viernes, 13 de enero de 2012

Resumen de las tesis preliminares que caracterizan el neo-extractivismo de los gobiernos progresistas en América del Sur



1.- Persiste la importancia de los sectores extractivistas como un pilar relevante de los estilos de desarrollo.

2.- El progresismo sudamericano genera un extractivismo de nuevo tipo, tanto por algunos de sus componentes como por la combinación de viejos y nuevos atributos.

3.- Se observa una mayor presencia y un papel más activo del Estado, con acciones tanto directas como indirectas.

4.- El neo-extractivismo sirve a una inserción internacional subordinada y funcional a la globalización comercial y financiera.

5 .-Sigue avanzando una fragmentación territorial, con áreas relegadas y enclaves extractivos asociados a los mercados globales.

6.- Más allá de la propiedad de los recursos, se reproducen reglas y funcionamiento de los procesos productivos volcados a la competitividad, eficiencia, maximización de la renta y externalización de impactos.

7.- Se mantienen, y en algunos casos se han agravado, los impactos sociales y ambientales de los sectores extractivos.

8.- El Estado capta (o intenta captar) una mayor proporción del excedente generado por los sectores extractivos, y parte de esos recursos financian programas sociales, con lo que se ganan nuevas fuentes de legitimación social.

9.- Se revierten algunas contradicciones sobre el extractivismo, y se lo pasa a concebir como indispensable para combatir la pobreza y promover el desarrollo.

10.- El neo-extractivismo es parte de una versión contemporánea del desarrollismo propia de América del Sur, donde se mantiene el mito del progreso bajo una nueva hibridación cultural y política.

Fuente:
"DIEZ TESIS URGENTESSOBRE EL NUEVO EXTRACTIVISMO"
Contextos y demandas bajo el progresismo sudamericano actual
Eduardo Gudynas*
madalbo@gmail.com

Desarrollo, decrecimiento y economía verde (Parte I)


domingo, 08 de abril de 2007
ImageLa protesta ante el crecimiento económico y del productivismo es un fundamento de la Ecología política. No es posible un crecimiento económico en un planeta finito donde los recursos son por definición limitados. Según los ecologistas, nuestros modos de vida son perjudiciales tanto para los recursos naturales y ecosistemas como para la cohesión social y los individuos. Por lo tanto, hace falta reflexionar sobre un nuevo modelo de desarrollo basado en una verdadera sostenibilidad y justicia global.

1. SALIR DEL DOGMA DEL CRECIMIENTO Y DEL PRODUCTIVISMO

El sistema socio-económico actual, apoyándose en las ideologías dominantes dentro de las izquierdas y de las derechas, sigue esperando con paciencia el regreso del crecimiento económico que permitirá, según las diferentes teorías, conseguir el pleno empleo y el bienestar social (1). Sin embargo, este planteamiento no toma en cuenta el carácter finito de la Tierra que le impide soportar un desarrollo económico que supere la capacidad de carga de los ecosistemas (2) .

Además, a pesar de vivir en un mundo tecnológicamente cada vez más eficiente, asistimos a un aumento de la presión sobre los ecosistemas y del consumo energético. Esto debilita la teoría productivista que afirma que la cantidad de recursos naturales requerida por unidad de producto disminuye con el progreso técnico. El aumento general de la brecha entre pobres y ricos contradice también la dudosa teoría según la cual el crecimiento económico es capaz de reducir las desigualdades y de reforzar la cohesión social (3). Estos errores teóricos se materializan en el cálculo actual de la “riqueza de la nación” a través del PIB (4), herramienta parcial que sólo suma las riquezas llamadas productivas y no el conjunto de las riquezas sociales y ecológicas (5).

ImageEl desarrollo reciente de conceptos como la huella ecológica (6) o la deuda ecológica (7) pone en evidencia que los modelos socio-económicos vigentes no son viables a largo plazo. Además de ser insostenibles, tampoco son justos ya que actualmente un 20% de la población mundial (de los países del Norte) consume el 80% de los recursos planetarios. La reflexión ecológica no se puede desvincular por lo tanto de una reflexión social sobre el reparto justo de los recursos naturales. En otras palabras, la justicia global tiene relación directa con el espacio ecológico ocupado tanto por los países mal-llamados “desarrollados” como por las élites de los países del Sur.

Esta situación viene provocada por varios siglos de un sistema capitalista y productivista basado en la acumulación y la explotación de los ecosistemas. Sin embargo no tenemos que olvidar que, más allá del capitalismo, es la ideología productivista dominante la que está arruinando el planeta. El conjunto de los productivismos mantienen una fe ciega en el progreso tecnológico y en la dominación del ser humano sobre la naturaleza. En este sentido, la construcción de un nuevo modelo de desarrollo supera la cuestión de la propiedad de los medios de producción y del reparto de las riquezas producidas. Más allá de la lucha entre capital y trabajo, es crucial la cuestión del sentido, la calidad y la finalidad de la producción.

2. HACIA UN DECRECIMIENTO SELECTIVO Y JUSTO

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Cumbre de Johannesburgo 2002
El concepto de “desarrollo sostenible” elaborado en el Informe Bruntdland (8) y popularizado en la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro en 1992 es una definición consensuada que proviene de una correlación de fuerzas entre fuerzas productivistas y ecologistas. A pesar de representar una inflexión positiva en la reflexión sobre la finitud del Planeta, este concepto se sigue basando en el dogma del crecimiento (9) y no fija ninguna prioridad entre lo económico, lo social y lo medioambiental. Dicho de otra manera: confunde fines y medios y ha resultado ser presa fácil para las fuerzas políticas y mercantiles dominantes. Por lo tanto parece imprescindible que el concepto de “desarrollo sostenible” pase a una segunda fase de su existencia.

Por ello, es posible apoyarse en un principio básico de la “bioeconomía” (10): un subsistema no puede regular a un sistema que le engloba. Dicho de otra manera, la regulación del conjunto, del sistema vivo, no se puede realizar a partir de un nivel de organización inferior como es la economía, que actúa con sus propias finalidades. La economía es parte íntegra de la sociedad, ella misma parte de la biosfera. Por lo tanto, el mercado –que no es más que una parte de la economía- no puede imponer su modo de funcionamiento al resto de los niveles. Sólo una organización controlada por finalidades globales tiene legitimidad en un sistema ecologista.

Así, el desarrollo humano y sostenible, fenómeno cualitativo y cuantitativo, sólo se puede conseguir si se respetan los mecanismos reguladores de las esferas humanas y naturales en las cuales se encuentra. El objetivo es una mejora en la calidad de vida de las poblaciones humanas y la sostenibilidad de los ecosistemas que permite la regeneración de nuestro medioambiente. Si queremos dejar en herencia a las generaciones futuras un mundo viable, cualquier actividad humana se tiene que situar en los límites de las capacidades de regeneración de los ciclos naturales, es decir respetando la capacidad de carga de los ecosistemas. 

