lunes, 14 de noviembre de 2016

“El cambio climático es un problema pero también una oportunidad”

Entrevista al eurodiputado de EQUO Florent Marcellesi


La Marea


El eurodiputado de Equo, Florent Marsellesi, participará en unos días en la Cumbre del Clima de Marrakech. “Si conseguimos seguir con la línea política y social iniciada en París, la transición ecológica es imparable”, sostiene.
“El cambio climático es un problema pero también una oportunidad”
El eurodiputado de EQUO, Florent Marcellesi

Acaba de llegar al Parlamento Europeo, pero Florent Marcellesi (Equo) ya se ha topado con la firma del CETA, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá que este eurodiputado llevaba tiempo denunciando. Este político y ecologista aterrizó en la Eurocámara el pasado 11 de octubre para sustituir a Jordi Sebastiá (Compromís), tal y como habían acordado para concurrir juntos en la lista de Primavera Europea. Mercellesi recibe a La Marea en Madrid antes de poner rumbo a Marrakech, donde se celebrará dentro de pocos días la Cumbre Climática COP22. Precisamente este viernes entran en vigor los acuerdos alcanzados hace ahora casi un año en la Cumbre de París, cuyo principal objetivo es que la temperatura del planeta no suba más de 2 grados antes de 2030. España no ha ratificado todavía el acuerdo formalmente.
¿Qué tal han sido sus primeros días en el Parlamento Europeo?
Muy intensos. He llegado justo en un momento político muy polémico en torno al CETA. Primero hicimos con los Verdes Europeos una cumbre social en Bruselas, con la participación de muchísimos cargos electos y miembros de la sociedad civil en contra de este tratado. La semana siguiente tuve mi primera intervención en el Pleno justo sobre el CETA, y justo unos días más tarde la UE y Canadá firmaban ese tratado. Fueron unos días muy interesantes y ya estamos planteando los próximos pasos a seguir porque dentro de muy poco vamos a tener que votar sí o no, sin enmiendas, al CETA.
Hace poco publicó un artículo en el que decía que después de las elecciones en Francia y Alemania es muy probable que se retoquen los tratados fundacionales de la UE. ¿Es optimista al respecto, teniendo en cuenta el contexto de creciente nacionalismo y crisis económica?
No soy ni pesimista ni optimista, soy voluntarista. Es decir, pienso que tenemos que plantear día a día la lucha si queremos ganarla dentro de dos años. Seguramente se van a abrir esos tratados, la caja de pandora. No sabemos hasta qué punto, pero sabemos que algo se va a mover. Si queremos que nuestras ideas estén en el centro de la batalla política y cultural, tenemos que aunar fuerzas a nivel europeo, por ejemplo con Varoufakis, con gente a nivel local y del sector social y político. No nos vale sólo con decir que no queremos esta Europa: tenemos que decir qué tipo de economía queremos, qué planeta queremos dejar a nuestros hijos, qué tipo de política industrial… Tenemos que ser mucho más profundos en la estrategia positiva.
A veces pensamos que luchar contra el cambio climático significa perder calidad de vida, renunciar a muchas comodidades… En su opinión, ¿qué oportunidades representa esta lucha para la humanidad?
Básicamente, la oportunidad de repensar el modelo de producción y consumo en el que vivimos. El cambio climático es un problema porque está afectando a los empleos, a los derechos, a nuestro bienestar hoy y mañana, pero también es una oportunidad porque nos dice que podemos cambiar a mejor. Por ejemplo, con empleos que en vez de destruir el medio ambiente y la dignidad de los trabajadores, sean dignos y respeten el planeta. Los empleos verdes, por ejemplo, que crean muchísimos más puestos de trabajo que los llamados empleos marrones. En España estamos hablando de dos millones de puestos de trabajo, y en el conjunto de Europa de 20 millones, tantos como desempleados hay en la Unión Europea.
¿Qué son los empleos marrones?
Son aquellos que son muy intensivos en energía, emisiones de CO2 y uso de agua y materia. Aquellos que lo que hacen es destruir valor social y ecológico en vez de construir un mundo mejor. Esos empleos claramente no nos valen en un mundo donde queremos al mismo tiempo justicia social y sostenibilidad, por eso necesitamos una gran transición ecológica en la economía y acompañar a los trabajadores de los sectores marrones hacia otros ámbitos laborales. Eso puede pasar, por ejemplo, con el carbón: nosotros no estamos en contra de los mineros, estamos en contra del carbón. A los mineros les proponemos una transición hacia otros sectores que sean pan para hoy y para mañana.
Volvamos al CETA. En su opinión, ¿cuáles son los grandes riesgos medioambientales y sociales de este tratado?
Tanto el CETA como el TTIP plantean problemas sociales, democráticos y ecológicos bastante parecidos. En lo social, podemos hablar de la destrucción de puestos de trabajo. El CETA significará una pérdida de 200.000 empleos en Europa; el TTIP, de 600.000. Después está el riesgo en lo democrático, que está en dar más poder a las multinacionales a través, por ejemplo, de los tribunales de arbitraje. Y en el ámbito ecológico hay varias cosas. Sería más fácil traer arenas bituminosas desde Canadá, que son mucho más contaminantes que los petróleos convencionales, que ya es decir. Al mismo tiempo, son tratados que van a aumentar de forma radical las emisiones de CO2. Por tanto, aquí debemos preguntarnos si podemos firmar el Acuerdo de París y, a la vez, ratificar otros tratados que van en el sentido contrario, como el CETA o el TTIP. Tenemos que ser coherentes en nuestras políticas.
Cuando piensa en un modelo económico diferente, ¿a qué tipo de modelo se refiere exactamente?
Primero, se trata de un horizonte donde tenemos empleos que valgan la pena desde el punto de vista social y ecológico. Segundo, es un modelo donde tenemos repartos de distribución de las riquezas, sean económicas, sociales, ecológicas, con reparto también del trabajo. Y al mismo tiempo es una sociedad donde hay democracia participativa, desde abajo, representativa, potente a nivel europeo.
El Acuerdo de París tuvo mucha publicidad y Francia es un anfitrión fuerte a nivel internacional. Sin embargo, a nivel de compromisos no tuvo tanta fuerza. ¿Cómo percibe los ánimos de cara a la COP22?
Podemos definir el acuerdo de París con tres palabras: fue al mismo tiempo un milagro, un desastre y una oportunidad. Milagro, porque es increíble que hayamos conseguido de forma unánime firmar un acuerdo que tenga una meta ambiciosa. Es un desastre porque las herramientas que están dentro del acuerdo no permiten alcanzar los objetivos. Y es una oportunidad porque si conseguimos seguir con la línea política y social que ha iniciado este tratado, podemos ver que la transición ecológica es imparable. Es el último punto el que más nos interesa de cara a Marrakech, porque hemos visto que en un año ha entrado en vigor lo acordado en París, lo cual también es un milagro. Teniendo en cuenta también la presión social y política que hay detrás, y la capacidad de no volver atrás en la transición, este acuerdo es una oportunidad. Va a depender siempre de la capacidad de movilización que tengamos a nivel social y político, porque únicamente se cumplirán las palabras si detrás hay gente a nivel local, regional, estatal y europeo que esté dispuesta a luchar por él.
Se celebran cumbres climáticas desde 1972, ¿qué tiene que pasar para que los gobiernos se pongan manos a la obra y se den cuenta de que el tiempo se acaba?
Que haya aún más empujón desde la sociedad, aunque desde Podemos se ponga mucho el foco en los gobiernos diciendo que no han ido demasiado lejos, algo que compartimos nosotros también porque como ecologistas nos habría gustado un acuerdo más potente. La Cumbre de París coincidió con época electoral en España, y ningún partido, salvo el nuestro, habló de cambio climático. Podemos achacar mucho la responsabilidad a los gobernantes, pero si ni siquiera somos capaces de poner el tema como prioridad, es complicado después decirle a los gobiernos lo que no hacen. Incluso podemos decir que en París, los gobiernos hicieron más de lo que hicimos nosotros en campaña electoral. Deberíamos pensar que quizás el problema no está sólo en los gobiernos, sino también en la forma de poner las prioridades políticas.
En París, con los atentados todavía recientes, hubo muchas limitaciones y represión contra la movilización social, que al fin y al cabo es una herramienta de presión. ¿Cree que en Marruecos también se limitará la movilización en las calles?
Es complicado ver lo que va a pasar porque a veces pensamos que los países que llamamos “desarrollados” es donde vamos a tener más libertad, y sucede al revés. Nunca sabemos cómo nos van a tratar, pero esperamos que en Marruecos nos dejen expresarnos tanto en el recinto oficial como fuera, donde estarán las movilizaciones sociales, porque es importantísimo. Tampoco tenemos mucha esperanza con el gobierno marroquí. Hay muchas temáticas que estamos siguiendo con ellos, como el nefasto acuerdo pesquero o su política colonial en el Sáhara Occidental… Espero que la voz de la ciudadanía se pueda oír porque es fundamental para conseguir un buen acuerdo.
Se acercan las elecciones en EEUU. Obama, que despertó esperanzas al principio entre muchos ecologistas, pronto abandonará la Casa Blanca. ¿Qué valoración hace de sus mandatos, y cómo ve el panorama con Hillary Clinton o Donald Trump en su puesto?
Tenemos una relación de amor-odio con Obama. De odio porque en muchas cosas no ha estado a la altura: a nivel de paz, de cambio climático… Y también de amor, porque ha hecho mucho más que otros presidentes de Estados Unidos, empezando por el Acuerdo de París, donde tuvo un papel muy importante para alcanzar un pacto a pesar de tener las manos atadas con el Senado y el Congreso en contra. Cuando vemos quién puede ser su sucesor, podemos decir que Obama es casi de lo mejor que ha tenido Estados Unidos como presidente. Trump dice que el Acuerdo de París es un peligro para los intereses comerciales y económicos de su país y que lo primero que hará si llega a la Casa Blanca será retirarse del mismo. Estamos en una situación paradójica, con Obama y su falta de ambición al frente del primer país emisor de CO2 del mundo, que va a parecer un ángel en comparación con lo que viene detrás.
Imagino que está al tanto de los protocolos contra la contaminación en Madrid. El Ayuntamiento se plantea limitar la circulación en el centro de la capital sólo a residentes. Sin embargo, a menudo estas propuestas finalmente no se llevan a cabo. ¿Hay miedo a dar pasos en este sentido?
Hay miedo al cambio, a mudar de costumbres, porque el sistema de transporte que tenemos en Madrid está basado en el coche individual. Este es un proceso a largo plazo en el que tenemos que educarnos de forma diferente sobre transporte y también poner a disposición más restricciones, que son necesarias a corto plazo, para después a medio plazo implantar un sistema de transporte basado primero en el peatón, y después en la bici y en el transporte público. Me consta que el equipo de Manuela Carmena, con apoyo de Equo, está en este camino. Es una cuestión de justicia con la gente trabajadora, que es la que tiene menos recursos, menos acceso a un medio ambiente de buena calidad. Y al mismo tiempo también es justicia con el planeta y las generaciones futuras porque tendremos un Madrid con menos contaminación.
¿Por qué en España, a diferencia de países como Francia, Dinamarca o Alemania, no hay un partido verde independiente y fuerte?
No estoy al 100% de acuerdo con ese diagnóstico porque con la aparición de Equo sí hemos dado un salto cualitativo importante. No vuelvo a las razones históricas de la debilidad del movimiento verde debido al franquismo, la transición democrática y la relación poco consistente con otros partidos de izquierda. Lo más importante es que ahora hay un partido que por fin ha llegado a las instituciones con más fuerza que nunca, con un diputado europeo, tres diputados en el Congreso, varios parlamentarios regionales y autonómicos y cien concejales a nivel estatal. Lo que tenemos que plantearnos ahora es cómo podemos dar un salto cualitativo más para conseguir llegar a esta gente que se considera ecologista, entre un 8% y un 10% en España, pero que no vota al partido ecologista. Tiene mucho que ver con la forma de entender y presentar la ecología como algo transversal que lo cambia todo: cambia las políticas económicas, las políticas de empleo, las sociales… Si somos capaces de transmitir la ecología como algo que va a ser el pilar del nuevo ciclo político, estoy seguro de que Equo no será ningún partido considerado pequeño, sino que será de primera línea.
Con Equo en el Congreso, ¿cuándo vamos a escuchar más voces ecologistas en el pleno?
Yo creo que ya están llegando. Ocurrió hace poco con las consultas con Felipe de Borbón. En las primeras celebradas en julio no estuvimos, pero en las segundas sí que hemos participado porque justamente hemos hecho esa reflexión de que se tiene que escuchar esa voz potente de la ecología política. Hemos dado un paso adelante importante y desde luego tenemos que pensar la ecología política como una fuerza que pueda hablar de igual a igual con el resto de socios de la confluencia.
Podemos h a ido moderando sus propuestas desde su nacimiento y finalmente apuesta por un reparto más equitativo de la riqueza, cambiar de modelo productivo… Pero siempre basándose en la idea de crecimiento económico, que entra en confrontación con los postulados ecologistas. ¿Cómo acomodan estos dos puntos de vista? ¿Existe ese debate?
Este es un debate entre algunos sectores de Podemos que apuestan por el crecimiento, otros que no lo hacen… Nosotros tenemos una visión muy clara: el crecimiento no es la solución, es un problema tanto a nivel social como ecológico. No compartimos con los compañeros de Unidos Podemos al 100% la matriz ideológica, lo cual es lógico porque si no seríamos el mismo partido, pero creo que hemos avanzado bastante. Y creo que la cuestión del crecimiento va a ser central en los próximos años porque Europa, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, se construye sobre el dogma del crecimiento, de la reconstrucción. El problema que tenemos ahora mismo, mas allá de cuestiones ideológicas, es que el crecimiento no va a volver, se ha terminado y tenemos que aprender a vivir sin él. El gran reto que tenemos como fuerzas progresistas transformadoras es ver qué tipo de políticas vamos a construir en la sociedad postcrecimiento. Si los partidos transformadores quieren aportar respuestas a la ciudadanía, tienen que tener respuestas en este marco. Creo que en ese sentido Equo y los verdes europeos vamos a aportar muchísimo.
Fuente: http://www.lamarea.com/2016/11/04/cambio-climatico-problema-tambien-una-oportunidad/
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El drama de los refugiados climáticos

