lunes, 25 de enero de 2016

Monsanto demandó al Estado de California por reclasificar de cancerígeno al Glifosato


ero Biocidas


La demanda tiene por objeto que no se agregue el herbicida a la lista de cancerígenos bajo la Proposición 65, que obliga al Estado a publicar una lista de los productos químicos que se sabe que causan cáncer, defectos de nacimiento u otros daños reproductivos. El anuncio se produjo el 4 de septiembre de 2015.

Reuters informó que la empresa presentó la demanda contra la Oficina del Estado de Evaluación de Riesgos de Salud Ambiental (OEHHA) en los tribunales del estado de California para evitar que se informe a los residentes sobre los riesgos de los diferentes productos químicos, y sustancias que causan cpáncer. OEHHA hizo el anuncio, después de que la Agencia Internacional de la Organización Mundial de la Salud para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) anunció su probable vínculo con el cáncer en marzo de 2015

Si el glifosato es añadido a la lista, Monsanto estaría obligado a proporcionar una advertencia en los marbetes a los consumidores, de que el producto químico es un reconocido carcinógeno.Monsanto afirma que esto es una violación de sus derechos de la Primera Enmienda y, de acuerdo con la denuncia presentada, "causaría un daño irreparable a Monsanto y el público y que afectaría negativamente a la reputación de Monsanto para la fabricación de herbicidas seguros y confiables; sería potencialmente una pérdida de ventas y obligaría a la empresa a gastar importantes sumas de dinero para volver a etiquetar sus productos ".

Si esto no fuera suficiente el Environmental Working Group, una organización de vigilancia de la industria que publica periódicamente informes sobre la seguridad de todo, desde productos de alimentos procesados ​​y productos de cuidado personal, acaba de publicar una lista de los productos químicos más potentes, que causan cáncer , en su conocida lista "Dirty Dozen "(docena sucia).

Otros estudios afirman que el glifosato no merece su lugar en la lista de los productos químicos que causan cáncer e incluyen una revisión completa hecha en 2015 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. La conclusión de la EFSA que el glifosato era seguro fue criticado tanto por la IARC y casi 100 científicos de alto nivel en Europa, que firmaron una carta abierta al comisario europeo de la salud Vitenis Andriukaitis en noviembre de 2015, acusando a las autoridades de la UE de ignorar esta opinión al hacer regulaciones de glifosato para Europa.

El Director de negocios de Monsanto, Gary Philpotts dijo que, "La opinión de la IARC es un caso atípico en este cuerpo de evidencia científica. Sin embargo, la opinión de la IARC encaja con los reclamos activistas contra los químicos y que estos grupos continúan invirtiendo en comunicaciones que tratan de poner en duda el consenso científico acerca de la seguridad del glifosato ".

Además, Phil Miller, vicepresidente de Monsanto de asuntos regulatorios, sostiene que la clasificación de la IARC es incoherente con otras investigaciones y "no es una base sólida para cualquier acción reguladora.

Pamela Coleman, PhD de Farm and Food Policy y un analista del Instituto Cornucopia no está de acuerdo: -"Contrariamente a la actual concepción errónea generalizada de que el glifosato es relativamente inofensivo para los seres humanos, la evidencia disponible muestra que el glifosato puede más bien ser el factor más importante en el desarrollo de múltiples enfermedades y condiciones crónicas que han llegado a ser frecuente en las sociedades occidentalizadas." Relacionado con la disfunción generalizada mitocondrial en las células, un problema más de una larga lista de problemas de salud como la enfermedad de Alzheimer, la diabetes tipo 2, el Parkinson y la obesidad, según el Centro Canadiense para la Investigación sobre la Globalización.

En octubre pasado la OEHHA de California, aceptaba comentarios públicos acerca de su intención de agregar al glifosato en el listado, de acuerdo con la Proposición 65, y recibió cerca de 8.000 comentarios con respecto a esta decisión, incluyendo los comentarios de Monsanto.

California es un ejemplo a seguir en todo el mundo, lamentablemente Argentina sería incapaz de tomar una decisión análoga para protegernos del tóxico del siglo, con un Senasa estéril, menos aún en Buenos Aires, con un Ministro de Asuntos Agrarios ex empleado de Monsanto y con un Ministerio de Agricultura de la Nación, manejado por Aacrea, Aapresid y la sede oficial de la empresa al mando de Lino Barañao.Ser PROtransgénicos y PROvenenos es parte del Cambio, para desgracia de los argentinos. Como respuesta, el latiguillo es que la culpa la tiene el que se fué, no del que llega a incentivar y a perpeturar el genocidio silencioso.-

Fuente original: http://zero-biocidas.blogspot.com.ar/2016/01/monsanto-demando-al-estado-de.html




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El Mercurio, un monstruo dormido en Antioquia




Entre el espeso calor, la naturaleza apabullante y los búfalos que recorren las coloridas praderas de la región del Bajo Cauca, persiste uno de los negocios más fructíferos de los últimos tiempos, el oro. Pero también crece una peligrosa cuenta de cobro: el mercurio, con más de 100 toneladas de este venenoso metal que caen a los ríos de Antioquia cada año.

Son 520 toneladas que han llegado importadas desde 2009, desde países como México, Alemania, España, Estados Unidos y Países Bajos. En su mayoría por empresas localizadas en Medellín. Y que terminan en una buena parte en más de 1.500 minas y en 13 ríos de Antioquia, afectando la salud de más de un millón de personas en 16 municipios del Bajo Cauca, Suroeste, Nordeste, Occidente y Magdalena Medio antioqueños.

