aranda, Argentina.
Claudia Korol, Feministas de Abya Yala, Argentina.
Martha Irene Mamani, Bolivia.
Leonardo Melgarejo, Movimento Ciência Cidadã (MCC)
e Associação Brasileira de Agroecologia (ABA), Brasil.
Murilo Mendonça Oliveira de Souza, MCC e ABA, Brasil.
Gabriel Bianconi Fernandes, MCC e ABA, Brasil.
Abel Areco, BASE IS, Paraguay.
Abel Irala, BASE IS, Paraguay.
Claudia Avila, BASE IS, Paraguay.
Elizabeth Duré, BASE IS, Paraguay.
Guillermo Ortega, BASE IS, Paraguay.
Leticia Arrúa, BASE IS, Paraguay.
Lis García, BASE IS, Paraguay.
Pablo Galeano, REDES-AT, Uruguay.
GRAIN.
Contacto para entrevistas
Carlos Vicente. Teléfono: (011) 1563088809



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lunes, 13 de enero de 2020

Combinación de dos ilustres venenos

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Gustavo Duch
Rebelión

Los efectos a dosis altas del arsénico lo convierten en veneno y el glifosato es responsable de alteraciones hormonales y otros daños. ¿Se ha estudiado qué ocurre si preparamos un cóctel de arsénico más este glifosato?

En algunos momentos del año y en bastantes lugares de nuestra geografía nos encontramos con la prohibición de consumir agua corriente puesto que contiene cantidades de arsénico por encima de los valores regulados. Da un poco de miedo pero no deja de ser una situación controlada que aparece después de movimientos geológicos o por extracción de agua o minerales que ponen en contacto los acuíferos con depósitos naturales de este célebre semimetal. Nerón o Napoleón supieron muy bien de los efectos a dosis altas del arsénico como veneno. Unos pocos miligramos de arsénico en su bebida acabaron con sus vidas.

Por otro lado, y como recogió la propia Organización Mundial de la Salud, quedan confirmados los efectos de otra sustancia muy glamurosa, el herbicida glifosato originalmente de Monsanto y actualmente comercializado por muchas empresas. El glifosato es responsable de alteraciones hormonales, daños genético y otras afectaciones que dan lugar a cáncer, abortos o malformaciones. Son miles los estudios que lo confirman y demasiados los casos reales que lo corroboran.

Pero, ¿se ha estudiado qué ocurre si preparamos un cóctel de arsénico más este glifosato muy usado en nuestra agricultura industrial? Lo digo porque no sería algo casual, al contrario, el arsénico de nuestro subsuelo puede muy fácilmente entrar en combinación con el glifosato puesto que como analizó el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua , adscrito al CSIC, “un 41% de las aguas subterráneas de Catalunya contienen altos niveles de glifosato”

La respuesta ya la tenemos y recientemente la ha divulgado mi admirado periodista Darío Aranda en el diario Página 12 de Argentina. Un equipo de investigadores liderado por Rafael Lajmanovich, profesor titular de la Cátedra de Ecotoxicología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral e investigador del Conicet, analizó durante más de seis meses el efecto de esta combinación de tóxicos en anfibios, que vienen a ser -explica el investigador- como los ‘canarios de la mina’ por su similar desarrollo embrionario al del ser humano. El resultado obtenido es una triada muy grave: confirmaron disrupción endrocrina (aumento en la concentración de hormonas tiroideas), mayor proliferación celular (aumentan su tasa normal de división celular) y radiotoxicidad (daño en el material genético). Es decir, todo aquello que nos conduce a tener muchas más probabilidades de contraer enfermedades como el cáncer y malformaciones.

Es obvio que si nos llevamos a la boca dos venenos sufriremos el doble de consecuencias pero lo que explica este estudio publicado en la revista científica Heliyon, de la prestigiosa editorial internacional Elseviere, de Reino Unido, es que no solo los dobla sino que entre ellos se genera un efecto sinérgico que potencia su toxicidad. Por eso, las mismas administraciones que regulan con acierto la exposición al arsénico deberían de tener suficiente valentía para prohibir ya el uso del glifosato y evitar así este cóctel mortal.



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sábado, 11 de enero de 2020

Syngenta en la mira: Pesticidas prohibidos en Suiza exportados a Brasil



Sergio Ferrari
Rebelión


Catalogado como nocivo para la salud de los suizos - y por ende prohibido desde 2005 en el mercado helvético-, el pesticida profenofós inunda, sin embargo, campos y aguas brasileras, producto de la actividad exportadora de la trasnacional Syngenta, con sede en Basilea.

En el año 2018, al menos 37 toneladas de ese insecticida del grupo de los organofosfatos fueron vendidas a Brasil, según documentos de exportación de la Oficina Federal de Medioambiente a los que tuvo acceso la ONG helvética “Public Eye”, activa en la denuncia de los comportamientos irresponsables de las trasnacionales.

Contra la salud y el medioambiente

El plaguicida en cuestión, que fuera desautorizado por la Unión Europea en 2015, está prohibido a la venta en el territorio suizo dado sus efectos contraindicados para la salud y el medioambiente. Extremadamente nefasto para los organismos acuáticos, pájaros, abejas, el profenofós es un potente neurotóxico que puede también afectar al desarrollo cerebral de los seres humanos, en particular de los niños, según fuentes científicas.

En una comunicación oficial de noviembre pasado, Baskut Tuncak, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre sustancias tóxicas y derechos humanos, solicitó a las autoridades suizas prohibir la exportación de dicho pesticida.

En diversas regiones del mundo es un químico muy cuestionado. El Manual de Plaguicidas de Centroamérica – editado por la Universidad de Costa Rica y el IRET- le atribuye efectos tóxicos agudos, crónicos y a largo plazo agresivos para el ser humano.

