jueves, 28 de noviembre de 2019

"La apropiación del agua y la tierra da cuenta de un patrón de acumulación por desposesión"

Discurso al recibir el Premio Danielle Miterrand 2019

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Rodrigo Mundaca
Le Monde Diplomatique - Chile


Pueblo de París, compañeras y compañeros de la Fundación Danielle Mitterrand, jurado de la fundación que me ha distinguido con el premio Danielle Mitterrand 2019, compañera que representa un símbolo en materia de defensa y promoción de los derechos humanos en el ámbito Político, Económico, Social y Ambiental, a nombre de mi organización, el Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio Ambiente, MODATIMA, quiero darles las más sinceras y profundas gracias.

América Latina es la región más peligrosa del mundo para las mujeres y los hombres que a título personal u organizado defienden los derechos humanos ambientales, es decir el derecho al agua, la tierra, el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación. En nuestro continente diariamente son asesinados las y los defensores de los derechos humanos ambientales, y la explicación es simple, pero también humanitariamente cruel, quienes luchan por el agua y la tierra “atentan” contra lo codicia de quienes transformaron estos bienes naturales comunes, en una fuente permanente de riqueza y también de desigualdad.

La apropiación del agua y la tierra da cuenta de un patrón de acumulación por desposesión, y esto se repite en todos y cada uno de los países de América Latina. Poderosas empresas transnacionales como ENEL, AGUAS DE BARCELONA, SUEZ, se apropiaron del agua de nuestro continente y obtienen todos los días enormes dividendos con la “venta de agua potable” a nuestra población.

En América Latina el abuso de poder contra las y los que defienden los derechos humanos ambientales tiene un patrón común, el uso de la fuerza pública para permitir la instalación de las industrias extractivas en nuestros territorios, el uso de la fuerza pública para perseguir, agredir y matar a quienes defienden el agua y la tierra, el abuso de poder que se expresa desde la norma, es decir, no se puede exigir que el agua sea un derecho, ya que eso debilita y atenta contra “la economía”, y los abusos de poder desde el discurso, ese que sostiene que las y los defensores de los derechos humanos ambientales son rojos vestidos de verde, activistas sobre ideologizados, extremistas que atentan contra el buen desarrollo.

El abuso de poder y su patrón común está instalado en América Latina, y lo ejecutan desde el Estado policial, desde las empresas de capitales nacionales y transnacionales, costosos equipos de abogados se encargan de llevar a tribunales a quienes defienden el agua o la tierra como derechos, y los juicios son eternos, hasta cansarnos o definitivamente terminar con nuestros huesos en las cárceles, se pagan agentes para espiar nuestros movimientos, intervenidas todas nuestras comunicaciones, y también se asesina a quienes persistente y coherentemente siguen sin pausas adelante, y como no recordar a Berta Cáceres, lideresa del pueblo Lenka, premio Goldman 2015, y que la madrugada del 3 de marzo del 2016 fue asesinada en su casa, un par de sicarios terminaron con su vida por oponerse a los proyectos extractivos que iban a dejar sin agua y sin tierra a su comunidad, para Berta Cáceres nuestro compromiso de seguir adelante.

Y vengo de Chile, el paraíso del Neoliberalismo, allí, donde todos y cada uno de los derechos sociales , todos y cada uno de los bienes naturales comunes se encuentran transformados en objeto de lucro, usura y exclusión. En Chile, un derecho humano esencial y básico para el cumplimiento de todos los demás derechos, y me refiero al agua, se encuentra privatizado, en rigor, sus fuentes de agua desde el año 1981, y la gestión de las mismas, es decir las sanitarias, desde el año 1998 en adelante, esto último es lo que le permite obtener enormes dividendos a empresas como Suez por ejemplo.

Vivo en la provincia de Petorca, provincia que es planetariamente conocida por su producción de aguacates, provincia que también es conocida por que allí se producen aguacates de exportación a costa del sacrificio de nuestras comunidades y territorios, un frutal que ustedes disfrutan a diario, pero que requiere enormes volúmenes de agua para su producción, esa agua que hoy no existe en nuestros ríos, agua que hoy se nos suministra a través de camiones aljibes, en tanto los empresarios de los aguacates siguen incrementando sus fortunas y privando a nuestras comunidades del más elemental bien natural, el agua.

Porque sucede esto? Sucede porque en Chile el agua esta priorizada para la industria del despojo, sucede porque en Chile robar agua es una falta administrativa, porque usted puede secar los ríos y seguir extrayendo agua a cientos de metros de profundidad, sucede porque existe un arreglo entre gran parte de la ilegítima casta política y los empresarios para mantener el modelo privado de agua, ese modelo que hoy remata ríos, ese modelo que se encuentra capturado por los gobiernos de turno, hoy el gobierno de Piñera es un furibundo partidario de la privatización del agua, en rigor, es necesario decir que los anteriores gobiernos también.

Piñera ha actuado de forma coherente con su forma de pensar, coherente puesto que es uno de los alfiles más destacados del neoliberalismo, y por ende tiene al interior de su gobierno un ministro de agricultura que es dueño del agua, sí, dueño de más de 29 mil litros por segundo, lo que equivale al abastecimiento de agua dulce de 12 millones de personas.