En el corazón del Bajo CaucaCuando llegas al Bajo Cauca, las montañas se esfuman y una naturaleza tropical comienza a cubrir el paisaje. El calor y la humedad se te pegan a la piel y las haciendas ganaderas con prados de mil colores se roban el panorama. En las ciénagas se aprecian búfalos y pescadores que tiran de sus redes, como si fueran parte de una pintura.
Es una región costeña, con gente dicharachera, que come pescado y vive al son del vallenato. Su cultura y economía dependen más de Córdoba que de Antioquia. “El del Bajo Cauca es media arepa. Nos gusta la bandeja paisa, pero también el mote de queso”, dice Eduardo Arias, un minero fuerte, de humor fino y de facciones camaleónicas.
Eduardo es propietario de la mina Las Palmas, en Caucasia, ubicada en una hacienda de 300 hectáreas que con 60 trabajadores, cinco retroexcavadoras y cuatro volquetas trabaja como una empresa los 365 días del año. La hacienda está dividida en dos, una tercera parte para la minería de oro de aluvión y el resto para la ganadería.
“Mi socio, al que le arrendé esta finca, es ganadero. Yo le he dicho que eso ya no es negocio. Que la ganadería deja 500.000 al año por cabeza y la minería mucho más. El mismo narcotráfico es huevo al lado de esto. El oro es legal y deja ganancias del 1.000 por ciento”, indica Eduardo, mientras recorremos el extenso verde de su hacienda.
En 1987, Eduardo era un auxiliar contable y un desempleado más que no encontraba trabajo en Medellín. “Un día que estaba repartiendo hojas de vida un amigo me invitó a trabajar como contador en una mina en El Bagre y para allá me fui. Me di cuenta lo que dejaba este negocio y monté una mina en Puerto Claver, de allá me sacó la guerrilla y me quebré. Terminé en el Chocó donde sí me fue muy bien y gané buena plata, luego me vine para Caucasia”, afirma Eduardo.
A la mina de Eduardo se llega por caminos de lodo y montículos que dejan a su paso las retroexcavadoras y volquetas que mueven toneladas de tierra desde los frentes de explotación, hasta los entables mineros donde se selecciona el oro. Entre uno y otro lugar, hay zonas devastadas y desérticas, valles de un verde vivo, hasta terrenos reforestados que se ven como una colcha de retazos.
La mina está ubicada al frente del Batallón Rifles de la Brigada 11, en Caucasia. Al frente de este Batallón está la casa donde duermen los trabajadores de la mina. Una casona de estilo llanero, dividida en una primera zona al aire libre donde queda ubicada la cocina y el comedor; una segunda donde duermen los mineros en habitaciones con aire acondicionado; y una tercera que es el laboratorio donde queman la amalgama, que es la mezcla de oro con mercurio que se recoge en los entables.
“El mercurio se echa por la mañana y por la noche. En el cambio de cada turno a las 6:00 de la mañana y a las 6:00 de la tarde se echan unas 20 libras de mercurio. Luego se recoge todo esa amalgama que queda y se trae hasta este laboratorio donde se sopletea”, afirma José Heriberto Sinitabe, minero y almacenista de combustible en Las Palmas.
En el entable, ubicado a unos cuantos kilómetros de la entrada principal, hay unos seis mineros. Dos de ellos trabajan con unas poderosas mangueras que limpian las toneladas de tierra que caen a los canales de las volquetas. Otro se ocupa de retirar las piedras que se acumulan en los canales y que impiden el paso del material. Y un cuarto minero como Sinitabe que se encarga de aplicar el mercurio.
Los mineros aplican el mercurio sin ningún tipo de protección, sin guantes ni mascarilla que impidan el contacto con la piel o que se respire luego de su evaporación. El metal se riega en la parrilla de clasificación usando un trapo y este se acumula en la superficie de la parrilla, atrapando todo el oro que recorre los canales. A los tres días se detiene la producción y el metal se recoge, igualmente, sin ninguna protección, pero convertido en amalgama, la mezcla de mercurio con el oro atrapado. Una gran parte del metal se va en las aguas de ríos y quebradas. (Así usan el mercurio los mineros de Antioquia)
Eduardo sabe todo sobre el uso del mercurio y es de los pocos mineros en Antioquia que está presto al cambio de métodos para erradicarlo, por lo que es considerado un conejito de indias para el Proyecto Global del Mercurio. “Es una de las seis minas en Antioquia que está disminuyendo el consumo de mercurio y una de las 15 que reforesta los terrenos explotados”, comenta Oseas García, coordinador de Bioredd, un proyecto de la Usaid para reducir las emisiones de mercurio.
Oseas es un investigador de 56 años de raíces brasileñas, de barba en candado y de hablar pausado. Lleva más de cuatro años radicado en Antioquia liderando la lucha contra el mercurio. Vive en Caucasia y sufre los problemas del Bajo Cauca y Nordeste antioqueños como nadie. Es un héroe de causas imposibles, de los que hacen su tarea y creen que las cosas pueden cambiar.
“El mercurio está actuando como un monstruo dormido en el Bajo Cauca. A la gente de estas regiones no les importa porque es un problema a 30 años. Aquí no hablan de alguien muerto por un problema de mercurio. Pero se encuentran personas muy afectadas. En Caucasia, por ejemplo, hay un comprador de oro que dice tener disfunción eréctil y por pruebas sabemos que es incapaz de caminar en línea recta o hacer una raya en un papel”, comenta Oseas.
El mercurio que viaja hasta La MojanaEste problema tiene en alerta a todas las autoridades nacionales e internacionales. Según la Contraloría, en uno de sus últimos informes, son 80 municipios, de 17 departamentos del país, los que están contaminados con mercurio, producto de la extracción informal de oro.
“La zona más contaminada es Zaragoza, en el Bajo Cauca sobre el río Dagua. Allí encontramos fuertes daños a la dinámica del río y a sus zonas de inundación. Hallamos contaminación no solo con mercurio, sino con cianuro y líquidos combustibles”, indica el informe de la Contraloría.
Las autoridades nacionales tienen los ojos bien puestos en el Bajo Cauca, donde toneladas del metal caen a ríos como San Agustín, Tarazá, Nechí, Porce y Cauca, considerados como los más contaminados de Colombia, según el Ministerio de Ambiente y el Ideam. Cabe recordar, que hasta hace solo dos años, Antioquia era considerada la región más contaminada con mercurio del mundo y los ríos de Segovia y Remedios, los terceros mayor contaminados con este metal.
Pero las minas del Bajo Cauca y Nordeste, no solo contaminan con mercurio los ríos de Antioquia sino también a regiones vecinas, como La Mojana, ubicada en Bolívar y Sucre, una de las zonas más ricas en peces y cultivos de arroz en el país.
“En La Mojana bolivarense identificamos concentraciones muy altas de mercurio en peces, agua y maleza, que llegan desde las minas de Antioquia, las explotaciones de oro del sur del Bolívar, Ayapel y las cercanas al río San Jorge y Cauca, por el movimiento del agua en los cauces. Además hay ganado contaminado con mercurio que consume la maleza de estas ciénagas”, afirma Rafael Pedraza, investigador de Corpoica, sobre una investigación liderada por Inés Toro.
En Bolívar, según la Contraloría, se reporta contaminación por mercurio en 17 lugares, como Soplaviento, Simití, Pinillos, Santa Rosa del Sur y Arenal. (Fiscalía alerta sobre mercurio en los ríos colombianos)
Así mismo, peces del Canal del Dique, las ciénagas del sur del Bolívar, La Mojana y la cuenca del río Nechí en Antioquia, revelan niveles de contaminación por encima del valor máximo permisible establecido por la Organización Mundial para la Salud, afirma en un estudio sobre el Bajo Cauca y la región de Bolívar, Stephanie Console, investigadora de la Universidad de Toronto.
En otra investigación que se adelanta en la Corporación Universitaria del Caribe se encontraron altas concentraciones de mercurio en los cultivos de arroz en La Mojana sucreña. Allí, los arroceros están sembrando en terrenos contaminados y comercializando sin saber el peligro. Edgar Francisco Inmbet, líder de los arroceros de la región, afirmó que los terrenos están siendo contaminados con mercurio, plomo y cianuro, que viene desde las minas de Antioquia, Sucre y Bolívar.
Inmbet argumenta que los 400 arroceros de la región sembraron su producto en terrenos inundados por los ríos San Jorge y Cauca, donde llega el mercurio de las minas, pero reconoció que todavía no sabe la repercusión que pueda tener el consumo de ese arroz, pues no existe estudio agroquímico que certifique la concentración de mercurio, cromo y arsénico en las zonas de cultivo.
Pescados contaminados llegan hasta MedellínDe estos ríos contaminados con mercurio llegan a las centrales de abastos de Medellín por lo menos nueve toneladas de pescado mensuales. Por ejemplo, del Bajo Cauca y el Magdalena Medio llegan ocho toneladas al mes de bagre, bocachico, barbudo y blanquillo, entre otros. Y del Nordeste, otra parte importante de sabaleta y tilapia negra, según confirman vendedores mayoristas.
Desde allí, por lo menos media tonelada de pescado es distribuida diariamente a los grandes supermercados, mini mercados, carnicerías, restaurantes y tiendas. Por ejemplo, un bagre de Nechí que cuesta hasta 80.000 pesos, puede viajar kilómetros con el mercurio en su cuerpo en forma de metilmercurio (la forma más tóxica del metal) hasta llegar hasta los hogares.
Otra clase de pescados, en su mayoría del sur del Bolívar, Tarazá y Cáceres, terminan en otros mercados como el de Bogotá donde llegan congelados. “No podemos decir que en Medellín y otras ciudades del país no haya riesgo de contaminarse con mercurio. Si llegan peces contaminados de estas zonas y la persona consume frecuentemente estos alimentos tendrá más riesgo”, indicó Carlos Mario Quiroz, coordinador de Salud Ocupacional de la facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, y que viene realizando estudios sobre los efectos del mercurio en la salud desde el año 2009.
Por su parte, investigaciones de Corpoica advierten que no hay que dejar de lado el problema del consumo local. “Las personas que viven en estas regiones, como en el Bajo Cauca y Nordeste, consumen mucho pescado y usan frituras con grasa de pescado para preparar sus alimentos, lo que aumenta el problema”, asegura Pedraza.
El mercurio invisibleNo solo el mercurio que se derrama en los ríos preocupa a las autoridades, también el que se evapora en la quema de la amalgama (la mezcla del mercurio y el oro). Solo en el Bajo Cauca, para producir 27.000 toneladas de oro cada año necesitan más de 2.700 unidades o cocos para la quema de la amalgama. En ellas se desperdician más de 49 toneladas de mercurio anuales en el aire.
“El mercurio se evapora muy fácilmente. A 24 grados centígrados aumenta 300 veces la concentración. Y en estos municipios mineros con altas temperaturas, donde el mercurio se evapora con solo tenerlo en las manos, los niveles de contaminación están muy por encima de la norma”, afirma Quiroz.
Estas quemas de amalgama, las cuales en su mayoría se realizan en las compraventas de oro, ubicadas en los cascos urbanos, liberan vapores que afectan la salud de las personas. Por ejemplo, en Caucasia y Segovia hay más de 40 compraventas y 473 minas que queman amalgama los 365 días del año.
“Los compradores de oro son la población más afectada por el mercurio. En Caucasia, debido a los gases de mercurio, hay personas que presentan problemas de memoria, comportamientos alterados y problemas físicos”, afirma Oseas.
En un estudio realizado por Paul Cordy, consultor canadiense de la Onudi, para medir los niveles de contaminación en Segovia y Caucasia ocurrió algo curioso. “Los equipos se saturaron al medir la contaminación de mercurio en estos dos municipios. Medimos más de un millón de nanogramos por metro cúbico, cuando 1.000 nanogramos por metro cúbico son el máximo que permite laOrganización Mundial para la Salud”, asegura Oseas.
En el estudio de Cordy, se utilizaron artefactos para generar imágenes que reflejaban los niveles elevados de mercurio concentrado en el aire que rodeaba las compraventas de oro. Niveles que sobrepasaban los topes permitidos por los especialistas de salud, algo que aumentaba el riesgo de padecer enfermedades producto del contacto con este metal.
En las imágenes se apreciaba cómo el dueño de la compraventa salía con una especie de estela que rodeaba todo su cuerpo, como si el mercurio circulara por sus venas. “Antioquia es un caso grave. Y Colombia es de los peores ejemplos de Suramérica. He estado en Bolivia, Perú y Ecuador investigando esta situación y en Colombia se aplica mucho más mercurio del necesario. En Segovia, por ejemplo, se llegaron a aplicar 14 gramos de mercurio para sacar un solo gramo de oro, cuando se debería usar gramo por gramo”, asegura Cordy.
La salud, la más afectadaEn estas zonas mineras los efectos no se hacen esperar y ya comienzan a hacer estragos. El envenenamiento por mercurio, más conocido como Síndrome de Minamata -localidad en Japón donde murieron más de 400 personas intoxicadas- inicia cuando el metal se acumula en el cerebro, afectando el sistema nervioso y neurológico de las personas. Produce insuficiencia cardiaca, renal, respiratoria, dermatitis y hasta impotencia sexual. En las mujeres embarazadas puede provocar abortos y malformaciones en sus fetos.
“En Segovia evaluamos a 400 compradores de oro y encontramos que el 90 por ciento tienen niveles anormales de mercurio. Así mismo, en 2011 estudiamos a 190 estudiantes entre los 8 y 18 años de edad, en uno de los municipios del Nordeste antioqueño y encontramos que casi el 87 por ciento tenían alteración en la función ejecutiva y el 60 por ciento pérdida de la memoria. En Puerto Berrío la gente evaluada ni si quiera se acordaba de los exámenes que les habíamos practicado. Y en zona rural de Andes, encontramos a una menor de 13 años que vivía al lado de una caldera de una mina y que tenía niveles por encima de los 500 nanogramos de mercurio por metro cúbico en su orina”, afirmó Quiroz sobre varias investigaciones realizadas por la facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia.
Este tipo de problemáticas se repiten por todo el departamento. En el caso de Caucasia hay mineros y compradores de oro con problemas como falta de coordinación, temblores en sus manos, párpados y lengua; pérdida de la memoria, estados de ánimo irascibles, además de pérdida de la potencia sexual. (El veneno que baña las manos de los mineros)
Entre los casos más curiosos encontrados por Quiroz, está el de un aumento en la venta de sildenafil, más conocido como Viagra, en el municipio de Andes. Según el investigador, este medicamento se disparó en ventas entre la comunidad minera. “Antes no vendían nada de Viagra. Y ahora que aumentó la minería, el consumo de este medicamento y otros similares es altísimo. El mercurio a largo plazo logró disminuir la lívido de estos hombres, que pueden presentar hasta 1.050 nanogramos en su orina”, indicó Quiroz.
Erradicar el mercurio, una tarea entre la violenciaEn Antioquia hay unas 1.526 minas de oro, de ellas 186 son legales y 1.339, entre informales e ilegales, muy difíciles de acceder. Y aunque la nómina, los impuestos, el mercurio y el gasto en combustible puede ascender a los 270 millones de pesos al mes, las ganancias pueden triplicar esa cifra. Esto lo sabe la guerrilla y las bandas que ven allí un negocio más rentable que la exportación de cocaína. (Minería ilegal afecta a más del 68 % de los departamentos del país)
Según la Fiscalía, las bandas criminales, las Farc y el Eln, entre otros grupos ilegales, estarían sacando toneladas de oro del Bajo Cauca antioqueño, especialmente de Cáceres, Tarazá y Nechí hacia Panamá, Estados Unidos y Europa. Por esto, las unidades de medio ambiente, lavado de activos, entre otras, trabajan para establecer cómo se está dando la comercialización del oro colombiano en el extranjero y si tiene procedencia ilegal.
Estos grupos armados que se organizan alrededor de la minería, cobrando vacunas y controlando la circulación no solo del oro sino de las personas en estos territorios, dificultan el trabajo para erradicar el mercurio. “Ese es el trabajo que venimos haciendo, formalizar a los mineros y darles opción de tener nuevos equipos para sus minas, para que dejen de usar el mercurio”, afirma Darwin Gutiérrez, uno de los investigadores de la Universidad Nacional, que hace parte del Proyecto Global del Mercurio.
Pero esa formalización en la mayoría de los casos es de largo aliento, contradictoria y difícil de resolver. En el caso de Eduardo, hace más de cuatro años que espera un título minero. “Es contradictorio, a uno le piden que deje el mercurio, pero no le dejan importar las máquinas. En Brasil compré dos trommel para lavar el mineral sin usar mercurio, pero no los dejaron importar. Me preguntan, dónde está el título minero y allá se quedó todo eso. Nos tocó inventarnos un trommel y ahí lo estamos terminando”, sostiene Eduardo.
Como él son muchos los mineros en Segovia, Buriticá, Remedios, El Bagre y Caucasia, que caminan en esa delgada línea entre el delito y el negocio. Además, son pocos los que ganan lo suficiente para invertir en tecnología más eficiente que les permita abandonar el uso del mercurio.
Los héroes detrás del Proyecto Global del MercurioUn estudio de la revista Nature, publicado el 6 de agosto de este año, afirma que el nivel de mercurio en los océanos se ha triplicado como consecuencia de la actividad humana en los últimos siglos. Estas mediciones indican que océanos como el Atlántico, Pacífico, Ártico y Antártico tienen disueltos unos 290 millones de moles de mercurio. Esto equivale a más de 58 mil toneladas del metal nocivo, lo mismo que pesan 580 ballenas azules, el mamífero más grande del mar.
“La combustión de carbón, las extracciones de oro, la producción de cemento y la incineración de basura han contribuido a ese aumento”, indicó Carl Lamborg, geoquímico de la Institución Oceanográfica Woods Hole, de Estados Unidos y responsable del estudio. Y este es uno de los objetivos del Proyecto Global del Mercurio, reducir hasta su mínimo el consumo de mercurio y evitar una emergencia ambiental de corte global.
En Antioquia, el Proyecto Global del Mercurio busca reducir en un 50 por ciento, en cinco años, el uso y las emisiones de mercurio en la minería en el Bajo Cauca, donde más de 25.000 personas viven de este trabajo. Por esto, más de 2.000 mineros han sido capacitados en la utilización de tecnologías limpias y en la recuperación de mercurio.
A la fecha, unas 103 hectáreas de tierra afectadas por la minería han sido recuperadas en el corregimiento Cuturú, en Caucasia; unas 750 hectáreas se comenzaron a recuperar en Nechí y 132 en El Bagre, con sembrados de Acacia magnium y especies nativas. En el corregimiento de Trinidad, del municipio de Nechí, se implementó un vivero para la producción de estas plantas. Así mismo, con el apoyo de Biorred se vienen estableciendo 20 colmenas de abejas, para que las familias que habitan cerca de los sembrados de Acacia aprovechen esta especie productora de miel.
Del mismo modo, en la planta de beneficio de minerales del Cimex, de la facultad de Minas de la Universidad Nacional, se enseña a los mineros como Eduardo a trabajar sin mercurio. “Esta planta la tenemos adaptada a los procesos de recuperación de oro sin mercurio. Usamos el peso del oro para separarlo de otros minerales. Le demostramos al minero que el uso del mercurio solo deja daños a la salud y se pierde mucho dinero”, indica Óscar Jaime Restrepo, docente de la facultad de Minas de la Universidad Nacional.
Para este investigador, que apoya el Proyecto Global del Mercurio, el secreto está en que la pequeña minería se constituya como empresa. “La actividad minera es una actividad industrial y debe ser reglamentada. El minero debe establecer su empresa para tener más beneficios. Y estos deben ser invertidos en equipos y plantas para reducir el uso del mercurio”, afirma Restrepo.
Y aunque en Colombia, mediante la Ley 1658 del 15 de julio de 2013, se prohibió el uso del mercurio desde el año 2018, el compromiso debe ser aún mayor.
Además de exigir a los mineros que cumplan leyes y regulaciones, de imponer impuestos y control, los mineros deben recibir apoyo como acceso a créditos, formación, asistencia técnica y recibir del Estado las condiciones mínimas para tener una vida digna.
*Periodista de temas de actualidad en el área digital, comunicador social y periodista con estudios de maestría en Ciencias Sociales.

