miércoles, 15 de agosto de 2012

Los alimentos GM actualmente disponibles pueden reportar beneficios, pero es necesario seguir sometiéndolos a evaluaciones de inocuidad




Oficina de Información Pública OMS
www.who.int
Ginebra  -  Suiza
23 de junio de 2005


Tema de salud: Alimentos genéticamente modificados 
Hay que evitar que se produzca una "brecha genética", recurriendo para ello a evaluaciones sociales y culturales más rigurosas
Los nuevos alimentos genéticamente modificados (GM) pueden contribuir a mejorar la salud humana y el desarrollo, concluye la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe sobre alimentos GM publicado en el día de hoy. Sin embargo, el informe subraya también la necesidad de seguir sometiendo esos productos a evaluaciones de inocuidad antes de permitir su comercialización, de modo que se puedan prevenir riesgos para la salud humana y el medio ambiente.
El informe, titulado "Biotecnología moderna de los alimentos, salud y desarrollo humano", describe los beneficios y riesgos potenciales asociados a los alimentos GM. Una de las conclusiones es que estos alimentos pueden hacer aumentar la producción agrícola, la calidad alimentaria y la diversidad de alimentos cultivables en una zona determinada. Todo ello, a su vez, es susceptible de propiciar una mejora de la salud y la nutrición, lo que puede contribuir a alcanzar niveles de salud y de vida más elevados.
Con todo, algunos de los genes utilizados para la producción de alimentos GM nunca antes han estado presentes en la cadena alimentaria, y se teme que la introducción de genes nuevos cause cambios en la estructura genética actual de los cultivos. Es pues fundamental evaluar sistemáticamente las repercusiones potenciales de los nuevos alimentos GM en la salud humana antes de proceder a su cultivo y comercialización; también se debe asegurar una vigilancia a largo plazo para detectar precozmente cualquier posible efecto perjudicial.
El informe destaca que, en los casos en que este tipo de productos se comercializan, todos los alimentos GM son sometidos previamente a evaluaciones del riesgo. En ese sentido, los alimentos GM son examinados con mayor rigor que los alimentos normales, a fin de determinar sus posibles repercusiones en la salud y el medio ambiente. Hasta la fecha, no se tiene conocimiento de efectos sanitarios negativos causados por el consumo de alimentos GM.
La OMS recomienda una evaluación holística
El informe recomienda asimismo que en el futuro se amplíe el alcance de las evaluaciones de alimentos GM para incluir consideraciones de orden social, cultural y ético, con miras a contribuir a evitar que se produzca una "brecha genética" entre los grupos de países que permiten el desarrollo, el cultivo y la comercialización de estos productos y los que no lo permiten. En la actualidad, las evaluaciones se centran principalmente en las ramificaciones agronómicas y los posibles efectos en la salud. La crisis en torno a la utilización de alimentos GM como ayuda alimentaria que vivió en 2002 el África meridional, al oponerse varios países a la distribución de productos GM debido a inquietudes principalmente socioeconómicas, pone de manifiesto la necesidad de contar con evaluaciones más amplias.
"Los alimentos GM deben ser examinados desde numerosos puntos de vista, teniendo en cuenta los aspectos de orden ético y social, además de las consideraciones sanitarias y ambientales. Si ayudamos a los Estados Miembros a aplicar esto a nivel nacional, podemos evitar que se produzca una 'brecha genética' entre los países que permiten los cultivos GM y los que no", ha declarado el Dr. Jørgen Schlundt, Director del Departamento de Inocuidad de los Alimentos de la OMS.
En todos los países prevalecen condiciones sociales y económicas heterogéneas, y las poblaciones de cada uno de ellos tienen tradiciones alimentarias distintas y una visión diferente de lo que la alimentación representa en la sociedad. Todos estos factores pueden condicionar el modo en que se perciben los alimentos GM, y la debida toma en consideración de las diferentes inquietudes influirá en su aceptación o rechazo a largo plazo y sus posibles beneficios sanitarios y riesgos potenciales.
Por el momento, existen 15 instrumentos internacionales jurídicamente vinculantes y códigos de prácticas no vinculantes que abordan algunos aspectos relacionados con los organismos GM. Mientras que numerosos países desarrollados han implantado sistemas reguladores específicos de precomercialización que exigen una evaluación individual rigurosa de los alimentos GM antes de su salida al mercado, muchos países en desarrollo carecen de la capacidad necesaria para aplicar instrumentos similares.
La OMS está trabajando con diversos asociados como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente para ayudar a los países a examinar la introducción de determinados alimentos GM desde todos los ángulos.
"Podemos esperar sacar provecho de las mejoras sanitarias y nutricionales de los alimentos GM cuando logremos ayudar a los países a encontrar el modo de controlar y explotar la introducción de estos productos en beneficio de sus propias poblaciones", ha añadido el Dr. Schlundt.
El primer alimento GM importante se introdujo en el mercado a mediados de los años noventa. Desde entonces, se han comercializado en varios lugares variedades GM de maíz, soja, colza y algodón que son objeto de intercambios comerciales nacionales e internacionales. En algunos países, se han comercializado además variedades GM de papaya, papa, arroz, calabaza, remolacha y tomate. La producción de cultivos GM ha aumentado notablemente durante el último decenio; se estima que esa producción, aunque concentrada en un número relativamente reducido de países, ocupaba a finales de 2004 cerca del 4% de la superficie total de tierras cultivables del planeta.


