sábado, 18 de abril de 2026

Oilwatch Latinoamérica: el tiempo de la civilización petrolera debe terminar



 OILWATCH LATINOAMÉRICA

PRONUNCIAMIENTO

En el marco de la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles y la Conferencia por Territorios Libres de Fósiles (Santa Marta, Colombia, 24–29 de abril de 2026)

Llegamos a Santa Marta con la memoria encendida. Con los ríos heridos, con los territorios que resisten, con los pueblos que no se rinden. Llegamos con la certeza de que el tiempo de la civilización petrolera debe terminar.

Saludamos este encuentro como un intento de abrir otros caminos para abordar la crisis climática y como un espacio donde participarán comunidades en lucha y organizaciones sociales, que sumarán también su voz y conocimientos. Pero también queremos decir con claridad que no basta con hablar de “transición energética”, necesitamos dar pasos decididos e inmediatos para un profundo cambio de este modelo civilizatorio basado en la depredación de la vida; necesitamos ampliar los espacios para que sean los pueblos quienes cambien el rumbo de la historia. Existe un enorme riesgo de que la transición energética sea capturada por el poder corporativo, reduciéndose a un cambio o adición de fuentes energéticas, reproduciendo el modelo extractivo, de consumo masivo, y profundizando las desigualdades históricas.

Durante décadas, a los pueblos del Sur Global se nos dijo que el petróleo era el destino a alcanzar; que sin él no había futuro. Nuestras sociedades fueron envueltas en promesas de progreso y desarrollo recurriendo a la renta petrolera. Pero esa promesa fue una trampa, nunca llegó a realizarse, y eso es palpable en las regiones petroleras y en gran parte de los países exportadores de petróleo.

La denominada “maldición de los recursos” no constituye un fenómeno inevitable, sino el resultado de decisiones políticas que han perpetuado la dependencia y limitado las posibilidades de construcción de alternativas. La ilusión petrolera ha servido para sostener la acumulación de unos pocos, a costa del sacrificio de muchos y de todo. Nuestra dependencia no es natural, es política. Y romperla no es apenas una opción técnica, sino un acto de dignidad.

Pasar la página de la era petrolera no es una metáfora, es una urgencia ética, climática y poscivilizatoria. Es reconocer que, en menos de dos siglos, la petrodependencia contaminó todas las instancias de la vida y dejó una huella profunda de devastación, despojo y desigualdad en los territorios, a lo largo de toda la cadena del metabolismo petrolero. Esta deuda con la vida exige verdad, justicia y reparación integral, la cual implica un reconocimiento de los daños a perpetuidad, planes contextualizados a cada territorio, aportes para una diversificación productiva, restauración de ecosistemas y una perspectiva de justicia ambiental y laboral.

Sin embargo, antes que una desescalada, en la actualidad constatamos la descabellada expansión de la producción y el consumo de hidrocarburos, y una constante avanzada de energías extremas que hemos denunciado por años desde Oilwatch. Entre ellas el Pre-sal en Brasil, el fracking en Argentina y México, los crudos pesados y extrapesados en la Faja del Orinoco en Venezuela, la explotación petrolera en la Amazonía, la expansión de proyectos de extracción de hidrocarburos costas afuera, las cuales generan impactos en toda la región. Esta expansión viene de la mano de nuevos proyectos de exploración, nuevos licenciamientos y la desregulación ambiental. Vemos como consecuencias más fuertes y frecuentes sequías, inundaciones, incendios, desplazamientos: la cuenta la paga la vida.

Esta expansión no sería posible sin el respaldo de sistemas financieros que continúan subsidiando y asegurando el funcionamiento de la industria fósil, profundizando una deuda ecológica y climática que recae sobre los pueblos del Sur Global.

Luego de 30 COPS, luego de 30 años, estos han sido los resultados, producto de medidas parciales y falsas soluciones, que no van a la raíz del problema, que no tienen carácter vinculante, y que no involucran realmente las voces de los pueblos. Dichos resultados nos hablan de un modelo agotado y la urgencia de proponer nuevas estrategias de acción.

Para rematar, vemos cómo se incrementan y agravan las agresiones militares y guerras a lo largo y ancho del mundo ⎼como ha ocurrido recientemente en Venezuela e Irán⎼, junto con nuevas formas de colonialismo, donde el control de la energía fósil sigue siendo motor de violencia, dominación y reconfiguración geopolítica. No se trata de hechos aislados: los combustibles fósiles han estado históricamente en el centro de conflictos armados, disputas territoriales e intervenciones.

NUESTROS PLANTEAMIENTOS Y DEMANDAS PRIORITARIAS

En el marco de esta Conferencia, y ante estos escenarios expuestos, Oilwatch Latinoamérica expresa los siguientes planteamientos y demandas prioritarias:

– La transición fuera de los combustibles fósiles no puede limitarse a un cambio en las fuentes de energía, sino que debe abordarse desde una perspectiva estructural, que transforme las bases económicas, sociales, políticas y energéticas vigentes. Una transición debe ser justa, ecológica y social, basada en la equidad, la participación efectiva y protagónica de trabajadores, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, organizaciones de mujeres y comunidades locales. Debe reconocer y fortalecer el papel de los territorios indígenas, afrodescendientes y campesinos como fundamentales en la protección de la vida y los ecosistemas.

