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miércoles, 19 de enero de 2022

Ocho especialistas responden; ¿Siguen teniendo sentido el objetivo de 1,5 ºC y las COP?



Se trata de ambición: los expertos coinciden en que dejar de apostar por un aumento de la temperatura de 1,5 ºC favorecería la inacción climática. En cuanto a las cumbres, apuestan por cambiarlas, no por eliminarlas.

Nuevo año, mismo plan: limitar la temperatura global del planeta para evitar un cambio climático mayor que el actual. El objetivo que acordaron la mayoría de países en 2015 también se mantiene, que es no calentar la Tierra más de 1,5 ºC en comparación a la época preindustrial. Por ahora, los termómetros ya han subido 1,2 ºC a nivel mundial, por lo que el margen es mínimo.

Para lograrlo, la principal herramienta con la que se cuenta son las cumbres del clima de la ONU, conocidas como COP. La última fue la edición número 26, celebrada en Glasgow (Escocia) el pasado mes de diciembre. Una vez más, este evento dejó un sabor agridulce porque la urgencia (que pregona incluso la clase política) no se termina de materializar en acciones inmediatas para mitigar y adaptarse al cambio climático.

En este punto, hemos preguntado a ocho especialistas, tanto de España como fuera, qué opinan sobre el objetivo del 1,5 ºC y las cumbres del clima. Estas son las dos preguntas planteadas:

– Dejamos atrás 2021, un año en el que se han publicado importantes informes –el de ONU Medio Ambiente, el de Climate Action Tracker, el de la Agencia Internacional de la Energía– que confirman que nos dirigimos a un calentamiento de entre el 2,4 y el 2,7 ºC con las políticas actuales. El último informe del IPCC, en sus proyecciones, dibuja un futuro similar. Teniendo presente esto: ¿deberíamos empezar a dejar de enfocar la acción y la política climática en el famoso objetivo de 1,5 ºC? Desde un punto de vista estricto es posible lograrlo, pero desde un punto de vista realista se está viendo que ninguna política ni cumbre nos acerca a ese objetivo.

– Atrás queda ya la COP26, y en todo este tiempo las emisiones no han dejado de crecer, la temperatura también, y el pico de emisiones no llega. En base a esto, ¿siguen teniendo sentido este tipo de cumbres (tal y como son ahora: dos semanas, mucha gente de todas partes del mundo, stands con empresas contaminantes, acuerdos a última hora, líderes llegando en jets privados…) o hay que pensar ya en otros mecanismos para acelerar las políticas climáticas?

Y esto es lo que nos responden:

Eva Saldaña, directora de Greenpeace España.

Sobre el objetivo de 1,5 ºC.

La esperanza es lo más revolucionario hoy en día, con lo que tenemos que mantener el límite del 1,5ºC como sea y por varias razones: 

1) Abandonar la mitigación no tiene ningún sentido, porque el cambio climático no es sí/no, blanco/negro. El planeta es un sistema complejo con influencia multivariante y el cambio climático apunta a un nivel de desastres que aumenta con el nivel de calentamiento. Por lo tanto, siempre hay que intentar contenerlo en el nivel de temperatura más bajo posible. 

2) Además esta ha sido la propia decisión de la COP26, una cumbre a la que todos los países tienen que volver el año que viene con nuevos planes (NDC, National Determined Contributions) que cumplan el compromiso de limitar el calentamiento a 1,5ºC. Si se rebaja la ambición aún nos podría ir peor y los gobiernos podrían relajarse aún más. En la COP, 196 partes han vuelto a acordar que hay que reducir las emisiones al menos 45% en 2030, presentar nuevos objetivos en 2022 y eliminar las subvenciones a los fósiles.

3) Lo que es minúsculo es el compromiso de los gobiernos (también del nuestro, con ese 23% de reducción de emisiones), no tanto el de las COP. Hay que nombrar a los países que siguen bloqueando avances (Arabia Saudí, Australia, Brasil, EE.UU.) y utilizar los diversos «anuncios» sobre compromisos voluntarios corporativos y gubernamentales para exponer las estafas de lavado verde. El mayor problema lo tenemos cuando los gobernantes vuelven a su país de origen y no hacen nada de lo expuesto en sus propios acuerdos. Ahí es dónde hay que actuar, y más allá. Hasta que se cierre la brecha con el objetivo de 1,5 C hay que exponer las estafas corporativas y nacionales del lavado verde a través de las compensaciones de carbono.

Sobre las COP

Todas las entrevistas parten de la inutilidad de las COP, y creo que merece la pena darle un poquito la vuelta al milagro que es que se sigan reuniendo todos los países para hablar del cambio climático y avanzar en objetivos y consensos. Las COP son un momento en el tiempo, una plataforma, en el que los líderes y los medios de comunicación del mundo se centran en la emergencia climática. Y un momento en el que la sociedad civil puede trabajar a escala global conjuntamente ayudando a hacer y contar la historia al mismo tiempo. En esta COP poco se hubiera conseguido sin el gran trabajo de los movimientos de los pueblos originarios, los jóvenes, las organizaciones sociales o las voces de los países más vulnerables. Pero la realidad es que hay señales del fin de la era del carbón y un pequeño comienzo para la justicia climática. Esto es importante que se refleje en un texto de acuerdo mundial. Ahora toca abrir la ventana de par en par. 

Por supuesto que hay que continuar con las COP. Si no es en el marco de la ONU, ¿en qué otro marco va a ser posible poner de acuerdo a todos los países del mundo en una negociación? Otra cosa es que no es lo único que hay que hacer. Hace falta y es posible tomar compromisos mayores que los consensos de mínimos del marco dela ONU. Es necesario acelerar la acción climática y alinearse con las recomendaciones científicas, y eso concierne a la toma de decisiones, cada una en el ámbito de sus responsabilidades, en todos los contextos, escalas y actores: UE, Estado, CCAA, municipios, empresas, entidades sociales y personas, cada uno con su pedacito de corresponsabilidad. Los que más contaminan y más capacidad de decisión tienen más tienen que cambiar y contribuir, pero al reto gigante que tenemos entre manos tenemos que sumar todas. 

Antes de 2015 no teníamos ni un compromiso global de reducción de emisiones, y los escenarios de aumento de temperatura eran todavía peores. Pero sí, desde luego necesitamos mecanismos para acelerar las políticas, por eso en nuestro caso hemos demandado al gobierno español, porque esto es muy serio y no podemos seguir perdiendo el tiempo. También hay que seguir incidiendo en los marcos político, económico y empresarial para generar una economía climática; proporcionar más financiación, especialmente para la adaptación, a las naciones más vulnerables de la tierra, y también por las pérdidas y daños que ya se están experimentando en tiempo real.

Insisto, el futuro lo creamos entre todas con cada una de nuestras decisiones desde nuestro lugar de responsabilidad. Y en la acción tenemos que empujar hacia lo que ya sabemos que es una solución, y transformar completamente lo que ya no nos sirve. 

Michael Oppenhaimer. Profesor de Geociencias y Asuntos Internacionales en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de Princeton (SPIA). Investigador. Autor del IPCC.

Sobre el objetivo de 1,5 ºC.

No, debemos presionar a los gobiernos para que alcancen el máximo nivel de ambición, aunque las posibilidades de alcanzar 1,5 ºC sean muy reducidas. La razón es que cada fracción de grado causa un daño extra, y este daño se acelera entre 1,5 y 2 ºC. 

Además, las proyecciones pueden ser erróneas y uno no puede saber con certeza lo que deparará el futuro, si habrá suerte o no con la velocidad de implantación de las tecnologías y en los cambios necesarios en los estilos de vida, así como en el grado de cambio climático. Nada de eso se puede saber hasta que se sobrepasan ciertos límites. Por eso lo mejor es mantener nuestros objetivos altos… y estar preparados para el probable incumplimiento del objetivo. Y aplicar, por supuesto, medidas de adaptación eficaces. Pero ya. AHORA.

Sobre las COP

 Las cumbres siguen teniendo sentido siempre que mantengamos unas expectativas realistas. Los países se están centrando en cómo alcanzar unos objetivos que para muchos países son bastante ambiciosos. Es poco probable que haya más compromisos hasta que los actuales estén en vías de cumplirse. Esto significa un periodo de 5 años más o menos en el que la atención debe centrarse en la aplicación a nivel nacional y en el seguimiento, notificación y verificación por parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Ninguna otra organización hará esta función, sólo la CMNUCC, así que esa es una de las razones para continuar con las cumbres. Además, la función de las cumbres de poner de relieve los resultados de las emisiones de los países y el estado del clima durante dos semanas al año merece la pena.

Julia K. Steinberg. Doctora en Economía, profesora, activista y autora del IPCC.

Sobre el objetivo de 1,5 ºC.

En primer lugar, casi todos los científicos del clima que conozco están de acuerdo en que 1,5 ºC sigue siendo técnica o físicamente posible si los países ponen en marcha transformaciones completas y urgentes de sus sistemas de producción y consumo para abandonar los combustibles fósiles y la agricultura basada en animales. En segundo lugar, no importa para la política o la acción, porque las prioridades que necesitamos implementar de forma urgente e inmediata para alcanzar 1,5 ºC son exactamente las mismas que necesitamos implementar para mantenernos dentro de los 1,6 o 1,7 grados… No es una cuestión de qué hacemos, sino de cuán rápido somos capaces de hacerlo.

