martes, 11 de enero de 2011

La "ética verde" está diseñada para reemplazar al judeocristianismo, según la Iglesia Católica de MadalBo Bolivia, el jueves, 14 de octubre de 2010 a las 0:02


La Nueva Era” es el alma del ecologismo más radical explica un teólogo de la RIES


La "ética verde" promovida por el movimiento ecologista más "radical", cuyo eje es la "re sacralización de la naturaleza", tendrá serias consecuencias éticas y políticas porque está diseñada para reemplazar al judeocristianismo, alertaron teólogos y sacerdotes católicos en un simposio celebrado la semana pasada en la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA).



El Simposio Interdisciplinar “Ecología y ecoética”, organizado por el Instituto de Estudios Europeos y Derechos Humanos de ese centro académico de la Conferencia Episcopal Española, acogió a destacados ponentes que abordaron la crisis ecológica actual desde las ciencias naturales, la filosofía, el derecho y la Doctrina Social de la Iglesia.

Luis Santamaría del Río, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) y licenciado en Teología por la UPSA, se refirió al componente ecológico de las nuevas espiritualidades en su exposición titulada “El hombre ante Gaia. La re-sacralización de la naturaleza en la Nueva Era”.

“Un reciente ejemplo vulgarizado y popularizado de esta corriente que impregna muchos productos culturales podemos encontrarlo en la célebre película Avatar, de James Cameron (2010)”, explicó Santamaría.

Desarrollada como un relato de ficción, presenta un planeta llamado Pandora, que sufre el acoso de los humanos para hacerse con un mineral muy costoso. Los “na’vi”, habitantes del planeta, tienen una creencia específica: hay un árbol sagrado que emite “espíritus muy puros”, y la divinidad es llamada Eywa, “su deidad, su diosa, formada por todos los seres vivos, por todos los conocimientos”.

Cuenta con una intérprete, una especie de chamán o líder espiritual. Se habla de un flujo de energía que lo penetra todo, y esto determina la cosmovisión de los nativos de Pandora, que cuando se conectan a los árboles de las almas llegan a oír las voces de sus ancestros, que “están vivos dentro de Eywa”.


Corrientes sustentadoras

Santamaría afirmó que “lo ecológico ocupa un lugar fundamental en la Nueva Era. De hecho, el movimiento ecologista actual le debe mucho a esta corriente espiritual, que ha actuado y sigue ejerciendo en muchas ocasiones como ‘alma’ del ecologismo, sobre todo del más radical”. Y se refirió a las tres corrientes fundamentales que sostienen la consideración ecológica de la Nueva Era: la ecología profunda, la ecología transpersonal y el neopaganismo.

En cuanto a la ecología profunda (“deep ecology”), citó al experto Manuel Guerra, también miembro de la RIES, que afirma en su Diccionario enciclopédico de las sectas que para esta corriente “la naturaleza es la manifestación de la Energía cósmica en permanente fluir o devenir, vivificadora de todo, también del hombre”.

Analizando al pensador noruego Arne Naess, principal teórico de la ecología profunda, Santamaría señaló que “defendía un biocentrismo radical, en el que el ser humano comparte el mismo valor con los demás seres vivos, y por tanto no tiene derecho a erigirse en un ser superior que somete los otros seres y los ecosistemas para sus necesidades vitales. Formamos parte de un todo orgánico, de una totalidad de vida, y la autorrealización del hombre no incluye al yo solitario, sino que abarca, en sucesivos círculos, a toda la realidad cósmica”.

La segunda corriente sustentadora, la ecología traspersonal, tiene como principal portavoz a Warwick Fox, quien “llama a superar el antropocentrismo que ha determinado la historia del pensamiento occidental para pasar al ecocentrismo, y defiende una identificación del hombre con su entorno natural”.

En cuanto al neopaganismo, Luis Santamaría constató “un aumento de los practicantes de estos cultos sobre todo en Occidente, causados por un lado por el fenómeno ambiguo y entreverado de la secularización y el retorno de lo sagrado, y por otro, por el interés en las cuestiones medioambientales”.

De hecho, “los movimientos constituidos en torno a estas recuperaciones o reinvenciones espirituales realizan ritos de adoración de los astros o de unión con la naturaleza. En Iberoamérica, algunos grupos neoindigenistas cuentan con apoyos institucionales que tienden a una marginación del cristianismo, recuperando las raíces culturales previas a la colonización europea con la veneración de la Pachamama”.


Reducción antropológica

Tras el análisis de estas corrientes eco-espirituales, el ponente planteó la cuestión central de su comunicación: “La defensa del medio ambiente que hace la Nueva Era, ¿entra en conflicto con el ser humano? ¿Qué antropología subyace a esta corriente espiritual?”.

Y enseguida respondió: “comprobamos que se da una seria reducción antropológica, ya que se ensalza la naturaleza y se sacraliza, en una cosmovisión holística en la que el hombre se disuelve al ser una chispa de la gran energía universal, de la conciencia cósmica, del Todo, en una suerte de nuevo agnosticismo”.

Santamaría afirmó que “asumiendo totalmente los postulados de la ecología profunda, de la ecología transpersonal y del neopaganismo, en la Nueva Era se pone a la persona al mismo nivel que los demás seres, sin reconocer en ella diferencia cualitativa alguna”. Y citó el documento del Vaticano sobre esta nueva espiritualidad, que ya indica que “ha tenido un enorme éxito la generalización de la ecología como fascinación por la naturaleza y resacralización de la tierra, la Madre Tierra o Gaia, gracias al celo misionero característico de los ‘verdes’”.

También se refirió al contraste entre la Nueva Era y la cosmovisión judeocristiana: la re-sacralización de la naturaleza “constituye un retroceso a posturas anteriores a la revelación bíblica, y que ésta superó en lo que supuso una revolución humanista y antropocéntrica en la historia del pensamiento humano desde el punto de vista de la religión, introduciendo la categoría de creación, y estableciendo la alteridad, por un lado, de la divinidad (Creador) y el cosmos (lo creado), y por otro lado, del ser humano con un statu quo específico ante el resto de la naturaleza”.


Consecuencias éticas y políticas

Según Luis Santamaría, “las propuestas éticas de la Nueva Era deben mucho a la concepción re-sacralizada de la naturaleza, al acabar con todo resto de antropocentrismo y humanismo. Una pretendida mayor tolerancia y apertura a lo sagrado y un mayor respeto al medio ambiente –frente al presunto carácter antiecológico de lo judeocristiano– llevará consigo una reducción peligrosa del valor del ser humano , que pasa a ser una parte más de la realidad unitaria, sin superioridad ontológica alguna”.

