domingo, 30 de junio de 2019

Una investigación demuestra que EEUU transporta la mayoría de su basura de plástico a países pobres


Por Pijamasurf

Al parecer países como Bangladesh, Laos, Etiopía o Senegal son algunos de los que en los últimos años han empezado a manejar cada vez más basura estadounidense, luego de que Hong Kong, el país que más plástico estadounidense procesaba, dejó de hacerlo tras nuevas regulaciones chinas.
Vivimos en un mundo en el que en algunos lugares del océano el plástico es más común que el plancton. Y en la forma en la que lidiamos con nuestra basura hay, como podría esperarse, sucios secretos.
Una importante investigación del diario The Guardian halló que Estados Unidos dirige mucha de su basura a países subdesarrollados, pese a que promueve internamente que la basura sea reciclada de manera limpia y organizada en fábricas. Según The Guardian, cientos de miles de toneladas de plástico son llevadas en barcos a países en los que no se tienen muchas regulaciones sobre la basura y donde hay mano de obra barata. El problema con esto es que existen crecientes reportes de que esta basura está produciendo problemas ambientales y de salud en estos países, que, por si fuera poco, ahora tienen que lidiar con la basura de los países ricos. Por otro lado, procesar la basura tan lejos del lugar de origen es poco ecológico.
Al parecer países como Bangladesh, Laos, Etiopía o Senegal son algunos de los que en los últimos años han empezado a manejar cada vez más basura estadounidense, luego de que Hong Kong, el país que más plástico estadounidense procesaba, dejó de hacerlo tras nuevas regulaciones chinas. Ahora que los chinos ya no quieren la basura, los países más pobres reciben esta masa tóxica de plástico. Se cree que más del 70% de la basura de plástico que generan los estadounidenses, seguramente la potencia mundial en generación de basura per capita, es tratada en otros países. La siguiente gráfica de The Guardian muestra cómo se distribuye la basura:
El plástico y otros materiales no biodegradables se han convertido en un enorme problema de contaminación y afectación del medioambiente. Este problema se exacerba por el hecho de que en general a las personas no les interesa saber qué pasa con su basura, sólo quieren que alguien se la lleve. Lo único que suele importar es poder seguir manteniendo un estilo de vida de la más holgada comodidad.




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Ecosocialismo. «Colapsología: todas las derivas ideológicas son posibles»


Por Ballast

Los muchos efectos del cambio climático están frente a nuestros ojos. La naturaleza no lineal de este proceso hace que las proyecciones futuras sean inciertas, pero no hay duda de que el modelo económico dominante es una de las causas principales. Daniel Tanuro, ex agrónomo y autor de El imposible capitalismo verde, defiende una alternativa ecosocialista: una ruptura radical con el productivismo, que durante mucho tiempo ha permeado las corrientes socialistas mayoritarias. Pero desde la emergencia hasta el desastre, a veces existe solo un paso, que la colapsología cruza sin dudar: sus partidarios dirán que el colapso de la civilización que conocemos tendrá lugar en un futuro muy próximo, y que ya es demasiado tarde para actuar sobre ello. Tanuro está equivocado; lo discutimos.