– Se debe plantear una urgente discusión que ponga sobre la mesa las preguntas: ¿energía para qué? ¿Para quiénes? Partir del cuestionamiento de las lógicas de las sociedades de consumo y de los imperativos de crecimiento sin fin, en sistemas además profundamente desiguales.

– Exigimos el fin inmediato de los subsidios directos e indirectos (u ocultos) a las empresas de hidrocarburos, las exenciones fiscales, los regímenes aduaneros o cambiarios especiales, el financiamiento público y aseguramiento a proyectos de combustibles fósiles, y redirigir estos recursos hacia transiciones con perspectiva socioecológica, que sean justas y territorializadas.

– Advertimos sobre el riesgo de reproducir lógicas extractivistas y coloniales bajo el marco de las denominadas “energías limpias” y las “falsas soluciones”, cuando estas se imponen sin el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades.

– Por décadas, Oilwatch ha reivindicado el mantener los combustibles fósiles bajo tierra como obligación política y condición fundamental para la estabilidad climática y la justicia ambiental. Se requiere también establecer una moratoria inmediata a nuevas actividades de exploración y explotación de hidrocarburos. A su vez, es necesario avanzar y fortalecer procesos de desmantelamiento progresivo de las infraestructuras existentes, con garantías fiscales, mecanismos de monitoreo y responsabilidades asumidas por parte de las empresas.

– Reconocemos, valoramos y resaltamos las múltiples experiencias impulsadas desde los territorios que día a día transitan hacia un mundo post-fósiles. Iniciativas como la moratoria a la exploración petrolera en Costa Rica, la decisión democrática de mantener el crudo bajo tierra en el Yasuní en Ecuador, la lucha para legalizar la prohibición del fracking en Colombia, la propuesta de Oilwatch del ‘Anexo 0’ que agrupa las iniciativas que ya están dejando el petróleo bajo tierra, así como las diversas resistencias sociales que están enfrentando la expansión hidrocarburífera en América Latina y otras regiones del mundo, constituyen referentes concretos para avanzar hacia modelos post-extractivistas. Llamamos a “Yasunizar” el mundo, a multiplicar esas decisiones valientes que ponen la vida por encima del lucro.

– Se deben impulsar modelos de soberanía energética basados en el control comunitario, la descentralización y el respeto a los territorios.

– Respetar los derechos humanos y de la naturaleza, e implementar mecanismos de justicia climática que incluyan la reparación integral de los territorios afectados por la actividad extractiva. Proteger a las personas defensoras de los derechos humanos y de la naturaleza, frente a la creciente criminalización y violencia. Rechazar la militarización de territorios energéticos y exigir la desescalada de conflictos vinculados al control de recursos fósiles.

– Subrayamos la importancia de fortalecer iniciativas internacionales orientadas a la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, que dialoguen con propuestas tales como el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, y que avancen hacia compromisos vinculantes que garanticen una reducción efectiva de la oferta y la demanda de estos recursos.

– Exigimos a los países del Norte Global y potencias emergentes a asumir su responsabilidad histórica mediante reducción acelerada, planes de cierre y desmantelamiento justos, entre otras acciones. Las iniciativas de transición no pueden implicar incrementar las presiones para la extracción de minerales críticos y la ampliación de la frontera de hidrocarburos en el Sur Global. Estos países deben también contribuir en el financiamiento de la transición en nuestros países, aportando a los procesos de restauración, reconocimiento de daños a perpetuidad, diversificación económica, alternativas laborales para los territorios dependientes de la extracción fósil; mientras que también reconocen la cancelación de la deuda climática.

– Finalmente, instamos a los Estados participantes y a la comunidad internacional a que la Conferencia de Santa Marta trascienda las declaraciones de intención y se traduzca en acciones concretas, con plazos definidos, mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas.

La Red Oilwatch Internacional reitera, después de 30 años de existencia, su compromiso de continuar acompañando a las comunidades en primera línea y contribuir a la construcción de un horizonte común basado en la justicia, la equidad y el respeto por la vida en todas sus formas.


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viernes, 17 de abril de 2026

La extracción de minerales para energía limpia afecta la Amazonia


Fuentes: scidev.net/ [imagen: Cecilia Luque para SciDev.Net]

La demanda de minerales para tecnologías limpias conlleva un riesgo potencial para ecosistemas sensibles

– La demanda de minerales para producir tecnologías limpias conlleva riesgos potenciales para Amazonía

– Territorios indígenas y áreas protegidas son los dos sectores en mayor riesgo de explotación minera

– Especialistas advierten que no se puede descarbonizar a países desarrollados a costa del Sur Global

[GOIÂNIA, BRASIL, SciDev.Net] La Amazonía Legal brasileña corre el riesgo de verse afectada, directa o indirectamente, por la expansión de la minería impulsada por la demanda de materiales usados en tecnologías de energía limpia, como cobre, bauxita, manganeso y hierro.

La Amazonía Legal comprende ocho estados brasileños en su totalidad  y el 79 por ciento del estado de Maranhao. En conjunto, abarca más de cinco millones de kilómetros cuadrados.