Sobre las COP

Me parece que la gente (incluidos los periodistas) subestima y sobreestima el potencial de las COP. Las emisiones son extremadamente altas, sí, pero algunos comentaristas creen que estamos viendo el pico, con los años pasados revisados a niveles de emisiones más bajos de lo que se estimó en un principio. Es muy posible que las emisiones sean más bajas de lo que serían sin las COP y los acuerdos internacionales. Al mismo tiempo, las COP sólo reflejan las prioridades nacionales. Creo que Stefan Aykut tiene razón aquí y en el resto de su hilo. Si la gente y los movimientos quieren ver mejores resultados en las COP, tienen que impulsar su agenda nacional mucho, mucho más.

Andreu Escrivà. Doctor en Biodiversidad y divulgador climático.

Sobre el objetivo de 1,5 ºC.

Desde antes de la COP26, e incluso desde antes de la investigación del Post sobre la brecha de emisiones, el grado y medio era difícilmente conseguible. Era, y es, factible en la contabilidad de carbono, pero era muy difícil lograrlo. Y ahora lo es más. Por un lado, porque hemos visto que la situación de la que partimos es peor (en base a lo expuesto por el Post, que veremos si alguien la recalcula o enmienda). Y por otro lado, porque hemos visto que no hay un compromiso claro, y que en realidad ningún país quiere poner sobre la mesa lo que hace falta para limitar el calentamiento en 1,5 ºC. 

Tenemos que intentar no hacernos falsas esperanzas y ser conscientes en todo momento de a qué nos estamos enfrentando, pero de 1,5 ºC a 2 ºC va medio grado. Es decir, lo que no puede ser es que digamos que el grado y medio ya es imposible, y por lo tanto nos vamos a los 2 ºC. No, no: nos vamos al 1,55. Al 1,6. Al 1,61. No podemos mandar todo a tomar por saco por superar la barrera del grado y medio, y pensar que tenemos de margen hasta los 2 ºC. 

Esto es lo que más me preocupa. Para un examen, uno no puede estudiar para un 5, porque a poco que la líe, suspende. Tú tienes que estudiar para un 7, y luego probablemente sacarás un 5,3. Esto es lo mismo. Antes se suponía que estábamos enfocados en el 1,5, y los compromisos nos dan un calentamiento de entre 2,4 y 2,7 ºC. Pues bueno, no podemos enfocar los objetivos a 2 e irnos a 3 ºC. 

Siempre tenemos que apretar lo más posible. Y eso significa seguir tratando de que los escenarios nos indiquen un calentamiento lo más próximo al grado y medio. ¿Que el objetivo de 1,5 ºC va a ser prácticamente imposible de conseguir? De acuerdo, pero tenemos que seguir fijándonos en ese escalón porque, si no, nos haremos la ilusión de que tenemos medio grado más para hacer cosas, lo que nos llevaría a más inacción climática.

Sobre las COP

Las cumbres no tienen sentido. Al menos, estas COP que hemos tenido hasta ahora. En primer lugar, porque son absolutamente incoherentes en lo que hacen y lo que predican. Todos los años tenemos las imágenes de los jets y coches privados, etc. Eso es un sinsentido que hace que haya mucha gente que, desde el primer día, se te ponga en contra. Aunque evidentemente las emisiones de esos coches o aviones sean insignificantes respecto al total mundial, ya tienes a muchas personas que ven una incoherencia manifiesta –que la hay– y que se posiciona en contra de todo lo que salga de la cumbre.

Después, porque la propia COP es una barbaridad de gente, mucha de la cual está sencillamente pululando. Realmente no hacen falta 20.000 personas para llegar a un acuerdo sobre el clima.

También está el hecho de que las empresas de combustibles fósiles siguen teniendo mucho protagonismo. No puede ser. No se les puede invitar, no pueden estar ahí. Tú, gobierno, tienes que acordar las políticas y luego trasladarlas a la ciudadanía y a las empresas, que ya se encargarán de cumplir la ley.

Los resultados de las COP son insuficientes una y otra vez. Si llevas casi 30 años haciendo algo que, en teoría, tiene que parar las emisiones pero la mitad de las emisiones se han producido en este tiempo, es evidente que no está funcionando.

En este punto, la pregunta difícil es qué hacemos en lugar de las COP, porque tampoco es fácil. No hay una solución mágica ni una fórmula alternativa. La clave deberían ser cumbres que no sean tanto una especie de «Fitur del clima», o como ha dicho varias veces la exconsellera valenciana, Elena Cebrián, conferencias diploclimáticas. 

No puede ser que estén reunidos durante semanas sin llegar a nada. Falta gobernanza interna dentro de las COP, y falta una figura mucho más operativa y con capacidad de coaccionar para que lleguen a acuerdos. No tiene sentido que, después de un informe del IPCC que nos dice que nos vamos a la mierda si superamos los 2 ºC, después del coronavirus, y después de dos años de movilizaciones climáticas superbestias, sigamos atascados en la misma inacción y en el juego cobarde de «si tú no bajas, yo no bajo».

María José Sanz. Directora del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3). Autora del IPCC.

Sobre el objetivo de 1,5 ºC.

No debemos abandonar el objetivo de 1,5 ºC. Es un objetivo que debe permanecer como el horizonte que debemos alcanzar. Los cambios que ya están en marcha no tienen precedentes, y aún es factible abandonar los combustibles fósiles y alcanzar la neutralidad climática en 2050 combinando otras energías con un incremento de la eficiencia y un consumo más responsable. Tenemos la tecnología, que se esta desplegando a una velocidad creciente, y tenemos un apoyo creciente de la sociedad que puede generar una demanda creciente. Esta cumbre ha demostrado que  hay disposición a proveer esa financiación.

Sobre las COP

Los debates colectivos entre gobiernos son más necesarios que nunca para reconocer y tratar de abordar las diferentes circunstancias nacionales manteniendo una visión global y una ambición ascendente para mantenernos por debajo de 1,5 ºC. 

Las políticas climáticas requieren de un marco multilateral que las provean de una coherencia global. El Acuerdo de París y, en especial, las contribuciones nacionales determinadas y su marco de transparencia son elementos esenciales para proveer del marco global en el que los esfuerzos nacionales «crecientes» se vean reflejados y reconocidos a la par que se pueda determinar de forma regular la marcha de los esfuerzos y marcar las necesidades de reforzarlos de forma colectiva cada cinco años. 

En las dos últimas cumbres se ha demostrado, además, una gran actividad en el ámbito de la acción climática por parte de los diferentes actores socio-económicos. Este acompañamiento esta aumentando y es fundamental que tome el ejemplo en transparencia y trazabilidad que ha demostrado el proceso multilateral que representan las cumbres. 

Pablo Rodríguez Ros. Doctor en Ciencias del Mar y ambientólogo. Uno de los impulsores de la primera asamblea por el clima autonómica.

Sobre el objetivo de 1,5 ºC.

Es verdad que, tal vez, seguir hablando de 1,5 ºC cuando parece obvio que estamos en la línea de superarlo no sea lo ideal desde el punto de vista de que persigue un objetivo que, a lo mejor, va a ser inalcanzable. Pero esa es también un poco la definición de ambición: en cierto modo, intentar, no ya lo imposible, sino lo que es prácticamente inalcanzable.

En esta línea, se podrían buscar objetivos más ambiciosos como apelar directamente a reducir las emisiones a niveles mínimos sin necesidad de pensar en 1,5 o 2 ºC. No obstante, no veo mal lo de perseguir ese objetivo porque ha costado mucho establecer este marco de trabajo, e intentar dinamitarlo e instaurar uno nuevo no creo que fuese más eficiente desde un punto de vista de la acción climática.

Sobre las COP

Estuve presente en la COP25 y he seguido otras tantas, y creo que hace falta repensar el formato actual. Toda la parte de parafernalia y feria me sobra bastante. Se puede hacer divulgación del cambio climático 364 días al año, y si hay uno que es para las negociaciones pues que sea para ello exclusivamente. Como cuando se hacen las reuniones del G-20, por ejemplo. Además, que tampoco es un evento muy sostenible. 

Irene Rubiera. Activista y miembro de Ecologistas en Acción.

Sobre el objetivo de 1,5 ºC.

Teniendo en cuenta el calentamiento hacia el que nos dirigimos, es comprensible que se plantee este «abandono» del objetivo de 1,5 °C. Pero no es el camino. Mientras la ciencia siga hablando del objetivo de 1,5, es nuestro deber, y el de la clase política, seguir apuntando a ese mismo objetivo, que es el que nos garantiza un nivel mínimo de calidad de vida. El 1,5 ºC no es un mero objetivo político, es el umbral mínimo que debemos alcanzar para no condenar a una parte significativa de la población de este planeta. No podemos abandonar el partido porque vayamos perdiendo y no podemos abandonar el 1,5 ºC porque no nos estemos acercando todo lo que deberíamos.