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Cultivos transgénicos




Opinion
Cochabamba  -  Bolivia, Estado Plurinacional de
26 de junio de 2011

El país ha vivido en los últimos meses una seria controversia, entre aquellos que defienden la introducción de una nueva tecnología en los procesos de producción agropecuaria, el uso de semillas transgénicas y otros que se oponen tenazmente a esta innovación.
Uno de los grandes desafíos que hoy enfrenta la humanidad es la producción de alimentos dentro de un sistema con recursos naturales finitos. La “capacidad de carga” de nuestro planeta, esto es, cual es el máximo de producción que puede lograrse de él, frente a un enorme problema, el crecimiento de la población mundial. La población se incrementa en la actualidad en cantidades de 1000 millones de habitantes, casi cada 50 años. ¿Cómo alimentar esos nuevos contingentes humanos? Este gigantesco desafío puede ahora, al menos en parte, ser enfrentado con una nueva herramienta: la biotecnología, la cual permite aumentar los rendimientos de los cultivos y viabiliza sistemas de producción sustentables.
La aplicación de la biotecnología en la agricultura ha permitido la creación de los cultivos transgénicos, cuyos beneficios han sido rápidamente reconocidos por los agricultores, lo cual se refleja claramente por una elevada velocidad de adopción. Pocas tecnologías pueden exhibir un grado de adopción tan acelerado. En 1996 se plantaron 3 millones de hectáreas con cultivos transgénicos en el mundo. Se estima que en la actualidad es de unos 90 millones de hectáreas. Las actuales mejorías introducidas a algunos cultivos han sido: tolerancia a herbicidas, la cual abarca un 65 por ciento del área plantada con cultivos transgénicos, seguido por resistencia a insectos con un 30 por ciento y por último resistencia a virus con un 5 por ciento .
Los puntos positivos de los alimentos transgénicos son: i) aumento de la producción de alimentos, ii) mejoría en el contenido nutricional, desarrollo de alimentos que tienen fines terapeúticos, iii) mayor resistencia y durabilidad en el almacenaje.
Los puntos negativos de los alimentos transgénicos son: i) aumento de las reacciones alérgicas, ii) las plantas que no sufrieron modificación genética pueden ser eliminadas por el proceso de selección natural pues las transgénicas poseen mayor resistencia a las plagas y pesticidas, iii) aumento de la resistencia a los pesticidas, generando mayor consumo de estos productos, iv) a pesar de eliminar plagas, el cultivo de transgénicos puede también matar poblaciones benéficas, como abejas, lombrices y otros animales y especies de plantas.
En la Argentina, la adopción del cultivo de la soya está produciendo un enorme impacto ambiental sobre los millones de hectáreas de bosque que son convertidos al cultivo de la soya, debido a ello se pierde rápidamente biodiversidad y diversificación cultural de la superficie terrestre.
Personalmente me inclino por avanzar en la adopción de nuevas tecnologías, creando los mecanismos institucionales de bioseguridad que puedan permitir el uso seguro de ellas.

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viernes, 3 de agosto de 2012

A propósito de la explotación minera a gran escala en: Ecuador Cinco falacias del neoextractivismo


Martha Moncada   
La Haine

El gobierno, sectores empresariales y población urbana y rural diversa respaldan la tesis de explotar la riqueza minera argumentando que 

1. “Los ingresos económicos producto de la minería permitirán superar la pobreza y actuarán como un motor para el crecimiento económico”; 

2. “La incursión en actividades extractivas generará nuevos y numerosos empleos”; 

3. “Los impactos ambientales que generarán las actividades mineras pueden ser revertidos”; 

4.“El horizonte de largo plazo es el post-extractivismo” y 

5.“Quienes se oponen a la minería no presentan opciones”.

El potencial minero del Ecuador otorga al país la posibilidad de convertirse en un importante abastecedor de varios de los minerales que requiere el desarrollo industrial de las más ricas economías del planeta y cubrir algunos de los rubros de la demanda interna de minerales. La posibilidad de aprovechar este potencial ha dado paso al surgimiento de posiciones antagónicas dentro del país. Por un lado, el gobierno, sectores empresariales y población urbana y rural diversa, respaldan la tesis de explotar la riqueza minera del país como un medio para disponer de los ingresos que permitan superar la pobreza, expandir la cobertura de atención de servicios y corregir las asimetrías sociales y económicas existentes.
Por otro lado, los pueblos y nacionalidades indígenas, sus organizaciones, sectores ambientalistas, así como población asentada en ciudades y en el campo, han manifestado su rechazo a la minería a gran escala por sus impactos sobre la naturaleza y por los efectos adversos sobre la continuidad histórica de pueblos indígenas que viven en territorios que podrían verse abruptamente modificados por la minería. Quienes se oponen a la explotación minera a gran escala cuestionan, adicionalmente, que la consecución del desarrollo suponga atravesar una única vía; por el contrario, afirman la existencia de concepciones culturalmente diversas que no necesariamente implican iguales condiciones de vida que aquellas que rigen en el occidente. Estos últimos argumentos, lejos de ser incorporados como parte de una reflexión seria o de propiciar un debate democrático y transparente, han sido motivo de menosprecio y descalificación por parte de las autoridades gubernamentales quienes finalmente, y aún violentando disposiciones constitucionales expresas como la consulta previa informada, transparente y “de buena fe”, han impuesto el inicio de actividades extractivas de gran escala bajo la premisa de alcanzar el “bienestar colectivo”. Frente a esta imposición, merece la pena develar algunas de las afirmaciones en las que el gobierno ha sustentado su decisión.