Brasil se ha convertido en uno de los mercados preferidos por la trasnacional suiza. Las regiones más golpeadas por dicho pesticida son los Estados de San Pablo y Minas Gerais. Según un estudio da los datos 2018-2019 del Programa Gubernamental de protección del agua en ese país, los valores de profenofós detectados en el agua serían considerados impropios par el consumo en Suiza.

Ganancias astronómicas con pesticidas tóxicos

En un Informe publicado en abril del año pasado, Public Eye denunciaba la amplitud de un comercio “tan secreto como lucrativo: el de los pesticidas extremadamente peligrosos”.
El mismo incorpora como referencia los datos de la Philips McDougall, una sociedad de análisis de mercado, que constituye una fuente de referencia, entre otros, para la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos de Norteamérica.

Y los cruza con la lista de 310 sustancias más peligrosas que amenazan la salud y el medioambiente, establecida por la Red de Acción en Plaguicidas (PAN, por las siglas del nombre inglés Pesticide Action Network).

Public Eye llega a la conclusión que ese mercado específico representó cerca de 22 mil millones de dólares en el 2017, como resultado de 1,8 millones de toneladas de sustancias activas que alimentaron las ventas. Dos tercios de ese total son vendidos a países en desarrollo o emergentes, según la ONG suiza.

Aunque Syngenta hace gala de sus esfuerzos de innovación y durabilidad, enfatiza Public Eye, la comercialización de productos extremadamente peligrosos hace a la esencia de sus transacciones y beneficios. 15 de los 32 pesticidas que figuran en la lista negra del PAN, constituyen productos “vedettes” de Syngenta. Lo que le representa negocios por 3,9 mil millones de dólares, según cálculos de dicha ONG. Quien subraya que “la multinacional aprovecha de las debilidades de la reglamentación en países como Brasil, Argentina o India” para continuar a vender sus tóxicos más rentables, muchos de los cuales ya han sido prohibidos tanto en el mercado helvético como en el de la Unión Europea.

Criterios claros, lista de tóxicos en espera

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) llegaron a la conclusión que los pesticidas “reconocidos por presentar niveles altos de riesgos agudos o crónicos para la salud o el medio ambiente – designados como pesticidas extremadamente peligrosos o Highly Hazardous Pesticides-, deben ser retirados del mercado y reemplazados por alternativas más seguras”.

Si bien ya en el 2006 se establecieron criterios claros para identificar dichos químicos nocivos, hasta el momento no se logró establecer una lista clara y excluyente de dichos agroquímicos. Las trabas de las grandes multinacionales químicas y las debilidades de muchos Estados (o sus representantes) explican la falta de una voluntad política efectiva para aplicar los criterios.

Esa realidad llevó a la Red de Acción en Plaguicidas a evaluar cerca de 1000 sustancias presentes en el mercado. En base a las referencias de las agencias de la ONU e introduciendo otros índices complementarios- como la toxicidad para las abejas o las perturbaciones endocrinas-, esa plataforma elaboró una lista de 310 pesticidas peligrosos.

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miércoles, 8 de enero de 2020

Transgénicos, informe crítico de la Auditoría General de la Nación


El organismo sostiene que se aprueba el uso en base a informes de las empresas

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Darío Aranda
Página12

En Argentina se aprobaron 60 transgénicos en base a informes de las empresas interesadas. El informe de la AGN denuncia que el Estado no tiene en cuenta los impactos sociales ni ambientales.



La forma de aprobar el uso de los transgénicos en Argentina es poco transparente e incompleta, desoye convenios internacionales, vulnera leyes ambientales y viola los derechos de los pueblos indígenas. Así lo confirma una investigación de la Auditoria General de la Nación (AGN), que confirmó lo mismo que denuncian desde hace décadas organizaciones campesinas y socioambientales: el Estado argentino aprueba los transgénicos en base a estudios de las mismas empresas que los venden (el Estado no realiza análisis propios), no se tienen en cuenta los impactos sociales y ambientales, y se pone en riesgo la biodiversidad. En Argentina se aprobaron 60 transgénicos y ocupan más de 30 millones de hectáreas. 

“Recursos genéticos y organismos genéticamente modificados”, es el nombre del informe de 210 páginas de la AGN. Analizó la actuación entre 2015 y 2018 del Ministerio de Agroindustria y de la Secretaría de Ambiente. Cuenta con un apartado especial sobre la forma en que se aprueban los transgénicos en Argentina, a cargo de la Dirección de Biotecnología y de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia).

“Argentina no cuenta con un marco de referencia teórico-metodológico para garantizar el uso seguro y sustentable de los OGM (Organismos Genéticamente Modificados)”, afirma la Auditoria General de la Nación, y detalla que se vulnera el principio precautorio establecido en la Ley General del Ambiente (25.675) y, en el plano internacional, se desoye el Protocolo de Cartagena (instrumento internacional que regula los organismos producto de la biotecnología).

Detalla que la Dirección de Biotecnología (a cargo de Martín Lema, quién también dirige la Conabia) suministró a la AGN información “en formato borrador” y “ambigua” referida al proceso de autorización de los transgénicos. Y cuestiona que la Dirección de Biotecnología ni siquiera cuenta con un manual de procedimientos para realizar la evaluación de las solicitudes presentadas por las compañías que pretenden permisos de liberación experimental de OGM, primera fase del proceso para la autorización de transgénicos.

