sábado, 4 de marzo de 2023
viernes, 3 de marzo de 2023
jueves, 2 de marzo de 2023
miércoles, 1 de marzo de 2023
martes, 21 de febrero de 2023
Ser pacifista en 2023

El aniversario de la guerra de Ucrania coincide con el 20 aniversario de la guerra de Irak, epicentro junto con Afganistán de la Guerra Contra el terror que se llevó por delante la friolera de 900.000 vidas. Un año después del comienzo de la Guerra en Ucrania, no hay cifras fiables sobre la magnitud de la catástrofe en vidas humanas. El general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU se aventuró hace unos meses a poner un número, 240.000 víctimas mortales, 100.000 militares por cada bando y 40.000 civiles.
A pesar de ser conscientes del elevado número de muertes, refugiados e impacto económico de este conflicto, el No a la Guerra de 2023 será con toda probabilidad un grito en voz baja, minoritario, que probablemente juntará en las calles del Estado a unos pocos miles de pacifistas. Cuando en 2003 fuimos entre 10 y 15 millones. ¿Es diferente el pacifismo de 2003 al de 2023? ¿Acaso ser pacifista significa hoy en día apoyar militarmente a Ucrania y, en consecuencia, no alzar la voz contra esta guerra?
Es cierto que la guerra en Ucrania es diferente porque esta vez apoyamos a la parte inicialmente más débil, no como en Afganistán, Irak, Libia, Yemen, Sahara, Israel... donde España y sus aliados apoyaron o apoyan militar y políticamente al fuerte. Es también cierto que es más fácil ser pacifista, o al menos estar en contra del apoyo militar, cuando nuestro gobierno está con los agresores que no con los agredidos. También es relevante la cuestión del derecho de legítima defensa, recogido en la Carta de Naciones Unidas. En fin, la cuestión de cómo posicionarse como pacifista ante esta situación nos obliga a evitar análisis simplistas y a huir de la solución fácil de promover, impulsar o consentir la guerra sin cuestionamiento ni pensamiento crítico alguno.
Más guerra es la opción fácil. A pesar de que la guerra es probablemente la acción política de mayor complejidad, es demasiado fácil sumarse a ella. A pesar de que sean necesarios ejércitos bien dotados, entrenados en el uso de armas y que abracen la cultura belicista sin cuestionamiento alguno. Es decir, tener decenas o cientos de miles de jóvenes preparados y dispuestos para ir a la guerra, a matar y ser matados, no es algo que se consiga de un día para el otro, pero los tenemos.
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Estamos perfectamente preparados como sociedad para la guerra. Para hacerla, para alentarla y para apoyarla. E incluso para que nos sirva de entretenimiento, siempre que los muertos los pongan otros y estén lo suficientemente lejos. Ser pacifista en este aspecto es hacer que las guerras sean inevitables en tanto en cuanto se lo pongamos más difícil a los políticos de turno para que decidan hacerlas. Menos militarización de la política, de la economía, de las relaciones internacionales, de la sociedad y de las mentes, hará que haya menos guerras. Ser pacifista es trabajar, luchar, incidir, explicar, convencer, para que las estructuras que promueven la guerra sean más débiles y la decisión de emprender una guerra más costosa.
Pero ¿podemos seguir siendo pacifistas si somos atacados? El belicismo nos dice que la manera de resolver los conflictos es el uso de la fuerza, que la violencia es la mejor manera de responder a la violencia. Sin entrar en juicios de valor sobre lo que debieran hacer quienes son víctimas de ataques militares, ya que es imposible saber cómo reaccionaríamos nosotros en la misma situación, el pacifismo tiene el objetivo de pensar en respuestas diferentes a la violencia incluso en casos tan extremos como el de la guerra. De hecho, en Ucrania y en los más de 30 conflictos armados que hay en todo el mundo, no hay solo militares y armas, hay población civil en el frente y en la retaguardia, hay empresas, ONG, asistencia sanitaria en primera línea, organizaciones de resistencia civil, de apoyo mutuo, solidaridad entre vecinos y conciudadanos, que sabotean, molestan, dificultan y se enfrentan de muchas otras maneras a los ocupantes.
También están los que huyen, desertan, se esconden y apoyan a quienes se quedan, o toman fuerzas para volver cuando su contribución sea posible, o simplemente escapan de una probable muerte. ¿Acaso no son todas estas opciones tan válidas, dignas y necesarias como la de tomar las armas y luchar en el frente? Ser pacifista es visibilizar estas opciones y darles si cabe más importancia que a quienes optan por el belicismo. Ser pacifista en tiempos de guerra es promover y apoyar las acciones noviolentas, la resistencia civil, la ayuda humanitaria, la solidaridad con las víctimas, para evitar más muertes, y cuestionar que más violencia servirá para llegar a la paz.
Un año después, la guerra de Ucrania parece emprender el camino largo de muchas otras guerras y cuanto más tiempo pase, más difícil será la paz. Ser pacifista no es querer prolongar la guerra, es mirar atrás y aprender de los errores del pasado. La guerra de Irak -y la Guerra contra el Terror- no han traído un mundo más seguro, sino que han generado más terror que nunca en Oriente Medio y en nuestras ciudades. Ser pacifista es tener la mirada larga para saber qué futuro estaremos dejando a nuestros hijos tras la guerra de Ucrania, es pensar en qué Europa quedará, en cuándo y cómo será reparado el daño, el dolor y el rencor, que no deja de aumentar cada día que se prolonga esta guerra.
No vale ser pacifista según la guerra, o que ser pacifista tenga un significado diferente según el conflicto y los intereses que tengamos cada momento. Ser pacifista es difícil, y más ahora que vamos contracorriente. Las pacifistas no queremos ninguna de las guerras, esta tampoco. Por eso pedimos que los estados involucrados, España incluida, cambien el tablero militar por el de la diplomacia, la negociación y la paz. Cuanto antes lo hagan, antes acabará esta guerra que, pase lo que pase, ya nadie ganará.
sábado, 4 de febrero de 2023
Desmontando el «desarrollo»

Durante más de doscientos años se ha dado por sentado que el progreso, la buena vida, un alto nivel de vida y el desarrollo implican el aumento de los ingresos, de la riqueza material y de la producción económica, así como una mayor sofisticación técnica y un uso más intensivo de los recursos. Para los países más pobres esto ha significado esforzarse por ser como los países ricos. A nadie se le había ocurrido la posibilidad de que los países ricos hubieran cometido un error terrible, incluso suicida… hasta hace poco, cuando hemos empezado a darnos cuenta de que la búsqueda de la riqueza y el crecimiento está acabando con el planeta.
Es imperativo adoptar cuanto antes una concepción muy diferente del desarrollo. No es difícil imaginar una alternativa sana, sostenible, justa y satisfactoria.