Ballast: una vez escribió que «el ecosocialismo es algo más que una nueva etiqueta en una botella vieja». ¿Qué tiene de singular esta palabra?
Daniel Tanuro: una ruptura radical con la idea de que el socialismo sería necesario para «liberar las fuerzas productivas materiales de los obstáculos capitalistas» y así permitir su «desarrollo ilimitado», una condición para la emancipación humana a través de la «dominación de la naturaleza». Es cierto que en Marx, un investigador del pensamiento abierto, las fórmulas prometeicas están enmarcadas o compensadas en otra parte por un naturalismo sincero y un análisis que expone el carácter destructivo del capitalismo. En El Capital, escribe que «la única libertad posible es que el hombre social, los productores asociados, gestionen racionalmente su intercambio de materia con la naturaleza y lo hagan en las condiciones más dignas, las más acordes con su naturaleza humana». John Bellamy Foster ve en esta fórmula la marca de una «ecología marxiana». Pero, en primer lugar, esta «ecología» es una cantera colateral apenas perforada por el mismo Marx. En segundo lugar, y lo más importante, los marxistas posteriores abandonaron este proyecto para volver a caer en las fórmulas estereotipadas y mecanicistas sobre el «progreso». Hay algunas excepciones, Walter Benjamin es la más notable, pero han permanecido en los márgenes. La degeneración estalinista no es suficiente para explicar esta realidad. La crítica debe profundizar más. Es necesario, sin anacronismos pero sin complacencia, desechar las concepciones que abarrotaban al marxismo con «escorias productivistas», como dijo Daniel Bensaïd. Este trabajo ha adquirido una importancia considerable hoy en día, por la sencilla razón de que una respuesta socialista no productivista es la única alternativa a la catástrofe ecológica que está creciendo ante nuestros ojos.
En su libro Esto lo cambia todo, usted cree que Naomi Klein oscila entre «una alternativa anticapitalista autogestionada y descentralizada, ecosocialista y ecofeminista (…) y un proyecto de capitalismo verde regulado, basado en una economía mixta relocalizada e impregnada de una ideología del cuidado y la prudencia». ¿Está esto también funcionando en los partidos de la izquierda crítica que, en todo el mundo, aspiran al poder?
La «izquierda crítica», como usted dice, se enfrenta a este terrible dilema: hay un abismo entre el programa anticapitalista muy radical que es objetivamente indispensable para detener la catástrofe climática, por una parte, y el nivel de conciencia de la gran mayoría de la humanidad, por otro lado. Pero Naomi Klein, en su libro, tiene el inmenso mérito de reconocer desde el principio la dificultad: «No tengo dudas sobre la necesidad de medidas radicales», escribió, «pero me pregunto cada día sobre su factibilidad política». En el contexto de su pregunta, esta «flotación» me parece bastante positiva. Por un lado, esta franqueza lúcida falta en muchos partidos; por otro lado, Klein no se limita a la «viabilidad política»: aunque hace, erróneamente,  un elogio al «Energiewende [1] alemán». (En el contexto norteamericano, ¡es perdonable!), insiste especialmente, (¡con razón!) sobre la importancia estratégica de la acción directa no violenta contra proyectos extractivistas de fósiles y reclama la coordinación internacional de la «Blockadia [2]». En estos dos puntos, es más avanzado, más revolucionario y más coherente que la mayoría de los partidos de la «izquierda crítica». Debido a que aspiran al poder, estos partidos minimizan la radicalidad de las medidas a tomar. En particular, evitan la necesidad absoluta de reducir la producción de material y el transporte para lograr los niveles necesarios de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Esta es la principal crítica que debe dirigirse a la propuesta Green New Dealavanzada en los Estados Unidos por Alexandria Ocasio-Cortez, por ejemplo. La misma crítica debe dirigirse en mi país al PTB [Partido del Trabajo Belga], que ha logrado un avance notable, pero está contento, ante el cambio climático, de prometer transporte gratuito y una «revolución del hidrógeno [3]». Una cosa es colocar delante reivindicaciones parciales, correspondientes al nivel de conciencia, con el objetivo de iniciar un proceso de radicalización de la lucha, y así comenzar a salvar el abismo; otra cosa es hacer creer que la realización de estas demandas parciales de cualquier gobierno sería suficiente para evitar que la catástrofe se convierta en un cataclismo. Porque no es cierto. Para tener una media posibilidad de mantenerse por debajo de 1,5 °C de calentamiento sin el uso de tecnologías de aprendiz de brujo, las emisiones netas globales de COdeben reducirse en un 58% para 2030, en un 100% para 2050, y ser negativo más allá de esa fecha. Es rigurosamente imposible alcanzar estos objetivos, e incluso acercarse a ellos, sin una ruptura revolucionaria anticapitalista. Aquí  es donde encontramos la cuestión clave del crecimiento.
El productivismo ha ganado históricamente numerosas corrientes de izquierda durante dos siglos [4]. ¿Qué lugar le das a esta noción en tu pensamiento?
De hecho, las concepciones «productivistas» han sido históricamente hegemónicas en la izquierda. Aun así, debemos ponernos de acuerdo sobre el término. El sistema soviético sin duda debe considerarse productivista, pero fue un absurdo productivismo burocrático: estaba basado en la defensa de los privilegios parásitos de la casta gobernante, no en las relaciones de producción. Este productivismo no tiene nada que ver con el pensamiento de Marx al menos tanto como la Inquisición tiene que ver con el mensaje de Jesucristo. Desde las primeras páginas de El Capital, su comparación de los dos movimientos M-D-M y D-M-D [5] lleva a Marx a la conclusión de que el segundo, que define al capital, implica necesariamente una tendencia al desarrollo sin fin. Esta tendencia está en el corazón del capitalismo, ya que se deriva de su objetivo fundamental: la producción de un (plus)valor abstracto [6]. Lógicamente, en lugar de reemplazar la producción de los valores debería haber cesado. En sus Teorías sobre la plusvalía, Marx vuelve a la pregunta por otro sesgo, más técnico: la competencia con fines de lucro conduce a un aumento fantástico en el capital fijo, y por lo tanto a un «lock-in» tecnológico [7]. De largo alcance, por una obligación despótica de producir: el «lock-in» del capital en el sistema de energía fósil es un buen ejemplo. Al concluir el razonamiento, evoca la tendencia del capital a «producir por producir, lo que también implica consumir para consumir». «Producir por producir» podría ser una buena definición de productivismo.
Según este rasero, Marx no es productivista, a pesar de sus ambigüedades prometeicas. Pero a este respecto, es dudoso si algún marxista lo haya sido: si no todos ellos hubieran tenido como objetivo el establecimiento de una economía basada en la satisfacción de las necesidades humanas reales a través de ¿la producción de valores de uso? Podemos ver que la pregunta no es tan simple. De hecho, el dominio productivista sobre la izquierda no se refiere tanto a «producir por producir», como a la idea estratégica de que el capital, al desarrollar las fuerzas productivas, acerca a la humanidad a la emancipación socialista, al reino de la libertad. Pero más allá de cierto punto, lo contrario es cierto. Por lo tanto, podría ser útil distinguir el productivismo de lo que podría llamarse la ideología productivista de la dominación sobre la naturaleza, o la ideología instrumental del progreso técnico ilimitado. En mi opinión, es esta ideología la que se ha constituido como hegemónica durante dos siglos. Pero no es fácil luchar, porque está arraigado no solo en la lógica económica del capital sino también en la situación esquizofrénica que esta lógica impone a los explotados, obligados a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Esta dura realidad basa el productivismo en la democracia social de gestión y los sindicatos reformistas, para los cuales el empleo depende del crecimiento. Como ecosocialistas, estamos en la continuidad del Marx ecológico cuando nos oponemos a la idea de que es urgentemente necesario producir menos y compartir más, especialmente compartir el trabajo necesario.