Para lograr esta meta, es decir un desarrollo tanto humano como sostenible, se plantea la idea de un decrecimiento selectivo y justo. Sin dogmatismos, se trata de alentar a través de vías únicamente democráticas el decrecimiento donde resulta necesario y el crecimiento donde es posible y deseable. El término “decrecimiento” (11) por su impacto y su significado semántico resulta mucho más difícil de fagocitar como ocurrió con el término “desarrollo sostenible” y, como lo recuerda Serge Latouche –principal teórico del decrecimiento en Francia- “tiene como objeto primordial marcar fuertemente el abandono del insensato objetivo del crecimiento por el crecimiento” (12).

Sin duda, queda todavía por realizar un estudio más profundo de los aspectos teóricos y prácticos del “decrecimiento”, principalmente en relación con el desarrollo de los países del Sur. Además recordamos que por “decrecimiento” no hay que entender un crecimiento negativo de la economía instituido como un fin en si mismo, ni tampoco una búsqueda del decrecimiento por el decrecimiento, metas tan absurdas como el dogma del crecimiento. Por “decrecimiento” entenderemos más bien un cambio radical de modelo socio-económico tanto en las estructuras como en las mentalidades que permite concebir las finalidades y las riquezas humanas de otro modo. Un cambio imprescindible hacia la sostenibilidad ecológica y la justicia social, porque la verdadera utopía es pretender que podremos seguir desarrollándonos así mucho tiempo.

Continuará…
 
(1) Aunque existen en Europa corrientes verdes minoritarias tanto dentro de la social-democracia como dentro del marxismo (ver el ecosocialismo por ej.), la publicación del Informe del Club de Roma que propone un crecimiento 0 provoca un escándalo tanto en el seno de la izquierda como de la derecha, ambos sectores considerando el informe como una herejía contra el “progreso”.(2) La capacidad de carga es el nivel de población que puede soportar un medioambiente dado sin sufrir un impacto negativo significativo. La capacidad de persistencia puede variar a lo largo del tiempo, en función de los factores de los que depende: cantidad de comida, hábitat, agua y otras infraestructuras vitales. Para saber más: http://www.eurosur.org/futuro/fut53.htm (3) Para desarrollar estos dos aspectos, ver el artículo de Jean-Marie Harribey “Alternativas: Por una sociedad ahorrativa y solidaria” publicado en Le Monde Diplomatique y disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=4293(4) El PIB (Producto Interno Bruto) es el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos por una economía en un período determinado. Hoy en día el uso del PIB per cápita como medida de bienestar se ha generalizado. Para saber más : http://www.econlink.com.ar/dic/pib.shtml (5) La definición de las riquezas productivas encuentra sus raíces teóricas en economistas como Smith, Malthus y sobre todo Ricardo.(6) Definida en 1996 por William Rees y Mathis Wackernagel en la School for Community & Regional Planning de la Universidad de la Columbia Británica, “la huella ecológica es un indicador ambiental de carácter integrador del impacto que ejerce una cierta comunidad humana, país, región o ciudad sobre su entorno. Es el área de terreno necesario para producir los recursos consumidos y para asimilar los residuos generados por una población determinada con un modo de vida específico, donde quiera que se encuentre esa área.”(7) El concepto deuda ecológica sigue todavía en debate. M. Robleto y W. Marcelo (Instituto Ecología Política) sostienen que “es el patrimonio vital de la naturaleza, necesario para su equilibrio y reproducción, que ha sido consumido y no restituido a ella”. Según Acción Ecológica de Ecuador, “la Deuda Ecológica es la obligación y responsabilidad que tienen los países industrializados del Norte con los países del Tercer Mundo, por el saqueo y usufructo de sus bienes naturales como petróleo, minerales, bosques, biodiversidad, conocimientos, bienes marinos y por el uso ilegítimo de la atmósfera y los océanos”.(8) Ver Florent Marcellesi, “Historia del movimiento ecologista y verde (parte II) : hacia la ecología política” disponible aquí
(9) El informe Bruntdland enuncia: “lo que necesitamos es una nueva era de crecimiento, un crecimiento vigoroso y, al mismo tiempo, social y ’medioambientalmente’ sostenible".(10) René Passet, “Principios de Bioeconomía”, Economía y Naturaleza 5. Fundación Argentaria-Visor Distribuciones, 1996(11) El economista de origen rumanés Nicholas Georgescu-Roegen es considerado como el padre de la idea de decrecimiento. Ver su libro “La Ley de la entropía y el proceso económico” Madrid : Fundación Argentaria, Visor , 1996.(12) Serge Latouche, “Décoloniser l’imaginaire : la pensée créative contre l’économie de l’absurde”. Editions Broché, 2003

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Ivan Illich, una crítica ecológica de las instituciones



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Iván Illich
El original pensamiento de Iván Illich (1921-2002) ha marcado de manera profunda el siglo XX, ya que no dudó en denunciar la medicina que enferma más que cura, el automóvil que nos hace perder más tiempo del que ahorramos, la escuela que deforma más que educa. Illich es, ante todo, un pensador de la resistencia. Podemos considerarle también con su amigo y filosófo francés Jacques Ellul como uno de los padres de la idea de decrecimiento.

Iván Illich murió el 2 de diciembre de 2002 en Bremen, Alemania, a la edad de 76 años. Sacerdote alejado de la Iglesia, propuso en los años 1970 una crítica radical y global de la sociedad industrial, de la escuela y de la medicina. Iván Illich nació el 4 de septiembre de 1926 en Viena, de padre croata católico y de madre judía sefardí. Expulsado en 1941 tras la aplicación de las leyes raciales nazis, se marcha a estudiar a Florencia, entra en la universidad gregoriana del Vaticano en Roma, para luego convertirse en sacerdote. Políglota, devora los conocimientos y las ideas. Influenciado por el filósofo Jacques Maritain, consigue su licienciatura de teología en 1951 para entrar más tarde, en 1961, en el CIDOC (Centro Intercultural de Documentación) en Cuernavaca, México. Este centro se convertirá en un extraordinario cruce de discusiones entre intelectuales y estudiantes de América Latina o de jóvenes occidentales, a menudo religiosos. Esta universidad sin jerarquía y sin títulos es también un terreno de experimentación de sus ideas. En 1969 renuncia al ejercicio y a su cargo como sacerdote, sin renunciar a su fe. Su pensamiento consiste en tomar a contrapie las verdades oficiales y, principalmente, aquellas que componen el fundamento de la modernidad humana. Se interroga sobre el “progresismo”, como postulado no criticado y como legitimación, casi tautológica, de la conducta de las sociedades industriales modernas. Tiene una “mirada sin respeto” y utiliza sin duda también una técnica de dramatización y de sistematización del fenómeno estudiado. Esta toma de postura radical lleva a algunos a menospreciar su reflexión... mediante simplificaciones rápidas o resúmenes truncados, para concluir con el calificativo “utópico, irracional” que pone punto final a cualquier discusión...