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 Hace unos meses, la prensa se hacía eco de los primeros refugiados climáticos de EEUU. A primeros de año, medio centenar de vecinos de la pequeña isla de Jean Charles, en el sureste de Luisiana, recibían la noticia de que su hogar terminaría totalmente inundado por el impacto del la intervención del hombre en el entorno y el calentamiento global. Dentro de su adversidad, estos 50 habitantes tuvieron suerte: el Gobierno federal les ofreció 48 millones de dólares hasta 2022 para que se mudaran a tierra firme.

No sucede lo mismo en otros rincones del mundo. ¿Por qué? Sencillo, por la indiferencia del resto de la Comunidad Internacional que ni siquiera se ha molestado en articular una legislación que ampare a quien huya de los desastres naturales provocados por el cambio climático. Y no hablamos de pocos, dado que la propia ACNUR estima que en el próximo medio siglo entre entre 250 y 1.000 millones de personas se convertirán en refugiados climáticos o ‘climigrantes’.
Los pronósticos de este agencia de la ONU, desafortunadamente, no parecen ir mal encaminados, porque según el último informe presentado por la organización Action Aid, con la que colabora Alianza por la Solidaridad, más de 400 millones de personas han sufrido en el último año los efectos del El Niño. Unas cifras que ponen los pelos de punta, considerando que hace tan sólo dos años, el Internal Displacement Monitoring Center (IDMC), del Norwegian Refugee Council, estimaba el número de climigrantes en ‘tan sólo’ 19,3 millones de personas.

Entre las causas de este éxodo, no sólo se encuentran los desastres naturales como el reciente huracán Matthew, sino también el modo en que se acrecienta la inseguridad alimentaria en regiones de Centroamérica, Sudamérica, Sudeste asiático y en gran parte de África debido al aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera y las sequías de los últimos meses. Existen muchos ejemplos de ello, aunque no salten a los medios con la misma fuerza que la mudanza de los habitantes de la isla de Luisiana. Así, los expertos de la Alianza por la Solidaridad que trabajan sobre el terrono constantan cómo en Colombia las fuertes sequías han impedido el desarrollo de las cosechas de café, cacao y otros cultivos de los que también viven millones de personas en el país.