En Chile el 63% de la población mestiza e indígena vive en regiones declaradas Zonas de Emergencia Agrícola por Sequía, y lo hemos dicho a los 4 vientos, lo hemos declarado en todos y cada uno de los espacios posibles, NO ES SEQUÍA, ES SAQUEO, porque en nuestro territorio los cerros están verdes y llenos de Paltos, y los planos, los ríos, se encuentran transformados en páramos secos e inhóspitos, ahí, donde nuestros hijos no conocen los ríos, ahí, donde todo el ciclo hidrológico se encuentra fracturado por este modelo de despojo, ahí donde son más importantes los aguacates que la vida del pueblo pobre y sencillo.

Luchamos por hacer del agua un bien común y su acceso un derecho humano, y por cierto que no hemos estado ajenos a lo que ha sucedido en Chile durante este último mes, en particular desde el 18 de Octubre del 2019 en Adelante, Piñera semanas antes hablaba de que Chile era un oasis , se ufanaba de ser el presidente con la mayor adhesión, se ufanaba de la estabilidad política y comercial, sin embargo, en un mes quedo en evidencia la más brutal de las desigualdades, porque fue el pueblo, fueron los sencillos los que salieron a la calle, y lo hicieron siguiendo el ejemplo de los estudiantes, esos que una semana antes del estallido social comenzaron a burlar el pago del metro, a propósito del aumento de las tarifas de transporte, esa acción, EVADIR, NO PAGAR OTRA FORMA DE LUCHAR, fue la gota que rebalso el vaso.

Son más 30 años en que la elite política, económica y empresarial se ha enriquecido a costa del sacrificio de nuestras comunidades y territorios, y en la calle están las demanda por terminar con la privatización del agua, terminar con la privatización de los fondos de pensiones de los trabajadores, terminar con la privatización de la educación, de la salud, por tener una vivienda digna, por terminar con las zonas de sacrificio, por establecer una nueva norma jurídica, es decir una nueva constitución, una que sea escrita desde la hoja en blanco, que sea plurinacional y paritaria, que consagre derechos y no privilegios, porque sí compañeras y compañeros, la crisis en Chile es Social, pero también es Ambiental y también es de humanidad, y la respuesta del gobierno de Piñera ha sido brutal, capitulando a los primeros días de movilización.

Si, capitulando al transferir el control político y militar a las instituciones que concentran el monopolio de las armas, decretando estado de emergencia, toque de queda, con miles de detenidos, a la fecha 2.391 heridos en Hospitales, con 222 personas, hombres y mujeres que han perdido uno o dos ojos producto del disparo artero, cobarde y criminal de la fuerzas policiales. Ellos y ellas son la cara más brutal de la violación sistemática de los derechos humanos, cometidos por agentes del estado en contra de un pueblo blindado de coraje y dignidad, ese que hoy cuenta con una primera línea, jóvenes que con improvisados escudos enfrentan a las fuerzas policiales, y avanzan, resisten, re-existen, gracias por tanto coraje.

Concluyo, el presente es incierto, se abrió un nuevo ciclo, y de nosotros va a depender la profundidad del mismo, de nosotras y nosotros depende cambiar el orden de cosas actual, de nosotros y nosotras depende pasar a la delantera, derrotar la cultura del miedo, derrotar a quienes hoy nos tienen sometidos a la inteligencia policial, ya que somos blanco de interés, y estamos aquí, de frente, para decirles a ustedes, pueblo Francés, que no vamos a claudicar, porque entendemos la necesidad de protagonizar el presente, y también lo que nos queda de futuro, de Píe, jamás de rodillas, y vamos a vencer, vamos a ganar, así se nos vaya la vida en el intento.


Muchas Gracias


En París 20 de noviembre de 2019 Rodrigo Mundaca Vocero Nacional de MODATIMA.
Ver video de manifestación frente a Suez y del discurso de Rodrigo Mundaca Derechos libres de difusión de Resistencia Cultural Leonardo Pérez autorizado por France Liberté https://vimeo.com/374872790
http://modatima.cl/
El Premio Danielle Mitterrand, otorgado este 2019 a Rodrigo Mundaca, reconoce a una personalidad de la sociedad civil que contribuye a construir un mundo más justo. El jurado estuvo compuesto por Gilbert Mitterrand, Christiane Taubira, Philippe Starck, Agnès B, Hindou Oumarou Ibrahim y Jacqueline Madrelle.
El premio lo entregó Gilbert Mitterrand, el miércoles 20 de noviembre, con un homenaje a Rodrigo Mundaca.
Rodrigo Mundaca ya había obtenido el Premio Internacional de Derechos Humanos de Nuremberg, en Alemania.
Ver texto de Modatima sobre el debate de actualidad en Chile: http://www.lemondediplomatique.cl/sobre-acuerdo-entre-algunos-partidos-no-queremos-cocinas-asamblea-constituyente.html


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COP25: El doble reto de Chile: la justicia social necesita soluciones climáticas



Adeline Marcos (SINC)

Chile estaba preparado para albergar la cumbre del clima y mostrar al mundo el desarrollo de su economía verde, pero el estallido de las protestas sociales ha hecho patente una realidad socioambiental que dista de ser sostenible.
Manifestantes sostienen la bandera de Chile y la mapuche. / AFP - RODRIGO ARANGUA 

Sequía extrema, inundaciones, lluvias torrenciales… Chile, como otros países latinoamericanos, no se libra del impacto del cambio climático. El país concatena once años seguidos de estrés hídrico, sobre todo en la zona central, un fenómeno que ya advirtieron los informes del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

Las previsiones sobre la ausencia de precipitaciones no fallaron y la desertificación se ha repetido año tras año durante la última década en una zona que abarca más de mil kilómetros de norte a sur. “Este año el fenómeno se ha observado incluso antes. Las precipitaciones en Santiago de Chile tienen un 80% de déficit respecto a un año normal , que es de unos 300 mm de lluvia acumulada. Ahora tenemos 70 mm”, asegura a Sinc Sebastián Vicuña , director del Centro de Cambio Global UC en Chile.