Por eso, “los efectos morales e incluso políticos de esta cosmovisión no son muy difíciles de deducir”. Y fue aquí cuando el miembro de la RIES citó un artículo reciente del cardenal George Pell, que afirmaba lo siguiente: “En 1996 el líder verde Bob Brown escribió un librito, Los Verdes, en colaboración con el conocido filósofo Peter Singer, que rechaza el status único de los seres humanos y apoya el infanticidio, así como el aborto y la eutanasia. Sostienen que los humanos son simplemente otros animales inferiores, por lo que hombres y animales están en los mismos niveles o similares, dependiendo de su nivel de conciencia. Esta ética verde está diseñada para reemplazar al judeocristianismo”.

Según el ponente, “para los defensores de la Nueva Era, el hombre tiene igual valor que la naturaleza, y sólo podríamos hablar de diferencias cuantitativas (de conciencia) y no cualitativas. Todo irá mejor si los seres humanos nos adaptamos a la maternidad de la tierra, obedeciendo las leyes naturales”.

Aquí, se plantea una serie de problemas: “Si la solución para los problemas del mundo es volver a un estado de vida más natural, hay que replantearse el progreso científico y tecnológico, su validez y legitimidad. Por otra parte, queda la cuestión irresoluble de las catástrofes naturales. Los defensores de la ecología profunda y de la Nueva Era argüirán que son consecuencia de la nefasta acción del hombre sobre el medio ambiente, pero esto no se sostiene racionalmente en muchos casos. Queda el temor a una naturaleza divinizada que reacciona cruelmente a la vida del hombre sobre la tierra”.
* Fuente Secretaría RIES.
madalbo@gmail.com

Conferencia de los Pueblos: ¿quién se oculta tras las ONG? de MadalBo Bolivia, el miércoles, 13 de octubre de 2010 a las 19:02


La Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático de Cochabamba, que se celebró del 19 al 23 de abril, quería ser una alternativa a la Cumbre de Copenhague. ¿Se la puede considerar verdaderamente una alternativa? Por una parte sí. Entre otras cosas en ella se han denunciado los peligros de un mercado de carbono y el carácter destructor del sistema capitalista y, de paso, las guerras y la responsabilidad de las empresas privadas en la contaminación.

También se han propuesto soluciones diferentes a las de Copenhague y más igualitarias. Pero estas soluciones no sólo se basan en un dudoso consenso avalado por unas entidades que sacan partido del escenario apocalíptico del Grupo de Expertos Intergubernamental sobre la Evolución del Clima (GIEC), sino que también son soluciones que, una vez más, tienen como fuente de ingresos los contribuyentes. Los contribuyentes del mundo entero, estén donde estén.

 Llegados a este punto conviene indicar que la mayoría de las grandes ONG que participan en este tipo de cumbre y pretenden representar la disidencia y ser la voz de los sin voz están financiadas y/o dirigidas en gran parte por aquellos mismos a quienes critican, teniendo cuidado de no nombrarlos.

La Fundación Hermanos Rockefeller Brothers financia Greenpeace, Amigos de la Tierra, la Fundación David Suzuki, el Sierra Club, la Fundación World Wild Life así como a muchas otras ONG [5]. En la lista de las subvenciones de la Fundación Familia Rockefeller [6] y de Rockefeller Philanthropy Advisors [7] volvemos a encontrar, con algunas excepciones, las mismas ONG. También la Fundación Rockefeller [8] financia a Greenpeace y al WWF. Ahora bien, se sabe que la familia Rockefeller debe en gran parte su fortuna a la industria del petróleo, a saber, a la “difunta” Standard Oil. Desmantelada a principios del siglo XX, esta empresa está en el origen de una treintena de compañías petroleras, de las que la familia sigue siendo dueña en parte.



Además, este clan riquísimo es omnipresente en la escena política, económica y financiera, y forma parte de las más poderosas organizaciones internacionales, entre otras en Consejo de Relaciones Exteriores, el Grupo Bilderberg, el Foro Económico Mundial y la Comisión Trilateral, “una de las maquinarias más cruciales de la globalización” [9], fundado por David Rockefeller, patriarca de la familia. “¿Cómo contribuyó la Comisión Trilateral a su objetivo de crear un nuevo orden mundial o un nuevo orden económico internacional? Situaron a sus propios miembros a la cabeza de las instituciones mundiales relativas al comercio, a los bancos y a la política extranjera” (The August Review) [10].



Por citar sólo un ejemplo, todos los presidentes del Banco Mundial menos uno fueron miembros de la Comisión Trilateral. Cuando los arquitectos del nuevo orden económico mundial financian a unas organizaciones que dicen combatir este sistema, es razonable dudar de las intenciones reales de dichas organizaciones. Descendientes de John D. Rockefeller propusieron recientemente que la compañía Exxon Mobil, de la que ellos son en parte dueños, “se tome en serio la amenaza del calentamiento global” [11]. Viendo la cantidad de grupos medioambientales que financian, no hace falta preguntarse por qué preconizan este enfoque. Está claro que esta financiación sirve a unos intereses económicos y que no se trata de pura filantropía.


En efecto, en 2009 el Sunday Times publicaba una lista de los cien “barones ecologistas” [12] más ricos. Además de Warren Buffett, Bill Gates y los fundadores de Google, del que es consejero Gore, encontramos a la familia Rockefeller. Y al fundador de CNN, Ted Turner. Su fundación, la Fundación Turner [13], fue entre 1996 y 2001 el principal donante de Greenpeace [14]. En la lista de los grupos activistas que han recibido financiación de esta fundación se encuentran los mismos nombres que figuran en la lista de las fundaciones de los Rockefeller: Sierra Club, Fundación David Suzuki, Amigos de la Tierra, WWF y otros figuran también en la lista de los patrocinadores del acontecimiento de Cochabamba, entre ellos Rainforest Action Network, Global Exchange, etc. ¿Quién puede estar mejor situado que un antiguo magnate de la prensa para controlar un mensaje?