La lista de fenómenos similares en todo el mundo es interminable: el récord de temperaturas del Sahel africano ha retrasado la temporada de lluvias; la corta temporada de lluvias de Senegal ha afectado a los cultivos de arroz, maíz y mijo, precisamente en un país donde la subsistencia del 90% de la población depende de la agricultura y la ganadería… Incluso en lugares que no imaginamos porque están afectados por, por ejemplo, una guerra -donde se pone el foco-, como es el caso de Siria, que entre 2006 y 2011 ha padecido su peor sequía provocando un éxodo rural.

Se ha criticado mucho a Trump por sus burlas al cambio climático, por sus amenazas de romper con el acuerdo al que se llegó en la Cumbre del Clima de París de hace un año pero, ¿por qué no se incide también más en lo que Obama y el resto de los firmantes han hecho desde entonces? Aquella cumbre fue calificada de éxito porque los países que ratificaron el documento de la COP 21 se comprometieron a aportar 100.000 millones de dólares anuales (91.000 millones de euros) para el Fondo Verde. El destino de este Fondo, cuyo desembolso se prevía alcanzar para 2020, es los países de desarrollo, con el fin de que puedan prepararse y paliar los efectos del calentamiento global, un desembolso que se prevé alcanzar para 2020. Pues bien, de aquellos 91.000 millones de euros, únicamente se han aportado 9.100 millones de euros.

Estos días y hasta el próximo 18 de noviembre, se celebra la Cumbre del Clima COP 22 en Marrakech (Marruecos). De nuevo, se aparece ante nosotros una oportunidad de excepción para, no sólo atajar el problema de raíz con decisiones de limitar las emisiones que incrementan el calentamiento global, sino también con las medidas paliativas del daño ya causado, desde un compromiso real con la financiación con el Fondo Verde, al reforzamiento de la colaboración entre los organismos oficiales e instancias climáticas y del ámbito humanitario y, por supuesto, la acogida de los refugiados climáticos.

Fuente: http://blogs.publico.es/kaostica/2016/11/12/el-drama-de-los-refugiados-climaticos/

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Pesadilla ambiental bajo Trump


14.Nov.2016

La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha encendido todas las alertas ambientales dentro y fuera de ese país. Tanto sus posturas personales como las de sus más cercanos apoyos, anuncian retrocesos mayúsculos en las medidas para enfrentar el deterioro ambiental en su propio país como en el escenario internacional.La victoria de Trump fue en terremoto en varios asuntos, y entre ellos especialmente para las políticas ambientales. El multimillonario es conocido por sus posiciones en contra de la protección ambiental. Es un conocido "negacionista" - este el término que se usa para aquellos que creen que el cambio climático no existe o no está causado por el ser humano. Es sin duda un término negativo, ya que toda la ciencia contemporánea muestra que nuestras emisiones de gases invernadero están afectando el clima global, y que eso tiene consecuencias como el aumento de la temperatura promedio, el alza en el nivel de los océanos, o la proliferación de eventos climáticos extremos.
Trump, en cambio, no cree en nada de eso. Y su negacionismo no es una treta publicitaria para conseguir apoyos de votantes o de la corporaciones petroleras, sino que es una sincera muestra de sus manías e ignorancia. En un tuit del 6 de noviembre de 2012, Trump escribía que el "concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos para que las manufacturas de EE UU no fueran competitivas".


Tener un negacionista en la Casa Blanca es un desastre, tanto para la calidad del ambiente dentro de Estados Unidos, como para el resto del planeta, es lo que repiten científicos y destacados analistas. Recordemos que esa nación es el segundo más grande emisor de gases invernadero, de donde cualquier medida real para detener el calentamiento plantario debe contar con su concurso.
El equipo de Trump es tanto o más complicado por posturas anti-ambientales similares o aún más radicales. El presidente electo ya nombró a Myron Ebell para dirigir la Agencia de Protección Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés), la principal institución de control y regulación ambiental federal en ese país. Ebell es todavía más negacionista que Trump, y ha dicho, por ejemplo, que no debemos preocuparnos por el cambio climático. Ebell proviene del mundo corporativo, y ha sido un actor importante del muy conservador Instituto de la Competitividad Empresarial en ese país.
Se anuncia que la inefable Sarah Palin, una ultraconservadora, podría ser la secretaria del interior, y por lo tanto encargada de todo el sistema de áreas protegidas y parques nacionales. Palin fue gobernadora de Alaska, candidata a la vicepresidencia, y recordada por su estribillo "taladra, baby, taladra" apoyando a las petroleras.
El compromiso ambiental internacional más reciente para lidiar con el cambio climático, el Acuerdo de París, fue subscripto por el presidente Obama, junto a otras 108 naciones. No es la medida más efectiva ante el cambio climático a juicio de los científicos, pero es al menos una respuesta mínima para que las cosas no empeoren aún más rápido. Pero con Trump todo puede ser peor porque desde su equipo se anuncia que buscarán retirarse de ese acuerdo.
También se sabe que Trump detesta muchas de las medidas que aprobó Obama. Por ello, también apunta a eliminar, cambiar o convertir en inefectivo la regulación ambiental más importante de su antecesor, la ley marco de Energía Limpia. Esa era una norma ambiciosa que apostaba hacia energías más limpias y menos emisiones, y que necesitaba de apoyo federal constante en tanto fue demanda judicialmente por 28 estados y unas cien empresas. Muchos piensan que con Trump esa respaldo se perderá y toda esa ley podría caer.
Otro tanto se espera a los subsidios para energías limpias, mientras no sorprendería que, en cambio, se pasara a apoyar más el carbón. Esto sería otro mazazo para la biósfera, ya que usar ese mineral para generar energía es de los procesos más contaminantes que existen.
En la misma línea, todos los analistas dan por descontado más apoyos a las petroleras y a la explotación de hidrocarburos no convencionales por el método de la fractura hidraúlica (fracking). Varios de esos emprendimientos ya son objeto de muchas resistencias de comunidades ciudadanas, y entre ellas de varios grupos de nativos americanos. Aunque no muy visible en nuestros noticieros, ya está en marcha un duro conflicto, con refriegas, gases, y arrestos, que enfrenta a grupos indígenas contra el tendido de un oleoducto en Dakota del Norte. Con Trump ya se sabe que se impondrán aún más duramente ese tipo de obras.
Por si fuera poco, Trump también ha expresado su deseo de desmantelar la Agencia de Protección Ambienta (EPA, por sus siglas en ingles), la principal agencia regulatoria en cuestiones ambientales.
Similares temores se repiten a nivel internacional. El retiro de EE.UU. del Acuerdo de París seguramente empeorará el cambio climático, pero además desaparecería la presión que ejercía ese gobierno para que otros países se sumaran, y es probable que se recorte la ayuda financiera que brindaba. Ese escenario además permitiría que otros escépticos anti-ambientales ya no tengan tanta vergüenza en admitirlo, o bien que reduzcan sus medidas internas. Por eso se miara con temor que harían, por ejemplo, los gobiernos de China o India, otros dos grandes emisores de gases invernadero.
En el caso de Trump es sencillo burlarse de sus posturas ambientales tan primitivas. Pero también hay que reconocer que ideas similares se repiten en América Latina, e incluso en Uruguay. Por ejemplo, recuerdo que en el primer gobierno Vázquez, el viceministro del ambiente de aquel entonces en más de un encuentro dejó en claro que no creía mucho en la determinante responsabilidad humana del recalentamiento global. Tampoco olvidamos a un director de DINAMA, bajo el gobierno Batlle, que hasta publicó un libro son sus posturas entre escépticas y negacionistas. Y son recordadas las dos amenazas del gobierno de J. Mujica por sacar a la Dirección de Medio Ambiente (DINAMA) del Ministerio del Ambiente.
Por todo esto hay mucha preocupación sobre el estado ambiental de planeta. En 2016 se volverá a romper el record en el alza de la temperatura media del planeta, y mientras tanto se repiten los eventos climáticos extremos, desde nuestros ciclones a la peor sequía que sufre California en el último milenio. La elección de Trump como presidente hace que sea todavía más difícil poder promover buenas políticas ambientales.


