viernes, 6 de julio de 2018

Qué hay detrás de la campaña antimapuche


Las presiones de terratenientes y empresas. La operación de los medios. El rol del modelo económico. Y un genocidio que no termina. Darío Aranda explica en esta nota el marco de la avanzada del gobierno contra los mapuches.
   Por Darío Aranda
El modelo extractivo: petrolero, minero, agropecuario, forestal.
Una multinacional (Benetton) con directa influencia en el poder político y judicial.
Políticas de Estado de despojo y sometimiento.
Un genocidio que jamás tuvo su “nunca más”.
Sólo algunos de los elementos detrás de la campaña que pide represión para el Pueblo Mapuche.

   Extractivo

Durante el menemismo se aprobó la ingeniería legal que dio pie a la profundización del extractivismo en Argentina: leyes mineras, privatización de YPF, ley forestal, aprobación de transgénicos con uso de agrotóxicos. Pero la implementación en los territorios se dio durante el kirchnerismo. Dos ejemplos: se pasó de 40 proyectos mineros en estudios (en 2003) a 800 proyectos (en 2015); de 12 millones de hectáreas con soja transgénica se pasó a 20 millones (22 en la actualidad).
El macrismo continúa esa línea: quite de retenciones a la minería, baja de retenciones al agro, flexibilización laboral para  trabajadores petroleros. Más extractivismo, más avance sobre territorios rurales, donde viven pueblos indígenas y campesinos.
Amnistía Internacional contabilizó un piso de 250 casos conflictivos, entre los que detectó un punto en común: detrás siempre hay empresas (agropecuarias, petroleras y mineras, entre otras), que actúan en complicidad, por acción u omisión, de los gobiernos.
Cómo sucedió con la Campaña del Desierto, que tenía como fin económico incluir tierras al mercado capitalista, la Argentina del Siglo XXI repite la historia de avanzar sobre los pueblos indígenas.

   Preexistente

“Mapuche” significa en mapuzungun “gente de la tierra”. Los mapuches, como todos los pueblos indígenas del continente, son a partir del vínculo con el territorio. De allí proviene su historia, su cultura, su filosofía, su vida y de ese territorio dependen sus hijos, nietos y su futuro como pueblo.
Un argumento falaz para atacar a los indígenas del sur es que decir que son chilenos. Los pueblos indígenas tienen miles de años de historia, y el Pueblo Mapuche en particular existe desde muchos antes de la conformación de los Estado-nación. Es decir, son previos a la existencia de Argentina y Chile. El artículo 75 de la Constitución Nacional lo reconoce: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano (…). Asegurar la participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten”.
Ante cada campaña mediática de ataque a los mapuches, académicos repudian las falsedades de sectores periodísticos. En enero pasado, investigadores del Conicet escribieron un texto que resume cientos de estudios académicos: “Afirmamos que los mapuches no son araucanos de origen chileno y no exterminaron a los tehuelches (…) Los mapuches no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes. Esto significa que vivían en estos territorios antes de que existieran los Estados y que había mapuches en lo que hoy es Argentina”.

Periodismo represivo

“Denuncian vínculos de grupos mapuches con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)”, tituló el diario Perfil el domingo 8 de enero en un extenso artículo, referido al conflicto del Lof (comunidad) Resistencia Cushamen con la empresa Benetton. La nota, firmada por Cecilia Moncalvo, acusó: “A medida que aparecen más datos, la acción de (Facundo) Huala y su grupo puede ser leída como el germen de una forma violenta de protestar y de hacer política. Hay datos, como que en zonas limítrofes la Gendarmería envió más personal, mientras que diputados chilenos y periodistas y productores argentinos mencionan a las FARC colombianas como parte de la financiación del grupo (…). Abre interrogantes sobre una zona liberada previamente y de tráfico de armas de Argentina a Chile. Facundo Jones Huala sería el nexo”.
Dos días después, el martes 10 de enero, hubo feroces represiones sobre el Lof Mapuche. Una por la mañana (Gendarmería Nacional). Otra por la tarde (policía de Chubut). El miércoles se produjo un tercer operativo violento. Tres represiones en dos días. Una cacería de mapuches. Una decena de presos. Otro tanto de heridos. Dos de gravedad. La imagen de Fausto Jones Huala, con un balazo en el cuello, recorrió el país.
A la campaña anti-indígena se sumó el diario Clarín, con un extenso artículo anunciado en tapa el domingo 22 de enero y doble página interna. “Facundo Jones Huala, el mapuche violento que le declaró la guerra a la Argentina y Chile”, fue el título, firmado por Gonzalo Sánchez. Citó en seis oportunidades voces oficiales del Ministerio de Seguridad de Nación, Cancillería y Secretaría de Seguridad. Todas voces en “off”, sin nombre ni apellido, que acusan al Lof Cushamen de hechos tan insólitos como ajenos a la realidad. Según Clarín:
-Los mapuches están vinculados a grupos kurdos y a la ETA del país Vasco.
-Recibieron financiamiento del kirchnerismo.
-Afirma que el Lof Cushamen ocasionó incendios, secuestro de personas e intento de asesinatos, entre otros hechos.
No se aporta ninguna prueba de todos estos hechos. Sólo la opinión del gobernador Mario Das Neves y voces en off.
Gonzalo Sánchez, autor de la nota y editor del diario, repite lo de Cecilia Moncalvo en Perfil: vincula al Lof Cushamen (y a Jones Huala) con la organización Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), cuando la comunidad nunca ha declarado ser parte de esa organización. Segunda coincidencia: Sánchez no otorga ni una línea a la voz del Lof Cushamen, ni de sus abogados, ni de las organizaciones de derechos humanos que acompañan.
Infobae no se quedó atrás. “Violencia, anarquía y apoyo externo: el perfil de dos grupos mapuches que tienen en vilo a Chile y la Argentina”, tituló el 9 de agosto un artículo de Martín Dinatale, con todas voces en off y ninguna entrevista a mapuches. Un artículo que podría haber sido escrito por Patricia Bullrich.
Insólita la nota de Claudia Peiró en Infobae. Acusó a los mapuches de estar financiados por ingleses. “The Mapuche Nation, el pueblo originario con sede en Bristol, Inglaterra”. No aporta una sola prueba que acredite esa relación.
Clarín retrucó. “Jones Huala redobla la apuesta: llamó a la rebelión y la lucha armada. Desde el penal donde está detenido, el referente mapuche convocó abiertamente a la acción violenta”. Firmada por el corresponsal el Bariloche, Claudio Andrade, conocido de las organizaciones mapuches por sus continuas que rozan el racismo.
Por otro lado, también sobresalen comunicadores, intelectuales, artistas y políticos no dudaban en echar sospechas sobre el líder qom Félix Díaz de Formosa y, al mismo tiempo, silenciar las atrocidades del gobierno feudal de Gildo Insfrán. Figuras radiales afines al kirchnerismo relativizaban el reclamo qom y hasta hacían entrevistas condescendientes a Insfrán. En el “mejor de los casos”, se llamaban a silencio ante la violación de derechos. El periodismo afín al kirchnerismo apoyó fervientemente la explotación petrolera en Vaca Muerta, aunque allí se violaban derechos indígenas y también se reprimía (y se reprime). Con el macrismo en el poder, esos mismos periodistas, intelectuales y artistas se horrorizan y repudian la violencia que sufren los mapuches.
Periodistas de uno y otro lado tienen una coincidencia: escriben sobre un hecho sin recorrer el territorio. No visitan (ni visitarán) las comunidades indígenas. Son periodistas de escritorio. Y sus mentiras repercuten de la peor manera: legitiman represiones.

   Genocidio

Robo de bebés. Desaparición de personas. Torturas. Campos de concentración. Asesinatos.
Lo sufrió la sociedad argentina en manos de la última dictadura cívico-militar.
Lo sufrió el pueblo judío en manos del nazismo.
El Pueblo Mapuche también padeció robó de bebés, desaparición de personas, torturas, campos de concentración, asesinatos. Pero no hubo jamás pedido de perdón, tampoco reparación ni justicia. No hubo un “nunca más” para lo sufrido por los pueblos indígenas.
Diana Lenton, doctora en antropología y docente de la UBA, lo resume así: “El Estado se construyó sobre un genocidio. Se requirió que no hubiera más diversidad interna. Se anulan los tratados con los indígenas, el Estado se garantizó que no iban a interferir en la constitución de ese Estado. Es lo que se llama genocidio constituyente, son genocidios que dan origen a un Estado”.