Aún hay más. La Fundación Ford [15] también financia a WWF, Rainforest Alliance Friends of the Earth, etc. Extraño, ¿no? ¿No resulta extraño que los grupos que se dicen disidentes, progresistas o poco importa qué calificativo que suene de izquierda estén todos o casi todos financiados por las potencias contra las que pretenden luchar? Esto se parece extrañamente a los primeros días de la Reserva Federal de Estados Unidos, época en la que los Rockefeller, entre otros, luchaban por una banca privada, batalla muy poco popular. Los partidarios de una banca privada central crearon una oposición para hacer pasar una propuesta parecida, pero más aceptable porque daba la impresión de oponerse al proyecto original. “Sé cercano a tus amigos y aún más a tus enemigos” se decía en El arte de la guerra.
Todo lo que precede es un ejemplo elocuente de esta filosofía. Se ha creado una oposición con el objetivo de hacer aceptar una realidad muy probablemente inventada y que eclipsa los problemas reales, entre otros, el de la guerra y de la destrucción que ella causa. La guerra que como lo expresó muy bien el general de división de la marina Smedley Butler en War is a Racket [La guerra es un chanchullo], en el fondo sólo es la expresión de rivalidades económicas.



Por una parte, hace falta ser ingenuo para pensar que estas ONG vayan a morder la mano que las alimenta. Cuando evitan cualquier debate sobre el cambio climático afirmando que quienes no se adhieren al consenso están pagados por las petroleras, sólo se trata de un intento de distracción que no tienen validez alguna, puesto que de manera indirecta ellas también están financiadas por estas mismas industrias.
Por otra parte, también hay que dar prueba de ingenuidad para pensar que los intereses de los grupos medioambientales no están en la base de los intereses financieros. Esto no significa que todos los miembros de estos grupos busquen beneficios potenciales. Muchas personas implicadas en estas organizaciones son profundamente desinteresadas, creen realmente obrar por el bien de la humanidad y no se dan cuenta de que quienes las financian están motivados casi siempre por el afán de lucro.
Por último, no hay que olvidar que la eugenesia está en la base del medioambientalismo. Por citar sólo un ejemplo, el WWF fue fundado por Sir Julian Huxley, un notorio eugenista, y el príncipe Felipe de Gran Bretaña. El primer presidente del WWF y fundador del Grupo Bilderberg, el príncipe Bernard de Holanda, tenía afiliaciones nazis. Como se sabe, nazismo y eugenesia corren parejos.



Ahora bien, Betsy Hartmann, directora del Programa de Población y Desarrollo del Hampshire College de Amherst, explica que, contrariamente a la creencia popular, la eugenesia no desapareció con las atrocidades nazis. En realidad, “la dimensión demográfica apenas ha desaparecido” [16]. Un ejemplo flagrante de ello es el programa de “estabilización de la población” de Gore. Todo está en la formulación: ¿existe alguna diferencia entre despoblación y estabilización de la población? Las palabras son diferentes pero el concepto sigue siendo el mismo.
A la luz de lo anterior, conviene preguntarse sobre las intenciones reales de quienes dicen querer protegernos de la catástrofe anunciada. Es indudable que todas estas relaciones con la industria petrolera, los bancos y los medios de comunicación no son fortuitas. No menos que todos estos nombres que reaparecen constantemente en lugares clave. Sin duda se trata de una propaganda orquestada en todos los frentes. En resumen, desconfiemos de aquellos con quienes llega el escándalo.


madalbo@gmail.com

Venerando el fuego venenoso de MadalBo Bolivia, el miércoles, 06 de octubre de 2010 a las 21:38

¿Por qué el “Héroe de la Madre Tierra” arriesga la permanente contaminación su país?

David Montoute

Cuando los indígenas de Déline entraban a las minas del noroeste de Canadá en los años ´50, tenían poca idea de su contribución al secreto programa de armamento nuclear de EEUU. Mientras los mineros portaban sacos de uranio, el gobierno estadounidense se deshacía de los desechos de la extracción vertiéndolos al Gran Lago del Oso. A los trabajadores nadie les informó sobre la naturaleza del uranio, los riesgos que corrían, ni sobre cómo protegerse.


Hoy, el pintoresco y alejado pueblo de Déline es conocido como "el pueblo de las viudas". La epidemia de cáncer que siguió a la minería dejó una generación de jóvenes sin padres o abuelos, y sin indemnización alguna de parte de las autoridades.Es una de las muchas tragedias acontecidas en territorios indígenas desde que empezó la edad nuclear. 50 años después, la Nación Navajo de Arizona auspició la Cumbre Indígena Mundial sobre el Uranio. Los Navajo, parientes de los indígenas de Déline, aprobaron una moratoria en la exploración, enriquecimiento y procesamiento de uranio en su territorio, así como su utilización en armas atómicas. “El uranio mata” precisaron, y aunque la moratoria abarca la cuarta parte del uranio de EEUU, fue vista como la medida más lógica. Igual de “lógica” (pero desde una óptica muy distinta) ha sido la respuesta de las grandes potencias: el desenfrenado reimpulso de la industria nuclear a lo largo y ancho del mundo. (1)

Hoy en día, China, Francia, EEUU, Rusia, Japón y Corea compiten entre sí para dominar la exportación de tecnología nuclear, e indirectamente fomentan una nueva carrera armamentística. Dado que el Consejo de Seguridad de la ONU está conformado por los mayores exportadores de armas en el mundo, nada tiene esto de sorprendente, pues las declaraciones piadosas y el actuar sociopático van de la mano en el escenario internacional. Pero cuando se trata de un gobierno autodenominado "socialista", "indigenista", y hasta "ecologista", ¿no deberíamos esperar un ejemplo diferente? Por increíble que parezca, el gobierno de Evo Morales busca reactivar la minería de uranio en Bolivia, y estudia la construcción de una central nuclear con colaboración rusa. Con la desfachatez que le caracteriza, el gobierno reservó el primer día de la "Cumbre Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra" para hacer su anuncio.(2) Y a pesar del rechazo a esta tecnología por parte de los ponentes, el anuncio del vicepresidente pasó sin comentarios.

En el debate sobre la tecnología nuclear, los anti-imperialistas suelen señalar el “soberano derecho del estado a la energía nuclear con fines pacíficos” –sin interferencia alguna por parte de las potencias extranjeras. Una perspectiva ecologista, sin embargo, es consciente de que ninguna tecnología es “neutra”: cada una lleva su lógica inherente ya que todas han sido desarrolladas según intereses específicos. Aceptar determinada tecnología nos obliga a aceptar su lógica y los procesos que la facilitan.

La minería de uranio es la base de la producción de la energía nuclear, y buena parte de este uranio es extraída en países económicamente débiles, como Bolivia. Después de extraerse los depósitos del mineral, se aplastan, se muelen y se bañan en ácido sulfúrico para luego ser empaquetados como “torta amarilla” o concentrado de uranio. Para conseguir una tonelada de torta amarilla se generan cientos de toneladas de residuos radiactivos. Es un proceso intrínsicamente destructivo que contamina el aire, el agua, la fauna y los seres humanos y no existe forma ambientalmente sostenible de tratar los residuos. Donde se depositan los desechos se corre un alto riesgo de contaminar afluentes de agua, tierra y aire. A diferencia del carbono de los combustibles fósiles, el uranio no forma parte de ningún ciclo natural de la biosfera. El simple contacto con sus residuos (altamente radiactivos durante miles de años) o con material expuesto a su radiación puede generar daños genéticos y enfermedades degenerativas mortales.