Empecemos por los objetivos. ¿Cuál debería ser el objetivo del desarrollo? ¿Qué condiciones, experiencias, estructuras y formas podríamos encontrar en una sociedad que ofrezca condiciones de vida de alta calidad a todos y sea justa, sostenible y admirable? He aquí una lista en la que creo que estaríamos más o menos de acuerdo.
– Buena salud.
– Disponer de alimentos suficientes y de buena calidad.
– Tener una vivienda suficiente y ropa básica, etc.
– Tener amistades.
– Tener un sentido y un propósito, cosas interesantes que hacer.
– Pertenecer y participar en una comunidad solidaria y preocupada por el bienestar de todos.
– Un sentido básico de colectividad, no una competición individualista en la que el ganador se lo lleva todo.
– Ser una persona valorada, apreciada y respetada, especialmente por contribuir a la comunidad.
– Sentirse a salvo de adversidades evitables como el desempleo, la pobreza, la violencia y la desintegración social.
– Liberarse del estrés, la ansiedad y la preocupación, en particular por los ingresos insuficientes, el ritmo de vida, el exceso de trabajo, el aislamiento y la soledad, la depresión, las condiciones de vida desagradables, el tráfico, la desintegración social.
– Libertad/autonomía sobre la vida propia y el trabajo.
– No tener que trabajar duro o luchar; un ritmo relajado, tiempo para pensar, conversar, recrearse, crecer espiritualmente.
– Tener oportunidades para actividades creativas, artesanía, arte, jardinería, escritura.
– Estar cerca de la naturaleza. Vivir en un entorno hermoso.
– Disponer de fuentes de recuperación en las que cargar las pilas, como la jardinería, las aficiones, la compañía, el paisaje.
– Tener un sentido de pertenencia al lugar, un hogar.
– Familiaridad y estabilidad; ausencia de amenazas de perturbación, especialmente causadas por el desarrollo y la recesión económica.
– Tener tradiciones, una cultura, celebraciones, rituales significativos.
– Orgullo de la familia, la ciudad, la sociedad, las instituciones, la nación; reconocimiento de que nuestras costumbres son básicamente admirables… nos preocupamos, intentamos minimizar el egoísmo, la desventaja, la desigualdad, la dominación y las formas todo para el vencedor. Nuestra forma de pensar y debatir es racional, respetuosa y madura.
– Tranquilidad. Cierto grado de capacidad para sentirse bien con las cosas, con uno mismo, con su sociedad, con el planeta. Razones para ser optimistas.
Ninguna de estas condiciones requiere altos ingresos, riqueza, propiedades o un PIB alto. Algunas, como unos servicios sanitarios adecuados, en realidad requieren tener un nivel bajo de riqueza material nacional, pero es posible tener cosas bonitas, como una pequeña casa de adobe, con un gasto insignificante. La mayoría de los elementos de la lista no dependen en absoluto de los ingresos monetarios. Todos ellos están fácilmente garantizados para todas las personas si existen acuerdos sociales sensatos.
Entonces, ¿por qué, incluso en los países más ricos, son tan pocas las personas que no disfrutan de estas condiciones que nuestros mayores problemas de salud son ahora la depresión, el estrés, la ansiedad y la soledad, y nos enfrentamos a la probabilidad de un colapso social catastrófico, así como a un colapso ecológico? La respuesta obvia es que se ha adoptado una concepción absurdamente errónea del desarrollo, que insiste en que el progreso, el desarrollo y la buena vida deben definirse principalmente en términos de aumento de la riqueza material. Así, todo el mundo sabe que aumentar la producción, las ventas y el PIB es aumentar el nivel de vida.
El resultado: cómo funciona el desarrollo definido convencionalmente

Cuando el desarrollo se define en los términos convencionales habituales de poner en marcha la economía y aumentar el PIB, es necesario invertir capital en la creación de fábricas e industrias de exportación. Para ello hay que pedir préstamos enormes y atraer a inversores extranjeros para que instalen industrias. No vendrán a menos que se construyan los puertos, las centrales eléctricas y las presas que querrán utilizar, a diferencia de construir las cosas que podrían mejorar las condiciones de la gente. Pronto se acumulan grandes deudas. (Perkins, 2004 documenta el papel que él mismo tuvo en atraer a los países para que asumieran niveles de deuda imposibles). Cuando sus deudas no pueden pagarse, el problema se resuelve… prestándoles más, a condición de que orienten aún más sus economías a los intereses de los bancos y corporaciones del mundo rico. Estos Paquetes de Ajuste Estructural les obligan a competir entre sí para obtener ingresos de la exportación con los que pagar la deuda, reduciendo la regulación y ofreciendo condiciones favorables a los inversores extranjeros, devaluando sus monedas (lo que hace que sus exportaciones sean más baratas para nosotros y sus importaciones más caras), manteniendo bajos los salarios y el gasto en bienestar, y compitiendo con otros países pobres para vendernos recursos baratos. La promesa es que el aumento resultante de la riqueza se filtrará hacia abajo para elevar el nivel de vida de todos, pero muy poco se filtra hacia abajo, un gran número de personas pierden sus tierras y sus medios de subsistencia, las élites locales prosperan y la desigualdad se dispara,… y la enorme riqueza fluye hacia las corporaciones del mundo rico y los compradores de los supermercados.

Hickel et al. (2022) estiman que existe un flujo neto anual de unos 15 billones de dólares anuales de los países pobres a los ricos, debido en gran parte a las importaciones baratas producidas con salarios bajos. Además de los costes en dólares, están los costes sociales y ecológicos de la producción en forma de residuos mineros tóxicos, bosques talados, pérdida de suelo, contaminación atmosférica, emisiones de CO2, malas condiciones de vida y los efectos sobre la salud de los ecosistemas dañados.
«¿Pero este desarrollo no ha sacado a millones de personas de la pobreza?». Sí… en algunos lugares como China, donde los salarios baratos han atraído a las empresas a trasladarse desde los ahora empobrecidos estados del cinturón de óxido de EE. UU… pero no en Haití.
Es un grave error llamar a esto desarrollo; es sólo desarrollo capitalista. Es lo que ocurre cuando se deja que el desarrollo venga determinado por aquello en lo que invierten los pocos con capital y dedican sus recursos a lo que creen que maximizará su riqueza. Es, obviamente, una forma de saqueo legitimado, que atrapa a miles de millones en la esclavitud de la deuda.