Fuente original: http://www.elcolombiano.com/



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sábado, 23 de enero de 2016

Monsanto demandó al Estado de California por reclasificar de cancerígeno al Glifosato



ero Biocidas


La demanda tiene por objeto que no se agregue el herbicida a la lista de cancerígenos bajo la Proposición 65, que obliga al Estado a publicar una lista de los productos químicos que se sabe que causan cáncer, defectos de nacimiento u otros daños reproductivos. El anuncio se produjo el 4 de septiembre de 2015.

Reuters informó que la empresa presentó la demanda contra la Oficina del Estado de Evaluación de Riesgos de Salud Ambiental (OEHHA) en los tribunales del estado de California para evitar que se informe a los residentes sobre los riesgos de los diferentes productos químicos, y sustancias que causan cpáncer. OEHHA hizo el anuncio, después de que la Agencia Internacional de la Organización Mundial de la Salud para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) anunció su probable vínculo con el cáncer en marzo de 2015

Si el glifosato es añadido a la lista, Monsanto estaría obligado a proporcionar una advertencia en los marbetes a los consumidores, de que el producto químico es un reconocido carcinógeno.Monsanto afirma que esto es una violación de sus derechos de la Primera Enmienda y, de acuerdo con la denuncia presentada, "causaría un daño irreparable a Monsanto y el público y que afectaría negativamente a la reputación de Monsanto para la fabricación de herbicidas seguros y confiables; sería potencialmente una pérdida de ventas y obligaría a la empresa a gastar importantes sumas de dinero para volver a etiquetar sus productos ".

Si esto no fuera suficiente el Environmental Working Group, una organización de vigilancia de la industria que publica periódicamente informes sobre la seguridad de todo, desde productos de alimentos procesados ​​y productos de cuidado personal, acaba de publicar una lista de los productos químicos más potentes, que causan cáncer , en su conocida lista "Dirty Dozen "(docena sucia).

Otros estudios afirman que el glifosato no merece su lugar en la lista de los productos químicos que causan cáncer e incluyen una revisión completa hecha en 2015 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. La conclusión de la EFSA que el glifosato era seguro fue criticado tanto por la IARC y casi 100 científicos de alto nivel en Europa, que firmaron una carta abierta al comisario europeo de la salud Vitenis Andriukaitis en noviembre de 2015, acusando a las autoridades de la UE de ignorar esta opinión al hacer regulaciones de glifosato para Europa.

El Director de negocios de Monsanto, Gary Philpotts dijo que, "La opinión de la IARC es un caso atípico en este cuerpo de evidencia científica. Sin embargo, la opinión de la IARC encaja con los reclamos activistas contra los químicos y que estos grupos continúan invirtiendo en comunicaciones que tratan de poner en duda el consenso científico acerca de la seguridad del glifosato ".

Además, Phil Miller, vicepresidente de Monsanto de asuntos regulatorios, sostiene que la clasificación de la IARC es incoherente con otras investigaciones y "no es una base sólida para cualquier acción reguladora.

