jueves, 27 de junio de 2019

Brasil. ONU critica a Bolsonaro por pasos equivocados en medio ambiente


Por Prensa Latina
El relator especial de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos, Philip Alston, criticó en un informe al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, por intentar desmantelar la gestión ambiental y dar pasos hacia la dirección equivocada.
‘Muchos países están dando pasos de poca visión en la dirección equivocada. En Brasil, el presidente Bolsonaro prometió abrir la selva amazónica para la minería, acabar con la demarcación de tierras indígenas y debilitar las agencias y protecciones ambientales’, afirma Alston en el documento, citado por el portal de noticias G1.
Cita al político de extrema derecha como ejemplo de ‘fracaso de liderazgo gubernamental’.
El experto de la ONU también reprochó al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por estar ‘activamente silenciando y ofuscando la ciencia climática’, entre otros puntos.
De acuerdo con el informe, el calentamiento global puede revertir los avances logrados en los últimos 50 años en relación con el desarrollo, la salud y reducción de la pobreza.
Además, la estimación es que 120 millones de personas pasen a vivir en condiciones de extrema pobreza hasta 2030 y los más perjudicados estarán en los países más pobres.
‘Perversamente, mientras las personas en la pobreza son responsables de solo una fracción de las emisiones globales, ellas soportarán el impacto del cambio climático y tendrán la menor capacidad de protegerse’, alertó Alston.
Denunció que los países están fallando en cumplir incluso sus actuales compromisos inadecuados para reducir las emisiones de carbono y ofrecer financiamiento climático, mientras continúan subsidiando la industria del combustible fósil.
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www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=286810&SEO=onu-critica-a-bolsonaro-por-pasos-equivocados-en-medio-ambiente


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miércoles, 26 de junio de 2019

Más megaciudades igual a más presión sobre los bosques



Desmond Brown
IPS




En 1990 había solo 10 megaciudades en el mundo, ahora el número se ha triplicado y son 33 las urbes con más de 10 millones de habitantes. Se espera que las megalópolis suban a 43 para 2030, situadas mayormente en países del Sur en desarrollo. Una explosión urbana que presiona sobre los recursos naturales y en especial sobre los bosques. Crédito: Desmond Brown / IPS


ANKARA, 20 jun 2019 (IPS) - Dos tercios de la población mundial se proyecta que vivirán en ciudades en ciudades en 2050. Un proceso que ya está provocando una presión adicional sobre los bosques, incrementando sus talas para incrementar la producción agrícola.

China, India y Nigeria están entre los países que protagonizan el incremento de la urbanización del planeta, donde se pasará del actual 55 por ciento de la población mundial viviendo en áreas urbanas, a un 68 por ciento en las próximas décadas, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Luc Gnacadia, exministro de Medio Ambiente de Benín y ex secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), afirmó que a medida que más personas se mudan a las ciudades y más de ellas se transforman en megaciudades, más presión se ejerce sobre los bosques.

Eso es así porque la población urbana tiene ingresos más altos y tiende a consumir más, en el caso alimentario más productos de origen animal o procesados, lo que requiere mayores porciones de tierra desarboladas para responder a esta demanda.

“El sistema que tenemos, que es el de la extracción de recursos naturales para atender patrones de consumo basados en el derroche, todavía es el sistema dominante”, dijo Gnacadia a IPS, durante elCongreso Internacional sobre Suelos , que acogió la capital de Turquía entre el lunes 17 y el miércoles 19.

“Hay menos gente (en el mundo rural) que produce más para las ciudades, lo que significa que pueden estar minando el suelo, talando el bosque y haciendo que nos volvamos cada vez más vulnerables a las perturbaciones climáticas y contribuyendo a esas perturbaciones”, dijo el especialista beninés.

Gnacadia subrayó que la neurálgica capa boscosa del planeta se está perdiendo por lo que describió como un mal uso de la tierra para la actividad agropecuaria.

La expansión de la frontera agrícola a nivel mundial se está produciendo mediante la errada formula de invadir y desmantelar ecosistemas tan indispensables como intocados, incluidos los bosques.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) puntualizó durante el Congreso que la expansión de las plantaciones y las áreas urbanas está ejerciendo una presión no sostenible sobre los bosques y sus recursos, lo que perjudica a las comunidades rurales y exacerba los efectos negativos del cambio climático.

“Si queremos disminuir esto, primero debemos considerar el potencial de la tierra y la capacidad de desmonte. Para que se puede usar adecuadamente la tierra, se debe identificar claramente antes la manera sostenible de hacerlo, antes de tomar decisiones”, dijo Gnacadia. 




Luc Gnacadia, exministro de Medio Ambiente de Benín y ex secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, en su entrevista con IPS en Ankara, durante el Congreso Internacional sobre Suelos, celebrado en la capital turca entre el 17 y 19 de junio. Crédito: Desmond Brown / IPS



“Cuando usamos la tierra para la agricultura, debemos trazar un mapa claro de esa tierra e identificar dónde goza de buena salud y asegurarnos de evitar su degradación. Todo lo que hagamos debe tener un objetivo. Utilizamos la tierra pero nos aseguramos de que no pierda su productividad, y no agotamos todos sus nutrientes”, planteó.