El movimiento marxista ha podido apoyar la idea de que el capitalismo eventualmente colapsaría bajo el peso de sus propias contradicciones económicas. Algunos críticos ecologistas del capitalismo a veces usan este tipo de discurso teleológico [8], afirmando que la sociedad termoindustrial en su conjunto se topará con los límites (físicos, naturales) y se derrumbará. ¿El ecosocialismo no tiene este horizonte?
Los marxistas han apoyado esta idea mecanicista de que la dinámica de acumulación conduciría automáticamente a un colapso del capitalismo. Este fue particularmente el caso en el período de entreguerras de un autor alemán, Henryk Grossman, que lo había convertido en un verdadero dogma. De hecho, existen fuertes similitudes entre esta teoría y la del inevitable colapso ecológico de la «sociedad termoindustrial», que hoy defiende algunas corrientes verdes. No es casual que un pequeño «marxista colapsado» actual haya reaparecido recientemente en el mundo de habla hispana, concretamente en América Latina. Los ecosocialistas por su parte rechazan este fatalismo del colapso. Que la situación es muy seria es obvio. Pero el capitalismo no colapsará por sí solo, ni por el peso de sus contradicciones internas, ni por la crisis ecológica. Por el contrario, su lógica alienta a los sectores de las clases dominantes a considerar los medios bárbaros neomaltusianos para salvarse a sí mismos y sus privilegios. Ante esta amenaza tan concreta, temo que el fatalismo del inevitable colapso sembrará la resignación. Pero necesitamos urgentemente lucha, solidaridad y esperanza.
Los ecosocialistas critican el concepto de Antropoceno porque invisibilizaría el papel del capitalismo y preferirían usar el del Capitaloceno. En nuestro séptimo número en papel, Agnes Sinai nos dijo: «El capitalismo es una explicación necesaria pero no suficiente del Antropoceno. Representa una dimensión histórica del industrialismo, pero no explica la fascinación por el átomo, la velocidad, las armas o los hipermercados». ¿Cuál es tu mirada en esto?
Discuto el concepto de Antropoceno pero no lo combato. Tomo nota de esto como la conclusión a la que llegaron los geólogos en función de sus criterios como geólogos: el aumento del nivel del mar, los elementos radiactivos, miles de compuestos químicos artificiales y la repentina caída de la biodiversidad que nos han puesto en peligro. La corteza terrestre presenta importantes huellas de actividad humana. Los geólogos creen que esto marca la entrada del planeta en una nueva era geológica. Los que se oponen al término «Antropoceno» no discuten esta conclusión. El problema es, por tanto, semántico. Ciertamente hablar del «Capitaloceno» permite señalar la gran responsabilidad del capital en la destrucción ecológica. Pero la medalla tiene un reverso negativo: la responsabilidad de los países del llamado «socialismo real» es invisible. Pero esta responsabilidad no es escasa: como recordatorio, antes de la caída del Muro, Alemania Oriental y Checoslovaquia mantuvieron el récord mundial de emisiones anuales de gases de efecto invernadero per cápita. También podemos preguntarnos acerca de la utilidad de este encubrimiento, en el momento preciso en que necesitamos entender por qué estos países fueron productivistas, para no caer en las mismas rutinas… En mi opinión, el punto clave no es la semántica sino la datación. Si los geólogos son consistentes con sus criterios de geólogos, entonces el cambio de era no irrumpe hasta la segunda mitad del siglo XX, lo que significa que las interpretaciones misantrópicas del término «Antropoceno» se oponen: no es la especie humana la responsable sino su modo histórico de producción. Este aspecto es decisivo, porque el peligro de una misantropía esencialista basada en una pseudociencia es muy real hoy en día, y se desarrolla a raíz de la creciente barbarie capitalista. Al mismo tiempo, es obvio que el hecho objetivo del cambio de época no termina el debate. Por el contrario, lo abre, y está claro a partir de los argumentos pro y contra que los criterios de los geólogos son inadecuados, en todo caso insuficientes, por la sencilla razón de que las causas del cambio de época no son «naturales» sino sociales. De ahí la necesidad de la crítica y la intervención de las ciencias humanas y sociales: historia, sociología, economía.
Desde un punto de vista económico, ¿cómo reconciliamos las gigantescas inversiones necesarias para transformar nuestros sistemas productivos, la energía en primer lugar, y una cierta disminución en el PIB?
La pregunta me parece mal planteada. Por un lado, el PIB no es un indicador relevante. Es imperativo, anclarse en «clavos verdes», reducir masivamente las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que respecta a la extracción, transporte y procesamiento de materiales, por lo tanto, al consumo de energía. Por consiguiente, la transición socioeconómica debe estar enmarcada por indicadores físicos. Por otro lado y sobre todo, son precisamente las gigantescas inversiones requeridas para la transformación de los sistemas productivos, en particular el sistema energético, lo que hace indispensable el decrecimiento en cuestión. La transición no significa que un sistema B podría funcionar como una alternativa al sistema A, sino que indica el camino de A a B. El sistema de energía fósil no es adaptable a fuentes renovables. Se debe desechar con urgencia y se debe construir un nuevo sistema. La tarea es enorme, e inevitablemente requiere grandes cantidades de energía. Hoy, a escala mundial, esta energía es un 80% fósil y, por lo tanto, una fuente de emisiones de CO2. En otras palabras: si todas las demás cosas siguen igual, la transición en sí misma será la causa de emisiones adicionales.
Pero estos deben comenzar a disminuir de inmediato, y muy radicalmente, como dije. En el contexto de la lógica capitalista de la acumulación, el problema es rigurosamente insoluble. Dejando de lado el negacionismo de Trump y Bolsonaro, la única respuesta del sistema es desarrollar tecnologías insuficientes, inciertas y peligrosas, como la energía nuclear y la bioenergía con captura y secuestro de carbono (BECCS). En lugar de hacer todo lo posible para evitar superar el umbral de peligro de 1,5 °C, elegimos superar este umbral con la esperanza de que estas tecnologías «enfríen» la Tierra después. Es una locura absoluta, un absurdo absoluto. Sin embargo, es a estas «soluciones» de aprendizaje de brujo  hacia las  que el «capitalismo verde» se está moviendo hoy. ¿Por qué? Porque la única manera racional de equilibrar la ecuación del clima es intolerable para él. ¿En qué debería consistir? Se debe decretar una movilización general, hacer un inventario de todas las producciones inútiles o peligrosas, todos los transportes inútiles y eliminarlos por completo, sin compensación para los accionistas, hasta que se logren las reducciones de emisiones necesarias. No hace falta decir que esta operación requiere medidas drásticas, especialmente la socialización de los sectores de energía y crédito, la reducción masiva de horas de trabajo sin pérdida de salarios, la reconversión del personal de las empresas hacia actividades útiles con ingresos garantizados, y el desarrollo de los servicios públicos democráticos.
La palabra decrecimiento ha sido descrita como una «palabra bomba». La colapsología, por la atracción que ejerce, incluso con personas o grupos sociales poco politizados, ¿es una «palabra imán»?
Sin embargo, ¿una «palabra imán» hacia qué? Toda la pregunta está ahí. Los colapsólogos no siempre son muy claros: hay matices y variaciones en su forma de hablar. Pero en última instancia, siempre tienden a volver a la afirmación de que «el colapso» es inevitable y que la única respuesta es crear pequeñas comunidades «resistentes», porque no habrá otra forma de sobrevivir después del Apocalipsis. En su último trabajo, Une autre fin du monde est possible, Pablo Servigne y sus amigos escribieron que el «colapso» es como la enfermedad de Hutchinson, enfermedad degenerativa, hereditaria y mortal: usted la tiene la acepta y deja de luchar… en lugar de identificar al capitalismo como la causa principal —no estoy diciendo que la única— de la destrucción ecológica. Naturalizan las relaciones sociales y plantean una amenaza sobre nuestras cabezas de acentos bíblicos. A partir de ahí, todos los excesos ideológicos son posibles, y Otro fin del mundo, por desgracia, nunca nos faltará…