¿Qué significa esto en el caso de Bolivia y en las minas de Potosí donde se propone extraer uranio? Según los grupos ecológicos locales, la gestión ambiental en Potosí esta carente de recursos y débil frente a las instancias nacionales. Peor, estas últimas hacen poco para asegurar que las empresas multinacionales cumplan con la normativas ambientales en la minería. Sin referencia a la propuesta de minar uranio, los activistas denuncian que:

“Los diques que acumulan los residuos de los ingenios son importantes fuentes de aguas ácidas y tienen su efecto sobre las aguas superficiales y subterráneas, que a su vez ocasionan el deterioro de los suelos. A eso se suma el transporte, la trituración primaria, la molienda, y en general el manipuleo de minerales que produce grandes cantidades de polvo contaminado que alcanza importantes distancias.” (3)

Aplicando este estándar de control a la extracción de uranio, las consecuencias serían letales. Como por ejemplo, que la vegetación absorba óxidos de uranio disueltos en agua que fácilmente podrían incorporarse a la cadena alimentaria.

El mito de la industria nuclear "civil" y la catástrofe del uranio empobrecido

La concepción según la cual la tecnología es una mera herramienta nos invita a distinguir entre las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear y las bélicas. Pero la industria nuclear "civil" es impensable sin su hermana militar. Desde el reprocesamiento de los desechos militares en plantas civiles hasta el uso del uranio empobrecido en los armamentos de los ejércitos occidentales, las dos industrias tienen, en la práctica, una mutua dependencia. Lógico entonces que todo país que ha conseguido armas nucleares en los últimos 30 años lo haya hecho bajo la socapa de un programa “civil” y "pacífico".A pesar de sus refutaciones, es difícil creer que el Irán de hoy sea una excepción, pues al conseguir armas nucleares el estado islámico lograría una paridad estratégica con su rival, Israel.(4) Ciertos antisionistas aplauden esta idea, afirmando (correctamente) que las armas nucleares han demostrado ser el mejor disuasivo contra un ataque militar de las potencias imperialistas. Pero incluso si ignoramos el ejemplo de Pakistán, en posesión de armas nucleares y todavía sufriendo bombardeos estadounidenses, el entrar en esta lógica disuasiva nos somete a un juego de suma cero. Irrespecto de la inmoralidad de la doctrina de la mutua destrucción, la actividad cotidiana de la industria nuclear está desencadenando un desastre a cámara lenta para toda la humanidad.

La explosión de Chernóbil en 1986 hoy vuelve a sentirse como nunca. 24 años después del peor accidente nuclear de la historia, Ucrania y Rusia se encuentran consumidos por incendios forestales. Al aerosolizarse 3.900 hectáreas de tierras contaminadas, Europa ahora experimenta el equivalente a cuatro explosiones de Hiroshima simultáneas.(5) Para escapar a la humareda tóxica, los colegiales en los alrededores de Moscú han sido evacuados a gran escala, y varias embajadas foráneas han seguido su ejemplo. Pero ¿a dónde huir? Con la aerosolización de los metales radiactivos, la contaminación se generaliza. En la semanas inmediatamente posteriores a la invasión a Irak en 2003, una enorme nube radiactiva pasó por el Reino Unido, un hecho sólo atribuible al uso de las municiones de uranio empobrecido.(6) Los promotores de la industria nuclear afirman que las mejoras en la tecnología nos prevén contra nuevos accidentes del tipo Chernóbil. Pero incluso en el tecnológicamente “avanzado” país de Inglaterra, se constatan concentraciones de leucemia infantil diez veces mayor que la media nacional en los alrededores de la central de Sellafield. En las inmediaciones más cercanas de esta central, los niveles de contaminación son superiores a los de la zona de exclusión del mismo Chernóbil. Casos como estos demuestran que, independiente del nivel tecnológico del país, ninguna planta puede ser totalmente segura a la larga, porque requiere de tal cantidad de normas, procedimientos y verificaciones constantes que el mínimo descuido, error, o desgaste puede provocar fugas de radioactividad.

¿Cómo contemplar, entonces, la construcción de una central atómica en un territorio tectónicamente inestable como Irán?

El activista Reza Fiyouzat llama nuestra atención acerca de las grandes y activas líneas de falla sobre las que se ubica Irán. Ha mostrado cifras de los grandes terremotos recientes en ese país, incluyendo él de Bam en 2003, de magnitud 6.5 en la escala de Richter y dejando un saldo de 26,000 muertos, el de la provincial de Qazvin en 2002, de magnitud 6 con más de 500 muertos, y el del norte del país en 1997, de magnitud 7.1 con 1,500 muertos. Fiyouzat afirma que el índice de mortalidad en cado uno de estos casos se agravó por el pésimo estándar de control de construcción en su país. Debido al afán de evitar los mayores costos de seguridad y la cultura de la coima que esto engendra, ni se acatan los pobres controles que sí existen. “Se justifica entonces que nos preguntemos por los códigos de construcción implementados en la construcción de la central nuclear de Bushehr.…Los que insisten en que la búsqueda de la energía nuclear sea un derecho automático, tal como hace el régimen islámico en Irán, también deben asumir las responsabilidades de ello y rendir cuentas por cualquier consecuencia negativa en el manejo de los materiales nucleares.” (7) Fiyouzat termina recordándonos, sin embargo, que el régimen dictatorial de Tehran, no rinde cuentas a nadie.

Veamos la otra cara de esta moneda en el vecino país de Irak.

El enriquecimiento industrial del uranio produce gran cantidad de residuos denominados “uranio empobrecido” (DU). En los años ´70, el descubrimiento de las propiedades pirofóricas (inflamables) de este metal llevó a que el ejército estadounidense lo incorporase a su arsenal bélico. Como anillo al dedo, el gobierno estadounidense cedía el material gratis a la industria militar, así liberándose del costo de su almacenaje seguro. Al impactarse los proyectiles revestidos de DU, el metal arde y se oxida, volatilizándose en micropartículas altamente tóxicas. Estas luego se acumulan en los nódulos linfáticos, el cerebro, los testículos y otros órganos. Dada la afinidad del uranio con el fósforo de nuestras células, las partículas inhaladas provocan daños y mutaciones en el ADN, la muerte celular y el cáncer. Empezando con la primera Guerra del Golfo en 1991, el ejército estadounidense empleó estas armas en una serie de guerras. Los efectos biológicos no se hicieron esperar, y a finales de los años ´90 empezaban a registrarse epidemias de cáncer y malformaciones congénitas en los niños iraquíes. Para agravar una contaminación ya generalizada, en 2004 la ciudad de Faluya fue sometida a masivos bombardeos estadounidense s en un intento de erradicar la resistencia armada asentada allí. En el asalto, que destruyó un 60% de los edificios de la ciudad, se empleó una vez más las armas de uranio empobrecido.