ImageEn sus escritos Illich construye una teoría crítica de la sociedad industrial. Al llegar los años 1970 es el portavoz reconocido y brillante de una crítica no marxista de las instituciones que fundan la economía contemporánea: la escuela, la salud, el desarrollo y el consumo energético son las dianas de un discurso potente que da a la ecología una base sólida. Estudia la lógica de las instituciones de la sociedad industrial y las condiciones de su superviviencia, tanto en su dimensión colectiva como en el nivel individual. Para Illich, la función de estas instituciones es legitimar el control de los hombres, su esclavización a los imperativos de la diferencia entre una masa siempre creciente de pobres y una elite cada vez más rica. Ni la enseñanza ni la medicina ni la producción industrial están dadas ya a escala de la convivencialidad humana. Su función real está en contradicción con el discurso común que se basa en la idea del progreso indefinido.

Iván Illich insistirá en sus obras en la desmesura de las herramientas que aplastan al hombre y, entre otras, en la cuestión clave del umbral de desarrollo racional de estas herramientas. En la “Convivencialidad”, Illich analiza la transformación de la herramienta en un aparato esclavizante: “al traspasar un umbral, la herramienta pasa de ser servidor a déspota. Pasado un umbral la sociedad se convierte en una escuela, un hospital o una prisión. Es entonces cuando comienza el gran encierro. Importa ubicar precisamente en dónde se encuentra este umbral para cada componente del equilibrio global. Entonces será posible articular de forma nueva la milenaria tríada: hombre, herramienta y sociedad. Llamo sociedad convivencial a aquélla en la cual la herramienta moderna está al servicio de la persona integrada en la colectividad y no al servicio de un cuerpo de especialistas."

No crítica la tecnología sino el monopolio que le ha sido otorgado y que es nocivo para la libertad de cada uno de satisfacer sus propias necesidades. Illich describe la lógica de la sociedad que persigue un crecimiento sin límites, por aculturización de los grupos y de los individuos, sin aportar respuestas contra la pobreza que, al contrario, se sigue expandiendo. “La organización de la economía entera hacia la consecución del mejor-estar es el obstáculo mayor al bienestar”, resume Illich. Luego anuncia que “convivencial es la sociedad en la que el hombre controla la herramienta.” La sociedad convivencial tiene que llevar remedios en varios ámbitos (la sobreprogramación, el monopolio radical, la devalorización, el rendimiento negativo) y por supuesto para el medioambiente cuya destrucción hay que parar. Sin embargo la Ciencia es incapaz de preveer las consecuencias de la destrucción de la fauna y la flora (entre otros la submarina) o los efectos combinados que los ingredientes químicos de los alimentos, los insecticidas y las píldoras contraceptivas tendrán sobre el patrimonio genético de las generaciones futuras. Pero Iván Illich quiere insistir en la dimensión banal de su crítica. Así pues se puede denunciar el transporte automovilístico por ser un ejemplo de “monopolio radical”, según la teorización que hace del mecanismo socio-económico. En esta perspectiva, la evolución de las sociedades industriales occidentales parece haber otorgado al coche un lugar tan privilegiado que éste se convierte en hegemónico frente a los otros modos de transporte, disminuyendo por lo tanto la autonomía del individuo para sus desplazamientos. El argumento es central en la reflexión de René Dumont, figura histórica e influyente de la corriente ecologista francesa. Illich establece una equivalencia original entre tiempo ganado -por la rapidez- y tiempo perdido –trabajando para conseguir estos medios que permiten ir más rápido. Lo esencial en la revolución que Illich desea, consiste en la aceptación de dos cambios solidarios: la institución de procedimientos políticos de “autolimitación” de producción y consumo y la adopción preferencial de herramientas conviviales.

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Caricatura de Illich
En 1971 se publica un éxito mundial: “Una Sociedad sin escuela” (...). Este ensayo plantea que la escuela actúa como un sistema de exclusión, rechazando a las y a los que no han obtenido un título y, al mismo tiempo, monopolizando lo que es digno de ser reconocido como “saber” y excluyendo las otras formas de conocimiento humano. Para Illich, la enseñanza está en manos de profesionales y se convierte en una enorme máquina, centralizada y automatizada, destinada a fabricar desigualdad social. La educación se vuelve por lo tanto problemática. Tiene como objetivo adaptar la enseñanza vinculada a los imperativos económicos. La cuestión central es saber si la escuela tiene como meta el desarrollo del poder de los individuos de todas edades para su propia formación (escolar o extra-escolar) o el aumento de la dependencia de cada uno en relación con el saber útil a los intereses de la clase dominante. Se trata por lo tanto de “descolarizar” la enseñanza, suprimir los programas y enseñanzas profesionales... Hay que instaurar “redes de enseñanza” donde las y los que solicitan conocimientos se relacionarían con las personas dispuestas a suministrarles la información.

En 1973, “Energía y equidad” (...) critica el análisis clásico de la crisis energética -vista de forma general como un problema de recursos escasos- y muestra que se vincula con el consumo, es decir los usos, mediante el desarrollo ilimitado del transporte.

En la segunda mitad de los años 1970, Illich sigue con su trabajo de denuncia de las instituciones médicas (con “Némesis medica”), las ilusiones del trabajo (“El Trabajo fantasma”), el concepto de medioambiente (“H20”). Pero el optimismo de los años 60 ha desaparecido y poco a poco se olvida a Illich. Trabaja en México y, a partir de 1990, enseña cada otoño en la Universidad de Bremen en Alemaña. En su “Espejo del pasado”, en 1994, propone sus nuevas reflexiones sobre el compromiso social o el lenguaje. Sin embargo, tiene dificultad para entender los fenómenos de los años 1990 como Internet y la biotecnología e inicia una crítica aguda de las tesis de Hans Jonas (por ejemplo del principio de responsabilidad). En uno de sus últimos ensayos (“La perdida de los sentidos”), sigue con sus reflexiones teológicas.


Autor: Bruno Villalba
Publicado en la revista EcoRev: “Figures de l’écologie politique”, número 21, otoño-invierno 05
Disponible en versión original en www.ecorev.org

Traducido del francés por Florent Marcellesi

Para saber más sobre Iván Illich: www.ivanillich.org

Principales Obras:
Alternativas, Joaquín Mortiz, México, 1974, 1977. 189 pp.
Energía y equidad. Desempleo creador. J. Mortiz /Editorial Posada, México,1978. 204 p
Némesis médica, Joaquín Mortiz, México, 1978. 385 pp.
La sociedad desescolarizada, Joaquín Mortiz, México,1985. 161 pp.
La convivencialidad, Joaquín Mortiz /Planeta, México, 1985. 161 pp.
Némesis médica, Joaquín Mortiz, México, 1986. Reimpresión, 385 pp.
Alternativas II, Joaquín Mortiz / Planeta, 1988. 190 pp.
El género vernáculo, Joaquín Mortiz / Planeta, 1990. 207 pp.
El H2O y las aguas del olvido, Joaquín Mortiz / Planeta, 1993. 122 pp

Señalamos también la publicación en 2006 de todas las obras de Iván Illich reunidas en 2 volúmenes:
Iván Illich, Obras Reunidas I y II, rev. de Valentina Borremans, Javier Sicilia, México: FCE, 2006
 

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Historia del movimiento ecologista y verde (Parte II): Hacia la ecología política


A partir de los años 70, el movimiento ecologista se radicaliza buscando un nuevo estilo de vida y alternativas globales a la sociedad industrial y consumista. Los conocimientos se profundizan y la conciencia colectiva está lista para sacar a la luz un pensamiento crítico, global y transformador: la ecología política.
 