   Recuperaciones

“Wiñomüleiñ ta iñ mapu meu” significa en idioma mapuche “territorios recuperados”. Es un anhelo, una práctica reivindicatoria y, sobre todo, un derecho de los pueblos originarios volver a parcelas que les fueron arrebatadas en el pasado. En los últimos quince años, y luego de agotar la instancia administrativa y judicial, el Pueblo Mapuche recuperó 250 mil hectáreas que estaban en manos de grandes terratenientes.
Los pequeños burgueses urbanos deben permanecer tranquilos: los indígenas no ocuparán los departamentos en Palermo o Recoleta, ni les interesan las mansiones de Nordelta. Sólo vuelven a las tierras de sus antepasados que hoy están en manos de grandes empresas.
Los legalistas también deben estar conformes: las recuperaciones territoriales están respaldadas por tratados internacionales, que tienen rango superior a las leyes locales.
“Siempre que sea posible, los pueblos indígenas deberán tener el derecho de regresar a sus tierras tradicionales en cuanto dejen de existir las causas que motivaron su traslado y reubicación”, detalla el artículo 16 del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que tiene rango superior a las leyes nacionales. El artículo 14 también apunta: “Deberán tomarse medidas para salvaguardar el derecho de los pueblos interesados a utilizar tierras que no estén exclusivamente ocupadas por ellos, pero a las que hayan tenido tradicionalmente acceso para sus actividades tradicionales y de subsistencia”.
La Declaración de las Naciones Unidas (ONU) sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada en septiembre de 2007, remarca en su artículo 10 “la opción del regreso” frente a los desplazamientos forzados y, en su artículo 28, legisla que “tienen derecho a la reparación, por medios que pueden incluir la restitución (…) por los territorios y los recursos que tradicionalmente hayan poseído u ocupado o utilizado de otra forma y que hayan sido confiscados, tomados, ocupados, utilizados o dañados”.
“Las comunidades indígenas en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)” es el título del trabajo sobre Derecho internacional de Rolando Gialdino, ex secretario de Derechos Humanos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el máximo tribunal del país. Al analizar la acción de la CIDH, abordó la posesión ancestral: “Los miembros de los pueblos indígenas que involuntariamente han perdido la posesión de sus tierras, y éstas han sido trasladadas legítimamente a terceros inocentes, tienen derecho de recuperarlas o a obtener otras tierras de igual extensión y calidad”.
La recuperación territorial implica mucho más que hectáreas: instala una concepción diferente de la tierra, que interpela el concepto de propiedad individual en busca de rentabilidad y lo suplanta por un espacio de ocupación colectivo, “territorio ancestral”, imprescindible para el desarrollo como pueblo originario.

   Benetton

   En 2007, la comunidad mapuche Santa Rosa Leleque volvió al territorio indígena: recuperó 625 hectáreas dentro de lo que entonces era parte de la estancia Leleque de Compañía de Tierras Sud Argentino (Grupo Benetton), ubicada entre Esquel y El Bolsón. El caso tomó repercusión nacional e internacional. Rosa Rúa Nahuelquir y Atilio Curiñanco, autoridades de la comunidad, viajaron a Roma junto al Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel. Se entrevistaron con la familia Benetton, que prometió la donación de tierras dentro de Chubut. Pero la compañía sólo ofreció parcelas que eran improductivas.
La comunidad no aceptó y aclaró que los pueblos indígenas no aceptaban “donación” sino “restitución” por tierras que habían sido robados por privados. La causa avanzó en tribunales, hubo intento de desalojos, pero la comunidad permaneció en el lugar. Benetton nunca aceptó la derrota entre otras cosas porque habilitaría que otras comunidades repitieran la acción.
En noviembre de 2014, el Estado (provincial y nacional) finalizó el relevamiento territorial de la comunidad Santa Rosa Leleque. En el marco de la Ley Nacional 26.160 reconoció la posesión y uso de las 625 hectáreas por parte del Pueblo Mapuche. La comunidad siempre denunció las irregularidades en el título que adquirió la compañía Benetton (explicadas en detalle en el libro “Ese ajeno sur”, del investigador Ramón Minieri).
El 13 de marzo de 2015 se produjo una nueva recuperación territorial en la estancia Leleque de Benetton. “Actuamos ante la situación de pobreza de nuestras comunidades, la falta de agua, el acorralamiento forzado hacia tierras improductivas y el despojo que se viene realizando desde la mal llamada Conquista del Desierto hasta la actualidad por parte del Estado y grandes terratenientes. Sumado a esto la inmensa cantidad de reiñma (familias) sin tierra donde poder siquiera subsistir dignamente”, explicó como fundamento de la acción el comunicado firmado por Lof en Resistencia del departamento de Cushamen y el Movimiento Mapuche Autónomo (MAP).
Ya no era un sólo mal ejemplo. Ya eran dos. Y pueden ser más.
Benetton descargó todo su maquinaria legal contra los mapuches y contrató una agencia internacional de prensa y lobby (JeffreyGroup) para una campaña mediática, tanto a nivel provincial como nacional. El responsable en Argentina de JeffreyGroup es Diego Campal, que se presenta como “especialista en resolución de conflictos y gestión de crisis”.
Periódicamente llegaban las gacetillas de prensa y fotos en alta definición de los “atentados” que sufría la estancia  Benetton. Sus principales destinatarios: el diario Jornada (Chubut), Río Negro (el más leído de la Patagonia), Clarín y La Nación. Los mismos comunicados llegaban al despacho del gobernador de Chubut, Mario Das Neves, y sus ministros.
La campaña mediático daba sus primeros pasos y vinculaba a los mapuches con grupos paramilitares (ETA, FARC).

   Enemigo interno

En diciembre de 2016, el gobernador Das Neves pidió juicio político para el juez Guido Otranto por no haber condenado a Facundo Jones Huala (lonko del Lof en Resistencia de Cushamen). “No queremos jueces federales que actúen en connivencia con delincuentes”, refirió en relación a mapuches. Además, instó a que la población desobedezca al juez: “Que la gente reaccione, que no permita, por más que sea un juez, llevar a cabo este tipo de acciones”.
El Ministerio de Seguridad, conducido por Patricia Bullrich, acusó en un informe interno de agosto de 2016 a los pueblos originarios de la Patagonia de delitos federales y los responsabilizó de hechos delictivos sin aportar ninguna prueba. El informe interno fue titulado “Revalorización de la ley. Problemática en territorio mapuche” y reconocía que la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) realiza “tareas de investigación” ilegales y catalogaba los reclamos como “amenazas para la seguridad social”. El Ministerio de Seguridad hizo propio el discurso de las empresas petroleras, que argumentaron la “usurpación” que realizarían comunidades indígenas sobre campos petroleros.
Un centenar de organizaciones de pueblos originarios, Amnistía Internacional, el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) emitieron un comunicado para alertar sobre la “estigmatización y persecución al Pueblo Mapuche”. El texto, titulado “La lucha indígena no es delito”, cuestionó al gobierno: “El ministerio de Seguridad coloca a las reivindicaciones territoriales mapuches como amenazas para la seguridad social (…) El Estado privilegia los intereses de las petroleras y criminaliza al pueblo mapuche”.
El 21 de junio pasado, un centenar de efectivos de gendarmería nacional llegó hasta la comunidad mapuche Campo Maripe (en Vaca Muerta, Neuquén), cerró los caminos internos y escoltó a cuadrillas de YPF para realizar una nueva perforación petrolera. Los integrantes de la comunidad pidieron explicaciones, solicitaron que exhiban la orden judicial (nunca se las mostraron) y exigieron que se retiren del territorio indígena.
La Gendarmería incluso impidió que la comunidad abandonara su propia tierra. “YPF usa la Gendarmería para entrar ilegalmente a territorio mapuche. Ingresaron sin consulta, ni autorización, con un procedimiento totalmente desmedido, sin mediar palabra, ni exhibir orden judicial. Los miembros del lof (comunidad) fueron amenazados y fueron rehenes en su propio territorio”, denunció el Consejo Zonal Xawvn Ko de la Confederación Mapuche de Neuquén, que cuestionó la “militarización” del lugar y acusó a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, de una “escalada de represión”.

   Peligro

“Ser indígena hoy es ser subversivo”, resumió con simpleza en una mateada Jeremías Chauque, mapuche, músico, productor de alimentos sanos (sin agrotóxicos). Y amplió: “Los indígenas no aceptamos el extractivismo. Nunca lo aceptaremos. Y vamos a morir luchando contra las mineras, petroleras, empresas transgénicas. Por eso nos consideran un peligro”.
Facundo Jones Huala, desde la cárcel de Esquel, fue en línea similar: “El Pueblo Mapuche impulsa la reconstrucción de nuestro mundo, y la expulsión de extractivas del territorio. Como mapuches no podemos ser en tierras desbastadas, no podemos ser mapuche con pozos petroleros o con mineras. Necesitamos nuestra tierra sana, en equilibrio y armonía. Restablecer ese equilibrio es hoy revolucionario, es alterar el orden actual del capitalismo extractivo. Por eso los mapuches somos un problema para el poder”.

