Mostrando entradas con la etiqueta Biodiversidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biodiversidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de julio de 2026

Un planeta habitable es posible, pero para ello debemos enfrentarnos a los más ricos





Traducido del neerlandés por el autor



El futuro no tiene por qué ser caos climático y destrucción social. El «Global Justice Report», elaborado entre otras personas por Thomas Piketty, ofrece una alternativa concreta, pero una que se enfrenta frontalmente al poder de los multimillonarios.

El Global Justice Report traza una senda de transición esperanzadora y concreta para la humanidad desde 2026 hasta el año 2100. La conclusión principal es sencilla: es posible unir el bienestar para todos con una Tierra habitable. Pero esa transformación se apoya en tres pilares igualmente importantes.

En primer lugar, es necesaria una rápida descarbonización de nuestros sistemas energéticos. En segundo lugar, debemos pasar drásticamente al principio de «suficiencia»: suficiente para vivir bien sin sobrecargar el planeta. Eso significa menos horas de trabajo, una huella material más pequeña y otros patrones de consumo. En tercer lugar, se debe abordar la desigualdad mundial de forma drástica y estructural, tanto entre países como dentro de ellos.

Esa reducción de la desigualdad no es simplemente una idea socialmente deseable. Es una condición para poder financiar las inversiones climáticas necesarias y mantener el apoyo social a una transformación semejante. Sin igualdad no hay futuro habitable.

El informe se publicó en junio de 2026 y está escrito por un equipo central de siete investigadores, entre ellos los conocidos economistas Thomas Piketty y Lucas Chancel. Es una iniciativa colectiva del World Inequality Lab y se basa en datos recogidos por más de 200 científicos en todo el mundo.

Cinco mil euros al mes

¿Qué propone concretamente el informe? El plan prevé que el ingreso mensual medio por persona en cada país llegue a 5.000 euros en 2100. Hoy todavía se abre una brecha que va desde los 290 euros en el África subsahariana hasta los 4.590 euros en Norteamérica. Un ingreso mundial de 60.000 euros al año se convierte en la nueva normalidad.

Esa convergencia de ingresos va acompañada de una verdadera revolución en la distribución de la riqueza. La parte del 50 % más rico de la población mundial en la riqueza total desciende del 6 % al 0,05 %. Al mismo tiempo, la parte de la mitad inferior sube del 2 % hasta nada menos que el 30 %. Casi el 90 % de la población mundial duplica sus ingresos.

Trabajar menos, vivir más

Una de las propuestas más llamativas es la reducción drástica del tiempo de trabajo. Mientras que ahora trabajamos de media en todo el mundo 2.100 horas al año, debería bajar a 1.000 horas en 2100. Es una tendencia histórica que podemos continuar, aunque exige una fuerte movilización colectiva.

El tiempo ganado no se llena simplemente con no hacer nada. El plan prevé un desplazamiento desde los sectores materiales hacia sectores más inmateriales como la educación y la sanidad. La parte de las horas de trabajo mundiales dedicada a estos sectores sube del 11 % al 43 %. Países como Noruega y Suecia ya muestran que es alcanzable.

A ello se suma también la aspiración a una igualdad de género completa: igual participación laboral, iguales horas de trabajo remunerado y no remunerado, e igual salario. Eso significa una redistribución fundamental del poder y del tiempo, vinculada a menores diferencias de ingresos.

El mundo se enfría

El plan muestra que podemos limitar el calentamiento a 1,8 °C en 2100. Eso es bastante mejor que los más de 4 °C que nos esperan si no hacemos nada. La combinación del principio de suficiencia (trabajar y consumir menos) y una rápida transición energética es el único camino.

Esa transición exige una inversión del 3 al 4 % del PIB mundial al año durante las próximas tres décadas. Ese dinero debe venir sobre todo de los ricos globales, que se han beneficiado de manera desproporcionada del crecimiento económico y cargan con una gran responsabilidad por las emisiones históricas.

Importante: el plan no opta por una simple contracción de la economía. Un desplazamiento dirigido hacia sectores menos materiales y otra producción de alimentos es más efectivo que una reducción general del bienestar. Así, un nivel de bienestar de 60.000 euros por cabeza puede combinarse con un aumento de temperatura menor que en una contracción general.

Fondo Mundial de Justicia

El motor detrás de esta transformación es el Global Justice Fund (GJF). Esta nueva institución internacional debe recaudar y gestionar los ingresos de impuestos mundiales sobre la riqueza y los ingresos. Esos impuestos afectan solo al 1 % más rico de la población mundial y se suman a los impuestos nacionales.

El fondo paga dividendos nacionales sobre la base de cantidades iguales por habitante. Para los países pobres eso puede llegar hasta el 9 % de su PIB, mientras que para los países ricos es solo del 2 al 3 %. Sin embargo, esos dividendos no carecen de un compromiso: están vinculados a condiciones estrictas en materia de clima, educación, salud y desigualdad.

Los gastos anuales del fondo ascienden de media al 10,3 % del PIB mundial. Es una cantidad gigantesca, comparada con el 0,4 % actual que va a la ayuda al desarrollo. Pero el desafío también es inédito: solo las inversiones climáticas ya requieren entre el 3 y el 4 % del PIB.

La mayoría gana, una pequeña parte pierde

¿Quién se beneficia ahora de este plan? Una mayoría abrumadora: el 89 % de la población mundial duplica sus ingresos. En el Sur global llega incluso al 95 o 98 % de la población. En el Norte se beneficia entre el 85 y el 95 %. Solo una pequeña minoría, principalmente los ricos, ve caer sus ingresos.

Si también contabilizamos el valor del tiempo libre y de un planeta habitable, sale ganando más del 99 % de la población mundial. Aun así, el plan chocará con una fuerte resistencia, no solo de los multimillonarios. También una parte de la clase media en los países ricos puede oponerse a la elección de más tiempo libre en lugar de más consumo.

Orden mundial democrático

La ejecución de este plan requiere una democratización fundamental de las instituciones internacionales. Europa y Norteamérica tienen hoy cuatro veces más derecho de voto en el FMI y el Banco Mundial que su proporción de la población. El plan aboga por un voto por persona: una transición de la plutocracia mundial a la democracia mundial.

Eso significa también el fin de los «privilegios exorbitantes» de los países ricos, que ahora se benefician de rendimientos más altos sobre sus posesiones extranjeras que los que pagan por sus deudas. Una nueva moneda internacional y una Unión Internacional de Compensación deben poner fin a eso, y obligar no solo a los países deudores, sino también a los países con grandes superávits, a ajustar su economía.

Déficits

El informe es único y muy importante porque es el primer intento de presentar un plan completamente cuantificado. Combina la redistribución a escala mundial, la reforma del orden financiero, la transición energética y los cambios en el consumo. Mientras que los escenarios climáticos tradicionales, como los del IPCC, separan estas cosas, este modelo las reúne. En cuanto a material estadístico, el informe es monumental.