Además es totalmente imposible
Los niveles de producción, consumo, nivel de vida y PIB del mundo rico están muy por encima de los que podrían alcanzar todos los habitantes del planeta. Según algunas estimaciones (Trainer 2021), podrían ser diez veces superiores, y si el crecimiento continúa al ritmo actual, en 2050 el múltiplo será de alrededor de 20… mientras los recursos disminuyen y se aceleran los problemas ecológicos, los niveles de deuda mundial y los incentivos para las guerras por los recursos. La búsqueda del crecimiento y la riqueza no es sólo absurda, sino suicida. Muchos se dan cuenta de todo esto, como demuestra el auge del movimiento por el Decrecimiento, pero los políticos, los economistas, los medios de comunicación y el público en general no se dan cuenta.
La revisión de cientos de estudios (por ejemplo, Haberl et al., 2020) demuestra que el avance técnico no va a resolver estos problemas. El crecimiento del PIB no se está disociando del crecimiento del uso de los recursos, y no es ni remotamente probable que lo haga; de hecho, las tendencias se están deteriorando.
Estas consideraciones dejan claro que la mayoría de los grandes problemas mundiales se deben a una sobreproducción y un consumo excesivos. Por lo tanto, la solución hay que buscarla en estilos y sistemas de vida que permitan una alta calidad de vida para todos con niveles per cápita y nacionales de consumo de recursos muy bajos. Esto sería fácil de hacer… si quisiéramos hacerlo. Pero no puede hacerse a menos que desechemos varias cosas, incluido el capitalismo y, lo que es aún más difícil, la obsesión por la riqueza material.
La alternativa

La reivindicación de la Vía de la Simplicidad (The Simpler Way) es que el tipo de sociedad a la que debemos hacer la transición en los países ricos y pobres debe tener las siguientes características. (Para más detalles, véase Trainer 2017.)
La mayoría de la gente viviría en comunidades pequeñas y altamente autosuficientes y autogobernadas, controlando economías locales de crecimiento cero en las que las fuerzas del mercado solo desempeñasen un papel muy secundario, existiesen valores y acuerdos fuertemente cooperativos y colectivistas (por ejemplo, bienes comunes, comités, grupos de trabajo voluntario), el gobierno se realizase a través de procesos totalmente participativos (como asambleas municipales y referendos), y las economías estuviesen impulsadas por las necesidades y no por los beneficios. Por encima de todo, tendría que existir una cultura de autosuficiencia voluntaria, colectivismo, frugalidad y satisfacciones vitales derivadas de búsquedas no materiales. Seguiría habiendo (pequeñas) ciudades, (algunas) fábricas de producción en masa, universidades, sistemas ferroviarios nacionales, etc., investigación de alta tecnología y asistencia sanitaria moderna, etc.
La integración y la proximidad dentro de estos asentamientos permiten el reciclaje intensivo, la interrelación de funciones, la reducción de los gastos generales y la sinergia. Por ejemplo, un estudio sobre el suministro de huevos (Trainer, Malik y Lenzen, 2019) descubrió que la producción a través de patios traseros y cooperativas avícolas locales podría reducir los costes en recursos y dólares alrededor del 2% de los del modelo convencional de supermercado. Hay una dependencia insignificante de las infraestructuras y los insumos que implica la vía convencional, como la agroindustria, la agricultura industrial, las infraestructuras industriales, las fábricas de piensos, la energía, el transporte por barco y camión, la producción de fertilizantes, la eliminación y el tratamiento de residuos, el envasado, la comercialización, las operaciones de supermercado, los sistemas informáticos y el costoso personal. La gestión se realiza a través de interacciones informales entre los participantes, sin necesidad de oficinas ni personal cualificado ni gastos generales. No se necesita maquinaria, productos químicos, contables ni ejecutivos de publicidad. Los productos son frescos y sin aditivos. Además, la producción local tiene beneficios, especialmente en el reciclaje de estiércol para jardines cercanos y digestores de metano, reduciendo, si no eliminando por completo, la necesidad de fertilizantes, fábricas de piensos para aves de corral y sistemas de alcantarillado.
Reconsideremos la lista de objetivos con la que comenzaba este artículo. Todos serían fáciles y casi automáticamente alcanzables en sociedades como ésta.
Un gobierno que opere desde esta perspectiva mantendría al país fuera de la economía mundial en la medida de lo posible, se esforzaría por ser lo más autosuficiente posible, exportaría sólo la pequeña cantidad necesaria para pagar las importaciones cruciales, aceptaría poca o ninguna inversión extranjera, aceptaría muy pocos préstamos, se centraría en el desarrollo de lo necesario y no de lo rentable, evitaría que el mercado tomara decisiones importantes y se olvidaría del PIB, preservaría las tradiciones y evaluaría las políticas en términos de índices de calidad de vida.
Es muy poco probable que las élites gobernantes y los gobiernos actuales tomen en cuenta esta perspectiva. En general, los políticos son ricos, poseen empresas, tienen inversiones u ofrecen servicios profesionales a los ricos. No quieren que se interfiera en el mercado, y mucho menos que se reduzca el volumen de negocio. Deberíamos intentar obtener ayuda de ellos, pero nuestra principal preocupación debería ser apartarnos de ellos y, como los zapatistas, construir nuestros propios sistemas alternativos separados de la corriente dominante.
Así que ese tiene que ser el objetivo del desarrollo; un mundo sostenible y justo en un contexto de recursos muy limitados no puede concebirse en otros términos que no sean estilos de vida y sistemas materialmente sencillos. Es la única manera de desactivar problemas como la escasez mundial de recursos, la destrucción ecológica, la privación de la población de los países pobres, la desigualdad, los conflictos por los recursos y el deterioro de la cohesión social.
Y muchos lo están haciendo

Esta concepción del desarrollo contradice de plano la indudable visión convencional. Lo que no se entiende en general es que una revolución que lo establece, en la que participan millones de personas, está en marcha. En los países ricos muchos están trabajando en el Decrecimiento, las Ecoaldeas, las Ciudades en Transición, la Simplicidad Voluntaria, la Reducción de la Marcha (Downshifting) y otros movimientos para establecer elementos dentro de la visión anterior. Pero los movimientos más grandes y radicales se encuentran principalmente entre las regiones tribales y campesinas dentro de los países pobres, por ejemplo, entre los movimientos campesinos andinos y los movimientos zapatista, la Vía Campesina, Ubuntu y Swaraj, la Cooperativa Integral Catalana (Trainer, 2018) y las comunidades kurdas en Rojava (Trainer, 2018.) El gobierno senegalés tiene la intención de establecer 1400 ecoaldeas. (St Ong, 2015.) El relato de Leahy (2009, 2018) sobre la iniciativa africana Chikukwa compara la inutilidad de incitar a los campesinos a competir en los mercados internacionales de exportación de alimentos con el desarrollo de aldeas de permacultura altamente autosuficientes. (Véanse también Appfel-Marglin, 1998, p. 39; Post Carbon Institute, 2009; Mies y Shiva, 1993; Benholdt-Thompson y Mies, 1999; Korten, 1999, p. 262; Rude, 1998, p. 53; Quinn, 1999, pp. 95, 137; Gelderloos, 2022; Montichelli, 2022).