Primera falacia: “Los ingresos económicos producto de la minería permitirán superar la pobreza y actuarán como un motor para el crecimiento económico”

Esta afirmación es uno de los argumentos al que con mayor frecuencia recurren los promotores del neoextractivismo en el ánimo de legitimar el impulso de la minería y contener la conflictividad y la oposición de sectores sociales que advierten los impactos negativos de las actividades extractivas. El papel más activo del Estado que caracteriza al actual extractivismo posiblemente permitirá la obtención de mayores ingresos y la puesta en marcha de políticas redistributivas orientadas a cerrar las brechas de pobreza y las injusticias sociales que enfrentan los países poseedores de reservas minerales. No obstante, es una verdad a medias. En los mayores ingresos que supuestamente podrían percibir nuestras economías no se contabiliza la pérdida de biodiversidad, el deterioro de ecosistemas y de los servicios y funciones ambientales que prestan, la eventual desestructuración de culturas ancestrales, ni los recursos económicos que será necesario destinar para descontaminar el agua y la tierra. En la medida en que no se ha realizado un balance objetivo que dé cuenta de los activos y pasivos que provocarán las nuevas explotaciones extractivas, la afirmación sobre mayores ingresos debe al menos relativizarse. La obtención de mayores ingresos como sinónimo de riqueza otorga a esta última una noción una acepción únicamente crematística, sin considerar que riqueza es también el patrimonio natural y cultural que poseemos, la mayoría sin valor económico en el mercado, a la vez que “naturaliza” el proceso de desarrollo seguido por las economías industriales y desconoce que existen otras vías y formas de vida para relacionarnos con el entorno. Por otro lado, desconoce o minimiza el hecho de que los sectores extractivos intensifican las presiones ambientales y profundizan las inequidades, pues, las perspectivas de crecimiento económico son limitadas por la capacidad de carga del ecosistema. Esta mirada parcial –más ingresos como condición para superar las dificultades actuales- eclipsa, finalmente, un análisis más riguroso sobre el estilo de desarrollo y el alcance y contenido del “buen vivir”.

Segunda falacia: “La incursión en actividades extractivas generará nuevos y numerosos empleos”

Es probable que en las primeras fases de explotación de un nuevo proyecto extractivo sea necesaria la contratación de un número significativo de trabajadores, sobre todo para las labores de remoción de la cubierta vegetal, apertura de vías, construcción de facilidades, instalación de maquinaria, etc. El empleo temporal requerido para estas actividades disminuirá significativamente una vez que el proyecto extractivo entre en operación. En esta fase, el funcionamiento de maquinaria y equipo, supervisado por técnicos especializados generalmente provenientes de los países de origen de la empresa extractiva, sustituye la mano de obra local. De acuerdo a estimaciones, una mina genera 0,9 empleos por hectárea, mientras que una arrocera produce 6 empleos por hectárea. A la luz de esta realidad, la promesa de generación de empleo resulta por tanto también una verdad a medias y tergiversa lo que ha sido la contribución de los proyectos extractivos en materia de generación de empleo.

Tercera falacia: “Los impactos ambientales que generarán las actividades mineras pueden ser revertidos”

Este argumento magnifica las bondades de la tecnología para reparar los daños ocasionados a la naturaleza y desconoce que, aún existiendo los recursos económicos suficientes, existen daños que son irreversibles. Frente a la complejidad de la naturaleza, más aún en zonas de megadiversidad como las que serán afectadas por las actividades extractivas, una postura ajena al antropocentrismo y al optimismo en el progreso tecnológico debería apelar, al menos, al principio de precaución debido a la incertidumbre respecto a la magnitud e intensidad de los impactos que se ocasionarán sobre un bosque tropical y sus cuencas hidrográficas. No existen suficientes experiencias en el mundo como para valorar las implicaciones de ejecutar minería en medio de un área de concentración de valiosa biodiversidad como lo pretende hacer Ecuador al inaugurar la minería a cielo abierto. La minería a cielo abierto supone la remoción de inmensas cantidades de tierra por cada gramo de mineral lo que es posible gracias a procesos químicos altamente demandantes de agua y la utilización de elementos de alta nocividad como el cianuro y el mercurio. Se calcula que, en el caso de la minería de metales, por cada tonelada de mineral crudo extraído se requieren entre 636 y 7.123 litros de agua y que para los minerales no metálicos, este requerimiento fluctúa entre 136 y 4.532 litros de agua por cada tonelada extraída (Delgado 2011). La ilusión respecto a la reversión de los impactos ambientales generados por la minería regulaciones débiles y un control ambiental insuficiente.