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domingo, 13 de noviembre de 2016

“Gran Chaco”, una mirada sobre un genocidio sin armas


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Por Andrea Florencia Leal


La película, que fue premiada en varios festivales, incluyendo una mención especial al mejor documental nacional en el 16° Festival Internacional de Derechos Humanos, se subió a su página oficial el pasado 12 de octubre en una especie de reestreno especial, como una forma de abordar los conflictos que atraviesan los pueblos originarios en la actualidad.
El Gran Chaco Americano es una región de más de 600 mil kilómetros cuadrados que incluye partes del norte de Argentina, Bolivia, Paraguay y el sur de Brasil. Se trata de un vasto ecosistema en el que conviven numerosos grupos étnicos como los Wichí, Qom y comunidades guaraníes. La agroindustria se instaló a gran escala en busca de sacar provecho de la rápida expansión de la demanda mundial de soja. Lucas Van Esso decidió plasmar esta realidad silenciada por los negociados en su documental “Gran Chaco”, que revela la relación de los pueblos originarios con la naturaleza y los problemas causados por la deforestación debido al avance de la frontera agrícola. ¿Cuál es la situación de los pueblos originarios de esta región? ¿Hay preservación del ecosistema natural? ¿Cuál es el conflicto social ambiental que se desencadena, además, devastando a la cultura?