Según las tendencias macroeconómicas actuales, el mundo se dirige hacia un calentamiento catastrófico de más de 4 °C. El modelo integral propuesto consigue limitar el calentamiento a 1,8 °C para 2100. Con ello, el informe ofrece una alternativa científica realista al capitalismo contemporáneo destructivo.

Aun así, el informe contiene una serie de déficits fundamentales. El primero es que la línea de tiempo no es suficientemente urgente. El Global Justice Report apunta a grandes cambios de cara a 2100. Eso lo hace ambicioso sobre el papel, pero al mismo tiempo también muy lento, vista la urgencia climática, la crisis social y la destrucción ecológica que ya están en marcha hoy.

Para miles de millones de personas en la pobreza, para los países que ya son golpeados por desastres climáticos y para ecosistemas que están al borde del colapso, 2100 no es un horizonte tranquilizador. La pregunta no es solo si un mundo justo es posible, sino por qué no debe ser impuesto mucho más rápidamente.

Un segundo punto débil del informe es que apuesta sobre todo por la redistribución de la riqueza, pero toca poco o nada las causas del problema. Gravar a los multimillonarios y redistribuir la riqueza está bien y es necesario, pero mientras las grandes empresas, bancos, compañías energéticas y gigantes tecnológicos sigan controlando las decisiones de inversión, la economía seguirá girando en torno al beneficio en lugar de las necesidades sociales y ecológicas.

El hecho de centrarse en los impuestos, la redistribución y los fondos públicos no cambia nada de las relaciones de propiedad ni de la lógica del beneficio que causa y agranda estructuralmente la brecha entre ricos y pobres, y hace degenerar el clima. Aun siendo importantes, estas medidas permanecen atrapadas dentro de la misma lógica de sistema que ha causado los problemas actuales y los seguirá causando.

Un tercer déficit es el débil análisis del poder. El informe demuestra de manera técnicamente convincente que un mundo más justo es posible, pero sigue siendo mucho más vago sobre quién tiene el poder para imponerlo. Según el profesor Duncan Green, de la London School of Economics, el informe no ofrece una teoría del cambio convincente.

Un núcleo dominante de 147 empresas posee conjuntamente, a través de ramificaciones en otras empresas, el 40 % de la riqueza mundial. 737 empresas poseen el 80 % de la riqueza total. Estos gigantes, las empresas fósiles y las élites financieras no cederán voluntariamente su enorme poder porque un informe demuestre que otro mundo sería mejor y necesario.

Para eso hace falta un contrapoder organizado: sindicatos, movimientos sociales, movimientos climáticos, partidos políticos, huelgas, boicots y solidaridad internacional.

El Global Justice Report es fuerte como brújula matemática y moral, pero más débil como estrategia de lucha. Entre lo «posible» y la «realidad» están la lucha de clases, la geopolítica, la fuga de capitales, la extrema derecha, los intereses fósiles, las economías de guerra y la débil solidaridad internacional. Quien quiera un planeta habitable y una vida digna para todos no solo debe demostrar que es posible. También tendrá que organizar el poder para imponerlo.

Se habla ciertamente de una sociedad civil organizada, pero sin analizar concretamente qué coaliciones, organizaciones y relaciones de poder son necesarias para imponer el cambio propuesto.

Con ello, el informe sigue siendo en parte tecnocrático. Los impuestos, las reformas institucionales y los procedimientos democráticos son necesarios, pero no bastan si siguen funcionando dentro de la misma lógica de sistema que ha causado la crisis. El informe muestra que un futuro mejor sí es matemáticamente posible, pero la pregunta abierta es cómo se construirá la fuerza social para hacer realidad también ese futuro.

El Global Justice Report es importante porque muestra que el futuro no está fijado. Sin embargo, el camino hacia él es menos claro que los propios cálculos. El verdadero desafío no reside solo en diseñar medidas justas, sino en quebrar el poder que hoy las impide. Todavía queda mucho trabajo por hacer.

Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/07/07/een-leefbare-planeet-kan-maar-dan-moeten-we-de-rijksten-aanpakken




Para mayor información comunícate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

miércoles, 19 de noviembre de 2025

«Los bosques son los únicos que nos van a salvar del calentamiento global»

El botánico italiano que mostró que las plantas sienten y tienen inteligencia insiste en que “hace un siglo que debería ser el momento de los bosques. Necesitamos plantar un billón de árboles”

Entrevista al neurobiólogo Stefano Mancuso

Si hay cada día más personas que, al mirar alrededor, son capaces de ver, distinguir y apreciar las plantas como seres vivos de un valor casi incalculable es, en gran parte, gracias al botánico italiano Stefano Mancuso (Catanzaro, 1960). Seres inteligentes y sensibles “de los que dependemos”, explica Mancuso. “Todo lo que comemos. El oxígeno que respiramos. Literalmente dependemos de ellas”, aclara el científico justo después de recoger en Madrid el galardón a la Personalidad Ambiental de los premios Ecovidrio.

Mancuso, que lleva décadas dedicado a abrir los ojos de la sociedad y curarla de la llamada ceguera de las plantas, no solo habla con pasión de la flora, sino que tiene claro que son la solución para sacar a la humanidad del atolladero en el que se ha metido al provocar el cambio climático. En conversación con elDiario.es, el científico desgrana las fórmulas con las que las plantas pueden ayudarnos y cómo nos enseñan que cuidarnos en comunidad es “más eficiente para sobrevivir” que dar la batalla cada uno por su lado.

Ahora estamos en plena Cumbre del Clima, la COP30 de Brasil, y el presidente del país, Lula da Silva, ha dicho que esta va a ser, o debe ser, la cumbre de los bosques ¿Es posible algo así?

De hecho hace un siglo que debería ser el momento de los bosques. No sé si será la cumbre de los bosques, pero así lo espero. Porque, para seguir en Brasil, y hablando de Lula, el bosque de la Amazonia está a punto de desaparecer. Si continúan talando porciones de bosque al ritmo actual, dentro de cuatro años, la Amazonia estará condenada a desaparecer y convertirse en otra cosa con consecuencias en el clima mundial.



¿A qué consecuencias se refiere?

La Amazonia es el motor de la lluvia de toda Latinoamérica. Así que si eliminas la Amazonia, todo va a cambiar a nivel planetario porque –¿cómo lo diría?– La mayoría de las nubes que viajan por el mundo están producidas por la Amazonia. Así que sí: este es el momento de los bosques en el sentido de que no podemos permitirnos más talas de árboles. Al contrario, deberíamos replicar los bosques que hemos creado en los últimos años. La clave no está tanto en no cortar más árboles, sino en replantar, al menos, un billón de árboles. Sé que parece un número increíble, pero es lo que necesitamos.

