lunes, 10 de agosto de 2026

Todo es energia


Todo cuanto existe en el universo manifestado —desde el latido microscópico de una célula hasta el engranaje industrial de una metrópolis, desde la estructura molecular del agua hasta el pensamiento abstracto que articula este ensayo— es, en su sustancia más elemental, energía organizada. La física moderna y la metafísica ancestral coinciden en un único veredicto insoslayable: la materia no es más que energía condensada, y la vida, un flujo continuo de conversión termodinámica. Sin embargo, la civilización humana ha vivido alienada de su propia ontología. Hemos construido instituciones, teorías económicas y filosofías políticas bajo la trampa analítica de la escasez, olvidando que habitamos un cosmos inmerso en un océano inagotable de radiación. Al fragmentar la realidad en geografías, ideologías y clases, el ser humano perdió de vista la ecuación fundamental que rige su existencia: la libertad de una especie es directamente proporcional a su capacidad de autonómica captación y gestión de la energía.

Durante los últimos tres siglos, la humanidad cayó prisionera de una anomalía histórica: el paradigma fosilista. Al basar el progreso técnico en la quema de depósitos concentrados de carbono subterráneo —carbón, petróleo y gas—, la especie no solo alteró el equilibrio biogeoquímico del planeta, sino que moldeó una arquitectura social profundamente jerárquica y autoritaria. El combustible fósil, por su propia naturaleza geológica, exige concentración. Requiere pozos de extracción, oleoductos continentales, refinerías colosales y redes de distribución monopolizadas. Esta realidad técnica engendró inevitablemente una estructura socioeconómica específica: el feudalismo energético. Bajo este orden, la masa crítica de la población mundial fue reducida a una condición de servidumbre material, cautiva de carteles corporativos y monopolios estatales que administran el acceso a la luz, al calor, al agua y a la capacidad de producción. Las guerras de la era industrial no han sido disputas éticas ni enfrentamientos de civilizaciones; han sido guerras de conquista por el control de la matriz de flujo. La libertad proclamada por las democracias liberales reveló así su condición insustancial, pues no puede existir una verdadera soberanía individual o comunitaria cuando la supervivencia cotidiana depende del interruptor que un tercero controla a miles de kilómetros.

Frente al colapso del modelo industrialista atlántico, emerge el Solarismo no como una respuesta coyuntural ni como una propuesta de remediación técnica para regiones desfavorecidas, sino como una filosofía de la praxis de alcance universal. El Solarismo parte de una constatación cósmica: la Tierra es un sistema abierto inundado ininterrumpidamente por la constante solar. El Sol deposita sobre la superficie terrestre en una sola hora más energía de la que la humanidad entera consume en un año. Esta radiación fotónica es inagotable, ubicua, inalienable y no pertenece a ningún bloque geopolítico ni corporación; es el gran ecualizador del universo. Entender que todo es energía implica reconocer que la radiación solar es el vector primario de donde proviene la totalidad de los procesos vitales del planeta: la fotosíntesis que genera la biomasa, los vientos que mueven la atmósfera, el ciclo hidrológico que nutre los ríos y la propia termodinámica que hizo posible la aparición de la conciencia. Pretender encasillar la captación directa de esta fuerza primordial como un «enfoque regional» o una «solución para el Sur Global» es incurrir en un reduccionismo geopolítico absurdo. La física del fotón no reconoce fronteras, no obedece a sesgos de clase ni exige pasaportes. La necesidad de emancipación energética es tan ontológica en Tokio, Berlín o Toronto como en las cordilleras de los Andes o los desiertos del Norte de África.

Esta comprensión nos permite situar la evolución humana en su verdadera escala histórica. Si la Primera Ola agrícola fijó al ser humano a la tierra, sometiendo su fuerza muscular al ciclo de las estaciones; la Segunda Ola industrial multiplicó la potencia física mediante la máquina, pero creó el proletariado urbano supeditado al monopolio del carbón y del petróleo; y la Tercera Ola informática interconectó la mente humana, pero centralizó el control de los datos en servidores hiperconcentrados dependientes de la red eléctrica tradicional; la Cuarta Ola del Solarismo plantea la síntesis definitiva: la autonomía energética en el origen. Al transformar cada vivienda, cada taller, cada infraestructura y cada comunidad en un nodo autónomo de generación y gestión fotovoltaica, se disuelve la figura del consumidor cautivo. La descentralización tecnológica convierte al ciudadano en un sujeto soberano en el sentido más denso y material de la palabra. Cuando una comunidad no depende de un cable externo para iluminar su hogar, transformar sus alimentos, potabilizar su agua o impulsar su movilidad, el chantaje geopolítico y la dominación corporativa se extinguen por obsolescencia técnica. La soberanía deja de ser una abstracción jurídica consignada en un papel para convertirse en una realidad termodinámica tangible.