Un estudio que se publicará en la edición impresa de abril de la revista Resources Policy señala que casi 363.000 kilómetros cuadrados de esos territorios –que albergan cerca de 178.000 pobladores indígenas y más de 17.000 quilombolas (comunidades de descendientes de esclavos)– están amenazados por la expansión minera.

Tras analizar la ubicación de los yacimientos, así como las solicitudes de explotación y las concesiones aprobadas, el estudio determinó que un tercio de las áreas protegidas de la Amazonía brasileña soporta algún nivel de presión minera potencial.

La mayor parte de las áreas potencialmente afectadas se compone de bosques. Según el estudio, el 73 por ciento de la superficie amenazada corresponde a cobertura forestal, equivalente a unos 267.000 kilómetros cuadrados dentro de áreas protegidas.

“Aunque estamos hablando de un área potencialmente impactada en un escenario en el que todos los minerales fueran explotados –es decir, el peor– esta cifra es preocupante, pues demuestra la presión económica de proyectos mineros en proceso de licenciamiento cerca de esos territorios”, dice a SciDev.Net la ingeniera ambiental Beatriz Carneiro, primera autora del artículo.

Mapa político de la Amazonía Legal brasileña.Crédito de la imagen: Williamferreiraam/Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0 Deed.

Colonialismo verde

Un informe de la Agencia Internacional de Energía prevé que, bajo la tendencia actual, la demanda de minerales para tecnologías limpias se duplicará para 2030. En un escenario de eliminación de emisiones de carbono, sería hasta cuatro veces mayor para 2040.

Otro reporte, de Oxfam, muestra que el 70 por ciento de las reservas minerales cruciales para la transición energética se encuentran en el Sur Global.

A esta paradoja de la transición energética se le denomina “colonialismo verde”, sostiene el geógrafo Rhuan Sartore, que no formó parte del estudio.

Se trata de un modelo colonial corporativo que propone lograr la descarbonización del Norte Global tratando a los ecosistemas del Sur Global como “zonas de sacrificio”, dice a SciDev.Net.

“La búsqueda incesante de nuevas fronteras de recursos en la Amazonía para mantener patrones de consumo insostenibles en el Norte Global no hace sino perpetuar una lógica colonial bajo un nuevo disfraz ecológico” [Rhuan Sartore, geógrafo y doctorando en Organización y Gestión Territorial en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ)]

El estudio también señala la paradoja de sustituir la matriz global basada en combustibles fósiles por tecnologías limpias —turbinas eólicas, paneles solares y baterías— que requieren grandes cantidades de minerales, y cuya extracción aumenta la presión sobre ecosistemas sensibles como el Amazonas.

Para Carneiro, se trata de una transición energética injusta: “Mientras los países más ricos logran ‘limpiar’ su matriz energética, la ‘contaminación’ se traslada a otros lugares”.

Agrega que la creciente deforestación de la Amazonía genera una perturbación mucho mayor “pues el bosque juega un papel esencial en la regulación climática”.

Poblaciones vulnerables

La deforestación fue el principal impacto considerado en el estudio. Puede estar relacionada con la actividad minera directamente, pero también con factores indirectos como la construcción de carreteras, la expansión urbana y la migración de trabajadores.

En ese contexto, las tierras indígenas aparecen como las más expuestas: aproximadamente el 17 por ciento de sus territorios se localizan a menos de 50 kilómetros de yacimientos mineros estratégicos.

Algunos puntos críticos son las tierras indígenas Yanomami y Raposa Serra do Sol, en el norte de la Amazonía, rodeadas de yacimientos de interés económico como bauxita, cobre, hierro, níquel, molibdeno, silicio y niobio.

También los territorios quilombolas de Alto Trombetas, en el estado de Pará, sufren diversos impactos de las minas de bauxita en funcionamiento.

Desafío de transición energética

Para disminuir los impactos, los investigadores recomiendan priorizar los proyectos en áreas ya degradadas, evitar expansiones cerca de áreas protegidas y dejar de otorgar licencias de forma aislada, sin considerar los impactos acumulativos a nivel regional.

También, fortalecer los derechos territoriales de los pueblos tradicionales, incluyendo la creación de nuevas unidades de conservación y la titulación de tierras indígenas y quilombolas.

Sin embargo, el esfuerzo debe ser global, advierten los especialistas. Para Carneiro, es imprescindible que los países importadores de minerales rastreen su origen y sean más estrictos con los impactos socioambientales de su explotación.

La solución también pasa por reducir el consumo de energía. Según Carneiro, muchos países en lugar de sustituir la matriz fósil por energías renovables simplemente aumentan la capacidad con nuevas fuentes de energía “limpia”.

“La búsqueda incesante de nuevas fronteras de recursos en la Amazonía para mantener patrones de consumo insostenibles en el Norte Global no hace sino perpetuar una lógica colonial bajo un nuevo disfraz ecológico”, concuerda Sartore.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net

Fuente: https://www.scidev.net/america-latina/news/extraccion-de-minerales-para-energia-limpia-afecta-la-amazonia/




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La guerra en Medio Oriente y cómo afecta al cambio climático

Hay muertos y personas heridas. Hombres, mujeres y niños, sin distinción. Civiles y militares. Con responsabilidades y sin ellas. También hay hogares destruidos, hospitales, escuelas, instalaciones de defensa e infraestructura energética. Todo eso abunda en esta guerra en Medio Oriente, la cual ya lleva ya cuarenta y siete días.