Se trata de una revolución notable y poco reconocida. Millones de personas están sencillamente abandonando el modelo capitalista convencional de desarrollo, apartándose para construir sus propias formas colectivas, autosuficientes, no mercantiles y frugales de acuerdo con las tradiciones culturales. (Véase Barkin 2022 para más detalle.) Se trata de una revolución claramente no marxista. No implica luchar contra el sistema para tomar el poder estatal e impulsar nuevas formas a pesar de la resistencia.
El factor crucial en estos movimientos es cultural; tiene que ver con las ideas y los valores que se sostienen. Existe una poderosa cohesión en torno a la intención de no seguir el camino capitalista, construida sobre largas historias trágicas de experiencia de lo que ha hecho a estas personas. Pero, por desgracia, en la mayoría de los países pobres apenas se entiende que exista una alternativa al desarrollo capitalista convencional. Esto no es sorprendente, ya que es constantemente reforzado por los gobiernos, los expertos, muchas ONG, la ayuda, la mayor parte de la literatura académica, los medios de comunicación occidentales y organismos como la ONU.
Lo que más necesitan ahora los países pobres no es más ayuda, ni mejores condiciones comerciales, ni una regulación más estricta de las transnacionales, ni deshacerse de los PAE, ni más tecnología de la información, ni más expertos. Se trata de desacreditar y desechar la concepción convencional de lo que constituye el desarrollo. Es llegar a ver que la forma dominante simplemente impone mecanismos de saqueo y que existe una alternativa, un conjunto alternativo de objetivos y medios centrados en la simplicidad.
Bibliografía
- Appfel-Marglin, F.A., (1998), The Spirit of Regeneration; Andean Culture Confronting Western Notions of Development. London, Zed Books.
- Barkin, D., (2022), “Building sustainable communities: The communitarian revolutionary subject” In: Karagiannis, N. King, J.E. (Eds.), Visions and Strategies for a Sustainable Economy. (Palgrave Macmillan, 2022). https://doi.org/10.1007/978-3-031-06493-7_11 Pp. 213-253.
- Benholdt-Thomsen, V., and M. Mies,(1999), The Subsistence Perspective. London, Zed.
- Gelderloos, P., (2022) The Solutions Are Already Here. London, Pluto.
- Haberl, H., et al., (2020), “A systematic review of the evidence on decoupling of GDP, resource use and GHG emissions, part II: synthesizing the insights”, Environmental Research Letters, 15.
- Hickle J., C. Dorninger, H. Wieland, y I. Suwadi, (2022), “Imperialist appropriation in the world economy: Drain from the global South through unequal exchange, 1990–2015”, Global Environmental Change, Volume 73, marzo 10246
https://doi.org/10.1016/j.gloenvcha.2022.102467 - Korten, D.C., (1999), The Post-Corporate World. West Hartford, Kumarian Press.
- Leahy, T., (2009), Permaculture Strategy for the South African Villages, Palmwoods, Qld., PI Productions Photography.
- Leahy, T., (2018), Food Security for Rural Africa: Feeding the Farmers First, Routledge.
- Mies, M. y V. Shiva, (1993), Ecofeminism. Melbourne, Spinifex.
- Monticelli, L., Ed., (2022.), The Future is Now: An Introduction to Prefigurative Politics, Bristol, Bristol University Press,. Ch. 15.
- Perkins, J., (2004), Confessions of an Economic Hit Man. Ebury Press.
- Quinn, D., (1999), Beyond Civilization, New York, Three Rivers Press.
- Post Carbon Institute, (2009), «Relocalize«, PostCarbon.org.
- Rude, C., (1998), “Postmodern Marxism; A critique.” Monthly Review, Noviembre, 52-57.
- St-Onge, E., (2015), “Senegal transforming 14,000 villages into eco-villages!”, Valhalla Movement.
- Trainer, T., (2017), «The Alternative Society«, TheSimplerWay.info.
- Trainer, T., (2020a), “Kurdist Rojava; A social model for our future”, Resilience, 3 de enero.
- Trainer, T., (2020b), «Transition«, TheSimplerWay.info.
- Trainer, T., (2021), “Degrowth: How Much is Needed?”, Biophys Econ. Sust., 6, 5. https://doi.org/10.1007/s41247-021-00087-6
- Trainer, T., A. Malik y M. Lenzen, (2019), “A Comparison Between the Monetary, Resource and Energy Costs of the Conventional Industrial Supply Path and the “Simpler Way” Path for the Supply of Eggs”, BioPhysical Economics and Resource Quality, Septiembre.
(Traducido por Carmen Duce y revisado por Manuel Casal Lodeiro.)
Fuente: https://www.15-15-15.org/webzine/2023/02/02/desmontando-el-desarrollo/
sábado, 7 de enero de 2023
La pérdida de biodiversidad, la sexta gran extinción y la necesidad de actuar

Susan Price, de Izquierda Verde, habla con el ecosocialista canadiense Marc Bonhomme de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP15), celebrada en Montreal del 7 al 19 de diciembre de 2022.
Susan Price (S. P.): La COP15 de Montreal ha recibido mucho menos atención mediática que la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP27) de Egipto. ¿A qué se debe?
Marc Bonhomme (M. B.): La COP15 se publicitó mucho menos que la del clima a pesar de que la catástrofe en ciernes que se supone debe combatir, la sexta gran extinción, tiene la misma magnitud. Desde luego, hay mucha gente que ya nota y que lamenta la desaparición de insectos, especialmente las abejas melíferas, o la extinción de algunos grandes mamíferos, sobre todo en África, o la destrucción de hábitats, en concreto la destrucción de la selva amazónica y de los bosques en Indonesia como consecuencia de las plantaciones de aceite de palma, pero no consideran que su propio impacto sea tan determinante como los extremos climáticos varios que son noticia a diario.
Ni siquiera se invitó a Jefes de Estado a la COP15. El Marco Mundial Kunming-Montreal para la Biodiversidad (GBF por sus siglas en inglés) no es jurídicamente vinculante, por no hablar de que aunque en la declaración aparece 15 veces el término comodín sostenible, lo que se acordó fue un mecanismo voluntario de seguimiento similar al de París.
La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés), equivalente al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, elaboró un sorprendente informe sobre el tema. De los 8 millones de especies animales y vegetales que se calcula que hay en la Tierra (entre ellos 5,5 millones de especies de insectos), el índice actual de extinción de especies en el mundo es mayor que la media de los últimos 10 millones de años en decenas e incluso centenares de veces, y este índice se está acelerando.