Los primeros partidos verdes: radicalidad y renovación

Por lo tanto, en numerosos países europeos, la creación de partidos políticos “verdes” corresponde a la necesidad de los y las militantes ecologistas quienes, al haber perdido la confianza en los partidos productivistas clásicos tanto de izquierdas como de derechas, quieren poder contar con un movimiento que les represente en la teoría  y en la práctica.

Durante los años setenta, junto con el nacimiento de los Amigos de la Tierra (1971) o Greenpeace (1973), vislumbramos los primeros intentos para dar cabida a la opción verde en el espacio político europeo. A pesar de una postura muy crítica frente al sistema electoral y una apuesta radical por la democracia participativa heredada de la contra-cultura de 1968 (1), sale elegido en 1974 en Suiza el primer diputado verde en un parlamento estatal. El mismo año, René Dumont, ingeniero agrónomo y considerado como el padre de la Ecología política en Francia, se presenta a las elecciones presidenciales francesas.

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Petra Kelly
En 1979 con el eslogán “Die Zukunft ist grün” (“el futuro es verde”), se crea el partido verde alemán, desde entonces uno de los principales motores del ecologismo político en Europa. Unos años más tarde, en 1984, tras la constitución de los partidos ecologistas de Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Luxemburgo, Reino-Unido, Suecia y Suiza, se pone en marcha la Coordinación de los partidos verdes europeos que se transformará en 1993 en la Federación de los Partidos Verdes europeos. De la misma manera, se crea en 1988 la Federación de los Jóvenes Verdes europeos, hoy integrada por más de 30 organizaciones juveniles u ONGs ecologistas.

En España, el impulso viene directamente de mano de la principal actriz de Los Verdes alemanes, Petra Kelly. El 29 de mayo de 1983 y aprovechando su visita, 16 activistas ecologistas de todo el Estado firman el “Manifiesto de Tenerife” en el que se expone que no se puede seguir confiando en los partidos existentes para conseguir “cotas crecientes de calidad de vida y de disfrute adecuado de los recursos naturales”.

Tanto en la península ibérica como en el resto de Europa, se imagina la idea de un partido verde desde un rechazo a las organizaciones jerárquicas, machistas y muy poco participativas. Bajo la influencia de los movimientos medioambientalistas, feministas, regionalistas, libertarios y la aportación de unas corrientes marxistas renovadoras (2), se construye la opción verde desde la horizontalidad, la igualdad de género y la participación activa de sus integrantes. Además, tal y como lo plantea el Manifiesto de Tenerife, un partido verde sólo tiene interés si no se olvida “el ejercicio irrenunciable de la presión social”, es decir un movimiento con un pie en los movimientos sociales y otro pie en las instituciones.

Fechas clave para la concienciación de las multitudes


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Hundimiento del Rainbow Warrior
El hundimiento en 1985 por los servicios secretos franceses del barco de Greenpeace, el Rainbow Warrior, conmociona fuertemente al mundo. Este atentado perpetrado por un Estado para evitar que se llevaran a cabo protestas en contra de las pruebas nucleares en el Atolón de Mururoa (Pacífico) pone en evidencia, además de la impunidad de los y las criminales, la falta total de democracia y transparencia en la imposición tecnocrática de la energía nuclear tanto civil como militar.

Apenas un año más tarde, en abril de 1986, surge la catástrofe de Chernobyl que marca también profundamente las mentes y refuerza aún más la conciencia ecologista, al poner en evidencia la globalización y la ausencia de fronteras para los problemas ecológicos y sus repercusiones sociales. Más que nunca la lucha contra la energía nuclear se posiciona en el centro de las reivindicaciones verdes y ecologistas por un mundo más sostenible. Más allá, Chernobyl marca el inicio del derrumbe del bloque comunista productivista donde la labor de terreno de los movimientos ecologistas aportó mucho en el intento de democratización de la región.

En 1987, se publica el informe Brundtland (3) que plasma de forma menos radical que lo hubiera hecho el mismísimo movimiento ecologista pero de forma muy didáctica, una definición hoy bastante popularizada del “desarrollo sostenible”. Definido como aquél que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones, el desarrollo sostenible introduce un concepto básico de la Ecología política: la solidaridad temporal o intergeneracional.

Basándose en este concepto, tiene lugar la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en  1992. Este primer evento tiene una repercusión mundial y le siguen otros eventos internacionales hasta llegar a la Cumbre de Kyoto y su protocolo homónimo, cuyos alcances, a pesar de su valor simbólico, satisfacen a medias al movimiento ecologista frente a la gravedad del cambio climático.

Lo Verde en la actualidad: profundización y globalización

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Caída del muro de Berlín
Con la caída del muro de Berlín en 1989 se destruye uno de los dos sistemas en competición. Frente a la incapacidad del socialismo realmente existente de proveer democracia, justicia social y sostenibilidad ecológica, las miradas se concentran en el sistema capitalista. A pesar de su victoria geopolítica, el sistema socio-económico dominante se muestra igual de productivista e incapaz de resolver el incremento de las destrucciones medioambientales y las desigualdades sociales. Peor: las políticas neoliberales aplicadas a partir de principio de los años 80 han profundizado las crisis ecológicas y sociales. Por lo tanto, se afirma desde los partidos verdes una tercera vía ecologista fuera de la dicotomía capitalista-comunista.

Aunque busca a sus aliados con exclusividad o prioridad -según los países y sus evoluciones históricas- a la izquierda (4), el ecologismo político representa un paradigma ideológico autónomo en fuerte desarrollo, rebasando en numerosos sitios los partidos de vieja izquierda. En Europa, basándose en su característica transnacional, Los Verdes son el primer movimiento que ha creado un partido político europeo (Roma – 21/02/2004) que haya presentado un programa común en las elecciones europeas de 2004.

A nivel mundial, gracias al empujón del ecologismo en América del Norte (5) y en África (6)  y a pesar del más lento desarrollo de la opción verde en América Latina, la Ecología política se afirma poco a poco como una visión necesariamente global capaz de federar a una gran diversidad de movimientos sociales y políticos del planeta como lo demuestra la Carta de los Verdes Mundiales firmado en Canberra (Australia – 2001). En enero de 2007, tendrá lugar el Congreso de Los Jóvenes Verdes Mundiales y en enero de 2008, el Congreso de Los Verdes Mundiales, lo que demuestra una vez más que el eslogan de los primeros activistas de la Ecología política sigue vigente: “piensa globalmente, actúa localmente”.
 