La reforestación es a menudo presentada como un arma poderosa contra el cambio climático, pero en otras ocasiones –como por ejemplo en España tras la ola de incendios forestales del verano pasado– parece que los bosques fueran un enemigo porque arden. Y se habla de limpiar de sotobosque…

El enemigo es el calentamiento global. En España se dio un número loco de incendios forestales no por casualidad, sino por el calentamiento global. Por supuesto esto no afecta solo a España. Luego puede venir Italia y luego Alemania. Hoy, en Europa, los árboles no mueren porque se los tale, mueren derribados por el viento y quemados en incendios. Hace solo unos años registramos en Italia 20 millones de árboles muertos por el viento, algo que era inimaginable antes. Y estos fenómenos extremos son consecuencia del calentamiento global. Los bosques son los únicos que nos van a salvar de ese calentamiento así que debemos multiplicar su superficie muchas, muchas veces.

¿Cómo nos salvan?

Esto es primordial y mucha gente no lo sabe: los bosques son la única cosa que capta CO₂ de la atmósfera. El calentamiento global está producido por los gases de efecto invernadero (sobre todo el CO₂) que atrapa el calor del planeta por lo que, además de dejar de emitir gases, debemos reducir la cantidad de ese CO₂ en la atmósfera que ya es un montón. Lo único que actualmente podemos hacer para quitar CO₂ es captarlo con árboles. Absorben ese gas y de una manera tan eficiente que ninguna otra tecnología puede ni soñar. Por cada euro invertido en plantar, fijamos mil veces más carbono que cualquier otra tecnología.

¿Son la mejor máquina de secuestro de carbono a pesar de todo lo que se habla de nuevas técnicas o desarrollos?

La mejor por mucho. Es que no hay nada ni siquiera similar en el mundo de la tecnología humana.

En este sentido, el último Global Carbon Budget ha calculado que todas las tecnologías humanas juntas absorben en 2025 unos 0,008 millones de toneladas de CO₂, mientras que los bosques están captando más de dos millones de gigatoneladas, es decir, más de 2.000 millones de toneladas.

¿A pesar de esa dimensión gigantesca como captadores de gas, nos dan más servicios para aplacar la crisis climática?

Claro. Los bosques no se quedan ahí, nos ofrecen otros beneficios. Por ejemplo reducen la temperatura. Cuando tenemos un bosque cercano a las ciudades donde pasamos la mayoría de nuestras vidas, la transpiración de agua que producen los árboles rebaja de manera increíble la temperatura.

¿Hasta cuánto?

Los parques o los bosques urbanos la bajan hasta tres o cuatro grados en comparación con sus alrededores. ¿Por qué? Porque al evapotranspirar el agua, las plantas absorben calor, es un principio químico: para transformar agua líquida en vapor necesitan energía así que al hacer ese proceso absorben energía, es decir, calor y hacen que la temperatura caiga.

La secuencia lógica es que, si el calentamiento global hace que las ciudades se vuelvan islas de calor con temperaturas dañinas, tener más plantas en las ciudades es una estrategia ganadora para aliviar esas olas, ¿no?

Y, sin embargo, ninguna ciudad en Europa está haciendo lo necesario que es quitar, al menos, el 20% de la superficie en favor de las plantas. Hay algunas ciudades que están haciendo cosas como Barcelona o Copenhague, pero no es suficiente.

¿Y esa superficie a que se dedicaría?

A transformarlas en bosque porque, si no, no hay espacio suficiente para los árboles necesarios para mitigar la temperatura en las ciudades. Y no solo se trata del calor. Esas plantas también se van a quedar con el exceso de CO₂, ya que el 80% de este gas se produce en las ciudades. Si fuéramos capaces de crear ese gran bosque europeo que absorbiera gran parte del CO₂, supondría una gran ayuda en la lucha climática a una escala planetaria.

Otro de los impactos del cambio climático que en países como España, Italia o Grecia ya estamos padeciendo es la multiplicación y empeoramiento de las sequías y las plantas también pueden echar una mano en esto.

Desde luego. Podemos decir que los bosques generan agua para nosotros. Y esta es una cuestión interesante porque una de las críticas que suelo escuchar cuando hablo de plantar billones de árboles en Europa es que no hay agua suficiente. Y es absolutamente al contrario.

¿Cómo al contrario? ¿No necesitan agua?

Quiero decir que, cuando plantas un gran número de árboles nuevos y les provees de agua durante los primeros tres años de su vida para que crezcan –tres años–, luego ya se convierten en autónomos. Continúan su vida. Son capaces de crear su clima. Eso es lo increíble de los árboles: crean sus propias nubes.

Los bosques son capaces de crear su clima. Eso es lo increíble de los árboles: crean sus propias nubes

Hace unos años hicimos unos estudios muy serios para Arabia Saudí en los que se mostraba que, en lugar de gastar esa cantidad ingente de dinero en proyectos estúpidos como una ciudad alargada en el desierto, deberían reforestar la península arábiga porque, por mucho menos, cambiarían el futuro no solo de su país, sino del mundo. Con la cantidad adecuada de agua, y ellos no tienen problemas para conseguir el agua que necesitan con desalinizadoras, podrían reforestar el país y transformar su clima hasta convertirse en un paraíso tropical. Y absorberían tal cantidad de CO₂ que cambiarían el futuro del planeta.

¿Cuánto depende el futuro de la humanidad de las plantas?

El 100% del futuro de nuestra especie depende de los bosques. Ellas no están en peligro en el sentido de que han vivido 500 millones de años. Los que estamos en peligro, como especie, somos nosotros. La humanidad tiene 300.000 años, pero la invasión a base de la agricultura comenzó hace unos 12.000 años. En solo ese tiempo hemos talado la mitad de los árboles que había. Y en los dos últimos siglos 20.000 millones de árboles. Es una locura. Y si seguimos a este ritmo haremos del planeta una isla de Pascua donde, al acabar con los árboles, se quedaron sin recursos.

¿Qué podemos aprender los humanos de las plantas en cuanto a adaptarnos al cambio climático?

Un montón. Nosotros creemos que somos la única especie inteligente del planeta, pero si la inteligencia consiste en resolver problemas, los humanos no los resolvemos, en realidad lo que hacemos es escapar del problema. Nos alejamos de los problemas, pero estos permanecen. Las plantas no pueden hacer eso. Es imposible así que necesitan resolver verdaderamente las situaciones porque no pueden escapar.

¿Puede ejemplificar?