Dicho esto, el atractivo de la colapsología es innegable y no unilateralmente negativo. Obviamente, se debe a la ansiedad por las terribles amenazas que representa la destrucción del planeta, y debe atribuirse el crédito de los especialistas en colapso por haber contribuido a informar de la gravedad de la situación. Pero esta atracción también es, en algunas personas, una conciencia política de la necesidad de romper profundamente con la sociedad actual, su productivismo y el fetichismo de la mercancía. Existe una paradoja: aunque parecen incapaces de explicar por qué el capitalismo es tan destructivo, los colapsólogos sin embargo se hacen eco de los grupos sociales, especialmente de los jóvenes, que buscan respuestas anticapitalistas. Con respecto a estos entornos, por lo tanto, es importante liderar el debate. En particular, creo que es importante explicar que el escenario inspirado por los anarquistas de un colapso del capitalismo allanando el camino para una sociedad de autogestión basada en las comunidades locales no aborda los desafíos globales de la transición. La complejidad de estos desafíos requiere una acción planificada. Me adhiero al 100% a las ideas de autogestión descentralizadas, pero la transición requiere tanto la centralización como la descentralización, la planificación y la autoactividad. La historia ha demostrado los terribles riesgos de la degeneración inherente a esta combinación de opuestos. Pero la burocratización no se puede evitar proyectando, más allá de la transición, un futuro radiante de autogestión, sin Estado ni partidos… Se necesita un programa para combatirlo.
Al considerar que algunos de ellos naturalizan las relaciones sociales, usted criticó a los colapsólogos por «sumergirse en una regresión arcaica» …
No digo que la naturalización de las relaciones sociales lleve inevitablemente a una regresión arcaica, pero la favorece indiscutiblemente. Si no identificamos la mayor responsabilidad histórica del capitalismo, ¿cómo podemos lograrlo, dónde está el posible resultado? Para algunos, no hay ninguno, la Tierra sufre de una enfermedad llamada humanidad y se curará con la eliminación de esta raza. Lamentablemente, esta es la conclusión cínica de James Lovelock al final de su libro sobre la hipótesis de Gaia, por ejemplo. Los colapsólogos ciertamente no están entre estos cínicos. El resultado, para ellos, sería psicológico: deberíamos pasar por una fase de luto, redescubrir nuestro inconsciente colectivo y nuestros arquetipos, incluidos los arquetipos masculinos y femeninos, profundamente enterrados desde la prehistoria. Debemos practicar rituales para encontrar al salvaje en nosotros. En resumen, la clave del futuro debe buscarse en el pasado más lejano, de acuerdo con las lucubraciones reaccionarias de Carl Gustav Jung. Esto es lo que llamé «regresión arcaica». Pero coexiste con otras tendencias, como la «eco-espiritualidad». La colapsología está atravesada por muchas contradicciones.
Dadas las décadas de inactividad de los poderes existentes y las luchas actuales por el poder, podemos temer una continuación del status quo, un escenario business as usual . Hablar de colapsos para nombrar las catástrofes que se derivarían de ellos, ¿no sería quizá en sí mismo un cierto pragmatismo?
Si utiliza el condicional, como lo hace, y habla de colapsos plurales y desastres plurales, como lo hace, el pesimismo es ciertamente una forma de lucidez. Pero esto no es lo que hacen los colapsólogos: no hablan de colapsos, sino de colapso absoluto, y este superconcepto absorbe todo indistintamente. Desde los colapsos del mercado de valores hasta los de los anfibios e insectos, todos los fenómenos están unidos como si estuvieran anunciando el fin del mundo. El amplio recurso a las referencias científicas le da a este discurso una apariencia de rigor, pero no es así. Primero porque las referencias están seleccionadas. Pero sobre todo porque hay un defecto de método. Uno puede «confiar en los dos modos cognitivos de razón e intuición», como escriben Servigne y sus amigos. Pero con una condición: esa razón trata de abarcar tanto la destrucción «antrópica» del medio ambiente, por una parte, como la responsabilidad precisa de la formación social histórica responsable hoy de esta destrucción, por otra. Sin articular estos dos aspectos de la realidad, cuanto más se acumulan los datos relacionados con la destrucción, mayor es la pregunta que se hace al público: «¿a dónde te dice tu intuición que esto nos guía?», probablemente nos llevará a la respuesta deseada: «Todo colapsará». Sin conciencia social, la intuición está sesgada, el razonamiento es circular y se utiliza la pseudociencia.
Desde 2007, has estudiado el best seller del científico Jared Diamond, Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Usted discute la idea de que el crecimiento de la población es un factor determinante en la crisis ambiental: ¿puede explicar por qué?
Es obvio que la demografía es parte de la ecuación ambiental. Lo que yo contesté a Diamond, entre otras cosas, es su intento de hacer de la demografía el factor determinante, la explicación final de sus supuestos «colapsos» de las sociedades humanas, y por lo tanto, la palanca principal de una política para evitarlas. Desde entonces, las críticas que he realizado han sido ampliamente confirmadas por numerosos trabajos científicos. En particular, se ha demostrado sin lugar a dudas que la explicación de Diamond sobre el colapso de la Isla de Pascua (la teoría del «ecocidio» por parte de una población que excede la capacidad de carga del ecosistema y presenta todos los signos de una arrogancia delirante) era, de un extremo a otro, solo un tejido de falsedades creadas desde cero. Lejos de ser los brutos tontos descritos por Diamond, los Rapa Nui (nombre polinesio de los habitantes de la isla de Pascua), habían desplegado tesoros de inteligencia para proteger el medio ambiente de su isla, incluso si fuera necesario contra sus propios errores. Fueron las incursiones de esclavos y el colonialismo lo que destruyó esta notable civilización y finalmente arruinó el ecosistema. Pero a esta verdad le cuesta mucho salir del pozo. Especialmente en Francia, donde las más altas autoridades del Estado continúan promoviendo el best seller Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen, que cimentó el éxito de Diamond. Espero que los colapsólogos eventualmente se alejen de este carácter reaccionario y racista.
Notas:
1. «Revolución energética» en alemán. «Energiewende» es el nombre dado al Programa de transición energética de Alemania. Sus dos medidas principales son el cese de la energía nuclear en 2022 y una electricidad 100% renovable en 2050.
2. Movimientos de resistencia en todo el mundo contra las industrias de combustibles fósiles.
3. El hidrógeno se propone a veces como «solución» energética, particularmente para vehículos: una pila de combustible transforma el hidrógeno en electricidad. Véase también «El falso milagro de la revolución del hidrógeno», Izquierda anti-capitalista, Daniel Tanuro (disponible en Viento Sur)
4.  Ver Serge Audier, L’Âge productiviste, La Découverte, 2019.
5. Para Marx, la forma inicial de movimiento de bienes se realiza de acuerdo con el siguiente proceso: una mercancía se intercambia por dinero, se intercambia por otra mercancía (este es el ciclo M-D-M). Pero hay otra forma de circulación de capital: el dinero se transforma en mercancía, a su vez se transforma en dinero (D-M-D). En el primer caso, el dinero es un medio simple de intercambiar bienes; en el segundo, el dinero es el propósito mismo de la circulación.
6. En la teoría marxista, el trabajo está en el origen de la producción de valor. Esto se define por «trabajo abstracto», el tiempo de trabajo promedio socialmente necesario para producir una mercancía. Al trabajador se le paga, por una parte, solo lo necesario para su supervivencia: el excedente es la buena voluntad (o plusvalía) que el capitalista se apropia.
7.  Bloqueo
8.  Doctrina que considera que todo en el mundo tiene un fin [un objetivo].
Fuente: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article49405
Traducción: Ana Jorge
sinpermiso.info/textos/colapsologia-todas-las-derivas-ideologicas-son-posibles-entrevista