Cuarta falacia: “El horizonte de largo plazo es el post-extractivismo”

Las economías atadas a la exportación de materias primas han demostrado una escasa posibilidad de diversificar su matriz productiva y reactivar la producción para el mercado interno. Más aún en un escenario como el actual, caracterizado por una demanda creciente de materias primas para mantener en funcionamiento a las economías industrializadas, es probable que el aumento de los precios y el mejoramiento relativo de los términos de intercambio, experimentado en las últimas décadas, se traduzca en una progresiva reprimarización de la economía.
En estas condiciones resulta ilusorio pensar que países como Ecuador abandonarán el neoextractivismo que actualmente impulsan. Lo más probable es que esta nueva estrategia resulte tan adictiva como lo ha sido el petróleo desde hace 40 años atrás. La “trampa de la especialización” como lo denomina la economía ecológica o la “maldición de la abundancia” en palabras de Alberto Acosta, poco han abonado en la diversificación de la matriz productiva o en un mayor dinamismo para fortalecer la producción orientada al mercado interno.
La historia de nuestros países ha demostrado que la dependencia de bienes primarios, una vez agotado el mercado del producto “estrella” –por la competencia del mismo producto proveniente de otros países, por la saturación de la demanda, por medidas proteccionistas o por la disminución de la productividad y de los volúmenes producción a raíz del deterioro de las condiciones de producción (como sucedió en Ecuador con el cacao o más recientemente con el camarón afectado por la denominada “mancha blanca”)-, en lugar de promover la diversificación económica, lo que hace es presionar por la explotación de un nuevo producto apetecido por los mercados internacionales y mantener la inserción subordinada de nuestros países a la economía mundial.

Quinta falacia. “Quienes se oponen a la minería no presentan opciones”

El actual énfasis concedido a la minería y que, según sus promotores, luego permitiría transitar a una economía post-extractiva, desconoce o minimiza, finalmente, que las potencialidades del país no se circunscriben al sector extractivo; que existen alternativas que pueden desarrollarse hoy como la agricultura y dentro de este sector, ciertos nichos especializados como la agricultura orgánica que experimenta una demanda creciente; el turismo responsablemente gestionado; la propia industria, con énfasis en la incorporación de valor agregado a la producción primaria generada en el país y aún la realización de actividades mineras en un esfuerzo político consistente orientado a no atentar contra las bases de lo que podría ser una nueva economía, un modelo post-extractivo profundamente respetuoso de los derechos de la Naturaleza y el buen vivir de la población.
Este planteamiento contrariamente a bloquear el debate o negar toda forma de extractivismo, se sustenta en la necesidad de estimular una discusión amplia, transparente y democrática respecto a las áreas que podría destinar un país para la realización de actividades mineras (dónde hacerlo), el tipo de asociaciones que deberíamos buscar (con quién hacerlo), los parámetros técnicos, ambientales y laborales que deberían caracterizar la ejecución de actividades extractivas (cómo hacerlo) y sobre todo, el destino de los procesos extractivos (para qué hacerlo), en la perspectiva de acordar no solo la distribución y el destino de la renta minera, sino también el sentido mismo de la explotación de minerales. No deberían tener igual ponderación las actividades orientadas a la extracción de minerales que pueden redundar en el bienestar de los seres humanos, que aquellas cuya finalidad es alimentar a la industria armamentista o las que persiguen satisfacer los apetitos insaciables de la acumulación. El primer caso puede de justificar el daño a la naturaleza bajo determinadas condiciones; la extracción minera para propósitos armamentistas o para acumulación no pueden de ninguna manera socavar las bases para iniciar una transición hacia un “extractivismo indispensable” como lo proponen varios pensadores de la región (Gudynas 2009 y 2011, Escobar 2012).

Bibliografía consultada
Acosta, Alberto. La maldición de la abundancia. Swiss Aid, Comité Ecuménico de Proyectos. Abya Ayala. Quito, 2009.
Delgado R., Gian Carlo. Bienes comunes, metabolismo social y el futuro común de la humanidad: un análisis Norte-Sur. Fundación Rosa Luxemburgo. Documento temático de la conferencia sobre los bienes comunes en Roma. Roma, 2011.
Escobar, Arturo. ¿Transformaciones y/o transiciones? Post-extractivismo y pluriverso. En: América Latina en Movimiento. No. 473. Agencia Latinoamericana de Información –ALAI-. 2012. Pp.14-17
Gudynas, Eduardo. Diez tesis urgentes sobre el nuevo extractivismo. Contextos y demandas bajo el progresismo sudamericano actual. En: Extractivismo, Política y Sociedad. Varios autores. Centro Andino de Acción Popular (CAAP) y Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES). Quito, 2009.
Gudynas, Eduardo. Más allá del nuevo extractivismo: transiciones sostenibles y alternativas al desarrollo. En: El desarrollo en cuestión. Reflexiones desde América Latina. F. Wanderley, ed. Oxfam y CIDES UMSA. La Paz, 2011. pp. 379- 410.
CEPRID




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domingo, 24 de junio de 2012

El negocio de la soya es el que más deforestación causa

LA PAZ/AGENCIAS | 24/06/2012 | ED. IMP.