En enero de este año, el Profesor Chris Busby, Secretario Científico del Comité Europeo sobre Riesgos Radioactivos, viajó a Faluya para investigar los efectos sobre la población civil. Sus hallazgos, emitidos primero por el canal Al-Jazeera, son espantosos:
El índice de leucemia infantil en Faluya es 40 veces mayor que en 2004 y 38 veces más alto que en la vecina Jordania.

La tasa de cáncer linfático y cáncer de mama es 10 veces superior a la de 2004.

La tasa de mortalidad infantil en la ciudad es de 80 niños de cada mil nacidos, en comparación con Kuwait, donde se da la cifra de 9 de cada mil y en Egipto 19 de cada mil.

Ha estallado una epidemia de malformaciones genéticas desde 2004, con bebés nacidos sin ojos, con dos y tres cabezas o sin orificios, sin genitales, sin extremidades, y otros nacidos con tumores malignos en el cerebro y en los ojos.
El Profesor Busby concluyó que la situación de Faluya es “terrorífica y horrenda”, incluso peor que la de Hiroshima tras el bombardeo atómico allí. (8)

Dependencia tecnológica y la bomba de tiempo de los desechos

Hasta la fecha, los promotores de la “industrialización” de Bolivia han querido impulsarla con el recrudecimiento de la economía extractivista. Cómo esta economía facilitaría la industrialización no queda claro. El uranio, así como los combustibles fósiles,es un recurso finito y al actual ritmo de consumo, las reservas mundiales durarían unas 5 décadas más. Si la renta de los hidrocarburos sirve de ejemplo, lejos de industrializar el país, los ingresos del uranio solo mantendrán la “bonocracia clientelar”, aquel prebendalismo tan dependiente de los inestables precios del mercado internacional.

En cuanto a la construcción de una central nuclear, las instituciones de Bolivia, como las de muchos de los países que ahora han apostado por la energía nuclear, sufren grandes niveles de corrupción e incompetencia. ¿Podrán manejar una tecnología tan peligrosa? La investigación y desarrollo técnico de la industria nuclear civil requiere de fuertes inversiones por parte del Estado. Lejos de las grandiosas promesas de antaño de una energía “tan barata que no valdría la pena medirla”, se trata en realidad de una industria que no sobreviviría en un auténtico mercado libre sin masivas subvenciones estatales. En los países desarrollados, la economía del conocimiento impulsa una continua intensificación tecnológica, un proceso liderado por la industria militar. Y el afán de este sector de procurar ingentes cantidades de energía, procedan de donde procedan y cuesten lo que cuesten, es el verdadero sostén de la industria nuclear. Le permite superar costos de construcción y mantenimiento de las plantas que de otra manera serían prohibitivos. Dadas las altísimas inversiones iniciales que requieren las plantas nucleares, las empresas involucradas suelen pedir marcos regulatorios que garanticen la recuperación de esas inversiones, una admisión implícita de la escasa competitividad de su industria.

En Bolivia, tanta inversión de parte del Estado no hubiera sido factible anteriormente. Si lo es hoy, es debido al nuevo bloque energético conformado por Rusia, Venezuela e Irán. Este nuevo eje busca marginar al dólar y rivalizar con las potencias occidentales. Con el anuncio de la colaboración iraní en la extracción de uranio en Venezuela, se puso de manifiesto el verdadero telón de fondo de su ruptura venezolana con Israel. Y dada la necesidad de uranio que tiene la recién estrenada central de Bushehr en Irán, no se trata precisamente de una ayuda altruista. Por su parte, Rusia, el más poderoso integrante de la alianza, ha anunciado su deseo de convertir a Bolivia en la punta de lanza de sus políticas económicas en América Latina. El canto de sirena de una planta nuclear pretende endulzar la iniciativa, pero cuando un país débil recurre a la tecnología de una potencia, siempre se fomentan patrones de dependencia en el país receptor. Las grandes potencias así ejercen un “poder suave” sobre sus clientes, un poder mucho mas difícil de desalojar que el de las típicas empresas extractivas. La entrada a estas alianzas es dulce, con sus convenios para la construcción de hospitales, plantas lecheras, o la explotación de litio en el Salar de Uyuni. Pero ¿que sucede si Bolivia decide después abandonar la energía nuclear? No será fácil.

El desmantelamiento de una planta nuclear no es como destruir una vieja fábrica, requiere de muchísimas acciones técnicas y administrativas para su progresiva descontaminación y demolición. Una vez que la instalación esté desmantelada (que suele tardar mas de 20 años) hay que controlar para evitar accidentes radiactivos en el entorno. Bolivia así estaría dependiendo del suministrador de la tecnología y de su ayuda técnica durante décadas. Además de la dependencia política, esto supondría una fuerte presión económica. En Francia, el actual desmantelamiento de la pequeña central de Brennilis, ha costado unos 480millones de euros (20 veces el coste previsto) y todavía no está completo. (9)

La cuestión de los residuos es peor, un problema que no han podido resolver ni los países más técnicamente avanzados. El fracaso de los vertederos profundos, ha llevado a unas “soluciones” descabelladas, como la de la Unión Europea que involucra el reciclaje de desechos radiactivos en productos comerciales. Entre las otras, se encuentran el reciclaje de uranio en las plantas de reprocesamiento (las plantas de mayor toxicidad) o en la genocida industria armamentística con todas las consecuencias ya descritas. El método tradicional de los vertederos requiere de una gestión a larguísimo plazo y condiciones geológicas estables durante miles de años. ¿Quién puede garantizarnos estas condiciones?

IIRSA: integrando la "cultura de la muerte"

El historiador de la ciencia Lewis Mumford señaló el desarrollo histórico de dos modelos tecnológicos: por un lado un conjunto de técnicas "democráticas" que están acorde con la naturaleza humana, y por otro lado, nuevas técnicas "autoritarias" que concentran el poder en manos de pequeñas élites. Conformando una especie de "megamáquina", las técnicas autoritarias se caracterizan por ser centralizadas, jerárquicas, dependientes de altos grados de especialización y complejas burocracias organizativas de trabajo, e intensivas en su consumo de recursos y capital.