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sábado, 29 de junio de 2019

El capitalismo crea un apartheid climático

Las contradicciones irresolubles del sistema económico

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Carlos Rafael Rodríguez
Canarias semanal


Varias agencias de noticias internacionales se hacían eco, el martes pasado, del informe presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas por su ponente especial sobre la extrema pobreza en el mundo, Philip Alston.



Según sus previsiones, el mundo va camino de un “ apartheid climático”, en el que los ricos comprarán su vía de escape de los peores efectos del calentamiento global, mientras los pobres segurián siendo los más perjudicados.
El jurista australiano citó como ejemplo de ello a los neoyorquinos vulnerables que quedaron atrapados sin electricidad ni atención sanitaria cuando el huracán Sandy azotó la ciudad en 2012, al tiempo que la sede de Goldman Sachs estaba protegida por decenas de miles de sacos de arena y contaba con electricidad de su generador.
En este sentido, cuestionó la confianza exclusiva en el sector privado para protegerse de las condiciones meteorológicas extremas y de la subida del nivel del mar, pues en su opinión, ello traería inevitables violaciones masivas de los derechos humanos, con los ricos atendidos y los más pobres abandonados.
Para el experto, cualquier solución pasa porque la economía mundial dé un giro fundamental y se distancie de los combustibles fósiles, a los que responsabiliza de gran parte de las emisiones de efecto invernadero provocados por el “hombre”.
Al respecto, su informe critica a los gobiernos por hacer poco más que enviar funcionarios a conferencias para hacer discursos, a pesar de que los científicos y los activistas del clima han estado dando la voz de alarma desde la década de 1970
Para hacer más dramático el informe, si cabe, su difusión se produce cuando Europa , especialmente en el oeste del continente, sufre una fuerte ola de calor con temperaturas inéditas para un mes de junio que podrían intensificarse en los próximos días.

Según refieren varios organismos de previsión meteorológica europeos, como Météo France , esta “racha de calor” no tiene precedente, para un mes de junio, desde 1947 por su intensidad.

En este mismo sentido, se pronuncio, Stefan Rahmstorf, investigador del Potsdam Institute for Climate Impact Research , quien señaló que este aumento extremo de calor se está produciendo tal y como la ciencia lo había previsto, por efecto directo de un calentamiento inducido por los gases de efecto invernadero

No obstante, más allá de la importancia de tales revelaciones que más que contribuir a la solución del problema en términos de conciencia social, confunden a la opinión pública pues terminan reforzando la percepción -ya bastante generalizada- de que el mundo se ha comprometido en la lucha contra el cambio climático. Todo transcurre en el nivel discursivo, con mucha propaganda y profusa estrategia de comunicación sobre energía verde y renovable, pero nada de enfoques de fondo que den lugar a acciones substanciales.

Lo que sucede, por una parte, es que no se cuestiona el modelo de producción, distribución y consumo capitalista regido por lógicas ajenas a las leyes de la física, de la dinámica de los seres vivos y que termina colisionando frontalmente contra los límites biofísicos de la vida en el planeta. ¿Por qué seguir intentando la lucha contra el síntoma (cambio climático) interviniendo sobre el consumo y dejando intacta la voraz cultura productivista que encierra el capitalismo?

Pensemos por un momento en el modelo de vida en el que nos desenvolvemos los españoles, por ejemplo, y tomemos la herramienta de la huella ecológica como indicador del impacto ambiental. Lo que nos encontramos es que estamos consumiendo recursos que no existen. Con nuestro ritmo de consumo, en España necesitaríamos tener los recursos de 3 planetas Tierra solo para nosotros.
Más o menos todos comprendemos perfectamente lo que está pasando con el clima pero no sabemos que hacer ante tantas soluciones “buenistas” del tipo “economía verde”. Por que el problema es mucho más grave todavía cuando el obstáculo está también en todos y cada uno de los que hemos nacido en este sistema no solo productor de mercancías sino de subjetividades afines, adecuadas a sus necesidades.

Para entender la magnitud del cambio a realizar –objetiva y sobre todo subjetivamente - tomemos el ejemplo del reino de España y su parque móvil de unos 15 millones de coches. El reto es -según los cálculos realizados por investigadores canadienses- que el número de ellos que resultarían necesarios para respetar los límites biofísicos de la Tierra serían 180.000 vehículos con motor de combustión. ¿Podemos imaginarnos tamaño cambio si sacamos de nuestras vidas al 98,8 % de los coches que hoy circulan en nuestro país para frenar de verdad el efecto nocivos de los gases de efecto invernadero producido por los motores de tantos coches?

Esta disyuntiva nos recuerda el tema del amianto en Alemania abordado desde el punto de vista de la subjetividad de los trabajadores afectados abordado por el militante comunista y filósofo Manuel Sacristán Luzón en el coloquio de una conferencia suya en 1983 sobre “Tradición marxista y nuevos problemas", en el año del centenario de Marx.
“Hará unos cinco o seis años - reflexionaba Sacristán entonces- el anterior gobierno alemán reconoció finalmente, ante la presión del movimiento ecologista, que el amianto es una de las industrias más cancerígenas que existen (la silicosis de amianto es más frecuente y más cancerígena que la de un minero del carbón). Prepararon entonces un proyecto de ley por el que esa industria sería abolida en cuatro años, durante los cuales darían un subsidio, equivalente aproximadamente al salario mínimo, a los obreros de la industria y se dotaba de un premio para inventores, para ingenieros, que desarrollaran sucedáneos del amianto como aislante término” .
Sin embargo, el obstáculo a la ley que por lógica elemental se orientaba en el sentido correcto de solución del problema, surgió de donde menos se esperaría en términos de intereses. Recordaba Sacristán que hubo un movimiento en contra que derribó la ley en el que se encontraban, además de la patronal – por su puesto- el sindicato y “un sector de clase obrera cogido entre la espada y la pared, entre la espada de los nuevos problemas y la pared de la conservación del puesto de trabajo tradicional”.
“[…] ese grupo -concluía su breve reflexión Manuel Sacristán- ese sector de la clase obrera es claro que prefirió su alto salario, su coche y su nevera a su salud, fenómeno que en otras épocas no se producía así” .
No se trata de la clásica alienación, esa parte proscrita de nosotros mismo. El advenimiento de las sociedades de consumo trajo consigo el acceso masivo de bienes que antes eran inimaginables. Por lo tanto, la satisfacción de las necesidades no solo se realiza por la vía de la mercancía misma, sino a través de la modelación que ese consumo genera en la manera en la que soñamos una sociedad mejor.