En última instancia, el Solarismo no propone simplemente sustituir la fuente de combustión para mantener intacta la maquinaria del hiperconsumo, sino que constituye un marco ético y ontológico para reorganizar la presencia humana en el cosmos. Si todo es energía, la política, la economía y la arquitectura deben redefinirse bajo las leyes de la termodinámica y el equilibrio sistémico. La economía deja de ser la ciencia de administrar la escasez artificialmente creada para convertirse en el arte de gestionar la abundancia cósmica en armonía con los ciclos de la biosfera. Este es el verdadero manifiesto libertario del siglo XXI: la liberación de la especie humana de la tiranía de la centralización energética.

La transición hacia el horizonte solar es el paso inevitable para que la humanidad deje atrás su infancia fosilista y agresiva, y acceda a una era de plena madurez civilizatoria, donde la abundancia, la autonomía y la equidad no sean utopías ideológicas, sino consecuencias directas de vivir en consonancia con la ley fundamental del universo: Todo es energía, y la energía pertenece a la vida.

Lenin Cardozo, periodista, analista y ambientalista venezolano.





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sábado, 8 de agosto de 2026

Éxito: se completa la demarcación del territorio de un pueblo indígena en aislamiento en Brasil


Fuentes: Survival [Foto: Jair Candor, veterano responsable de la unidad de protección de la FUNAI para los kawahivas, iniciaba el pasado mes de mayo la demarcación física del territorio kawahiva. ©FUNAI]


Gran paso adelante: por fin se ha completado en Brasil la demarcación física del territorio de los kawahivas, uno de los pueblos indígenas en aislamiento más amenazados de la Amazonia.

Más de 27 años después de que se confirmara la existencia de indígenas en aislamiento en el Territorio Indígena Kawahiva do Rio Pardo, se ha completado la demarcación física de su tierra en el estado brasileño de Mato Grosso. 

Ahora solo falta la firma del presidente Lula para que se homologue y reconozca oficialmente este territorio indígena.

La selva de los indígenas kawahivas en aislamiento es blanco de acaparadores de tierras y madereros, que presionan para acceder a su territorio. Se oponen con agresividad al reconocimiento de sus tierras, a menudo recurriendo a la violencia, a incendios provocados y a presiones políticas. 

Los kawahivas son cazadores-recolectores nómadas que dependen por completo de su selva para sobrevivir y prosperar. Son los supervivientes de ataques genocidas y enfermedades que acabaron con la vida de sus familiares y hoy resisten en su tierra, rechazando el contacto con el exterior.

Cuando invasores entran en su territorio, los kawahivas se ven obligados a vivir huyendo de madereros armados y poderosos terratenientes ganaderos. Imagen captada durante una grabación inédita, durante un encuentro fortuito con funcionarios.

Jair Candor, el reconocido indigenista de la FUNAI que lleva trabajando por la protección de este territorio desde la década de los 90, declaró a Survival: “Desde el momento en que se lleva a cabo la demarcación física, esta aporta más seguridad porque así es como la gente empezará a comprender que esto es real: los postes y las señales ya están ahí. Es un paso adelante más que hemos superado, pero la lucha continúa porque ahora viene la homologación. Y eso es muy importante para la supervivencia de los kawahivas. Para mí es una cuestión de honor comenzar y terminar este trabajo que garantizará el futuro de estos indígenas en aislamiento”.

Para Caroline Pearce, directora de Survival International: “Los kawahivas en aislamiento viven desde hace décadas amenazados en su propia selva, cuando lo único que intentan es ejercer su derecho a vivir como ellos elijan, sin contacto con el exterior. Ahora, por fin, estamos a solo un paso de que su territorio sea reconocido y protegido. Es fundamental que el presidente Lula dé rápidamente el paso definitivo hacia el pleno reconocimiento legal; esta es la única forma de garantizar el futuro de los kawahivas”.