Esta guerra, iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, está provocando una crisis ecológica de gran magnitud. Los bombardeos a pozos petrolíferos, incendios en refinerías, humo tóxico, metales pesados y toneladas de petróleo ardiendo, dañan el ambiente, afectando el aire, el suelo y el agua a nivel regional.

Una de las consecuencias directas es el cambio climático mediante la liberación masiva de gases de efecto invernadero (GEI) por bombardeos e incendios de infraestructuras, superando las emisiones anuales de muchos países. Además, provoca la destrucción de ecosistemas, contaminación tóxica de agua y suelos, y la pérdida de cultivos, agravando la crisis ambiental en una región ya vulnerable.

Los combates en Irán amenazan con convertirse en una bomba ecológica en el Golfo Pérsico. En una región que ya sufre condiciones climáticas extremas, la situación ha sido descrita como una auténtica bomba de relojería ecológica.

Se advierte que estos ataques a infraestructuras energéticas pueden dejar daños que duren años. La contaminación no solo queda en el aire, sino que también llega al suelo, al agua y a los cultivos. Los residuos tóxicos pueden acumularse en carreteras, tejados y terrenos agrícolas, y cuando el viento levanta polvo, esas sustancias pueden volver a dispersarse y afectar nuevamente a la población.

Entre los principales factores de contaminación, se destaca la destrucción de edificios civiles, lo que ha generado 2,4 millones de toneladas de dióxido de carbono.

Asimismo, las operaciones militares implican el consumo de entre 150 y 270 millones de litros de combustible, utilizado por aeronaves, embarcaciones y vehículos, lo que deriva en más de 529.000 toneladas de emisiones contaminantes.

Otro de los impactos proviene de ataques a infraestructura energética. La quema de entre 2.5 y 5.9 millones de barriles de petróleo, tras bombardeos a depósitos de combustibles y represalias en la región del Golfo, dio origen a cerca de 1.88 millones de toneladas de dióxido de carbono.

Se advierte que, de mantenerse este ritmo, las emisiones podrían alcanzar 130 millones de toneladas en un año, equivalente a las emisiones anuales de países completos como Kuwait o incluso a la suma de decenas de naciones con baja huella de carbono.

Los países de Oriente Medio se encuentran entre los más expuestos del mundo a los impactos cada vez más intensos del cambio climático. La lista incluye fenómenos como olas de calor, sequías prolongadas, tormentas de arena cada vez más frecuentes, inundaciones devastadoras y el aumento del nivel del mar. Estas amenazas representan riesgos directos para la salud, la seguridad alimentaria, la economía y la estabilidad política de la región.

La guerra y el clima están estrechamente vinculados. La escasez de recursos naturales, agravada por el cambio climático, aumenta el riesgo de violencia, mientras que los conflictos destruyen ecosistemas, obstaculizan la gestión sostenible de los recursos y limitan la capacidad institucional para la respuesta ambiental.

Una de las principales barreras es la escasez de periodistas especializados en clima y medio ambiente. En la mayoría de las redacciones, el tema es abordado esporádicamente por reporteros generalistas, quienes carecen de la formación necesaria para interpretar informes técnicos o evaluar políticas públicas. Esto limita la capacidad de transmitir información precisa.

El futuro dependerá de la capacidad de integrar la agenda climática en la vida cotidiana de las redacciones, los responsables de la toma de decisiones y la sociedad civil. A pesar de los desafíos, invertir en periodismo especializado y valorar el conocimiento local puede contribuir a construir narrativas mas cercanas a la realidad y, sobre todo, más eficaces.

Cristian Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).



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jueves, 16 de abril de 2026

¿Hacia dónde correr cuando no tenemos tiempo?


Fuentes: Climática [Foto: Yunus Tuğ.

«Ya hay muchas prácticas compartidas y sinergias en marcha entre el decrecimiento, la redistribución y la economía solidaria, pero es necesario repensar y profundizar esas alianzas. En la crisis gigantesca y multifacética actual, las sociedades están corriendo en tres direcciones distintas», señala el autor.

El ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán y el posterior bloqueo iraní del estrecho de Ormuz ha puesto sobre la mesa una cuenta atrás angustiante en la que vamos elucubrando día tras día cuánto nos faltará para notar en nuestras vidas la escasez de petróleo, gas natural, fertilizantes, azufre, helio o aluminio, todas ellas mercancías que salen del Golfo Pérsico a través de esa ruta y que son claves en la economía global. Vivimos con la sensación, muy real, de que tenemos muy poco tiempo para parar este sinsentido.

Pero en realidad lo más urgente en el suroeste asiático no es frenar las afecciones sobre nuestras vidas de la guerra, sino sobre las suyas: detener el genocidio palestino, la conquista del Líbano por Israel, la destrucción de Irán… Cada día que no lo conseguimos mueren decenas de personas.