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Chile. Trabajadores y organizaciones expresan frente al Senado el rechazo transversal al TPP-11


Por Politika
A mediodía del miércoles 26 de junio, dirigentes sindicales y representantes de movimientos sociales y medioambientales se reunieron en el frontis de los Tribunales de Justicia de Santiago y luego marcharon hasta las oficinas del Senado para manifestarse en contra de la aprobación del  Tratado Transpacífico TPP-11. Las organizaciones que integran la Plataforma Chile Mejor […]
A mediodía del miércoles 26 de junio, dirigentes sindicales y representantes de movimientos sociales y medioambientales se reunieron en el frontis de los Tribunales de Justicia de Santiago y luego marcharon hasta las oficinas del Senado para manifestarse en contra de la aprobación del  Tratado Transpacífico TPP-11.
Las organizaciones que integran la Plataforma Chile Mejor Sin TLC, hicieron un llamado a movilizarse en todo el país para dar conocer a las y los senadores que el rechazo al TPP-11 es transversal.
Junto a Chile Mejor Sin TLC se hicieron presentes representantes de la CUT, Coordinadora Nacional de Trabajadores NO Más AFP, de la CGT, Confusam, Fenpruss, MAT, Profesores, quienes destacaron el impacto negativo para el pueblo trabajador de los tratados de libre comercio.
Mario Villanueva, de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de No Más AFP, señaló que: “es fundamental la unidad de todas las organizaciones, de todo el pueblo para luchar contra estos tratados que nos quieren imponer, porque a lo que apuntan es a limitar la soberanía nacional”. De aprobarse este tratado no podremos terminar con las AFP e imponer un sistema solidario, si logramos avanzar con esa lucha las corporaciones transnacionales, que son dueñas de las AFPs podrían recurrir a este tratado con la finalidad de impedir los cambios, declaró durante la instancia.
Manuel Ahumada, Presidente de la Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras, criticó la falta de transparencia respecto a estos tratados ya que: “no existe libre comercio, porque se trata de que metan mercadería de los grandes países a este país chiquitito que, dicen, también es libre de llevar su mercadería, pero también es libre de llevar la cuota de explotación del campesino y de explotación de la fuerza de trabajo en todos lados, es libre a costa de la polifuncionalidad y adaptabilidad en los contratos”, declaró.
Francisca Fernández, vocera del Movimiento del Agua y Territorios MAT,  señaló que el TPP-11 ha abierto un debate histórico: “los Tratados  de Libre Comercio han sido el brazo histórico del Extractivismo, por eso la pelea contra el TPP-11 también es una pelea por cambiar de raíz la matriz productiva y energética del país. La gran pelea que tenemos  pendientes es la desprivatización de los bienes comunes, desprivatización del agua, de los territorios, de la salud, la educación.”
Fuente: Prensa Werken Rojo


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El capitalismo mata el planeta: ¡Que no te engañen!