(1) El actual coportavoz del Grupo Verde europeo, Daniel Cohn-Bendit, fue uno de los líderes de la rebelión estudiantil de 1968 en Francia, lo que le costó su expulsión a Alemania.
(2) Pensadores y teóricos de origen marxista como André Gorz y Alain Lipietz teorizan el paso de lo “rojo al verde”. Ver por ejemplo, “Adiós al proletariado”, 1980 de André Gorz.
(3) Informe Escrito para la ONU. Originalmente se llama “Nuestro futuro común” (“Our common future”).
(4) El partido verde francés afirma en su congreso de 1994 que la ecología política, desde su condición autónoma, sólo puede entrar en coaliciones con partidos de izquierdas. Al mismo tiempo, el partido verde alemán llega en algunos casos a realizar alianzas puntuales con partidos democristianos mientras en Europa del Este, Los Verdes, por haber sido víctimas de la represión soviética, ven con recelo a los herederos del movimiento comunista.
(5) El movimiento verde americano existe desde el principio de los 1980s, tiene 305.000 afiliados y cuenta con la fuerte influencia del abogado y activista Ralf Nader conocido por su lucha contra la cultura del consumo.
(6) Bajo la impulsión de la premio nobel Wangari Maathai, diputada por Los Verdes en Kenia, y del Green Belt Movement, la ecología se instala en África. Por  otra parte, en agosto de 2006, se creó la Federación de los Jóvenes Verdes Africanos.



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Historia del movimiento ecologista y verde (Parte I): Génesis y toma de conciencia


Ubicamos con frecuencia el nacimiento del movimiento ecologista en los anõs 1960-1970. Sin embargo, hace falta volver un poco más atrás en el pasado para entender los cambios paulatinos de mentalidad, así como los movimientos y estructuras correspondentes, que estuvieron en el origen de la Ecología política.

Un primer enfoque conservacionista

El concepto de protección de la naturaleza nace en la segunda mitad del siglo XIX, aunque hacía referencia sobre todo a valores estéticos. No es de extrañar que las primeras huellas del ecologismo se puedan encontrar en Inglaterra, donde la explotación abusiva de la naturaleza por la incipiente industrialización crearon  un espacio favorable al desarrollo de las ciencias naturales. Aparecen entonces organizaciones potentes de protección de las aves y poco a poco van consolidando un movimiento internacional para la convervación de la flora y fauna. Aunque la primera guerra mundial interrumpirá esta dinámica, en 1914 se instaura en Suiza el primer parque nacional de Europa.

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Dust Bowl
Por su lado, en 1930, los Estados Unidos viven uno de los mayores desastre ecológico de su historia: el Dust Bowl (Bola de polvo)(1). Marcando profundamente la sociedad americana, se pone en evidencia que las malas prácticas agrícolas que sólo buscan la rentabilidad y competición sin frenos influyen en los equilibrios ecológicos.

La segunda guerra mundial transforma los valores y actitudes hacia las relaciones internacionales, que a su vez modifican profundamente las orientaciones para la protección del medioambiente. El 5 de octubre de 1948, tras 50 años de lucha, se crea la Unión Internacional por la Protección de la Naturaleza (UIPN). 15 años más tarde se funda el WWF a partir de la UIPN, en un principio para financiarla aunque seguirá rápidamente sus propias metas. Con el Plan Marshall, el fin de la segunda guerra mundial marca también un esfuerzo mundial sin precedentes con el fin de dominar los recursos naturales mundiales al servicio del “progreso”, tanto en el bloque capitalista como comunista.

Inflexión de los años 1960 y ampliación de las reivindicaciones

La “protección de la naturaleza” fue en un principio sobre todo una cruzada moral que se centraba en la estética y la conservación del entorno natural y de la vida salvaje. A partir de 1960, el ecologismo incipiente opera un cambio profundo para centrarse en el entorno humano con un tema nuevo: la supervivencia de la especie humana. A diferencia del movimiento conservacionista, el término “supervivencia” introduce el sentido de sentimiento de crisis, urgencia y concepción del ser humano en la biosfera. Emerge la noción de catástrofe ecológica en el seno de la contra-cultura subversiva que critica el crecimiento económico, la sociedad de consumo y anuncia una crisis de civilización.

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Rachel Carson
El movimiento se asienta en una literatura cada vez más abundante que expone los múltiples aspectos ecológicos, sociales, culturales, políticos, militares, económicos y tecnológicos de la crisis de sociedad. Basándose en autores como Ivan Illich, asistimos a una crítica cada vez más aguda del papel de la ciencia occidental, técnica y del mito del progreso. Además de los efectos negativos de la “sociedad de la abundancia”, varios acontecimientos jugarán un papel determinante en la construcción de la conciencia ecológica: las pruebas nucleares, el libro "Primavera silenciosa”(2) y una serie de catástrofes ecológicas(3) difundidas por los nuevos medios de comunicación de masas.

La influencia de nuevos movimientos sociales lleva a la ampliación de la reivindicaciones hacia también la defensa de los consumidores y salud pública, la responsabilidad científica, el pacifismo y no-violencia, la renovación política y la democracia participativa. Se suman también los movimientos por la autonomía, donde los militantes redescubren el mundo rural, vinculando las palabras ecologismo y  comunidad, iniciando un retorno a la Tierra, así como a la práctica de la agricultura biológica y técnicas alternativas.

Más allá, el año 1968 marca un punto de inflexión en la lucha social y ecologista. En diferentes partes del planeta, las revueltas juveniles ven converger en movimientos medioambientalistas, pacifistas, feministas, culturales, libertarios o autonomistas en contra de la cultura del progreso ilimitado, consumista, jerárquico y patriarcal. Mientras surge la represión, especialmente sangrienta en México o Praga, y mientras el movimiento obrero desconoce estas revueltas, esta “revolución mundial” marca una ruptura profunda con los movimientos de viejas izquierdas y el surgimiento de nuevas aspiraciones transformadoras.

Una propagación mundial del ecologismo
En 1972, y gracias a nuevos conocimientos científicos, se publica el primer informe del Club de Roma que prevé el colapso del sistema mundial debido a los “límites del crecimiento”. La crítica del dogma del crecimiento provoca un escándalo tanto en el seno de la izquierda como de la derecha, considerando el informe como una herejía contra el “progreso”. Sin embargo, este informe viene alimentado la gran Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medioambiente de Estocolmo de junio de 1972 que permitirá la creación del Programa de las Naciones Unidas por el Medioambiente (PNUM – UNEP en inglés).

La conciencia ecológica se reforzará aún más tras el primer choque petrolero de octubre de 1973 que pone en evidencia la feroz dependencia de los países “desarrollados” al oro negro. Por vez primera, se ponen en marcha planes energéticos para ahorrar energía y diversificar las fuentes de energía. Por desgracia, una vez superado el choque, los planes pasarán poco a poco al olvido.

El movimiento ecologista se radicaliza buscando un nuevo estilo de vida y alternativas globales a la sociedad industrial. Los conocimientos se profundizan y la conciencia colectiva está lista para sacar a la luz un pensamiento crítico, global y transformador: la ecología política.