Aunque, si nos ponemos a enumerar efectos en los que estamos, en el mejor de los casos en tiempo de descuento, nos salen otros de todavía mayor calado para las vidas humanas actuales y por venir, y las del resto de seres vivos: el caos climático se nos está a punto de ir de las manos y lo mismo pasa con la disrupción ecosistémica, cuya mayor expresión es la pérdida de biodiversidad masiva. Es urgente también abandonar los combustibles fósiles antes de que ellos nos abandonen fruto de su agotamiento (además de por sus afecciones ambientales, claro) y lo mismo pasa con una economía adicta a la minería de elementos cada vez más escasos.

Vivimos un momento histórico caracterizado no solo por la prisa con la que vivimos, sino especialmente por la ausencia de tiempo para realizar de manera pausada los cambios imprescindibles con los que encarar tanta crisis.

Cuando ya no hay margen, parece de perogrullo plantear que hay que correr todo lo que se pueda, pero en realidad mucho más importante que correr con celeridad es saber hacia dónde hacerlo, porque una mala elección puede ser fatal. En la crisis gigantesca y multifacética actual, las sociedades están corriendo en tres direcciones distintas.

La primera es hacia acaparar los crecientemente escasos recursos minerales y, sobre todo, fósiles. Es la descarada apuesta de EE. UU. y sus aliados. Es la opción a la que intentan obligarnos las extremas derechas (y las no tan extremas). Es una carrera por sostener los privilegios de un puñado pequeño de la población global a costa de millones de vidas cobradas en guerras, impactos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad, o el racismo institucional. Una carrera que nos lleva colectivamente –también a quienes la promueven– con mucha velocidad al desastre más absoluto.

La segunda dirección es la del desarrollo irrestricto y acelerado de energías renovables de alta tecnología, coches eléctricos, reindustrialización verde, aviones movidos por agrocarburantes, ciudades inteligentes… Esta carrera está llena de incertidumbres: ¿habrá minerales para tanto molino y placa?, ¿alcanzarán para abastecer de energía a todas las personas o solo a unas pocas privilegiadas?, ¿no aumentarán las emisiones al menos a corto plazo (no olvidemos que no tenemos tiempo) con tanta nueva actividad industrial?, ¿apostar por transiciones dependientes de grandes empresas, no reproducirá las mismas injusticias?, ¿pasaremos de tener guerras por el petróleo a guerras por los metales estratégicos para las energías renovables?, ¿tanta necesidad de nuevos minerales no expoleará la pérdida de biodiversidad, el trabajo infantil, las guerras civiles en el Sur global o incluso el consumo de combustibles fósiles para mover las máquinas que escavan, transportan, refinan, centrifugan, muelen…?, ¿fiarlo todo al desarrollo de tecnologías que todavía no existen, como buenas baterías, no será demasiado arriesgado cuando no hay tiempo?, ¿será posible alcanzar una economía realmente circular cuando el grado de circularidad actual es del 9% y las tasas de reciclaje de la mayoría de los minerales están estancadas desde hace lustros? Tal vez son demasiadas dudas para que sea la dirección hacia la que correr más conveniente.

Así que queda una tercera opción. Es mucho menos espectacular. Tiene no pocos obstáculos que salvar en forma de imaginarios colectivos, intereses económicos e inercias sociales. Pero tiene una ventaja irresistible: es una dirección segura.

En lugar de la opción suicida de la primera dirección y la, cuanto menos, incierta de la segunda, reducir de forma drástica el consumo energético y material hasta los márgenes asumibles por los ecosistemas sabemos con total seguridad que tiene efectos sanadores ante las crisis ambientales que nos atenazan. Es más, existe una sólida evidencia científica de que es una media ineludible. También está sobradamente documentado que la satisfacción de las necesidades humanas requiere de menos, de mucho menos, consumo material y energético. El consumo suntuario actual no tiene nada que ver con nuestro bienestar, sino con el mantenimiento de una economía que tiene que crecer sin parar para no entrar en crisis. Así pues, corramos hacia el decrecimiento en el consumo material y energético con todas nuestras fuerzas.

Pero corramos sumando al decrecimiento más factores, pues sabemos que vivimos en sociedades muy desiguales. Desde luego, no todo el mundo debe reducir su consumo material y energético en la misma medida. De hecho, hay quien no puede porque vive en condiciones de miseria. De este modo, requerimos de un decrecimiento diferencial: mayor, mucho mayor, para quienes más tienen. Esto tiene varios nombres. Uno es redistribución de la riqueza.

Pero hay otro tipo de imposibilidad al que se enfrenta la población de cara a poner en marcha políticas decrecentistas: como consecuencia de los entornos sociales hay consumos que nos son muy difíciles de reducir. Por ejemplo, hay personas que necesitan (de verdad, no como excusa) el coche para ir a su puesto de trabajo y no puede renunciar a ese insostenible consumo energético.

De este modo, además de decrecer y redistribuir, es necesario cambiar nuestro sistema económico. Satisfacer nuestras necesidades no a costa de otras personas o del medio ambiente, algo que hacemos a diario incluso aunque no lo queramos al transportarnos a largas distancias, ingerir comida industrial o comprar una camiseta. Cambiarlo para poner como objetivo de la economía nuestro bienestar y el del resto de personas. Esto ya está inventado y en marcha. Existen una miríada de prácticas reales englobadas al rededor de la economía solidaria que muestran como otra economía es viable en vivienda, educación, alimentación, movilidad, obtención de energía, fabricación de bienes, salud, cuidado de personas dependientes, financiación, comunicación… Si no las conoces, búscalas y llama a su puerta.