Pamela Coleman, PhD de Farm and Food Policy y un analista del Instituto Cornucopia no está de acuerdo: -"Contrariamente a la actual concepción errónea generalizada de que el glifosato es relativamente inofensivo para los seres humanos, la evidencia disponible muestra que el glifosato puede más bien ser el factor más importante en el desarrollo de múltiples enfermedades y condiciones crónicas que han llegado a ser frecuente en las sociedades occidentalizadas." Relacionado con la disfunción generalizada mitocondrial en las células, un problema más de una larga lista de problemas de salud como la enfermedad de Alzheimer, la diabetes tipo 2, el Parkinson y la obesidad, según el Centro Canadiense para la Investigación sobre la Globalización.

En octubre pasado la OEHHA de California, aceptaba comentarios públicos acerca de su intención de agregar al glifosato en el listado, de acuerdo con la Proposición 65, y recibió cerca de 8.000 comentarios con respecto a esta decisión, incluyendo los comentarios de Monsanto.

California es un ejemplo a seguir en todo el mundo, lamentablemente Argentina sería incapaz de tomar una decisión análoga para protegernos del tóxico del siglo, con un Senasa estéril, menos aún en Buenos Aires, con un Ministro de Asuntos Agrarios ex empleado de Monsanto y con un Ministerio de Agricultura de la Nación, manejado por Aacrea, Aapresid y la sede oficial de la empresa al mando de Lino Barañao.Ser PROtransgénicos y PROvenenos es parte del Cambio, para desgracia de los argentinos. Como respuesta, el latiguillo es que la culpa la tiene el que se fué, no del que llega a incentivar y a perpeturar el genocidio silencioso.-

Fuente original: http://zero-biocidas.blogspot.com.ar/2016/01/monsanto-demando-al-estado-de.html


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jueves, 21 de enero de 2016

El mundo rural, el gran olvidado de la política

Problemas y desafíos del mundo rural

revista PAPELES 131


El último número de la revista PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, de FUHEM Ecosocial, titulado “ Problemas y desafíos del mundo rural ”, complementa la visión del anterior, dedicado al mundo urbano . En su Especial, ofrece artículos que exploran los problemas y respuestas que plantea el mundo rural, el “gran olvidado” de discursos, políticas e imaginarios dominantes.
La globalización de los modelos de producción agraria y ganadera han alterado las relaciones sociales, ecológicas y económicas del medio rural, haciéndolas insostenibles y dependientes de recursos ajenos y lejanos. Bajo este modelo devastador, el campesinado y la tierra destinada a la actividad agraria están en grave riesgo de desaparición. Pese a ello, el mundo rural vive un presente rico y diverso, y vislumbra un futuro de oportunidades que contribuirán al cambio global del actual sistema en crisis con proyectos que incluyen políticas de desarrollo, soberanía territorial y descentralización, la recuperación del conocimiento tradicional, y experiencias alternativas gestadas desde la agroecología y la soberanía alimentaria.
En la Introducción , Santiago Álvarez, director de la revista y de FUHEM Ecosocial, apunta que cultivar la tierra y proteger al campesinado son los principales desafíos para un mundo rural vivo, amenazado por las dinámicas de la globalización y la pérdida de la cultura campesina.
El Especial ofrece cinco artículos que muestran distintas perspectivas del mundo rural.
- Cecilia Tacoli, en su texto “Pequeñas ciudades, transformaciones rurales y consumo de alimentos en el Sur Global”, destaca la importancia del apoyo a los pequeños centros urbanos, como nodos económicos pero también sociales, determinantes para la prosperidad de las zonas rurales colindantes.
- Manuel Delgado, Alicia Reigada, Marta Soler y David Pérez Neira analizan la realidad de los campos de Almería, centrándose en las “ Plataformas agroexportadoras de frutas y hortalizas”. Con una visión crítica al sistema industrial alimentario mundializado, los autores desnudan el “éxito” económico que representan las plataformas agroexportadoras hortofrutícolas: un modelo de “desarrollo” que ha alterado profundamente las relaciones sociales, ecológicas y económicas del medio rural, haciéndolas insostenibles, como muestra la degradación del trabajo agrario, con una fuerza de trabajo segmentada sexual y étnicamente; la sobreutilización y degradación del patrimonio natural local, y la desconexión y la ruptura de vínculos entre esta actividad agraria y la vida local.
- El artículo titulado “Asalariados inmigrantes en enclaves de agricultura intensiva: crisis del sur de Europa y sostenibilidad social”, firmado por Andrés Pedreño, Carlos De Castro y María Elena Gadea, presenta los resultados preliminares de una investigación en curso (Proyecto ENCLAVES), sobre la insostenibilidad social de los enclaves de agricultura intensiva en la región de Murcia.
- En su texto, “ Lo agrario... ¿pertenece al pasado o al futuro? ”, Daniel López García expone que más de cinco décadas de industrialización agraria y reestructuración rural nos han conducido a un medio rural insostenible frente al que han surgido ricas e interesantes iniciativas alternativas y sostenibles. El autor recorre España y deja constancia de estas pequeñas pero fuertes experiencias e n torno a: redes alimentarias alternativas; proyectos para el acceso a la tierra y a la financiación; relevo generacional en el sector agrario con jóvenes urbanos; proyectos municipalistas de desarrollo local; recuperación del conocimiento tradicional y grupos de dinamización agroecológica.
- Por último, en el artículo “Educar en el paisaje, en la cultura rural y en el conocimiento ecológico tradicional”, Joaquín Romero Velasco examina y cuestiona las interpretaciones actuales más extendidas de lo rural, hechas desde lo urbano, de forma superficial y reduccionista. Frente a esta visión, el autor menciona el Convenio Europeo del Paisaje (2000), impulsado por el Consejo de Europa, que puede contrarrestar la invisibilización de la cultura rural en el modelo educativo, como base para la recuperación rural a través de la educación, que debe ser aprovechada para el impulso de pedagogías alternativas.

Además de los contenidos del ESPECIAL, el número 131 de PAPELES incluye otros temas y enfoques: en ENSAYO, el artículo de Víctor M. Toledo: “La encíclica verde: ecología política, emancipación social y catolicismo”; en PANORAMA, dos textos que abordan, respectivamente, las contradicciones de la política energética noruega y el espejismo que ofrece la geoingeniería ante el problema del cambio climático. La revista se completa con una ENTREVISTA a Miguel Candel sobre la situación política en Cataluña; y un texto INÉDITO de Manuel Sacristán.
Fuente: http://www.revistapapeles.es/ 




Para mayor información comunicate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

sábado, 16 de enero de 2016

Palomares, cincuenta años después



Rebelión


Lo que mejor recuerdo del tiempo que pasé en París fue que comprendí lo que significaba estar en lo más bajo de la sociedad. En mi caso, trabajador sin contrato, con ropa sajada, más de una vez hambriento. La gente identifica la pobreza sin problemas. Seguramente, por el miedo que les produce la idea de verse en esta situación.
Pero claro, yo sólo estaba de visita en ese mundo que Jack London describe en El alón de hierro. Yo siempre podía abandonar y volver a Suecia, retomar el instituto y estudiar latín hasta terminar el bachillerato.
 
Sin embargo, no fue eso lo que hice. Incluso una visita limitada y momentánea a lo más hondo implica enfrentarse a una de las principales decisiones de la vida: ¿qué tipo de sociedad quiere uno contribuir a formar?
 
Y esa pregunta ha marcado toda mi vida.
 
Henning Mankell (2014)