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El negocio de la soya en Bolivia fue una imposición, definida hace poco más de 20 años por el Banco Mundial, sin considerar los impactos socio ambientales que este tipo de cultivos puede provocar, señala una investigación difundida por el Observatorio Ambiental de la Liga de Defensa del Medio Ambiente.

El estudio de Marco Octavio Ribera, señala que la expansión de la frontera agrícola de la soya, máxima expresión del impacto ambiental de la actividad, tiene su fundamento en el comportamiento del sector productivo cruceño frente a las coyunturas favorables, las cuales tienden a privilegiar la rentabilidad económica a corto plazo más que la sostenibilidad del proceso a mediano plazo.

Se recuerda que la Fundación Tierra advirtió que hace 20 años “el Banco Mundial impuso a Bolivia este modelo y visión agropecuaria de mono-exportación, absolutamente contrario a las necesidades de utilizar la tierra y la agricultura para el desarrollo humano”.

Agrega: no generó empleo, no mejoró la seguridad alimentaria, no se diversificó la producción de alimentos, no mejoró sustancialmente la dieta alimenticia de los pobres, pero sobre todo, no incluyó favorablemente a la economía de mercado a las decenas de miles de pobladores rurales pobres de origen indígena que hasta ahora no encuentran fuentes de trabajo. Además, dice, todas las tierras del oriente ya tienen dueños, lo que ocasiona tantos miles de emigrantes hacia países de Europa.

Agrega que este modelo mono exportador promovido activamente por el Banco Mundial “es una lamentable demostración de cómo, quienes deciden las políticas públicas en lugar de nosotros, no tomaron en cuenta las advertencias sobre los enormes costos ambientales y los lamentables efectos económicos y políticos que iba a producir ese modelo”.

La investigación señala que el monocultivo de la soya ha concentrado la propiedad de la tierra en pocas manos, ha transnacionalizado los derechos propietarios de la tierra y ha impedido nuevos asentamientos humanos planificados y concertados de campesinos pobres para generar riqueza, empleo y bienestar.

Se indica que la rápida devastación de una de las ecorregiones transicionales biológicamente más diversificadas de las tierras bajas de Bolivia, como era la zona de Pailón, al este del Río Grande, donde confluían el Bosque húmedo estacional, el Bosque sub húmedo Chiquitano y el Bosque seco del Chaco basal, implicó una enorme pérdida de biodiversidad.

“Este bosque transicional al este de Warnes y Montero fue devastado en menos de una década. Nunca sabremos si se dieron extinciones de especies de plantas y animales, lo cual es muy probable, pero la pérdida de biodiversidad no sólo se refiere a una lista larga de mamíferos, aves, insectos u orquídeas, sino a recursos de alto valor, tanto maderables como no maderables”.

Ribera advierte que no existen datos definitivos sobre las superficies deforestadas en el extenso arco que rodea a la ciudad de Santa Cruz desde Abapó al sur, pasando por Pailón, Laguna Concepción, San Pedro y San Julián y hasta la zona de Yapacaní, pero recuerda que se maneja por lo menos 4 millones de hectáreas.

Señala además que en esa zona se probaron diversos cultivos como algodón, caña, arroz y luego soya.

“El cultivo de la soya fue responsable en al menos un 60 por ciento de esta devastación. Una proporción importante, en la actualidad, está ocupada por muchos tipos de cultivos desde arroz hasta hortalizas, sin embargo, una gran parte de esta superficie desboscada, también comprende campos de pastoreo  degradados”.

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jueves, 21 de junio de 2012

Seis enfoques analíticos para decir NO a una carretera por el medio del TIPNIS


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Un informe publicado por la Campaña en Defensa del TIPNIS identifica los factores ambientales, económicos, socioculturales y ecológicos que tornan inviable y altamente nocivo el proyecto de construcción de una carretera a través del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure.