Está claro que la estrategia desarrollista del MAS fomenta el segundo modelo tecnológico, el jerárquico. Sus políticas se inscriben en el marco de la IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana) un masivo megaproyecto de reordenamiento territorial compartido por 12 países, su eje principal siendo la red de carreteras que unirá a Brasil con el océano Pacífico y el mercado asiático. Siendo la IIRSA una estrategia que concentra el poder en manos de los que ya lo tienen, es de entender que el coloso sudamericano sea su mayor impulsor. Para la burguesía brasileña, esta es una iniciativa para convertir a su país en una de las megapotencias del siglo XXI. (10)

Según las comunidades afectadas en Bolivia, el gobierno de La Paz viola sus propias normativas y su propia Constitución a fin de facilitar estos megaproyectos. La construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, la exploración de hidrocarburos en el norte paceño y las represas en el Río Madera –todos benefician principalmente a potencias regionales más que a Bolivia. Y aunque algunos se extrañan de ver un gobierno “neonacionalista” hacer tanto para fomentar el crecimiento países vecinos, la verdad es que todo proyecto de poder hoy en día es un proyecto transnacional. No puede ser de otra manera dada la alta interdependencia del moderno sistema industrial. Queda claro entonces que la “cultura de la muerte” tan denunciada por el presidente Morales, es precisamente la cultura que monopoliza el concepto de “desarrollo”, un concepto basado en el extractivismo y comodificación de la tierra fomentado por el mismo gobierno del MAS y los demás participantes de la IIRSA.

¿El despertar de la imaginación?

Hace unos 35 años, el embargo petrolero de las naciones árabes provocó una llamada “crisis energética” en el mundo industrializado. El filósofo Iván Illich señaló la ambigüedad de este concepto y como servía de pretexto para limitar los privilegios de los países en desarrollo. Los sermones ecológicos provenían precisamente de los países donde mas energía per cápita su utilizaba –una hipocresía que no pasó desapercibida en el llamado “tercer mundo”. Pero como muchos otros, Illich también entendió que la intensificación tecnológica y el creciente consumo de energía, pasados cierto limite, tienden a esclavizar. La crisis energética de los años ´70 fue una quimera, un producto efímero de la política. Pero hoy, los imperativos de decrecimiento y contracción nos los pone la geología. En 2006 la producción petrolera mundial llegó a su cénit, y le siguió una “meseta”, tal como los académicos del Pico Petrolífero habían pronosticado. Con el encarecimiento del hidrocarburo y el recurso a la explotación del “petróleo difícil” de fuentes no convencionales, se perfila una nueva y mas oscura era. Hay quienes minimizan este cambio, calificándolo de crisis capitalista (la disminución del petróleo rentable), sin entender el alcance de nuestra dependencia. La electricidad, el transporte, los plásticos, la minería, los cosméticos y todo producto industrial o actividad moderna depende de este combustible fósil. Por cada kilojulio de comida que consumimos se invierten 10 kilojulios de hidrocarburos en forma de pesticidas y fertilizantes químicos. Sumándose al cénit de petróleo, se avecina una serie de “picos” de recursos esenciales, desde el gas natural hasta el carbono, el agua dulce, y los llamados REE (“Rare Earth Elements” o tierras raras). Esta convergencia de estas escaseces supone una contracción industrial irreversible que cambiará radicalmente el carácter de nuestra civilización.(11)

Tal como sus aliados en Rusia e Irán, el gobierno boliviano ha planeado su estrategia económica en términos de un mundo que está desapareciendo ante nuestros ojos.

La explosión de la plataforma marina Deepwater Horizon y el subsiguiente uso de dispersantes químicos agravan la creciente marea negra en los océanos. El mercurio, las decenas de miles de químicos industriales y la contaminación atmosférica por el óxido de uranio crean efectos sinérgicos que la científica Leuren Moret ha identificado como las causantes de la nueva epidemia mundial de diabetes. Completando el cuadro está la progresiva desmineralización de los suelos que empeora las deficiencias nutricionales ya generalizadas. Ahora bien, proponer expandir la industria nuclear en este contexto es proponer más de lo mismo. Va más allá de la inmoralidad, y evidencia una profunda pobreza espiritual. Cuando el gobierno venezolano anunció la construcción de su propia central nuclear en 2005, un conjunto de científicos latinos y europeos firmaron un manifiesto denunciando el pensamiento zombi detrás de esta medida:
"El argumento según el cual ‘si ellos lo tienen, por qué no podemos tenerlo nosotros’...resulta absurdo para justificar la imitación del modelo energético ecocida desarrollado principalmente por sociedades capitalistas donde las corporaciones transnacionales de energía y los gobernantes de derecha [deciden] sin tomar en cuenta la voluntad popular." (12)

En la actual coyuntura, es poco probable que la voluntad popular obstaculice la propuesta nuclear en Bolivia. El recrudecimiento de los conflictos socio-económicos tiende a opacar los debates académicos sobre el modelo de desarrollo a seguir. Sin embargo, al marginar estos debates, ignoramos su relación fundamental con los conflictos de la sociedad. Una solución a las necesidades materiales y espirituales de los pueblos tiene que ser de naturaleza local. Un desarrollo bajo control local, e integrado con las regiones facilitaría la redundancia tecnológica, todo lo contrario de la energía nuclear cuya gestión exige precauciones durante periodos que escapan a nuestra noción de tiempo. En vez de promover este desarrollismo caduco de satélites y centrales atómicas, un liderazgo verdaderamente ecológico promovería el ahorro y la eficiencia, junto con las tecnologías limpias como la energía solar, la eólica y la biodigestión. Y al descentralizar y localizar la producción energética, también se evitarían los conflictos distributivos y regionales que inevitablemente surgen con el extractivismo. Como señala Alberto Acosta, no saldríamos del modelo actual de la noche a la mañana, pero sí se puede iniciar la transición hacia una economía post extractivista. Una economía tal tampoco rechaza la explotación de recursos naturales, sino que busca establecer los límites biofísicos de la explotación, y “llegar a la sostenibilidad, eliminar la pobreza y su causa que es la opulencia”. (13)

Después de todas las denuncias a la cultura occidental por parte de Evo Morales, ¿piensa ahora introducir lo peor que nos ofrece esa cultura? Eso sería la peor traición a las esperanzas que acompañaron su llegada la poder. Al perturbar el sueño milenario del uranio, el gobierno boliviano se sumaría al enorme e irreversible experimento que ello supone: la contaminación permanente del banco de genes de la humanidad. No olvidemos la vasta fuente de energía que representan el amor y la compasión. Si los indígenas iroquois sopesaban cada decisión importante por los efectos que tendría sobre la séptima generación, ¿donde está el amor a nuestros tataranietos o incluso a nuestros hijos? ¿Seguiremos hipotecando su futuro por nuestras infladas “necesidades” energéticas? O como los navajos, ¿pondremos en marcha la imaginación e inteligencia de nuestra especie?