“Para las tierras que están experimentando alguna degradación, debemos adoptar medidas para reducirla… Se debe evaluar si aún existe, en términos socioeconómicos, el potencial para restaurarla y devolverla a la vida. Si existe ese potencial, entonces hay que hacerlo”, añadió.

En 1990 había solo 10 megaciudades en el mundo, que ahora se han triplicado para alcanzar al número de 33 las urbes con más de 10 millones de habitantes. Se proyecta que para 2030 serán 43 las megalópolis y la mayoría se situarán en países del Sur en desarrollo.

Tokio es la ciudad más populosa del mundo con unos 37 millones de habitantes, seguida de Nueva Delhi con alrededor de 29 millones y Shanghái con 26 millones. Pero se prevé que la capital de India supere la población de la capital japonesa en 2028.

Mariam Akhtar-Schuster, copresidenta de la Interfaz Ciencia-Política de la CNLUD, dice que los países deben implementar un mecanismo integral de planificación del uso de la tierra para poder satisfacer las demandas y necesidades de los hogares y, al mismo tiempo, administrar y conservar de manera sostenible la naturaleza.

“Tenemos que considerar que la población urbana también tiene una demanda de leña y de madera para cocinar y como material de construcción. Todas estas necesidades están afectando los bosques”, dijo la especialista de origen alemán a IPS.

“Si se produce una expansión no regulada de las áreas urbanas, los bosques cercanos se verán dañados, pero incluso si los bosques no se talan para crear espacio para las viviendas, son una fuente de leña para cocinar y esto puede conducir a un inmenso proceso de degradación”, añadió.
Akhtar-Schuster hizo hincapié en que la reducción y degradación de los bosques es un problema de gobernabilidad ambiental,

Por ello, a su juicio, “se deben crear procedimientos y regulaciones, sobre cuanta madera se permite sacar de los bosques y cuán lejos deben establecerse los mecanismos de control de los bosques para evitar la tala ilegal y la eliminación de madera para atender la demanda diaria”.

La planificación urbana también debe considerar que se necesita infraestructura para la energía, recalcó Akhtar-Schuster, para insistir en que los bosques son altamente vulnerables al uso humano y esto debe ser atendido.

“No estoy diciendo que no se deban usar los bosques, pero tienen que usarse de forma sostenible y eso significa que hay que establecer muchas regulaciones, especialmente si se produce una expansión urbana”, dijo la funcionaria de la Interfaz de la CNULD.

Consideró que “se requieren años y años y años hasta que un pequeño retoño se convierta en un gran árbol y esta dimensión temporal debe considerarse en cualquier planificación”.

“Debes tener una visión de muy largo plazo si deseas administrar tus bosques de manera sostenible y siempre tendrás que verificar la condición sobre si hay un rejuvenecimiento natural de los bosques, tendrás que controlar también la estructura de la edad de los bosques próximos a las áreas urbanas para que siempre se mantenga saludable”, añadió Akhtar-Schuster.

Otras situaciones que han disminuido los bosques y han cambiado para mal el uso de la tierra tienen su origen en la demanda mundial de productos básicos como el caucho o el aceite de palma.
En el tratamiento de la explotación de esos recursos se recordó especialmente en Ankara los casos de países como Indonesia y Papua Nueva Guinea, donde los gobiernos otorgaron amplias concesiones de tierras a las empresas para impulsar sus economías.

T: MF

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SEMARNAT, cambiar bosques por minería

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Toda la población de Extremadura respiró aire contaminado