La síntesis del Foro desarrollado en la UMSA señala textualmente lo siguiente:
El lunes 4 de octubre de 2010, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) -a través del Instituto de Ecología, la Carrera de Biología y el Centro de Estudiantes de Biología- organizó el foro “IMPACTOS Y PERSPECTIVAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA CARRETERA EN EL TERRITORIO INDÍGENA Y PARQUE NACIONAL ISIBORO SECURE (TIPNIS)”. Dicho evento se llevó a cabo en el Paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés.
Aquí la síntesis de las exposiciones:
1. EL ROL DE LA UNIVERSIDAD EN LA TOMA DE DECISIONES
Realzaron el acto distintas autoridades que en el protocolo de inauguración manifestaron la importancia de la Universidad como un vehículo que pone las bases estudiosas y promueve la reflexión en distintos temas.
El Univ. Bruno Miranda, secretario ejecutivo del Centro de Estudiantes de Biología de la UMSA, ratificó el compromiso estudiantil de no quedar indiferentes ante la pretendida construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos que destruiría el Isiboro Sécure. Contó que esta iniciativa de defender el Isiboro Sécure surgió de una Asamblea Estudiantil y que, en una primera instancia, ya se plasmaba en el foro.
La Lic. Esther Valenzuela Celis, directora de la Carrera de Biología, indicó que la carrera de Biología no quería quedar indiferente ante la realidad del Isiboro Sécure y fue explícita al manifestar que la carrera de Biología “tiene la obligación de mostrar todos los efectos negativos que atraería la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos”. Afirmó que los biólogos no pueden estar ausentes y deben contribuir con estudios sobre el TIPNIS. Lamentó que no haya habido respuesta de autoridades de Gobierno a la invitación para participar en estas instancias de de encuentro y diálogo.
La Lic. María Cristina Ruiz, directora del Instituto de Ecología, después de mostrar la necesidad de estar informados y sensibilizar a la comunidad acerca de temas como el del TIPNIS, afirmó que “el Gobierno debe tomar en cuenta estos eventos para trabajar consensos”.
El Mgr. Franz Cuevas Quiroz, Decano de la Facultad de Ciencias Puras y Naturales, indicó que “a veces los políticos deciden por decidir, hay que dar la línea de una manera científica”. Realzó la importancia de tomar en cuenta y garantizar estudios serios antes de decidir emprender una obra que pueda afectar espacios patrimoniales. En ese sentido, manifestó la preocupación de la Universidad por estos temas y de ahí la necesidad de abrir espacios, como los foros, para sustentar científicamente los debates y se puedan definir correctamente muchos proyectos.
2. LA CONSTRUCCIÓN DE LA CARRETERA
Ing. Lía Peñarrieta Venegas
La Ing. Lía Peñarrieta realizó un diagnóstico y proyectó los posibles impactos y efectos generados por la construcción de la carretera VT-SIM. Compartió una dedicada investigación que determinó si es o no factible la construcción de la carretera mediante el análisis costo-beneficio del proyecto.
En una primera instancia, Peñarrieta describió algunos de los impactos negativos potenciales en la construcción de la carretera dentro del TIPNIS e hizo particular énfasis en el agua:
-cambio de cursos de agua;
-cambio usos de agua;
-afectación a drenajes naturales;
-cruza por una zona núcleo;
-deforestación;
-pérdida y disminución de la biodiversidad.
A todo ello, se añadieron los impactos a nivel social y económico:
- colonización;
- avasallamiento de tierras;
- influencia negativa en la identidad de los pueblos mojeños, chimanes y yurakarés.
En una segunda parte, la Ing. Peñarrieta compartió el proceso y los resultados de su investigación. Analizó a partir de datos técnicos la factibilidad económica de la carretera. Entre los factores tomados en cuenta (en otra óptica de análisis también se manejaron datos sobre adjudicación, costos de inversión, mantenimiento y construcción) citó los siguientes:
- reducción de costos de transporte;
- ahorro de tiempo;
- disminución de accidentes;
- desencadenamiento de actividades comerciales, industriales, turísticas;
- ingresos derivados de la mayor valoración predial debido al proyecto.
Después de varios análisis y cálculos, se llegó a las cifras del Valor Actual Neto (VAN) que alcanzaron la negatividad de menos (-) 44,84 millones de dólares. Manejando algunas hipótesis, se señala que para que la propuesta fuese viable económicamente debería existir un incremento en el tráfico de hasta 350 vehículos por día. Peñarrieta afirmó que, en los cálculos, se tomó un costo base de la carretera en 120 millones de dólares, lo cual dista bastante del costo adjudicado (415 millones de dólares). A esto, si se sumarían los costos ambientales, no incluidos, los resultados económicos alcanzarían una altamente y mayor cifra negativa.
Peñarrieta declara a partir de los resultados de su investigación que “la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos no es viable económicamente”.
3. TIPNIS MEGADIVERSO
Lic. James Aparicio
James Aparicio ratificó con datos la incontable riqueza biológica del TIPNIS. Sin embargo, recalcó que faltan todavía muchos estudios ya que existen muchas especies de plantas y animales no clasificados.