Desde hace años que académicos críticos, organizaciones campesinas y asambleas socioambientales cuestionan que el Gobierno aprueba los transgénicos en base a lo publicitado por las compañías. Bayer/Monsanto (o Syngenta o Bioceres) presentan una soja o maíz transgénico. Aportan al expediente supuestos estudios de inocuidad y los funcionarios argentinos aprueban sin corroborar si las empresas dicen la verdad o no.

“La Conabia no realiza análisis experimentales sobre los materiales a aprobar. Las evaluaciones de riesgo ambiental son de tipo documental, realizadas en base a la información técnico científica remitida por el solicitante (la empresa) a modo de declaración jurada”, destaca la Auditoría. Y ni siquiera existe un procedimiento gubernamental de chequeo de información: “No se encuentran normalizados los criterios para la realización de las verificaciones realizadas por la Conabia respecto falsedad o inexactitud de la información que presenta el solicitante”.

Desde 1996 a la actualidad se aprobaron en Argentina 60 eventos transgénicos (soja, maíz, papa, algodón, cártamo y alfalfa). Las empresas beneficiadas son Syngenta, Bayer-Monsanto, Bioceres/Indear, Dow Agroscience, Tecnoplant, Pioneer y Nidera, entre otras. La aprobación de semillas transgénicas es el primer paso de una cadena que luego incluye desmontes, desalojos, uso masivo de agrotóxicos, agotamiento de suelos, concentración de tierras en pocas manos.

Carla Poth es docente e investigadora de la Universidad de General Sarmiento. Su tesis doctoral hizo foco en la forma de aprobar los transgénicos en Argentina y no tiene dudas: “El marco regulatorio de aprobación de OGM es muy deficiente pero no por ignorancia, sino por complicidad. La conformación de la Conabia, con cámaras empresarias y científicos afines, priorizan los intereses y ganancias privadas por sobre los afectados por estas tecnologías. No hay una sola voz crítica dentro de la Conabia”.

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La investigadora recordó que al momento de aprobar un transgénico el Estado no considera el uso de agrotóxicos que acompaña la semilla, no mide el impacto ambiental (en bosques, animales, aire, agua, suelos) y tampoco se evalúa el impacto en los alimentos. “La Conabia tiene una mirada cortoplacista, totalmente afín al mercado, donde se prioriza la necesidad comercial y no de la población”, afirmó Poth.

La AGN confirma que la Conabia actúa en las sombras, sin ningún tipo de participación ciudadana: “Las decisiones tomadas por la Dirección de Biotecnología y la Conabia para autorizar la liberación experimental de OGM no son publicadas para conocimiento de la población”. Tan desprolija es la forma de aprobar los transgénicos que la Auditoría cuestiona que ni siquiera se especifica qué dependencias del Senasa (Servicio de Sanidad Agroalimetaria) y del Inase (Instituto Nacional de Semillas) deben controlar la experimentación de OGM (resolución 701/11 del Ministerio de Agricultura). Tampoco se explica cuáles son los aspectos a controlar y los criterios a tener en cuenta. La AGN afirma que, ante las irregularidades y los baches de información, “se afecta la transparencia del procedimiento (de aprobación)”.

El informe de la AGN también confirma que los transgénicos se aprueban en base a estudios de las mismas empresas: “En el procedimiento de evaluación de OGM de segunda fase se encontró que dicha evaluación no incluye pruebas experimentales (en laboratorio) y sólo se realiza documentalmente, a través de una comparación bibliográfica con lo informado por el solicitante”.
Cuestiona que la Dirección de Biotecnología, espacio clave para las multinacionales del agro, “no cuenta con un manual de procedimientos para la realización de evaluaciones ni con una base de datos e información bibliográfica utilizada para el análisis de riesgos y sus componente”. También cuestiona que al momento de aprobar un transgénico “no se contempla en los mismos el impacto social”. Y denuncia que en ningún momento se realizan audiencias públicas para obtener miradas de otras disciplinas del conocimiento.


La Conabia es fundamental en la aprobación de transgénicos. Es el ámbito que realiza la “evaluación técnica-científica” de las semillas presentadas. Se creó en 1991 y durante 23 años (2014) fue secreta su composición. Nadie podía saber quiénes autorizaban las semillas clave del agro. El periódico Mu (de la Cooperativa La Vaca) obtuvo en 2014 el listado secreto: de 34 integrantes confirmados, 26 pertenecían a las empresas o tenían conflictos de intereses. El dato fue retomada por la ONG inglesa GMWatch, traducida al inglés y distribuida en instituciones académicas de Estados Unidos y Europa. La noticia, bajo el título “La corrupción transgénica”, comenzó a circular en ámbitos científicos.

La Auditoría General de la Nación suma ahora un dato insólito: el quórum de la Conabia se obtiene con sólo cinco integrantes presentes. Un puñado de personas puede decidir qué nueva semilla inundará los campos argentinos. La AGN cuestiona que la Dirección de Biotecnología no proveyó el listado de integrantes actuales.

La Auditoría resalta la preocupación de la ausencia total de control por parte Estado luego de la aprobación de los transgénicos. Lo que se aprueba en las oficinas del Ministerio de Agricultura luego no es evaluado por su impacto real en los campos: “El marco regulatorio no prevé el monitoreo de los impactos de los organismos genéticamente modificados (OGM) posteriores a su liberación comercial, contrariamente a lo previsto en los principios de la política ambiental establecidos en la Ley 25.675. Tampoco se encontró evidencia de la realización de monitoreo de los impactos sociales, económicos y ambientales de la utilización de OGM en los agroecosistemas”.
Además de violar leyes nacionales, la forma de aprobar los transgénicos incumple tratados internacionales. En las conclusiones de la Auditoría se destaca: “Argentina no ha adoptado los dos instrumentos internacionales de referencia. El Protocolos de Cartagena y el Protocolo de Nagoya Kuala Lumpur, pese a la importancia que tienen las actividades con transgénicos en todo el territorio nacional”.