Un humanismo rebelde y crítico abona toda la primera parte, la que hasta ahora hemos leído de Arenas movedizas. La cita con la que abrimos este escrito es un ejemplo. Lo esperable se dirá. Pero hay otras sorpresas. Entre ellas, la de una informada, grave y densa preocupación por la industria nuclear y, especialmente, por los residuos radiactivos. Un ejemplo: “Es nuestro caso, no obstante, podemos decir que ya hemos decidido cuál será el recuerdo más claro de nuestra civilización. No será Rubens. Ni Remblandt. Ni Rafael. Tampoco Shakespeare, Botticelli, Beethoven, Bach o los Beatles. Dejamos tras nosotros algo muy distinto. Cuando todas las manifestaciones de nuestra civilización hayan desaparecido, quedarán dos cosas: la nave espacial Voyager, en su eterno viaje por el espacio exterior, y los residuos nucleares en e corazón de la roca”. ¡Los residuos nucleares como recuerdo de nuestra civilización (¿O barbarie?)!
No es el único paso en el que Mankell muestra su preocupación. Un segundo ejemplo:
“Yo he vivido toda mi vida con la energía atómica. Recuerdo vagamente de mi infancia las protestas y el miedo a las armas nucleares y a una posible guerra devastadora entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de América, que eran dos animales salvajes, que solo a duras penas y momentáneamente se mantienen separados y pacíficos. Después vino la energía nuclear, el desastre de Three Mile Island, luego el de Chernóbil y, en los últimos tiempos, el de Fukushima”.
Añade el autor de El chino:
“Vivo con la convicción natural de que, desde hoy mismo, el reloj va marcando los minutos que faltan para una nueva catástrofe. Yo cuestiono la energía nuclear. Con cada accidente o amago de accidente que haya podido producirse me he vuelto más negativo al respecto. Naturalmente que hacía tiempo que estaba al tanto de la lentitud con la que se eliminan las sustancias radiactivas y de lo peligroso que son unos residuos con los que tendremos que convivir miles de años. Pero sólo aquel día de otoño de hace dos años comprendí lo que aquello implicaba de verdad”.
Su libro ayuda a comprender muy bien “lo que aquello significaba de verdad”.
Palomares es un ejemplo, que no debemos olvidar, de las peligrosísimas y prolongadas consecuencias de la irracional y antihumanista apuesta atómica.
Por más que intenten ocultar el nombre de Palomares y su terrible contaminación atómica, ha escrito el arabista gramsciano Andrés Martínez Lorca, “esta tragedia sale a la luz de nuevo, basada esta vez en abundante nueva documentación... norteamericana desclasificada recientemente”. A lo que añade:
“La "democracia española", tan modélica como dicen, sobre todo en el Chile heredado de Pinochet, no puede permitir que después de 50 años se sepa la verdad, se descontamine por completo la zona, se repare a las víctimas y se honre a los escasos ciudadanos que se atrevieron entonces a defender a los inocentes campesinos y pescadores almerienses que sufrieron en sus carnes el servilismo de Franco (y de todos sus sucesores en el gobierno) al imperio norteamericano… "Vivan las caenas", también informativas, por supuesto, que para eso vivimos en el siglo XXI.”.
Tiene razón nuestro admirado amigo. A nosotros nos gustaría contribuir al recuerdo y denuncia de aquella tragedia atómica con un capítulo, el noveno, de un libro que publicamos hace unos ocho años: Casi todo lo que usted deseaba saber algún día sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y el medio ambiente, Barcelona, El Viejo Topo, 2007.
Hay mucha más cera que cortar, por supuesto, y han habido nuevas acciones, acuerdos e informaciones desde entonces pero acaso esta conversación puede servir como ayuda o introducción al tema. El título del capítulo es; “Palomares: paz franquista y accidentes nucleares”.
Se abría con una cita de un gran maestro, de un gran científico y filosofo, Otto Neurath:
“No pocas de las generalidades especulativas existentes en las ciencias sociales, tales como la “significación de una institución”, las “causas intrínsecas”, etc., pueden considerarse como reliquias de la escolástica. Algunos contenidos relacionados con problemas de orden social, particularmente con la historia, toman un sentido equívoco, debido a que, a veces, los escritores prefieren emplear un lenguaje complicado y retorcido cuando el uso de expresiones claramente empíricas y unívocas, podrían resultar malsonantes para los lectores. Así, en vez de decir sin rodeos: “Un grupo étnico exterminó a otro y destruyó sus casas y sus libros”, algunos historiadores prefieren decir. “Llevada por su misión histórica, tal nación comenzó a extender su civilización por toda la tierra””.
Así, pues, para que no habite olvido, donde no habitará nunca el olvido.
SLA: Palomares es una pequeña población de Almería, situada en el término municipal de Cuevas de Almanzora. ¿Cuándo y cómo se produjo un accidente nuclear en aquella zona?
ERF: El accidente de aviación se produjo el 16 de enero de 1966, durante una operación de abastecimiento de combustible en vuelo. La colisión, que tuvo lugar en el espacio aéreo de Palomares, ocasionó la destrucción y caída de un octoreactor B-52 y de un avión nodriza KC-135 de la base de Morón de la Frontera, en Sevilla, pertenecientes a las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Murieron en el acto los cuatro tripulantes del KC-135 y tres de los siete tripulantes del B-52. Los otros militares salvaron la vida saltando en paracaídas.