Las plantas son tan diferentes a nosotros que nos cuesta comprender cómo funcionan, pero hay unos cuantos principios importantes. Uno de ellos es su concepto de comunidad. Las plantas viven en comunidad, no son un individuo único. Cuando entras en un bosque no estás caminando entre un grupo de árboles diferenciados, estás ante un único superorganismo. Cada árbol está relacionado con el otro. Están conectados por redes subterráneas. Y mediante esas redes se comunican y por ellas viajan desde el agua hasta los nutrientes. Todo.

Suena a una especie de altruismo vegetal.

La comunidad de los árboles cuida a cada individuo y sus necesidades sin pedir nada a cambio. Y no lo hacen porque tengan una moral, o sean buenos o por ética. Lo hacen porque es la manera más eficiente de sobrevivir como especie. Así que, lo primero que deberíamos aprender de las plantas es a crear una comunidad sólida.

Así que una de las lecciones sería: estad juntos en lugar de ser salvajemente individuales.

La modernidad trata sobre todo de la individualidad. Sobre personas en singular. Y, con el paso del tiempo, estamos perdiendo una de las cosas más importantes para la supervivencia de la especie que es que la comunidad es lo crucial, no un individuo u otro. Durante mucho tiempo los humanos hemos actuado teniendo en la cabeza el futuro de la humanidad, pero en las últimas décadas eso ha cambiado y los grupos ya no son lo importante. Eso es un gran problema.

Mientras tanto, en la naturaleza prolifera lo contrario.

No hay especies en las que los individuos se imponen a la especie. Por ejemplo, ahora si le proponemos un problema a una inteligencia artificial creada por humanos –con su manera de pensar–, nos devolverá una solución pensada para un individuo y esto es un error. Si buscas una solución para uno solo o buscas una para toda la especie, las respuestas van a ser completamente diferentes. Al apostar por solventar los problemas de un solo individuo ponemos en peligro al colectivo. Y es lo que vemos que está ocurriendo constantemente.

¿Por qué tengo la impresión de que, al final, a la población no le importa demasiado lo que ocurra con las plantas?

No es que no les importe es que no las ven. Se llama ceguera de las plantas y ha sido ya descrito como un fenómeno que nos hace incapaces de comprender cuántas son y lo importantes que resultan para los humanos. Y es un problema porque desemboca en que no sepamos que dependemos de las plantas. No es una exageración: literalmente dependemos de las plantas. Para todo lo que comemos. Para el oxígeno que respiramos. Pero no podemos verlas. Nuestro cerebro no está preparado para captar todo ese verde como un organismo vivo así que lo confundimos con el fondo.

¿Si solo pudiera salvar un ecosistema forestal cuál sería?

Es un dilema imposible. Desde luego sería un bosque primario, es decir, bosque como siempre ha sido, sin intervención humana. Hace 200 años Europa estaba cubierta de bosques templados primarios, pero ahora no queda ni un metro cuadrado. Así que probablemente elegiría la Amazonía por su gran tamaño.

Las plantas nos mandarían un mensaje muy largo y lo primero sería que dejemos de destruir nuestro medio ambiente del que dependemos. Nos dirían: «Dejad de ser estúpidos

Usted ha demostrado la sensibilidad e inteligencia vegetales, ¿puede explicarlo con palabras sencillas?

Pensamos que la inteligencia es la consecuencia de tener cerebro, pero ¿cuánta vida en el planeta tiene cerebro? Si asumimos que todos los animales, eso supondría el 0,3% de la vida. O dicho de otra manera, que el 99,7% de la vida en el planeta es estúpida. Que es una máquina orgánica. Eso es algo imposible para mí. No se puede creer. No existe ni una especie que no se enfrente a problemas que debe solventar. Comer, comunicarse, reproducirse… y es imposible resolver esto sin inteligencia. La nuestra es diferente, obvio, pero no por eso es mejor. Probablemente, no sea la mejor.

Si las plantas pudieran enviarnos un mensaje ¿cuál sería?

Dejad de ser tan estúpidos.

Así de simple…

Seguramente, sería un mensaje muy largo y lo primero que dirían es que dejemos de destruir nuestro medio ambiente del que dependemos. Esa es una singularidad de nuestra especie porque no hay otra, ni planta ni animal, que se dedique a destruir el entorno que necesitan para vivir.

Porque suena a suicidio.

Lo es. Pero es lo que estamos haciendo. Si nos miráramos desde fuera, como si fuéramos un biólogo extraterrestre, diríamos: “Mirad qué estúpidos son. Se consideran la única vida inteligente en el planeta y son los únicos que no comprenden cómo funciona la vida”.

Con todo, ¿es usted optimista o pesimista?

¿Queremos aliviar los incendios forestales? Dejad que los bosques se hagan viejos

Soy optimista en el sentido de que no creo que nuestro cerebro suponga una desventaja sino una gran ventaja, pero somos aún una especie tan joven que utilizamos esta potente herramienta de la peor manera posible. Somos como un niño pequeño al que le das un martillo, que es una herramienta muy útil, y la utiliza para destrozar la habitación. Eso es lo que somos: una especie tan joven que está destrozando su casa con su herramienta que es el cerebro. Pero soy optimista y creo que nos convertiremos en adultos para utilizarla bien. Espero que en un periodo corto, antes de que sea demasiado tarde.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/stefano-mancuso-neurobiologo-bosques-son-unicos-salvar-calentamiento-global_128_12764411.html





Para mayor información comunícate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

viernes, 3 de octubre de 2025

Naciones indígenas: de la conquista jurídica al olvido político





Leonardo Tamburini, director de ORE, advierte que las grandes victorias históricas de los pueblos indígenas están en riesgo de ser revertidas en un país que, tras haberlos incluido en la Constitución, ahora los margina y divide.

Los pueblos indígenas de tierras bajas conquistaron derechos históricos que transformaron a Bolivia: el reconocimiento de sus territorios, el autogobierno y su inclusión en los cuatro órganos del Estado. Sin embargo, a más de tres décadas de la marcha de 1990 y tras la dura fractura del TIPNIS, esa agenda aparece debilitada, fragmentada y bajo amenaza en el actual escenario político.

“Se conquistaron muchos derechos, pero no se ejercieron plenamente”. Con esa frase, Leonardo Tamburini, director ejecutivo de la Organización de Apoyo Legal y Social (ORE), resume la paradoja que viven los pueblos indígenas, que no tienen una potestad plena sobre sus propias atribuciones que están contempladas en la propia Constitución Política del Estado (CPE) y observa que se trata de una suspicacia político partidaria. “¿Cuál es el temor de cederle esos derechos? (10:37) El temor es el que pierdas poder”, sentencia.

En entrevista con la Hora Pico, recuerda que la marcha por el Territorio y la Dignidad de 1990 fue el punto de inflexión ya que, por primera vez, los pueblos de tierras bajas irrumpieron en el escenario político nacional para exigir el reconocimiento de sus derechos. Aquella movilización abrió la puerta a la titulación de más de 26 millones de hectáreas como territorios indígenas y sentó las bases de un nuevo mapa político-administrativo que, décadas después, desembocaría en la CPE de 2009.