Ya hay muchas prácticas compartidas y sinergias en marcha entre el decrecimiento, la redistribución y la economía solidaria, pero es necesario repensar y profundizar esas alianzas. Por ejemplo, la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) está dándole vueltas a cómo entrelazar estas miradas. Será uno de sus ejes de reflexión en su próximo encuentro de Idearia, que tendrá lugar en Pamplona/Iruña en mayo.

En conclusión, porque no tenemos tiempo, el decrecimiento, la redistribución y la economía solidaria son la dirección más segura hacia la que correr. Trabajemos para no tropezar en el camino y acelerar nuestra marcha.

Luis González Reyes es doctor en Ciencias Químicas y miembro de Ecologistas en Acción, Garúa, Fuhem y Entrepatios, entre otras.

Fuente: https://climatica.coop/opinion-hacia-donde-correr-cuando-no-tenemos-tiempo/



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miércoles, 15 de abril de 2026

¿Qué es el Solarismo?



Definición formal de una filosofía de la civilización energética

El Solarismo es una corriente filosófica contemporánea que interpreta el devenir de la civilización humana a partir de su base energética, proponiendo la transición desde un modelo sustentado en recursos finitos hacia un modelo organizado en torno a flujos energéticos abundantes, particularmente la energía solar.

Más que una propuesta tecnológica o un programa político, el Solarismo constituye un marco conceptual que articula la relación entre energía, poder, economía y organización social.

Su premisa fundamental es que la forma en que una sociedad produce y distribuye energía determina, en gran medida, su estructura económica, su configuración política y su horizonte cultural.

Principio central

El Solarismo sostiene que la transición hacia fuentes energéticas abundantes, distribuidas y no monopolizables —como la energía solar— genera condiciones objetivas para una reorganización estructural de la civilización.

Esta reorganización implica el desplazamiento progresivo de modelos basados en la escasez, la acumulación y la concentración del poder, hacia modelos sustentados en la circulación, la descentralización y la autonomía.

Dimensiones del Solarismo

Como filosofía integral, el Solarismo se desarrolla en múltiples niveles:

– Ontológico

La realidad social está condicionada por su base energética.

La civilización no es independiente de la energía que la sostiene.

– Epistemológico

El análisis de los sistemas humanos requiere comprender sus estructuras energéticas subyacentes.

– Ético

El uso de la energía debe alinearse con la sostenibilidad del sistema que la hace posible, promoviendo equilibrio entre desarrollo humano y entorno natural.

– Político

La descentralización de la energía conduce a la descentralización del poder, favoreciendo formas más distribuidas de organización social.

– Económico

Propone el tránsito de economías de depósitos (basadas en recursos finitos y acumulables) hacia economías de flujos (basadas en recursos continuos y no acumulables en su origen).

Ruptura paradigmática

El Solarismo introduce una ruptura con el paradigma dominante de la modernidad, basado en la escasez como principio organizador.

Al incorporar una fuente energética prácticamente inagotable, redefine conceptos fundamentales como: valor, producción, dependencia y soberanía.

Este cambio no es meramente técnico, sino estructural.

Alcance

El Solarismo no se limita a la transición energética ni al ambientalismo. Se proyecta como una interpretación del futuro humano en un contexto donde la energía deja de ser un factor limitante y se convierte en una condición habilitante para nuevas formas de organización.

Naturaleza de la propuesta

El Solarismo no es una ideología cerrada ni un sistema doctrinario rígido.

Es un marco abierto de interpretación y acción, que busca comprender y orientar la evolución de la civilización en función de las transformaciones energéticas en curso.

El Solarismo define una etapa emergente de la historia humana:

una civilización que, al reorganizarse en torno a la abundancia energética, puede trascender las limitaciones estructurales impuestas por la escasez.

No como una utopía, sino como una posibilidad concreta derivada de una nueva realidad material.



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martes, 14 de abril de 2026

William Morris y el nacimiento de una conciencia ecológica



“Morris constituye uno de los ejemplos más notables de afinidad electiva entre romanticismo y conciencia ecocrítica” (Michael Löwy y Robert Sayre)

Hace ciento treinta años fallecía en Hammersmith, William Morris. Fue uno de los primeros socialistas ingleses, pero su figura no es suficientemente conocida más allá de su legado artístico que sigue siendo estudiado y homenajeado actualmente en exposiciones sobre el movimiento Arts & Crafts (1).

Morris representó muchas cosas, entre ellas, una contracultura a la hegemonía victoriana. Un romanticismo sobre el que emergió una incipiente conciencia ecologista. Un socialismo influenciado por ideas libertarias y fuertemente antiestatista que, además, hizo de la crítica moral a la civilización moderna su principal seña de identidad. Finalmente, Morris, también fue considerado un creador de la utopía social y ecológica.