Sobre las COP

Hasta cierto punto, el circo mediático que suponen las cumbres tiene sentido: nada funciona mejor para la «movilización de la vergüenza» de los líderes internacionales. Sin duda sobran los stands (y la presencia) de empresas contaminantes, pero no creo que las COP sean un mecanismo a jubilar. La solución pasa antes por diversificar la acción normativa a distintos niveles y, en mi opinión, por un abandono de la política de consensos en las cumbres.

Peter Kalmus. Científico del clima en el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA. Doctor en Física por la Universidad de Columbia y licenciado en Física por Harvard

Sobre el objetivo de 1,5 ºC.

En primer lugar, estas opiniones son personales, y no de las instituciones donde trabajo.

Esto es simple y complicado a la vez. Es simple, porque el hecho es que cada pedazo de CO2 que emitimos al quemar combustibles fósiles empeora el calentamiento global, lo que hace que todos los impactos que estamos experimentando ahora (el calor, la sequía, el fuego, las inundaciones, etc.) sean peores. Por lo tanto, el verdadero objetivo, desde la perspectiva de la física, es que la sociedad abandone los combustibles fósiles lo antes posible, independientemente de cualquier objetivo o presupuesto de carbono. Personalmente, creo que la sociedad debe pasar a lo que yo llamo «modo de emergencia», en el que la máxima prioridad es realizar esta transición con extrema rapidez. Sí, esto significaría políticas que prohíban los aviones privados, por ejemplo, y políticas que hagan centenares de otros cambios para desviar los combustibles fósiles a las necesidades realmente esenciales (como llevar comida a la gente) y luego descarbonizar rápidamente incluso esas cosas.

Pero también es complicado, porque los colectivos humanos realmente necesitan objetivos y plazos para conseguir algo. Como escribí en un reciente artículo de opinión, el objetivo no debería ser «cero neto para 2050». «Neto-cero» es un peligroso pensamiento mágico, ya que la captura de carbono puede que nunca sea factible a escala; y 2050 es demasiado tarde, porque la gente ya está muriendo hoy, y creo que es probable que los impactos climáticos empeoren más rápido de lo que se espera en general. Especialmente en los países ricos y desarrollados necesitamos objetivos mucho más cercanos y planes específicos año a año para alcanzarlos.

Sobre las COP

Sólo podemos mejorar esta emergencia con la acción humana colectiva a gran escala, y llamamos «gobiernos» a esos colectivos. Para bien o para mal, te gusten o no, estamos atados a los gobiernos. Y esta es una emergencia global, por lo que esos gobiernos tendrán que aprender a coordinarse. Así que necesitamos algún tipo de mecanismo internacional.

Dicho esto, hay algunos defectos increíblemente graves en las COP. Uno es que, por su naturaleza, todo lo que sale de ellas han sido, y seguirán siendo, promesas vacías. La segunda es que invitaron a la industria de los combustibles fósiles a participar –fue la delegación más grande–, lo que es una garantía de fracaso y una señal de que las conversaciones no son tan serias.

Las conversaciones serias omitirían absolutamente a la industria de los combustibles fósiles (deberían ser demandados y procesados por neocidio y ecocidio en La Haya, no agasajados en las conferencias sobre el clima), y darían lugar a tratados vinculantes.

¿Pero cómo conseguimos esto cuando los líderes mundiales y corporativos y las élites ricas se benefician del statu quo? Dado que se benefician personalmente de ello, y aparentemente no les importan los arrecifes de coral, los bosques o incluso una Tierra habitable, no cambiarán el statu quo simplemente porque sea lo correcto. Nosotros, el pueblo, debemos obligarles a actuar o sustituirles por líderes que lo hagan. Lo que significa construir el movimiento climático con números, y luego participar en una diversidad más amplia de tácticas, muchas de las cuales deben ser mucho menos educadas que hasta ahora. Hasta ahora, el movimiento climático ha sido sorprendentemente cortés, teniendo en cuenta que todo nuestro planeta está en juego.


Fuentes: La marea climática [Imagen:De izquierda a derecha, Julia K. Steinberger, Andreu Escrivà, Eva Saldaña, Peter Kalmus, Michael Oppenhaimer, María José Sanz, Pablo Rodríguez Ros e Irene Rubiera. Foto: COLLAGE CLIMÁTICA]

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/debate-15-cop-especialistas-responden/



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martes, 23 de noviembre de 2021

COP26. Entrevista al ecologista Antonio Elio Brailovsky: Que el presidente haya terminado llorando frente a las cámaras de televisión nos da una idea del fracaso de esta Cumbre






M.H: Acuerdos finales en la Cumbre del Clima en Glasgow. 

A.B: Digamos que la mejor síntesis fue el discurso del presidente de la Cumbre del clima que cuando hizo el resumen pidió perdón y se largó a llorar. Es difícil decir algo más claro, más nítido, una síntesis más expresiva que el presidente de la Cumbre llorando ante las cámaras del planeta entero.  

Lo que se logró son promesas que nadie sabe si van a cumplir y que nadie cree que se vayan a cumplir. Nos comprometemos a dejar de usar el carbón no lo firmaron, nos comprometemos a ir eliminando el petróleo no lo firmaron, y en vez de decir vamos a reducir las emisiones de gases invernadero siguen diciendo vamos a compensar las emisiones de gases de efecto invernadero por algún mecanismo que mientras contaminamos por un lado absorbe la contaminación por el otro y nadie cree que esos mecanismos funcionen. 

M.H: ¿De qué se trata el Fondo Verde por el clima, de 100.000 millones de dólares, prometido en 2009 para que estuviera provisto en 2020?  

A.B: Hace mucho que están prometiendo apoyar a los países del sur pero en principio el apoyo no deja de postergarse. Lo que están financiando es el apoyo a las grandes empresas del norte, pero lo que hace falta además de apoyar lo que quieran a sus propias empresas, es financiar infraestructura para aquellos que están sufriendo cada vez más inundaciones y sequías. Infraestructura o la migración porque ya son refugiados climáticos.  

Hay varias islas del Pacifico que ya dicen ‘no vamos a existir en pocos años’. Mientras están discutiendo cuestiones de dinero hay países que desaparecen y hay zonas donde se esperan miles o ciento de miles de refugiados climáticos.  

M.H: Son 100.000 millones de dólares que tengo entendido que son en carácter de préstamos. 

A.B: Y tampoco hay un compromiso de los que tenemos plata se la damos a los que les falta, porque además el enorme peso que tienen que hacer los pobres, que además han sido saqueados por la deuda externa, por las maniobras financieras y ese tipo de cosas ¿cómo lo van a financiar?  

Nadie sabe cómo van a financiar los pobres su adaptación a condiciones que son cada vez peores. Lo que uno espera del cambio climático es que los países pobres van a tener menos cosechas, justamente lo países con economías agropecuarias van a tener menos cosechas, su productividad va a bajar porque o van a tener poca agua o van a tener demasiada.  

Países que tenían un cierto nivel económico lo están perdiendo, y no se puede esperar que financien algo que va a ser realmente caro. 

Hidrógeno verde: prometieron una inversión de 8.000 millones de dólares para una tecnología que todavía no tienen 

M.H: Parece que a la Argentina le fue muy bien en esa Cumbre climática con un anuncio de inversiones que tienen que ver con el hidrógeno verde. ¿De qué se trata el hidrógeno verde? 

A.B: El hidrógeno es una forma limpia de combustible porque digamos que cuando uno quema gas natural uno está emitiendo gases tóxicos como residuo, cuando uno quema hidrógeno lo que emite es vapor de agua como residuo.  

El tema es cómo se produce hidrogeno, se produce como aprendimos en la escuela primaria poniendo un cable a cada lado con electrólisis del agua, pero producir hidrógeno consume muchísima electricidad y la electricidad está hecha con hidrocarburos, y es como inútil porque es cambiar la contaminación de lugar.  

Hidrógeno verde sería hacer electricidad con energía solar o eólica que sirva para producir hidrógeno. Esto está resuelto en teoría, en teoría estaba resuelto cuando usted y yo íbamos a la escuela primaria, el problema es que no están resueltos los costos.  

En este momento es escandalosamente caro la empresa que prometió tantos miles de millones de dólares en inversión, lo prometió para dentro de 4 años, y no tiene la tecnología desarrollada porque los costos en ningún lugar del mundo dan.  

Lo que sorprende es que prometieron una inversión de 8.000 millones de dólares para una tecnología que todavía no tienen. Para dar una comparación el mayor proyecto de hidrógeno verde en América latina son varias empresas que están radicadas en Chile y que se suponen van a invertir 50 millones de dólares.  

Entonces 50 millones los que están trabajando en eso contra 8.000 millones que están prometiendo estos tipos, uno dice va en serio o están tratando de blanquear la imagen de un conglomerado de empresas mineras que están entre las más contaminantes del mundo. 

Agreguemos que lo primero que pidieron fue un puerto franco, un lugar para importar lo que quieran sin que el Estado controle qué traen. Se parece mucho a un pedido de legalizar el contrabando, y se parece mucho a un intento de blanquear la imagen de un conjunto de empresas con muy mala imagen por contaminar.  

Yo no sé si a Argentina le fue bien. Creo que en eso hay un problema a discutir y es que hay que cuidar más al presidente, no puede ser que se le crea a un tipo que sabe de rugby que es el gestor de esta empresa.  