Tamburini subraya que esos avances transformaron el país en dos dimensiones. Primero, en lo territorial: “Antes los indígenas eran invisibles, no se les reconocía ni cultura ni tierra. Hoy tienen territorios reconocidos, la posibilidad de autogobernarse y estructuras políticas propias”. Y segundo, en lo institucional: lograron representación en los cuatro órganos del Estado, desde diputados plurinominales hasta asambleístas departamentales, pasando por magistrados y vocales en el Órgano Electoral.


Pero esa aparente victoria histórica pronto mostró sus límites. El analista recuerda que, tras el conflicto del TIPNIS en 2011, el gobierno optó por una estrategia de división y desgaste de las organizaciones. “Ahí se quebró todo. El poder político bajó una línea dura y no pudieron resistir. Desde entonces, la agenda indígena prácticamente desapareció”, señala. “No tienes el apellido de una obra pública del MAS, como le han puesto, para el vivir bien, lo plurinacional. No tienes la posibilidad de que esos pueblos puedan definir su propio destino de acuerdo a sus usos y costumbres”, acota.


Ese proceso, asegura, coincidió con el relevo generacional: las dirigencias históricas, que habían encabezado las luchas de los 80 y 90, se replegaron o envejecieron, mientras que las nuevas camadas asumieron estilos de liderazgo que no estuvieron a la altura del momento político. Resultado: la fragmentación orgánica, el debilitamiento de la CIDOB y un desvío hacia relaciones directas con gobernaciones o municipios, sin articulación nacional.


A pesar de ello, la agenda indígena sigue teniendo tres pilares fundamentales:

  • Conservar y fortalecer sus territorios. Las autonomías indígenas representan un espacio de autogobierno que busca funcionar sin la tutela de los partidos políticos.
  • Garantizar condiciones de vida digna. Salud, educación, caminos e infraestructura deben gestionarse desde su propia lógica territorial, no desde municipios lejanos y ajenos a sus realidades.
  • Proteger la cultura y el medio ambiente. La cosmovisión indígena mantiene aún áreas de conservación y economías locales que se contraponen al modelo extractivista y a las lógicas capitalistas convencionales.

Sin embargo, Tamburini advierte que estos pilares enfrentan amenazas crecientes. El riesgo más evidente, afirma, viene desde el discurso electoral. Algunos candidatos han planteado la revisión de la propiedad colectiva de la tierra, un núcleo duro de las conquistas sociales de los últimos 30 años. “No se trata solo de Tierras Comunitarias de Origen (TCO), también está en juego la base de las comunidades campesinas. Si se toca eso, se desmorona todo el pacto social alcanzado tras décadas de lucha”, advierte.

En el actual escenario electoral, donde las campañas han estado dominadas por el racismo, la polarización y la disputa de élites, la causa indígena aparece relegada a un segundo plano. Sin embargo, su peso histórico es innegable: la inclusión del Estado Plurinacional, uno de los mayores cambios políticos de Bolivia en el siglo XXI, nació de aquellas demandas.

Tamburini es categórico: “La gran conquista no fue jurídica, fue política. Los pueblos indígenas lograron que el Estado se reconozca como plurinacional. Pero si esos derechos no se ejercen, si solo quedan escritos en la Constitución, entonces serán un trofeo vacío, un auto guardado en el garaje que nadie maneja”.

Treinta años después de irrumpir en la historia nacional, los pueblos indígenas enfrentan una encrucijada: consolidar sus conquistas o verlas desmoronarse bajo la presión de los partidos y la indiferencia del poder. En tiempos en que las promesas electorales apuntan a revisar incluso la propiedad colectiva, la advertencia es clara: si Bolivia olvida a sus pueblos indígenas, no solo traicionará su historia reciente, sino que pondrá en riesgo la propia esencia del Estado Plurinacional.



Una elaboracion para el programa de LOS PONCHOS VERDES FM  y también puedes escuchar la RADIO DE LOS PONCHOS VERDES FM


Locutoras: Cecilia Méndez y Cecilia Martínez 







Para mayor información comunicate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

viernes, 26 de septiembre de 2025

La cruzada para cuidar al gato andino, el mensajero de los espíritus guardianes en Bolivia

La Fundación Teko Kavi impulsa la iniciativa dentro del proyecto Conservación del Gato Andino en Bolivia y Perú, que se desarrolla con financiación del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos y apoyo del Gobierno de Canadá.




Los recientes avistamientos de gatos andinos en un área protegida en el noroeste de Bolivia darán pie a un plan de acción para preservar a esos esquivos felinos, considerados “mensajeros de los achachilas”, que se encuentran en "peligro crítico" en el país.

La Fundación Teko Kavi impulsa la iniciativa dentro del proyecto Conservación del Gato Andino en Bolivia y Perú, que se desarrolla con financiación del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF, en inglés) y apoyo del Gobierno de Canadá.

La fundación trabaja en Bolivia en el Área Natural de Manejo Integrado Nacional Apolobamba, en el norte del departamento de La Paz.

"Nuestro objetivo es tener un plan de acción de conservación del gato andino del área protegida de Apolobamba (...) Todas nuestras acciones las realizamos con los guardaparques del área protegida y trabajamos con las comunidades", explicó a EFE el coordinador del proyecto, el biólogo Josef Rechberger.

Para lograrlo, se instalaron 40 cámaras trampa que estuvieron activas entre mayo y agosto en las markas, o conjuntos de comunidades, de Apacheta, Suni Alpaqueros y Cañuhuma y en minas abandonadas en el sur de Apolobamba, precisó a EFE la bióloga Oriana Prado.

Según Prado, en ese periodo se tuvieron registros, aunque no se sabe "exactamente de cuántos individuos" porque no se les puede identificar "a detalle".

Por la distancia entre las cámaras, se piensa que podrían ser unos tres, aunque "podrían ser más o quizás alguno se ha movido mucho", indicó.

Estos avistamientos complementan otros registros obtenidos en la primera fase del proyecto realizada en 2023 también en Apolobamba, pero en los territorios de la Nación Puquina, en el norte del área protegida.

La bióloga precisó que con estos datos, se hará "el plan de acción para la conservación" del gato andino en Apolobamba.


Gato “mensajero”

El gato andino (leopardus jacobita) habita en Argentina, Bolivia, Chile y Perú y se calcula que en la región existen entre 2.400 y 2.500 individuos, un "número muy pequeño", según Rechberger.

Estos animales llegan a pesar hasta siete kilos y se caracterizan por sus orejas grandes y ligeramente redondas, nariz negra, pelaje con manchas y una gruesa cola con anillos oscuros.