Se hizo socialista casi con cincuenta años cuando ya era una figura conocida entre las vanguardias artísticas de Inglaterra. Leyó los textos de los socialistas utópicos pero se quedó impresionado con los trabajos de Marx, en particular el tomo uno de El Capital que leyó en francés. Es llamativo porque Morris provenía de una tradición romántica alejada de la economía política. Gran parte de su vida estuvo influenciado por Thomas Carlyle, William Cobbett y especialmente John Ruskin. Todos ellos pertenecientes al romanticismo inglés.

Precisamente esa influencia marca la originalidad política de Morris. El romanticismo es un movimiento de regreso hacia lo medieval y a la naturaleza salvaje. Detesta ante todo la civilización moderna aunque no se exprese en términos económicos. Ensalza la armonía entre lo humano y la naturaleza que le rodea frente al desarrollo industrial y la miserable fealdad de sus entornos. En cierto sentido es una puerta abierta al ecologismo con el mérito de que su ecocrítica arranca a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

El otro factor que marca la singularidad del marxismo tardío de Morris es su convicción de que el capitalismo no es solamente un modo de producción, sino una degradación moral para el ser humano y para la naturaleza. En eso, se acerca bastante al anarquismo de Kropotkin. Para Morris la crítica moral es tan importante como la crítica económica. Las relaciones sociales de producción son también relaciones morales en donde las clases dominantes ejercen todo su poder frente a las clases trabajadoras. Morris lo expresó con una poderosa frase: “odio la civilización moderna”. E.P. Thompson, Raymond Williams, Michael Löwy o Jorge Riechmann  forman parte, en mi opinión, de esa tradición romántica, socialista y humanista (2).

Analizando la obra de Morris creo que existe una diferencia de enfoque general con los fundadores del marxismo. Está documentada en la correspondencia privada de Engels a Marx, que éste le consideraba un “socialista sentimental». Cuando Thompson escribió la monumental biografía de W. Morris dijo:

“Tuvo la fortuna de sustraerse de las cadenas del dogmatismo. Los puntos en los que enlaza con la tradición marxista son importantes, pero no lo son menos aquellos en que sus acentos divergen. Su desconfianza hacia el culto acrítico al crecimiento de la producción mecanizada prefigura  en numerosos aspectos las preocupaciones ecológicas de hoy. Morris fue un comunista verde. Pero fue también un crítico del estatismo centralizado”. (3)

Para Michael Löwy existe un legado de Morris hacia los movimientos ecologistas actuales:

“Fue una importante fuente del movimiento ambientalista de los años sesenta y setenta y una referencia  en particular para The Greening of America de Charles A. Reich. Diferentes corrientes del pensamiento ecológico y social de los ochenta, noventa y posteriores también se han visto afectadas por su obra de un modo u otro; entre ellas, cabe destacar algunas de las tendencias más radicales: la llamada ecología profunda (deep) o espiritual, el ecofeminismo, el ecosocialismo y la ecología social libertaria (anarcosocialismo)”.(4)

Löwy está en lo cierto. El mayor mérito de Morris consiste en anticiparse a su época. Hoy, en la era del cambio climático cae de su propio peso, pero no a finales del siglo XIX donde además, estaba de moda una fuerte corriente positivista de ensalzamiento del poder del hombre sobre la naturaleza. A comienzos del siglo XX no había todavía aumento significativo de gases de efecto invernadero, ni aumento de la temperatura media del planeta, ni de la acidificación de los océanos, ni se encontraban en peligro de extinción miles de especies animales o plantas.

Estas palabras de William Morris resultan premonitorias sobre los principios ecológicos que hoy defienden las corrientes decrecentistas: “El otro día le oí al señor Balfour (ministro de Irlanda nombrado por la Reina Victoria entre 1887 y 1891) decir que el socialismo era imposible porque, en un régimen semejante, produciríamos mucho menos. Pues bien, yo digo que deberíamos producir la mitad o la cuarta parte de lo que producimos, y aún así, seríamos mucho más ricos, y por lo tanto mucho más felices, de lo que somos ahora. Así, cualquier trabajo que llevarámos a cabo produciría cosas útiles -cosas que todos necesitamos- en lugar de tener que trabajar en la fabricación de inutilidades que no quieren ni los tontos”. (5)

William Morris introdujo -objetivamente- una ruptura con una concepción más economicista y desarrollista del socialismo del siglo XIX. Una concepción que con la degeneración del estalinismo, tuvo consecuencias ecocidas: la industrialización acelerada, la explotación agrícola intensiva, la construcción de centrales nucleares, la utilización y experimentación con la energía atómica, la degradación medioambiental, etc. En todo esto, el Estado burocrático no se diferenció en nada del capitalismo occidental.

Resulta obvio que  Marx y Engels no deben “pagar” por los crímenes ecológicos de los Estados burocráticos. Sería como culpar a Charles Darwin del darwinismo social que preconizan las corrientes reaccionarias. Pero la visión antropocéntrica y la concepción de una idea de progreso basada en un desarrollo de las fuerzas productivas no ayudaron lo más mínimo a frenar la crisis actual.

Ahora, algunos marxistas como Bellamy Foster y sobre todo Kohei Saito, a partir de la apertura de los archivos MEGA (Marx-Engels Gesambausgabe), están tratando de mostrar que un Marx tardío empezó a ser sensible a la destrucción que el capitalismo producía sobre la naturaleza.  En mi opinión, a la espera de nuevos resultados en la investigación, esa tésis no ha sido suficientemente demostrada.