   Disparen

Ante la desaparición de Santiago Maldonado, en el marco de una represión de Gendarmería Nacional el 1 de agosto, la ministra Patricia Bullrich apuntó contra las comunidades indígenas: “No vamos a permitir una república autónoma y mapuche en el medio de la Argentina. Esa es la lógica que están planteando, el desconocimiento del Estado argentino, la lógica anarquista”.
La Sociedad Rural Argentina, impulsora de la Campaña del Desierto y parte de la última dictadura cívico-militar, aportó un comunicado: “Tiene que terminar la impunidad para los grupos delictivos y violentos del Sur” (en referencia a los mapuches).
La Confederación Mapuche de Neuquén le contestó a la Ministra de Seguridad: “La funcionaria Patricia Bullrich en sus declaraciones cargadas de desprecio racial e ignorancia, construye una verdadera ensalada de conceptos errados. Desconoce conceptos básicos de estados modernos y evolucionados que se asumen como Estados Plurinacionales. Nuestra condición de Nación Mapuche está basada en la preexistencia milenaria que reconoce la propia Constitución Argentina. Negar esta realidad es propia de los estados autoritarios y colonialistas que desconocen la diversidad”.
“Un estado prlurinacional no depende del permiso de una funcionaria. Está relacionado a una existencia de miles de años, ante un estado moderno de solo dos siglos de existencia”, explicó la Confederación Mapuche y afirmó: “La plurinacionalidad no es una propuesta separatista ni excluyente. Por el contrario, es una herramienta para la unidad en la diversidad. Si los mapuches no asumiéramos nuestra nacionalidad, seríamos un pueblo sin historia y peor aún, seríamos un pueblo sin futuro”.
El Consejo Asesor Indígena (CAI), histórica organización mapuche de la Patagonia, también emitió un documento: “Repudiamos el accionar del Estado frente los hechos que han sucedidos (el Cushamen) y manifestamos nuestra solidaridad con las víctimas de la violencia estatal y sus familias. Exigimos la aparición con vida de Santiago Maldonado y responsabilizamos al Estado Nacional por la actual situación de militarización que sufren los pueblos originarios”.
“No queremos que la actitud de Estado y la sociedad frente a nosotros sea de represión, discriminación y racismo”, precisó la organización indígena. Recordó que el Pueblo Mapuche ha sufrido incendios, persecuciones judiciales y policiales, amenazas de muerte, acosos, allanamientos e intentos de desalojo. Y el CAI dejó una aclaración: “Mantenemos nuestros reclamo y la firmeza en nuestra lucha”.

   ¿Solución?

Una pregunta recurrente es por dónde pasa la solución. Y la respuesta indígena suele ser simple: “Que se respete la ley”.
Argentina tiene frondosa legislación que favorece a los pueblos indígenas: desde la Constitución Nacional (Artículo 75, inciso 17), constituciones provinciales, Ley 26160 (freno a los desalojos), Convenio 169 de la OIT y la Declaración de Naciones Unidas sobre Pueblos Indígenas. La legislación vigente establece que los pueblos indígenas deben contar con “tierras aptas y suficientes” y que se debe realizar la “consulta libre, previa e informada” ante cualquier hecho que los pudiera afectar. Traducido: ninguna empresa extractiva puede ingresar a territorio indígena sin antes realizar todo un proceso de consulta (que puede llevar hasta años) con la comunidad.
De la mano de jueces y fiscales, esas leyes no se cumplen.
¿Por qué el incumplimiento? Porque es una política de Estado que atraviesa a todos los gobiernos: violar los derechos indígenas y beneficiar a petroleras, grandes estancieros, empresas del agronegocio y mineras.



http://www.lavaca.org/notas/que-hay-detras-de-la-campana-antimapuche-extractivismo-medios-y-un-genocidio-que-no-termina/
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Nueva denuncia por subtes con material cancerígeno

En las líneas C y E y en el Premetro


Página12

Un estudio reveló que en las formaciones hay piezas con asbesto, la sustancia cancerígena hallada hace meses en la Línea B y por la cual se debieron quitar de circulación varios vagones. Los coches fueron comprados al Metro de Madrid, donde estalló un escándalo por casos de cáncer en trabajadores. La denuncia fue presentada a la empresa concesionaria, que depende del gobierno porteño, pero “se hacen los distraídos”, criticaron desde el gremio.

Imagen: Leandro Teysseire
Un relevamiento realizado por los Metrodelegados y la Universidad Nacional del Sur reveló que en formaciones de las líneas C y E de subterráneos y en el Premetro hay piezas con asbesto, la sustancia cancerígena también conocida como amianto hallada hace meses en la Línea B y por la cual se debieron quitar de circulación varios coches. “Hay que desamiantar. Es necesario empezar ese proceso y Sbase se tiene que dejar de hacer la distraída”, reclamó el titular del gremio, Roberto Pianelli, a la empresa que dio un plazo de dos años para el retiro de ese material rodante.
El descubrimiento de la presencia de contaminación por amianto se produjo en las formaciones Nagoya 300 de la Línea C, en las General Electric de la E y en las Mitsubishi de la B. Es la misma sustancia que meses atrás se halló en las CAF 5000, luego de que se supiera que esos trenes se habían comprado al Metro de Madrid, donde estalló un escándalo por casos de cáncer en trabajadores a causa del asbesto.
También se descubrió que los techos del vestuario del Premetro también tenían esa sustancia prohibida a partir del año 2000 pero antiguamente utilizada como material termo eléctrico para prevenir recalentamientos o conducción eléctrica. En los subtes, en tanto, el asbesto fue encontrado en piezas estructurales, como placas de contacto de luces y placas presostato.
Tal como ocurrió en la capital española, en los subterráneos de Buenos Aires se registraron también muertes de operarios por cáncer “pero no podemos determinar una relación directa con el amianto en las formaciones”, aclaró a Página/12 el titular de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP).
Para que se confirme que hay una relación directa entre la enfermedad de un trabajador del subte y el amianto “hay que hacer una serie de estudios y un seguimiento que acá no se hace”, explicó. “En otros países, como en Chile, a los trabajadores expuestos al amianto se les hacen estudios (médicos) anuales hasta que se jubilan”, agregó.
En la Argentina es distinto. “Acá Sbase (Subterráneos de Buenos Aires) lo que quiere hacer es destruir las formaciones para que no quede registro de nada y no se pueda determinar la responsabilidad" de la empresa por la compra de esas formaciones hechas con una sustancia altamente cancerígena, denunció.
La revelación de que en las líneas C y E también hay asbesto fue presentada a la empresa que tiene la concesión del servicio y que depende del gobierno porteño, pero “se hacen los distraídos”, criticó Pianelli. “Saben que hay amianto”, aseguró. De hecho, Sbase confirmó que en un plazo de dos años retirará del servicio todos los trenes Nagoya 250/300/1200 y negó que puedan ser reutilizados para otros menesteres.
Luego de que el material contaminante se hallara en los CAF 5000 de la Línea B, y tras largos reclamos del gremio, el gobierno de la Ciudad aceptó la conformación de una comisión encargada de hacer un relevamiento en todas las líneas. “Esa comisión no avanzó ni un centímetro”, cuestionó el dirigente de la AGTSyP.
“En Europa, esto sería un escándalo”, puntualizó Pianelli para comparar lo ocurrido en el Metro de Madrid con los casos detectados en Buenos Aires. “Hay que desamiantar”, subrayó y aclaró que para ello “no se va a tener que parar el subte, sino establecer en qué partes hay amianto y empezar a trabajar para sacarlo con todos los recaudos necesarios”, explicó. “Lo que pasa es que Sbase no quiere reconocer las negligencias que cometió”, concluyó.
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EL MASIVO TURISMO INTERNACIONAL ACELERA EL CALENTAMIENTO GLOBAL Y EL CAMBIO CLIMÁTICO





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jueves, 5 de julio de 2018

Los grandes ejecutivos del petróleo necesitaban un baño de realidad y el Papa se lo ha dado