¿Operaciones de abastecimiento?¿Un B-52 y un avión nodriza? Puedes explicar todo esto con más detalle.
Como no. En 1966, en plena guerra fría, 340 aviones superbombaderos B-52 (también llamados por aquel entonces estratofortalezas) de las fuerzas aéreas de los Estados Unidos, concretamente de su Comando Aéreo Estratégico (SAC: Strategic Air Command), se mantenían permanentemente en el aire, sobrevolando el planeta. Cada uno de ellos transportaba una carga de cuatro bombas termonucleares de 1,5 megatones. Cada una de estas bombas tenía un poder destructor 75 veces superior a la lanzada sobre Hiroshima; las cuatro bombas de cada uno de los B-52, con una potencia conjunta de 6 megatones, equivalían a más de 300 bombas de Hiroshima.
Esta estrategia militar, que llevaba y de hecho llevó en algunas ocasiones a la Humanidad al borde del abismo, estaba basada en la supuesta necesidad de estar muy cerca, lo más cerca posible, del objetivo del hipotético enemigo (léase la Unión Soviética) en caso de urgencia en el ataque o contraataque nuclear.
Este punto de vista estratégico comportaba una estructura militar anexa, de apoyo a la aviación norteamericana, en todo el planeta. La España franquista, como es sabido, formaba parte de ella. Recordemos los acuerdos entre el dictador general Franco y el presidente general Eisenhower de 1953, el llamado por los historiadores de EEUU Pacto de Madrid, y las bases militares de utilización “conjunta”. El gobierno norteamericano no tuvo problemas morales ni políticos en llegar a alianzas con un régimen que había sido aliado, y había sido apoyado, por la Italia de Mussolini y la Alemania hitleriana. El patriótico y nacionalista gobierno franquista tampoco tuvo reparo alguno en ceder territorios y soberanía.
En los acuerdos firmados entre Franco y Eisenhower, ¿se autorizaba el vuelo y reposición de aviones con armamento nuclear?
Parece ser que en los tratados firmados con Estados Unidos en 1953 y en 1963 no se mencionaba, en sus cláusulas conocidas, que aviones norteamericanos, cargados con explosivos nucleares, sobrevolasen nuestro espacio aéreo y pudieran utilizar las bases en territorio español para dar soporte logístico y repostar combustible en vuelo.
Pero, de hecho, los B-52 salían cada mañana de la base Seymour Johnson de las fuerzas aéreas norteamericanas, en Goldsboro, Carolina del Norte, y se dirigían hacia el Este del Mediterráneo, hacia la frontera turco-soviética. Al sobrevolar España en dirección este repostaban combustible en vuelo suministrado por aviones-nodriza de la base aérea de Zaragoza, en un punto situado entre esta ciudad y la costa mediterránea. Al regresar a Estados Unidos, los B-52 volvían a repostar. En este caso, el avión nodriza provenía de la base de Morón y la maniobra se realizaba sobre la costa mediterránea de Almería.
¿Cómo se produjo entonces el accidente de Palomares?
Se produjo cuando el B-52 nº 256, al que la tripulación denominaba Tea-16, repostaba de regreso a la base de Carolina del Norte. Como consecuencia de un fallo en la maniobra de acoplamiento para el suministro de combustible colisionaron las aeronaves; se produjo la destrucción y caída del superbombardero y del avión nodriza, y se desprendieron las cuatro bombas termonucleares tipo Mark 28, modelo B28RI, de 1,5 megatones cada una que transportaba el primero, mucho más potentes como dije que las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Tres de ellas cayeron en tierra y fueron localizadas en cuestión de horas, pero una cayó al mar y se tardó cerca de 80 días en localizarla, apareciendo finalmente a 5 millas de la costa (Por mor del dato puede consignarse que las Mark 28 son bombas de hidrógeno diseñadas a finales de los años 50, 1958 concretamente, probablemente todavía en “activo”, y que sus dimensiones son 1,5 metros de longitud y 0,5 metros de anchura y su peso es de unos 800 Kg).
Dos de ellas, que cayeron con sus respectivos paracaídas, se recogieron intactas, una cerca de la desembocadura del río Almanzora y la otra, como te decía, en el mar. Las otras dos cayeron sin paracaídas, ya que, según parece, la colisión originó el derrame del combustible del KC-135, unos 12.000 litros de keroseno, y su ignición, quemando los paracaídas de estas segundas bombas al pasar por la nube de fuego. Una de estas bombas cayó en un solar del pueblo y la otra en una sierra cercana.
¿Estallaron?
A causa del choque violento con el suelo y la detonación del explosivo convencional que llevan estas armas como iniciador, se produjo la fragmentación de esas dos bombas, la ignición de parte de su núcleo fundamental y la formación de un aerosol, de una potente nube de finas partículas compuesta por los óxidos de los elementos transuránicos constitutivos del núcleo fundamental de la bomba. Asimismo, al romperse éstas se liberó, vaporizándose, el tritio (hidrogeno-3, radiactivo beta débil), elemento esencial para la reacción de fusión termonuclear definitoria de ese infernal ingenio militar.
Y, claro está, esta nube se dispersó.
Efectivamente. La acción del viento que soplaba en aquellos momentos en la zona dispersó el aerosol que se había formado en los dos puntos de contacto e hizo que sus componentes se depositaran posteriormente en una zona de unas 226 hectáreas, más de 2 kilómetros cuadrados, que abarcaba, monte bajo, campos de cultivo e incluso zonas urbanas. Como consecuencia de ello, se produjo la contaminación de la zona por diversos isótopos del plutonio —principalmente Pu-239 y cantidades menores de Pu-240— y, en menor proporción, americio 241. La contaminación alcanzó valores superiores a 7.400 Bq de radiación alfa por m2 en la superficie indicada, si bien con notables diferencias según los suelos considerados. En alrededor de 17 hectáreas se determinaron actividades del orden de 117.000 Bq/m2 (117 KBq/ m2) que eran superadas con mucho en otras 2,2Ha. Algunas áreas próximas a los puntos de impacto alcanzaron valores extremadamente superiores, de 3,7 x 107 Bq/m2 (37 millones de Bq por m2). Incluso en algunas zonas las cantidades eran tan elevadas que saturaron los detectores. Es pertinente mencionar que el nivel real de contaminación alfa ha sido controvertido y varía según las fuentes consultadas. Las cifras indicadas son las mínimas reconocidas en su momento por la JEN.
¿Dónde se produjo la mayor contaminación?
La contaminación alcanzó sus valores máximos, como es lógico, en las proximidades de los puntos de contacto de las bombas con el suelo, disminuyendo con la distancia a dichos puntos. No obstante, la dirección del viento determinó que en ciertas áreas ubicadas a unos 1.400 metros del impacto se registrasen actividades de 420.000 Bq/m2. La mayor parte de las viviendas, que constituían una zona urbana muy dispersa, quedaron situadas en la zona que no resultó contaminada directamente o que resultó afectada en menor medida. La zona que tenía mayor contaminación, y en mayor extensión, fue la correspondiente a los eriales situados entre colinas al suroeste de Palomares, y que distaban un kilómetro y medio de la zona urbana. Todo esto está descrito con cierto detalle en un informe del CSN, del Consejo de Seguridad Nuclear.
¿Cómo se actuó después del accidente?
Según un informe del WISE ( World Information Service on Energy: Servicio Mundial de Información sobre la Energía) de enero de 1986, realizado con información que pudo obtener Greenpeace, a partir del momento del accidente se desarrolló por parte de los EEUU un programa de descontaminación con recogida de vegetales, tierra y fragmentos de los aviones y las bombas. Fue la puesta en marcha de la “Operación Flecha Rota”, un plan de contingencia previsto por las Fuerzas Armadas estadounidenses en caso de accidente nuclear. No se conocen con precisión los grandes datos de la operación, pero se sabe que unas 1.700 toneladas de material contaminado – El País hablaba en una editorial de 21 de octubre de 2006 de 1,6 millones de toneladas, pero el dato es erróneo- se trasladaron a Estados Unidos en el interior de 5.500 bidones de 209 litros de capacidad. A medida que cada una de las casi 900 propiedades afectadas se “descontaminaban”, se entregaban unos certificados de descontaminación radiactiva firmados por ambas administraciones, por la española y la norteamericana.
Por su parte, el gobierno de Estados Unidos hizo un seguimiento de los 1.700 soldados y ciudadanos norteamericanos que se desplazaron a la zona. Este seguimiento se seguía haciendo al cabo de los años.
Incidentalmente, las carcasas de las dos bombas Mark-28 que se recuperaron intactas en Palomares pueden contemplarse —obviamente sin su contenido— en el Museo Atómico Nacional (National Atomic Museum) de los EEUU, en Alburquerque, Nuevo México. Museo que por cierto, dados los tiempos políticamente correctos que corren, en breve –2008- cambiará su nombre por el más suave y engañoso de Museo Nacional de Ciencia e Historia Nuclear (National Museum of Nuclear Science and History).
¿Se evacuaron las personas que vivían en la zona?
La Junta de Energía Nuclear, organismo dependiente del Ministerio de Industria y Energía, determinó la contaminación externa de la población de la zona y concluyó que la población no debía ser evacuada. Antes de ello, eso sí, algunos vecinos habían sido desplazados de sus viviendas, especialmente aquellos que vivían cerca del lugar donde cayeron las dos bombas. Se sabe que unas 1.950 personas pasaron los controles de contaminación externa que se realizaron en un cine de Palomares. Veinte años después se desconocían los estudios y las fichas de los controles radiológicos externos que obraban en poder de Emilio Iranzo, el doctor jefe del plan de vigilancia de la zona desde la fecha del accidente.
Posteriormente se controló el acceso a la zona para evitar que otras personas se contaminaran. Aunque parezca extraño, ciudadanos de Villaricos, Cuevas del Almanzora y del mismo Palomares, y de otras localidades cercanas, se desplazaron a la zona para ver las bombas, movidas por la curiosidad y sin ninguna protección. No alcanzaron a ver los peligros que comportaba la situación, seguramente tampoco nadie les informó con detalle.
Sea como fuere, no se hizo un estudio en profundidad de lo que quedaba enterrado bajo la superficie. Años después, cuando hubo movimientos de tierra para construcción de viviendas o para usos agrícolas, aparecieron indicios de contaminación soterrada.
Fue en aquellos meses cuando Manuel Fraga, que era entonces Ministro de Información y Turismo del gobierno de Franco, se bañó en Palomares.
Sí, en efecto, en la mañana del 10 de marzo de 1966, unos tres años después del asesinato de Julián Grimau y unos diez años antes de las muertes de Vitoria, Fraga fue a bañarse a una playa próxima a Palomares en compañía del embajador de los Estados Unidos en España, Angier Biddle Duke, fallecido en 1995. Con aquel baño en pleno mes de marzo, apenas dos meses después del accidente y ante las cámaras de una incipiente Televisión Española, el paternalismo franquista trató de demostrar a la ciudadanía que aquel accidente nuclear era inocuo, que no tenía importancia alguna, que con el franquismo la paz y la seguridad seguían firmes. De hecho, si nos fijamos atentamente, la palabra “nuclear” apenas aparecía en las informaciones sobre el accidente. Estaría bien, sería muy interesante, ir a las hemerotecas para comprobar la información que se dio en aquellos años.
¿Qué tipo de controles se realizaron?
Los controles de niveles de contaminación interna se limitaron al plutonio 239. Para ello se efectuaron análisis de orina, se seleccionaron 69 personas a las que allí mismo se les recogió una muestra de orina de 24 horas. La muestra de la población se amplió más tarde a 100 personas que fueron trasladadas a Madrid, en grupos de 10, en dos vehículos, siendo atendidos en la División de Medicina y Protección de la Junta de Energía Nuclear. Allí fueron sometidos a una serie de análisis y controles de los que nunca nadie les informó hasta el 6 de noviembre de 1985, casi 20 años más tarde, día en el que, después de una larga campaña exigiendo información de casi dos años de duración, promovida por las personas afectadas, la JEN les entregó parte de los datos que obraban en su poder.
¿Qué señalaban estos datos?
Los casos de cánceres y enfermedades que los vecinos asociaban a estar sometido a las radiaciones ionizantes nunca fueron detectados en los controles de la JEN. Sobre este punto, la información de la que se ha dispuesto durante muchos años provenía de los propios afectados. En un grupo de ellos se detectaba, veinte años después del accidente, eliminación de Pu 239 en la orina —superior en algunos casos a los máximos considerados “admisibles”—, si bien la JEN lo atribuía a contaminación de las muestras (¡en sus propios laboratorios de Madrid!). De hecho, en los años 80 se había comenzado a utilizar para cultivos de invernadero tierras antes incultas, con el consiguiente removimiento de suelo contaminado que exponía al plutonio a los trabajadores y otras personas residentes en tales áreas.
¿Hubo colaboración norteamericana durante toda este período?