La AGN solicita que la Dirección de Biotecnología y la Conabia hagan públicas las decisiones respecto a los pedidos de aprobación de transgénicos, que dé participación a la ciudadanía y realice consultas púbicas. Solicita que se dé especial participación, incluso con representantes dentro de la Conabia, a los pueblos originarios y a comunidades locales “a los fines de considerar la perspectiva social en las evaluaciones impacto” de los transgénicos. También remarca la necesidad de la inclusión de aspectos ambientales en todo el proceso de aprobación de transgénicos. Destaca que la aprobación de OGM pone en riesgo la biodiversidad del país.



Para mayor información comunicate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

jueves, 6 de junio de 2019

Un reclamo con barbijos

Movilización en Rosario contra los agrotóxicos


Darío Aranda
Página 12

En el Día Mundial del Ambiente, se realizará en Rosario un encuentro de organizaciones en reclamo contra los agrotóxicos.

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Marcha Plurinacional de los Barbijos, es el nombre de la movilización que se desarrollará hoy en Rosario, donde asambleas socioambientales, campesinos, indígenas y productores agropecuarios que no utilizan venenos denunciarán las fumigaciones con agrotóxicos, el modelo transgénico y reivindicarán del derecho a la salud por sobre el dinero del agronegocio. También se desarrollará durante tres día s el Congreso Internacional de Salud Socio-Ambiental, donde confluyen movimientos sociales y científicos críticos al extractivismo. El gobierno de Mauricio Macri aprobó veinte transgénicos con uso masivo de peligrosos agrotóxicos.

El Día Mundial del Ambiente y con la consigna “¡Basta de negocios con nuestra salud!”, numerosas organizaciones se reunirán en la Plaza San Martín, donde habrá feria de alimentos sanos, actividades culturales y a las 17 comenzará la marcha hasta el Monumento a la Bandera. Los barbijos, que ya fueron utilizados frente a concejales que pretendía n legislar en favor de las fumigaciones, serán la marca distintiva de la movilización. 

“Este sistema extractivista viene arrasando con la biodiversidad, la soberanía alimentaria y energética de los pueblos y, por ende, atenta contra la salud y provoca daños irreparables”, afirma la convocatoria a la marcha. Entre las decenas de organizaciones convocantes están El Paraná no se toca, Comisión de Derechos Humanos de San Lorenzo, la ONG Muyuqui y la campaña Paren de Fumigarnos (de Santa Fe). La movilización se da en un contexto de creciente denuncia al agronegocio y fallos judiciales contra los efectos de los agrotóxicos (glifosato, atrazina, 2-4D, endosulfán, entre otros). En Estados Unidos se produjeron tres fallos millonarios en ocho meses contra la multinacional Monsanto (desde 2018 en manos de la alemana Bayer) por su producto estrella: el herbicida glifosato. Y hay más de 13.000 juicios en espera.

En Argentina ya se lograron más de 25 fallos que prohíben las fumigaciones en cercanías de escuelas, cursos de agua y barrios. El que más resuene en las últimas semanas es la sentencia lograda de Entre Ríos por el Foro Ecologista de Paraná y el sindicato docente Agmer, que obtuvieron una sentencia inédita: no se puede fumigar a menos de 1000 metros de las escuelas (y 3000 si se realiza con avionetas).

Desde que asumió Mauricio Macri se aprobaron 20 transgénicos (55 desde 1996): soja, maíz, papa, alfalfa, cártamo y algodón. Cultivos con uso masivo de glifosato, glufosinato de amonio y 2-4D, entre otros agrótoxicos. Las empresas beneficiadas: Monsanto-Bayer, Bioceres-Indear, Dow, Basf, Tecnoplant, Syngenta y Pioneer. Los “estudios” y expedientes de aprobación son confidenciales.


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jueves, 30 de mayo de 2019

Glifosato, transgénicos y un experimento a cielo abierto



Darío Aranda
Bio diversidad

El herbicida más usado del mundo acumula denuncias y condenas millonarias en Estados Unidos. La multinacional Bayer (que compró Monsanto en 2018) con futuro incierto. Sentencias en Argentina, empresarios que proponen cerrar escuelas (para poder sembrar transgénicos), la ONU cuestiona el modelo y campesinos muestran que otro modelo es posible (y necesario).

“El glifosato es como agua con sal”. Lino Barañao, Ministro de Ciencia de Argentina.

“La ignorancia no mata, solo hace sufrir”, Jorge Gattini, ministro de Agricultura de Paraguay (en referencia a los campesinos que denuncian las fumigaciones con agrotóxicos).

"Es un herbicida de clase menos tóxica. Los humanos podrían incluso beber y no morir porque no tenemos la vía metabólica de las plantas. Además, es biodegradable en el suelo". Edilson Paiva, presidente de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (Ctnbio) de Brasil.

El herbicida glifosato, el más utilizado del agronegocio, ha tenido las defensas más insólitas de los gobiernos pro transgénicos, desde funcionarios hasta periodistas.

Cientos de estudios científicos, fallos judiciales y, sobre todos, miles de afectados por fumigaciones son la prueba de los efectos del herbicida.