Rechberger precisó que en Sudamérica, el gato andino se encuentra en peligro y en Bolivia "tiene una categoría más avanzada", pues según el Libro Rojo de Vertebrados del país, está "en peligro crítico".

Los gatos andinos viven en lugares altos y rocosos, una de las razones por las que su población es reducida, pues estos sitios no son continuos, lo que también los vuelve vulnerables al cambio climático y a algunas enfermedades.

Su alimento principal son las vizcachas. Con esto, los felinos contribuyen a evitar la sobrepoblación de esos animales que se alimentan de las plantas de los bofedales, actuando también en el ciclo del agua en estas zonas.

La Nación Puquina lo considera "sagrado" y lo llama el “mensajero de los achachilas”, un portador de buenos presagios, mientras que los pobladores del sur de Apolobamba lo evitan porque creen que si lo hieren o molestan, "se van a enfermar, o les puede hasta caer el rayo", señaló Rechberger.

Amenazas y acciones 

Según Rechberger, una de las "amenazas más terribles para el gato" es la minería, que le afecta indirectamente por la contaminación de los cuerpos de agua en los lugares donde habita este animal.

Con el proyecto también se detectó que los perros y gatos domésticos de las comunidades aledañas en ocasiones llegan hasta el hábitat del gato andino en busca de alimento, lo que supone otra amenaza por las enfermedades que podrían transmitir a los felinos silvestres.

Ante esto, Teko Kavi trabaja con las escuelas en Apolobamba para explicar sobre el rol ecológico del gato y busca concienciar a los pobladores sobre la tenencia responsable de mascotas.

Además la entidad realizó talleres de sensibilización sobre la minería responsable para evitar la contaminación del agua y prevén apoyar una iniciativa para que las indígenas de la zona hagan artesanías tejidas con la imagen del gato andino, algo que les genere ingresos y, a la vez, apoye a la conservación de estos animales.

BD/


Para mayor información comunícate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

domingo, 14 de septiembre de 2025

En Beni y Santa Cruz hay ocho incendios forestales; bomberos trabajan para sofocarlos


El ministro de Agua, Álvaro Ruiz, expresó su preocupación por el incendio forestal en el Parque Noel Kempff Mercado, en Santa Cruz, debido a que el fuego se presenta en zonas de difícil acceso



En Bolivia hay actualmente ocho incendios forestales, de los que tres están el departamento de Beni y cinco en Santa Cruz, donde se moviliza un importante contingente de bomberos y voluntarios para sofocarlos, informó el ministro de Agua y Medio Ambiente, Álvaro Ruiz.

“Hasta la fecha hoy (domingo) tenemos ocho incendios activos, el viernes teníamos siete, ayer (sábado) seis. Estos incendios se han estado concentrando en los departamentos de Beni y Santa Cruz”, explicó Ruiz, según un reporte de la agencia estatal ABI.

Los incendios en el departamento de Beni se registran en los municipios de Exaltación, Loreto y San Ramón.

En el departamento de Santa Cruz, los incendios forestales se encuentran en los municipios de Asunción de Guarayos, Concepción, Carmen Rivero Torres, El Puente y San Ignacio de Velasco.

Ruiz expresó su preocupación por el incendio en el Parque Noel Kempff Mercado, debido a que el fuego se presenta en zonas de difícil acceso.

“Todos estos incendios están en combate y, específicamente, a través del Viceministerio de Defensa Civil que está movilizando bomberos de las Fuerzas Armadas y toda la logística necesaria”, declaró a Bolivia TV.

A los bomberos militares se suman los bomberos de la Policía Boliviana, voluntarios y personal de las gobernaciones, municipios, guardaparques y comunarios.

“El año pasado, a estas alturas del año, ya teníamos alrededor de cuatro a cinco millones de hectáreas quemadas, hoy no llegamos a medio millón de hectáreas”, sostuvo y recordó, según ABI, que en 2024 los incendios forestales arrasaron 12,6 millones de hectáreas en el territorio nacional, 58% en áreas forestales y 42% pastizales.

“No estamos contentos con eso, no se debería quemar ni una hectárea, pero estas situaciones pasan por el calentamiento climático que genera crisis climática y, por otro lado, por la falta de conciencia de algunas personas que no entienden que cuando se habla de chaqueo se tiene que hablar ahora de manejo integral del fuego, un control y coordinación con su municipio, con la Gobernación y con el Gobierno nacional”, dijo la autoridad.

BD/JJC

Brujula Digital


Para mayor información comunicate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

lunes, 25 de marzo de 2024

Medir las constantes vitales de los bosques en tiempo real para conservarlos y protegerlos



Monitorizar nuestras constantes vitales de manera continua, con relojes inteligentes mientras hacemos deporte o mediante electrocardiógrafos cuando estamos enfermos en los hospitales, es una práctica muy común. Esta monitorización en tiempo real nos sirve tanto para optimizar nuestro rendimiento físico como para detectar umbrales de salud que puedan poner en riesgo nuestras vidas. Y es esencial porque facilita el diagnóstico, el tratamiento preciso y la optimización del funcionamiento fisiológico y el rendimiento.

Al igual que ocurre con los humanos, monitorizar las “constantes vitales” de los bosques nos permite entender sus problemas y optimizar la toma de decisiones orientadas a su conservación y gestión sostenible.

Vigilar la salud de los bosques

Proteger los bosques se ha convertido en un reto acuciante, ya que su vulnerabilidad y los desafíos a los que se enfrentan son cada vez mayores. Un ejemplo es el fenómeno, ya global, de decaimiento caracterizado por la muerte masiva de árboles, que ocasiona pérdidas importantes, no solo de madera, sino también de servicios ecosistémicos esenciales, como la mitigación del cambio climático, la prevención de grandes inundaciones, los espacios recreativos, etc.

Vigilar la salud de los bosques es, por lo tanto, fundamental. Para ello disponemos de sensores medioambientales muy precisos para medir a alta resolución todo tipo de variables. Se trata de instrumentos que, al igual que un reloj inteligente o un electrocardiógrafo, nos permiten monitorizar, bajo condiciones de campo y a tiempo real, las “constantes vitales” de los bosques.

Muchos grupos de investigación desarrollan y aplican técnicas de monitoreo basadas en el empleo de sensores que permiten detectar cambios significativos en la salud de los bosques.

Diferentes tipos de sensores

Entre los avances tecnológicos que destacan en la investigación científica actual, se encuentran los sensores de medición de variables climáticas de suelo y aire. Registran con gran precisión y de forma continua, incluso minuto a minuto, factores clave como la disponibilidad de agua o las condiciones microclimáticas en las cuales crecen los árboles.

Otros sensores con gran potencial por su nivel de detalle son los dendrómetros digitales. Estos nos permiten monitorizar con gran precisión el crecimiento de los árboles, ya que miden de forma muy fiel las variaciones de engrosamiento y encogimiento de los troncos. Registran de forma continua “las palpitaciones” de los árboles que se pueden relacionar con el clima.