La denominada megasequía es el evento más largo registrado y “abarca un área amplia, con efectos perjudiciales sobre la disponibilidad de agua, la vegetación y los incendios forestales, que se han convertido en impactos sociales y económicos ”, aclaran investigadores de la Universidad de Chile y de Concepción en un estudio publicado este año.
La megasequía es el evento más largo registrado y abarca una área amplia
Los expertos han encontrado una explicación en las anomalías atmosféricas provocadas por el aumento de temperaturas y anticipan solo una recuperación parcial de las precipitaciones en el centro de Chile en las próximas décadas.

El cambio climático no hace más que exacerbar una situación ya de por sí delicada. Sin duda, “la sequía es el efecto más evidente y complejo”, dice Vicuña. Pero no es el único.

En el norte del país hay precipitaciones intensas que afectan al altiplano andino y otras zonas que normalmente son hiperáridas, como el desierto de Atacama. Otro problema es la lluvia con altas temperaturas, que genera inundaciones y aluviones . “En cuencas que tienen nieve, cuando llueve a alta temperatura la nieve no se forma y eso genera un caudal más grande de lo normal”, especifica Vicuña.

La lucha social por el agua

El problema de la sequía en una zona donde residen unas 10 millones de personas se suma a una política hidraúlica que tiene implantada la privatización del agua a favor de las grandes industrias de extracción de recursos naturales, todas ellas contaminantes a su vez. Diferentes dueños para una misma cuenca: el resultado ha sido una gestión ambiental que no ha podido prevenir los desastres ambientales.

El derecho a un agua potable, junto al aumento de los precios del transporte , se ha convertido en uno de los principales motivos de las protestas que desde finales de octubre han sumado al país en una grave crisis social, política e institucional y que han dejado más de una veintena de muertos.

“La gestión ha llevado a un estado avanzado de deterioro a los ecosistemas dulceacuícolas que pone en riesgo a la población humana y la práctica de actividades silvoagropecuarias de subsistencia, desgastando y finalmente desarticulando los tejidos sociales”, recalca a Sinc Pablo A. Marquet, profesor en el departamento de Ecología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y uno de los autores del libro Cambio Global. Una mirada hacia Iberoamérica .
La situación política difícilmente modificará el problema de la sequía actual. "No la vamos a solucionar con un cambio en la ley" 
La nueva Constitución chilena, que será votada por referéndum el próximo año, incluye en sus artículos la gestión del agua, pero la situación política difícilmente modificará el problema de la sequía actual. “No la vamos a solucionar con un cambio en la ley. Hay que resolverlo viendo cómo llegar con el agua a los lugares donde hay problemas”, apunta Sebastián Vicuña.

La gestión privada ha fomentado un uso y una distribución desigual del agua. “Hay quienes tienen mejores capacidades para poder usarla. No es simplemente en el término de los derechos, sino en las infraestructuras y pozos que son más profundos, y ahí exigiría que en las cuencas exista un nivel de solidaridad que es el que estamos esperando todos a gran escala para que se resuelva el problema”, dice el chileno.

Pero la solución a la sequía llega tarde . “Una obra de infraestructura o un embalse ya no sirven ahora”, lamenta el investigador. Entre las opciones sobre la mesa están la recarga de acuíferos, el uso de aguas grises (usadas) y el desarrollo de plantas desalinizadoras, como plantea un trabajo publicado este mes.

La alternativa de la desalinización no solo proporciona agua adicional para aliviar la escasez, sino que también “constituye una estrategia que permite la reorganización de las fuentes de agua para permitir nuevas formas de acumulación de capital, tanto a través de la industria del agua como de las principales industrias que están amenazadas”, recogen en su artículo las investigadoras chilenas y británicas.

Sin embargo, todo requiere tiempo. “Y no lo hay”, subraya Vicuña, para quien las instituciones van a tener que dar la prioridad al consumo humano del agua.



Las zonas de sacrificio están rodeadas de fábricas e industrias contaminantes. / EFE/Alberto Valdés

Una solución verde para áreas vulnerables

Algunas de las áreas más afectadas tanto por la privatización del agua como por su escasez son las llamadas zonas de sacrificio , comunidades pobres y vulnerables que carecen de acceso al agua para consumo humano y que viven rodeadas de industrias contaminantes.
Estas zonas costeras, muchas de ellas situadas al norte de Santiago de Chile, concentran centrales termoeléctricas de carbón o, en algunos casos, plantas de fundiciones de cobre.

Estas industrias no han estado exentas de desastres ambientales en un país que emite una de las mayores cantidades de CO2per cápita en Latinoamérica , con unas 4,7 toneladas por habitante, igual que el promedio mundial, según la Agencia Internacional de Energía. Sin embargo, a escala mundial, su contribución es de cerca del 0,25% de las emisiones globales.