Continuará…

(1) Más de 200 tormentas de polvo tuvieron lugar  en las Grandes Llanuras. Algunas llegaron a ocultar la luz solar y a provocar la creación de taludes de 6m de altura.
(2) Rachel Carson publica en 1962 el libro “Primavera silenciosa” sobre el uso de los pesticidas. La autora es considerada como una de las fundadoras de la Ecología política.
(3) En particular, el naufragio del Torrey Canyon en marzo de 1967, la marea negra de Santa Barbara en California en enero de 1969 y la enfermedad de Minamata debida a la contaminación con mercurio en Japón

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La Ecología política: una visión crítica, global y transformadora


De la ciencia a la política 

Término usado en biología, la “ecología” es – en su origen – una disciplina científica. Es la ciencia que estudia la relación triangular entre los individuos de una especie, la actividad organizada de esta especie, y su medio ambiente, que es a la vez condición y producto de esta actividad, condición de vida de esta especie. Sin embargo, los hombres – al contrario que el resto de las especies – son animales no sólo sociales sino también políticos.

El paso de la ecología como ciencia a la ecología como pensamiento político introduce entonces la cuestión del sentido de lo que hacemos, lo cual implica una serie de interrogaciones: ¿en qué medida nuestra organización social, la manera en que producimos, en que consumimos modifican nuestro medio ambiente? Dicho de otra manera, ¿cómo pensar la combinación, la interpenetración de estos factores en su acción sobre el medio ambiente? ¿Favorecen o no a los individuos estas modificaciones? La ecología política nos dice cuáles son los efectos de nuestros comportamientos y prácticas, pero no es ella sino los hombres los que deben escoger el modo de desarrollo que desean, en función de la evolución de los valores en el debate público y demócratico. Al tomar en serio los desequilibrios ecológicos generados por la actividad humana, la ecología política cuestiona la modernidad y desarrolla un análisis crítico del funcionamiento de nuestras sociedades industriales y de la cultura occidental, así como los valores y conceptos clave sobre los que descansa.

Una visión crítica y global del mundo


La ecología política entra entonces en el campo de la crítica y de la acción política y, al igual que otras ideologías – socialismo, comunismo, liberalismo, etc., propone una visión global de la sociedad, de su futuro, de las relaciones entre seres humanos, de las relaciones entre éstos y su entorno natural y de las actividades productivas humanas. La ecología política no es la parte medioambiental de un programa político, sino que afecta directamente al corazón de las sociedades humanas puesto que vincula la sostenibilidad ecológica con la justicia social, tanto a nivel local como mundial.

No se puede hoy pensar un modelo de desarrollo que no tome en cuenta estas dos facetas. No se puede hablar de un desarrollo que no sea al mismo tiempo humano (justo) y sostenible. ¿Qué vale el bienestar de una sociedad y de sus miembros sin que ese mundo tenga viabilidad a largo plazo para las generaciones futuras? ¿Qué vale la sostenibilidad del mundo si mientras tanto las riquezas naturales y productivas se quedan en manos de unos/as cuantos/as?

Por lo tanto, la ecología política propone un abanico completo de ideas y actuaciones, siempre tomando en cuenta las relaciones íntimas que unen los ecosistemas con las organizaciones sociales. En ningún momento puede considerarse que la ecología política es una “ideología parcial”, ni puede reducirse a otro pensamiento político (capitalista, comunista o social-demócrata – cada uno con sus numerosas variantes). Surge en un momento histórico preciso y viene dando respuestas a una determinada crisis social, ecológica y económica que los otros pensamientos mencionados no sólo no habían previsto sino incluso provocado. De hecho, la ecología política critica tanto a los movimientos de derechas como a los de viejas izquierdas por ser “desarrollistas” y “productivistas”, es decir, por ignorar las relaciones entre modelo de desarrollo, desequibrios ecológicos e injusticia social.

Una visión transformadora


La ecología política busca a la vez sostenibilidad y justicia y, por lo tanto, ataca a las propias bases de los sistemas socio-económicos productivistas actuales. Propone un cambio radical de rumbo lo que le confiere, a largo plazo, una dimensión profundamente transformadora y revolucionaria. Al mismo tiempo, no rechaza el reformismo del día a día ni la “política de los pequeños pasos”. Este camino, que hace una síntesis entre objetivos radicales a largo plazo y acciones reformistas a corto plazo, es conocido como “reformismo radical”. Para llevar a cabo este planteamiento, y por esencia, la ecología política escoge el camino del pacifismo y de la democracia que se define ante todo como participativa.

Por último, la ecología política plantea la necesaria acción conjunta de los movimientos sociales y políticos, y promueve la acción tanto dentro como fuera de las instituciones, tomando en cuenta la fértil interacción continua de la sociedad civil con lo político. Ambas, sociedad civil y política, son las dos caras de una misma moneda, o sea las dos piernas para caminar con equilibrio hacia el cambio.

* Este apartado “De la ciencia a la política” se inspira en los trabajos de Alain Lipietz, economista y eurodiputado verde. Ver http://lipietz.net 