Cambio climático
Bill McKibben
The Guardian


Es como que esperas que los papas se dediquen a hablar de cosas espirituales, al modo en que esperas que los chefs se dediquen a hablar de especias o los jardineros podadores a charlar de ramas salientes.
Razón por la cual resultó tan interesante oír esta semana al Papa Francisco analizar el debate sobre el clima en términos muy prácticos y muy sagaces, haciendo gala de más perspicacia matemática que la medianía de nuestros líderes mundiales y bastante más astucia estratégica que el periodista medio. De hecho, con unas pocas frases hábiles, puso al desnudo la hipocresía que domina buena parte del debate sobre el clima.
La ocasión se produjo al reunirse los ejecutivos de combustibles fósiles en el Vaticano, como parte de una serie de reuniones para conmemorar el tercer aniversario de la Laudato Si´, su majestuosa encíclica sobre el cambio climático. Las reuniones fueron a puerta cerrada, pero según todos los testigos, los superpetroleros sacaron sus anodinos argumentos habituales sobre el cambio climático: cualquier transición energética ha de ser lenta, pasar con demasiada rapidez a las renovables perjudicaría a los pobres al elevar los precios, y así sucesivamente.
Como respuesta a ello, Francis dio graciosamente las gracias a los ejecutivos del petróleo por su asistencia y por “desarrollar enfoques más cuidadosos para la valoración del riesgo climático”. Pero luego se metió en faena. “¿Basta con esto?”, preguntó. “¿Saldremos del apuro a tiempo? Nadie puede contestar a eso con certeza, pero a cada mes que pasa, el reto de la transición energética se vuelve más apremiante”. Dos años y medio después de las conversaciones de París sobre el clima, señaló, “las emisiones de dióxido de carbono y las concentraciones atmosféricas de gases de invernadero siguen siendo muy elevadas. Esto resulta inquietante y es motivo de verdadera preocupación”. Vaya que sí.
Lo que resulta verdaderamente “preocupante”, sin embargo, “es continuar la búsqueda de nuevas reservas de combustibles fósiles, cuando el acuerdo de París urgía claramente a mantener en el subsuelo la mayoría de los combustibles fósiles”. Y en esa frasecita pide poner las cartas sobre la mesa respecto a la mayor parte de lo que pasa por acciones contra el cambio climático entre las naciones y entre las empresas de combustibles fósiles. Sí, a despecho de Donald Trump, la mayoría de los países ha empezado a dar pasos para reducir la demanda de energía con el tiempo. Y sí, las compañías petrolíferas han empezado a elaborar a regañadientes “informes de riesgo climático” y a desviar mínimos porcentajes de sus presupuestos de investigación a las renovables.
Pero nadie ha querido enfrentarse al hecho de que tenemos que dejar más del 80% de las reservas conocidas de combustibles fósiles en el subsuelo si queremos tener alguna posibilidad de cumplir los objetivos de París. Ninguna compañía ha querido comprometerse a dejar el carbón, el petróleo y el gas en tierra, y casi ninguna nación se ha mostrado proclive a forzarles a que lo hagan. Por el contrario, los países grandes en combustibles fósiles siguen ayudando e incitando a las grandes empresas de combustibles fósiles en su empeño de abrir más minas y perforar más. En Australia, el gobierno de Turnbull da su respaldo a una inmensa mina nueva de carbón, en Canadá, el gobierno de Trudeau se compra literalmente un oleoducto para mantener la expansión de las arenas alquitranadas; en los EE.UU. el gobierno federal podría ser igualmente una filial de la entera propiedad de las empresas de combustibles fósiles.
De hecho, tal como señala Francisco, no se trata sólo de que estas empresas y países se hayan comprometido a sacar a la luz las reservas que actualmente tienen. Lo que es todavía más demencial es que andan por ahí explorando para descubrir más. Empresas como Exxon dedican miles y miles de millones de dólares a descubrir nuevos campos petrolíferos, aunque tengamos ya bastante más petróleo del que podemos quemar de forma segura.
Todo esto es moralmente erróneo, tal como apunta Francisco. “No se pueden llevar a cabo avances decisivos sin una consciencia acrecentada de que todos formamos parte de la familia humana, unidad por lazos de fraternidad y solidaridad. Sólo pensando y actuando con una constante preocupación por esta subyacente unidad que supera todas las diferencias, sólo cultivando un sentido de solidaridad intergeneracional universal, podemos encarar de modo verdadero y resuelto el camino por recorrer”, afirma.
Lo cual resulta estupendo: es tarea de los líderes religiosos recordarnos que debemos pensar más allá de nuestro propio interés.
Pero Francisco también comprende que nuestro enfoque actual no tiene sentido alguno matemáticamente. No podemos tener una bonita transición lenta y fácil, porque no podemos echar apenas más carbono a la atmósfera. Debemos resolver el problema del acceso de los pobres a la energía recurriendo a las renovables, no a los combustibles fósiles, porque “nuestro deseo de garantizar energía para todos no debe conducir al efecto indeseado de una espiral de cambios climáticos extremos debido a un aumento catastrófico de las temperaturas globales, de entornos más severos y niveles de pobreza en aumento”. Por encima de todo, hemos de prestar tanta atención a la verdadera realidad como le prestamos a la realidad política: “¡La civilización requiere energía, pero el uso de la energía no debe destruir la civilización!”.
Es extraño que sea el Papa el que instruya a los ejecutivos del sector energéticos sobre las mates del carbono. Pero en realidad no es más extraño que el hecho de que los zagueros de la liga de fútbol americano den lecciones a los políticos sobre la injusticia racial o los chicos y chicas de instituto se las den al país en lo que respecta al peligro de las armas. En medio de la ola de sinsentido sin precedentes que viene de Washington, D.C., es bueno recordar que todavía hay gente de todo género capaz de atravesar la inmovilidad y el griterío El buen sentido común habla todavía con mayor resonancia cuando llega de rincones inesperados.
Bill McKibben es profesor en el Middlebury College de Vermont (Estados Unidos) y cofundador de 350.org, la mayor campaña mundial de base dedicada a combatir el cambio climático.


Fuente: http://www.theguardian.com/commentisfree/2018/jun/14/big-oil-ceo-climate-change-reality-check-pope
Traducido por Lucas Antón para Sin Permiso 




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Sobre el arte de quedar bien… actuando mal