Desde el Gobierno se han impulsado en los últimos años medidas para contrarrestar la emisión de gases de efecto invernadero , como el desarrollo de energías renovables no convencionales, que tendrán cada vez más presencia gracias a la futura Ley Marco de Cambio Climático . Se espera que para el año 2025 , el 20 % de las inyecciones para los contratos sujetos a la ley provenga de fuentes sostenibles como la eólica y la solar.

“Hemos liderado una transición energética hacia energías renovables y se están estudiando otras opciones que nos permitan potenciar la captura y reducir emisiones, como son las soluciones basadas en la naturaleza, asociadas a la reforestación del bosque nativo, restauración de humedales y bosques, y cambios profundos en la pesca, agricultura, ganadería y silvicultura”, explica Pablo A. Marquet.  

Este liderazgo es lo que motivó al país a organizar la cumbre del clima (COP25), cuya celebración fue cancelada por el presidente Sebastián Piñera a raíz de los conflictos sociales y que finalmente se hará en Madrid. Chile ha pasado en pocos años de ser un “rezagado verde” a un líder regional de la lucha climática, según un trabajo que ha analizado los factores de este reciente desarrollo.

Chile también presume de ser pionero en el uso de instrumentos para la mitigación de gases de efecto invernadero , como la reforma tributaria aprobada en 2014. Fue el primer impuesto sobre las emisiones de CO2 procedentes de fuentes fijas para contrarrestar las externalidades ambientales.

Recientemente, el país anunció que alcanzará la neutralidad de emisiones de gases de carbono para 2050 junto al lanzamiento de la nueva Alianza de Ambición Climática que, bajo la presidencia de la cumbre del clima, promoverá la ambición de los países a reducir sus emisiones de CO2 y mejorar sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDCs, por sus siglas en inglés).
"Chile busca soluciones para el mundo cuando no ha resuelto sus problemas. Quiere mostrar que está a un nivel, pero aún no lo está", defiende Vicuña
Las prioridades de la futura ley irán encaminadas a afianzar este compromiso con la neutralidad de emisiones para 2050, así como “crear una institucionalidad que establece mecanismos y responsables y una serie de entidades como el Sistema Nacional de Inventarios de gases de efecto invernadero, de prospectiva y certificación que permitirán una monitorización mucho más fina del estado de cumplimiento de los compromisos del país en adaptación y mitigación”, comenta a Sinc Marquet.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y de una clara voluntad de situarse a la vanguardia de la lucha climática, la paradoja socioambiental persiste. “Chile busca soluciones para el mundo cuando no ha resuelto sus problemas. Quiere mostrar que está a un nivel, pero aún no lo está. Se han logrado efectivamente muchos avances, pero hay muchos problemas por solucionar”, manifiesta el director del Centro de Cambio Global UC.




Vista panorámica de Santiago de Chile con altos niveles de contaminación. / EFE/Alberto Valdés

Hacia un transporte barato y ecológico

Entre ellos, el transporte –que representa más de un tercio de las emisiones de CO2 de todo el continente sudamericano– encabeza la lista de dificultades: el aumento de los precios de las tarifas del sistema público fue el punto de partida de la crisis social actual en Chile.

Además de ajustar el acceso a los servicios, la mejora de las infraestructuras va a ser clave para aumentar la ambición climática. “El primer problema es que es caro y se tiende a aumentar su coste , convirtiéndose en un punto crucial dentro de la demanda y la crisis”, dice Vicuña.

Propuestas no faltan: “Aumentar el parque de buses eléctricos en las ciudades y una penetración aún limitada de autos híbridos y eléctricos” , asegura Pablo A. Marquet. Pero el cambio se producirá de manera paulatina.
El problema va más allá del transporte público: los coches son la principal fuente de emisiones 
A este respecto, en un estudio publicado este verano, un equipo internacional de científicos ha tratado de entender por qué la adopción de tecnologías de autobuses limpios en América Latina y el Caribe es más lenta que en China, Europa y EE UU. El análisis, que se aplicó en Santiago de Chile, mostró que el gas natural comprimido no es una opción rentable para esta ciudad, mientras que “tanto los autobuses eléctricos híbridos como los eléctricos ya son una opción rentable para mitigar el cambio climático”, insisten los autores.

Pero para Vicuña el problema va más allá del transporte público: los coches son la principal fuente de emisiones. “Va a costar más transformarlo a un sistema de cero emisiones”, confiesa a Sinc en una conversación telefónica interrumpida por el ruido de la calle en la capital chilena.

Para incentivar el transporte público , por un lado, se aumentan los costes de los automóviles, pero el autobús sigue siendo caro. A esto se suman las complejidades urbanísticas de la mayor ciudad del país, Santiago.

"Si se construyeran puestos de trabajo allí donde reside la mayor parte de la población conseguíamos una política win-win en este sentido", propone Vicuña

“Está muy segregada; los barrios están claramente separados de las zonas de trabajo. Si se construyeran puestos de trabajo allí donde reside la mayor parte de la población conseguíamos una política win-win en este sentido”, propone Vicuña. Pero en su lugar, el Gobierno apuesta por autopistas urbanas para acercar zonas, una estrategia que en parte ha mejorado la calidad de vida de las personas, pero que al final incentiva aún más el uso del coche.

¿Cómo conseguirá Chile afrontar la crisis climática resolviendo los problemas sociales? Los científicos apuntan a la solidaridad. “La aprobación de la Ley Marco de Cambio Climático y la reforma a la Constitución ofrecen una posibilidad concreta de crear un país que permita recomponer el tejido social y hacer frente a los desafíos de la emergencia climática, donde son esenciales acuerdos basados en la colaboración. Sociedades más justas y menos desiguales son más resilientes y crecen más”, zanja Marquet.