Y añadió que “el hecho de haber llegado hasta aquí es un reconocimiento al firme compromiso de los aliados de los kawahivas, tanto dentro como fuera de Brasil, frente a la violenta oposición de los acaparadores de tierras colonizadores y sus aliados políticos. Ahora las autoridades brasileñas deben llevar esto hasta el final”.

Durante más de dos meses, Candor y su equipo han recorrido el territorio de los kawahivas y han clavado postes en el suelo a lo largo de sus fronteras e instalado carteles para disuadir a los intrusos. Ahora que la demarcación del territorio ha concluido, un decreto presidencial es el último paso del proceso para crear el territorio indígena.

Sin embargo, la demarcación por sí sola no protegerá la tierra indígena. Debe ir acompañada de la presencia constante de equipos gubernamentales en el lugar para monitorear el territorio e impedir invasiones y apropiaciones ilegales de tierras.

Survival lleva décadas haciendo campaña a favor de los derechos territoriales de los kawahivas, junto con organizaciones indígenas como COIAB (Coordenação das Organizações Indígenas da Amazônia Brasileira), FEPOIMT (Federação dos Povos e Organizações Indígenas de Mato Grosso) e Indian Law Resource Center, así como con sus aliados OPAN (Operação Amazônia Nativa) y Opi (Observatório dos Povos Indígenas Isolados).

“Cada territorio que avanza en el proceso de demarcación es motivo de alegría para nuestra institución, que busca garantizar que se respeten los derechos de los pueblos indígenas del estado de Mato Grosso”, afirmó Silvano Chue, presidente interino de la FEPOIMT. “Los pueblos indígenas son los verdaderos dueños de estos territorios” (leer la declaración completa aquí).

“Opi recibe con gran alegría la noticia de que se ha dado otro paso fundamental hacia la protección del Pueblo Indígena Kawahiva, que aún no ha tenido contacto con el mundo exterior”, manifestó en un comunicado el grupo de defensa de los derechos indígenas (leer la declaración completa aquí).

 Información complementaria:

– La FUNAI confirmó la existencia de pueblos indígenas en aislamiento en este territorio en 1999. Posteriormente, en 2013, este organismo gubernamental publicó unas imágenes inéditas de nueve miembros no contactados del Pueblo Kawahiva caminando por la selva amazónica.

– En 2016, después de que miles de simpatizantes de Survival, junto con organizaciones indígenas de Brasil, presionaran al Gobierno, el Ministerio de Justicia declaró la selva de los kawahivas como territorio indígena, un paso importante previo a la demarcación física sobre el terreno.

– En 2018, se expulsó a ganaderos y madereros que ocupaban el territorio. Desde entonces, el proceso de demarcación se ha estancado en gran medida, ya que el sector agroindustrial y otros intereses han intentado impedir que avance.

– El nuevo informe de Survival “Resistir para existir: la lucha global de los pueblos indígenas en aislamiento” revela que hay al menos 196 pueblos y grupos indígenas no contactados que viven en 10 países. Son autosuficientes, resilientes y viven de forma independiente en sus selvas y bosques, y prosperan cuando se respetan sus derechos. Más del 96 % de los pueblos indígenas en aislamiento se ven amenazados por las industrias extractivas y la exploración.

– Expertos de Survival y aliados, que llevan años trabajando en esta campaña, tienen disponibilidad para entrevistas.

Fuente: https://www.survival.es/noticias/14544




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El mundo no está cumpliendo sus compromisos con la naturaleza

Un informe de la ONU revela que los esfuerzos nacionales en materia de biodiversidad están muy lejos de los objetivos para 2030, de cara a la cumbre COP17 en octubre



El esfuerzo colectivo para salvar la naturaleza es insuficiente. Esa es la conclusión principal del primer informe oficial sobre el plan mundial para detener y revertir la pérdida de biodiversidad.

El Informe Global es el primer intento de evaluar hasta qué punto los gobiernos han avanzado en el cumplimiento de los objetivos que acordaron hace casi cuatro años en el Marco Mundial para la Biodiversidad. Ningún objetivo muestra una trayectoria totalmente positiva.