Por otro lado, enumeró la existencia de aves, reptiles, anfibios, mamíferos, peces e insectos valiosos para la conservación. A su vez, señaló el peligro de extinción que corren varias especies y que con la carretera se condenaría a su total desaparición. El mismo fenómeno fue descrito en la riqueza de árboles, plantas y flores endémicas.
Adelantó algunos riesgos y ratificó que la “carretera traerá serios trastornos”:
- Es un área protegida donde peligran los manchones de manera fina que quedan.
- Caza y pesca descontrolada.
- Las actividades antrópicas causarán desequilibrio en los hábitos de la fauna y fauna.
4. FACTORES SOCIOCULTURALES EN EL TIPNIS
Lic. Elizabeth Huanca
La Lic. Elizabeth Huanca hizo una aproximación social y cultural sobre el pensamiento de las culturas mojeñas, chimanes y yurakarés. A su vez, describió y consigno algunos datos que pudiesen responder a las dudas que se abren en el debate acerca del desarrollo. Contrapuso las posiciones e intereres frente a la carretera de los pueblos indígenas, del Gobierno, del SERNAP (Servicio Nacional de Áreas Protegidas) y de la comunidad civil.
Qué dicen los Pueblos indígenas: “No se respeta la cultura y los derechos, no respeta la cosmovisión”.
Qué dice el Gobierno: “La carretera trae desarrollo y vinculación”.
Qué dice el SERNAP: “Se debe cumplir con la norma para conservar el patrimonio natural y cultural”.
Qué dice la Sociedad Civil: Los intereses particulares están en función de cada actor.
Particularizó la postura de los habitantes del TIPNIS que en 80% aproximadamente piensa que la carretera no les beneficiaría.
Describió los espacios de organización indígena como el chaco y la vivienda, además, describió cómo se desarrolla el espacio de caza, recolección y pesca.
Dentro de las culturas del TIPNIS se ratifica una lógica de propiedad colectiva. A partir de ello, el territorio tiene como dueño a los “jichis y el amo del monte” que, a su vez, son los que protegen todo, por eso no hay que dañar la selva y la tierra.
El bosque no tiene valoración únicamente monetaria, el bosque es parte de la vida y muerte. Con el bosque se sobrevive y en él se muere.
Elizabeth Huanca ratifica que el uso tradicional de recursos del bosque y de los ríos por los pueblos mojeño, yuracaré y chimán que habitan el TIPNIS ha sido y es la base de su subsistencia, económica, política y social.
5. LAS VOCES DEL TIPNIS
Adolfo Moye
Adolfo Moye es el presidente y máximo representante de la Subcentral TIPNIS. Moye ratificó el “rechazo innegociable a la construcción de la Carretera”. A su vez recalcó que ninguna autoridad del Gobierno se acercó a la organización Subcentral TIPNIS para hablar sobre el tema.
La construcción de la carretera por la zona núcleo del TIPNIS equivaldría a la destrucción del paraíso, la loma santa. Recordó que nadie se opone a las carreteras y que el Gobierno debe hacer estudios y otras alternativas de trazo más factibles por fuera del TIPNIS.
La forma de vida de los pueblos indígenas cuida la loma santa (madre tierra), que es un espacio que no solo brinda oportunidad de vida a los pueblos indígenas, sino, actúa como un pulmón importante para Bolivia. Moye citó algunos de los derechos que les otorga la Constitución:
-Derecho territorial – Evo Morales otorgó el título ejecutorial del Territorio-
-Derecho a la consulta.
-Derecho a ejercer nuestras formas de vida.
-Reconocimiento como pueblos y naciones indígenas.
-Derecho a la vida, como cualquier ciudadano boliviano.
Adolfo Moye habló sobre las consecuencias negativas para el TIPNIS con la carretera: “deforestación y colonización, avasallamiento y coca ilegal, destrucción de nuestra casa, destrucción de la cultura, de la flora, de la fauna, de los ríos…”
Describió la fortaleza de los habitantes del TIPNIS y denunció que antes de nada ya tienen que enfrentar a algunos grupos de colonizadores depredadores que están promoviendo invasiones ilegales en la parte sur y norte del TIPNIS. Recordó que ya se cumplió un año (septiembre 2009) cuando los valientes habitantes del TIPNIS desalojaron a colonizadores que causaron destrucción en la zona sur del parque.
Lamentó que el Gobierno, a pesar de sus compromisos, no haya hecho y no haga nada para desalojar a los invasores y para erradicar la coca ilegal.
Finalmente, reflexionó: “¿Qué hacemos?, ¿cómo hacer respetar nuestros derechos?, ¿cómo evitar que desaparezcan los moxeños, yuracares y chimanes?, ¿cómo evitar el etnocidio?”
Adolfo Moye afirmó que “respetar los derechos de los pueblos es respetar a la Madre Tierra, es respetar la vida”. Terminó con el mandato enfático de sus bases chimanes, mojeñas y yurakarés: ¡LA CARRETERA NO VA!”.
6. EL CASO DE LA CARRETERA DEL TIPNIS
A propósito del Foro por el TIPNIS en La Paz
Luis F. Pacheco
El pasado 4 de octubre de 2010, fue una fecha hito para el Instituto de Ecología y la Carrera de Biología, que junto con su Centro de Estudiantes, organizaron y llevaron a buen término un evento de discusión sobre el tema de la construcción de la carretera que atravesará el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).
Como el evento fue convocado por el sector académico de la sociedad (instancias de la UMSA), tuvo un carácter fuertemente académico. Cualquiera pensaría que el tema central fue la defensa del TIPNIS como área protegida, en virtud a su enorme riqueza biológica, dado el sesgo natural y orgullosamente llevado por l@s biólog@s; pero no, el evento fue muy balanceado.