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Ecología y feminismo


Escrito por Ileana Medina Hernández   
"En la actualidad, además de poder optar libremente a la maternidad, 
es necesario recuperarla, dignificarla y restituirla a la Humanidad
"
María Jesús Blázquez
El eco-feminismo no puede ser la unión chapucera de cualquier ecología con cualquier feminismo: sólo puede ser la comprensión coherente de nuestra condición mamífera, y las consecuencias que de ello se deriva.
El encuentro entre la ecología y el feminismo se produce, de modo personal y sangrante, o de modo universal y sanador, sobre todo en la maternidad, en nuestros cuerpos, en nuestros úteros, en nuestros partos, en nuestras lactancias, en nuestros bebés...
Ahí es donde empieza y se reproduce todo. Donde se transmite de una generación a otra la desconexión emocional que caracteriza al patriarcado.
Y es desde ahí donde podemos, desde el empoderamiento femenino, incluir a toda la humanidad: nuestros hijos. Sanando la crianza des-amorosa y anti-mamífera de la que provenimos.
Como mujeres, cuando elegimos ser madres, todo el dilema filosófico entre la naturaleza y la cultura se nos viene encima.
Como seres humanos (hombres y mujeres) necesitamos incluir a los bebés, a los bebés que fuimos y seremos todos, en cualquier proyecto humanista, ecologista, feminista o progresista.
¿Se puede ser ecologista y no hablar de la ecología del nacimiento humano, de la primera ecología que experimentamos en nuestra vida, de nuestro primer hábitat: el cuerpo materno? ¿No hablar de la necesidad de que los hombres y las mujeres sostengamos, desde el respeto, el acompañamiento y el cuidado, la crianza mamífera de nuestros bebés? ¿Podemos construirnos como ecologistas institucionalizando como primer alimento de nuestra vida un bote de leche de vacas explotadas, convertido en polvo industrializado, chupando trozos de plástico? ¿Podemos aprender a cuidar, a cuidar la vida en todas sus formas, si primero no somos cuidados, amados, en el entorno mamífero y amoroso que merecemos? Entorno que no hemos conocido en más de dos mil años de civilización violenta, entorno que parte de la violencia primaria: la de los padres y madres sobre sus propios hijos.
¿Podemos declararnos "feministas" y dejar afuera nuestros úteros, nuestros embarazos, nuestros partos, nuestros puerperios, nuestras tetas, nuestros órganos reproductivos y su funcionamiento?
Mientras para el feminismo institucional la maternidad, la lactancia, el cuidado (y nuestros bebés) sea una cosa de la cual "liberarnos", una "carga" a repartir... no habremos encontrado el centro, nuestro centro.
La ética del cuidado, concepto manejado por el ecofeminismo, me parece el concepto adecuado para trabajar en el siglo XXI, pero no desde la actitud de que el cuidado se reparta entre todos como una "carga", sino reivindicando para sí, para nos, el cuidado como un privilegio, un goce, un placer... como el lugar AMOROSO en el cual todos nos sentimos bien, dándolo y recibiéndolo.
¿No será entonces de AMOR de lo que tenemos que hablar cuando hablamos de humanismo, de ecologismo, de feminismo, de cuidado? Quitarle al amor esa connotación cursi, romántica o mística, y dejarnos de eufemismos, para comenzar a hablar de las formas tangibles del amor: las conductas cotidianas. Toda ética es en el fondo una forma social del amor, una conducta amorosa socialmente codificada. Si hablamos de ética y de cuidado, ¿no estamos hablando de amor? No del amor que sentimos en nuestros pechos, sino del amor que ofrecemos a los otros a través de nuestros actos.
El cuidado, para que funcione desde el único lugar posible, desde nuestras entrañas, nos exige salirnos de la ética del deber, del sacrificio, y entrar en el terreno de los placeres, de la sexualidad, de las emociones.
Estaríamos hablando de salirnos de un marco civilizatorio construido sobre el concepto de DEBER (la conducta modelada desde afuera, desde el mandato, desde la dominación, desde el poder...) para construir otro sobre el concepto de PLACER, empatía, sentimientos, amor. Es a eso a lo que muchos llaman "cambio de era". Solo desde ahí se vislumbra la LIBERTAD y la dignidad humana, y solo desde ahí se sana la herida, el malestar entre la naturaleza y la cultura, entre lo biológico y lo social, entre lo femenino y lo masculino, entre las clases sociales, entre los dominantes y los dominados.
Cada mujer individual elige ser o no ser madre, o ejercer la maternidad desde su lugar personal, el único modo en que puede ejercerse. Pero el problema (el problema de la sociedad patriarcal con mayúsculas) sangra cuando la mayoría de las mujeres devenimos madres y andamos desconectadas de (nuestra) la naturaleza, porque esa desconexión trasciende más allá de nosotras mismas, y perpetúa el status quo.
Un bebé solo puede ser cuidado desde el DESEO. No desde el deber. Nunca estaremos seguros dejando a un bebé en manos de alguien que lo cuida por deber, y no por empatía, con amor... Es pues, volviendo la mirada hacia el bebé humano, donde podemos encontrar el punto de contacto entre humanistas, feministas, ecologistas y todos los ---istas... dándonos cuenta de dónde se inicia y se reproduce generación tras generación la ruptura, la imposición de la fuerza, el condicionamiento, la rendición ante la voluntad del más fuerte, el modelado conductual, la negación del DESEO... rompiéndonos la sinergia amorosa, la capacidad para actuar con los otros desde el lugar amoroso y placentero para ambos.
Para sentirnos bien cuidando a otros, a nuestros hijos, a los seres vivos, a la naturaleza, al universo que nos rodea, (solo es posible un cuidado verdadero cuando es amoroso, sentido, empático, cuando es ENTREGA) tenemos primero que haber sido cuidados amorosa y empáticamente en nuestra infancia.
Y es esa espiral de desamparo emocional, de desamor, la que intentamos sanar. ¿Cómo?
Bibliografía:

La represión del deseo materno..., por Casilda Rodrigáñez
Ecofeminismo y lactancia, por María de Jesús Blázquez
¿Es la lactancia compatible con el feminismo?, Por Claude-Suzanne Didierjean-Jouveau
Feminismo y maternidad, entrevista a Yvonne Knibiehler
Lactancia materna: un asunto feminista, por Penny Van Esteryk, para WABA. 
"Transformar la ciudadanía en cuidadanía", entrevista a Isabel Aler
Fuente original http://www.tenemostetas.com/2011/11/ecologia-y-feminismo.html


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La ecología política, ¿de izquierdas o de derechas? Hacia un ecologismo sin complejos


Por Florent Marcellesi, coordinador de Jóvenes Verdes
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Desde la aparición del movimiento ecologista en la escena mediática, numerosas voces de pensadores y teóricos discuten su posicionamiento en el tablero político heredado de la oposición entre izquierda y derecha (1). Frente a este panorama binario, los Verdes alemanes en su fundación en 1984 hicieron famoso el lema “la ecología no está ni a la izquierda, ni a la derecha sino que va por delante”. Mientras tanto, el ecologismo político francés establecía el “ni-ni”: ni de izquierda, ni de derecha.
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A pesar de estas intenciones iniciales, tras casi 25 años de la fundación de estos dos partidos, los hechos nos recuerdan que la ecología se ha acoplado mejor en el lado izquierdo del tablero. Parecía haberse zanjado el tema tras el gobierno roji-verde alemán de 1998 a 2005, la voluntad de Los Verdes franceses a partir de 1994 de pactar sólo con partidos de izquierdas o el domino ideológico  del ecosocialismo (2) en España. Sin embargo, la fuerte evolución del ecologismo en los países del Este (3) y el amplio debate ideológico que agita el movimiento verde europeo acerca del liberalismo (4) nos incitan a reabrir el debate.
1. Escenario de la complejidad 

Ante todo, sin tener la pretensión de redefinir aquí las nociones de derecha e izquierda, parece relevante plantear un modelo básico de análisis. Mientras que se sigue clasificando en España las teorías y fuerzas políticas según un eje tradicional y unidimensional (derechas/izquierdas), los anglosajones utilizan a menudo un esquema bidimensional basado en el eje clásico -de corte económico- “izquierda/derecha” y otro eje de corte social llamado “autoritario/libertario” (5). Como se puede observar en el esquema, esta primera distinción permite resaltar unos matices o semejanzas relevantes sobre orientaciones ideológicas que se suelen confundir o alejar de forma abusiva en el eje unidimensional (6).


Sin embargo, con la llegada del ecologismo en el terreno socio-político y la necesidad de tomar en cuenta también los aspectos medioambientales, parece imprescindible hoy en día añadir un tercer eje a este modelo teórico (7). Este tercer eje corresponde a la dialéctica fundamental planteada por la ecología política entre productivismo y antiproductivismo. Dejaremos claro aquí que por “antiproductivismo” no se entiende el rechazo de la producción o de la productividad sino el rechazo de la creencia basada en el crecimiento ilimitado y el aumento de la producción material y económica como principales fuente de riqueza y fines de las organizaciones humanas. Por lo tanto, llegamos a un nuevo esquema tridimensional que suponemos más adaptado a la complejidad de nuestras sociedades y nuevos retos ecológicos.

2. La ecología política en este nuevo escenario

La conciencia y exigencia ecológica nace de los desastres medioambientales fruto de los productivismos tanto capitalista -paradigma hoy dominante- como marxista. Por otro lado, la explotación intensiva de los recursos naturales lleva un cambio radical de las relaciones entre la humanidad y la naturaleza. Frente a estas nuevas fracturas por encima del eje unidimensional izquierda-derecha, la Ecología política tal y como ha sido definida en artículos anteriores aporta una visión crítica, transformadora y global que toma en cuenta y vincula permanentemente los aspectos ecológicos y sociales.