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La corteza de un árbol en un bosque seco. Una mujer wichi produciendo artesanías de palo santo o quebracho. Familias recolectando miel. Enormes topadoras arrasando el bosque. Silencio. Son escenas que encadenadas podrían remitir a aquella idea del cine ruso de 1920 sobre el montaje de atracciones en el cual se desarrollan mecanismos para producir choques emotivos en el espectador en un orden adecuado, de manera tal que se pueda hacer perceptible una conclusión final.
Pero en “Gran Chaco” no hay simbolismos sino imágenes de gran calidad fotográfica que retratan con simpleza y naturalidad el día a día de las comunidades originarias que habitan la segunda región boscosa más grande del continente luego del Amazonas, principalmente la comunidad wichí “El Traslado”. No hay estímulos de acción emotiva y psicológica específicamente planificados, sino que se exponen de una manera cruda los lazos que los pueblos originarios establecen con ese patrimonio natural que posee una diversidad particular y constituye un escenario diferente para la actividad productiva. Se podría pensar que tampoco hay una intervención alevosa del director en la puesta en escena que transforme cada elemento de la película en algo afín a un discurso porque pareciera que la problemática se evidencia sola en cada plano y no hace falta agregar más nada: el reemplazo de la vegetación originaria por la vegetación adaptada, en este caso los cultivos, persiste y se agudiza constituyéndose como una amenaza para la flora y fauna de la región y también para aquellos habitantes de ese ecosistema, quienes precisan de esa biodiversidad particular para llevar adelante esas formas de vida olvidadas por la cultura occidental.
Sin embargo, hay algo en común con el montaje de atracciones y es que se genera una idea que engloba cada imagen y testimonio, una propuesta, la de cuestionar el concepto de desarrollo. A partir de ahí, se abren diversos interrogantes que surgen a lo largo de poco más de una hora en la producción independiente dirigida por Lucas Van Esso: ¿El Gran Chaco está condenado a elegir entre miseria o monocultivo? ¿Pueden emplearse otras alternativas para la producción que no impliquen una alteración de ese ecosistema y que integren a los pueblos originarios? ¿Es el monocultivo un condicionamiento a un sistema de explotación y dominación que tiene como rehenes a las comunidades indígenas?
“Gran Chaco” cuenta también con testimonios de los actores afectados por la problemática del desmonte y de profesionales e investigadores inmersos en el área. La mayoría remite a la información dura en relación a los impactos en la naturaleza y los efectos adversos en los componentes del suelo, como así también la falta de un monitoreo preciso para la aplicación de la Ley de preservación de bosques nativos y la complicidad entre las grandes compañías y los gobiernos provinciales.
La película, que fue premiada en varios festivales, incluyendo una mención especial al mejor documental nacional en el 16° Festival Internacional de Derechos Humanos, se subió a su página oficial el pasado 12 de octubre en una especie de reestreno especial, como una forma de abordar los conflictos que atraviesan los pueblos originarios en la actualidad.
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_¿Cómo fue la experiencia de haber realizado el documental principalmente a partir de haber pasado tiempo con las comunidades que habitan esa región?
_La idea de hacer “Gran Chaco” surgió en un viaje que hice cuando estaba haciendo una pasantía en la Facultad de Agronomía. Yo estudiaba Diseño de imagen y sonido en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), y en esa pasantía me pidieron si podía ir a cubrir una serie de capacitaciones sobre el uso del GPS para delimitar tierras y para ver cómo estaba la situación en diferentes zonas. Eramos un grupo de estudiantes de ciencias ambientales y agrónomos. Cuando llegamos allá, nos dividimos en tres grupos: algunos fueron a zonas donde el desmonte ya había ocurrido, otros fueron donde estaba ocurriendo y a mí me tocó ir a la parte donde no había habido desmonte. Eso me permitió conocer algo de lo que no tenía ni idea y establecer contacto con comunidades originarias con dialectos propios a las que les costaba comunicarse con nosotros. Cuando me enteré de todo eso y vi cómo venía la mano, sentía que con los días que había estado ahí y con las tomas que tenía, el material que había filmado me quedaba muy corto y toda esa temática merecía algo más elaborado, más serio. Me generó un cambio que en principio provocó toda esa iniciativa y todas las decisiones que tomaba en mi vida iban empujando a que la película se hiciera. Después el hecho de pasar tiempo allá, ya de por sí tiene un cambio pequeño que es bajar las revoluciones adecuándose a sus modos de vida. No fue llegar, poner las cámaras y filmar sino que llevó todo un tiempo para conocer y generar un vínculo con las personas con las cuales iba a desarrollar lo que me proponía filmar, que en este caso terminó siendo la comunidad de El Traslado. Me pareció más interesante mostrar las cosas que están en juego, que se pueden perder más que las que ya se han perdido en un montón de lugares ante el avance del desmonte. Si bien se muestran desmontes en la película, yo quería valorizar lo que todavía está.
Al principio cuando volví estaba a destiempo con la ciudad, fue raro. Fueron tres viajes de aproximadamente 15 días, nunca pudimos estar mucho tiempo allá. Porque además fue una película independiente y los fondos estaban limitados.
_¿Cómo fue el proceso de selección de los entrevistados, desde los testimonios de las distintas comunidades hasta los profesionales en el tema?
_En el caso de las comunidades, algunas organizaciones no gubernamentales que están trabajando con ellos en el campo y ayudándolos con el reclamo de sus tierras, a que consigan los DNI, conseguir alimentos y ropa, nos fueron guiando. Cuando fuimos estableciendo los vínculos y planteando lo que buscábamos, en el proceso de rodaje o de pre-producción recibimos mucho entusiasmo y aprobación de estas personas para que el proyecto se realice y ellas nos condujeron hacia “El Traslado”. Después también hablamos con gente del Parque Nacional Aguaragüe en Bolivia que nos presentó algunos testimonios que están sobre el final.
La parte académica, menos el caso de Pérez Esquivel y Emiliano Ezcurra, que integra el Banco de bosques,  está conformada por egresados de la Facultad de agronomía que son top ten en el mundo en lo que están opinando y en ese sentido el productor de la película, que forma parte de la Facultad, los conocía y confiaba en lo que podían aportar.
_Hay un miembro de la comunidad wichí cuyo testimonio plantea una preocupación acerca del futuro de la juventud. ¿Cómo viste a los niños y jóvenes que se encuentran en el Gran Chaco?
_Los vi siendo eje de dos culturas muy fuertes, porque por un lado tienen todo esto que son, sus tierras y sus costumbres, pero tampoco pueden estar aislados de lo que ocurre porque, indefectiblemente, tienen encuentros y se mezclan. Los vi complicados en el sentido de que tienen que asistir a las escuelas donde, en muchos casos, no hay profesores bilingües. Esta situación los aleja un poco de todo lo que es su cultura. En general, las escuelas rurales, al no tener toda la atención que deberían tener, se vienen un poco a menos. Por eso, creo que lo principal sería un marco educativo serio. Yo he conocido docentes rurales a los que hay que hacerles un monumento por las condiciones en las que hacen su trabajo y, claramente, está en ellos cómo quieren trabajar y qué energía le quieren poner. Hubo docentes que nos ayudaron, sobre todo dos chicas, que nos dieron una mano después de una tormenta que destruyó nuestro campamento y nos quedamos sin electricidad. Entonces, nos abrieron la puerta de la escuela, dormimos ahí, nos hicieron comida y si no hubiera sido por ellas, gran parte de lo que está en la película no podía haber sido filmado. Todas las mañanas veíamos el trabajo que hacían con los chicos antes de irnos a filmar: recibirlos, que desayunen, enseñar en un contexto donde no hay tanto orden sino que los chicos están en diferentes edades y aulas. Yo los veo complicados en el sentido de que no está muy claro ni determinado como debería ser la educación en estos casos.
Después, está el tema del trabajo también, es decir, si se van a tener que ir a buscar trabajos a otros lados, si lo encontrarán o no, es toda una incertidumbre donde también se empieza a cuestionar la posibilidad de vivir en armonía con el monte porque me parece que se les generan inquietudes a los chicos que ya no las van a poder resolver permaneciendo ahí.
_¿Notaste una disyuntiva entre habitantes nativos que plantean “es nuestra supervivencia o su producción” y quienes creen que no se trata de polarizar sino que es posible integrarse a ese proceso de alguna manera alternativa?
_En general, las comunidades que yo conocí estarían siempre dispuestas a producir un desarrollo en conjunto que sea alternativo y todas estas quieren evitar que destruyan sus tierras. Ellos tienen sus pertenencias ahí, sus cementerios, sus ancestros. Es como que vengan acá y empiecen a destruir y arrasar todos los edificios, las iglesias, las universidades. No conozco casos en los que las comunidades estén de acuerdo en que eso suceda como si ellos pudieran recibir alguna ganancia de desmontar, producir y demás sino que apuntan a alternativas que son bastante interesantes y que se sabe que existen.
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_¿Qué opinás con respecto a la idea que desarrolla el Decano de la Facultad de Agronomía en el documental acerca de que hay una demonización de la producción de la soja?
_Entiendo que no es lo mismo estar produciendo soja en Buenos Aires que estar produciendo soja en el Gran Chaco. No es lo mismo producir soja todo el tiempo que hacer rotación de cultivos. Pero eso está más relacionado a lo que es el tema de protección de suelos y no tanto a lo que es el ser humano. El problema que veo es pasar de lo que es un bosque a un monocultivo, porque para eso hay que destruir todo el monte y plantar, después podés hacer lo que quieras, pero ya pasaste por encima de un ecosistema. A mí no me interesan cuáles son los pormenores de la demonización de un productor sojero, sino detenerme en la posibilidad de producir en las zonas del país que ameritan uno u otro tipo de producción. En el norte se pueden hacer un montón de cosas que están buenas y que funcionan porque dejan el bosque en pie: sistemas silvopastoriles en los que en vez de pasar dos topadoras con cadenas durante un mes, se pasa una mucho más pequeña, se van pelando los estratos más inferiores y a partir de ahí se planta pastizal, pero los árboles de gran porte se conservan. Ahí podés hacer ganadería, por ejemplo. Más interesante aun me parece hacer turismo rural, la caza, la recolección de miel, la producción de maderas certificadas, artesanías, tratar de impulsar un marketing o algo para que todo eso se difunda y se venda y las comunidades estarían dispuestas a formar parte de ese proceso.
_¿En qué cuestiones te focalizaste para abordar de una manera distinta un concepto tan cuestionado desde hace años como el del desarrollo o progreso?
_Ese es el fin subyacente de la película, adónde apuntamos con lo que denominamos progreso. Creo que en los últimos años ha habido un avance muy fuerte de otra concepción de la producción. Cuando éramos chicos, nuestros padres o abuelos no conocían mucho o escuchaban muchas veces la palabra sustentabilidad o producciones orgánicas y no se replanteaban cómo era su alimentación. Me parece que eso está cambiando de a poco y que hay que aprovechar ese contexto para traer de nuevo esa pregunta a la mesa: cómo queremos desarrollarnos, hacia dónde apuntamos como sociedad, las decisiones que tomamos personalmente, y cuáles tomamos como profesionales. Mi punto de vista está en la película y claramente no pienso que el desarrollo sea destruir algo en pos de sacarle un rendimiento económico superlativo, sino dejar esa ambición de lado. No del todo porque sigue siendo el sustento de vida principal para muchas personas, pero no aspirar a tener el sueño americano de poseer todo, sino apuntar a estar en armonía con uno y con el contexto social.
_¿Cuál es el balance que hacés de la Ley de ordenamiento territorial de los bosques nativos sancionada en el 2007 y que, contemplada en la Ley Nacional de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los bosques, apuntaba a fortalecer su conservación?
_Significó un avance, pero debería ser revisada, debería ser subvencionada para que pueda ser regularizada. Si bien dicen que no se puede desmontar acá o allá, tampoco hay un control para corroborar las violaciones. De a poco sí, pero varias personas con las que hablé me comentaron que hay casos en donde solo hay disponibles dos o tres camionetas para verificar esto en un territorio inmenso, por lo tanto no hay un control riguroso. Por otro lado, la ley especifica que los bosques que se encuentran en la categoría de color rojo, no deben transformarse; los de categoría amarilla son bosques de mediano valor de conservación y la verde, son bosques que pueden transformarse parcialmente. Y la realidad es que hay lobby para modificar los colores: las mismas grandes compañías presionan o tienen acuerdos con los gobiernos provinciales para pasar a otras categorías aquellas regiones pintadas de rojo y poder desmontar.
Mientras desarrollaba la investigación para hacer la película supe que dinero que estaba destinado para hacer funcionar esa ley, fue derivado para sostener el programa de Fútbol Para Todos, entonces ahí ya te das cuenta cuáles son las prioridades de las personas que elegimos para que nos representen y cómo dejamos que siga pasando.
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_La película interpela a productores, consumidores, habitantes nativos del bosque y gobernantes. ¿De qué manera trataste de que el tema no quede en la mera indignación del espectador?
_Hay dos cuestiones ahí: la película en sí era mi manera de haberme enterado que sucedía eso y poder plasmarlo. Me excede un poco el control del efecto que pudo haber tenido en el público, no hice trabajo de campo y sé que hay otras personas que decidieron encarar profesiones y disciplinas que realmente pueden generar cambios significativos. Yo no estudié ciencias políticas ni ocupo ningún cargo, pero cuando hice esta película me di cuenta de qué tipo de discurso me interesaba construir teniendo en cuenta cada una de estas cosas, porque si yo hubiera hecho mucho hincapié en las posibles salidas que tiene el conflicto me parecía que plantear una resolución era contraproducente. A mí me interesaba que se generaran sentimientos encontrados, que se generara una incomodidad en el espectador y se comprometieran en hacer algo al respecto. La idea es que el documental te dé una noción nueva de la situación que por ahí desconocías y no te quedes en la butaca con la idea de que todo está resuelto, sino que te vayas de la sala pensando qué podés hacer para modificar eso.
Además, se trata de establecer una alerta. No porque esté pasando en el Gran Chaco, no te va a afectar. Es nuestra cultura, son nuestros territorios y se generan cambios climáticos: inundaciones como la de Entre Ríos a principio de año que fue causada por los desmontes. Todo ese cauce que de agua que hizo estragos se originó ahí y fue un exceso porque no hubo arboles que lo devolvieran a la atmósfera.
_¿Hay otras problemáticas en la zona que te hayan inquietado y generado la posibilidad de hacer otro documental similar?
_Estoy llevando adelante una nueva película, pero en este caso es en Salta. A través de los rodajes de “Gran Chaco”, nos fuimos enterando que una de las problemáticas en la zona era el acceso al agua. No tienen redes cloacales y usan letrina, tienen que hacer pozos y esos pozos tienen valores superiores a los que pueden afrontar. Hay un grupo que a través de diferentes donaciones de ONG’s van consiguiendo materiales de a poco y  hacen pozos y una vez que los hacen, hay que ver cuántos metros tienen que profundizar para sacar el agua dulce y hay que poner una bomba y un filtro para neutralizar. Si bien surgió a raíz de “Gran Chaco”, no podría decir que es una continuidad o una segunda parte, pero tiene que ver. El enfoque es diferente, en este caso la idea es no hacer entrevistas a académicos sino que la voz la tengan únicamente las comunidades originarias. De hecho todos los testimonios que tenemos por ahora están en wichi y tengo que encontrar un buen traductor porque en el caso de “Gran chaco” era una parte mínima la que había que traducir.
_¿Se generaron aportes interesantes en las proyecciones y los debates posteriores?
_Siempre me dio la sensación de que la película estaba cumpliendo con lo que me había propuesto. En varios momentos, los notás que están inquietos, se mueven en las butacas, están incómodos, exclaman su descontento cuando ven el avance de las topadoras y luego hay una intención de discutir. Cada espectador siempre tiene un punto de vista distinto y una propuesta para intentar solucionar las cosas y una minoría que cree que ciertas cuestiones deben mantenerse así. Está bueno que la gente no quiera levantarse e irse sino quedarse para realizar su aporte y eso significó una satisfacción.
Haber hecho la película es un poco “derrocar a Roca”. En un momento de mucha introspección, no podía pensar en otra cosa que no sea la película, dormía poco y me acostaba recordando eso que vi y llegué a pensar que esto que está ocurriendo era un genocidio sin fusiles, están exterminando comunidades originarias en el norte como ya ha ocurrido en otras épocas, en este caso arrasando con sus tierras, su cultura y modificando sus costumbres a partir de la eliminación de una biodiversidad con la que ellos han vivido siempre.