Ya es hora de poner fin al fracasado experimento nuclear y enfrentar los retos de una genuina transformación.

Notas y referencias:

(1) Unos 50 países han mostrado interés en ser potencias nucleares, incluyendo Turquía, Siria, Jordania, Bahrain, Kazakhstan, Georgia, Qatar, Oman, Bulgaria, Albania, Yemen, los Emiratos, Tunisia, Venezuela, Ecuador, Chile, Marruecos, Libia, Argelia, Nigeria, Ghana, Namibia e incluso Tonga (que esta al borde de la bancarrota). En cuanto a la proliferación ilegal de armas nucleares, la Asociación Internacional de Energía Atómica ha registrado más de 650 incidentes de tráfico de materiales nucleares y radioactivos desde 1993. El “renacimiento” de la industria nuclear se debe en parte a la percibida escasez energética, pero también a la búsqueda de alternativas a los combustibles fosiles. Esta última idea esta fundada en la dudosa hipótesis del calentamiento global antropogénico. Vease:http://www.lavanguardia.es/lv24h/20091203/53835833352.html
(4) Cuando Ahmadinejad llegó a Bolivia en noviembre de 2009, los dos países emitieron una declaración conjunta en la que expresaron su apoyo "al desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos y en el marco del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares". También pidieron la renuncia del armamento nuclear por parte de los países que lo poseen.
(11) Peak Everything: Waking Up to the Century of Declines, Richard Heinberg, 2007 (New Society Publishers)
Agradecimiento:
Con profundo agradecimiento a Volodymyr Vladimir I. Druzhshchienschkyy y Susana Montes por sus aportes.
David Montoute es naturopata, investigador y artista visual. Contacto: ganoua22@yahoo.co.uk
 madalbo@gmail.com

Demandan al Estado boliviano por violar derechos indígenas y campesinos de MadalBo Bolivia, el miércoles, 06 de octubre de 2010 a las 13:29


SENA-Fobomade *

En el preciso instante que el presidente Evo Morales presentaba en Palacio de Gobierno una carta dirigida a los indígenas del mundo convocándoles a luchar contra la mercantilización de la naturaleza y detener la destrucción de la Madre Tierra, representantes de organizaciones campesinas e indígenas denunciaban al Gobierno de Evo por vulnerar su derecho a la consulta previa para la explotación de recursos en sus territorios. El Mallku de la Comisión de Reconstitución e Industrias Extractivas del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), Rafael Quispe, reveló que en el mes de septiembre presentaron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos una demanda contra el Estado boliviano por violar permanentemente sus derechos.

No se trata de una demanda contra algún Ministerio, ni siquiera contra el propio Gobierno, por no cumplir o no hacer cumplir las normas e incluso las medidas internacionales a las cuales se adscribió Bolivia, sino que es contra todo el Estado. Esto de alguna manera refleja que todas las “reformas” estructurales que se empezaron a ejecutar desde que asumió el primer Presidente indígena bajo el denominativo de “revolución democrática y cultural” o no se cumplen o son propuestas simbólicas.

Se trata del primer reclamo internacional planteado por una de las organizaciones sociales que en algún momento se alineó detrás del Gobierno de Evo Morales. “Esta demanda ya fue admitida y ahora esperamos que nos inviten para la primera audiencia”, dijo Quispe.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos tiene su sede en San José Costa Rica y es una institución judicial autónoma de la Organización de los Estados Americanos cuyo objetivo es la aplicación e interpretación de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y de otros tratados concernientes.

Quispe fue uno de los expositores invitados por el Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS) y Oxfam para participar en el Foro Internacional: “Aplicación del Derecho a la Consulta Previa: experiencias, avances y desafíos para la construcción de la Ley de Hidrocarburos y Minería en Bolivia”. Los representantes indígenas y campesinos denunciaron que la consulta previa para la explotación de recursos naturales no se aplica, pese a que está definido en la nueva Constitución Política del Estado, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y principalmente la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU a la que Bolivia se adscribió como el primer país en reconocer estos derechos.

Nelson Bartolo, secretario de Recursos Naturales de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) Nacional, señaló que la consulta es un derecho fundamental y debería ser un “deber” del Estado boliviano, pero “no se cumple” porque en los hechos no participan el momento de decidirse la explotación de los recursos naturales que se encuentran en sus comunidades. No conocemos nada de lo que se decide antes de emitirse la licitación y en algunos casos nos invitan para participar del segundo momento que es previo al estudio del proyecto, dijo.

Al igual que sus compañeros, Bartolo solicitó que se cumpla esta norma, pero fundamentalmente que se informe y coordine durante todo el proceso que implica el inicio de actividades exploratorias.

El director de Gestión Socioambiental del Ministerio de Hidrocarburos, Omar Quiroga, salió al paso para señalar que hasta el momento se realizaron 12 procesos de consulta de 14 que se presentaron de forma exitosa. Sin embargo, reconoció que existieron “dificultades” en el proceso de exploración de recursos hidrocarburíferos en el bloque Lliquimuni, en el norte del departamento de La Paz, donde la empresa YPFB Petroandina inició los trabajos con una inversión programada de $us 93 millones. El bloque Lliquimuni está situado en las provincias paceñas de Larecaja, Sud Yungas y Caranavi, y los municipios Guanay, Apolo, Teoponte, Caranavi, Palos Blancos y La Asunta. Se trata de un trabajo que se realiza en casi cuatro millones de hectáreas (3.651.311), donde se tiene previsto perforar 17 nuevos pozos. Los representantes campesinos e indígenas que participaron en el evento señalaron este ejemplo, como uno de los tantos que se dieron en el país, donde no sólo se afecta la naturaleza, sino que además se dividen a las propias organizaciones sociales y se genera un impacto social de consecuencias impredecibles.