Por Ecologistas en Acción - Extremadura
El Informe de Calidad del Aire 2018 de Ecologistas en Acción concluye que, pese a la inestabilidad atmosférica, el millón de habitantes de Extremadura respiró aire contaminado durante 2018 y el conjunto de la Comunidad soportó unos niveles de contaminación que dañan los bosques y cultivos y que superan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.
El cambio climático y el repunte en la quema de combustibles fósiles mantienen un problema que afecta a la salud de la ciudadanía, pero también a los cultivos, bosques y espacios naturales.
El informe elaborado por Ecologistas en Acción analiza los datos recogidos en casi 800 estaciones oficiales de medición instaladas en todo el Estado español, entre ellas sólo 9 situadas en Extremadura.
En lo que respecta a Extremadura, entre sus principales conclusiones, destacan:
– En 2018, se ha producido una reducción general de los niveles de contaminación de partículas en suspensión (PM10 y PM2,5), dióxido de nitrógeno (NO2) y dióxido de azufre (SO2), recuperando aparentemente la tendencia decreciente de estos contaminantes iniciada en 2008 con la crisis económica. La contaminación generada desde las principales ciudades y las autovías y autopistas se extiende por el territorio afectando a zonas más alejadas y rurales en la forma de ozono troposférico.
– El informe de Ecologistas en Acción toma como referencia los valores máximos de contaminación recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el objetivo a largo plazo para proteger la vegetación establecido por la Unión Europea. De acuerdo a esos niveles, el aire contaminado afectó en 2018 a la totalidad de la población y del territorio de Extremadura.
– Si se toman los estándares de la normativa, más laxos que las recomendaciones de la OMS, igualmente la totalidad de la población respiró aire contaminado por encima de los límites legales. Y la superficie expuesta a niveles de contaminación que exceden de los legalmente permitidos para proteger los cultivos agrícolas y los ecosistemas naturales alcanzó 2.000 km2, en las zonas de Cáceres, Badajoz y núcleos de población de más de 20.000 habitantes.
– La inestabilidad atmosférica ha reducido los episodios de contaminación, contribuyendo de manera importante a mejorar la calidad general del aire. El invierno y el otoño han resultado húmedos, lo que ha favorecido la dispersión y deposición de los contaminantes típicamente invernales (NO2 y partículas). En cambio, el prolongado calor estival ha mantenido elevados los niveles de ozono.
– El ozono troposférico es el contaminante que presenta una mayor extensión y afección a la población, con unos niveles que se mantienen estacionarios o incluso al alza. Esto se debe al incremento de las temperaturas medias y de las situaciones meteorológicas extremas (olas de calor) durante el verano, como resultado del cambio climático. Durante 2018, por el prolongado calor estival, toda la población y el territorio extremeños han seguido expuestos a concentraciones de ozono peligrosas para la salud humana y vegetal, en parte procedente de otros territorios próximos como Madrid y Portugal.
– El descenso de la contaminación del aire es consecuencia en primera instancia de la coyuntura meteorológica, caracterizada por una mayor inestabilidad atmosférica, y en menor medida de la reducción de la producción eléctrica en centrales térmicas. No obstante, el cambio de ciclo económico está conllevando el aumento de la quema de combustibles fósiles en el transporte y la industria, recuperando los niveles del año 2012.
– La contaminación del aire debería abordarse como un problema de primer orden. Cada año se registran hasta 30.000 muertes prematuras en el Estado español por afecciones derivadas de la contaminación del aire, según la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). La información a la ciudadanía no es ni adecuada ni ajustada a la gravedad del problema.
– Los costes sanitarios derivados de la contaminación atmosférica representan al menos 50.000 millones de dólares al año, un 3,5% del PIB español, según el Banco Mundial, sin considerar el coste de los daños provocados sobre los cultivos y los ecosistemas naturales.
– Los Planes de Mejora de la Calidad del Aire para reducir la contaminación son obligatorios según la legislación vigente. En el caso del ozono, la Junta de Extremadura aprobó el año pasado un plan con objetivos muy pobres y que carece de un diagnóstico de las causas del problema, limitándose a un catálogo de medidas genéricas sin concretar, programar ni presupuestar. Se trata de una negligencia que está poniendo en peligro la salud del millón de extremeños y de los cultivos y bosques de la región.
– La única forma de mejorar la contaminación del aire en las ciudades es disminuir el tráfico motorizado, potenciando el transporte público, la bicicleta y el tránsito peatonal. También es necesario promover el ahorro energético, adoptar las mejores técnicas industriales disponibles, cerrar las centrales térmicas de carbón y penalizar el combustible y los vehículos diésel. 


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viernes, 21 de junio de 2019

Lenta respuesta de las ciudades a la crisis climática


Una actualización de los datos sobre las temperaturas de 558 ciudades y sus alrededores en Europa demuestra que 2018 fue el año más caluroso desde 1900 en 203 ciudades. La respuesta local ante la crisis climática varía en gran medida, según una encuesta a 61 autoridades locales en seis países realizada por la red European Data Journalism Network.

Otro año de récord

Como era de esperar en un mundo cada vez más caluroso, el año pasado se batieron varios récords de calor. Según los datos de reanálisis facilitados por el Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo o ECMWF (European Centre for Medium-Range Weather Forecasts), 2018 fue el año más caluroso desde 1900 para millones de europeos que viven en el centro del continente. Más de 200 ciudades y sus alrededores registraron temperaturas que batieron récords, desde Montpellier  en el sur de Francia hasta Białystok  en el noreste de Polonia. Ciudades a lo largo del Danubio, alrededor del mar Adriático y el centro de Italia también contaron 2018 como su año más caluroso hasta la fecha.
Incluso la ola de frío de marzo de 2018, con temperaturas inferiores a 0 °C  en gran parte del continente y con nieve en ciudades del sur como Roma, no fue tan fría. Estos eventos se deben al debilitamiento del vórtice polar, un área de baja presión que normalmente permanece sobre el Ártico. Cuando se desestabiliza, puede desplazarse hacia al sur, como sucedió en marzo de 2018 por toda Europa o en enero de 2019  en Estados Unidos. 
Sin embargo, el hecho de que estas olas de frío se consideren relevantes tiene más que ver con su singularidad que con su excepcional intensidad. La visualización interactiva que se indica a continuación muestra cuántos episodios, por década, fueron al menos igualmente fríos e igualmente largos que la semana más fría de 2018. En todas las ciudades, excepto en unas cuantas, las olas de frío fueron más frecuentes en el siglo XX.