Las señales de desarrollo en Chile, un país de ingresos medios, son claras e innegables, pero sus expectativas han superado a las mejoras. El país “no ha podido vivir por encima de sus expectativas y ha quedado un poco atrapado en esa realidad. Lo sucedido en estas últimas semanas lo deja bien patente”, concluye Vicuña.
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miércoles, 27 de noviembre de 2019

El mundo dirigido al desastre por la desidia climática



Marta Montojo
La Marea

Un informe de la ONU reporta un nuevo récord de emisiones, que aboca al planeta a perder todos los trenes para detener el calentamiento global, salvo que se tomen medidas radicales inmediatas.

Instalación «Esperando al Cambio Climático» del artista Isaac Cordal / Foto: Objetif Nantes/Flickr (CC BY 2.0) 

Para contener el calentamiento por debajo de 2 ºC sobre niveles preindustriales, la ambición climática global de las naciones deberá triplicarse. Para limitarlo a 1,5 ºC, deberá ser hasta cinco veces mayor. Así lo asevera un nuevo informe de la ONU sobre la brecha de emisiones “The Emissions Gap 2019”, hecho público este martes. Es la décima edición de estos documentos que retratan la diferencia entre la acción climática necesaria y la que están llevando a cabo los gobiernos.

Pese a las advertencias científicas, las emisiones globales de gases invernadero se han incrementado en la última década a un ritmo de 1,5% por año. En 2018 se marcó un nuevo récord de emisiones. Ese año, el sector de la energía –el mayor responsable del calentamiento–, aumentó un 2% sus emisiones.  

El informe concluye que, incluso si los países cumplieran con sus NDCs —los compromisos de reducción de emisiones que cada nación propone en el marco del Acuerdo de París—, el 1,5 ºC sería sobrepasado antes del año 2030. Esto es: setenta años antes de lo que debería para evitar los efectos más catastróficos de la crisis climática. Para finales de siglo, la temperatura estaría 3,2 ºC por encima de niveles preindustriales.

Y eso en un escenario optimista, en que los gobiernos respeten sus promesas. “Tal y como están las cosas, cabe esperar que las temperaturas aumenten entre 3,4 y 3,9 °C este siglo, lo que traerá consigo impactos climáticos de gran alcance y destructivos”, advierte la ONU.

Pero todavía hay una solución. Para que el calentamiento no supere a 1,5 ºC, en la próxima década las emisiones deberían disminuir en un 7,6% cada año. Para que no sobrepase los 2 ºC, la reducción anual necesaria sería del 2,7%.

Justicia climática

El informe pone también de manifiesto la desigualdad en el reparto de las emisiones de gases de efecto invernadero. Asegura que los países del G20 —que comportan el 85% del producto bruto mundial— son responsables del 78% de todas las emisiones globales. Sin embargo, siete de estos países ni siquiera cuenta con las políticas para lograr sus compromisos nacionales de reducción (sus NDCs).

Bajo el principio de justicia climática contemplado en el propio Acuerdo, la ONU recuerda que los países en desarrollo todavía “tienen el derecho” de incrementar sus emisiones, aunque también tendrán que reforzar sus promesas. Al mismo tiempo, los países industrializados deberán acelerar su reducción de emisiones, y esto pasa por acabar con la deslocalización de la producción: “Los países desarrollados no pueden limitarse a reducir sus emisiones nacionales exportando la producción de contaminación por carbono a las economías emergentes. Las huellas tienen que caer, lo que implica cambios en el estilo de vida”, sentencia.

Electrificación y renovables

Algunas de las claves para frenar el aumento de temperatura están en la forma en que producimos y consumimos energía. La ONU recalca que cambiar el modelo energético hacia uno basado en fuentes renovables podría reducir las emisiones de CO2 derivadas del sector energético en 8,1 Gt en 2050. También resalta el potencial de la electrificación tanto en el sector de la construcción como en el del transporte. En este sector, la medida podría recortar las emisiones hasta un 72% en 2050.

Por otro lado, destaca el ejemplo de “refuerzo constante de los planes de mitigación” que es la Unión Europea, donde desde el informe de la brecha de emisiones de 2015 se ha observado una tendencia a la baja en las previsiones actuales de emisiones de aquí a 2030. Con todo, recomienda algunas medidas como reformar el Régimen de comercio de derechos de emisión (ETS) para rebajar las emisiones procedentes de la industria.

La semana que viene las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se darán cita en Madrid (COP25) . El objetivo es terminar de cerrar el contenido del Acuerdo de París. El pacto se implementará en 2020 y pretende que, de aquí a finales de siglo, el aumento de temperatura global no supere los dos grados centígrados o, a ser posible, el grado y medio. Si los líderes no multiplican su ambición, tendremos que vivir con las consecuencias del fracaso.

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sábado, 23 de noviembre de 2019

La economía ecológica frente al discurso de la extrema derecha

Entrevista a Unai Pascual, investigador del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3), a raíz de su artículo "Economía ecológica en la era del miedo".