Otros sensores son los conocidos como medidores de flujo de savia, capaces de revelar, en tiempo real, cómo funciona el “sistema circulatorio” de los árboles.

Ejemplo de árbol monitoreado en campo con cámaras fotográficas, sensores de flujo de savia, dendrómetros y sensores de humedad y temperatura del suelo. Raquel Esteban

Además de todo lo mencionado, también tenemos la capacidad de detectar, a través de índices obtenidos de imágenes de cámaras instaladas en torno a las especies, cambios imperceptibles para el ojo humano, como pequeñas transiciones de color en las hojas que nos brindan información clave sobre el rendimiento fotosintético.

Esta fina monitorización de las “constantes vitales” se puede posteriormente acoplar a otras tecnologías avanzadas, como el uso de imágenes de satélites y drones, para detectar estas transiciones de color en la vegetación a escalas espaciales más amplias. Así, no solo somos capaces de monitorizar individuos aislados, sino que podemos aprovechar todo el potencial de estas tecnologías para medir a escalas superiores, como a nivel de bosques, regiones, continentes e incluso a nivel global.

Por último, no podemos dejar de mencionar a la “internet de las cosas”, ya que nos permite tener acceso cómodamente desde nuestro lugar de trabajo o desde casa a todos los datos medidos por los sensores a tiempo real en el campo. Y supone un gran ahorro en infraestructuras y desplazamientos.

La línea entre la salud y la enfermedad

Monitorizar en detalle las “constantes vitales” de los árboles nos permite detectar sus “umbrales de salud”. Estos umbrales nos dan información critica sobre, por ejemplo, los niveles de agua en suelo por debajo de los cuales un árbol no puede sobrevivir o la temperatura máxima a partir de la cual deja de fotosintetizar de manera eficiente.

En los seres humanos, monitorizar nuestras constantes vitales puede significar la diferencia entre la vida y la muerte o entre ganar una medalla olímpica y sufrir una lesión. En los bosques, la monitorización a tiempo real es esencial para optimizar la toma de decisiones orientadas a su gestión sostenible. Y nos brinda la oportunidad de ayudar a mejorar su gestión y conservación y, por tanto, de tener bosques sanos que puedan mitigar el cambio climático y seguir proveyendo servicios ecosistémicos clave para nuestra sociedad.

Autor@s:

Raquel Esteban. Profesora de Fisiología Vegetal, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Ana-Maria Hereş. Investigadora, Transilvania University of Brașov

Francisco San Miguel Oti. PhD candidate in forest Ecology, BC3 – Basque Centre for Climate Change

Jorge Curiel Yuste. Ikerbasque Research Professor, BC3 – Basque Centre for Climate Change

Lorena Ruiz de Larrinaga. Estudiante de doctorado, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Fuente: https://theconversation.com/medir-las-constantes-vitales-de-los-bosques-en-tiempo-real-para-conservarlos-y-protegerlos-224024




Para mayor información comunícate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

martes, 10 de octubre de 2023

Amazonia, ¿un bioma amenazado de extinción?


Fuentes: IPS [Imagen: Un lago de Tefé, municipio en el centro del estado de Amazonas, en la orilla del río en su tramo medio, como quedó por la sequía en septiembre. El evento extremo afectó al agua potable para la población, la producción agrícola y pesquera y el transporte fluvial, determinante para la movilidad en esa localidad. Foto: Alcaldía de Tefé]


RÍO DE JANEIRO – Los paisajes son apocalípticos. Ríos exuberantes reducidos a hilos de agua y sus cauces desnudados como playas inmensas, donde a veces “aparcan” embarcaciones variadas, incluso las grandes, de tres o más pisos, típicas del transporte de pasajeros en la Amazonia de Brasil.

“El río se volvió igarapé”, resumió Yolaide Gonçalves, una lideresa del pueblo indígena tikuna, asentado en São Paulo de Olivença, un municipio de 33 000 habitantes en el oeste del estado brasileño del Amazonas, cerca de la frontera con Colombia y Perú.

Igarapé, una palabra indígena de uso común en la Amazonia, significa el “camino de la canoa” y designa un arroyo o brazo de río, que son cursos de agua relativamente pequeños en la región amazónica, en el norte brasileño.

Tikuna era el pueblo indígena más numeroso de Brasil, según el censo nacional de 2010, con 46 100 miembros. Pero los datos se alteraron mucho en el censo de 2022, que identificó un total de 1,69 millones de indígenas brasileños, 88,8 % más que en 2010 y 0,83 % de la población nacional de 203 millones. Aún no se conocen datos detallados  de los 266 pueblos originarios identificados en el nuevo censo.

“Es la peor sequía que he vivido desde mi infancia. Nunca murieron tantos peces como ahora en las sequías anteriores”, destacó Gonçalves, de 39 años, a IPS este viernes 6 desde Tabatinga, donde participaba en una reunión de líderes indígenas y ribereños para acordar acciones que mitiguen el actual desastre climático y social en sus poblaciones.

La novedad y muestra de la letalidad de esta sequía es la mortandad de delfines, un símbolo de la Amazonia. Más de 120 de esos cetáceos aparecieron muertos, la mayoría en el lago Tefé, cuyas aguas bajaron mucho y se calentaron, en de la cuenca del río Solimões, un nombre que recibe en su tramo medio el Amazonas en Brasil.

Pero en términos hidrológicos, esa sequía es hasta ahora “similar a la de 2010”, aunque resulte más visible por afectar grandes ciudades, como Manaus, la capital del estado de Amazonas, evaluó Naziano Filizola, profesor de la Universidad Federal del Amazonas con doctorado en hidrología y geología.

“En los últimos 20 años ocurrieron en la Amazonia eventos extremos con más intensidad y mayor frecuencia que en todo el siglo XX, es un hecho sin lugar a dudas”: Naziano Filizola.

Los efectos son “asustadores”, debido a que “la coincidencia de varios factores en el mismo periodo de tiempo, originan los eventos extremos”. Esta vez se adelantó el estiaje amazónico, que suele ser más intenso de septiembre a noviembre, con el fenómeno El Niño también “fuera del tiempo normal” y el avance del cambio climático, explicó en entrevista con IPS desde Manaus.

El río Solimões en su tramo final, en Iranduba, cerca de su encuentro con el río Negro y conformar el río Amazonas, en el norte de Brasil. Una playa alargada, debido a la sequía, alejó sus aguas de la ciudad, que habitualmente la bordean. Imagen: Cadu Gomes / VPR-FotosPúblicas

Repetición más rápida

Además “en los últimos 20 años ocurrieron en la Amazonia eventos extremos con más intensidad y mayor frecuencia que en todo el siglo XX, es un hecho sin lugar a dudas”, acotó.