Por Sindicato de Estudiantes - Estatal
La burguesía internacional ha iniciado toda una campaña mediática muy consciente para lavar la cara al sistema capitalista en lo que refiere al cambio climático. Pero tenemos que decir alto y claro que ni sus maniobras, ni las cumbres climáticas y protocolos que aprueban y que no sirven para nada, ni las declaraciones sobre la supuesta “preocupación” de los gobernantes sobre la crisis climática nos engañan.
Desde el Sindicato de Estudiantes convocamos a la juventud de todo el Estado a la huelga general estudiantil el 27 de Septiembre contra el cambio climático y los responsables directos de la catástrofe medioambiental que sufre nuestro planeta: las multinacionales, las grandes empresas y los gobiernos a su servicio. Tal y como hicimos el pasado 15 de marzo, vaciando las aulas y llenando las calles a nivel estatal, queremos volver a poner sobre la mesa la determinación  de la juventud para luchar por la supervivencia de nuestro ecosistema y de la propia humanidad.
Tras esta demostración de fuerza el pasado 15M, políticos defensores del sistema en todo el mundo han tratado de aprovecharse de nuestro movimiento para lavarse la cara a nuestra costa: han tratado de forma oportunista sumarse al carro de nuestro movimiento con un objetivo muy distinto- para descafeinarlo y despojarlo de su contenido anticapitalista-. ¡Qué gran hipocresía! Los mismos que declaraban públicamente su gran preocupación por el medio ambiente y su solidaridad con las movilizaciones estudiantiles han seguido y seguirán mirando hacia otro lado mientras las grandes multinacionales y poderes económicos a los que están subordinados siguen destruyendo y degradando nuestro planeta.
La gran mentira del capitalismo verde
Desde el último informe medioambiental de la ONU que estimaba que la humanidad tiene doce años para evitar una catástrofe medioambiental, se han publicado nuevos estudios que señalan la alarmante velocidad con la que se está agravando el problema climático. Un nuevo informe sentencia que si no se aumentan drásticamente las protecciones ambientales se podrían producir millones de muertes prematuras a mediados de siglo en ciudades y regiones de Asia, Oriente Medio y África. Las temperaturas siguen alcanzando niveles récords en las grandes ciudades –donde ya vive más de la mitad de la población mundial–, las desertizaciones, sequías o catástrofes naturales se agudizan, y la situación respecto al fenómeno del deshielo es dramática: según un comunicado de la NASA, el deshielo ha afectado ya al 40% de la superficie de Groenlandia y en menos de un mes se ha derretido el 97% del hielo de la zona.
Esta situación de absoluta decadencia tiene una causa muy concreta: es el modo de producción capitalista que  arrasa  con todo mientras pueda seguir asegurando los beneficios de la clase dominante: el 71% de las emisiones de CO2 a nivel mundial son emitidas por tan sólo 100 empresas y el 10% de las personas más ricas son responsables del 49% de las emisiones globales.
Estas grandes multinacionales, como Coca-Cola o Repsol, se gastan millones de euros en presentarse como empresas verdes o lanzar productos ecológicos mientras incumplen sistemáticamente los acuerdos y protocolos medioambientales, con el beneplácito de gobiernos y capitalistas. Un ejemplo: las petroleras que controlan el mercado energético mundial destinaron a lo largo de 2018 cerca de doscientos millones de dólares en retrasar y obstaculizar cualquier iniciativa diseñada a combatir el cambio climático y así seguir explotando a su antojo los combustibles fósiles.
Por eso es una auténtica vergüenza que los responsables de esta situación se presenten como aliados en esta batalla. Desde el Sindicato de Estudiantes denunciamos su tremenda hipocresía y les señalamos como culpables de la situación por la que hoy millones nos alzamos en todo el mundo.
¡Grandes empresas y gobiernos a su servicio son responsables!
La burguesía internacional ha iniciado toda una campaña mediática muy consciente para lavar la cara al sistema capitalista en lo que refiere al cambio climático. Pero tenemos que decir alto y claro que ni sus maniobras, ni las cumbres climáticas y protocolos que aprueban y que no sirven para nada, ni las declaraciones sobre la supuesta “preocupación” de los gobernantes sobre la crisis climática nos engañan. Tampoco  son una alternativa los conocidos “partidos verdes”, que allí donde han llegado a posiciones en los gobiernos como Irlanda, Suecia o Alemania, no sólo no han logrado ninguna mejora ecológica sino que además han apoyado los planes de austeridad de la Troika.
En el Estado español, los defensores del sistema también se encargan de guardarles las espaldas a las grandes empresas que acaban con el planeta. Más allá de la retórica, el gobierno del PSOE no ha llevado a cabo ninguna medida para solucionar la crisis climática. Pedro Sánchez dice que una de sus prioridades es implementar una agenda ecológica. Pero la práctica es igual a lo que ocurrió con su promesa de derogar la Ley Mordaza o que se declarase el gobierno “más feminista de la historia”, todo son brindis al sol.
Por eso, esta huelga no es ni para alabar la “buena gestión ecológica” del gobierno, ni para aplaudir a Pedro Sánchez. Si Sánchez quisiera realmente acabar con la terrible situación climática que tiene consecuencias notables en el Estado español, debería en primer lugar nacionalizar las empresas eléctricas bajo control de los trabajadores para frenar la destrucción de la naturaleza, para que sean públicas y baratas y así acabar con la pobreza energética. Debería garantizar un transporte público, de calidad y gratuito para luchar contra la contaminación. Debería poner en marcha un plan de expropiaciones de las empresas más contaminantes para hacerlas sostenibles y respetuosas con la naturaleza. Pero esto significa enfrentarse a los dueños de las eléctricas y de los grandes poderes económicos, algo que no parece estar en la agenda del ejecutivo.
El 27 de Septiembre: huelga general estudiantil europea
Sabemos que todo lo que logremos será con la movilización en las calles y por eso  llamamos a vaciar las aulas con una huelga general estudiantil el próximo 27 de septiembre y a llenar las calles en las manifestaciones que celebraremos por la mañana en todo el Estado.  Llamamos a organizar comités de acción contra el cambio climático en todos los institutos y universidades para preparar la jornada de huelga y movilizaciones.
Pero esta lucha no es sólo de la juventud, sino de todas y todos los trabajadores que pagamos los platos rotos de la dictadura de un puñado de empresas a nivel mundial y de este sistema.  Por eso, llamamos a CCOO, UGT, CGT, y a los sindicatos alternativos de trabajadores a que se sumen a esta protesta y convoquen una huelga general de 24h donde estudiantes, trabajadores y trabajadoras confluyamos no bajo consignas abstractas como la declaración de la emergencia climática, sino bajo un programa combativo y revolucionario que ponga contra las cuerdas a los responsables de esta barbarie ecológica. La vida de nuestro planeta depende de ello. ¡Si se cargan el planeta, a la huelga general!
Exigimos:
  • Nacionalización de las empresas energéticas (eléctricas, compañías mineras, de petróleo y gas, empresas de producción de energía eólica y solar, etc…), y  un plan público de inversiones para establecer una industria energética 100% ecológica y sostenible. ¡No a la pobreza energética!
  • Por una red de transporte público, gratuito, de calidad y ecológico. Plan masivo de inversiones para hacer las ciudades 100% sostenibles.
  • Nacionalización de las industrias automovilísticas, aeronáuticas y navales, y transformación de su producción para hacerlas viables y no contaminantes.
  • Nacionalización de la tierra, de la industria ganadera y de las industrias de procesamiento de alimentos. No a la explotación capitalista de los océanos. ¡Por una alimentación sostenible, ecológica y sana!
  • Empresas públicas de reciclaje bajo el control democrático de trabajadoras y trabajadores. ¡Basta de hacer negocios con el ecologismo!
  • Por una producción sostenible planificada democráticamente por el conjunto de la clase trabajadora y la juventud. Por la transformación socialista y ecológica de la sociedad.
¡Todas y todos a la huelga y las manifestaciones el 27 de septiembre!



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Desolador informe: Caminamos a la extinción y «de la manera más dramática posible»