Precisamente cuando hacía uso de la palabra Bartolo, el presidente Evo Morales daba lectura a la carta que enviaba a los “hermanos indígenas del mundo”, donde expresaba su preocupación “porque se pretende utilizar a algunos dirigentes y grupos indígenas para promover la mercantilización de la naturaleza y en particular de los bosques” y se quejaba de que “cada día desaparece en el mundo una extensión de bosques y selva equivalente a 36.000 canchas de fútbol”, por lo que convocaba a “detener esta destrucción de nuestra Madre Tierra”.

Si bien centró su denuncia en la pretendida mercantilización de los bosques, no deja llamar la atención la aseveración de que “la naturaleza, los bosques y los pueblos indígenas no estamos en venta”, cuando fue precisamente el secretario de Recursos Naturales de la Central de Pueblos Indígenas de La Paz (CPILAP), Lorenzo Paredes, quien se quejaba de que la consulta previa para la explotación de recursos naturales no se ejecutaba y es “como si no existiera” esta norma. Dijo que “respaldan” el proceso iniciado por el primer Presidente indígena, pero pidió que se respeten sus derechos.

Denunció que el caso más preocupante es el de Lliquimuni porque afecta a las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) de varias comunidades indígenas. Para conseguir la ficha ambiental (autorización para iniciar la fase de exploración) dividieron al sector indígena porque utilizaron a comunidades oficialistas, denunció.

En este sentido, anunció que presentaron un Recursos de Revocatoria para evitar que se continúe con los trabajos en el norte paceño y no descarta seguir el ejemplo del CONAMAQ de presentar una denuncia internacional.
Además, expresó el apoyo de su sector al ex cacique de la TCO Mosetén, Daniel Gigasi, quien denunció que fue expulsado por intereses empresariales para explotar los recursos maderables de su comunidad a lo cual él se había opuesto.

Los representantes indígenas señalaron que existen avances en la consulta previa, pero exigen que en la nueva Ley de Hidrocarburos que se está preparando se incluya sus demandas como el de participar “cuando se pretenda desarrollar cualquier actividad” extractiva, incluso previamente a la aprobación de cualquier medida legislativa o administrativa.


LA EXPLOTACIÓN MINERA NO RESPETA A LAS COMUNIDADES

Los representantes indígenas y campesinos denunciaron que el gobierno y las empresas no les presentan toda la información que ellos necesitan, e incluso ocurren casos donde ya les llevan el proyecto listo para que simplemente lo aprueben durante un “almuerzo”.

Los que menos participan en la política extractiva de los últimos gobiernos son los campesinos asentados en áreas de explotación minera. No por nada Rafael Quispe anunció el inicio de un proceso contra el Estado boliviano, porque prácticamente no se “realizó el derecho a la consulta previa”.

El dirigente solicitó que se apruebe una Ley Marco de Consulta porque en este rubro no se respeta siquiera las costumbres de decisión de las comunidades campesinas, aspecto con el que también coincidió el representante del Ministerio de Hidrocarburos, quien dijo que se aprendió bastante las formas de “entender la lógica de las organizaciones”.

Pero no solo son las empresas privadas las que incumplen las normas, ocurre lo mismo con la explotación de cobre en la planta de Coro Coro, que está ubicada en la Provincia Pacajes del departamento de La Paz, donde ya se registraron algunos problemas el momento mismo de la construcción de un dique de colas que inició la estatal Corporación Minera de Bolivia (Comibol). El hecho dejó como saldo al menos seis personas con heridas múltiples producto de pedradas, luego de que un grupo de comunarios se reunió en el sector de Ninoca Wayojtata con el gerente técnico de la planta, Gustavo Choque, para recibir información del proyecto. Mientras este grupo recibía dinero en compensación por las tierras ocupadas por Comibol, llegaron al lugar comunarios de otras zonas con el fin de informarse; sin embargo, el hecho terminó en una pelea entre ambos bandos, denunció la originaria Carmen Martínez a la Agencia de Noticias Indígenas de la Red Erbol.

Quispe denunció que la ficha ambiental se entregó en tiempo record de 72 horas, pero lo más grave –dijo- es que el discurso del presidente Morales de que el agua es un derecho humano prácticamente no se cumplió. “En Bolivia no se cumple lo que se dice”, protesto a tiempo de mencionar que otro tanto ocurre con San Cristóbal, donde se está utilizando agua subterránea a un costo altamente contaminante.

La autocrítica no se dejó esperar y según Pablo Ibañez, representante de la APG, los indígenas y campesinos deben superar lo “identitario” y pensar en lo nacional, es decir que las comunidades donde se realizan trabajos de extracción de recursos dejen de pensar en sus propios intereses y piensen más en los intereses nacionales, porque se están estableciendo en el país “enclaves feudales”.

No dejó de expresar sus críticas respecto al modo en que se está gobernando al afirmar que al nuevo Estado le faltan ruedas “porque las llantas están en otras manos”, por lo que propuso cambiar las leyes que fueron elaborados a favor de las “transnacionales” con la participación plena en la elaboración de la nueva Ley de Hidrocarburos, además que se respeten los derechos de los pueblos indígenas.


SUGERENCIAS

Mauricio Díaz, representante del CEJIS La Paz, señaló que es necesario lograr el “consentimiento” entre el Estado y las comunidades indígenas-campesinas en base al respeto a las representaciones sectoriales, el respeto al ejercicio de sus propias normas y el derecho a la libre determinación a la hora de definir los proyectos extractivos. En este sentido, el Estado debiera mejorar el relacionamiento con la comunidad antes de la relación empresarial, establecer mejores niveles de coordinación y mayor acceso a la información del proyecto. Y es que la consulta previa podría además elevar los niveles de Responsabilidad Social y Corporativa.

Bartolomé Clavero, miembro del Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, señalaba que ”para garantizar un proceso de consulta acorde con el derecho internacional tenemos que realizar dicha consulta teniendo en cuenta los siguientes principios: buena fe; Igualdad de oportunidades; Información previa, oportuna y adecuada; Veracidad de la información; Integralidad de los aspectos y temas a someter bajo el proceso de consulta; Oportunidad; Participación; Transparencia; territorialidad; autonomía y representatividad a través de las instituciones propias; localidad y accesibilidad al lugar de celebración de la consulta; legalidad y obligatoriedad de la consulta; jerarquía; El principio de responsabilidad por la mala fe; y la libertad”.

Y que “el consentimiento como finalidad del proceso de consulta significa que el Estado debe organizar los procedimientos de tal modo que estén orientados al logro del consentimiento o acuerdo. Sin embargo, si aún instaurados dichos procedimientos de buena fe, no se logra dicho consentimiento o acuerdo, la consulta sigue siendo válida y el Estado está facultado a tomar una decisión”.
* Tomado del Boletín N. 81 del SENA-Fobomade.

madalbo@gmail.com