Patria grande transgénica

Sólo diez países del mundo concentran el 98 por ciento de los cultivos transgénicos (con uso de agrotóxicos): Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá, India, China, Pakistán, Paraguay, Sudáfrica y Bolivia(1). Cuatro de ellos de América Latina y, junto a Uruguay, forman lo que la multinacional Syngenta llamó en una publicidad corporativa (2003) “la república unida de la soja”.
La patria grande sojera cuenta con 47 millones de hectáreas con soja transgénica(2). Abarca:

- El 66 por ciento de la tierra cultivada de Paraguay.
- El 52 por ciento de Argentina.
- El 35 por ciento de la tierra cultiva de Brasil.
- El 30 por ciento por ciento de Uruguay.
- El 24 por ciento de Bolivia.

Uno de los argumentos centrales de las empresas transgénicas era que, con las semillas modificadas genéticamente, se utilizarían menos químicos.

En Argentina, según datos oficiales del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), en 1995 se utilizaron 42 millones de litros de herbicidas. En 1996 se aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto) y el crecimiento del uso de herbicidas fue geométrico: 252 millones de litros en 2011 (último año publicado por el INTA). El glifosato es el principal herbicida utilizado. En 2016, datos de la Casafe (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes) llegó a 290 millones de litros anuales.

El aumento del uso no se corresponde con el aumento de la superficie, sino con la necesidad de aumentar la cantidad por hectárea. El mismo INTA reconoce que en la década del 90 se utilizaba 1,95 litros por hectáreas. En la campaña agrícola 2011/2012 llegó a utilizarse nueve litros por hectárea. Se debe a la aparición de “malezas”, plantas no deseadas que crearon resistencia al glifosato. Por lo cual los productores utilizan cada vez más cantidad y además mezcla de venenos (2-4D y paraquat, entre otros).



Negar la realidad

“No pueden ocultar la realidad. Quieren tapar el sol con la mano”, explicó el científico Andrés Carrasco en 2009. Jefe del laboratorio de Embriología Molecular, ex presidente del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), confirmó en laboratorio que el glifosato producía malformaciones en embriones anfibios y alertó que era transpolable a humanos.
Sufrió una campaña de desprestigio mediática y política. El periodista Matías Longoni, desde Clarín, llamó “supuesto estudio” al trabajo de Carrasco. Puso en duda su existencia y la reputación de unos de los mayores embriólogos de Argentina. “La industria agrícola se puso en alerta. Las cámaras Casafe y Ciafa aclararon que el glifosato ‘está clasificado en la categoría de menor riesgo toxicológico’. En voz baja, el sector asegura que se trata de una nueva ofensiva oficial para ‘demonizar’ a los productores de soja”, escribió el periodista que cubrió el tema agro durante 18 años en Clarín, que rara vez cuestiona las consecuencias del agronegocios y funciona como agencia de prensa de las compañías del agro.

El diario La Nación también apuntó contra Carrasco y, al igual que los “periodistas del agro”, salieron en defensa del glifosato, los transgénicos (y de las empresas que los venden y, casualidad, pautan en esos medios).

El 27 de noviembre 2017, ya desde su pyme periodística “Bichos de campo”, repleta de publicidades de las empresas de agrotóxicos, Longoni celebró: “¡Larga vida al glifosato! O mejor, un poco más de vida al glifosato. Los alemanes, cuando quieren, golean. Lo hicieron con Brasil en el mundial de fútbol y ahora lo hacen con Francia, en la disputa dentro de la Unión Europea (UE) por prohibir o prorrogar la vida útil del controvertida herbicida glifosato. La votación para decidir si se renovaba la licencia del producto fue ganada, una vez que los alemanes se decidieron a jugar, por 18 a 9.”.

Desde el sector político, la defensa al glifosato fue (y es) encabezada por Lino Barañao, ministro de Ciencia durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y titular de la cartera con Mauricio Macri. En 2009 descalificó a Carrasco desde el programa de TV de Héctor Huergo, uno de los mayores lobbistas del agronegocio (director del suplemento Clarín Rural) y desde el Congreso de Aapresid (Asociación de Productores de Siembra Directa). “El glifosato es como agua con sal”, señaló en un entrevista en la Radio AM 530, de las Madres de Plaza de Mayo. Ningún funcionario kirchnerista lo cuestionó.

A fines de 2015, días previo a asumir como ministro de Ciencia de Mauricio Macri, volvió a defender el uso de químicos, con un argumento poco científico: “Con los antibióticos también hay mal uso y muertes, y nadie se queja”.

Carrasco falleció en mayo de 2014 y dejó la mejor definición para el glifosato y los transgénicos: “Es un experimento masivo a cielo abierto”.



El relato transgénico

Acto 1. El agroquímico (en este caso el glifosato, en la década del 60 fue el insecticida DDT) no afecta la salud ni el ambiente.
Acto 2. No hay pruebas científicas.
Acto 3. La pruebas científicas no son concluyentes o “existen dos bibliotecas” (a favor y en contra).
Acto 4. Son nocivos pero si se utilizan bien no hay riesgos (en ese momento proponen soluciones técnicas para su uso, hoy llamadas “buenas prácticas agrícolas”).
Acto 5. Reemplazo de ese químico por otro (y vuelta al “acto 1”).

El agronegocio utiliza la misma estrategia que las tabacaleras (durante décadas negaron que producían cáncer) y que las petroleras (durante medio siglo negaron el cambio climático).
El teatro del agronegocio se monta sobre un mito principal: los transgénicos son necesarios para alimentar la creciente población mundial. Argumento desmentido incluso por la propia FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), espacio que apoyó el avance transgénico en el mundo. El hambre del mundo no se debe a la falta de alimentos, sino a su injusta distribución.


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“ Paren de fumigar”

En los primeros años de la década del 2000 nació en Argentina la “Campaña Paren de Fumigar”, espacio de referencia en la producción de material y debates sobre el impacto sanitario de los agroquímicos. Asambleas, charlas, movilizaciones y todas las acciones imaginables para proteger la salud de la población. En decenas de localidades lograron ordenanzas que limitan las fumigaciones y, en otras impulsaron la vía judicial.