Hasta un millón de especies están en peligro de extinción, muchas de ellas en las próximas décadas. Según un reportaje de The Guardian sobre la COP15, la comunidad internacional no consiguió enteramente ninguno de los 20 objetivos de biodiversidad de Aichi acordados en Japón en 2010 para frenar la pérdida del mundo natural. Carbon Brief informó en un estudio publicado en febrero [de 2022] que los gobiernos de todo el mundo gastan al menos 1,8 billones de dólares cada año en subvenciones que empeoran la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. Esta cifra equivale al 2% del PIB mundial. El GBF acordó eliminar y/o redirigir –con qué propósito y hacia dónde, no lo sabemos– algo más de una cuarta parte de esa cantidad (500 mil millones de dólares).
S. P.: ¿Qué opina del rechazo de los países ricos a destinar los fondos necesarios para preservar la biodiversidad?
M. B.: El principal objetivo de la COP de Montreal era alcanzar un acuerdo para preservar el 30% de la tierra y los océanos del mundo para 2030 (conocido como 30×30) –un objetivo respaldado principalmente por los países ricos del viejo imperialismo– en lugar de intentar llegar a un acuerdo sobre cómo debería financiarse ese objetivo, que era la principal preocupación de los países dependientes del Sur global.
Los hábitats estratégicos, los bosques tropicales y los manglares, están en el Sur pero el dinero está en el Norte, que es el principal culpable por su manera de consumir. El Sur exigió que se asignaran cien mil millones de dólares a un fondo específico, una fracción de lo que se necesita para aplicar el marco. No se consiguió ninguno de los dos objetivos.
El fondo para mitigar el cambio climático a favor de los países dependientes acordado en las COP sobre el clima aún no ha alcanzado el nivel de los cien mil millones de dólares anuales desde 2020. Aún no se ha dispuesto el nuevo fondo para pérdidas y daños establecido en la COP27, y del destinado a la biodiversidad ni siquiera se habla.
Lo que ha cambiado la situación no fue el golpe antidiplomático que supuso la salida abrupta de la sala de reuniones de unas 60 delegaciones de países del Sur. Además de eso, los países del viejo imperialismo sembraron la discordia entre los propios países del Sur al diferenciar, no sin razón, entre los emergentes y el resto no emergentes. Sostienen que China, Brasil y otras grandes economías que han crecido sustancialmente en los últimos 30 años desde que se acordaron los tratados medioambientales de Naciones Unidas deberían contribuir mucho más.
Los países del viejo imperialismo en connivencia con los países emergentes –una alianza simbolizada en la copresidencia de China-Canadá provisionalmente reconciliada por las circunstancias– lograron imponer a los países del Sur no emergente (en particular a los países africanos) el consenso bajo un halo de victoria para salvar la biodiversidad del planeta. Tres países africanos rechazaron explícita y contundentemente el llamado consenso sobre el GBF.
La frustración de los países del Sur no emergente es comprensible. Según el acuerdo final –que supuestamente equivale al Acuerdo de París para el clima–, los países ricos no pondrán en el bote más que unos 20 mil ridículos millones de dólares para 2025 que se incrementarán hasta 30 mil millones en 2030. Mientras que los 200 mil millones de dólares que se necesitan anualmente para aplicar las estrategias nacionales de biodiversidad procederán de recursos públicos y privados, la limitada subvención Norte-Sur incluirá la ayuda oficial al desarrollo. Pero eso no es todo. El sector privado se beneficiará asimismo de los 500 mil millones de dólares de subvenciones anuales redirigidas.
S. P.: Como ecosocialista, ¿por qué es tan importante preservar la biodiversidad? ¿Cuál es su relación con la lucha contra el cambio climático?
M. B.: Dada la estrecha relación entre la crisis climática y la crisis de la biodiversidad –de ahí la doble prioridad de la Cumbre de la Tierra de 1992– es alarmante que la segunda quede tan marginada cuando la naturaleza absorbe anualmente más del 50% del CO2 de origen humano. Según The Econosmist, […] Los seres humanos emitimos cada año unos 37 mil millones de toneladas de dióxido de carbono así como otros gases de efecto invernadero [GEI]. Al absorber carbono, las plantas retienen 11 mil millones de toneladas al año y liberan oxígeno. Otros 10 mil millones de toneladas de carbono se disuelven en los océanos. La ciencia no garantiza que se pueda mantener esta absorción al ritmo que avanzan la deforestación, los incendios forestales, la acidificación y el calentamiento de los océanos.
En cuanto a las emisiones, según el Informe sobre la Brecha de Emisiones de Naciones Unidas de 2022, […] el sistema alimentario es responsable en la actualidad de casi un tercio de las emisiones totales de GEI […] La mayor contribución procede de la producción agrícola (7,1 GtCO2e [gigatoneladas de CO2], 39%), incluida la producción de insumos como los fertilizantes, seguida de los cambios en el uso de la tierra (5,7 GtCO2e, 32%).
Como señala The Guardian, […] Uno de los mayores problemas derivados del objetivo 30×30 es su implicación para los derechos de los pueblos indígenas, que siendo los custodios de cerca del 80% de la biodiversidad del mundo sólo lo son del 20% de sus tierras. A lo largo de la Historia, la conservación ha obligado a los pueblos indígenas a abandonar sus tierras y ha provocado innumerables violaciones de los derechos humanos. El texto actual del marco reconoce los derechos de los pueblos indígenas y el papel esencial que cumplen en la conservación pero sigue habiendo dudas sobre cómo se aplicará esa parte del objetivo.
La presencia indígena tuvo representación en todos los ámbitos de la COP15 excepto en los órganos de toma de decisiones. La palabra indígena aparece 20 veces en el GBF. Sus conocimientos de la naturaleza y sus servicios, combinados con sus privaciones materiales y políticas hacen de ellos –a ojos de los bancos– presas fáciles y útiles para mejorar y proteger el capital natural que, según un antiguo vicepresidente de Amigos de la Tierra, se supone que proporciona beneficios por un valor estimado de entre 125 y 140 billones de dólares al año, lo que equivale a más de 1,5 veces el PIB mundial, según Le Devoir (Montreal).
S. P.: ¿Se ha producido algún resultado positivo en la cumbre? He leído que, por ejemplo, en el acuerdo final no se hace referencia a la interrupción de la explotación minera de los fondos marinos. ¿Prevalecieron los intereses de los combustibles fósiles y la minería?
M. B.: La minería de fondos marinos (al igual que el objetivo de reducción de plásticos) no se menciona en el GBF, aunque la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, un organismo de Naciones Unidas, ya ha concedido en todo el mundo unos 30 permisos de exploración minera de aguas profundas que abarcan varios cientos de miles de kilómetros cuadrados.