2019 podría ser el siguiente récord

Un análisis de los cinco primeros meses de 2019, basado en otra fuente de datos, esta vez del proyecto European Climate Assessment & Dataset y que usa datos de estaciones, demuestra que los récords de 2018 podrían superarse en breve. Desde enero a finales de mayo, en algunas ciudades se registraron temperaturas mucho más altas que la media para el periodo desde 1970 (desde 1975 en el caso de Lyon) hasta 2000. Las temperaturas de Varsovia, Cluj y Tallinn fueron 2,5 °C más altas en 2019 que en el mismo periodo a finales del siglo XX. Helsinki, Cracovia y Malmö superaron la marca de los 2 °C. Solo algunas ciudades españolas como Bilbao y Palma de Mallorca registraron un incremento en las temperaturas de menos de 0,5 °C en el primer tercio de 2019, en comparación con finales del siglo XX.
Las cifras de 2019 son solo preliminares. La red European Data Journalism Network actualizará su proyecto One Degree Warmer a comienzos de 2020 con datos del ECMWF, con lo que podrán establecerse comparaciones a lo largo del tiempo.

 Fallecimientos producidos por el calor

Las temperaturas más altas siguen perturbando la vida en todo el continente. Los cálidos inviernos de 2017/18 y 2018/19 impidieron que se celebraran varios eventos relacionados con el hielo o la nieve. En Países Bajos, la carrera Elfstedentocht o “carrera de las once ciudades”, una competición de patinaje sobre hielo que existe desde el siglo XVIII, no se pudo celebrar  (la última tuvo lugar en 1997).
También afecta a la vida animal. En el mar Báltico, considerado por los investigadores como un banco de pruebas de lo que va a suceder en otros lugares por su rápido calentamiento, los arenques están escaseando. En lugar de arenques, los pescadores han empezado a pescar de nuevo sardinas  , un ingrediente esencial de la cocina portuguesa. Si bien esto supone un alivio temporal, las perspectivas a largo plazo del sector pesquero del Báltico son desalentadoras.
Las altas temperaturas de la primavera y el verano de 2018, combinadas con la falta de lluvia, produjeron malas cosechas en Alemania y Polonia. Se ha estimado que el coste total ascendería a 3500 millones de euros. Los veranos más cálidos también hacen que las heladas breves sean más intensas. Las temperaturas bajo cero en abril o mayo en el este de Alemania y Polonia, como ha sucedido  este año, pueden arruinar las cosechas de cerezas o de manzanas. Aunque estas noches de heladas han sido habituales en el pasado (el periodo denominado “santos del hielo” indica las últimas heladas posibles del inverno, a mediados de mayo), los daños se agravan por el hecho de que los árboles florecen mucho antes, debido a unos meses de febrero y marzo más cálidos.

El calor tiene otros efectos más graves.

Decenas de europeos murieron por deshidratación y golpes de calor durante las olas de calor de 2018, aunque ninguna autoridad central realiza un recuento exacto de cuántas personas fallecieron. Probablemente no se esté informando de muchos casos de muertes por las olas de calor. EM-DAT, una base de datos de desastres naturales y tecnológicos que mantiene la universidad católica de Lovaina (Bélgica) y una de las pocas referencias que utilizan los expertos en la previsión de desastres, solo incluye siete entradas de las olas de calor de 2018. De ellas, solo una contiene una serie de víctimas mortales (9 fallecimientos en España el pasado agosto). Si bien la causa de una muerte en concreto puede ser difícil de determinar con seguridad, las pocas oficinas de estadísticas que sí publican cifras de “muertes producidas por calor” reconocen que las olas de calor producen muchas más defunciones. En Baden-Wurttemberg, una región alemana de 11 millones de habitantes, las muertes provocadas por calor superan las 1000 cada año  y llegan a 2000 cuando las olas de calor son especialmente intensas. Un estudio  publicado en 2017 en la revista médica Lancet determinó que entre 10 000 y 60 000 europeos mueren cada año por el calor. Sin embargo, este estudio solo era una extrapolación basada en las tendencias y los datos climáticos anteriores a 2010.

Lenta adaptación

Las áreas urbanas, en las que viven tres de cada cuatro europeos, son las más afectadas por el cambio climático. El hormigón y el asfalto acumulan calor durante el día y lo liberan por la noche, lo que contribuye a que se produzca un fenómeno denominado “islas de calor” y que hace que las ciudades registren temperaturas más altas que sus alrededores. Para muchos de sus habitantes, sobre todo los que no disponen de recursos para invertir en equipos de refrigeración como aire acondicionado, las políticas de adaptación de los Gobiernos locales son, literalmente, una cuestión de vida o muerte.
Algunas ciudades se toman muy en serio la adaptación. Münster, una ciudad de 300 000 habitantes en Alemania, declaró una emergencia climática en mayo de 2019, al igual que Bristol  , que lo hizo  en otoño de 2018, Londres  Constanza, entre otras ciudades.