Por Diario Eco
La única manera de evitar los riesgos de este escenario es lo que el informe describe como un compromiso «similar en escala a la movilización de emergencia de la Segunda Guerra Mundial». Pero esta vez, centrada en construir rápidamente un sistema industrial de emisiones cero para poner en marcha la restauración de un clima seguro.
«Una amenaza existencial a corto y medio plazo para la civilización humana». Es lo que enfrenta el planeta según un nuevo análisis científico, realizado por David Spratt e Ian Dunlop, publicado por el Breakthrough National Centre for Climate Restoration, un centro de investigación en Melbourne, Australia. Los expertos establecen un escenario plausible sobre cómo podría ser el futuro en los próximos 30 años.
Según esas evidencias científicas, el informe de la ONU para la elaboración de políticas gubernamentales sobre el cambio climático -cuyos hallazgos ya fueron ampliamente reconocidos como «devastadores»- era de hecho incluso demasiado optimista.
Tal y como evoluciona, «el sistema planetario y humano está llegando a un ‘punto de no retorno’ que se producirá a mediados de siglo, en el que la perspectiva de una Tierra en gran medida inhabitable puede conducir a la desintegración de las naciones y del orden internacional», sostiene el informe.
La posible cronología de la crisis climática
Entre el 2020 y el 2030. El informe sostiene que la aplicación de las medidas adoptadas en el Acuerdo de París serán insuficientes y que la temperatura del planeta subirá 1,6 °C. La consecuencia directa de este aumento, según datos obtenidos por estudios previos, será el incremento de los niveles de dióxido de carbono hasta la cantidad de 437 partes por millón, cifra no experimentada en el planeta desde hace 20 millones de años (en 2015 se sobrepasó por vez primera el umbral simbólico de las 400 ppm). Al quedar “fuera de la experiencia humana de los últimos mil años» las amenazas a la seguridad relacionadas con el clima son casi imposibles de cuantificar.
Entre el 2030 y el 2050. Si bien la potencial gravedad será evidente, habrá una inevitable mayor concienciación por parte de organizaciones y naciones. La retroalimentación continua del ciclo del carbono y el uso de combustibles fósiles desencadenará un mayor calentamiento global. Esto supondría un aumento en la temperatura planetaria de 3 °C para el año 2050. Se produciría así el colapso acelerado de ecosistemas clave «incluyendo los sistemas de arrecifes de coral, la selva amazónica y el Ártico».
Resultados devastadores
Tras tres décadas la Tierra se podrían convertir en un invernadero en el cual, a pesar de poder tener la capacidad de detener de golpe todas las emisiones contaminantes, la escalada de de temperatura no cesaría, si no que volvería a aumentar 1°C más.
El 55% de la población mundial se encontraría expuesta a más de 20 días al año de un calor mortal. El continente africano sería, con 100 días al año de temperaturas letales, el más afectado.
Los resultados globales serían devastadores. Alrededor de 1.000 millones de personas se verían obligadas a intentar desplazarse de lugares inhabitables, y 2.000 millones se enfrentarían a la escasez de agua. La agricultura colapsaría en los subtrópicos y la producción de alimentos se vería dramáticamente afectada en todo el mundo. Se erosionaría la cohesión interna de los Estados-nación como los EE.UU. o China y aumentarían los conflictos armados. De hecho, los analistas sospechan que se darían todos los ingredientes para un posible conflicto global generalizado: ¿Una 3ª guerra mundial?.
Los políticos reciben informes demasiado “blandos”
En el prólogo del informe, Chris Barrie, del Instituto de Cambio Climático de la Universidad Nacional de Australia, destaca el documento por poner al descubierto «la pura verdad sobre la desesperada situación en la que se encuentran los seres humanos y nuestro planeta, al mostrar un retrato sobre la inquietante posibilidad de que la vida humana en la Tierra se encuentre en camino a la extinción de la manera más dramática posible».
Los autores enfatizan que los modelos convencionales de riesgos tienden a minimizar los peores escenarios a pesar de su factibilidad. En declaraciones sobre el informe, David Spratt comenta para Motherboard que una de las principales razones por las que no se entienden los riesgos es que «muchos de los datos que se elaboran para los responsables de la formulación de políticas son demasiado moderados». Y añade, “como ahora los peligros son evidentes, se requiere un nuevo enfoque de la evaluación de riesgos climáticos y de seguridad en el que se utilice el análisis de los posibles escenarios».
La posible solución
El escenario de Spratt y Dunlop para 2050 ilustra lo fácil que podría ser acabar con un escenario climático acelerado y desbocado que nos llevaría a un planeta en gran medida inhabitable en tan sólo unas décadas.
La única manera de evitar los riesgos de este escenario es lo que el informe describe como un compromiso «similar en escala a la movilización de emergencia de la Segunda Guerra Mundial». Pero esta vez, centrada en construir rápidamente un sistema industrial de emisiones cero para poner en marcha la restauración de un clima seguro.
«Un panorama hipotético, de gran alcance, para 2050 muestra un mundo en crisis social y caos absoluto», declaró Spratt. «Pero existe una pequeña oportunidad para una movilización mundial de recursos de emergencia”. Una pequeña oportunidad que, ¿estamos dispuestos a aprovechar?




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viernes, 28 de junio de 2019

Nación Mapuche. El gobierno en la Araucanía no respeta el convenio 169 de la OIT y pretende licitar importantes espacios de significación cultural


Por Defensa Rucapillan
Contraloría General de la República solicitó diversas respuestas al Ministerio de Desarrollo Social por la no aplicación de la Consulta Indígena estipulada en el Convenio 169 de la OIT y a la Superintendencia de Medio Ambiente por no realizar un proceso de calificación ambiental en el que se haga como mínimo un Estudio de Impacto […]
  • Contraloría General de la República solicitó diversas respuestas al Ministerio de Desarrollo Social por la no aplicación de la Consulta Indígena estipulada en el Convenio 169 de la OIT y a la Superintendencia de Medio Ambiente por no realizar un proceso de calificación ambiental en el que se haga como mínimo un Estudio de Impacto Ambiental.
  • A pesar de estas diligencias, CONAF mantiene el proceso de licitación para este 28 junio en el Parque Nacional Villarica en los sectores de Pino Huacho, Los Nevados, Rucapillan y Quetropillan
El 28 de Junio, se concretara la adjudicación de la empresa constructora que intervendrá el peweñantu (conocido como Parque Nacional Villarrica) en los sectores de Pino Huacho, Los Nevados, Rucapillan y Quetropillan, licitado por la CONAF-Región de la Araucanía.
Los territorios se movilizaron para hacer visible el atropello, se envió una carta manifestando la problemática el 15 de abril a los ministerios. A la fecha aún no ha existido ninguna respuesta de estos estamentos, posteriormente se realizaron denuncias masivas y ciudadanas a la Controlaría General de la República, manifestando la serie de irregularidades.
La Controlaría General de la República dictaminó el 22 de mayo de 2019, que la Subsecretaría de Servicios Sociales del Ministerio de Desarrollo Social de la Región de la Araucanía tendrá que pronunciarse en un plazo de 10 días hábiles porqué no aplicó la consulta indígena según el convenio 169 de la OIT, ya que a la fecha no ha habido respuesta del pronunciamiento de parte de la institución.
Contraloría también dictaminó que la Superintendencia del Medio Ambiente deberá dar un pronunciamiento por la no aplicación de estudio de impacto ambiental.
El 2013, el servicio de evaluación ambiental señaló que este proyecto no será sometido a estudio, y el plazo de la resolución tendría vigencia de 1 año. Pero la CONAF a pesar de que ya han pasado 6 años, utiliza la resolución para avalarse y sigue con el proceso.
¿Las instituciones no funcionan, no aplican las normas o qué? Llamémoslas responsables del genocidio hacia nuestro pueblo, responsables de la discriminación y de los atropellos.
Chile será sede de la COP25 en diciembre y hace caso omiso a las denuncias a las faltas de los mecanismos de resguardo del medio ambiente, no considerando que el Parque Nacional Villarrica es una reserva mundial de la biosfera, un área que protege las especies que están en peligro de extinción, en peligro de desaparecer completamente, donde además están ubicados dos grandes glaciales que año a año se han ido derritiendo. ¿Qué futuro queremos dejarle a las nuevas generaciones?
El mundo está avanzando en proponer medidas de mitigación al cambio climático, en medidas de conservación del medio ambiente, y en valorar el aporte y legado de los pueblos indígenas en relación a la conservación de los bosques y Chile está retrocediendo quedándose en la apatía e ignorancia, imponiendo un supuesto “desarrollo” a costa de la omisión y discriminación hacia los territorios mapuche, no respetando nuestra espiritualidad, autoridades ancestrales, y cultura ligada a naturaleza.
¿Qué diría usted si le destruyeran el altar de su iglesia?, ¿o si le arrebataran a su madre?, ¿no se levantaría con fuerza a defenderla? Juzgue usted, quienes son los verdaderos terroristas
elpuelche.cl/2019/06/27/pewenentu-pn-villarrica-el-gobierno-en-la-araucania-no-respeta-el-convenio-169-de-la-oit-y-pretende-licitar-importantes-espacios-de-significacion-cultural/


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