Lo que nos falta es un procedimiento institucional por el cual si alguien le acerca una carpeta al presidente se llama al Conicet y se le pide que haga una evaluación científico técnica de esto, ¿es viable no es viable? ¿Le creemos no le creemos? ¿Es una trampa?  ¿Es un engaño? ¿Va en serio? Y esto es lo que nos falta, que se incorpore a estas cosas el sistema científico argentino, obviamente el sistema científico estatal.   

M.H: ¿Podría hacer una síntesis de esta COP26?  

A.B: Empiezo por quiénes fueron. Tendrían que haber ido todos los países, pero para que fueran todos los países Inglaterra se comprometió a organizarse para mandar vacunas a los países que no tenían y flexibilizar las visas de los delegados de aquellos países que no tenían vacunas y se organizaran para que entren vacunados o se los vacunara ahí. Eso no se cumplió y entonces lo primero que hicieron fue sacarse de encima a los negros y a los pobres.  

Es la Convención del clima número 26 y nunca hubo tantos blancos y tan pocos negros, nunca hubo tantos países ricos y tan pocos países pobres. La delegación más grande no es la de ningún país sino la de los lobistas de las empresas contaminantes, principalmente las empresas petroleras que fueron a hablar con todas las delegaciones para convencer, para amenazar o para sobornar.  

Fue de esas cosas escandalosas, vergonzosas, donde empiezan prometiendo de todo y después no firman nada. Vuelvo a la parte inicial de esta conversación, que el presidente haya terminado llorando frente a las cámaras de televisión del mundo entero nos da una idea del nivel de fracaso de esta Cumbre.  

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes


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Apoteosis neoliberal: La COP26 crea el mercado mundial del fuego y se lo ofrece a los pirómanos capitalistas a costa del pueblo


Fuentes: A l'encontre




La Conferencia de Glasgow (COP26) debería haber dado prioridad a:

– Concretar la promesa de los países desarrollados de aportar al Fondo Verde para el Clima, a partir de 2020, al menos cien mil millones de dólares al año para ayudar al Sur global a hacer frente al desafío climático [1].

– Obligar a estos mismos países a intervenir financieramente para cubrir las enormes pérdidas y daños causados por el calentamiento, especialmente en los países menos desarrollados y los pequeños estados insulares

– Incrementar las ambiciones climáticas de los gobiernos para alcanzar el objetivo de la COP21 (París, 2015) de «mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de los 2°C, al tiempo que se continúa con los esfuerzos para no superar los 1,5°C en comparación con el periodo preindustrial».

El balance es inapelable: sobre el papel, Glasgow clarifica el ambiguo objetivo de París haciéndolo más radical (ahora el objetivo es 1,5°C) y menciona la responsabilidad de los combustibles fósiles; pero en la práctica, la Conferencia no ha definido ninguna medida para detener la catástrofe.

Un «paso en la dirección correcta», dijeron algunos. Nada de eso: obsesionados con la recuperación neoliberal postcovid y sus rivalidades geoestratégicas, los amos del mundo decidieron:

– aplazar la promesa de cien mil millones para el Fondo Verde;

– decir niet a las compensaciones por «pérdidas y daños»;

– dejar el campo casi completamente libre a los combustibles fósiles;

– considerar la estabilización climática como un mercado de «compensaciones de carbono» y tecnologías;

– dotar a este mercado de un mecanismo global de comercio de «derechos de contaminación»;

– por último, confiar la gestión de este mercado a las finanzas… cuyas inversiones y estilos de vida son la causa fundamental del calentamiento global.

El informe especial sobre 1,5°C, una bomba con consecuencias para la AIE

El Informe Especial del IPCC sobre 1,5°C (2019) había demostrado la imperiosa necesidad de mantenerse por debajo de 1,5°C [2]. Se habían subestimado los peligros del calentamiento. Más allá de 1,5°C, las cascadas de retroalimentación positiva amenazan con llevar a la Tierra a un régimen de planeta invernadero [3]. Esto tendría consecuencias nefastas (entre ellas, una subida del nivel del mar de 13 metros o más). La temperatura media de la superficie ha aumentado entre 1,1 y 1,2°C en comparación con la era preindustrial. Al ritmo actual, la marca de 1,5°C se superará en 2030… Conclusión: las emisiones globales netas de CO2 deberían reducirse al menos en un 50% antes de 2030, en un 100% antes de 2050 y llegar a ser negativas en la segunda mitad del siglo.

El informe cayó como una bomba. Los dirigentes de la clase capitalista no pueden seguir escondiendo la cabeza bajo tierra. Los que tienen un mínimo de cerebro tienen que admitir que el calentamiento global puede escapar a todo control hasta el punto de poner en peligro su sistema. En este contexto, incluso cuando es impulsada por neoliberales como Boris Johnson, una política capitalista que dice estar «basada en la mejor ciencia», no podía mantener la ambigüedad [entre 1,5℃ y 2℃] del acuerdo de París. La presidencia británica de la COP26 propuso que se definiera el objetivo máximo en 1,5°C, lo que fue ratificado por la conferencia.

El IPCC es explícito: la quema de combustibles fósiles desempeña un papel fundamental en el calentamiento. Por ello, la onda de choque del informe sobre los 1,5°C se dejó sentir incluso en la Agencia Internacional de la Energía (AIE). En 2021, esta agencia publicó un informe en el que se afirma claramente que la «neutralidad en carbono» en 2050 requiere medidas drásticas a muy corto plazo: prohibir, a partir de 2021, el desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo y gas, así como la apertura de nuevas minas de carbón o la ampliación de las existentes y la autorización de la construcción de nuevas centrales eléctricas de carbón. También plantea el abandono del carbón a partir de 2030 en las economías avanzadas y el cierre de todas las centrales eléctricas de carbón y petróleo del mundo a partir de 2040… [4]

Este informe también cayó como una bomba. La Agencia siempre había desarrollado una visión muy progresiva de la transición. De repente, ahora aboga por un cambio radical hacia un capitalismo verde organizado en torno a las energías renovables. De ese modo, al igual que no podía mantener la ambigüedad de París, la cumbre de Glasgow no podía seguir ocultando la responsabilidad de los fósiles. ¡Esta cuestión jamás se había tratado en todas las COP celebradas desde 1992 por la presión ejercida por el sector energético y de los grandes usuarios! Este silencio ya no se podía mantener. La Presidencia británica presentó a los delegados un proyecto de declaración en el que se pide a las partes que «aceleren la eliminación del carbón y el fin de las subvenciones a los combustibles fósiles». Más adelante se mostrará cómo se neutralizó esta fórmula, aunque la mención a los fósiles se mantiene en la versión final.

Reducir el desfase, un reto más difícil cada año

El acuerdo de París abrió una gran brecha entre el objetivo («mantener el aumento de la temperatura muy por debajo del etc.») y los planes climáticos nacionales, o «Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional» (NDC). Sobre la base de estos planes nacionales, el IPCC proyectó un aumento de la temperatura de unos 3,5°C para 2100. Para reducir el desfase (o «brecha de emisiones»), la COP21 adoptó el principio de revisar los planes cada cinco años, para «incrementar la ambición».

En septiembre de 2020, la brecha, tomando en cuenta todos los gases, se estima entre 23 y 27 Gt de CO2 equivalentes [5]. Esta brecha debe eliminarse imperativamente antes de 2030 para mantenerse por debajo de 1,5°C. Por tanto, las emisiones globales deben reducirse a la mitad. Con la cumbre de 2020 cancelada (pandemia), los gobiernos decidieron hacer un esfuerzo renovado para «incrementar las ambiciones» de cara Glasgow. El resultado: entre 3,3 y 4,7 Gt de COadicionales de reducción. Sobre esta base, la red científica Climate Action Tracker prevé un calentamiento de +2,4°C (rango: +1,9 a +3°C)[6].

Johann Rockström, director del Instituto de Potsdam, transmitió a la COP los diez mensajes clave más recientes de la ciencia. El primero, que las emisiones mundiales de CO2, por sí solas, deben reducirse cada año en 2Gt/año (5%) de aquí a 2030 para tener una posibilidad sobre dos de mantenerse por debajo de 1,5°C, y en 4Gt/año (10%) para tener dos posibilidades sobre tres de mantenerse por debajo de 1,5°C. Se requiere una reducción similar para el metano y el óxido nitroso[7].  No hay esperanza de conseguirlo con un ritmo de revisión quinquenal de los planes nacionales. Por ello, Glasgow decidió pasar a un ritmo anual. Visto de lejos, esto parece dejar una pequeña posibilidad de éxito. Visto de cerca, es una ilusión.

En primer lugar, hay que tener en cuenta la justicia climática. Las reducciones del 5% y del 10% son objetivos globales, que deben modularse para tener en cuenta las responsabilidades diferenciadas de los países. Rockström presentó la evaluación más reciente de esta cuestión: el 1% más rico de la población mundial debe dividir sus emisiones por treinta, mientras que el 50% más pobre puede multiplicarlas por tres. Esto demuestra claramente que el clima es una cuestión de clase, una cuestión importante en el conflicto entre una minoría poseedora y la mayoría desposeída.