Los datos que utilizamos

Existen numerosas formas de medir la temperatura. A la mayoría de personas, lo que más le interesa es la temperatura máxima diaria (que normalmente se mide a dos metros sobre la tierra), porque nos ayuda a decidir qué ropa ponernos. Otras personas, como los agricultores, podrían preferir las lecturas de la temperatura de la tierra. EDJNet utiliza el promedio diario de temperaturas, que es la media de las mediciones de temperatura a medianoche, a las 6 de la mañana, a mediodía y a a las 6 de la tarde.
Existen varias fuentes de datos de temperatura. La temperatura actual, como la que se indica en los smartphones, normalmente procede de estaciones meteorológicas. Sin embargo, estos datos de estaciones no se pueden utilizar en análisis a largo plazo. No todas las estaciones existían en 1900 e incluso si existían por entonces, podrían haberse trasladado o el microclima a su alrededor podría haber cambiado (algunas estaciones que solían estar en el campo ahora están rodeadas de hormigón), por lo que las tendencias resultan difíciles de seguir. Por estos motivos, EDJNet utiliza los llamados datos de “reanálisis” facilitados por ECMWF. Estos datos suman varias fuentes de datos, incluidos los de estaciones y las mediciones de satélites y globos meteorológicos. Los datos de la primera mitad del siglo XX se reconstruyen con modelos climáticos y datos históricos de estaciones. 
Los reanálisis proceden del mundo de las previsiones meteorológicas. Geert Jan van Oldenborgh, investigador sobre el clima en el Instituto Real Meteorológico de Países Bajos que mantiene el Climate Explorer, una recopilación de datos relacionados con el clima, explicó en una entrevista por correo electrónico que el reanálisis existe para aportar “el mejor estado inicial para empezar una previsión”. A medida que han ido mejorando los modelos meteorológicos, tiene sentido “utilizar las observaciones pasadas para obtener la mejor descripción posible del tiempo en el pasado”, escribía. Sin embargo, la fiabilidad del reanálisis puede variar. A veces es mejor que los datos de las estaciones en países enteros, como en India, pero puede obviar fácilmente los extremos invernales a altas latitudes, añadía van Oldenborgh.
Se encuentran disponibles datos del ECMWF para todo el mundo, pero su resolución se limita a cuadrados de unos 80 km a cada lado. Pueden existir diferencias de varios grados entre las lecturas de temperaturas registradas por el ECMWF y la temperatura real de las ciudades que se encuentran en laderas de áreas montañosas, pero la tendencia del calor por lo general es la misma, tanto si se utilizan reanálisis como datos de estaciones. Una gran salvedad de este enfoque es la relativa a las ciudades costeras, en las que el mar se calienta más rápido que la tierra. Este fenómeno se produce sobre todo en el mar Báltico, donde los índices de calentamiento registrados por EDJNet por lo general son más altos que los que se obtendrían con los datos de las estaciones. 
Aunque las declaraciones de emergencia climática son demasiado novedosas como para evaluarlas, una oleada de programas similares ha intentado abordar el problema desde, al menos, mediados de 2000. Alrededor de 15 ciudades de la Unión Europea cuentan o tienen pensando contar con un “director general de resiliencia”, en virtud del programa “100 resilient cities” (100 ciudades resilientes), financiado por la Fundación Rockefeller, que ha pagado el equivalente a dos años de los sueldos de los directores. 
En París  , por ejemplo, donde la temperatura en 2018 fue 2 °C más elevada que en el siglo XX, el director de resiliencia lanzó  un programa para rediseñar los patios de los 700 colegios de la ciudad y reducir en ellos el efecto de isla climática. Además, la ciudad se está planteando transformar su autopista urbana, conocida localmente como périphérique, en un bulevar.
Ante las iniciativas llevadas a cabo en el pasado, nos podemos plantear hasta qué punto son sostenibles estos programas.
Una encuesta realizada por la red European Data Journalism Network a 61 ciudades de seis países demostró que las estrategias de adaptación son, en el mejor de los casos, desiguales.
Lisboa  , que también forma parte de las “100 ciudades resilientes” de la Fundación Rockefeller, facilitó numerosos detalles sobre su Estrategia de Adaptación al Cambio Climático (EMAAC, por sus siglas en portugués), un plan que la administración local elaboró como parte del proyecto ClimAdaPT.Local, una iniciativa de 1,5 millones de euros financiada por el Espacio Económico Europeo.
La Spezia  , una ciudad de 90 000 habitantes en el oeste de Italia en la que, en 2018, se registraron temperaturas 2 °C más altas que la media del siglo XX, escribió que parte de su estrategia era ser miembro de Mayors Adapt, una red de administradores locales creado por la Comisión Europea. Sin embargo, el programa dejó de existir en 2015 (el programa sucesor se llama “Covenant of Mayors  ” o “pacto de alcaldes sobre el clima”).
La relación entre los programas oficiales y los efectos concretos era poco consistente en otras ciudades.
Desde 2008 a 2014, el Gobierno alemán apoyó proyectos piloto bajo el programa “Klimzug”, para ayudar a siete regiones a elaborar planes de adaptación al cambio climático. Dresde, una ciudad de 800 000 habitantes en el este de Alemania que registró temperaturas 2,5 °C más elevadas que la media del siglo XX, contestó a la encuesta de EDJNet haciendo referencia a su plan Klimzug (que se conoce con el acrónimo de Regklam) y que parece que siguen e implementan. Otra ciudad que se beneficia de un programa piloto Klimzug fue Rostock  (con 200 000 habitantes, situada en la costa del Báltico). La administración local respondió a nuestra encuesta sin mencionar ni una vez su estrategia Klimzug, denominada Radost. Irónicamente, aunque contestaron a la encuesta afirmando que Rostock se había beneficiado del aumento de las temperaturas, unas semanas después de enviar sus respuestas la ciudad sufrió una ola de calor. Entonces, admitieron a los medios de comunicación locales  que “desgraciadamente no estaban preparados” para abordar eventos así. Es interesante que dentro del programa Radost, Rostock se comprometió a diseñar un plan de mitigación de olas de calor. Eso fue en 2014.