Luis E. Sabini Fernández
Rebelión


Hay algo peor que contaminar. Y es proclamar un comportamiento limpio… mientras se contamina.Hay algo peor que producir elementos cancerígenos. Y es producirlos mientras se proclama luchar contra el cáncer.
Esto que así planteado suena casi grotesco es, sin embargo, un comportamiento absolutamente generalizado en nuestro mundo empresario, institucional, público y/o privado.
La revista Noticias, un verdadero faro cultural del hipercapitalismo en el país, ha aplicado una docena de líneas a “informar” que “el campo apoya la lucha contra el cáncer”. [1]
¿Y qué es “el campo”? Si el campo fuera lo que conocimos tradicionalmente; el asiento de la producción de alimentos, nutrientes, agentes de salud para quienes los ingerimos, podríamos aceptar que desde el campo se enfrente la lucha contra una enfermedad… aunque hablando de cánceres, sabemos que no son deficiencias alimentarias o nutricionales las causantes de cáncer...
Sí sabemos, en cambio, que los cánceres provienen en abrumadora mayoría de la contaminación. Y que el mundo que vivimos, que ha visto disminuir y perder relevancia a enfermedades infecciosas (hoy controlables), se ve enfrentado a la proliferación de los más diversos casos de cánceres, así como alergias, alteraciones autoinmunes, diabetes, afecciones respiratorias, parkinson y otras alteraciones neurales, leucemias, celiaquía, obesidad, malformaciones congénitas, epilepsias e incluso enfermedades psiquiátricas; un desolador panorama sanitario fuera de control que ha coincidido con el ingreso a la posmodernidad…
Muchas de tales enfermedades, provienen directamente de los métodos de fabricación de alimentos que caracterizan nuestra “modernidad”, que reemplaza nutrientes naturales por aditivos y que “quimiquiza” todos los procesos alimentarios.
Uno de los varios pilares de la comida moderna ha sido, precisamente, la agroindustria. La agroindustria se basa en venenos, de muy variado orden, para producir alimentos. Cualquier mentalidad tradicional, la de mi abuela, por ejemplo, se horrorizaría de querer elaborar alimentos con venenos. [2]
Pero la agroindustria, junto con los reguladores públicos y el mundo empresario tecnoindustrial se valen de un recurso para poder usar venenos y sostener, a voz en cuello, la total inocuidad de tales alimentos, más aun, su carácter salutífero…: el empleo de “límites de seguridad”.
Tabulados por agencias debidamente investidas como “los que saben”, estas agencias, mejor dicho sus integrantes dirigentes, establecen que, por ejemplo, usar más de 0,8% de agar-agar en horno o 2% en merengues resulta intolerable. [3] O que hasta 100 microgramos de plomo, 50 de arsénico, 10 de cadmio o 45 mil de nitratos son aceptables en alimentos, como los de MacDonald’s. [4]
Pero, ¿dónde radica la verdad que un merengue con 1% de agar-agar sea sano y otro con 3% tóxico? O que una hamburguesa con 30 microgramos de arsénico sea saludable y otra con 60 microgramos de la misma sustancia sea tóxica?
Entendemos que la mera formulación denota su arbitrariedad. Y muy poca ciencia.
Y bien. Tenemos, según Noticias, a “el campo” luchando contra el cáncer…
¿Qué campo? Precisemos un poco. Noticias nos dice que se trata de una empresa “del campo argentino”: IPESA. IPESA es la gran fábrica productora de artículos plásticos, desde las celebradas silobolsas hasta sachets para leche y diversos envases, generalmente de polietileno (expandido).
IPESA es por lo tanto un agente protagónico de la plastificación de los campos y de los alimentos.
Cooperar en la lucha contra el cáncer parece plausible. Pero que la pretendan llevar adelante empresarios que basan su rentabilidad en un producto, el plástico, tan sospechado de estar en el origen de una serie atroz de enfermedades de origen ambiental, incluidos los cánceres más diversos, parece un poco demasiado. Hay algo grotesco en semejante gesto.
Hay una creciente conciencia sobre el daño que ha causado y está causando a la naturaleza la llegada de desechos plásticos en los más variados tipos, dimensiones, intensidad. Cualquier observador, profano, advierte los restos de bolsas de plástico entreveradas en ramas de árboles, a lo largo de rutas, por ejemplo; las islas “continentales” de basura plástica en todos los mares del planeta y el daño consiguiente a animales que ingieren plásticos (tortugas lo confunden con medusas, pelícanos lo confunden con semillas) son materia periódica de información masiva.
Lo que tal vez no se dice tan a menudo es que el plástico es material no biodegradable. El idioma hasta carece de una palabra para aludir a esa condición. Su no biodegradabilidad plantea un verdadero nudo problemático a la humanidad: porque la erosión, el viento, el agua (a veces el fuego) “pulveriza” los objetos plásticos, pero persisten partículas que al no ser biodegradables siguen girando en nuestro medio físico. Y así, diminutas, microscópicas, se van alojando en cualquier sitio; incluidos nuestros tejidos corporales y los de animales. Desde hace años, algunos investigadores (no, por cierto, los empleados por Monsanto, Bayer, Syngenta) han ido comprobando el atroz papel de tales micropartículas de plásticos en el origen de una serie espeluznante de enfermedades y alteraciones. [5]
Nos suena más bien a coartada: seguir envenenando los campos y, Relaciones Públicas mediante, “quedar bien” con una contribución monetaria a FUNDALEU. Tampoco es cuestión de exagerar: Noticiasnos cuenta que se trata otorgar a dicha fundación 10 dólares por bolsa; las silobolsas cotizan en el mercado a varios cientos de dólares cada una. Si estimamos una de 400 dólares, se trataría de un 2,5%. Lo que se dice quedar bien con poco.
Es significativo el destinatario elegido por IPESA. FUNDALEU es una fundación dedicada a combatir la leucemia. Este tipo de cáncer es, precisamente, uno de los más asociados con intoxicaciones de origen ambiental.
Leyendo la noticia de Noticias, uno se pregunta acerca de la calidad ética e incluso intelectual de pretender cultivar la “imagen” que acabamos de analizar, pero también acerca de la frivolidad del “periodismo” que transmite “noticias” sin el menor recaudo sobre su legitimidad, sentido o finalidad.

Notas
[1] Contra el cáncer”, p. 138, Buenos Aires, 27 abr 2018.
[2] Lo podía hacer, pero por ignorancia, nunca deliberadamente.
[3] Code of Federal Regulations (CFR), norma federal sobre alimentos en EE.UU.
[4] Tolerancias máximas admitidas por la OMS.
[5] Véase Our Stolen Future, 1996, una investigaciòn de tres biólogos estadounidenses, Dianne Dumanoski, John Peterson Myers y Theo Colborn, que han rastreado, por ejemplo, la presencia de policarbonato, poliestireno y PVC en casos de feminización de peces, aves y mamíferos machos, disfunciones tiroideas, disminución de fertilidad y un largo, atroz etcétera.


Para mayor información comunicate con nosotr@s al mail: madalbo@gmail.com

Los límites del movimiento ecologista


Miguel Muñiz


Con la correlación de poder existente es perfectamente imaginable una "patada adelante" que garantice los niveles de vida deseados a una parte minoritaria y privilegiada, a costa de la desposesión de amplios sectores de población. [...]
[…] exponer la crudeza de estos datos y exigir que sea la prioridad de las agendas políticas es tildado, con frecuencia, de catastrofista.
Es un error garrafal confundir la consciencia de los datos con la catástrofe. Los datos son datos y es absurdo rebelarse contra ellos. La catástrofe es que COP tras COP se constate que vamos al colapso y los resultados sean irrelevantes.
La catástrofe es no hacer nada. Nadie llama a su doctora catastrofista cuando le diagnostica un tumor. Más bien, afronta el proceso de curación, reorientando todo hacia la prioridad de conservar la vida. Eso es lo que toca ahora. Esa la tarea política más importante, heroica y hermosa que tenemos por delante.
Ahora son los "mercados" (no sin la connivencia o, incluso, el respaldo y el patrocinio tácito o explícito de los impotentes y desventurados Gobiernos estatales) los que han usurpado la primera y la última palabra a la hora de negociar la línea que separa lo realista de lo poco realista. Y los "mercados" son un nombre abreviado para designar a fuerzas anónimas, sin rostro ni domicilio fijo: fuerzas que nadie ha elegido y que nadie es capaz de limitar, controlar o guiar.
Zygmubt Bauman y Leónidas Donskis, Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida
 


Base social y activismo ecologista

Este texto continúa el análisis comenzado en " Apuntes sobre el eje verde que se desvanece ", donde se abordaba la ausencia del conflicto ambiental en la agenda de movilización social vigente; partiendo de Albert Recio [1], el análisis se inscribe en la reflexión de Pablo Massachs sobre potencialidades y limitaciones de las TIC en el movimiento ecologista organizado [2].
Se trata de ir más allá de la gastada expresión «la gente», un lugar común entre ecologistas a la hora de decidir qué se hace y cómo se hace lo decidido; ya se sabe, "la gente" no quiere informaciones pesimistas, "la gente" no tiene tiempo para leer documentos largos o complejos, "la gente" quiere cosas sencillas, positivas y concretas…; esa "gente" que justifica cualquier actividad de protesta sin mayor reflexión de fondo, actividad que, en muchos casos, responde a intereses de los que "la gente" no tiene ni idea. Para superar la falacia de "la gente" se apuntan cuatro líneas: la evolución histórica del movimiento ecologista, una aproximación a la estructura social en que se inscribe su acción, su enlace desde esa estructura a la función paliativa que cumple hoy por hoy, y un esbozo de perspectivas para afrontar las limitaciones con que interviene/intervenimos.