Die GrunenAl luchar por la sostenibilidad ecológica, su identidad fundadora y federadora, la Ecología Política se encuentra definitivamente –y sola- en el extremo del eje antiproductivismo. Al defender la justicia social y la libertad individual y al criticar el papel de las autoridades jerárquicas o burocráticas (como el patriarcado o el Estado), tiende a inclinarse al mismo tiempo hacia el eje “libertario”.

En cuanto al eje económico izquierda-derecha, no se puede llegar a una conclusión tajante dado el amplio abanico de posturas actuales en la familia ecologista. Si se admite que el ecologismo en Europa puede variar desde el ecoliberalismo hacia el ecosocialismo (8), se podría avanzar que tiende a rechazar al mismo tiempo las tesis neoliberales y el marxismo ortodoxo hacia la búsqueda de una deseada tercera vía. Según los sectores, ésta pasa por la apuesta por el decrecimiento (9), la bioeconomía (10) o por la economía solidaria y social que escapa tanto a la lógica del mercado como a la lógica pública-estatal (11), lo que lleva a considerar a menudo la economía ecológica como un objeto difícil de identificar para los economistas.

3. Ecología política y (eco)socialismo

Con la fuerte influencia en España del ecosocialismo tanto en la teoría como en la práctica, la ecología política parece asemejarse bastante a un encuentro de suma positiva entre dos mundos de trayectoria social e histórica a priori distinta. Sin embargo, visto el rechazo frontal de una parte del movimiento verde europeo -y en particular en proveniencia de Europa del Este (12)- a cualquier forma de socialismo, hace falta que estudiemos un poco más a fondo las relaciones teóricas que mantienen ambas ideologías.

Por supuesto, como le recuerda Andrew Dobson, la cuestión de si el socialismo y la ecología política son o no compatibles depende de una pregunta preliminar: “¿de qué clase de socialismo estamos hablando?” (13). Tanto la ecología política como el ecosocialismo repudian claramente el marxismo-leninismo y el estalinismo y se inspiran en filosofías comunes como el socialismo descentralizador, no burocrático, no autoritario y no productivista, el socialismo utópico y las corrientes anarquistas y libertarias. A pesar de estas afinidades, pensadores de la Ecología política como Alain Lipietz o André Gorz, provenientes del marxismo crítico, han protagonizado una ruptura simbólica con la denominación y orientación (eco)socialista. En un polémico libro, Gorz plasma su “Adiós al proletariado” (14) mientras que Lipietz teoriza la evolución de “lo rojo a lo verde” (15).

Por un lado, la ecología política plantea la cuestión del sentido de la producción. Lo que nos lleva a preguntarnos si la oposición capital-trabajo sigue todavía determinante. De hecho, más allá del reparto equitativo entre capital y trabajo y de la colectivización de los medios de producción, es crucial la cuestión de la orientación de la producción. La verdadera pregunta es por lo tanto: ¿por qué, para qué y cómo producimos? Por otro lado, la ecología política critica de manera aguda la dialéctica y oposición clásica entre cultura y naturaleza. Frente a esta visión cientificista y determinista del progreso, propone una “nueva alianza” (16) entre seres humanos y naturaleza donde las sociedades humanas no viven fuera de los ecosistemas sino que pertenecen al mundo natural con el cual mantienen una relación viva, retroactiva y dinámica.

Otras cuestiones tambalean las raíces del marxismo. El concepto del “valor trabajo” en el post-fordismo (17), la era de la información y la economía del conocimiento o la realidad de la lucha de clases frente a los “movimientos sociales” o “multitudes” nos tienen que animar a seguir reflexionando sobre los nuevos tiempos y la posibilidad de emanciparse de teorías elaboradas en el siglo XIX. Sin renunciar a herramientas y aportes de calidad de la teoría marxista, recordemos que según el propio Marx nuestro modo de interpretación debe adaptarse al mundo social contemporáneo y, por lo tanto, debe cambiar con la historia (18). 

A nuestro entender, la ecología política toma en cuenta esta nueva realidad y se convierte así en la nueva esperanza para el siglo XXI. Por estas razones, como lo recuerda Alain Lipietz, parece más correcto utilizar el término “ecología política” (o “ecologismo”) para referirse a la complejidad del mundo y a las nuevas fuerzas transformadoras. Es decir: asumir sin ningún complejo ser un ecologista.

Notas:
(1) Desde un punto de vista más teórico, diríamos entre “trabajo” y “capital”.
(2) “El Manifiesto por una internacional ecosocialista” se puede encontrar en la dirección siguiente: http://www.una.ac.cr/ambi/Ambien-Tico/102/ecosocialista.htm 
(3) En 2006, los Verdes checos decidieron entrar en un gobierno de centro-derecha.
(4) Ver por ejemplo el debate acerca de la Constitución europea en los partidos verdes europeos y el apoyo de las grandes organizaciones ecologistas a la propuesta medioambiental de la Constitución europea más allá de las cuestiones económicas.
(5) http://www.politicalcompass.org/analysis2 
(6) Se podría realizar un ejercicio similar con “los partidos de izquierda” en el mundo (PRD en México, Frente Sandinista en Nicaragua, etc.). Más allá de los discursos y etiquetas, esto puede dar un resultado sorprendente. La Izquierda, más que un concepto bien definido hoy en día: un sentimiento del imaginario colectivo
(7) En estos tiempos de construcción europea, haría falta seguramente reflexionar sobre un cuarto eje  - que aquí no trataremos- acerca de la superación o no del Estado-nación (federalismo/soberanía).
(8) Según las corrientes presentes en el partido verde europeo.
(9) Serge Latouche, “Por una sociedad de decrecimiento”, en Le Monde Diplomatique, Noviembre 2003.
(10) René Passet. “Principios de Bioeconomía”, Economía y Naturaleza 5. Fundación Argentaria-Visor Distribuciones, 1996
(11) Alain Lipietz, “Qu’est-ce que l’économie sociale et solidaire ?”, disponible en: http://lipietz.net/spip.php?article950 
(12) Ver la actuación de los verdes checos a favor de la ilegalización de los símbolos comunistas y su fuerte compromiso en los movimientos de los derechos humanos que tanto sufrieron del régimen soviético.
(13) Andrew Dobson, “Pensamiento político verde, una nueva ideología para el siglo XXI”, Ediciones Paidós Ibérica, 1ª edición 1997
(14) André Gorz, “Adiós al proletariado”, 1980
(15) Alain Lipietz, “Du rouge au vert. Portrait d’Alain Lipietz par Alain Lipietz”, EcoRev, mayo de 2006
(16) Ilya Prigogine e Isabelle Stengers, “La Nueva alianza”, Alianza, Madrid, 1983
(17) Así se llama al sistema de producción que caracteriza nuestra época. Se llama así en referencia al fordismo, modo de producción en cadena dominante en el siglo XX.
(18) Karl Marx, Grundrisse, trad. Martín Nicolaus, Vintage, Nueva York, 1973


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