Los compromisos nacionales elevarían la superficie de tierras y aguas protegidas hasta aproximadamente el 23% para 2030, por debajo del objetivo del 30%. Por su parte, la financiación destinada a la biodiversidad (186.000 millones de dólares movilizados entre 2020 y 2023) sigue estando muy por debajo del objetivo anual de 200.000 millones de dólares fijado para 2030.

“Se han logrado avances, pero no vamos por buen camino para alcanzar los objetivos”, declaró a Dialogue Earth Cristina Eghenter, experta en políticas de gobernanza global de WWF. Señaló que los problemas fundamentales son la falta de capacidad de ejecución y la escasa ambición a nivel nacional.

Estas conclusiones llegan en un momento crucial. En octubre, los negociadores se reunirán en Ereván, Armenia, en la COP17, la cumbre de las Naciones Unidas sobre biodiversidad, con el objetivo de convertir este diagnóstico en un cambio de rumbo. “La COP17 debe considerarse una conferencia sobre la aplicación”, afirmó Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica.

Armenia ya ha señalado dónde quiere que se centre la atención. “Actuar por la naturaleza” es el lema de la conferencia.

Avances, pero insuficientes

El Marco Mundial para la Diversidad Biológica se adoptó en la COP15 de 2022 como sucesor de las Metas de Aichi, que expiraron en 2020 sin haberse cumplido prácticamente en absoluto.

En conjunto, incluye 23 objetivos que deben alcanzarse para 2030 y cuatro metas menos específicas para 2050. El marco amplía la responsabilidad más allá de los gobiernos. Integra al sector privado, la sociedad civil y los pueblos indígenas en el proceso de consecución de los objetivos.

La magnitud del problema al que pretende hacer frente es abrumadora. La última evaluación exhaustiva, realizada en 2019, reveló que una cuarta parte de las especies evaluadas se encontraban en peligro de extinción, y que las especies estaban desapareciendo entre decenas y cientos de veces más rápido que la media histórica. Las evaluaciones de seguimiento a menor escala realizadas desde entonces no han encontrado indicios de que el declive se esté desacelerando.

“Lo que se necesita es una transformación: cambiar los sistemas de gobernanza, conservación y económicos”, declaró a Dialogue Earth Alejandra Duarte, responsable de políticas de Women4Biodiversity. “Eso no se está logrando al ritmo necesario para alcanzar la ambición de los objetivos para 2030 y 2050”, afirmó.

El Informe Global se basó en informes nacionales de 129 países, más de 3.700 objetivos nacionales y aportes de empresas, ONG y otros actores no estatales. Describe un impulso y un compromiso “sin precedentes” en torno al marco, pero constata que los avances “aún no se están produciendo al ritmo ni a la escala necesarios”.

La tendencia es similar en las 23 metas. Los objetivos tradicionales, más fáciles de cuantificar —áreas protegidas, conservación de especies, restauración de ecosistemas— acaparan la mayor atención a nivel nacional y reciben las evaluaciones más positivas. Por el contrario, las metas relacionadas con la gobernanza, las subvenciones, la integración de la biodiversidad en otros sectores y la financiación son las que más se quedan atrás.

Una mariposa monarcha en una rama
Una mariposa monarca en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca en Michoacán, en el centro-sur de México (Imagen: Benny G / Flickr, CC BY-SA)

“Algunas metas se están aplicando en mayor medida. Las más tradicionales, como el ‘30 por 30′, acapararon toda la atención”, señaló Eghenter, refiriéndose al objetivo de proteger el 30% de la superficie terrestre y marina del planeta para 2030. “Pero otras, como las metas impulsoras y aquellas que promueven condiciones propicias para una aplicación efectiva, aún no están siendo abordadas con la misma firmeza por las partes”.

Las cifras relativas a la financiación siguen la misma tendencia. De los 186.000 millones de dólares movilizados entre 2020 y 2023, 136.000 millones procedieron de presupuestos públicos nacionales, 33.000 millones de fuentes privadas y solo 18.000 millones de financiación pública internacional. Esto supone una fracción del hito anual de 20.000 millones de dólares que se suponía que los países desarrollados debían alcanzar para 2025. La financiación privada, señala el informe, alcanzó su punto máximo en 2021 y desde entonces ha disminuido.