Eduardo Robaina
La Marea


El crecimiento, cada vez mayor, de movimientos populistas de extrema derecha está afectando “no sólo a la gobernanza de los regímenes democráticos, sino también a la relación entre ciencia y política, y a la agenda medioambiental mundial”. Así lo defiende un artículo publicado esta semana en la revista científica Ecological Economics titulado Economía ecológica en la era del miedo  

Con el fin de entender la relevancia de este movimiento, los autores ahondan en las raíces de lo que llaman “insurgencia de la extrema derecha”. Señalan que la economía ecológica, a través del desarrollo de una agenda de investigación relevante, puede ser una herramienta clave para defender una «política de esperanza” que haga frente a la «política del miedo de la que dependen los regímenes autoritarios emergentes”.  

A pesar de que estos movimientos de extrema derecha “no tienen posiciones homogéneas”, sí que comparten “al menos diez características comunes”, recoge la investigación. Entre ellas, destaca el rechazo al «globalismo» y la preferencia por el nacionalismo económico; la oposición a la inmigración, así como a aquellas acciones que favorezcan a los grupos sociales más desfavorecidos; el nulo interés por las cuestiones medioambientales, entre las que se incluye el cambio climático; o la indiferencia por las evidencia científica, los hechos históricos y los datos empíricos que contradicen sus posturas ideológicas y sus valores fundamentales, entre otras características.  

Unai Pascual (Vitoria-Gasteiz 1973) es, junto a Roldan Muradian, el autor de este artículo. Doctor en Economía y Política Ambiental, Pascual es Profesor Ikerbasque en el equipo científico del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3). Entre 2015 y 2018, fue miembro del Comité Multidisciplinar de Expertos del IPBES -el equivalente al IPCC en biodiversidad-, formado por 25 científicos de reconocido prestigio internacional. El año pasado, fue nominado a su vez copresidente de la Evaluación de los Valores de la Naturaleza de IPBES (2018-2021).


¿Cuáles son los aspectos más importantes en los que incidís en el artículo?

Hemos hecho un análisis interdisciplinario desde la economía, la sociología y la psicología social y política, porque parece que podríamos estar en un momento clave de rápidos cambios sociales, y donde se está dando lo que llamamos insurgencia de la extrema derecha. Es un movimiento coordinado que ya está ocupando bastantes puestos de poder directos en algunos países e influenciando el discurso y las políticas en muchos otros.

Tratamos de entender qué repercusión tiene esto en dos aspectos. Por un lado, para reflexionar sobre el diseño de la ciencia de la sostenibilidad, dado los retos socio-ecológicos que tenemos a nivel de civilización y planetario. Retos como, por ejemplo, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad en un mundo cada vez más desigual. Es decir, qué repercusión puede tener la coyuntura actual, con el auge de los populismos de extrema derecha, en el diseño y alineamiento de políticas públicas para las sostenibilidad. Por otro lado, tratamos de sugerir unos anclajes en los que la economía ecológica debería profundizar y ayudar a identificar una agenda de investigación global para las siguientes dos o tres décadas.

Hacéis mucho hincapié en lo que denomináis la “política de la posverdad”.

Si bien a la ciencia y a los científicos se nos reconoce socialmente el rol de ofrecer información objetiva y neutral para la toma de decisiones, los políticos o los tomadores de decisiones siempre han tomado esos conocimientos de manera estratégica. Sobre todo cuando se alinean con sus intereses. Eso es algo que está ahí y nosotros lo vemos como un hecho.

El resurgimiento de los movimientos populistas de extrema derecha se está produciendo, a la vez que las redes sociales están adquiriendo mucho poder. El periodismo tradicional puede estar perdiendo ese rol que tenía antes muy dominante: la de ser la autoridad dominante en la que podía confiar la ciudadanía para recibir información.

Los populismos de extrema derecha se están aprovechando del uso desde las fake news hasta poner en cuestión la evidencia científica y el rol de los medios de comunicación tradicionales. Eso se está canalizando, sobre todo, a través de las redes sociales o medios de comunicación alternativos. Medios que hasta ahora no han sido dominantes, pero que están empezando a jugar un papel fundamental en la transmisión de ideas y valores. La emergencia de la extrema derecha se basa también en sus estrategias de comunicación.

Saben cómo trasladar diferentes ideas, ya sean fakes news o teorías conspiratorias, y cómo poner en duda la evidencia científica sin ningún argumento. Tenemos muchos ejemplos, como es el caso de las vacunas o el del cambio climático. Esto se ha experimentado bastante durante los últimos años, y creemos que se ha refinado mucho.

Por tanto, lo que decimos es que hay que prestar atención a lo que se denomina como ecología de la comunicación. Hay muchos tipos de comunicación y formatos, y vemos que la gente que se está alineando con este tipo de discursos más populistas se está aislando comunicativamente. En vez de abrirse a escuchar, ver o leer diferentes discursos, ideas, opiniones, y obtener diferentes perspectivas y datos, se quedan en esos ecosistemas aislados de la comunicación porque reciben una información que les conviene, pues se ajusta a su visión del mundo.

Esto hace que se aíslen aún más desde el punto de vista del conocimiento y lo que realmente está pasando a su alrededor. Eso genera una gran polarización de las perspectivas políticas que, a su vez, provocan un impacto directo en cómo la gente está dispuesta a actuar, o no, ante estos retos ambientales.

A raíz de esto que comentas. Se discute mucho sobre qué hacer con la extrema derecha que niega la ciencia del cambio climático. Dices que son personas en ‘ecosistemas de información’ aislados. ¿Cuál crees que es la mejor forma de enfrentarse a ellos?