La llamada Amazonia Legal brasileña, que engloba a ocho estados y 38 millones de habitantes, sufrió sequías severas en 2005, 2010 y 2015. El calentamiento del océano  Atlántico Tropical Norte fue un factor común en las tres ocasiones y El Niño, que calienta las aguas del Pacífico ecuatorial, en las dos últimas. Ahora se repite la asociación de esos dos fenómenos.

Las sequías se alternan con años de lluvias extremas, como en 2017, cuando el río Juruá, un afluente del Solimões en su tramo central, antes de pasar a llamarse Amazonas, registró su mayor crecida. Hubo municipios en sus orillas que tuvieron 90 % del territorio bajo el agua, casi todos vividos en la Amazonia, recordó el profesor de 56 años.

“Pero las sequías son más catastróficas que las inundaciones”, razonó Filizola, al amenazar toda la población de sed y hambre, además de dejar muchas comunidades aisladas en una región donde muchos asentamientos dependen del transporte fluvial. Además afecta las mentes de una población acostumbrada a la abundancia hídrica.

Pérdidas variadas

La gran mortandad de peces afecta la alimentación de una población que tiene en el pescado su principal fuente de proteína. El futuro suena peor, ya que la sequía reduce drásticamente la reproducción de la fauna acuática.

“En las aldeas tikunas se acabó el agua para beber”, señaló Gonçalves. Menos mal, dijo, que la Secretaria Nacional de Salud Indígena distribuyó tanques de 500 y 1000 litros a cada familia, lo que permitió acopiar el agua de la poca lluvia que cayó esa semana. Pero medidas como estas no pasan de ser “un pequeño alivio”, remarcó.

Ahora se busca perforar pozos artesianos para asegurar el agua potable si esta sequía se prolonga más allá de diciembre, cuando inicia la estación lluviosa en la Amazonia, y también para el futuro.

“La sequía en São Paulo de Olivença empezó en agosto y se agravó desde entonces. Los peces mueren por falta de agua y también porque el agua se calentó mucho. En tierra firme los animales también están muriendo sin agua y por el calor.

La caída del caudal en los ríos dificulta el transporte fluvial, el más usado en el estado del Amazonas. Un viaje de São Paulo de Olivença a Manaus, una distancia de 1360 kilómetros, se hacía en tres o cuatro días, ahora exige dos semanas, según la lideresa indígena.

Para Joed Pereira de Melo, campesino de 40 años, las crecidas extremas de los ríos son peores para los agricultores de tierra inundables. “La pérdida es total”, se lamentó.

En Iranduba, donde siempre vivió Melo, esos productores son la mayoría entre los cerca de 6000 agricultores del municipio de 49 000 habitantes. La actividad es atractiva porque abastece a la vecina Manaus, la mayor ciudad amazónica, con 2,06 millones de habitantes, separada solo por el río Negro, obstáculo superado desde 2011 por un puente de 3595 metros.

Melo escapa a los peores daños de la sequía porque posee dos hectáreas en tierra firme donde un pozo le permite irrigar sus hortalizas y las siembras de frijoles y mandioca (yuca). Pero también sufre graves pérdidas, por la alta temperatura, que alcanza 42 grados centígrados en su finca.

Además tiene también 0,8 hectáreas en tierras inundables, done solo podrá sembrar cuando vuelvan las lluvias. La escasez de alimentos se acentuará en los próximos meses, hasta ahora se cosechó lo sembrado en el inicio de la sequía, hace tres meses, cuando el suelo en las orillas de los ríos aún se mantenía húmedo.

La producción agroecológica que practica también le ayuda a resistir mejor las sequías, al considerar todo el ecosistema, no solo la agricultura en sí misma, sostuvo Melo a IPS desde Iranduba.

En un brazo del río Solimões, las casas que antes eran flotantes se han posado en su lecho casi seco. La población de muchas localidades ribereñas amazónicas de Brasil ya no puede desplazarse ni transportar sus productos o bienes en las pequeñas embarcaciones que son su principal medio de transporte, porque no hay agua suficiente para navegar. Imagen: Cadu Gomes / VPR-FotosPúblicas

Agravantes

Un problema adicional, por ejemplo, es la sedimentación que es muy intensa en los ríos amazónicos, especialmente el Solimões, donde se siente más duramente la sequía actual, matizó el agricultor.

Las tierras caídas, un fenómeno de derrumbes de las orillas de tierras por la erosión que suele ocurrir durante las sequías, contribuyen a esa sedimentación, observó Eder Mileno, profesor de posgrado en geografía de la Universidad Federal de Pará, en Belém, otra gran capital, de 1,3 millones de habitantes, en la entrada oriental de la Amazonia, la más cercana al océano Atlántico.

El derrumbe de un barranco en el río Purus, afluente del Solimões, provocó la muerte de dos personas y provocó el desalojo y la pérdida de sus viviendas a otras 200, el 30 de septiembre, por ejemplo.

Los eventos climáticos “que estamos viviendo pueden alterar de forma permanente las dinámicas de los ríos”, que son afectadas por actividades meteorológicas distintas, así como por las humanas, explicó a IPS desde Belém.

“La actual sequía amazónica se distingue de las anteriores por la mayor influencia del hombre en el clima global, intensificando los eventos extremos y su repetición”, señaló.

La sequía actual puede debilitarse próximamente por la influencia de la Zona de Convergencia Intertropical, un sistema meteorológico que hace llover en la Amazonia al juntar vientos húmedos de los hemisferios Norte y Sur, espera el geógrafo.

Este año la sequía, que ocurre de formas e intensidades distintas en partes de la Amazonia, empezó en el oeste y avanza hacia el este, afectando hasta ahora principalmente los afluentes de la orilla sur del Amazonas, en general con nacientes en  Perú y Bolivia, destacó el profesor Filizola.

En São Paulo de Olivença, en oeste del estado de Amazonas, inició en agosto, corroboró Gonçalves, la lideresa tikuna.

Luego pasó a afectar a los ríos Juruá, Purus y Madeira. En este último el caudal reducido llevó la central hidroeléctrica Santo Antônio a suspender su generación el 2 de septiembre. La ausencia temporal de sus 3568 megavatios de potencia afectan el sistema eléctrico nacional, con una capacidad total de 190 gigavatios.

El avance de la sequía extrema alcanzó ahora el río Tapajós, ya en el estado de Pará. Si prosigue será la vez del rio Xingu donde se instaló la segunda mayor central hidroeléctrica americana, Belo Monte, con 11 233 megavatios de potencia.

ED: EG

Fuente: https://ipsnoticias.net/2023/10/amazonia-un-bioma-amenazado-de-extincion/



Para mayor información comunicate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com