“Solo gestionamos emergencias”

En la encuesta de EDJNet se preguntaba a las autoridades locales qué estudios habían realizado para evaluar los efectos del aumento de las temperaturas en la población.
En Skövde, una ciudad de 30 000 habitantes en la zona central del sur de Suecia, en la que en 2018 registraron temperaturas 2 °C superiores a las del siglo XX, explicaron ingenuamente por qué aún no habían evaluado el impacto del cambio climático en su población: los políticos “normalmente tienen otras prioridades, como el crecimiento económico, por lo que la adaptación climática no recibe la misma atención. La política de los partidos no siempre va en la misma dirección que las pruebas científicas”, indicaron las autoridades (aunque añadieron que estaban elaborando un estudio).
La administración de Belluno, una ciudad de 35 000 habitantes al norte de Italia cuyas temperaturas en 2018 fueron 1,7 °C superiores a la media del siglo XX, afirmó que el aumento de las temperaturas no suponía ningún problema y además afirmaron que no habían realizado ningún estudio sobre el asunto, aparte de la monitorización de mosquitos y garrapatas, lo que plantea dudas sobre en qué datos se basaron para realizar la anterior afirmación.
Esta falta de evaluaciones sistemáticas plantea varios problemas. En la mayoría de países, las ciudades tienen que idear planes o estrategias, como los “planes de acción para el clima y la energía sostenible” (Paesc, por sus siglas en italiano) en Italia o un “plan local sobre clima, aire y energía” (Pcaet) en Francia. El hecho de que pocas autoridades hayan realizado estudios rigurosos sobre los efectos del aumento de las temperaturas sustenta la afirmación de las autoridades de Skövde: en estos planes probablemente prevalecen los intereses políticos en lugar de las pruebas científicas.
Treviso, una ciudad de 85 000 habitantes al norte de Italia, escribió que, si bien se habían realizado algunos estudios, procedían de iniciativas personales. “Evidentemente, aunque es algo serio, las instituciones aún no han percibido el problema con toda su gravedad”, afirmó un funcionario de la localidad. Resumían el problema afirmando que “solo gestionan emergencias… ¡cada vez con más frecuencia!”. Una afirmación sincera que, a pesar de las montañas de informes de adaptación que se han elaborado, se podría aplicar a Rostock y a cientos de otras ciudades europeas.








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miércoles, 12 de junio de 2019