En segundo lugar, una reducción lineal de 2 ó 4 Gt/año en términos matemáticos no es, en absoluto, lineal en términos económicos, sociales y políticos. Cuanto más se reduzcan las emisiones (o se intenten reducir), y cuanto más corto sea el plazo, más chocará la reducción de emisiones con las exigencias capitalistas de crecimiento y beneficio. Esto es muy concreto: en el sector energético, la patronal está frenando las inversiones en combustibles fósiles, para limitar los activos devaluados [stranded assests]. Como los combustibles fósiles cubren más del 80% de las necesidades, un pico de suministro de energía precederá probablemente al pico de demanda. Mientras tanto, los precios son altos[8], lo que es bueno para las empresas de combustibles fósiles, pero alimenta la inflación, frustra la recuperación postcovid y pesa mucho sobre las clases trabajadoras. Éstas pueden luchar o votar a los nacional-populistas. Ambas opciones frustran la estabilidad. Para calmar los precios y evitar la escasez habría que impulsar la producción de combustibles fósiles. China lo ha hecho con el carbón y Biden ha pedido (sin éxito) a Arabia Saudí y Rusia que lo hagan con el petróleo. Pero potenciar los combustibles fósiles = potenciar las emisiones…. Es la cuadratura del círculo.

Una contradicción insuperable, una fuente de caos

China y Estados Unidos han emitido una declaración conjunta en la COP. No servirá de nada para salir del atolladero. Se trata principalmente de una declaración para guardar las apariencias. Las dos grandes potencias tienen interés en presentarse juntas como garantes de la estabilidad del mundo y de su clima. Quizá intenten colaborar en algún aspecto parcial de la política climática (¿emisiones de metano?). Pero las tensiones subyacentes son muy fuertes y tienden a agravar los conflictos. En Estados Unidos, la mayoría demócrata pende de un hilo: Manchin [el senador demócrata que frena la lucha contra el cambio climático], un fiel amigo del carbón. Los republicanos han ganado las elecciones en Virginia, esperan ganar las elecciones de mitad de mandato y están haciendo campaña contra la subida del precio de los combustibles. ¡Su victoria cambiaría muchas cosas!. En China, la estabilidad de la burocracia depende del progreso del nivel de vida medio, por un lado, y de la exaltación nacionalista, por otro. La reactivación del carbón no impide la subida del precio del petróleo. Hay muchas razones para que Pekín siga replegándose para dentro y acelerando sus planes de recuperación de Taiwán. Todo esto es muy inestable.

Se mire por donde se mire, el problema choca con la imposibilidad de la transición energética capitalista: no se puede reactivar una economía de crecimiento basada en un 80% en combustibles fósiles y al mismo tiempo sustituir los combustibles fósiles por renovables y reducir drásticamente las emisiones a muy corto plazo. Es físicamente imposible. O reducimos la producción para lograr la transición, o sacrificamos la transición por el crecimiento del PIB. Sin embargo, «el capitalismo sin crecimiento es una contradicción» (Schumpeter). Conclusión: la contradicción es insoluble, salvo mediante un cambio sistémico revolucionario. Mientras esta posibilidad histórica no se convierta en una posibilidad concreta, la contradicción se agravará con cada intento de reducir las emisiones.

Cada capitalista intenta trasladar la responsabilidad a sus competidores y a los trabajadores. Cada clase capitalista utiliza su Estado para trasladar la responsabilidad a los Estados rivales y a las clases trabajadoras. Y los Estados más contaminantes son los Estados imperialistas que dominan a los más pobres. En consecuencia, la crisis ecológica/climática se combinará con graves convulsiones económicas, sociales y políticas (e incluso militares) en torno a los siguientes ejes:

– Profundización de las tensiones sociales que conduzcan a una importante crisis de legitimidad del poder, a la inestabilidad política y a una mayor tendencia al autoritarismo;

– políticas neocoloniales de creciente brutalidad hacia los pueblos del Sur, especialmente hacia las personas migrantes y, sobre todo, las mujeres;

– una rivalidad más aguda entre los capitalistas y entre los Estados capitalistas; y en particular,

– las crecientes tensiones geoestratégicas entre Estados Unidos y China.

Creer que un contexto así propiciaría la aplicación anual de acuerdos climáticos que estén a la altura del desafío es creer en los Reyes Magos.

Una regulación estatal podría ahorrar tiempo, pero…

Insistamos en este punto: no hay solución estructural sin una disminución global de la producción, el consumo y el transporte, modulada en base al respeto a la justicia social. Es imperativo producir menos, transportar menos, consumir menos y compartir más. Es indispensable compartir la riqueza y el tiempo de trabajo necesario [9]. Por tanto, una política de regulación capitalista, con un mayor papel del Estado, no es una alternativa a la crisis, si bien podría aliviar la dificultad. Pero aquí hay una segunda contradicción: el capital no quiere esta política.

El Protocolo de Montreal sobre la protección de la capa de ozono es un ejemplo de regulación eficaz. Firmado en 1987 y aplicado dos años después, planificó el fin de la producción y el uso de los CFC (clorofluorocarbonos), adoptó un calendario y creó un fondo mundial (financiado por los países ricos) para ayudar al Sur [10]. Veinte años más tarde, las emisiones habían disminuido en un 80% aproximadamente, y la Organización Meteorológica Mundial observó que la capa de ozono estratosférica empezaba a recuperarse [11].

Este precedente podría inspirar la acción en el ámbito climático. Tanto más cuanto que existe un precedente dentro del precedente (valga la redundancia): reunidas en Kigali en 1996, las partes del Protocolo del Ozono decidieron eliminar también los HFC (hidrofluorocarbonos). Después de Montreal, estos HFC han sustituido a los CFC. No destruyen la capa de ozono, pero, al igual que los CFC, tienen un poder de radiación [12] más de mil veces superior al del CO2. El aumento de las emisiones de HFC corre el riesgo de anular el beneficio climático que fue un resultado indirecto del Protocolo del Ozono. Al decidir poner fin a los HFC, los gobiernos hicieron compatible la recuperación de la capa de ozono con la lucha contra el cambio climático. El impacto sobre el calentamiento global no es enorme: en 2050, Kigali habrá reducido las emisiones de gases de efecto invernadero en 90 GtCO2eq en comparación con las proyecciones, el equivalente a dos años de emisiones. Pero dos años son importantes cuando cada año que pasa aumenta la probabilidad de pasar de la catástrofe al cataclismo[13].

El mismo método permitiría reducir rápidamente las emisiones de metano. El efecto invernadero de este gas es mucho más potente que el del CO2[14] y cada vez emitimos más. La reducción de las emisiones de los ecosistemas, de la agricultura (especialmente los arrozales) y la ganadería no puede hacerse de un plumazo. Pero eliminar las fugas de la red de gas, de los pozos de petróleo y de las minas de carbón es relativamente fácil, no requiere cambios estructurales en el sistema de producción y podría reducir el calentamiento en 0,5°C respecto a las proyecciones. No hace falta ningún avance tecnológico, sólo obligar a las empresas a realizar las inversiones necesarias. Pero ahí es precisamente donde radica el problema: no se puede obligar a los capitalistas, sólo se les puede estimular mediante los mecanismos del mercado. Esta es la doxa neoliberal consagrada en el Acuerdo de París. Veremos que Glasgow descarta más que nunca su derogación.

Metano y deforestación, ¿a la búsqueda del tiempo perdido?

La prensa se ha hecho eco del acuerdo sobre el metano. En la COP, más de 100 países prometieron reducir sus emisiones en un 30% para 2030. De ser así, el calentamiento en 2050 sería 0,2°C inferior al previsto (menos de la mitad del potencial). Pero no se trata más que de una declaración de intenciones. No hay cuotas por país, no hay financiación para los países del Sur, no hay sanciones por incumplimiento… Estados Unidos, la UE y Canadá parecen dispuestos a actuar, es cierto, y es fácil ver por qué: aparte de Trump, los líderes capitalistas comienzan a tener pánico. Limitar el metano es una medida bastante fácil. Pero queda mucho camino por recorrer: China y Rusia no han firmado el texto de Glasgow. También es fácil entender por qué: son dos grandes emisores. Su ausencia servirá obviamente de pretexto para que los capitalistas de otros países se resistan. Por tanto, es dudoso que se les imponga nada. En su lugar, se utilizarán incentivos e impuestos, con la esperanza de que el coste de la inversión caiga por debajo del precio del gas ahorrado. Las clases trabajadoras pagarán la factura.

La deforestación plantea un dilema similar. Sería otra forma de recuperar parte del tiempo perdido desde Río (1992), sin afectar a la estructura del aparato productivo. En Glasgow, 131 países se comprometieron a invertir 12.000 millones de dólares en un Compromiso de Financiación Forestal Global (GFFP). El objetivo es «detener e invertir la pérdida de bosques» para 2030 [15]. Este compromiso es muy similar al realizado en Nueva York en 2014: acabar con la deforestación para 2030, con una reducción del 50% para 2020. En 2015-2017, ¡la tasa de deforestación aumentó un 41%! Algunos se alegran porque el GFFP está firmado por Brasil y Rusia, de modo que más del 90% de los bosques de la Tierra están implicados. Pero esto no es garantía de eficacia. Tampoco es una garantía de justicia para los pueblos indígenas, cuyos derechos y méritos reconoce enfáticamente el GFFP, pero sólo de palabra.