Lo primero es darse cuenta que la insurgencia de la extrema derecha, como movimiento coordinado global, es un hecho. Luego, se trata de confrontar y entender por qué se está dando este fenómeno. Cuál es su origen. Porque si no entendemos el origen nunca le vamos a poder dar una solución real. Para nosotros está clarísimo que la insurgencia de la extrema derecha es muy peligrosa para la agenda multilateral sobre los retos medioambientales.

Por tanto, es necesario no ocultar el problema y hacer análisis correctos. A partir de esto, por un lado, las agendas de investigación tienen que tener muy claro que el mundo está cambiando en muchos aspectos. Tenemos que entender cómo la globalización neoliberal, que lleva ya décadas en marcha, está generando en capas sociales muy amplias una sensación de vulnerabilidad y una incertidumbre existencial de no saber qué puede pasar mañana.

Personalmente, a la extrema derecha, como se dice popularmente, ni agua. Entender por qué existe, sí, pero sin dejar de confrontar, en el debate científico y social, las mentiras y la política de la posverdad que emplean para seguir creciendo.

Tenemos que seguir ofreciendo información basada en la evidencia científica, pero de modo que la gente la pueda entender. Que entiendan, por ejemplo, por qué la crisis climática les puede afectar y que pueden hacer para hacerle frente. Necesitamos que los discursos que se nutren de la ciencia sean más pedagógicos y se enfrenten directamente con la política de la posverdad.

¿Merece la pena y el esfuerzo confrontarles con una evidencia científica que les da igual que esté ahí? Ellos ya tienen su propia verdad y es la única que les interesa.

Bueno, hay que saber quiénes son «ellos». ¿Son los líderes de los movimientos de la insurgencia de la extrema derecha? ¿o es la gente corriente que les apoya, los que se ven seducidos por sus discursos basados muchas veces en el engaño y la mentira? Creo que es mucho más importante concentrarse en entender la psicología de la gente para saber por qué apoya discursos populistas, y confrontar la información engañosa y las mentiras que reciben desde los líderes de esos movimientos. En esto hay que ser muy directos, y para eso son fundamentales los medios de comunicación serios. También es importante que ese debate no se quede solo en las élites de la comunicación y la política, sino que baje a la sociedad, a pie de calle. Ese es el esfuerzo que hay que hacer, también desde la comunidad científica.

En el artículo hacéis mención directa a países y sus respectivas figuras, como es el caso de Bolsonaro o Trump. No así con España o VOX.

Mencionamos una serie de países donde la extrema derecha populista ya ha llegado al poder, pero también decimos que en otros países están teniendo influencia en el discurso político general, lo cual implica también una influencia directa en las políticas públicas, marcos legislativos, etc.

En el artículo nos hemos centrado en dos ejemplos. Uno es el de Trump, y el otro el de Bolsonaro. Uno ha llegado al poder en uno de los países más influyentes y dominantes del mundo, que es Estados Unidos. El otro en Brasil, que es uno de los países más influyentes entre los países en desarrollo. Sobre todo, teniendo en cuenta la influencia que tiene el país en la agenda ambiental multilateral: es uno de los lugares de mayor biodiversidad del mundo, de mayor capacidad de absorción del CO2…

Usamos esos dos casos como ejemplos paradigmáticos, pero el análisis que realizamos se puede exportar fácilmente a diferentes países y contextos, tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo: en España con VOX, en Francia con el movimiento de Le Pen… La insurgencia de la extrema derecha es un fenómeno coordinado y global que comparte muchas similitudes a pesar de ocurrir en países diferentes.

Lo estamos viendo en Chile con las reivindicaciones sociales. También en Bolivia, con el litio de por medio. Lo mismo Brasil, con los pueblos indígenas y la destrucción de la Amazonia. Se está mandando un mensaje, y es que la justicia climática no será posible sin justicia social.

Estoy completamente de acuerdo. No es posible hablar de buscar una solución al problema ambiental global de manera separada de los retos sociales.

Y no solo está ocurriendo en América Latina. En muchos de los países donde hay revueltas sociales, éstas están asociadas a la desigualdad en el reparto de la riqueza. Y este hecho suele estar íntimamente ligado con el reparto de los derechos en el acceso a los recursos naturales, como el agua, la tierra, etc., y los beneficios que se consiguen de los sectores extractivistas, como la minería, la industria forestal, las pesquerías…

En un contexto de negación de la ciencia por parte de los regímenes autoritarios y con el antiambientalismo como bandera, ponéis en valor la figura de la economía ecológica. ¿Qué papel debe jugar la economía ecológica ante la insurgencia de la extrema derecha?

La economía ecológica ya lleva unas cuantas décadas funcionando como disciplina científica a nivel mundial. Es un campo de investigación consolidado que se basa en la idea de la transdisciplinariedad. Es decir, va más allá de la interdisciplinariedad científica, y aboga por la participación social a la hora de compartir y generar conocimiento útil para la gente. Los actores sociales también tienen que demandar conocimiento específico que les ayude, ya sea para vivir mejor, o para, como es el caso de la economía ecológica, diseñar instrumentos económicos que favorezcan la sostenibilidad del planeta. La economía ecológica trasciende las necesidades de las generaciones presentes y también pretende aportar conocimiento y análisis para el bienestar de las generaciones futuras.