Por Andrea Florencia Leal
Imágenes: Gran Chaco – La Película (granchacolapelicula.com.ar)



derrocandoaroca.com/2016/11/02/gran-chaco-una-mirada-sobre-un-genocidio-sin-armas/



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sábado, 12 de noviembre de 2016

La industria del petróleo tiene un gran problema


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El petróleo se acaba

Ecowatch

Traducción del inglés por Carlos Riba García

El último viernes de octubre [el 28-O] pasó algo importante que merece algo más que unas pocas líneas en un diario. Cuando faltan pocos días para que acabe la carrera presidencial en las elecciones más decisivas de la historia de Estados Unidos es fácil entender por qué las noticias se han ocupado tan poco de la cuestión en lugar de contarles a todos que algo cataclísmico había sucedido ese viernes.

La empresa petrolera más grande del sector, Exxon, anunció que iba atener que recortar las reservas probadas e informadas en algo menos de un quinto: el 19 por ciento.
Esta sería la mayor revisión de las reservas en la historia de la industria del crudo. Aun así, es otra señal de la gran industria petrolera tiene un gran problema.
Durante años se venía advirtiendo de que el modelo de negocio del petróleo tenía una falla fundamental, y no solo estaba poniendo en riesgo el clima del planeta sino también millones de dólares de los accionistas.

Durante años, los críticos de esta industria avisaron de que la industria del petróleo estaba haciendo caso omiso de los riesgos relacionados con el cambio climático y solo se cuidaba de perforar costara lo que costase.
Pero los hombres del petróleo hicieron lo que acostumbran hacer: extraer crudo y gas sin que importaran las consecuencias.
Y la peor de todas las empresas petrolíferas ha sido Exxon, que durante décadas ha negado el cambio climático y el impacto que este cambio tendrá en su propio negocio. Durante años y años podría haber invertido sabiamente en energías renovables pero prefirió continuar buscando más petróleo y gas, incluyendo el petróleo no convencional. Los críticos advirtieron de que esto era una verdadera locura, pero los hombres del petróleo continuaron perforando.

La industria de petróleo está acostumbrada a hacer las cosas a su manera.

Las advertencias han continuado, pero los chicos de Exxon no las escuchan, Oil Change International, 350.org, Carbon Tracker y muchos otros grupos que integran el movimiento #keepintheground (mantenerlo bajo tierra) llevan varios años insistiendo en que gran parte de las reservas de petróleo deben permanecer allí donde están, bajo tierra, sin ser explotadas. Estos grupos advierten de que las reservas de combustibles fósiles se convertirán en “activos perdidos”.
Es frecuente que Exxon haga caso omiso de estas advertencias y las considere irrelevantes y propias de hippies que calzan sandalias y comen lentejas, y que quieren que la humanidad regrese a la edad de piedra.
Y continúa perforando. Y desprecia el hecho de que cualquiera de sus activos pueda llegar a perderse.
Pero entonces, en diciembre del pasado año, llegó el acuerdo de París sobre el cambio climático. “Con el acuerdo de París ratificado (...) ninguna empresa tiene tanto para perder como Exxon”, escribió el Chicago Tribune en una estupenda nota publicada el 28 de octubre con el título de “Exxon en la tierra de nadie”.

El Chicago Tribune continuaba: “Durante años, las grandes empresas petroleras han estado haciendo muy grandes inversiones sobre la base de un modelo de negocio aparentemente sencillo: encontrar al menos tanto petróleo nuevo como el que se extrae y se vende, asentar ese crudo en el rubro ‘ventas futuras’ de los libros y reinvertir en la búsqueda de nuevas reservas. Eso tiene sentido mientras suba el precio del petróleo, pero deja presas a las empresas en un círculo vicioso de reaprovisionamiento que las obliga a conseguir yacimientos de crudo cada vez más extremos y onerosos, como los del Ártico y los que están debajo del fondo marino”.
Y agregaba: “La extracción de petróleo barato se ha parado en seco, y la amenaza de la acción climática plantea interrogantes fundamentales respecto a si alguna vez volverá a ser viable”.
La cuestión de la viabilidad en el largo plazo también ha sido planteada por numerosas organizaciones en los últimos 18 meses. El año pasado, la guardiana de la energía –la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), sostuvo que si pretendemos mantener el cambio climático dentro de los límites acordados en París, no deberían quemarse dos tercios de las reservas conocidas de petróleo.
Pero Exxon continúa perforando.
El año pasado, el banco de inversión Citigroup publicó un informe en el que advertía de que la puesta en marcha de políticas para contener el cambio climático podía hacer que buena parte de las reservas de petróleo de varias compañías perdiesen su valor, lo que conduciría a la pérdidas de millones de millones de dólares.
Pero Exxon desoyó las advertencias.

En mayo de este año, por medio de un informe titulado La muerte del antiguo modelo de negocio, Chatham House, de Londres, avisó a las mayores empresas petroleras del mundo de que “Se enfrentaban con la opción de elegir entre un deterioro moderado [del negocio] mediante la reducción de tamaño y el rápido derrumbe en el caso de tratar de seguir de la forma acostumbrada.

Algo importante: la mayor parte de las reservas descartadas por Exxon –unos 3.600 millones de barriles– corresponden al proyecto de las sucias arenas bituminosas de Kearl, Canadá. Esta reducción constituye más del 75 por ciento de las reservas de Exxon. La explotación de arenas bituminosas no solo implica un intenso gasto de energía; además es muy cara.
En un mundo en el que, además de la caída del precio del crudo, se está obligado a reducir la producción de gases de efecto invernadero, las arenas bituminosas son un activo perdido.
“La cuestión de las arenas bituminosas es un punto crítico”, sostiene Andrew Logan, director del programa ‘petróleo y gas’ de la organización de inversiones éticas Ceres. “¿Por qué invertiría en estos momentos miles de millones de dólares cualquier firma inversionista en un nuevo proyecto basado en las arenas bituminosas cuando se tiene la certeza de que en poco tiempo más el mundo dejará de utilizar los combustibles fósiles y llevará décadas recuperar el dinero invertido en ese proyecto?”.
Ciertamente, los días anteriores al anuncio hecho del viernes 28 de octubre, CNN Money señalaba en un artículo justamente el gran problema en que se encontraba el gigante del petróleo. “Las reservas de Exxon se han reducido en un 17 por ciento del pico que había registrado en 2014 en coincidencia con la fuerte caída del precio del crudo. Los beneficios de la gigantesca corporación petrolera han descendido al nivel de hace 17 años, y la que una vez fue una perfecta clasificación crediticia AAA hoy se ha evaporado.”

La nota citaba a Tom Sancillo, ex subinterventor del estado de Nueva York y en estos momentos director de finanzas del Instituto de Economía y Análisis Financiero en el sector de la Energía (IEEFA, por sus siglas en inglés), que decía que Exxon estaba viviendo una “decadencia irreversible”.
El anuncio hecho el viernes 28-O es una evidencia más de que estamos siendo testigos del comienzo del final de la era del petróleo.
Exxon, el gran dinosaurio del dióxido de carbono, se está muriendo de muerte lenta ante nuestros propios ojos.

Fuente: http://www.ecowatch.com/big-oil-exxon-big-trouble-2072533181.html?utm_source=EcoWatch+List&utm_campaign=bdc8cb7070-MailChimp+Email+Blast&utm_medium=email&utm_term=0_49c7d43dc9-bdc8cb7070-86077257

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El desafío de la ecología social en el siglo XXI

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El precio de la mediocridad capitalista es tan alto, como los billetes de la tragedia ambiental que enfrentamos en el siglo XXI. Las cucarachas latinoamericanas que se vienen comiendo los recursos naturales del planeta Tierra, son capaces de ensuciar las promesas ecológicas de todos los soñadores en peligro de extinción.