En cuanto a la eficacia, es importante tener en cuenta que la frase «detener e invertir la pérdida de bosques» no es tan unívoca como parece. Para algunos, eliminar un bosque NO es una «pérdida forestal»… si el terreno no se utiliza luego para otras actividades económicos. Extraña dialéctica: se puede talar un bosque sin «perderlo» si es para producir, en el monocultivo industrial, «créditos de carbono», granulado, carbón vegetal o aceite de palma. Esta es la interpretación de Indonesia. Alberga uno de los tres grandes macizos de selva tropical. Poco a poco lo está arrasando para plantar palmeras. Había una moratoria, pero dos meses antes de la COP, Yakarta se negó a prorrogarla. El representante de Indonesia en Glasgow firmó «poner fin a la pérdida de bosques”, pero a continuación dijo lo siguiente: «obligar a Indonesia a lograr la deforestación cero para 2030 es del todo inapropiado e injusto» porque «el desarrollo no debe detenerse en nombre de las emisiones de carbono o la deforestación». Detener la pérdida de bosques, sí – detener la deforestación, no… En cuanto a los pueblos indígenas, el caso de Brasil habla por sí mismo: ¿es realmente necesario explicar por qué la firma del GFFP por el fascista Bolsonaro, que ha declarado la guerra a la selva amazónica y a los pueblos que la habitan, no tiene absolutamente ninguna credibilidad? [16]

Detrás de las promesas vacías, el poder soberano del Dios Mercado

El cielo de la COP se llenó de acuerdos de este tipo: abandono del carbón, coches eléctricos, cese de las inversiones transfronterizas en combustibles fósiles o cese de las inversiones en combustibles fósiles en territorio nacional. Algunos países incluso han anunciado con orgullo su intención de ecologizar su Defensa para «reducir su huella ecológica, especialmente en el ámbito energético» [17]. Es una pena que a veces el ridículo no mate, a diferencia de los ejércitos.

Todos estos acuerdos son promesas vacías. No son vinculantes, no contienen medidas concretas ni compromisos de los países, ni sanciones por incumplimiento. ¿Qué sentido tienen? Parte de la respuesta es que los gobiernos están aprovechando el foco de atención de la COP para darse una imagen verde y complacer a su opinión pública sin perjudicar los intereses de los capitalistas… [18] Pero esto nos lleva a una explicación de más calado: las promesas vacías están en sintonía con la ideología neoliberal, que en última instancia sólo conoce un responsable en la toma de decisiones: el Mercado, es decir, el beneficio, o sea, una minoría de accionistas.

El carbón y otros fósiles, un mensaje muy claro

Las tribulaciones para la aprobación del acuerdo de Glasgow sobre el carbón y otros fósiles son muy esclarecedoras. Primera versión (¡inspirada en el informe de la AIE!): la COP «pide a las Partes que aceleren el abandono del carbón y pongan fin a las subvenciones a los combustibles fósiles». Segunda versión: la COP «pide a las Partes que aceleren el desarrollo, el despliegue y la difusión de tecnologías y la adopción de políticas para la transición a sistemas energéticos con bajas emisiones de carbono, entre otras cosas, aumentando la proporción de generación eléctrica limpia y acelerando el abandono gradual de la generación eléctrica con carbón sin disminuir y la eliminación gradual de las subvenciones a los combustibles fósiles ineficientes». El aire se vuelve irrespirable, pero se sigue hablando de «salir» del carbón y «salir» de las subvenciones a los combustibles fósiles. Tercera versión: tras una intervención de la delegación india, en medio de la reunión de ratificación, se sustituye «acelerar la salida» por «acelerar los esfuerzos hacia la reducción» [19].

Hay que denunciar el papel del Gobierno de Modi. Pero es evidente que la India ha actuado no sólo a favor de todo el planeta del carbón, sino también a favor de todo el planeta fósil, y con el apoyo de todos los pistoleros capitalistas. Había muchos de estos últimos en la COP para asegurar, como dijo un gran patrón finlandés, que la conferencia «se centre en el crecimiento ecológico y no en la regulación, la limitación y la fiscalidad»[20].

Técnicamente, el alcance del artículo sobre los fósiles no es muy preciso. La «reducción de emisiones» es una noción vaga. Según la OCDE, «la reducción se refiere a una tecnología aplicada o a una medida adoptada para reducir la contaminación y/o su impacto en el medio ambiente». Según el G7, «la generación de energía con carbón sin reducción se refiere al uso de carbón que no está mitigado (sic) por tecnologías que reducen las emisiones de CO2, como la captura y el almacenamiento de carbono» [21].  Estas definiciones podrían abrir posibilidades más amplias para los capitalistas que la carísima captura y almacenamiento de carbono (CAC). Por un lado, la captura con uso (CCU), donde el COde las plantas de combustibles fósiles se utilizará en otras industrias para fabricar productos. De la que el gas acabará saliendo… a veces muy rápidamente (por ejemplo, las bebidas gaseosas). Por otro lado, si los gobiernos consideran la absorción de CO2 por parte de los bosques como una reducción de las emisiones (¡más adelante veremos que EE UU y la UE hacen precisamente esta amalgama!), entonces la reducción podría consistir simplemente en… plantar árboles.

Sin embargo, desde el punto de vista político, el mensaje es claro. En esencia, los magnates de la energía están diciendo lo siguiente a los gobiernos y a la gente:

– Dejen de soñar con salir de los combustibles fósiles. Lo que cuenta es el desarrollo de tecnologías verdes.

– No interfieran impidiéndonos explotar nuestras minas de carbón y abrir otras nuevas, ya somos bastante condescendientes aceptando sistemas para reducir el impacto del CO2.

– No se molesten en imponernos una proporción mínima de emisiones a reducir, o un método de reducción en lugar de otro.

– Si realmente quieren recortar las subvenciones a los combustibles fósiles, recorte las ineficientes, que no contribuyen a crear plusvalía [22].

Este es el mensaje que nuestros gobiernos ratificaron en Glasgow, sin ni siquiera ser consultados sobre su contenido final. Es una verdadera acto de fuerza de los [intereses] fósiles.

La fiebre hacia la neutralidad en carbono para 2050

El poder soberano del mercado –es decir, el beneficio, es decir, los accionistas– se expresa no sólo en los acuerdos, sino también en la prisa de los gobiernos por lograr la «neutralidad en carbono para 2050» (también conocida como «emisiones netas cero»). La Unión Europea, Estados Unidos, Sudáfrica, Brasil, Rusia, Japón, Arabia Saudí…: todos han planteado una estrategia. Cuanto más se acercaba Glasgow, más se multiplicaban las promesas de «carbono neto cero para 2050″… y, además, esas promesas consistían en sustituir la reducción de emisiones a corto plazo por hipotéticas absorciones de carbono a largo plazo. Mientras gritaban a los cuatro vientos que aspiraban a la «neutralidad en carbono» en 2050 [23], algunos gobiernos entregaban un plan nacional de reducción sin cambios o incluso inferior a la de 2015 [24]. Todo vale para crear confusión.

Climate Action Tracker (CAT) puso las cosas en su sitio al distinguir entre las políticas climáticas realmente aplicadas, los planes de reducción nacionales presentados, las promesas hechas en la COP y las estrategias para la «neutralidad en carbono para 2050» [25]. Como se ha dicho al principio de este artículo sobre la base de las políticas aplicadas, el aumento medio de la temperatura será de 2,7°C en 2100 (rango: +2 a +3,6°C). El panorama no mejora con la incorporación de los acuerdos y estrategias del «cero neto», sino todo lo contrario. En general, «ningún país ha puesto en marcha suficientes políticas a corto plazo para situarse en una trayectoria hacia el cero neto».

Esta conclusión general puede desarrollarse de la siguiente manera:

– con los objetivos de 2030, suponiendo que se cumplan, la proyección es de +2,4 (rango: +1,9 a +3°C);

– con los objetivos de 2030 y las promesas hechas durante la COP, suponiendo que se cumplan, la proyección es de +2,1 (rango: +1,7 a +2,6°C);

– con la promesa añadida de la «neutralidad en carbono» para 2050 («escenario optimista», según el informe…) la proyección es de +1,8 (rango +1,5 a +2,4°C). «Este escenario no es compatible con el Acuerdo de París» ya que «no descarta un calentamiento de +2,4°C».

Climate Action Tracker ha evaluado más a fondo las estrategias para una «neutralidad en 2050» [26]. Los investigadores eligieron diez parámetros y adoptaron un código de colores (de bueno a malo: verde, ámbar, rojo). Conclusiones: las estrategias de Chile, Costa Rica, Unión Europea y Reino Unido son aceptables; las de Alemania, Canadá, Estados Unidos y Corea del Sur son mediocres; las de Japón, China, Australia y Nueva Zelanda son pobres y todas las demás son incompletas (sobre todo Brasil, Sudáfrica, Rusia, Arabia Saudí…). Está claro que la mayoría de los gobiernos se han subido al carro de la «neutralidad en carbono» para maquillarse de verde y pasar desapercibidos en Glasgow.