La ONG Naturaleza de Derechos (3) sistematizó los fallos que frenan las fumigaciones con agrotóxicos:

2003. Loma Senés (Formosa).
2008. Alberti (Buenos Aires) e Ituzaingó Anexo (Córdoba).
2009. San Jorge (Santa Fe) y Alberti (Buenos Aires).
2010. La Leonesa y Las Palmas (Chaco). Alberti (Buenos Aires).
2011. Las Antillas (Salta).
2012. Alberti (Buenos Aires) e Ituzaingó Anexo (Córdoba).
2013. Alberti y Mar del Plata (Buenos Aires), Merlo (San Luis).
2014. Paraná (Entre Ríos), Coronel Suárez y Mar del Plata (Buenos Aires).
2015. Guernica (Buenos Aires) y Totoras (Santa Fe).
2016. Alberti (Buenos Aires) y Piamonte (Santa Fe).
2017. Santa Ana (Entre Ríos).
2018. Entre Ríos y Chascomús (Buenos Aires)
2019. Pergamino y Exaltación de la Cruz (Buenos Aires) y Entre Ríos.

Jueces y fiscales tienen herramientas para frenar las fumigaciones, sobre todo la Ley General del Ambiente (25.675), donde se establece el “principio precautorio”: “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente”.


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Estados Unidos

La multinacional Bayer compró Monsanto en 2018 por 63.000 millones de dólares. Se transformó así en la mayor empresa de semillas transgénicas y agrotóxicos del mundo.

Su primer anunció fue que desaparecería el nombre de Monsanto (aunque seguirá comercializando todos sus productos) y comenzó una campaña publicitaria para mejorar su imagen. Utiliza los mismos argumentos que Monsanto para aumentar sus ventas de agroquímicos: niega los cientos de estudios independientes que confirman los efectos en la salud.

La Coordinación Contra los Peligros de Bayer es una red europea de organizaciones y activistas que difunden denuncias sobre el accionar de la compañía, tanto en su aspecto farmacéutico como del agronegocio. "El modelo de negocio de Bayer y Monsanto carece de escrúpulos. Ambos obtienen sus beneficios con pesticidas y técnicas de manipulación genética, dañan la salud de agricultores y consumidores, alteran el clima, destruyen la biodiversidad y ponen en peligro las bases de la alimentación y subsistencia de las generaciones futuras. Bayer, al fusionarse con Monsanto, potencia este amenazador modelo de negocio y busca aumentar los beneficios de sus grandes accionistas a costa de la gente y la naturaleza", afirmó la organización.

Bayer cuenta con nuevo eslogan: "Ciencia para una vida mejor".

En agosto de 2018, en Estados Unidos, se dio la primera condena contra Monsanto-Bayer. Dewayne Johnson fue indemnizado con 78 millones de dólares por contraer cáncer al utilizar glifosato en su trabajo como jardinero.

El 27 de marzo de 2019, un jurado de California condenó a la empresa a pagar 80 millones de dólares por "negligencia", al haber ocultado los riesgos de su herbicida Roundup (marca comercial del glifosato de Monsanto). La demanda fue presentada por Edwin Hardeman, un jubilado de la ciudad de Sonoma. Fue la segunda parte del juicio. En la primera, diez días antes, se había concluido que el agrotóxico fue un "factor determinante" en el Linfoma No Hodgkin (cáncer) que se le diagnosticó a Hardeman en 2015.

"El jurado responsabilizó a Monsanto por sus 40 años de conducta delictiva corporativa", explicaron los abogados del demandante, Jennifer Moore y Aimee Wagstaff en un comunicado a la prensa.

El 13 de mayo, tribunales de California (Estados Unidos) determinaron que la multinacional debe pagar 2000 millones de dólares a un matrimonio (Alva y Alberta Pilliod) que utilizó Roundup y contrajo cáncer. La sentencia afirma que la empresa actuó con “negligencia”, al ocultar las consecuencias del veneno. El jurado determinó que el “diseño” del Roundup (marca comercial de Monsanto) fue la causa principal del daño, confirmó que el químico representa “un peligro importante” para las personas que lo utilizan, afirmó que Monsanto “no proporcionó una advertencia adecuada sobre los riesgos potenciales” y ésto representó un factor importante para provocar el daño en la salud de los Pilliod.

El jurado de Estados Unidos determinó que Monsanto diseño, fabricó y distribuyó Roundup de “forma negligente”, afirmó que la compañía sabía (o debía saber) que Roundup era peligroso o que podría provocar daños y no advirtió de forma apropiada. El otro punto clave, que elevó la condena de 2000 millones de dólares, el fallo confirma que Monsanto actuó con “vicio, dolo o mala fe” al poner su herbicida en el mercado y no advertir sobre los riesgos que implicaba.

Monsanto-Bayer acumula, sólo en Estados Unidos, más de 13.000 demandas. Una muestra de la crisis de la compañía alemana: perdió casi el 40 por ciento de su valor bursátil desde que adquirió a Monsanto.



¿Escuelas o transgénicos?

El Foro Ecologista de Paraná (Entre Ríos) y el sindicato docente Agmer (Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos) presentaron en agosto de 2018 un amparo ambiental para proteger de agrotóxicos a los niños y trabajadores de las escuelas rurales. El juez Oscar Daniel Benedetto, de la Cámara II de la Sala II se expidió el 1 de octubre: en un fallo judicial sin precedentes, prohibió fumigar con agrotóxicos a menos de 1000 metros de las escuelas de Entre Ríos. Y la distancia de protección se extiende a 3000 metros si las aplicaciones son aéreas. La protección abarcó a todas las escuelas de la provincia.