Detrás de esta situación se esconde un problema de seguimiento. Solo se dispone de datos cuantitativos sólidos para unos pocos objetivos. La información sigue siendo escasa sobre cómo —o si— se está involucrando a los pueblos indígenas, las mujeres, los jóvenes y el sector privado en la consecución de los objetivos.

Ana Di Pangracio, subdirectora de FARN, ONG medioambiental argentina, declaró a Dialogue Earth que el informe refleja un patrón que ya ha observado anteriormente. Según ella, los países que se comprometieron a eliminar gradualmente las subvenciones perjudiciales para el medioambiente han comenzado a identificarlas, pero no están llevando a cabo las regulaciones necesarias para redirigir realmente los fondos. “Estamos repitiendo los errores del pasado”, afirmó. Invertir más dinero en la biodiversidad mientras se sigue financiando su destrucción en otros ámbitos no servirá de nada, añadió.

La prueba que se avecina

Ese diagnóstico recae ahora en los negociadores. En la COP17, los gobiernos tendrán que ponerse de acuerdo sobre cómo interpretar las conclusiones del Informe Global.

“Los Estados miembro no quieren un discurso demasiado negativo, debido al estado [precario] del multilateralismo”, explicó a Dialogue Earth Juliette Landry, investigadora sobre gobernanza internacional de la biodiversidad en el IDDRI, un centro de estudios con sede en París.

Las partes quieren que el informe demuestre que el marco sigue funcionando, aunque aceptan que hay que reconocer las deficiencias, señaló Landry. Además, dijo que los países en desarrollo tienden a insistir en que las naciones ricas no han aportado la financiación prometida, mientras que otros hacen hincapié en la débil coordinación sectorial o en la escasa capacidad técnica.

Aún está por ver si el texto final de la decisión de la COP nombrará a los sectores con más responsabilidad en la pérdida de biodiversidad —al igual que el balance climático de la ONU lo hizo con los combustibles fósiles—, añadió. Atribuir la responsabilidad a industrias o países concretos es políticamente delicado en un proceso basado en el consenso.

La financiación será la batalla que determine todo lo demás en Ereván. Schomaker ha vinculado la credibilidad de la cumbre a la participación plena de las empresas y las instituciones financieras en las negociaciones. “La financiación privada no debería estar ahí simplemente para hacer promesas al margen”, escribió. “Debería formar parte del debate central sobre cómo integrar la biodiversidad en la toma de decisiones económicas y financieras”.

Pero el volumen no es el único problema, señaló Alejandra Duarte. A pesar de que se prometen más fondos, muy poco de ese dinero llega a los grupos que realmente llevan a cabo labores de conservación sobre el terreno, afirmó. Esto se debe a que, por lo general, para acceder a esos fondos se requieren estructuras institucionales formales y sistemas de rendición de cuentas de los que carecen las organizaciones de base y las dirigidas por pueblos indígenas.

El Fondo Cali, adoptado en la COP16 para canalizar los beneficios derivados del uso comercial de los recursos genéticos hacia los pueblos indígenas y las comunidades locales, sigue siendo de carácter voluntario, y Duarte considera que tiene el mismo problema de acceso. “Lo que se necesita es que la propia arquitectura de financiación llegue directamente a estos grupos”, afirmó. Señaló un proyecto llevado a cabo por su propia organización que destinó fondos directamente a iniciativas de restauración dirigidas por mujeres en seis países de África y América Latina.

Para Eghenter, la esperanza es que la COP17 se convierta en el momento en que los gobiernos dejen de solo catalogar las carencias y empiecen a fijar plazos para subsanarlas. “Se han asumido compromisos y ahora contamos con el Informe Global que nos indica lo que hay que hacer”, añadió. “El texto final de la COP debería marcar los próximos pasos, fijar plazos y transmitir la sensación de que los países se están uniendo para abordar las carencias”.

Fermín Koop es el editor adjunto para América Latina de Dialogue Earth.