Merece la pena analizar la evaluación de las estrategias de los países desarrollados y de China. La UE está en rojo en dos parámetros: el compromiso con la equidad sin claridad y la no distinción entre eliminación y reducción de emisiones. Alemania está dos veces en ámbar y tres en rojo: su «cero neto» no cuenta las emisiones de la aviación y el transporte marítimo internacionales, y no excluye la «compensación de carbono» fuera de las fronteras nacionales. Los mismos puntos rojos para Estados Unidos, que también confunde absorción y reducción, y cuyo compromiso con la equidad carece de claridad (¡no hay manera!). En cuanto a China, está en rojo en 6 parámetros y en ámbar en otros 3.

Este análisis confirma plenamente las denuncias de los ecosocialistas y otros activistas: cuando no son inexistentes o completamente huecas, las estrategias de «carbono neto cero para 2050» son incompletas y, en el mejor de los casos, profundamente sesgadas. Toda esa palabrería sobre el «carbono cero neto» sólo ha servido para aplazar hasta las calendas griegas el grueso de las 19 a 23 GtCO2eq cuya eliminación en los próximos ocho años determinará si podemos evitar o no superar los 1,5°C de calentamiento. Está claro que se trata de una estafa, y la causa de esta estafa es clarísima: evitemos toda restricción, toda regulación, toda planificación.

No decidamos nada, fundemos el Mercado que decidirá

El Vº Informe de Evaluación del IPCC lo afirma explícitamente: «Los modelos climáticos presuponen el pleno funcionamiento de los mercados y un comportamiento competitivo de los mismos» [27].  Este supuesto presupone a su vez la creación de un mercado con instrumentos de mercado. París, en su artículo 6, había adoptado el principio de un «Nuevo Mecanismo de Mercado» para asumir los mecanismos globales del Protocolo de Kioto. Una serie de conflictos intercapitalistas impidieron la realización de este principio en la COP25 (Madrid), que fracasó en esta cuestión. Pero, ‘¡aleluya!, Glasgow llegó a un acuerdo. Todas las partes (Estados, regiones, empresas) podrán comerciar con los derechos de contaminación. Estos pueden generarse en cualquier lugar del planeta a través de inversiones limpias, de plantaciones de árboles, conservando los bosques existentes, capturado y secuestrando el CO2 (CCS) y capturado y usando el CO2 (CCU).

Algunos de los conflictos a resolver: ¿cómo evitar el doble cómputo de los derechos de emisión (por parte del vendedor y del comprador)?, ¿serán convertibles al nuevo sistema los derechos generados en Kioto (la mayoría de estos derechos no corresponden a reducciones reales de emisiones)?, ¿se gravará el comercio de derechos para ayudar a los países del Sur global a hacer frente a las «pérdidas y daños» que están sufriendo como consecuencia del calentamiento global? [28] No hay espacio suficiente para examinar todo esto en detalle. En general, «los mecanismos del artículo 6 crean tantas artimañas que podrían eliminar cualquier oportunidad que quede para llevar al mundo a la senda de los 1,5°C» [29]. Puede que las decisiones tomadas por la COP no sean suficientes para evitar la doble contabilidad. El compromiso alcanzado sobre los antiguos derechos -los generados en 2013 y que después serán convertibles- es una victoria para los mercaderes del aire caliente (“Hot air”, las falsas reducciones). Sobre todo, en el Brasil de Bolsonaro, que tiene muchos.

El siguiente paso será diseñar una lista de inversiones limpias generadoras de derechos. La lista de la Unión Europea («Taxonomía», en la jerga) se fijará para finales de año. Hay mucho en juego: la taxonomía allanará el camino de las finanzas verdes. Pregunta en suspensión: ¿se incluirá la energía nuclear? Definirla como energía sostenible sería un absoluto disparate. Lo único sostenible de esta tecnología son los residuos con los que nadie sabe qué hacer. Contaminará el medio ambiente durante decenas de miles de años o más. Pero… el mercado es fantástico. China, por ejemplo, tiene previsto construir 150 reactores. Desde un punto de vista capitalista, que lo pone todo patas arriba (como decía Marx), sería un absoluto despropósito desaprovechar este pacto… fuente de beneficios duraderos. Encabezados por Francia, diez países hacen campaña para que la energía nuclear se incluya en la Taxonomía. Otros cinco se oponen, entre ellos Alemania. ¿Quién ganará? Suspense hasta que se decida… [30]

Financiación climática: ¡pobres, intenten ser atractivos para los inversores!

El colmo de esta lógica criminal se alcanza cuando se aborda la financiación climática. Tiene dos componentes: flujos públicos y flujos privados. El primero se subdivide a su vez en dos subcomponentes: los Fondos Verdes y la indemnización por pérdidas y daños. En la COP, todo este paquete fue objeto de una jornada plenaria: ¡bienvenidos al Día de las Finanzas!

Sobre el tema de los Fondos Verdes, el presidente de la mesa (ministro de finanzas británico) dijo en esencia lo siguiente: de acuerdo, el Norte no ha cumplido su promesa. Lo siento. Pero estamos en 80.000 millones, llegaremos a los cien a partir de 2023, entonces superaremos el objetivo y eso compensará el déficit de los años anteriores. Este señor no dijo que sólo 20.000 millones del Fondo Verde corresponden a subvenciones. El resto son préstamos. El acuerdo promete duplicar la financiación para la adaptación al calentamiento global a partir de 2025, pero sin garantías. Un comité de la ONU informará el año que viene sobre los avances hacia el objetivo de 100.000 millones de dólares anuales. La cuestión principal es que el Sur se ve amenazado por una nueva espiral de endeudamiento.

El tema de las pérdidas y daños es, con diferencia, aún más explosivo. Tomemos el ejemplo de Somalia. Ha contribuido al cambio climático histórico en un 0,00026%…, pero está sufriendo repetidas sequías, claramente atribuibles al calentamiento. En 2020, 2,9 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria grave. La ayuda internacional es muy insuficiente. Kenia, Etiopía, Sudán y Uganda viven el mismo drama [31]. ¿Quién pagará? ¿Y quién pagará las futuras catástrofes? La ONG Christian Aid calcula que, si no se modifican las políticas, el cambio climático hará que el PIB de los países más pobres se sitúe en un -19,6% en 2050 y un -63,9% de media anual en 2100. Si limitamos el cambio climático a 1,5°C, estas cifras serían de -13,1% y -33,1% [32] respectivamente.  La factura por pérdidas y daños se elevará rápidamente a varios miles de millones. El principio de financiación por parte de los países ricos está consagrado en la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, pero los gobiernos imperialistas se niegan a respetarlo.

Se supone que la solución milagrosa vendrá de la financiación privada. Mark Carney, ex de Goldman Sachs, exdirector del Banco de Inglaterra, presidente del Consejo de Estabilidad Financiera del G20, ha sido nombrado por la ONU enviado especial para la financiación climática. Justo antes de la COP, reunió a varios componentes de las finanzas verdes en la Alianza Financiera de Glasgow para el Net Zero (GFanz). El GFanz está dirigido por 19 directores generales de grandes empresas financieras, entre ellos Brian Moynihan, del Bank of America, Larry Fink, del BlackRock, Jane Fraser, del Citigroup, Noel Quinn, del HSBC, Ana Botín, del Santander, y Amanda Blanc, del Aviva. Su objetivo es proporcionar «un foro dirigido por profesionales para que las empresas financieras colaboren en cuestiones sustantivas y transversales que aceleren la alineación de las finanzas con la red cero y apoyen los esfuerzos de todas las empresas, organizaciones y países para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París»[33].

En la COP, GFanz fue la estrella el Día de las Finanzas. El consorcio está valorado en 130.000 millones de dólares. El ministro de Hacienda inglés que presidía la jornada trató de engatusar a todo el mundo alabando este «muro histórico de capital», dispuesto a acudir al rescate del planeta y su clima. Traducción: dispuestos a financiar inversiones limpias, carbón limpio, hidrógeno verde, plantaciones de árboles, conservación de los bosques existentes, captura y secuestro de CO2 (CCS), captura y utilización de CO2 (CCU). Todo tipo de lavado de cara [greenwashing] es bueno, siempre que sea rentable. Porque las condiciones son bastante claras: «Para ello, los inversores necesitan tanta claridad como en las medidas financieras tradicionales de pérdidas y ganancias»[34]. Pobres, traten de ser atractivos para los inversores…

La ONG Reclaim Finance arrancó la máscara verde de estas finanzas. A groso modo: El punto de referencia de GFanz (los criterios «Race to Zero» de la ONU) no menciona los fósiles; a los miembros de la Alianza no se les exige que reduzcan sus emisiones indirectas (las denominadas «Scope 3», que suponen alrededor del 88% de las emisiones del sector fósil); ninguna obligación de reducción en cifras absolutas, basta con una medida de intensidad de carbono; ninguno de los socios del GFanz prohíbe o limita el recurso a la compensación; a mediados de octubre de 2021, 34 de los 58 miembros de la Alianza de Propietarios de Activos (uno de los componentes del GFanz) no ponían ninguna restricción a la inversión en fósiles…[35]

Unos meses antes de la COP21 François Hollande inauguró la cumbre empresarial sobre el clima en París diciendo: «Las empresas son esenciales porque son las que van a traducir, a través de los compromisos que se asuman, los cambios que serán necesarios: la eficiencia energética, el aumento de las energías renovables, la capacidad de transportarse con una movilidad que no consuma energía [¡sic!], el almacenamiento de energía, el modo de construcción de los hábitats, la organización de las ciudades, y también la participación en la transición, en la adaptación de los países que se están desarrollando»[36].