Se comenzó con una exposición sobre los aspectos culturales a ser impactados, que estuvo a cargo de Elizabeth Huanca, quien luego cedió la palabra al Presidente de la Subcentral Indígena del TIPNIS, Don Adolfo Moye Rosendy. Estas dos exposiciones fueron contundentes en señalar, por un lado, las preocupaciones de tipo académico sobre el impacto cultural de la carretera y, por el otro, el punto de vista de vivencia y vida misma, que con la exposición de Don Adolfo nos llevó a preguntarnos si la nueva CPE realmente es un marco de apoyo a los pueblos indígenas o simplemente un nuevo papel que pisotear.
Con estos dos temas en el tapete, debería ser suficiente para que el país decline su propuesta de abrir una carretera a través del TIPNIS, pero como vivimos en este mundo (basado en otros criterios, principalmente económicos), era necesario escuchar otras dos visiones del asunto: el tema ambiental fue tratado por James Aparicio (biólogo) y el tema económico por Lía Peñarrieta (Ing. Civil). Ninguna sorpresa en el tema ambiental, los impactos serán devastadores sobre una de las áreas de diversidad biológica más ricas de Bolivia.
Sin embargo, “los pajaritos, plantitas y caimanes” no son normalmente el plato fuerte en estas discusiones. El tema central suele ser el desarrollo económico de las regiones y los caminos, en un país como Bolivia, suelen ser sinónimo de ese tipo de desarrollo. La exposición de Lía Peñarrieta tiró por el suelo las expectativas de todo el mundo en relación a que el camino significaría un beneficio económico para el país. El análisis económico (con nivel de tesis de maestría) muestra (no sugiere, muestra) que EL PAÍS PERDERÍA DINERO con este camino. ¿Cómo? ¿Qué un camino significaría mayor costo que beneficio ECONÓMICO? Sí, Bolivia está por invertir más de 100 millones y lograr un “beneficio económico” cercano el 50% de esa inversión; es decir, NI SIQUIERA RECUPERARÍAMOS LO INVERTIDO. Peor aún, estos cálculos se hicieron con estimaciones del costo de la carretera “en libros”, pero se reveló también que el contrato a firmarse estaría dos veces por encima del costo estimado para la carretera; es decir, sin entrar en acusaciones, la pérdida económica para Bolivia sería mucho mayor al 100% o incluso al 200% del costo de inversión…
Yo no soy matemático (apenas hago algo de aritmética), pero estoy seguro que usted concluyó con el mismo ejercicio:
Beneficios de la carretera = Beneficios económicos + Beneficios sociales + Beneficios ambientales - Inversión
La decisión, así planteada, debería considerar al menos esos cuatro aspectos. Las exposiciones académicas (es decir, basadas en el conocimiento más aceptado por la sociedad, el universitario) demostraron ayer que todos (SÍ, TODOS) los factores considerados resultan en un costo mayor al beneficio. Así planteadas las cosas, la ecuación queda:
Beneficios de la carretera = -Inversión – Mayores costos económicos (para el país) – Impactos sobre biodiversidad – Impactos socio-culturales
¿Qué parte del resultado de este ejercicio resulta tan complicado? Está claro que es posible que nos hayamos olvidado de algún factor…. ¿Cuál será? Yo imagino que quienes están promoviendo e insistiendo tanto en que esa carretera se haga deben tener la respuesta para que el análisis beneficios/costos es positivo.
Por otra parte, las personas que viven actualmente en el TIPNIS, que son parte de los pueblos indígenas a los que la Nueva Constitución Política de Estado les otorga derechos, garantías e incluso autonomías, que tiene títulos de propiedad colectiva sobre ese territorio (TCO) desde hace mucho tiempo, otorgados por el mismo Estado boliviano, NO QUIERE EL CAMINO por medio de sus tierras.
En serio! Esa gente, los legítimos dueños de esas tierras, no desean el camino pues están seguros que el mismo les traerá dolor y muerte. Ellos (y ellas, claro) temen porque su cultura está basada en la vida tal como la viven ahora, sin camino. El camino traerá más gente, la mayoría de la cual no sabe (ni le interesa) manejar el ambiente de la forma que lo hacen los actuales vivientes. Es decir, será, según palabras de Don Adolfo, el fin de su cultura en el TIPNIS. Pero, ¿es que no se les consultó antes de planificar y trazar el camino? No dice la nueva CPE que esto es imprescindible? Sí, lo dice, pero tal parece que los primeros en pisotear la nueva CPE serán sus propios promotores. No sólo eso, también serán los primeros pisoteadores de la voluntad de un pueblo indígena, al cual dicen defender…
Y no, no es que los indígenas del TIPNIS no sepan de los grandes beneficios que traerá la carretera. Ya vimos arriba que NO HAY BENEFICIOS, NI SIQUIERA ECONÓMICOS para ellos, ni para el país. Al contrario, será una mala (pésima) inversión de nuestros recursos y, peor aún, para aniquilar las esperanzas de un pueblo de alcanzar ese tipo de desarrollo que los discursos insisten en defender como el Vivir Bien. ¿Cuándo entonces veremos el Vivir Bien? A este paso… NUNCA!
*** Síntesis publicada por la Campaña en Defensa del TIPNIS en el sitio web http://www.isiborosecure.com/
** Este es un servicio de la Plataforma de Política Energética, un espacio permanente, plural y abierto a todos, para compartir información, generar conocimiento y promover el debate público sobre los temas fundamentales del sector energético (www.plataformaenergetica.org)


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