W. H. Langham, que era el jefe de investigación biomédica de Los Álamos National Laboratory de EEUU —donde estudió en humanos los efectos de los radioelementos y cuyos resultados estuvieron clasificados durante muchos años—, dirigía y supervisaba todo el proceso. Él mismo se desplazó a Palomares y residió en la embajada estadounidense en Madrid. Se iniciaba de este modo el llamado “Proyecto Indalo”. La comisión de Energía Atómica del gobierno norteamericano siguió supervisando un plan de seguimiento, cuyos objetivos, por otra parte, siempre fueron ocultos, y que nunca ha llegado a cubrir al conjunto de la población afectada -o como mínimo sometida- al riesgo de seguir inhalando plutonio 239 y otros transuránicos.
Tú participaste en un estudio que el CAPS realizó, con la ayuda de la Fundación ESICO, a mediados de 1985.
Sí, efectivamente. Los miembros del CAPS, del Centro de Análisis y Programas Sanitarios, que realizamos aquel estudio fuimos Catalina Eibenschutz Hartman, Salvador Moncada i Lluís, Josep Martí i Valls y yo mismo.
¿Qué destacarías de ese estudio? ¿Qué cosas os parecieron más sorprendentes?
Es difícil resumirlo. Te señalo sólo algunos puntos. Por ejemplo, durante los primeros días intervino en la zona del accidente solamente personal de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, nadie más. De hecho, el acuerdo de colaboración entre la JEN y la AEC (la Comisión para la Energía Atómica de los Estados Unidos; Atomic Energy Commission ), se firmó el 25 de febrero de 1966, casi 40 días después de la colisión aérea. Hasta ese momento no se tiene información de qué trabajos realizó la JEN en cumplimiento de la legislación que le otorgaba todas las competencias en materia de seguridad nuclear. Es posible que se dejara todo en manos norteamericanas o que la dirección estuviera en sus manos .
Por otra parte, no existe documentación o informe alguno en España sobre lo realizado por las FF. AA. estadounidenses durante la primera fase de descontaminación. Toda la información de la que se disponía por aquellas fechas de esa fase provenía de relatos orales de miembros de la JEN que se desplazaron al lugar del accidente.
¿Cuáles fueron las acciones inmediatas llevadas a cabo por el personal norteamericano?
Según parece, como es lógico, recogieron los fragmentos visibles de las bombas; hicieron una recolección de la vegetación cultivada y silvestre contaminada y la enterraron en un pozo de la zona; se lavaron las casas con agua a presión y detergentes, se desconcharon y rascaron. Como dije no se consideró nunca la evacuación de los habitantes de la zona. En las zonas pedregosas contaminadas se trató de eliminar la contaminación mediante herramientas a mano y se eliminó una capa de tierra contaminada de 5 a 10 cm de grosor con actividades superiores a 3,6 millones de Bq, envasándola en bidones que posteriormente, como ya hemos comentado, se trasladaron a Estados Unidos, y que se trataron más tarde como residuos nucleares en el depósito final de Savannah River Plant, en Aiken, Carolina del Sur. El resto de superficie contaminada con actividades elevadas -¿420Kbq?, los datos son discrepantes- fue arado para soterrarlo.
¿Hubo algún programa de vigilancia en la zona?
Lo hubo, claro está, era parte del acuerdo de colaboración entre la JEN y la AEC de 25 de febrero de 1966. La JEN dirigió este plan de investigación como coordinador principal. Se desconocen, eso sí, las contrapartidas de tipo económico o en forma de instrumentación que la JEN recibió del gobierno norteamericano.
El plan se ha centrado, básicamente, en la toma de muestras y análisis de material de suelos. Se tomaron, por ejemplo, muestras de tierra de hasta 45 cm de profundidad entre 1969 y 1979, y el análisis de estas muestras constató la presencia de contaminación residual por plutonio y americio en la zona. Se midió la contaminación en el aire colocando cuatro estaciones que iniciaron la toma de muestras en junio de 1966. Tres de ellas, que siguen funcionando en la actualidad, han venido tomando muestras todos los días del año durante un largo período. Se tomaron también muestras anuales de las plantas cultivadas en la zona desde 1969. Un informe de la CSN señala que se han producido contaminaciones de la vegetación cultivada hasta 1976, aunque puntualiza que la contaminación ha sido esporádica y que únicamente ha afectado a las hojas y tallos, y en muy pocas ocasiones a los frutos y granos. A partir de 1977, se detectó un cierto incremento de la contaminación que coincidió con incrementos detectados en las mediciones del aire. La dosis de radiación por inhalación que pudieron recibirse en la zona urbana, según estimó la JEN, fueron inferiores al 0,1% de las recibidas a causa de la radiación natural de fondo.
Por otra parte, parece evidente que las fuerzas aéreas de USA han realizado sus propios estudios e investigaciones. Así lo demuestran el informe de 1975, de unas 216 páginas, del Field Command de la Agencia de Defensa Nuclear de los EEUU, y, entre otros, el trabajo del coronel Lawrence T. Odland de 1968.
¿Cuáles fueron las principales conclusiones de vuestro estudio?
En primer lugar, la contaminación residual por plutonio y americio de la zona de Palomares, de toda la zona del accidente, debería haber sido un problema de salud pública de la máxima importancia. Durante algunos años, y no es ninguna exageración, fue la zona habitada de la Tierra con mayores niveles de contaminación por elementos transuránicos. La contaminación residual que quedó a finales de los años 80 tanto por los radionúclidos fijados en el suelo como por los existentes en las áreas que no fueron descontaminadas -unas 100 Ha- fue aproximadamente de 2.500 a 3.000 veces superior a la media depositada en el hemisferio norte por las pruebas atómicas en la atmósfera. Esta situación exigía un tratamiento sanitario-científico adecuado para determinar y sentar las bases de la prevención, y el impacto ambiental y ecológico que supuso y aún supone.
En segundo lugar, nunca deben ser aceptables procedimientos de investigación que supongan la exposición experimental humana a riesgos para la salud, mas aún cuando esta investigación se realiza de forma callada y los riesgos no son del todo conocidos. Se dieron en el momento del accidente, y en años posteriores, reiteradas muestras de incapacidad para realizar el abordaje científico que el tema merecía y sigue mereciendo. La JEN mostró un neto desinterés por informar adecuadamente a la opinión pública de sus investigaciones y conclusiones, por no hablar de las probables presiones políticas a las que estuvo sometida. No es de extrañar los recelos con los que mucha gente, y muchos investigadores, observaron a este organismo.
De hecho, después de la investigación, nosotros propusimos la creación de una comisión en la que participasen asociaciones y personalidades científicas y técnicas ajenas a la JEN y al CSN, comisión que debería dirigir un plan de investigación adecuado a las necesidades de la situación e informar a la población de su resultado.
¿Se han realizado otras investigaciones?
No muchas, pero las ha habidoPuedo citar ahora la de Sánchez Cabeza y otros investigadores del Departamento de Física y del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona, quienes detectaron en muestras recogidas en 1992 y 1993 concentraciones de plutonio y americio –radiactividad alfa- en el plancton de la costa de Palomares, con una actividad unas cinco veces más elevada que la media de otras muestras del Mediterráneo. También en una investigación muy reciente dirigida por Jiménez-Ramos se corroboró la presencia de americio 241 y plutonio 239-240 e incluso uranio en la superficie de Palomares, lo que ha sido reconocido por el propio Departamento de Energía Estados Unidos.
¿Sabes de alguna medida que se haya tomado últimamente?
Sé que actualmente se ha expropiado la zona más directamente afectada por el accidente y que se han establecido limitaciones de uso en un radio más amplio. El Departamento de Energía de Estados Unidos colabora con técnicos del CIEMAT, del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, en la descontaminación radiactiva de la zona. Parece que ahora, cuarenta años después del accidente, las cosas van a hacerse algo mejor. Recientemente, han firmado un acuerdo con España para expropiar, vallar, medir la radiación y descontaminar 10 Ha de extensión. Según un informe reciente elaborado por el CIEMAT se ha detectado radiación por encima de los niveles permitidos, aunque sin riesgo directo para la salud humana, fuera de las zonas que han sido expropiadas y valladas. Se han realizado 63.000 mediciones radiactivas en los 15 cm superficiales de 660 Ha de suelo. Los resultados del informe amplían de 9 a 30 Ha la superficie contaminada donde no se podrá cultivar ni construir.
Estas actuaciones, creo, se realizan a partir de un informe del Consejo de Seguridad Nacional al Parlamento español.
Efectivamente. En gran parte estas actuaciones derivan de un informe del CSN de 24 de mayo de 2004 al Congreso de los Diputados en respuesta a un requerimiento de éste sobre la situación en Palomares. En él se indica que el CIEMAT comunicó al CSN en octubre de 2001 que “el inventario radiológico de los terrenos afectados [por el accidente nuclear de Palomares] es significativamente mayor que el estimado previamente , y que los cambios que se estaban produciendo en el uso del suelo podían incrementar el riesgo radiológico de algún segmento de la población, debido a un incremento en la incorporación de actividad por inhalación y a la exposición por ingestión de cultivos procedentes de la zona” [sic]. Se recomendaba establecer restricciones al uso de los terrenos en determinadas zonas, especificadas en unos anexos del Informe. Aparte de la utilización de zonas contaminadas para cultivos (ya constatada en los años 80) el principal motivo de preocupación es el preconizado uso de esas zonas para el desaforado desarrollo inmobiliario, principalmente vacacional, que acontece en la región al igual que en el resto de la costa mediterránea hispánica. Una simple visita al Google con la palabra “Palomares” ilustra sobre ello. Numerosas ofertas de apartamentos pero ninguna mención a la contaminación...
También podríamos mencionar el Informe del Servicio Médico de las Fuerzas Aéreas de los EEUU, desclasificado en 2002, sobre los accidentes nucleares de Palomares y Thule. No dice nada que no conociésemos ya, salvo los datos del personal estadounidense que estuvo destinado allí en 1966. Lo curioso es que existe un anexo C del Informe sobre Palomares que por “Consideraciones relativas a la Ley de Privacidad (Privacy Act ) no ha sido hecho público. Sin comentarios.
Lo que es también curioso es que de este accidente nuclear de origen militar, de enorme importancia y de no menor riesgo, apenas se habla, apenas se ha hablado. Es como si lo sucedido se redujera a las imágenes de Fraga y del embajador USA tomándose plácidamente un baño en compañía y en temporada poco calurosa. No hubo ningún peligro. Lla España de Franco seguía su marcha triunfal y su desarrollo sin obstáculos. Tampoco durante la transición ni en la España posterior a la Constitución de 1978 ha sido éste un tema que haya estado en primer plano de nuestras preocupaciones.
Sí, efectivamente, el franquismo ocultó lo sucedido todo lo que pudo, y algo más, y le restó importancia. Como si no hubiera ocurrido nada, a pesar de que estábamos ante un accidente nuclear. Estados Unidos actuó como suele actuar, como poder imperial, ocultando investigaciones y resultados, y preocupándose ante todo de sus propios intereses y de su propio ejército. Consecuencia de todo ello: apenas se cita el accidente nuclear militar cuando se habla de los desastres de la España del franquismo y de uno de los “efectos colaterales” de aquellos acuerdos militares, que aún siguen vigentes parcialmente, entre la España una, grande y libre de Franco y el gobierno norteamericano.
Espero que la recuperación de eso que ahora llamamos “memoria histórica” afecte también a este suceso que, además, no es sólo parte de la Historia pasada dado que sus consecuencia no se han borrado totalmente. En un editorial de El País de octubre de 2006, diario que de ninguna de las formas puede ser tildado de antinuclear, se reconocía que no se había hecho un “estudio en profundidad de lo que había quedado enterrado bajo la superficie, y años después, cuando en la zona hubo movimientos de tierras para construcción de viviendas o usos agrícolas, aparecieron indicios de contaminación soterrada”, y admitía que estábamos ante el inicio de un largo proceso dada “la complejidad y la amplitud de las tareas de abordar”. Es una deuda que tenemos con los habitantes de la zona y sus descendientes, y con la ciudadanía española en general.
Me hablaste de una película…
Una de las escasas muestras del renacido interés por la historia del accidente de Palomares es el documental “Operación Flecha Rota”, dirigido por José Herrera, en el que se plasman numerosos testimonios recogidos en EEUU y España. Es muy reciente, de 2006, creo recordar.
Pero, que so sepa, apenas ha pasado por las salas comerciales. Yo no lo he visto por ejemplo, no sabía de su existencia.
Sí, tienes razón. No es un documental promocionado. Pero está disponible y puede ser solicitado. Es un buen instrumento para el debate en Universidades, centros de enseñanza en general, movimientos alterglobalizadores y sindicatos y partidos con tensión política no disuelta ni olvidadiza.