En cualquier caso, William Morris, abrió intuitivamente un camino que, desgraciadamente, no tuvo continuidad entre todas las corrientes marxistas al menos hasta mitad del siglo XX.  Como ha señalado Jorge Riechman en su reciente libro: “Absortos en los importantes debates sobre si socializábamos o no los principales medios de producción, se nos olvidó la cuestión esencial: cómo habitamos la Tierra.” (6)

El socialismo que proponía William Morris se encuentra a medio camino entre la nostalgia romántica y la utopía futurista de “News from Nowhere” (7) ¿Qué queda hoy de todo eso? ¿Es posible reinventar un nuevo socialismo en el siglo XXI contrario al desastre medioambiental y ecológico de la industrialización capitalista y burocrática?

Hace treinta años, Perry Anderson, escribió varias hipótesis en su conocida respuesta a Francis Fukuyama (8). Si el socialismo había entrado en un punto de inflexión con la desaparición de la URSS ¿A dónde podían dirigir sus esfuerzos los movimientos anticapitalistas del momento? La idea de un socialismo híbrido entre la vieja concepción del siglo XIX depurada de cierta religiosidad subjetiva (el papel revolucionario del proletariado), sumada a la necesidad de ofrecer una alternativa a la crisis ecosocial y a una nueva revalorización de la crítica moral a la civilización, tomó toda su relevancia.

Sin embargo no se trata solo de un tema teórico que resida en nuestras cabezas. Podemos reformular sobre el papel un socialismo ecológico para las sociedades del futuro pero esa alternativa es posible que haya llegado demasiado tarde. Como han manifestado muchas veces sectores del ecologismo, hace cincuenta años estábamos en condiciones de cambiar el curso de los acontecimientos, pero los triunfos de un capitalismo ávido de crecer y crecer ha empujado a la civilización en un sentido contrario y, peor aún, seguimos pisando el acelerador hacia un futuro cada día más incierto.

Las fuerzas de la naturaleza que hemos desencadenado, por el momento, están fuera de nuestro control; de nuestras capacidades científicas y tecnológicas actuales. Pero no de nuestra voluntad como hombres y mujeres libres si fuéramos capaces de cambiar los patrones económicos, políticos y culturales del sistema actual.

La emergencia climática ha entrado en nuestras vidas y lo hará con mucho más vigor en las próximas décadas. Por decirlo claramente, no podemos albergar la esperanza de un futuro socialista, es decir, una sociedad igualitaria, libre y abundante para diez mil millones de seres humanos, con temperaturas medias de +3 o +6º en la Tierra. Los impactos globales que tendrán sobre las poblaciones y los ecosistemas serán próximos a lo que las glaciaciones supusieron para nuestros ancestros hace cien mil años.

Ahora se trata de activar, como dijo Walter Benjamin, los frenos de emergencia. No renunciamos a la utopía socialista que con toda su belleza encarnó William Morris, pero debemos tener en cuenta que la máxima prioridad es preparar a las próximas generaciones para el futuro de un planeta que sufrirá grandes convulsiones. Cuanto más conscientes seamos y mejor estemos organizados -las clases trabajadoras y las poblaciones más pobres- mejor podremos enfrentarnos tanto a los desafíos de la naturaleza como a la brutalidad egoísta de las clases dominantes.

Notas:

1.- Arts & Grafts: Fue un movimiento artístico y cultural nacido a finales del siglo XIX como respuesta a la revolución industrial. Defendió el retorno a la artesanía natural y la integración del arte a la vida cotidiana. Su líder fue William Morris.

2.- Creo que la influencia de W. Morris en estas cuatro personas ha sido importante. En el caso de E.P. Thompson es explícita y podríamos decir que Morris fue para Thompson su alter ego. Raymond William también tiene una deuda con Morris como se refleja en sus trabajos culturales o ecologistas. Löwy escribió junto a Robert Sayre una serie de ensayos titulados “Anticapitalismo romántico y naturaleza” que sitúan a Morris como pionero de la ecología. Jorge Riechmann  por su parte ha desarrollado un enfoque ecologista profundo donde se unen conceptos científicos (ley de la entropía), éticos (simbioética) y radicalidad política (ecosocialismo) muy próximos a Morris.

3.- E. P. Thompson. William Morris. Romántico y revolucionario (1955). Editado en castellano en la Editorial Debates en 1988.

4.- Michael Löwy y Robert Sayre. Anticapitalismo romántico y naturaleza. Editorial Enclave. 2020.

5.- W. Morris. La era del sucedáneo. Editorial Pepitas de calabaza. Página 113. Año 2016.

6.- Jorge Riechmann. Donde el amor allí el mundo, pág 46. Ensayos de simbioética. El desvelo ediciones Altoparlante. 2025

7.- News from Nowhere (Noticias de ninguna parte) . Capitán Swing. Año 2011.

8.- Perry Anderson. Los fines de la historia. Editorial Anagrama. 1996

Jesús Jaén Urueña es activista social.

Fuente: https://vientosur.info/william-morris-y-el-nacimiento-de-una-conciencia-ecologica/



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