Las mieles de la ira



En una década, más de 1.500 apicultores, de los 4.500 que había en Uruguay abandonaron la actividad, en su mayoría porque las abejas se mueren por el uso indiscriminado de agrotóxicos y ya no pueden exportar su miel a mercados que exigen una producción “natural”.
“Tengo 65 años y hace 40 que me dedico a esto. Ya no puedo más. El Estado no nos protege, ha preferido apostar a los grandes y a un modelo de producción no sustentable”, dijo un apicultor que participó, días atrás en una asamblea realizada en la población de Libertad, en el departamento de San José, al oeste de Montevideo.
La reunión, convocada por la Asociación Apícola del Uruguay (AAU), agrupó a más de 300 productores para los cuales el sector vive actualmente “la peor crisis de su historia”.
A los apicultores uruguayos les sucede lo mismo que a los brasileños y a los de otros muchos países latinoamericanos: han visto cómo las abejas mueren por millares y millares ante sus propios ojos.
Principal acusado: un modelo productivo que requiere de un uso intensivo de agrotóxicos, como insecticidas y herbicidas.
Investigaciones realizadas por la Universidad de la República, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable citadas por el diario La diaria señalan que cada año se pierden en Uruguay entre 20 y 30 por ciento de las colmenas.
Maldito glifosato
La fumigación indiscriminada con agrotóxicos es una de las principales causas de esos elevados niveles de mortandad de las abejas.
Tradicionalmente, la enorme mayoría de la producción de miel uruguaya era exportada, y muchos de sus mercados se encontraban en países europeos altamente exigentes.
Uno de ellos era Alemania, que compraba un promedio de 8.000 toneladas al año. En 2018 solo compró mil, porque en muchas partidas de miel se hallaron rastros de glifosato.
“Los residuos de glifosato en la producción uruguaya están muy por encima del máximo tolerado por la Unión Europea”, dijo Ruben Riera, presidente de la AAU.
Pero no hay controles, o son muy escasos, y el Ministerio de Agricultura (MGAP), que defiende este modelo productivo adicto a los agrotóxicos, poco hace para defender las fuentes de trabajo de una actividad que ocupa a agricultores familiares.
Números que no dan
Entre 2011 y 2017 se presentaron ante el MGAP casi 600 denuncias de apicultores por afectaciones ligadas al mal uso de plaguicidas.
El (pésimo) panorama para el sector se completa con la competencia desleal de países como China, que produce mieles adulteradas y la vende a bajo precio.
En la asamblea de la ciudad de Libertad se dijo que los apicultores venden su miel a 1,20 dólares por kilo, 0,60 centavos por debajo de su costo de producción.
“Los números no cierran”, señaló Riera. La AAU pidió al gobierno subsidios y la prohibición del uso de productos a base de glifosato, entre otras medidas.
Un proyecto contra el modelo oficialista
Un proyecto de ley que se acaba de presentar recoge esas exigencias y plantea la creación de un Fondo de Desarrollo Apícola.
El texto, elaborado por los diputados Darío Pérez, del oficialista Frente Amplio, y Eduardo Rubio, de Unidad Popular, propone también prohibir tanto la producción como la importación, la venta y el uso de cuatro categorías de agrotóxicos comúnmente empleados en Uruguay, algunos de los cuales ya no se pueden emplear en Europa.
Aunque saben que encontrarán resistencia incluso en la coalición de centro izquierda gobernante, Rubio y Pérez confían de todas maneras en que su texto sea aprobado por el parlamento.
“Estamos enfrentando un modelo productivo basado en el agronegocio al servicio de las multinacionales. Este proyecto es una medida pequeña en relación con el daño global que hacen, pero sería un primer paso importante”, dijo Rubio.
“Tenemos que salvar una producción importante y recursos naturales que son fundamentales”.
Fuente: Rel UITA

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martes, 11 de junio de 2019

México superó la "semana gris" de la contaminación, ¿pero por cuánto tiempo?

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Anna Portella

El aire que respiran los casi 9 millones de habitantes de la Ciudad de México ya vuelve a ser, como máximo, mala durante el día, según el Índice de la Calidad del Aire de la capital; es decir, lo normal.

El antes llamado Distrito Federal finalmente superó la “semana gris”, que tuvo a ciudadanos y autoridades en alerta entre el 9 y el 17 de mayo por exceso de partículas finas o PM2.5 en la atmósfera. Se trata de sólidos y líquidos con un diámetro 20 veces más pequeño que el de un cabello. Aun así, son peligrosas porque pueden penetrar en los alvéolos y contribuir a enfermedades como diabetes o cáncer de pulmón.

Centenares de incendios que hubo en la zona central y sur del país causaron la crisis de las ya famosas PM2.5. Sólo en el fin de semana del 10 y 11 de marzo, la Ciudad de México declaró veinte. El humo pintó de gris el paisaje de torres urbanas de la capital, recordando los días en los que se ganó el título a la ciudad más contaminada del planeta según la ONU, en 1992. Mientras, los grupos de Whatsapp de los residentes intercambiaban informaciones de los barrios en los que olía a quemado.
Durante la "semana gris" se superó en casi 10 veces el límite máximo anual de partículas finas en la atmósfera
La jefa de gobierno de la capital, Claudia Sheinbaum, explicó que los incendios se habían hecho notar por las condiciones climatológicas excepcionales de este 2019, con temperaturas máximas récord (30 grados en marzo, por ejemplo), y vientos estables y pocas lluvias que no ayudaron a dispersar las partículas. Durante esa semana, se llegaron a concentrar más de 97.7 micrógramos por metro cúbico de partículas finas, es decir, casi 10 veces más del límite máximo anual que prevé la Organización Mundial de la Salud.

Tras unos días de incertidumbre, finalmente el gobierno local cerró escuelas de primaria y secundaria, restringió el tráfico y suspendió obras en las vías públicas, entre otras medidas. Mientras, en coordinación con el resto de gobiernos de la megalópolis — que además de la capital incluye a seis estados colindantes, sumando un total de casi 40 millones de habitantes — elaboraron un nuevo plan para prevenir y responder a contingencias ambientales atmosféricas , especialmente pensando en la presencia de las partículas finas.

De esta forma, la mayor zona urbana de México se preparó para afrontar una futura amenaza de esta especie de gotitas aceitosas micrométricas que, tras la semana gris, se erigieron como uno de los contaminantes más amenazantes para la salud de los capitalinos. No es para menos, hasta 32.800 muertes prematuras de 2017 se atribuyen a las PM2.5 , más del doble de las que causaron en España (13.400) pero casi 26 veces menos que las de China (851.700), según datos de un estudio elaborado por el Institute for Health Metrics and Evaluation, de la Universidad de Washington, y el Health Effects Institute.