Aquí sólo podemos copiar la interpretación de esta afirmación en Demasiado tarde para ser pesimistas: « Queridos y queridas capitalistas, os ofrecemos el planeta, las ciudades y los bosques, los suelos y océanos, os ofrecemos incluso el mercado de la adaptación de los países del Sur a la catástrofe que les imponéis; todo es vuestro, tomadlo: éste es el mensaje”.

Desde el punto de vista del capital, es un error decir que la COP26 es un bla-bla-blá. Es más bien una apoteosis monstruosa del neoliberalismo. Esta cumbre ha dado un paso importante en el camino hacia la mercantilización total de la Tierra, sus ecosistemas y sus habitantes. En beneficio de las finanzas y a expensas del pueblo.

A modo de conclusión

Todos (o casi todos) los dirigentes políticos lo reconocen: la urgencia es máxima, el riesgo es inconmensurable, no hay tiempo que perder. Y, sin embargo, de una COP a otra, a pesar de la luz que arroja «la mejor ciencia», se pierde el tiempo y se acelera la marcha hacia el abismo. Esta realidad aberrante, alucinante y aterradora no proviene de la imbecilidad de tal o cual funcionario, ni de la conspiración de fuerzas ocultas: proviene de las leyes fundamentales del Capitalismo, y estas leyes también corrompen la «mejor Ciencia». Basado en la competencia por el beneficio, este modo de producción obliga a millones de capitalistas, so pena de muerte económica, a tomar en cada instante millones de decisiones de inversión que tienen como objetivo aumentar la productividad del trabajo a través de las máquinas. La caída resultante de la tasa de ganancia se compensa con un aumento de la masa de bienes producidos, un aumento de la explotación de la fuerza de trabajo y un aumento de la explotación de otros recursos naturales. Este sistema funciona como un autómata fuera de todo control. Lleva consigo, como una nube, no sólo la guerra -como dijo Jaurès- sino también el potencial de desarrollo ilimitado, el crecimiento ilimitado de la desigualdad y una mayor destrucción ecológica ilimitada.

Hay que repetirlo con fuerza: existe un antagonismo insuperable entre la prolongación de este sistema y la salvaguarda del planeta como entorno propicio para la vida y la humanidad. Por tanto, como hizo Lenin cuando estalló la guerra en 1914, para empezar, debemos, independientemente de la relación de fuerzas, atrevernos a hacer un diagnóstico claro: la situación es objetivamente revolucionaria. Con la COP de Glasgow se inicia un breve ciclo de advertencias cada vez más urgentes: o la convergencia de las movilizaciones sociales permite empezar a salvar la enorme distancia entre esta situación objetiva y el nivel de conciencia de los explotados y oprimidos (el factor subjetivo), o el autómata nos conducirá cada vez más a una barbarie de proporciones inéditas.

Notas:

[1] Promesas realizadas en la COP de Cancún (2010=

[2] .https://www.ipcc.ch/sr15/

[3]https://www.pnas.org/content/115/33/8252

[4] IEA, « Net Zero in 2050. A Roadmap for the Energy Sector », https://www.iea.org/reports/net-zero-by-2050  

[5] Gigatoneladas de gas de efecto invernadero calculados como si todo ese gas CO2

[6] Glasgow’s 2030 credibility gap , https://climateactiontracker.org/publications/glasgows-2030-credibility-gap-net-zeros-lip-service-to-climate-action/

[7] .https://www.youtube.com/watch?v=iW4fPXzX1S0

[8] “ COP26: oil prce soars even as the world turns against fossil fuel”, Financial Times, 4/11/2021

[9] Tanuro, Daniel (2018) Demasiado tarde para ser pesimistas. Sylone-viento sur.

[10] .https://ozone.unep.org/treaties/montreal-protocol-substances-deplete-ozone-layer/text

[11] .https://public.wmo.int/en/media/news/scientific-assessment-confirms-start-of-recovery-of-ozone-layer

[12] El podeer de radiación del gas es su capacidad para absorver y radiar la radiación infrarroja emitida por la Tierra y contribuir así al efecto invernadero que hace que el planeta sea apto para la vida.

[13] Daniel Tanuro, “L’accord de Kigali sur le climat : de l’arbre des HFC à la forêt du CO2 , http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article39236

[14] A corto plazo, el poder radiativo del metano es 80 veces mayor que el del CO2. Pero el metano se elimina rápidamente de la atmósfera (por reacción química con el oxígeno). Durante cien años, se calcula que su poder de radiación es 30 veces superior al del CO2.

[15] .https://ukcop26.org/the-global-forest-finance-pledge/

[16] “Will the COP26 global deforestation pledge really save forests?”, Kieran Mulvaney, National Geographic, 5/11/2021.

[17]https://www.dhnet.be/actu/monde/vingt-deux-pays-dont-la-belgique-s-engagent-a-cooperer-pour-adapter-leurs-armees-au-changement-climatique-618e96749978e25ff06207d9? 

[18] Por ejemplo, Francia se enorgullece de haberse unido a la coalición Beyond Gas and Petrol (BOGA). Junto con otros once países (muy pocos productores), promete dejar de extraer petróleo o gas… en su territorio. Se abstiene de la coalición entre Gran Bretaña y otros países, que prometen no poner más dinero público fuera de sus fronteras en instalaciones de combustibles fósiles sin reducción. La ausencia de Francia en esta última coalición, y la de Gran Bretaña en la primera, se ve clara por los vínculos entre París y Total, por un lado, y los intereses fósiles de Londres en el Mar del Norte, por otro.

[19] Véase la investigación de Global Witness sobre los cientos de pistoleros de los combustibles fósiles en la COP https://www.globalwitness.org/en/press-releases/hundreds-fossil-fuel-lobbyists-flooding-cop26-climate-talks/. Lea también «In Glasgow, COP26 Negotiators Do Little to Cut Emissions, but Allow Oil and Gas Executives to Rest Easy», Climate News, 12/11/2021: «Los representantes de Royal Dutch Shell y Chevron participaron bajo las banderas de las delegaciones nacionales o de los grupos industriales. Arabia Saudí y otros petroestados llevaron a delegados de sus compañías petroleras. La delegación canadiense incluía un representante de Suncor, uno de los principales productores de arenas petrolíferas del país».

[20] Financial Times, 11/11/2021

[21] https://www.e3g.org/news/explained-what-does-unabated-coal-mean/

[22] La subvención pública al gasóleo de calefacción que existe en Bélgica, por ejemplo, es completamente ineficiente,

[23] 2060 para Chinem, 2070 para India.

[24] Carbon Action Tracker, op. cit.

[25] Climate Action Tracker, «Glasgow’s 2030 credibility gap: net zero’s lip service to climate action. Wave of net zero emission goals not matched by action on the ground », https://climateactiontracker.org/publications/glasgows-2030-credibility-gap-net-zeros-lip-service-to-climate-action/

[26] Climate Action Tracker, « Net zero target evaluations », https://climateactiontracker.org/global/cat-net-zero-target-evaluations/

[27] AR5, GT3, Chap 6, p. 422

[28] Financial Times, 11/11/2021.

[29] Comunicado de CLARA (Climate Land Ambition and Rights Alliance), https://globalforestcoalition.org/climate-land-ambition-and-rights-alliance-statement-on-closing-of-cop-26/

[30] https://www.francetvinfo.fr/monde/environnement/cop26/cop26-cinq-pays-europeens-denoncent-le-classement-par-l-ue-du-nucleaire-comme-investissement-vert_4841371.html?fbclid=IwAR0rbRHrB9DGy-XHuKowtvAUWzXNETVmmT3fnxX_eajhROQVTn01dtkcnvY

[31] .https://www.oxfam.org/fr/changement-climatique-cinq-catastrophes- naturelles-qui-demandent-une-action-durgence  

[32] https://mediacentre.christianaid.org.uk/climate-change-could-cause-64-gdp-hit-to-worlds-vulnerable-countries/

[33] .https://www.globalcapital.com/article/299y63wwjw04h50dqpds0/sri/gfanz-becomes-new-oversight-body-for-climate-finance  

[34] https://inews.co.uk/news/politics/cop26-rishi-sunak-unveils-130-trillion-commitment-to-help-developing-nations-fight-climate-change-1281644

[35] https://reclaimfinance.org/site/wp-content/uploads/2021/11/FINAL_GFANZ_Report_02_11_21.pdf

[36] www.elysee.fr/declarations/article/discours-lors-de-l-ouverture-du-sommet- des-entreprises-pour-le-climat-unesco/ .

Texto original: https://alencontre.org/laune/apotheose-neoliberale-la-cop26-fonde-le-marche-mondial-de-lincendie-et-loffre-aux-incendiaires-capitalistes-au-detriment-des-peuples.html




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