Fuente: https://dialogue.earth/es/naturaleza/el-mundo-no-esta-cumpliendo-compromisos-naturaleza/Para mayor información comunicate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

viernes, 7 de agosto de 2026

Bolivia. Tierras comunitarias de origen en peligro



1990, fue el año de la Reforma Agraria para los pueblos indígenas de la Amazonía boliviana. En ese año, los pueblos indígenas arrancaron un decreto al gobierno de J. Paz que les garantizaba la propiedad de sus territorios, constantemente amenazados y avasallados por la expansión de la frontera agrícola del sistema latifundista y los saqueadores de madera.



Luego de casi 20 años, la nueva Constitución Política del Estado consolidó no solamente la propiedad de territorio, sino que amplió el catálogo de derechos con estas palabras: “En el marco de la unidad del Estado y de acuerdo con esta Constitución las naciones y pueblos indígena originario campesinos gozan de los siguientes derechos: 

1. A existir libremente. 

2. A su identidad cultural, creencia religiosa, espiritualidades, prácticas y costumbres, y a su propia cosmovisión. 

3. A que la identidad cultural de cada uno de sus miembros, si así lo desea, se inscriba junto a la ciudadanía boliviana en su cédula de identidad, pasaporte u otros documentos de identificación con validez legal.

4. A la libre determinación y territorialidad.

5. A que sus instituciones sean parte de la estructura general del Estado. 

6. A la titulación colectiva de tierras y territorios. 

7. A la protección de sus lugares sagrados.”

Todas las conquistas, no solamente de los pueblos indígenas, sino de todo ciudadano y ciudadana en Bolivia se encuentran en peligro de ser anuladas. El retorno del sistema neoliberal de gobierno se encuentra metódicamente enfrascado en desmontar el Estado Plurinacional y esto supone ignorar la actual Constitución Política del Estado. Todos los decretos contravienen los preceptos constitucionales, pero no existe la suficiente fuerza política para frenar este monopolio del poder ya que el principio liberal de la “independencia de poderes” no existe. El control de las grandes cadenas de medios de comunicación, le permite al gobierno naturalizar una gestión altamente cuestionable por la falta de transparencia en sucesivos actos ligados a la corrupción en los mecanismos de control policial, aduanero y del propio Ministerio de Gobierno.

Los pueblos y naciones de la amazonía boliviana han sido ignorados desde siempre. La consolidación de sus territorios les ha permitido frenar su extinción y ser reconocidos como parte del Estado. Las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) son ahora codiciadas por su potencial minero, maderero, como tierra de cultivo y también como “reserva”, es decir el Estado, en sus diferentes niveles (central, departamental y municipal) quiere ser nuevamente el dueño y rector de los TCO, y para ello utiliza mecanismos como los Planes de Uso de Suelo (PLUS), intervenciones que no cuentan con la consulta previa como requisito fundamental. Por otra parte muchas ONG que forman parte del negocio de los bonos de carbono apoyan estas iniciativas aplicando mecanismos extracomunitarios para “gestionar” los territorios sin respetar a las autoridades legítimas del mismo.

Está comprobado, además, que estos territorios están contaminados con la actividad minera, que sin ningún control explota la fuente principal de la generación de vida como es el agua. Por otra parte, es cierto que la corrupción también ha llegado a la práctica de algunos dirigentes, cayendo fácilmente en ofrecimientos de beneficio personal o por carencia de información, abriendo las puertas a organizaciones depredadoras del medio ambiente.

Las TCO han logrado mantener modos de vida ajenos a la economía de mercado. Existen naciones y pueblos que viven de la recolección, la caza y la pesca, que ahora se ven limitadas por la contaminación y la intervención en las TCO con políticas que pretenden controlar el manejo de los bosques.

Para una economía basada estrictamente en la minería del oro, que tiene capacidad de influir en el gobierno, poco le importa el ciclo de vida generado por la relación con naturaleza y su cuidado, poco le interesa la autodeterminación constitucional que protege a las TCO.

La actitud triunfalista que tiene la derecha boliviana, luego de la derrota de un bloqueo de más de 50 días está acelerando los procesos para consolidar políticas neoliberales y que sabemos, benefician solamente a las empresas transnacionales y a los sectores criollos ligados al modelo económico capitalista en su versión extractivista.

El peligro acecha cotidianamente a las Tierras Comunitarias de Origen, que hoy no tienen ni Estado ni Ley que las defienda.

por Antonio Abal O.

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