El movimiento ecologista ha cambiado (y mucho) desde sus inicios hasta hoy
Aunque la Cumbre de la Tierra (Estocolmo 1972) se considera la referencia inicial del movimiento, ese acontecimiento representa la eclosión de un trabajo que comienza a pocos años del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando algunos núcleos de científicos y técnicos empiezan a tomar conciencia del binomio producción-destrucción vinculado al desarrollo industrial. Un trabajo que cristaliza en libros como Primavera silenciosa (Rachel Carson, 1963), en documentos como Los límites del crecimiento (informe del MIT al Club de Roma, 1971) o en iniciativas como el simposio "El papel del hombre en los cambios de la faz de la Tierra" (Estados Unidos, 1955), por poner algunos ejemplos. En el campo de la energía, se vinculan el pacifismo y el movimiento contra la energía nuclear, por la relación entre nuclearización militar y civil.
Leídos desde la perspectiva de hoy, la reflexión y denuncia de esa primera etapa sobre los impactos que industrialización y desarrollo provocan en ecosistemas renovables y recursos no renovables (extracción hasta el agotamiento en una lógica implacable del lucro), sorprende por su lucidez y radicalidad (mi favorito es el segundo informe al Club de Roma de Mesarovic y Pestel, La humanidad en la encrucijada), forman parte de la denuncia del capitalismo, aunque el marco de la Guerra Fría hizo imposible una confluencia con las izquierdas por causas que merecen un estudio propio.
Lo significativo, siguiendo a Naredo [3], es que se puede establecer la línea de fractura en la evolución del movimiento ecologista a partir del inicio de los años ochenta (no por casualidad es el período en que la doctrina neoliberal pasa de «run-run» académico a imposición política agresiva). La fractura se concreta en la reducción del rigor y la concreción en las investigaciones, y en el nivel de exigencia de las alternativas; y se concreta, finalmente, en la institucionalización de la crisis ecológica que representa la Cumbre de Río de 1992.
En Estocolmo 1972 se concretó el avance en la consciencia ambiental iniciado en los años cincuenta, en Río 1992 se levantó acta del retroceso iniciado en los años ochenta.
Naredo demuestra esa fractura con el contraste entre documentos publicados con anterioridad a los años ochenta y todo lo que se redacta después. Los años setenta plantean diagnósticos contundentes, cuantifican, y fijan objetivos en leyes y medidas concretas a aplicar por fuerzas políticas, instituciones, y el Estado, para llegar a unos cambios que se consideran urgentes [4]. En cambio, a partir de los ochenta, y especialmente después de 1992, los objetivos pierden concreción; aparecen las planificaciones indicativas, leyes y reglamentos vinculantes son sustituidos por acuerdos voluntarios redactados por empresas implicadas en la devastación ambiental; y las fuerzas que han de actuar se limitan a la difusa "sociedad civil" (de la que forman parte tanto los que obtienen lucro de la devastación ambiental, como los que sufren las consecuencias de la misma), las ONG y, en algunos ámbitos, las entidades municipales (hay que recordar el papel tan inútil como cosmético de las llamadas "Agendas 21" institucionalizadas en Río 92). En conjunto, se pasa de determinar quiénes son los responsables a proclamar que "todos somos responsables" [5]. Una primera aproximación a la vaciedad del concepto "la gente" se deduce de este recorrido histórico.
Las personas que nos dedicamos al activismo voluntario compartimos una experiencia de esta dinámica: mientras el tratamiento de un conflicto ambiental se limita a la denuncia y alternativa genéricas, se disfruta de un consenso social y político elevado (recordemos, por ejemplo, la aceptación casi universal de las energías renovables como alternativas al modelo fósil y nuclear); pero cuando el conflicto pasa de enunciar la "problemática" a abordar la "resulótica", lo que implica medidas concretas, delimitación de responsabilidades, afectación de intereses, inversiones económicas y cambios en las pautas de vida y consumo de sectores sociales concretos, la ausencia de políticas concretas hace que el consenso inicial se desvanezca, y el NIMBY (o SPAN) aparece en múltiples formas [6].
El movimiento ecologista se ha desarrollado, sobre todo, en países del Primer Mundo [7]. Cuando las políticas neoliberales impusieron sus cambios sociales, la adaptación de las ONG ecologistas se desarrolló en paralelo a la reducción y fragmentación de las clases trabajadoras (resultado de la externalización de la producción material), y al hundimiento del movimiento político y social articulado en torno a ellas; el movimiento ecologista se adaptó sin dificultades al individualismo, el discurso «post», el particularismo, la sustitución del análisis en clave conflicto por el análisis en clave «problema», el papel del "activismo virtual", etc. [8].
Esta adaptación es común a la mayoría del «ONGismo», y no se puede separar de la codificación de una función paliativa que ha llevado a la creación del llamado Tercer Sector, en el que, sin embargo, las organizaciones ecologistas no acaban de conseguir reconocimiento institucional, precisamente por las características del conflicto que abordan, que no puede reducirse a la atención individual de casos desde la propia ONG [9].

Base social, conflictos y ecologismo banal

En el Primer Mundo existe una tolerancia de las élites hacia la contestación que provocan la devastación ambiental y las crecientes desigualdades sociales. En otras áreas geopolíticas del mundo, afectadas por el expolio masivo, la perturbación que provoca la actividad de personas afectadas/concienciadas por conflictos ambientales y sociales se resuelve con represión y violencia directa [10], pero en el Primer Mundo las cosas no son tan sencillas, como muestra una revisión de los tipos de conflictos ambientales y su vinculación con la base social afectada.
Tomemos el reconocimiento universal de la llamada "pobreza energética", compartido tanto por las organizaciones del Tercer Sector como por cónclaves internacionales de representantes de los que mandan, como ejemplo; es un caso de manual del tratamiento paliativo de las desigualdades en sociedades del Primer Mundo. Se asume la existencia de un precariado sin relación con la situación laboral, cuya cantidad (y calidad) cambia en función de la variable del consumo que se aborda, como una realidad que está aquí para quedarse. La atención paliativa a una fracción de ese precariado,desde ONG del Tercer Sector que actúan de mediadoras con las empresas y las administraciones, se publicita como solución a una "pobreza energética" que goza de omnipresencia publicitaria [11].
Esto constituye una segunda aproximación a la vaciedad del concepto "gente". No se actúa sobre "la gente", sino sobre unos grupos sociales formados por precarios, que incluyen a gran parte de las personas paradas (unos 4,4 millones en 2016 sobre 22,8 millones de personas activas), y también a una parte de los 18,3 millones de personas consideradas ocupadas, habida cuenta que en dicha categoría estadística, "se consideran personas ocupadas o personas con empleo, a todas aquellas de 16 y más años que durante la semana de referencia han trabajado al menos una hora a cambio de una retribución (salario, jornal, beneficio empresarial) en dinero o en especie" [12].
Sobre estas desigualdades crecientes, en la que parte de la población con derechos ciudadanos subsiste en la marginación, se despliega un activismo ecologista dirigido a "todas las personas". Pero eso no es así ni en el propio campo; para valorar el apoyo social de que el ecologismo dispone hay que analizar dos tipos básicos de conflicto ecológico y la forma en que participan en ellos las organizaciones ecologistas consolidadas, es decir, aquellas que están registradas legalmente, tienen personas asociadas y cotizantes, personas que trabajan en ellas de manera remunerada junto a otras que lo hacen de manera voluntaria, disponen de un mínimo de infraestructura logística (sede o local, proyección en la red, etc.), presencia en la sociedad, y relaciones formales con medios de información, instituciones políticas y culturales.
Los conflictos ambientales más numerosos, que son los menos visibles en los medios, afectan a impactos de tipo concreto y local; son impactos fácilmente perceptibles en la sociedad o el territorio afectado. Relacionados casi siempre con proyectos de infraestructuras sobre espacios no urbanizados, o actuaciones que alteran espacios considerados estables (proyectos de nuevo urbanismo o de remodelación, vías de transporte, explotaciones mineras o infraestructuras energéticas). Son conflictos que, si cristalizan, provocan una movilización amplia y directa, porque al ser fácilmente visibles su denuncia es fácilmente gestionable (explicable y asumible por la sociedad afectada en términos de sentimientos agredidos de pertenencia o identidad o de prioridad del afán de lucro a costa del entorno) y, además, como afectan a comunidades concretas, ofrecen múltiples vías de participación social creativa.
En estos conflictos, la cantidad y la heterogeneidad de personas afectadas/concienciadas/movilizadas determina la respuesta desde el poder (sea el de empresa/s implicada/s o el de la mediación política institucional): La respuesta va desde políticas persuasivas basadas en la imagen, para prevenir la cristalización del conflicto, hasta el fomento de la división en la comunidad afectada (contando con el papel activo de los medios de información); habitualmente se invoca el "desarrollo", el "trabajo", la "riqueza" o las "oportunidades" que supondrá la realización del proyecto previsto; y no hay que descartar la compra directa o cooptación desde el poder de personas claves en la movilización para neutralizarlas o, en el extremo opuesto, maniobras de presión y acoso sobre ellas.
El papel de las organizaciones ecologistas consolidadas en este tipo de conflictos es variable: dependiendo de si su ámbito es global, local o regional, pueden mantenerse al margen o asumir protagonismo; o dar apoyo al colectivo ciudadano que impulsa la movilización aportando logística, medios de difusión, asesoramiento técnico o legal; o desarrollar funciones de interlocutor con el poder empresarial o político implicado.
Será la forma en que se resuelva el conflicto la que determinará la relación entre las organizaciones ecologistas consolidadas (que se impliquen, o no) y la base social afectada, el resultado puede llevar a una situación de incremento o reducción, del prestigio, del número de personas asociadas, del peso político como referente, etc.; las variables, como es fácil de imaginar, son muchas, y no se pueden homogeneizar en términos de "gente".
Pero es en los conflictos ambientales globales donde el papel paliativo de las organizaciones ecologistas consolidadas se revela clave para la gestión correcta por parte de los responsables. Los conflictos globales están provocados por impactos que no son directamente perceptibles, que afectan el aire, el agua, el suelo o el subsuelo; que implican energía y residuos, que afectan la biodiversidad a niveles regionales o planetarios, o a espacios remotos, a ecosistemas completos o a especies consideradas exóticas; que llegan a amplias capas sociales del Primer Mundo a través de los medios, porque su envergadura, lejanía e importancia, pese a no ser directamente visibles, les hace aparecer con frecuencia en los medios.
Esa presencia del conflicto en los medios provoca una necesidad de respuesta social en una parte de las personas informadas (y su complemento de resignación en otra parte). Para ese sector concienciado se pone en marcha la dinámica circular de las respuestas paliativas. La información sobre la gravedad del "problema" incentiva la necesidad de "hacer algo", las organizaciones ecologistas consolidadas canalizan esa necesidad; una necesidad que, forzosamente, debe obtener un resultado positivo (parcial o total) para que el círculo que comienza con la información no concluya en frustración, lo que devaluaría el papel mediador de la organización implicada. En este proceso circular las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) juegan un papel clave.