"Es imposible de obviar que el modelo de producción agrícola puede generar un creciente problema de salud pública, debido a que los plaguicidas contienen sustancias químicas tóxicas que afectan a los cultivos, pero que muy probablemente también tengan efectos nocivos en la salud de la población rural", se lee entre los fundamentos del fallo, de 21 páginas.

El juez Benedetto tuvo presente el principio precautorio vigente en la Ley General del Ambiente (25675): "En materia ambiental se impone la necesidad de adoptar un criterio de precaución (...) El peligro inminente se materializa en la amenaza de la aplicación de los agrotóxicos. Y destacó que la falta de certeza científica sobre sus consecuencias no me parece un argumento que justifique la improponibilidad de la acción, sino todo lo contrario, ya que no es posible soslayar que se trata de una situación extremadamente delicada y sensible, estando en juego la salud de miles de niños entrerrianos".

El amparo que protege las escuelas fue apelado cuestionado por el gobernador Gustavo Bordet, que el 2 de enero de 2019 publicó un decreto contrario al fallo y redujo a sólo 100 metros la protección de las escuelas rurales.

El Foro Ecologista de Paraná, ya como parte de la "Coordinadora por una Vida sin Agrotóxicos en Entre Ríos. Basta es basta" (reúne a asambleas socioambientales, organizaciones sociales y docentes), presentó un amparo contra el decreto. En marzo de 2019 una sentencia judicial anuló el decreto del gobernador Bordet.

El presidente Macri, en apoyo explícito al agronegocio, cuestionó al Poder Judicial: “Es un fallo irresponsable. Pone en peligro el trabajo de muchos entrerrianos".

La Coordinadora "Basta es Basta" le contestó en un comunicado: "Señor presidente, nuestros gurises merecen el mismo ambiente que su hija Antonia".

El miércoles 15 de mayo, el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, máximo tribunal provincial, declaró la inconstitucionalidad del decreto del gobernador Gustavo Bordet, que permitía fumigar a solo 100 metros de las escuelas rurales. De esta forma, continua vigente el amparo ambiental que aleja las fumigaciones terrestres a 1000 metros de las escuelas (3000 si son aéreas).

El jueves 23 de mayo se produjo una insólita manifestación en Paraná: productores sojeros exigieron que el Poder Judicial que revierta el fallo y propusieron cerrar las escuelas para poder seguir fumigando con agrotóxicos.

Pruebas

Un argumento recurrente de los defensores del agronegocio es que “no existen pruebas” de los efectos del glifosato. A nivel internacional son muy conocidos los estudios del investigador francés Gilles-Eric Seralini, especialista en biología molecular y docente de la Universidad de Caen (Francia). Confirmó que el herbicida Roundup estimula la muerte de las células de embriones humanos, lo que podría provocar malformaciones, abortos, problemas hormonales o de reproducción, además de distintos tipos de cánceres.

También demostró la conformación de tumores en roedores alimentados con transgénicos.

Le implicó réplicas personalizadas de Monsanto, con campaña mediática de difamación incluida.
La estocada mayor sucedió en marzo de 2015. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) es un ámbito especializado de la Organizaciones Mundial de la Salud (OMS). Luego de un año de trabajo de 17 expertos de once países, emitió un documento inédito: “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)”. Detalló que la evidencia en humanos corresponde a la exposición de agricultores de Estados Unidos, Canadá y Suecia, con publicaciones científicas desde 2001. Y destacó que el herbicida “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas” (situación que tiene relación directa con el cáncer).

Con la nueva evaluación el glifosato fue categorizado en el “Grupo 2A”, que significa en parámetros de la Organización Mundial de la Salud: “Probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Esta categoría se utiliza cuando hay “pruebas limitadas” de carcinogenicidad en humanos y “suficiente evidencia” en animales de experimentación. La evidencia “limitada” significa que existe una “asociación positiva entre la exposición al químico y el cáncer” pero que no se pueden descartar “otras explicaciones”. El IARC-OMS trabaja sobre cinco categorías de sustancias que tienen relación con el cáncer. El “Grupo 2A” es el segundo nivel de peligrosidad, sólo superado por “Grupo 1”, donde se ubican, por ejemplo, el asbesto y la radiación ionizante.

Monsanto, que entre sus argumentos utilizaba hasta ese momento informes de la IARC, pasó a acusarla de hacer “ciencia basura”.

A nivel local, en 2018 se publicó “Antología tóxica del glifosato”, una minuciosa recopilación de 830 trabajos académicos (de Argentina y del exterior) que dan cuenta de los efectos del glifosato y su vínculo con el cáncer, malformaciones, intoxicaciones y abortos espontáneos, entre otras consecuencias.

"Esta recopilación suma 830 artículos científicos o papers, es decir: informes de investigaciones clínicas, experimentales, de laboratorio, revisiones, contestaciones, recopilación, resúmenes de congresos, que han sido objeto de publicación en revistas o journales científicos. Todos los trabajos han sido sometidos a revisión por un comité de científicos y aprobados para su publicación al ser considerados significativos", explica el trabajo, realizado por Eduardo Martín Rossi, integrante del colectivo Paren de Fumigar de Santa Fe, que se decidió a analizar y estudiar todas las publicaciones para desmentir los dichos de los publicistas del agronegocios.