Vemos que el año de la misericordia en el continente de la esperanza, hizo prosperar el astuto llanto de la sangrienta irracionalidad, que siempre fomenta la venganza en contra de la grandiosa Pachamama, porque es muchísimo más fácil ganar la violencia de los enemigos imaginarios, que sembrar la paz de una amistad consagrada en el cielo terrenal.

Dicen que el tiempo es una enfermedad en estado terminal, que se roba la luz espiritual de la materia humana. Cuando te topas cara a cara con los ojos de la muerte, puedes caminar o correr para ahuyentar la voluntad del destino, pero después de cansarte y caerte por las piedras de tus propias mentiras, sabrás que la verdad es un sacrificio imposible de quebrar con los dientes.
Somos capaces de morir por dinero, pero somos incapaces de vivir con la sonrisa de los ángeles. Permitimos que los demonios fecundados por la globalización, viertan todas sus montañas de basura en el crepúsculo de nuestra alma. Estamos causándole mucho daño a gente inocente, y cuando los ojos decidan llorar con la amargura de las bombas lacrimógenas, ya no habrá colirio que humedezca las cicatrices de tanto fuego fosilizado, y los cadáveres ambulantes se convertirán en tus fantasmas de conciencia.

Vivimos en tiempos de amenazas, de disturbios y de chantajes. Todos quieren apoderarse de nuestro intelecto, de nuestras debilidades, y de nuestras habilidades. La meta de los delincuentes es poder comprarte, venderte, maldecirte, enmudecerte o canjearte.
Difícilmente seremos empáticos con la realidad de la Madre Tierra, si cada oferta cultural te ofrece al dios de los dioses, junto al credo milagroso y a su majestuosa pócima perfecta, que te hará sentir tan supersticioso, tan desprotegido y tan indefenso, que realmente te transformarán en un ciervo inútil para desempeñar el trabajo ambientalista.

Es como no asistir un domingo a la santa misa. Dicen que es un pecado tan mortal, que se paga con las cenizas del infierno. Por miedo a incumplir las reglas de los mandamientos, asistiremos con gran temor y por simple obligación a la cita dominical.
Pero cuando entramos al sagrado templo de la oración divina, nos encontramos a una sagrada feligresía que adora su nuevo Iphone, que adora su nuevo Galaxy, que adora su nuevo seguidor de Facebook, que adora el nuevo mensaje de WhatsApp, que adora la sensualidad del sexy sacerdote, que adora arrodillarse con zapatos Nike, que adora cantar reguetón en Itunes, y que adora la omnipresencia de todas las redes Wi-Fi.

No hay duda que todos caímos en la trampa. Los verdaderos muertos de hambre, se siguen muriendo de hambre en las mismas calles, mientras nosotros jugamos con la vida de los muertos, en cuatro gigantescas paredes de absurda religiosidad. Al final de la eclesiástica liturgia dominical, te sientes tan vacío por dentro y tan seco por fuera, que solo puedes mirar el cielo despejado, alzar el par de brazos y gritarles amén.
Recuerda que somos afortunados por tener un padre y una madre, que garantizan la existencia de todas las especies vivas en la Tierra. Hay muchísimos planetas huérfanos en el Universo, que no tuvieron la suerte de conocer y amar a sus progenitores, pero nosotros siempre hemos tenido el abrazo incondicional y el cálido beso, que solamente el calipso del sol y la mejilla de la luna pueden regalarle a su prole.

Los astros saben que a veces se gana y a veces se aprende. Tienen la sabiduría de los árboles y de las estrellas. Ellos no pierden el sentido místico de la vida, pero saben que la Humanidad no aprendió la primera lección de piano, porque la violencia fue una invención repudiable de los Seres Humanos, para justificar toda su violencia en las guerras, en las pesadillas y en los genocidios.

Nuestros padres galácticos nunca nos dan la espalda, sin importar que sus hijos sean muy malagradecidos. Respetan la personalidad de todos sus hijos, pero también reprenden y castigan la falta de respeto.
Sin golpes en la retaguardia, sin insultos de saliva, y sin flechas en el pecho. Simplemente nos enseñan el milagro fortuito de la vida, y esperan que podamos reconocer y diferenciar la tormenta del tormento.
Por desgracia, los padres también cometen sus propios errores, confiando ciegamente en los talentos de sus hijos. Con el paso de los días y sus noches, las energías de los padres se van menguando y eclipsando, para que los hijos tengan la oportunidad de volar fuera del nido, y caigan con prisa en el abismo de la inexperiencia solar y lunar.
Los astros también se enferman, se quejan y sufren el dolor. Pero nuestros padres no conocen la medicina tradicional, que se aplica en los tradicionales hospitales de la Tierra. Si tienes plata, te tratarán como el rey de los reyes. Si no tienes plata, te tratarán como el miércoles de la semana.
Por eso el sol y la luna se desesperan con sus hijos, porque no entienden la raíz cuadrada de sus matemáticas, y porque no entienden la figura retórica de su castellano.

Cuando nuestros padres finalmente cierren los ojos y fallezcan, se acabarán todos los males y todos los malos que cohabitan en la Tierra. La simulación cerebral exterminará la voz de la santísima Trinidad, acabará con la maldita traición de la Tauromaquia, arruinará el cosquilleo malsano de la Envidia, aniquilará los gemidos de las prostitutas de Hollywood, y terminará con el sufrimiento de los niños de África.

Sin embargo, creemos que un segundo de vida es suficiente tiempo a favor, para cambiar el chip de la mentalidad pasiva en la ciudadanía, y generar la acción conservacionista en los jóvenes, adultos y ancianos, porque nadie nace con cinco ceños colgando en la frente, porque nada es eterno durante los vientos de abril, y porque nadie es monedita de oro en los bolsillos ajenos.
Por eso es importantísimo reorientar el norte ambiental de la Madre Tierra, masificando el compromiso social y el activismo ecológico, por todos los espacios geográficos que perciben la flora y la fauna universal.
A continuación, vamos a enriquecernos con estrategias ambientales latinoamericanas, que vienen cultivando frutos de progreso a lo largo y ancho del orbe.
En Perú, conocimos el proyecto “Los Amigalitos” que utiliza telas recicladas de fibra de alpaca, para diseñar y confeccionar juguetes que despiertan el ingenio y la creatividad de los niños, quienes aparte de divertirse sanamente jugando con los muñecos sustentables, también se retroalimentan con la naturaleza del bien común.
En México, la asociación civil “Cerrando el Ciclo” promueve la recolección de todas las botellas de vidrio, que con frecuencia son tiradas a la calle por los consumidores irresponsables. Pero en el pueblo azteca de Nezahualcóyotl, los residuos urbanos son reciclados y canjeados por alimentos para las familias de escasos recursos, son utilizados como materia prima para la fabricación de objetos decorativos, y son una posibilidad de reinserción laboral para las madres solteras.
En Cuba, la higiene ambiental se edifica con el proyecto “Acualina”, que viene realizando charlas educativas y tareas de saneamiento en la hermosa costa de La Habana, con la participación activa de niños y jóvenes que aprenden el valor ecológico, y ayudan a mantener limpios los espacios marinos, recogiendo las bolsas de nylon, las latas de cervezas, los envoltorios de golosinas y demás desperdicios ordinarios, que asfixian a los peces caribeños y polucionan el sentir revolucionario.

En Venezuela, el arte y el reciclaje se unieron en la plaza Bolívar del estado Mérida, donde los neumáticos usados y las piezas metálicas de automóviles, se convirtieron en impresionantes figuras de animales que plasmaban la estampa del gorila, del escorpión, del flamingo, del toro y hasta del prehistórico dinosaurio, simbolizando el esfuerzo y la innovación de transformar más de 4.500 kilos de basura, en una expresión artística que genera inspiración para la ciudadanía venezolana.

En Colombia, se apuesta por la seguridad vial y el resguardo ambiental del “Programa de Conducción Eficiente”, buscando que las escuelas automovilísticas en Cali y los conductores del transporte público y privado, reciban clases pedagógicas y material didáctico sobre la responsabilidad ambiental, tan necesaria para evitar que la contaminación sónica del tráfico, que las emisiones de gases tóxicos para la salud humana, y que la exagerada quema de combustibles fósiles, sigan envenenando el aire y lesionando a las escandalosas metrópolis.

En Paraguay, se enfatiza la soberanía agroalimentaria con el programa “Sustentagro”, que pretende lograr el crecimiento endógeno de las comunidades rurales, con el desarrollo de una agricultura de bajo impacto ambiental, que no perjudique los suelos fértiles que yacen en los departamentos de San Pedro, Canindeyú, Caaguazú y Alto Paraná, donde los campesinos se vuelven dueños del porvenir de sus tierras.