Dos puntos más
Los conflictos ambientales globales implican actividades productivo-destructivas a gran escala (de extracción de recursos y vertidos de residuos), implican grandes empresas o grupos financieros, grandes movimientos de capital, y la participación de gobiernos nacionales e instituciones internacionales, etc. Por su envergadura se trata de conflictos en los que es muy difícil incidir realmente, y en los que también es muy difícil comprobar si la incidencia (real o virtual) obtiene resultados. La complejidad y amplitud del conflicto dificulta la percepción de éxito o fracaso; todo es confuso.
Adquirir conciencia de un conflicto cuyas causas no son perceptibles directamente (dioxinas, nitratos, radiaciones ionizantes, partículas en el aire, emisiones de gases de efecto invernadero, vertidos masivos en áreas lejanas, expoliación o extinciones de especies, etc.), y cuyas consecuencias se producen en entornos alejados del lugar donde se generan las causas, requiere formación, curiosidad activa y conciencia de la utilidad de lo que se hace. La "gente" en este caso es un grupo social distinto, que vive en su mayoría en ciudades o urbanizaciones residenciales, con formación y tiempo disponible para que su conciencia se traduzca en actividad. Aquí entran en juego las TIC.
Las personas que éramos activistas en los años ochenta recordamos las campañas de tarjetas postales de Greenpeace; se enviaban a personas con poder político o a presidentes de empresas, con una petición concreta o genérica. Su eficacia oscilaba entre discutible y nula, pero mostraban una capacidad logística que reforzaba la sensación de que "se hacía algo". Las TIC han generalizado las peticiones, ampliando su alcance, potenciado la difusión y reduciendo la logística al mínimo. Han supuesto el impulso definitivo al ecologismo banal y al activismo virtual, aquel que pasa del conflicto al problema, del objetivo definido al hacer algo. El que da prioridad al bienestar anímico de la persona que actúa sobre la eficacia de la actividad, lo que impone la necesidad de publicitar un cierto éxito por encima del conocimiento riguroso del estado del conflicto sobre el que se pide actuar.
Las TIC sustituyen la comunicación y la acción. Su campo es tan enorme como banal: se calcula que en los tres últimos meses de 2016, 29 millones de personas entre 16 y 74 años (un 84,6% de la población de España) han usado internet desde dispositivos móviles u ordenadores personales par diversos fines, desde la documentación al entretenimiento [13]. Una parte de ellas lo ha hecho para actuar.
Un primer nivel de activismo virtual lo ofrecen las plataformas de peticiones que combinan la oferta gratuita de difusión con la sugerencia de aportación económica para aumentar el alcance de la petición una vez iniciada. Change.org, declara en su página web que dispone de 226.376.565 personas actuando; otra de ellas, Avaaz (presentada como "el movimiento Avaaz") dice disponer de 47.833.388 miembros en todo el mundo [14].
El activismo virtual es específico para cada una de las ONG más conocidas. En el campo de la ecología su carácter paliativo queda más en evidencia por varios motivos: el contraste entre los conflictos globales que se abordan, la concreción en la calidad y precisión de los destinatarios de la petición, la definición de objetivos y, sobre todo, por la ausencia de verificación de los resultados que se ofrecen.
Así, "Salva la Selva", la única página de peticiones de contenido específicamente medioambiental, presentaba 64 peticiones de acción en su web mediante el envío de cartas dirigidas a políticos locales o a la Unión Europea sobre conflictos ambientales que se desarrollan en América Latina, África y Asia. El tema de varias peticiones se repite: once estaban relacionadas con el aceite de palma; de otra parte, el apoyo para cada petición oscilaba entre más de 290.000 y menos de 15.000 envíos. La web de "Salva la Selva" detalla dieciocho éxitos, que van desde el abandono de planes de urbanización de espacios naturales (que pueden responder a múltiples factores, especialmente económicos) a la corrección de una información falsa sobre animales en un canal de entretenimiento de la TV de pago, pasando por diversas sentencias judiciales. Muchas de la peticiones recogidas en "Salva la Selva" corresponden a iniciativas locales de organizaciones de defensa indígena a las que la web ofrece cobertura. En algunos casos, "Salva la Selva" reconoce que el éxito obtenido no puede valorarse con precisión.
Pero son las organizaciones ecologistas consolidadas a nivel estatal las que ofrecen una mejor perspectiva sobre el valor del activismo virtual. En el caso de Greenpeace, su web ofrece diez peticiones, seis de ellas se refieren a conflictos que se desarrollan en espacios remotos (desde Indonesia a los bosques boreales o el Ártico y el Antártico), siete tienen destinatarios genéricos (desde "los supermercados" a "los gobiernos" pasando por grupos de empresas) y tres interpelan directamente a interlocutores concretos, con poder de tomar decisiones verificables.
La página de victorias de Greenpeace es muy definitoria de las características y resultados que ofrece el activismo virtual. Organizada por años de existencia de la organización se remonta a 1972, a la acción que le dio origen; lo significativo es que en 2017 (siete victorias reflejadas en la web) Greenpeace considera victorias propias el cierre de las térmicas de carbón de Iberdrola (una decisión empresarial vinculada a sus políticas de expansión internacional), el cierre de la central nuclear de Garoña (fruto de un desacuerdo entre Enel-Endesa e Iberdrola), o un acuerdo internacional histórico para proteger el Ártico de la pesca industrial firmado por nueve países de la UE. Es importante señalar que Greenpeace consigna como victorias tres compromisos voluntarios de grandes empresas que no tienen concreción definida.
En el caso de Ecologistas en Acción también existe una página de ciberacciones que finaliza el 2 de abril de 2018 y se remonta a junio de 2007. En ella figuran más de 120 ciberacciones, que en determinados casos se clasifican como finalizadas. La web incluye peticiones de microfinanciación para proyectos, y réplicas de peticiones presentadas en plataformas como Change.org u otras ONG ecologistas. En 2017 aparecen 22 ciberacciones que incluyen reivindicaciones vecinales, locales, regionales, peticiones de microfinanciación para actividades de la propia ONG, recogidas de firmas genéricas y dos con peticiones a nivel de la Unión Europea. Fuera de considerar finalizadas determinadas ciberacciones, Ecologistas en Acción no se adjudica victorias en sus actividades, ni reivindica en exclusiva su participación en el cierre de Garoña [15].
Como muestra de lo que es el activismo virtual conviene detenerse en el análisis de la campaña de protección de las abejas frente a los productos químicos que están provocando su exterminio. La gravedad e implicaciones de este conflicto lo convierte en uno de los más importantes de este inicio de siglo. Tanto Greenpeace como Salva la Selva reivindican una victoria (?) que se limita a prohibir el uso de cuatro productos químicos, y sólo en el ámbito de la Unión Europea, y en la que se reconoce que aún existen multitud de insecticidas tan peligrosos como los prohibidos incluso, al nivel regional europeo en que se ha obtenido la supuesta victoria.
Pero el conflicto de las abejas ni se limita a la Unión Europea, ni se circunscribe a unos cuantos insecticidas. Se trata de un conflicto mundial de extrema gravedad, que combina todas las amenazas que el ecologismo comenzó a denunciar en 1963, cuando Rachel Carson publicó Primavera silenciosa, y algunas nuevas y más graves fruto de la codicia neoliberal [16].
El tratamiento del conflicto de las abejas pone en evidencia la falacia paliativa que supone el activismo virtual.
 