De 182 páginas, se puede acceder vía Internet ( https://bit.ly/2mewyYH ), cuenta con el detalle y link de de las investigaciones. Más de cien son de universidades públicas de Argentina (UBA, La Plata, Río Cuarto, Litoral). El primer capítulo precisa 141 trabajos sobre el impacto del glifosato en la salud humana. El capítulo dos detalla 102 investigaciones sobre "mecanismo de fisiopatología celular de cáncer". El capítulo tres se dedica a "toxicidad en los sistemas orgánicos", con 89 publicaciones académicas. El capítulo cuatro se dedica a trabajos específicos de impacto "en la biodiversidad", con 336 investigaciones.

"No es casualidad que en los pueblos agrícolas se multiplique el hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las enfermedades oncológicas produciendo un cambio evidente en el patrón de morbilidad y mortalidad", alerta el trabajo.

La recopilación recuerda que Monsanto publicitó "con información falsa que el glifosato era biodegradable". En 2007 Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa. Decenas de investigaciones dan cuenta, desde hace décadas, que el herbicida "es altamente persistente en el ambiente, en el suelo y cursos de agua".

Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto, Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.

La antología recuerda que la autorización de los agrotóxicos (llamado "fitosanitarios" por las empresas y funcionarios) se realiza en base a estudios de las propias empresas y que sólo analiza los efectos agudos (no investigan qué produce un químico en el largo plazo de exposición). En el caso de glifosato, "Monsanto sólo experimentó tres meses con roedores". En base a ese estudio, la empresa aseguró que el herbicida no producía efectos adversos.

"Científicos independientes midieron efectos crónicos (durante dos años). A partir del cuarto mes los roedores machos presentaron tumores. A partir del séptimo mes comenzó el mismo proceso en hembras. Y en el mes 24, el 80 por ciento de los roedores tuvo tumores", explica la recopilación.
Más de un centenar de trabajos científicos son de universidades públicas de Argentina, entre ellos el grupo de investigación de Rafael Lajmanovich (doctor en ciencias naturales de la Universidad Nacional del Litoral), que confirmó el efecto letal del glifosato en anfibios, y el Equipo Multidisciplinario de Interacción Socioambiental (Emisa), de la Universidad Nacional de La Plata, que demostraron la presencia de glifosato en alimentos, ríos, patios de escuelas y hasta en la lluvia.

El modelo

El problema de fondo no es el glifosato. Se hace eje en él porque es el más utilizado, el que más facturación produce a las compañías y, al mismo tiempo, que más denuncias provoca.
Las voces críticas al agro transgénico (campesinos, indígenas, asambleas socioambientales, académicos) cuestionan el modelo de agronegocio, en base a transgénicos y decenas de agrotóxicos, y en manos de un puñado de multinacionales.

Cuatro empresas que dominan el mercado de semillas y agrotóxicos: Bayer-Monsanto, ChemChina-Syngenta, Brevant (Dow y Dupont) y Basf. En 2015 facturaron 85.000 millones de dólares y, según proyecciones de Bayer, llegarán 120.000 millones en 2025.

“Controlan precio, innovación e impacta en las políticas agrícolas. Países que están con un alto grado de agricultura industrial, como Argentina, pasan a estar en situación de vulnerabilidad. Incluso en términos de soberanía. Estas empresas tienen un poder de negociación que es mucho más que de negociación, es de imposición sobre un país, incluso con leyes a medida”, explicó Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración).
La Relatoría Especial sobre el Derecho a la Alimentación es el máximo espacio de Naciones Unidas dedicado al tema. Al frente está la especialista Hilal Elver, de origen turco. Visitó la Argentina en septiembre de 2018 y confeccionó un informe para el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

"En el marco de la agricultura industrial a gran escala, es esencial que se tome en cuenta el verdadero costo de los métodos de producción en relación con el suelo y los recursos hídricos, y el impacto de la degradación ambiental sobre generaciones futuras, en lugar de concentrarse únicamente en la rentabilidad y el crecimiento económico a corto plazo", alertó la relatora especial de Naciones Unidas.

Dedicó un apartado especial al glifosato: "Se aplica indiscriminadamente en la Argentina, sin tener en cuenta la existencia de escuelas o pueblos en las cercanías. Como resultado de ello, se me ha informado acerca de un aumento en la cantidad de personas que han perdido la vida o padecen enfermedades que ponen en riesgo su vida (…) La exposición a plaguicidas puede tener efectos muy peligrosos para la salud de los seres humanos, en especial para niños y mujeres embarazadas que son más vulnerables".

Hilal Elver cuestionó que la agricultura industrial está controlada por pocas y grandes empresas, y alertó que el Gobierno ya decidió su rol: "Durante las entrevistas con funcionarios de la Secretaría de Agroindustria observé una tendencia a apoyar el modelo agroindustrial y a realizar serios recortes en el apoyo, el personal y el presupuesto del sector de la Agricultura Familiar, incluido el despido de casi 500 trabajadores y expertos".

Reivindicó el papel de la agricultura campesina. En la conclusión resaltó: "Reitero la importancia de la agricultura familiar para lograr el objetivo de una alimentación adecuada y saludable para todos los argentinos. Debería ponerse empeño en promover la agricultura familiar como prioridad. Es la única manera de lograr un equilibrio, única manera de lograr una solución sostenible y justa para el pueblo argentino".

En mayo pasado, en la ciudad de Buenos Aires, se realizó un inédito “foro agrario”, que reunió durante dos días a más de 3000 campesinos, indígenas, productores familiares. Impulsado por la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), entre otras organizaciones, elaboró propuestas concretas de políticas públicas para el sector rural, con una urgente democratización de la política agropecuaria.

Entre las políticas a implementar: acceso a la tierra, basta de fumigaciones con agrotóxicos, fomento de la agroecología como política de Estado, soberanía alimentaria y un tema que irrita a los conservadores transgénicos argentinos: reforma agraria integral.

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