El riesgo global de los pesticidas –pero no los pesticidas directamente– debe reducirse a la mitad y no a las tres cuartas partes. Lo mismo con los residuos alimentarios. Pero sigue sin mencionarse la dieta cárnica a pesar de ser causa clave en la destrucción de los hábitats que, tras el cambio climático, explica principalmente la pérdida de biodiversidad.
Con todo, la cuestión del 30×30 sigue siendo central pero está lejos de haber satisfecho a todo el mundo. Según The Guardian, teniendo en cuenta que el IPCC señaló que para salvaguardar la biodiversidad se requiere entre el 30% y el 50% de la tierra y el mar del planeta, algunos ecologistas piensan que los países deberían aspirar a la cifra tope del 50%, que equivaldría a la máxima aspiración del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global al 1,5⁰C, frente al 30% que supone el 2⁰C.
Para otros ecologistas el objetivo debería ser proteger la naturaleza en todas partes: Necesitamos el 100%, ya hemos perdido demasiada naturaleza.
Pero no serán los codiciosos Estados neoliberales quienes respalden la gestión de áreas protegidas por parte de los pueblos indígenas, salvo un pago inicial. Según la consultora McKinsey & Co, ya está previsto que el mercado de compensación de emisiones de carbono crezca hasta sobrepasar los 50 mil millones de dólares en 2030, según cita The Toronto Star.
Recientemente el Banco Mundial prestó a Brasil 500 millones de dólares para cumplir sus objetivos climáticos lo que ha reforzado la capacidad del sector privado para acceder a los mercados de créditos de carbono, según señala Carbon Brief (Reuters). Podemos estar seguros de que esta protección tolerará excepciones al menos para la minería a cielo abierto y la energía hidroeléctrica para beneficio de la nueva economía totalmente eléctrica del capitalismo verde.
Por supuesto, no podemos olvidar la resistencia y la lucha de los pueblos indígenas pero sólo podrán vencer si los pueblos blancos superan su racismo para aliarse con ellos en las calles y apoyarlos en las urnas. Las pequeñas manifestaciones de la COP15 no auguran nada bueno. ¿Esperamos a estar contra las cuerdas para movilizarnos?
Texto original: Green Left
Traducción para viento sur: Loles Oliván Hijós
Fuente: https://vientosur.info/la-perdida-de-biodiversidad-la-sexta-gran-extincion-y-la-necesidad-de-actuar/
jueves, 11 de agosto de 2022
¿Las plantas eólicas offshore son el futuro de la energía en Latinoamérica?

Colombia y Brasil han empezado a promover la tecnología en la región, que tiene un gran potencial eólico en altamar
Tres décadas después de que se instalara el primer parque eólico marino del mundo, América Latina, sin ninguna planta semejante, comienza a interesarse por esta forma de generación de energía. Algunos especialistas consideran que es el momento ideal para plantearlo debido a que ayudaría a promover una sólida transición energética en la región.
La energía eólica offshore -término del idioma inglés que significa “en el mar, alejado de la costa, marina, costa afuera o ultramar»- es la fuente de energía limpia y renovable que se obtiene con la fuerza del viento que se produce en alta mar. En la última década el sector ha madurado y crecido rápidamente, tras un lento crecimiento desde que se instalaron las primeras turbinas en Dinamarca en 1991. Se han instalado aproximadamente 56 gigavatios (GW) de capacidad eólica marina en todo el mundo, principalmente en Europa y China.
21 GW, es la capacidad eólica marina añadida a nivel mundial en 2021, un récord anual que llevó la capacidad instalada mundial a 56 GW, según el Consejo Mundial de la Energía Eólica
La eólica marina es muy diferente con respecto a otras tecnologías de energía renovable. La brasileña Ingrid Pacheco Silveira, experta eólica marina, señala que las turbinas aprovechan la falta de barreras presentes en la tierra para girar más rápido y generar energía de forma más constante y uniforme que la eólica terrestre o la solar fotovoltaica: “algo que quedó demostrado desde los primeros proyectos es que se pueden utilizar turbinas más grandes en el entorno marino que en los parques eólicos terrestres y con una escalabilidad que puede traer enormes beneficios a América Latina”.
El Programa de Asistencia para la Gestión del Sector de la Energía (ESMAP) señala que una cuarta parte del potencial eólico marino del mundo se encuentra en aguas de países de ingresos bajos y medios, por lo que acelerar su adopción en los mercados emergentes se ha vuelto esencial para disminuir la dependencia de los combustibles fósiles y reducir la pobreza.
En esta última década la industria eólica marina ha mostrado un crecimiento acelerado, principalmente en China y países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El último año, la industria eólica presentó récord en nuevas instalaciones para la energía eólica marina, con 21 GW de capacidad añadida en todo el mundo.
Este gran avance relativamente reciente se debe principalmente a una reducción de costos y al aumento sustancial en el tamaño de la turbina y la escala del proyecto, así lo identificó para Diálogo Chino el doctor Christian Appendini, oceanógrafo del Laboratorio de Ingeniería y Procesos Costeros del Instituto de Ingeniería de México (UNAM): “como ahora es competitiva en costos, algunos gobiernos planean hacer de ella un componente clave de su combinación energética descarbonizada”.
Enorme potencial
Los beneficios de aumentar la capacidad eólica marina pueden ser múltiples, según la información brindada por el Banco Mundial a Diálogo Chino. Los países que comiencen a utilizar esta energía pueden crear y mantener miles de empleos altamente calificados, generando electricidad de manera predecible e incrementando su producción en otoño e invierno, estaciones de menor radiación solar y mayor consumo de energía, señalan desde la entidad, y añaden que “el uso de esta energía puede ser complementaria en América Latina con otras tecnologías renovables, brindando seguridad de suministro y aportando valor”.
La energía eólica puede ser complementaria en América Latina con otras tecnologías renovables, brindando seguridad de suministro y aportando valor
Existe un enorme potencial de recursos sin explotar en América Latina y el Caribe, según el Banco Mundial, que estimó un potencial técnico cercano a los 8.000 GW en las aguas de esta región. Algunos países tienen excelentes condiciones naturales, lo que significa que esta energía podría ser técnica y económicamente viable. La asociada de Asuntos Externos de este organismo señaló que Brasil y Colombia son los más avanzados en sus legislaciones eólicas marinas. “Por ejemplo, los desarrolladores de la industria brasileña han propuesto más de 130 GW de capacidad eólica marina en 55 proyectos”.
Brasil y Colombia avanzan
Brasil es el mercado eólico terrestre más grande de América Latina, seguido de México, Chile y Argentina. La industria brasileña del petróleo y el gas se desarrolla principalmente en alta mar y tiene una cadena de suministro muy bien establecida que se puede adaptar para satisfacer las necesidades específicas de la eólica marina, señaló Pacheco Silveira al identificar los avances normativos en Brasil.