En Bolivia, se realizó el concurso de dibujo infantil llamado “Mi árbol y Yo”, para que los jovencitos bolivianos descubrieran las bondades biológicas de los árboles, y se volvieran empáticos con su preservación y con la siembra voluntaria. Más de 550 coloridos dibujos fueron pintados por los muchachos, que usaron sus manitas inocentes para reflexionar sobre el más orgánico de los regalos, que los protegerá de las garras del Bullying en la etapa de pubertad.
En Argentina, se promueve la solidaridad ciudadana con el proyecto “La Sachetera”, que recolecta y recicla los envases de plástico flexibles de la leche o del yogurt, para fabricar grandes lonas impermeables que están llenas de altruismo, con el objetivo de donarlas a las familias que viven en condiciones precarias, y lograr que más individuos puedan revestir la esperanza y bloquear la indiferencia.
En Chile, se fecundó la semilla del proyecto “20 mil lengas para el Paine”, que reunió a estudiantes de más de 50 centros educativos chilenos, quienes participaron con alegría en el plan de reforestación del Parque Nacional Torres del Paine, que ha sido víctima de múltiples incendios forestales en sus protegidas hectáreas, llegando a poner en peligro los tesoros naturales de la reserva de biosfera chilena.
En Uruguay, los afortunados niños que viven en la localidad de Jaureguiberry, siguen sorprendidos por la construcción de la primera escuela 100% sustentable de la nación uruguaya, que aprovechó la infinita basura acumulada por el vicio capitalista moderno, para generar una infraestructura educativa con paneles solares, con huerto escolar y con talleres de composta, que logran reforzar la misión de las 3Rs (Reducir, Reutilizar y Reciclar).

En Ecuador, se construyó una Escuela-Granja ubicada en la zona periférica de Quito, para educar y alegrar la vida de los niños con cáncer, que por la enfermedad deben sobrevivir prisioneros en los hospitales ecuatorianos. Endulzar el trago amargo que sufren los pequeños pacientes, en un ambiente de relajación y de contacto directo con la naturaleza, permite que los niños y sus familiares puedan olvidarse del gran distrés, causado por el terrible entorno urbano que acrecienta la depresión y la negatividad.

En Brasil, el proyecto “Plantando y Aprendiendo” desarrollado en la región carioca de Piracicaba, ayuda a que los jóvenes en situación de riesgo tengan una segunda oportunidad en la vida, apoyándose en el cuidado holístico que merecen los recursos del Medio Ambiente. Dentro de la Casa do Bom Menino, los niños y adolescentes disponen de un refugio que invita a practicar la eficiencia energética, el ahorro del agua potable, la gestión integral de los desechos sólidos, y el cultivo de alimentos sin fertilizantes químicos.

Queda claro que otro mundo es posible de alcanzar, si los latinoamericanos unimos esfuerzos para regenerar el cáliz del planeta Tierra. El camino es oscuro, ingrato y salvaje, pero basta con la intención y el interés de forjar cambios positivos, para que la ecología social empiece a fluir en los corazones más fríos, y recorramos la senda pasional del conservacionismo.
Una verdadera cultura ambiental debe estar descafeinada, despolitizada y descentralizada. La participación popular del pueblo verde y silvestre, es fundamental para que los ecosistemas en la Reserva de Biosfera Maya, en el Parque Internacional La Amistad y en Bosawás, puedan recuperar el equilibrio natural y no sigan siendo destruidos, por la droga de codicia que encoleriza a los pobres soldados uniformados.
La pelea es peleando en la gruta de la batalla pacifista, donde todos podemos contribuir con la preservación de la vida planetaria, y evolucionar como la Humanidad que no tiene miedo de humanizarse.

El romance de la silueta del amor se refleja en los océanos, en los bosques y en las auroras boreales, que no secuestran con egoísmo los misterios de la creación mundial. Y el romance del amor también se refracta en la silueta de los volcanes, de los huracanes y de los terremotos, que son trece gotas de arrepentimiento en el ocaso del luto solar y lunar.
Mientras exista una paloma con su olivo, un oso panda con su bambú, y una luciérnaga con su brillo, pues las balas ensangrentadas en los peligrosos confines del Mundo, NO podrán asesinar el espíritu de lucha que hoy escribimos con valentía, y no podrán quemar las ilusiones de vivir ese bonito futuro, que ayer soñábamos con la alegría genuina de la infancia.

Blog del autor: http://ekologia.com.ve/


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La UNR clausuró la oficina del docente que reveló el daño que ocasiona Monsanto



Argentinatoday


Tras su declaración en el Tribunal Monsanto, el médico argentino Damián Verzeñassi es víctima de la clausura con cadenas de la oficina donde se archivan 96.800 historias clínicas de vecinos de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires, quienes padecen enfermedades que antes de la instalación de Monsanto y Bayer no existían.
El mes pasado se realizó en La Haya, Países Bajos, el primer Tribunal Internacional Monsanto (TIM), en el cual el médico argentinoDamián Verzeñassi, subsecretario académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), expuso los resultados de trabajos epidemiológicos realizados en 4 provincias de nuestro país que revelan problemas de salud que no existían antes de la instalación de Monsanto (1996).
La semana pasada fue clausurada con cadenas la oficina donde se archivan 96.800 historias clínicas de vecinos de 27 regiones de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires que se encuentran en el medio del área de producción de eventos transgénicos dependientes de venenos de Monsanto Bayer.
Durante este fin de semana Verzeñassi declaró a medios de Rosario que “el decano Ricardo Nidd inició una persecución ideológica y académica contra el equipo de docentes, graduados y alumnos que sostenemos las materias Salud Socioambiental y Práctica Final, reconocidos espacios que acompañan a pueblos y familias víctimas del modelo agropecuario dominante, con transgénicos y agroquímicos“.
El equipo de docentes coordinado por Verzeñassi desarrolla desde hace seis años campamentos sanitarios que relevan la situación sanitaria de pueblos y ciudades, donde cientos de estudiantes se instalan para censar a la población. Estos 27 campamentos son una prueba académica-científica sobre las consecuencias del modelo agropecuario.
Desde hace algunos meses el equipo de Salud Socioambiental y Práctica Final viene sufriendo presiones por parte del decano, Ricardo Nidd. “La escalada tuvo su pico la semana pasada, cuando echó de su cargo de Secretario de Extensión Universitaria de la facultad, al profesor adjunto de la Práctica Final, Gastón Palacios, quien días antes había difundido en medios de comunicación resultados de los campamentos sanitarios. Y también hizo lo mismo con la Subsecretaría de Bienestar estudiantil, a la co-responsable de la materia Salud Socioambiental, desde donde se garantiza la inclusión de estos temas en la currícula médica, Giovana Bonisoli”, reveló Verzeñassi.
Según indicó Página 12 de Rosario, el decano Nidd habría mantenido reuniones con sectores vinculados al gobierno de Rosario y les habría ofrecido la coordinación de la materia Práctica Final y con ello de los campamentos sanitarios, por lo que temen que el próximo paso del decano sea echar a más docentes o que no renueve sus designaciones a fin de año, para así desmantelar el Instituto de Salud Socioambiental y los campamentos sanitarios.

En un comunicado, el equipo de Salud Socioambiental y Práctica Final se expresó así:
“Los docentes, graduados y estudiantes no tenemos dudas sobre el rol de la universidad pública: estar al servicio del pueblo, libre de presiones del poder político y/o de las corporaciones. Lamentablemente, esta manera de defender la universidad pública, de construir datos epidemiológicos desde y con las comunidades, de difundir los resultados que son propiedad de la gente y de nadie mas, ha puesto en crisis muchos intereses empresarios y políticos. Y las presiones han recrudecido en los últimos meses. Somos testigos de autoridades provinciales que se incomodan con nuestro trabajo y sugieren que lo ideal para la Facultad es que silenciemos los resultados de los campamentos sanitarios. Lo mismo han hecho representantes de la agroindustria. Y funcionales han sido actores internos de la política universitaria, que se dicen “revolucionarios” y actúan con las entidades patronales del agronegocios.
Se nos acusa de hacer públicos los resultados de los campamentos. Se nos acusa de viajar (aun cuando lo hacemos en nuestro período de licencia ordinaria) con el objetivo de difundir la situación sanitaria de nuestros territorios en otros países. Se nos acusa de ser coherentes con los principios de la Reforma Universitaria.”

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