Hoy las PM2.5 han desaparecido de las portadas de los periódicos y de las preocupaciones de los ciudadanos, pero ¿hasta cuándo?

Resultado de imagen para México superó la "semana gris" de la contaminación, ¿pero por cuánto tiempo?


¿Cuánto sabemos de lo que pasa en el aire?

Las nuevas medidas para afrontar el exceso de las PM2.5 restringen la actividad de la industria , la actividad comercial, de los ciudadanos, y del gobierno. Entre ellas hay las que prohíben las quemas a cielo abierto o las actividades que emiten polvo de las vialidades pavimentadas, como la obra pública, porque ambas actividades son de las principales fuentes de PM2.5 en la capital. Junto con ellas, están las que afectan a la movilidad.

El tráfico suele ser lo primero que se restringe cuando hay exceso de contaminantes en el atmósfera. De hecho, a principios de junio el Gobierno de la capital presentó un plan para reducir las emisiones del transporte que prevé, entre otras, aumentar las líneas de transporte público o reservar vías sólo para coches compartidos.
Los vehículos que circulan en la zona metropolitana recorren una distancia diaria equivalente a casi 5.932 vueltas a la Tierra
Estas medidas se entienden con un par de datos: los vehículos que circulan en la zona metropolitana recorren una distancia diaria equivalente a casi 5.932 vueltas a la Tierra , explica el Gobierno de la Ciudad de México en su página web. Se explica, en parte, porque aproximadamente 1,14 millones de hogares viajan en vehículo particular y la media de ocupantes por auto es de 1,5 personas. Pero tanto el plan de prevención como el de reducción de emisiones por movilidad, ¿qué tan efectivos serán?

“Lo que más me preocupa es que no hay un diagnóstico científico actualizado de cómo está reaccionando la atmósfera y de cómo el crecimiento urbano ha modificado la meteorología loca, y con ello, el comportamiento de la contaminación en el aire”, explica el experto en ciencias de la atmósfera del Singapore-MIT Alliance for Research and Technology, Erick Velasco.

Éste mexicano lleva tiempo señalando que las mediadas medioambientales de México son lo mismo que una moneda echada al aire. Primero, porque la observancia de la norma en México puede llegar a ser anecdótica. Un estudio de 2015 calculó que en un 80% de los centros donde se realizaban las pruebas había corrupción y que un 10% de los propietarios de coches ofrecían mordidaspara que les aprobaran los tests. Y segundo, porque los conocimientos científico-técnicos en que se basan están ya desfasados.

Según explica, lo que se sabe del comportamiento atmosférico de la capital proviene de un estudio de 2006 conocido como MILAGRO, por sus siglas en inglés (Megacity Initiative: Local and Global Research Observations). “Desde entonces que no se ha vuelto a hacer un estudio de estas dimensiones, seguimos con la ciencia de hace más de una década”, añade.



Esta ignorancia sobre los procesos físicos y químicos que se producen en el aire cobra especial relevancia en un país en el que la vida en la calle es parte de la cultura: “En un estudio reciente, pendiente de publicar, encontramos que una de las mayores fuentes de contaminantes en la Ciudad de México son los puestos de comida informal , en particular, los de sopes, quesadillas y tamales fritos”, explica Velasco.

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Necesitamos ciencia hecha política

Cual si hubiese oído las críticas del investigador del MIT, el nuevo titular de la secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del gobierno federal, Víctor Manuel Toledo, habló de “ fundamentar técnicamente las decisiones y las acciones ” de sus políticas, en el discurso de toma de posesión del cargo del pasado viernes. El biólogo se puso al frente de la secretaría después de que la anterior titular dimitiese por haber retrasado un vuelo comercial durante 38 minutos.

Mientras, el único premio Nobel del país, el químico Mario Molina, está asesorando al gobierno de la capital en la elaboración del nuevo programa para mejorar la calidad del aire, que entrará en vigor a partir de 2021.

El experto ha defendido en varias ocasiones la necesidad de poner más atención a las partículas pequeñas que, según dice, hasta ahora se las había ignorado porque no se disponía de la tecnología necesaria para medirlas . En sus apariciones públicas, Molina se esfuerza en concienciar a los mexicanos de la necesidad de invertir en medidas a largo plazo para reducir la contaminación y minimizar los efectos del cambio climático. En más de una ocasión ha recomendado al gobierno capitalino cobrar por utilizar el vehículo en la ciudad, regular el transporte de carga e invertir en transporte público de calidad.

La incertidumbre y la impotencia que provocaron los días grises de mayo llevaron a ciudadanos y autoridades a pedir ayuda a Tláloc, deidad prehispánica de la lluvia. Como en tiempos remotos, en los que a falta de ciencia, se encomendaron a los dioses para encontrar respuestas a lo desconocido.

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