Bueno, pero ¿qué hay que hacer?
Formular el diagnostico acertado es el primer paso para afrontar el conflicto. El grito de desesperación contenido en el fragmento de texto de Yayo Herrero que encabeza este artículo es algo compartido por muchas de las personas que participamos en el activismo ecologista. Lo que no está compartido es el camino común para actuar, y aquí, más allá del inventario de medidas (tan necesarias como casi imposibles) que la propia Yayo Herrero desgrana en su artículo, es necesario un debate sobre criterios éticos del activismo, sin que ello suponga detener la actividad y ponerse a debatir. Planteo ocho puntos, podrían ser catorce o veinte. Lo importante es empezar. El orden de exposición no indica prioridad.
Superar al máximo el doble lenguaje. Mantener el respeto y escuchar a quién se expresa es la premisa básica de cualquier debate. No cerrar un debate hasta haber agotado toda la exposición de razones y valorado sus causas, aunque el proceso pueda llevar tiempo.
Asumir el carácter político del activismo ecologista. Superar el discurso sobre "la gente" y el "todos somos responsables". Denunciar con la mayor concreción posible y señalando a los verdaderos responsables. Superar la adicción compulsiva de aparecer en los medios y buscar la vinculación y el diálogo con los sectores sociales concretos afectados por los conflictos.
No presentar como soluciones lo que son compromisos. Llamar a los compromisos por su nombre y explicar las limitaciones por las que puede ser necesario aceptarlos o asumirlos, pero no adjudicarles un valor de solución que no tienen.
Diferenciar entre lucha y protesta, explicando lo que se juega en la primera (el precio del fracaso) y las limitaciones de la segunda (pura expresión de enojo sin mayores consecuencias).
No renunciar a denunciar los conflictos ocultándolos como problemas. No afrontar un conflicto sin explicar claramente el/los/la/las responsable/es del mismo y sus implicaciones.
Interrogarse siempre sobre la presencia de las zonas de confort que nos ofrecen los que mandan y los que gobiernan en su nombre, las implicaciones que tiene mantenerse en ellas y el precio que se pagará por salir de ellas.
Superar el individualismo (el activismo virtual es una de sus fórmulas, pero hay más) buscar el contacto presencial y el debate personal más allá de las pantallas de ordenador.
Tener paciencia, la realidad es que en la lucha ecologista hoy por hoy casi todo está perdido, así que ¿qué podemos perder si cambiamos de forma de actuar?


Notas:
[1] http://www.mientrastanto.org/boletin-166/notas/romper-los-techos-de-cristal-despegarse-de-los-suelos-pegajosos .
[2] http://www.mientrastanto.org/boletin-169/ensayo/activismo-y-euforia-tecnologica http://www.mientrastanto.org/boletin-151/notas/el-ecologismo-y-sus-zonas-de-confort .
[3] José Manuel Naredo, Raíces económicas del deterioro ecológico y social: más allá de los dogmas, Siglo XXI. Edición 2006 y 2010, p. 21.
[4] Ibid., pp. 24-31.
[5] http://www.mientrastanto.org/boletin-167/notas/apuntes-sobre-el-eje-verde-que-se-desvanece .
[6] NIMBY (acrónimo de "Not In My Backyard") se puede sustituir por SPAN ("Sí, Pero Aquí No") cuando hace referencia a una infraestructura que se reconoce necesaria pero que se rechaza de entrada, en la ubicación local propuesta sin un análisis riguroso que lo justifique. Un ejemplo de manual lo constituyen las plataformas de oposición ciudadana a proyectos de parques eólicos.
[7] Basta comprobar la ubicación de la sede social de las grandes organizaciones ecologistas como Greenpeace, WWF, Birdlife, UICN, Friends of Earth, etc.
[8] Una interesante, y reciente, aproximación a esta realidad y sus consecuencias sociales negativas en: https://www.eldiario.es/politica/activismo-exagerar-diferencias-individuos-competir_0_784972325.html .
[9] La construcción e institucionalización del Tercer Sector cumple el papel de asumir funciones de gestión de conflictos sociales que se consideraban responsabilidad de la Administración y el Estado. Se trata de la versión "compasiva" del axioma neoliberal de la superioridad de la excelente iniciativa privada sobre la perversa burocracia estatal, iniciativa que se encarna aquí en ONG de la "sociedad civil". Lógicamente las primeras en apuntarse al Tercer Sector fueron las organizaciones paliativas con tradición histórica, en muchos casos vinculadas a la Iglesia católica. Puede obtenerse una aproximación a la situación actual en http://www.plataformatercersector.es/es/entidades-miembro , y sobre la institucionalización véase Consejo Estatal de Organizaciones no Gubernamentales de Acción Social, http://www.msssi.gob.es/ssi/familiasInfancia/ongVoluntariado/consejos.htm . Sobre el estado de limitado reconocimiento administrativo de la función de las organizaciones ecologistas es interesante el contenido del Punto 1 de la carta dirigida por las cinco grandes en España (Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, WWF y SEO/BirdLife) al gobierno socialista de Pedro Sánchez, disponible en https://www.ecologistasenaccion.org/?p=88088 .
[10] La cantidad reconocida de personas activistas en temas ambientales asesinadas ronda las doscientas cada año con ligeras variaciones. En 2016: https://www.eldiario.es/desalambre/activistas-asesinados-medioambiente-Global-Witness_0_664583658.html ; en 2017: http://www.lavanguardia.com/natural/20180202/44467533729/casi-200-ambientalistas-fueron-asesinados-en-2017-por-defender-el-planeta.html .
[11] La "pobreza energética" está reconocida como un "problema" por las grandes empresas energéticas (Gas Natural Fenosa, Enel-Endesa, Iberdrola) que despliegan políticas de imagen con el apoyo del Tercer Sector (un ejemplo en http://www.cruzroja.es/principal/web/empresas/ ). También está reconocido por instituciones internacionales como el G20 (véase "Ministros del G20 destacan la necesidad de erradicar la pobreza energética", https://www.eldiario.es/economia/Ministros-G20-necesidad-erradicar-energetica_0_782871726.html ). La división de la "pobreza" en categorías separadas (energética, alimentaria, etc.), en lugar de considerarla un fenómeno social global tiene implicaciones relacionadas con la precariedad laboral y la especialización paliativa que merecen un análisis propio.
Por otra parte, en el neolenguaje neoliberal la expresión "una realidad que está aquí para quedarse" se va imponiendo desde un discurso de apelación a la resignación social ante aspectos conflictivos sobre los que no hay voluntad para saber cómo llegó "aquí", ni ganas de incidir en ellos, ni de analizar sus implicaciones.
[12] Informe Mujeres y hombres en España 2017. INE (PDF), http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"c=INEPublicacion_CHYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"cid=1259924822888HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"p=1254735110672HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayoutHYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"param1=PYSDetalleGratuitas , p. 9.
[13] Fuente: "Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Año 2017", en http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"c=INEPublicacion_CHYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"cid=1259924822888HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"p=1254735110672HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayoutHYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout¶m1=PYSDetalleGratuitas"param1=PYSDetalleGratuitas .
[14] Consulta realizada el 9 de junio de 2018, https://www.change.org/es https://secure.avaaz.org/page/es/ . La "materia prima" de dichas plataformas es la recopilación de direcciones electrónicas de las personas que apoyan cualquiera de sus peticiones. En el caso de Change.org, el 9/6/2018 tenía nueve peticiones en curso en la web y seis consideradas "victorias", la principal "Mou: no fue expulsado de España", obtuvo el apoyo de 174.555 personas. Otras peticiones eran "Un millón de personas contra el cáncer", "La vaca Margarita no fue sacrificada", "Siete menores obtienen la nacionalidad", "El Langui consigue que Madrid sea más accesible" y "Osman y su familia son acogidos en España".
[15] Véanse https://www.salvalaselva.org/ https://es.greenpeace.org/es/que-puedes-hacer-tu/peticiones/ https://es.greenpeace.org/es/quienes-somos/victorias-de-greenpeace/ ,https://ecologistasenaccion.org/SPIP/rubrique270.html .
[16] Dos aproximaciones, entre muchas: https://mundo.sputniknews.com/ecologia/201611041064595114-muerte-abejas-llevar-fin-humanidad/ yhttp://www.lavanguardia.com/natural/20161005/41771284333/abeja-peligro-humanos.html
Miguel Muñiz Gutiérrez es miembro de Tanquem Les Nuclears–100% RENOVABLES, del Col·lectiu 2020 LLIURE DE NUCLEARS y del Moviment Ibèric Antinuclear a Catalunya. Mantiene la página de divulgación energética www.sirenovablesnuclearno.org
Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-170/ensayo/los-limites-del-movimiento-ecologista



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