“Un primer proyecto legislativo fue emitido en 2017 en la Cámara de Diputados, pero 2020 fue el cambio de juego con el lanzamiento gubernamental de una hoja de ruta para desarrollar enormes parques eólicos marinos con el involucramiento de la Agencia Nacional del Medio Ambiente. A principios del año anterior, se publicó un nuevo proyecto legislativo y finalmente, en 2022 llegó el Decreto para regular el mercado que genera grandes expectativas para sus financiamientos”.
Mientras que, en Colombia, en la agenda de los proyectos energéticos se está empezando a escribir un nuevo capítulo protagonizado por la eólica marina o costa afuera, palabras con las que identifica a su hoja de ruta el Ministerio de Minas y Energía.
Diego Mesa Puyo, ministro de Energía saliente de Colombia, concedió una entrevista a Diálogo Chino dos días después de anunciar un programa para generar energía eólica costa afuera mediante la instalación de aerogeneradores e inversiones que podrían alcanzar millones de dólares.

“Con esta hoja de ruta, avanzaremos en la incorporación de proyectos que permitirán aprovechar el potencial de 50 GW que tiene Colombia con esta fuente de generación, que es casi tres veces la capacidad instalada (17,7 GW) que tiene actualmente todo el país”, dijo Mesa desde Estados Unidos, tras participar en la Cumbre de las Américas.
“Este tipo de tecnología es mucho menos invasiva y no genera gases de efecto invernadero, un gran avance desde el punto de vista de la neutralidad de carbono. Mientras que, en materia económica, estos proyectos requieren inversiones de capital muy significativas, por ejemplo, proyectos como los que ya se están estructurando en Colombia para los próximos tres o cuatro años, van a requerir inversiones de cerca de US$1.000 millones”, señaló el ministro de Energía colombiano, que considera que “esta industria será muy atractiva para el desarrollo económico de cualquier país”.
Algunas complejidades
El principal reto tecnológico de la energía eólica marina radica en su difícil instalación, ya que la construcción y su mantenimiento requiere la utilización de medios logísticos muy especializados. Existen diferentes estructuras eólicas marinas, entre las que se destacan los aerogeneradores marinos con cimentación fija y los aerogeneradores marinos sobre plataforma flotantes.Mesa Puyo coincide en que el gran desafío se encuentra en la infraestructura logística y portuaria, por las “torres turbinas eólicas que pueden tener una altura de más de 200 metros y que requieren un ensamblaje complejo”.
Por su parte, Ingrid Pacheco, identifica que la regulación puede afectar el progreso de esta industria: “generalmente, para instalar un parque eólico marino es necesario contar con aprobaciones exhaustivas tras realizar estudios durante los años previos que incluyen, entre otros, la compatibilidad de la estructura con la navegación, la fauna marina, las rutas de migración, la dinámica de transporte, etc.”, señala la experta brasileña.
Sumado a ello, el Banco Mundial ha expresado otras preocupaciones. “No todos los elementos del proyecto se producirán localmente; algunos deberán importarse. La distancia de los países con proveedores establecidos, como las góndolas de turbinas eólicas del norte de Europa, presentará desafíos logísticos y de transporte. La gran necesidad de capital requerirá la participación de financieras locales e internacionales, por lo que será necesario gestionar o mitigar los riesgos comerciales para atraer inversores y minimizar el costo del capital”, aseguraron a Diálogo Chino.
¿Una bocanada de aire fresco?
Los especialistas eólicos marinos consultados coinciden en que los costos se están volviendo más competitivos, al tiempo que la disponibilidad de sitios en tierra disminuye. Por lo que la industria será próspera en América Latina si va de la mano de la creación de un entorno atractivo para la financiación y del desarrollo de políticas eólicas marinas.
“El papel de los gobiernos es fundamental para lograr un marco normativo y tributario que sea conducente a las inversiones, trabajando articuladamente con diferentes entidades. En Colombia trabajamos con la autoridad ambiental, con la dirección marítima que hace parte de nuestra Armada, con el Ministerio de Transporte e Infraestructura, con el Ministerio de Ambiente y con el Ministerio de Comercio”, explicó el ministro de Energía colombiano.
El papel de los gobiernos es fundamental para lograr un marco normativo y tributario que sea conducente a las inversiones
“Se pueden crear muchos puestos de trabajo locales, especialmente en la fase de operaciones y de mantenimiento, mientras que el crecimiento de una cadena de suministro puede ayudar a diversificar las industrias existentes, en particular aquellas que ya suministran petróleo y gas en alta mar”, señalaron desde el Banco Mundial.
Como hicieron notar los especialistas, la energía eólica marina es una industria en crecimiento a nivel mundial, y América Latina no será la excepción. Depende de cada uno de los países aprovechar todo su potencial.
Alan Austria es productor, periodista y presentador de noticias de Anáhuac Online y CNN. Twitter: @alanaustria24. Instagram: austria_alan
Infraestructuras amenazan con más deforestación a la Amazonia brasileña

RÍO DE JANEIRO – La obligatoria licencia previa concedida por la autoridad ambiental de Brasil para la reconstrucción de la carretera BR-319, en el corazón de la Amazonia, intensificó la alarma sobre la posible destrucción irreversible del bioma.
Esa carretera de 885 kilómetros de extensión es la única salida terrestre de Manaus, capital del estado de Amazonas con 2,25 millones de habitantes, hacia el centro-sur de Brasil. Termina en Porto Velho, capital del estado de Rondônia, con 550 000 habitantes, aún dentro del bioma amazónico.
Surgió como parte de los planes de la dictadura militar (1964-1985) de integrar la Amazonia al resto del país, a través de varias carreteras que cruzasen los bosques entonces casi despoblados y de la promoción de una masiva migración interna desde otras regiones.
Las lluvias intensas y las inundaciones frecuentes en muchos tramos deterioraron la vía asfaltada y destruyeron muchos de sus puentes. Doce años después de su inauguración en 1976 se la reconoció como una carretera intransitable, socavada por al abandono.
Intereses locales trataron de recuperarla y consiguieron el apoyo del gobierno central desde el comienzo del siglo.
“Surgieron restricciones en las audiencias públicas para evaluar los estudios ya en 2021, hasta ahora sin respuestas. Además la participación de los interesados fue limitada debido a la pandemia de covid-19 y las dificultades para la concurrencia, especialmente de los indígenas” (Carlos Durigan).
Pero el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) rechazó en 2008 y 2009 tres estudios de impacto ambiental, cuya aprobación es indispensable en este país para los proyectos que afectan la naturaleza y el contexto social.