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Cuba: Producción local de alimentos aumenta la seguridad alimentaria



PNUD


“Mi día comienza muy temprano en la mañana cuando verifico que las plantas no se hayan dañado durante la noche. Entonces comenzamos a desmalezar, escardar y plantar”, dice Aliannis Bonne Urgellés (19), de Artemisa, provincia de Cuba.
Aliannis, que obtuvo un diploma en agronomía, es la miembro más joven de la Cooperativa de Producción Agrícola Waldo Díaz Fuentes (CPA) en Güira de Melena, municipalidad donde se cosechan vegetales y plantas medicinales. El cuidado que da Aliannis a las plantas es importante en un área que sufre los efectos del cambio climático.
El sector agrícola cubano se ve afectado por la frecuencia y creciente intensidad de las sequías, la aridez del clima y un pronunciado déficit de agua, lo que influye en la producción agrícola y la cría de ganado. El país se enfrenta en estos momentos a la peor sequía de los últimos 115 años, y se estima que continuará en 2016. Además, los embalses de Cuba están muy por debajo de su capacidad (alrededor de un 38%).
Artemisa es una de las tres provincias donde la iniciativa del PNUD “Bases Ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria Local” (BASAL), financiada por la Unión Europea y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, ayuda a reducir los efectos adversos del cambio climático. Esto se lleva a cabo a través de la gestión sostenible de los recursos naturales, aplicando tecnologías innovadoras en la agricultura e intercambiando las mejores prácticas entre los productores agrícolas.
La cooperativa de Aliannis emplea a 18 mujeres que saben cosechar productos agrícolas sin dañar el medio ambiente. Ello incluye la puesta en práctica de medidas de adaptación, como el uso sostenible y eficiente de los recursos naturales, la rotación del suelo y las cosechas, el uso de energías renovables, la gestión integrada de las plagas y desechos, el uso de fertilizantes orgánicos y la gestión del medio ambiente.
Con el fin de mitigar los impactos del cambio climático, el proyecto BASAL entrega variedades de semillas resistentes a las condiciones adversas del clima, como altas temperaturas y escasez de agua, bio-estimulantes y fertilizantes para mejorar la condición de la tierra. Estas semillas reflejan las características y requisitos de los tipos de ambiente y suelo que existen. Por ejemplo, en las municipalidades costeras de Los Palacios y Güira de Melena, los investigadores han llevado a cabo estudios sobre el terreno y se han reunido con los interesados locales para analizar la dinámica local, el hábitat y las corrientes costeras para determinar cuáles son las semillas más apropiadas.
Además de las medidas de adaptación, el proyecto también mejoró los sistemas de gestión de la información y estableció centros para compartir los conocimientos medioambientales y de producción. La Red de Información Agrometeorológica y de Producción recopila información (como cosechas y cantidad de plagas) y difunde los datos meteorológicos y herramientas que pueden ayudar a la producción agrícola, como consejos en materia de irrigación y avisos tempranos de sequía.
La cooperación Sur-Sur entre Cuba y Brasil, Bolivia, República Dominicana, Nicaragua, Colombia y Chile, así como entre las municipalidades, ofrece una oportunidad de compartir buenas prácticas agrícolas y experiencias exitosas, y hacer intercambios y sesiones de capacitación. Estas nuevas medidas será de gran ayuda a la hora de mejorar el sector agrícola y la seguridad alimentaria en un país que importa una gran parte de sus alimentos – 80 por ciento desde 2009.
El proyecto fue implementado en tres municipalidades: Los Palacios (cultivo de arroz), Güira de Melena (varios cultivos) y Jimaguayú (productos lácteos y carne), y beneficia a 90.000 personas. En el futuro, el proyecto espera ampliarse para abarcar 30 municipalidades adicionales de las provincias vecinas.
“Me encanta mi trabajo. Si es necesario, vengo a trabajar también los domingos. Gano bien, lo que me hace independiente económicamente”, dice Aliannis, quien continúa estudiando para convertirse en una especialista en protección de plantas.

Fuente original: http://www.undp.org/content/undp/es/home/ourwork/ourstories/adapting-cuban-agriculture-helps-increase-food-security.html



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Una permanencia peligrosa



El INTA señala que los plaguicidas quedan en el suelo hasta seis meses

Página 12


Un riguroso estudio científico publicado por el INTA a fin de 2015 indica que los plaguicidas más utilizados en Argentina permanecen en el suelo entre cuatro días y seis meses. El uso intensivo de herbicidas, sostiene, no se refleja en mayor rendimiento.
Investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), espacio de referencia del sector, confirmaron que los agroquímicos permanecen durante meses en el suelo y afectan cursos de agua, cuestionan que Argentina es el país con más uso de químicos y menos “eficiente” en la producción de granos, alertaron que se está explotando el suelo hasta “agotarlo”, afirman que se favorece principalmente a las grandes empresas y llaman a impulsar otra forma de producción. “El principal objetivo del modelo actual es maximizar la renta con una mirada de corto plazo, poniendo en situación crítica al sistema agroalimentario”, alertaron los investigadores del INTA.
“Los plaguicidas agregados al suelo y su destino en el ambiente”, es el título del libro publicado por el INTA en diciembre pasado. Firmado por seis investigadores de trayectoria en la institución (del INTA Balcarce, Famaillá y Reconquista), Virginia Aparicio, Eduardo De Gerónimo, Keren Hernández Guijarro, Débora Pérez, Rocío Portocarrero y Claudia Vidal.
El INTA, creado en 1956, es el espacio de referencia del agro argentino y, desde la década del 90, tuvo como política macro impulsar el modelo transgénico con uso masivo de agroquímicos. La reciente investigación va en otra dirección, toma como base argumental 142 publicaciones científicas y recopila tres jornadas de capacitación que realizó la institución en 2015. “El actual modelo de agricultura industrial o modelo extractivo ha pretendido que la química (los plaguicidas) controle a la biología, simplificando así la toma de decisiones. Sin embargo, dentro de este modelo, no se ha tenido en cuenta que el uso excesivo de plaguicidas pone en serio riesgo al recurso suelo”, afirman los investigadores.
El libro precisa quiénes ganan con el actual modelo agropecuario: “La captación de ganancia por parte del productor agropecuario es menor debido a que hay una transferencia de esa rentabilidad a las empresas que producen y venden los paquetes tecnológicos de insumos. Sumado a que las empresas que producen y venden plaguicidas son en su mayoría multinacionales. Por lo que esa ganancia no queda dentro del país y contribuye a una fuga de divisas al exterior”.
En base a datos de la FAO (organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura) afirma que, respecto de la utilización de herbicidas por superficie arable, Argentina está en el segundo lugar de mayor utilización de herbicidas por hectárea (luego de Chile). Y desmiente una de las banderas argumentales del agronegocios: “Este uso intensivo de herbicidas no se ve reflejado en un mayor rendimiento por hectárea comparado con otros países (Argentina se ubica detrás de Estados Unidos, Australia, Francia, Brasil y Chile, entre otros). Argentina es el país menos eficiente en producir granos”.
La publicación es una iniciativa del Proyecto Nacional de Suelo del INTA y contó con dos revisores, José Luis Costa y Adrián Andriulo (investigadores e ingenieros agrónomos de INTA Balcarce y Pergamino). Remarca que toda la base científica utilizada (más de 140 investigaciones) ha sido publicada en revistas nacionales e internacionales, cumple con todos los estándares del ámbito científico y aborda la detección de residuos de plaguicidas, las consecuencias en el suelo y el impacto ambiental. El trabajo del INTA hace un recorrido por los distintos químicos que se utilizan (atrazina, 2,4-D, glifosato, entre otros) y concluye que se está afectando el suelo hasta su “agotamiento”. En el apartado que aborda la necesidad de legislar sobre contratos de arrendamientos remarca otra consecuencia del modelo: “En muchos casos se pretende maximizar las ganancias actuando como agentes desterritorializados, a costa del suelo y el ambiente”.
Un discurso instalado por los impulsores del agronegocio es que los herbicidas (que matan las plantas no deseadas) “desaparecen” cuando llegan al suelo. El libro del INTA afirma todo lo contrario: el glifosato (el agroquímico más utilizado del país) persiste en el suelo entre cuatro y 180 días, el 2,4-D y el clorpirifos hasta 120 días y la atrazina hasta 115 días. Sobre este último, los investigadores cuestionan: “A pesar de su prohibición en países de la Unión Europea, en Argentina es el tercer herbicida más usado”.
En las consideraciones finales, alerta que “la presencia de plaguicidas en distintas matrices ambientales indica un agotamiento en la capacidad del suelo de funcionar como reactor (transformar, filtrar, amortiguar y depurar sustancias)”. Y señala que, al perjudicar al suelo, también se “estaría provocando impacto en el aire y el agua”.
Recuerda la vigencia del artículo 41 de la Constitución Nacional y el principio precautorio (vigente en la Ley General del Ambiente): “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar las medidas eficaces para impedir la degradación del medio ambiente”.
La investigación del INTA propone reducir el uso de agroquímicos, diversificar la producción, mejorar las condiciones de vida de las familias rurales y establecer franjas de no aplicación de químicos. También sostiene que es necesario que los ingenieros agrónomos “desarrollen un espíritu crítico y compromiso social” para impulsar producciones sustentables y solicita que los profesionales del sistema agropecuario tengan “una visión amplia, integrando la parte ambiental, social y productiva”.
Riesgos de contaminación
El glifosato es el agroquímico más utilizado en los campos de Argentina (65 por ciento del total, 182 millones de litros al año). El libro del INTA explica que es constante el aumento en el uso de venenos por la aparición de plantas resistentes. Entre los productos más utilizados también figuran el 2,4D, atrazina, diclosulán, y clorpirifos, entre otros. La investigación del INTA afirma que el glifosato es “una molécula muy persistente en el suelo” y señala el “riesgo de contaminación de horizontes profundos del suelo y de aguas subterráneas”. Confirma que se ha encontrado el herbicida en diversos cursos de agua. Ejemplifica con la subcuenca del arroyo Arrecife (norte de Buenos Aires). La investigación del INTA argumenta en línea con los reclamos de poblaciones que son fumigadas: “La presencia de plaguicidas en distintos compartimentos ambientales genera una preocupación genuina en la sociedad”.

Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-290536-2016-01-18.html


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