Como cualquier campo científico, la economía ecológica evoluciona según el contexto histórico en el que se encuentra en cada momento. Ahora, lo que nosotros vemos es que con el peligro del resurgimiento de la extrema derecha a nivel mundial, la ciencia de la sostenibilidad y la economía ecológica en particular, tienen que redefinir sus prioridades de cara a las próximas décadas. Y cuanto antes lo hagamos mejor. Este es uno de los aportes que hacemos en el artículo.

Por ejemplo, vemos que, hasta ahora, en la economía ecológica se ha hecho mucho énfasis en entender cuáles son los valores económicos de los activos naturales para tratar de convencer a los políticos y tomadores de decisiones que los recursos naturales no son gratis y tienen un valor mucho más allá del valor que el mercado asigna vía precios. La economía ecológica ha hecho grandes aportaciones para demostrar que muchas veces, los beneficios en la conservación de los activos naturales, normalmente, suelen ser mayores que los beneficios de su explotación, sobre todo cuando ésta no es sostenible en el futuro.

Pensamos que la economía ecológica debe también estar preparada para atraer y utilizar el conocimiento de la psicología social y política para entender cómo se forman los valores, nuestras preferencias como individuos y como sociedad, lo que nos asusta, lo que nos atrae, lo que nos bloquea, etc. Necesitamos incluir este conocimiento para entender el comportamiento humano, sobre todo, en una era donde las cosas parecen estar cambiando de manera muy rápida.

La economía ecológica puede, y debe, hacer un aporte importante a la ciencia de la sostenibilidad ayudando a entender las bases del comportamiento humano en esta época de capitalismo global para, desde ahí, contribuir a diseñar transformaciones socio-ecológicas para conseguir un mundo más sostenible y más justo. No olvidemos que la economía ecológica se fundamenta en el reconocimiento de su carácter normativo.

En el artículo se afirma que la economía ecológica puede contribuir a una «política de esperanza» en respuesta a la «política de miedo» de la que viven regímenes autoritarios emergentes. ¿De qué manera?

El miedo es un instrumento muy poderoso que está utilizando el populismo, sobre todo el de extrema derecha, para conseguir apoyos de la sociedad y perseguir sus fines.

Eso hay que confrontarlo, y la economía ecológica tiene que ayudar a entender cómo funciona el discurso artificial sobre el miedo, porque al final es este sentimiento lo que hace que mucha gente se paralice o actué de forma que impida avanzar hacia la sostenibilidad. Desde la ciencia debemos aportar lo necesario para confrontar y erosionar esa política del miedo, porque si se afianza lo vamos a tener muy difícil para conseguir transformaciones sociales y económicas que sirvan para hace frente a los retos ambientales como la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad global.

Una de las peores consecuencias, ya visibles, de la crisis climática son las personas que se ven obligadas a desplazarse por motivos climáticos. Este es otro miedo con el que juega el populismo.

Movimientos migratorios siempre ha habido en la historia del planeta, es una cosa natural. Lo que hace el populismo de extrema derecha es utilizar el discurso de la inmigración para agrandar la sensación de inseguridad que puede estar sintiendo una capa social cada vez más amplia que ve cómo su situación socio-económica se está precarizando. El discurso contra la inmigración es un instrumento que ha utilizado siempre y que comparte el movimiento de la insurgencia de la extrema derecha en todo el mundo.

Es muy posible que los movimientos migratorios forzados se agraven por la crisis climática. Estoy seguro que los movimientos populistas de extrema derecha van a utilizar estas situaciones, muy graves a nivel humanitario, para su propio beneficio e infundiendo todavía más miedo en la población autóctona.

Hay que estar muy atentos para desmontar estos discursos del miedo ante el fenómeno universal de la inmigración, sobre todo para explicar que los movimientos migratorios debidos a la escasez de recursos naturales. Por ejemplo, debido a la escasez de agua, catástrofes alimentarias, pérdida de tierra fértil, enfermedades- también tienen que ver con la crisis climática. Hay que explicar con datos en la mano que el cambio climático es un multiplicador de la inestabilidad política en muchos rincones del planeta, y que la crisis climática tiene unos responsables. Y curiosamente, una gran parte de la responsabilidad recae en la elite económica con la cual la insurgencia de la extrema derecha tiene vínculos muy estrechos e intereses compartidos.

Muchas veces se cataloga al ecologismo (partidos o movimientos), como el mejor antídoto frente a la extrema derecha. ¿Cree que realmente es así o que es un papel que no le corresponde?

El ecologismo es un movimiento vivo que tiene diferentes maneras de articularse y expresarse en la sociedad. Puede ser un instrumento válido para confrontar esa política del miedo, pero siempre dándonos cuenta de que el ecologismo no es algo que solo tenga que ver con el medio ambiente; también tiene que ver con la sociedad en su conjunto. El ecologismo como movimiento se ha dado cuenta hace mucho que debe tener un enfoque integrado, tanto ambiental como social. Un enfoque socio-ecológico.

El ecologismo, si actúa de forma independiente, lo tendrá muy difícil para enfrentarse a un reto tan importante como es esta insurgencia de la extrema derecha populista. Sin embargo, se ve que está evolucionando hacia maneras de colaboración con otros movimientos sociales: el feminismo, los derechos sociales de los trabajadores, el antirracismo… Es algo que llevamos viendo desde hace tiempo, y es que todos estos movimientos se están dando cuenta de que tienen que trabajar juntos y que comparten muchas de sus demandas. Esa agenda compartida es la que se necesita para hacer frente a la insurgencia de la extrema derecha.






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