El cuarto estudio, presentado en junio de 2021 por el estatal Departamento Nacional de Infraestructura de Transportes, recibió, en cambio el otorgamiento de la preceptiva licencia previa, por la cual el Ibama reconoce la viabilidad ambiental de las obras en la BR-319, pese a las críticas de los ambientalistas.
El Ibama actual sufre el descrédito de una gestión sometida a los dictámenes del actual gobierno de extrema derecha, presidido por Jair Bolsonaro, declaradamente antiambientalista, que debilitó la autoridad ambiental con dirigentes sin las calificaciones necesarias y con la reducción de sus recursos.

Proyecto condenado
“Surgieron restricciones en las audiencias públicas para evaluar los estudios ya en 2021, hasta ahora sin respuestas. Además la participación de los interesados fue limitada debido a la pandemia de covid-19 y las dificultades para la concurrencia, especialmente de los indígenas”, observó el ambientalista Carlos Durigan.
Los impactos ambientales evaluados se restringieron a las inmediaciones de la carretera, sin considerar toda el área de influencia de las obras, ejemplificó a IPS por teléfono desde Manaus el director de WCS Brasil, la filial nacional de la estadounidense Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, en inglés).
Además no hubo la consulta previa e informada a los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales que serán afectadas, es decir se incumplió los requerimientos del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), acotó. Eso probablemente provocará demandas judiciales.
La licencia se obtuvo bajo promesas de mayor protección, inspección y control de las áreas protegidas, poco creíbles en un momento de debilidad del poder público en el área ambiental, con bajos recursos humanos y presupuestarios, señaló Durigan, un geógrafo oriundo del sureste brasileño que vive en la Amazonia hace dos décadas.
Esas y otras críticas componen la evaluación que hizo el Observatorio BR-319, una coalición de 12 organizaciones sociales que desarrollan actividades en el área de influencia de la carretera. El examen de 14 puntos identifica las irregularidades de la licencia previa del Ibama y los derechos violados de la población afectada.
Los defensores de la BR 319 intentaron eludir el requerimiento de los estudios de impacto bajo el argumento de que se trata solo de recuperar una carretera ya existente, sin nuevos impactos. Pero la Justicia la reconoció como una completa reconstrucción.
En realidad, de los 885 kilómetros, habrá que repavimentar 405 kilómetros y reconstruir puentes y cruces para los animales. Los demás 480 kilómetros, divididos en las dos puntas cercanas a Manaus y Porto Velho, ya se encuentran transitables.
Pero las lluvias e inundaciones ocurridas desde el año pasado rompieron el asfalto en muchos tramos cercanos a Manaus, con grandes grietas y huecos. Aún sin la reconstrucción muchos se aventuran a viajar por la BR-319 en automóviles, autobuses y camiones. Pero cruzarla lleva dos o tres días, con daños para los vehículos.

Más deforestación
El temor de los ambientalistas es que a lo largo de toda la carretera y sus alrededores se extienda la deforestación, la ocupación ilegal de tierra públicas y la invasión de tierras indígenas que ya ocurre en cerca de 200 kilómetros del tramo sur.
Esa área, cercana a Porto Velho, es hoy donde más creció la deforestación de la Amazonia en los últimos años.
Una BR-319 transitable extendería los delitos ambientales, los incendios forestales y la violencia que genera la disputa por la tierra en el tramo medio de la carretera.
De hecho, 80 % de la deforestación amazónica ocurre en torno de las carreteras que son ejes de la ocupación territorial, que se amplía por los ramales que penetran en los bosques, advierten los ambientalistas.
Ya se conoce tales efectos en otras carreteras amazónicas en áreas más pobladas y deforestadas que el territorio entre Manaus y Porto Velho, bañado por los ríos Madeira y Purús, dos de los grandes afluentes del Amazonas, ambos con nacientes en Perú. La cuenca del Madeira se extiende además por gran parte del centro y norte de Bolivia.

Dudosa factibilidad económica
La BR-319 padece de otra incertidumbre que es la factibilidad económica. Cruza un área poco poblada, al menos por ahora, a excepción de Manaus. El costo de reconstrucción no es bajo, al incluir muchos puentes y aterramientos para estabilizar tierras inundables en muchos tramos, aunque se ubique en la parte alta entre los ríos Madeira y Purús.
Eso también exige un mantenimiento permanente, como ocurre ya en el tramo cercano a Manaus, donde aún no concluyen las reparaciones necesarias después de las inundaciones provocadas por lluvias intensas que se prolongaron desde octubre de 2021 hasta bien entrado este año, destacó Durigan.
Aun así es muy popular, con casi un consenso al respecto, la demanda de la reconstrucción del tramo central de la carretera, reconoce el activista. Se arguye que Manaus está aislada, por tierra, y depende del transporte aéreo o fluvial para conectarse con el resto de Brasil y poder exportar su producción industrial.
Manaus cuenta, desde los años 60, con un parque industrial y una zona franca, sostenida por abultados subsidios regularmente prorrogados y que estarán vigentes al menos hasta 2073. Es lo que le asegura la industria electrónica, de motocicletas y bebidas, pese a su alejamiento de los principales mercados internos.
Además del “aislamiento”, la población de Manaus espera una reducción de los precios de los alimentos, al activarse una carretera que le permita un mejor acceso a los productos desde Rondônia, un estado amazónico en que sí se desarrolló la agricultura y la ganadería.
Pero es dudoso ese efecto benéfico de una agricultura a 900 kilómetros de distancia. Otras ciudades amazónicas, como Belém, capital de Pará, estado de la Amazonia oriental, también pagan caro por sus alimentos, particularmente los frescos, al no haber desarrollado su horticultura.
Nueva ola antiamazónica
Junto con la reactivación de la mítica BR-319, la Amazonia brasileña enfrenta otras amenazas de proyectos de infraestructura.
Otro plan ahora “resucitado” es una carretera en un área forestal conservada, en la frontera de Brasil con Perú. Cruzaría el Parque Nacional de la Sierra del Divisor, con una gran biodiversidad.
También parece poco viable, por no justificarse económicamente y por las graves restricciones ambientales.
Están proyectados también tres líneas férreas para las exportaciones de Mato Grosso, estado del sudeste amazónico que es el mayor productor de soja, maíz y algodón de Brasil, y centrales hidroeléctricas pequeñas y medianas, especialmente en los estados de Rondônia y Roraima, este último en la frontera con Venezuela.
Además de la resistencia de los ambientalistas y los pueblos indígenas, esos proyectos enfrentan ahora un escollo, o un nuevo argumento contrario, el cambio climático, destacó Sergio Guimarães, coordinador del Grupo de Trabajo Infraestructura, una red de 47 organizaciones sociales.
Es una variable que exige por lo menos la revisión de todos esos proyectos, sostuvo a IPS, por teléfono desde Cuiabá, capital de Mato Grosso.
ED: EG